20 de mayo: correspondencia de cuarentena

Luz Modroño*-Enriqueta de la Cruz*. LQS. Junio 2020

Quinta entrega de este hilo de la correspondencia entre Luz y Enriqueta, un hilo epistolar rojo, republicano, que es de hablar claro. Volcando ahí de forma personal sus observaciones, inquietudes, deseos de colaborar con lo que saben hacer, aquí nos comparten este mundo epistolar creado entre ellas dos

Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo
– Cuarta correspondencia 13-19 de mayo

VOZ DE ENRIQUETA

20 de mayo, por la mañana:

Luz, un buen análisis el tuyo, que comparto. Y lo malo es que esos cacerolos tapan la voz, al menos de momento, que tendría que irse hablando de lo que hemos de construir. Un dato. Me ha recordado todo lo que dices a Stefan Zweig, El mundo de ayer, gran libro suyo, donde reflejó cómo se veía venir en Europa y nadie hizo nada… Y luego, hubo que parar a Hitler mira cómo y qué costó cebar al bicho. Aquí es que no hubo ruptura con el franquismo pero no podemos tumbarnos a la bartola con esa reflexión; hagamos la ruptura, que se va a hacer de todas formas, pienso, porque eso que dices…

Todo esto no aguanta. Y no son solo cacerolas y tal, también sonidos de sables, sonidos militares de hombres antiguos y recalcitrantes pero con algo de poder, no sé si mucho, pero algo y sobre todo, bien rodeados y bien puestos en sus puestos, que quien preside la nefasta Fundación Francisco Franco es un tal exjefe del cuarto militar del rey ese ahora en la picota relativamente, que dejó la herencia de la evasión fiscal al que está ahora. Ese presi es el señor Chicharro, es decir, que no son así cualquier cosa… Que ayer una fuente me decía con gracia que un militar de alta graduación ya retirado y bien informado, le comentaba que si les dejamos (a los fachas que están pro pronunciamiento o golpe de verdad –son sus ganas-) pues van a tomar el poder. Y mi fuente le contestó que el poder ya lo tienen y es el rey.

Habrá que coger la sartén por el mango y hacer una nueva realidad sin ciencia ficción ni historias de caballeros medievales. Estos días leo a Pardo Bazán y también una obra que dejó La duquesa roja sobre el cuento chino de que Colón descubriera América, que la mujer tuvo en sus manos toda la biblioteca de Medina Sidonia y el importantísimo archivo ducal. Y a la luz de la historia, que tú tan bien conoces, pues eso, que con perspectiva, se ve todo de otra forma. Y se espantan miedos y triquiñuelas…

Mira, yo tenía un delantal con una franja de un color como la que usan esos tan cursis de la flor de la lis y tal, que a mí me encanta el color azul del mar y del cielo si cabe, y por eso lo tejí así para arreglar las cosas… Pero poco a poco lo fui cambiando a rojo total, que me pasa como a Juan Rejano que terminó tan convencido el hombre en el Frente Popular, y no es que una haya sido ni por asomo liberal, pero que lo que quiero decir es que antes me hacía concesiones a mí misma de colorcitos y patrañas y de creer que esos fachas, por ejemplo, pudieran estar en el error y un día, caerse del guindo y colaborar. Pero que no, que no se puede contar con ellos. Y si son demócratas, los que lo sean, que lo digan a tiempo y lo demuestren. Yo creo que hay que saber que ellos tienen miedo a lo que toca, esa frase que tanto les gusta: Es lo que toca, que ahora es ni más ni menos que repartir. Y de ahí, como dices tú, el rebote que tienen. Ahí le han dao.

Tenemos que ir por otro carril, dejar de amargarnos con esos cenizos y exigir que nos los quiten del camino, eso sí, sin entrar en su misma jugada de provocadores.

Y hacer los arreglos a los que te refieres, que no son poca cosa, ni cosa de reformismo, sino arreglos de raíz. Hoy he leído un artículo de Naomi Klein sobre lo que nos espera tr as el Covid maldito; lo que nos están preparando. Que no es ninguna sorpresa, pero va a ser algo muy radical. Y aunque yo no hago caso de mucho que leo porque una ya no sabe qué viene del propio Sistema para ir preparándonos y qué es legal, pues eso, que sí, que esos salvajes tarugos y parásitos, no van a tener mucho que hacer, ni lucir sus diamantes, porque los han metido en lindos estuchitos y están en los paraísos… Y además, mujer, no pueden llevarlos por la calle así como así, no vayan a tener la tentación de la caridad que dicen practicar. Sí, no sea que cuando vayan con la bandera que aún chorrea sangre de españoles y no pudo ser jamás en adelante la de todos por esa razón, tapándoles la boca por Serrano, les conmueva ese ser humano que ya pasa hambre y rebusca en la basura. Y entonces, decidan darles el collar de oro 24K con esos diamantitos de sangre también… Pronto le pondrán el pollito negro al tapabocas en medio del líquido elemento vital que derramaron y del amarillo caralsol.

¿Volveremos a no tener en cuenta todo esto que pasa?
¿Volverán al hospital esa gentuza a pedir que les curen los que hoy ellos mismos amos del capital, despiden?
¿Olvidaremos que a los que aplaudimos, muchos de ellos, son precarios, como indica Loach, el director de cine?

En fin, a mí no me dan los dedos para escribir todo lo que observo, querida amiga. Un beso y cuídate.

VOZ DE ENRIQUETA

20 de mayo, por la tarde:

Hola Luz: perdona que sin esperar respuesta, te mande otra carta. He enviado a nuestros compañeros nuestra correspondencia para iniciar su publicación. Estoy escuchando desde mi loma, donde tengo ahora mi casa, en la radio que aquí, en Granada, ya se pueden hacer más cosas. Me gusta el tono optimista y fenicio en el buenísimo sentido de tirar para adelante y aventurarse una vez más desde cero de la gente esta luchadora de pueblos como Salobreña o Almuñecar, que me quedan debajo. Y me han inspirado un poema en prosa, que espero que te guste. Y con esto lo dejo, era solo avisarte y nada más. Cuídate mucho.

Suenan risueñas voces,
alegres, esforzadas,
invitando a visitar su bar,
o su taberna;
su tienda pequeña, ese hotel de la playa y tan buen rollo.
Todo solucionado, dicen, con mejoras, dicen, con seguridades…
Suenan anuncios en la radio local,
voces alegres, sí, recomenzando,
con empuje.
¿No les vamos a corresponder?
El muerto…, al hoyo…

VOZ DE LUZ

20 de mayo

Me gusta el poema. Claro que sí. Rezuma esa alegría sureña que levanta el optimismo, que quiere hacer creer que no ha pasado nada, que empezamos a salir y empezamos a pensar en el chato o la caña que nos aguarda. En España parece que las cosas vuelven a ir bien cuando los bares abren. Quizás por eso en Sevilla quisieron darse tanta prisa que llovieron multas y regañinas. Que no hombre, que no, que hay que ir más despacio, no vaya a ser que ese virus que sigue por ahí escondido nos vuelva a asaltar sin que nos enteremos. Poca paciencia la de este pueblo nuestro, ansioso de sol y vida. Y que quiere olvidar. Las temperaturas también parece tener prisa por subir, las playas aguardan aun con las distancias que se nos imponen.

Pero quizás convenga no olvidar tan pronto. Porque recordar es abrir una puerta al futuro. Han pasado cosas, muchas, en poco tiempo. Apenas unos meses que han cambiado y seguirán cambiando el mundo que hasta ahora nos era familiar.
Vamos a recapitular un poquito.

Empezaron a llegar noticias extrañas. Se comenzó a hablar de un virus aparecido en lejanas tierras que provocaba graves trastornos y podía traer hasta la muerte.
En un principio hubo quien pensó que era una preocupación desmedida alimentada por los medios con intenciones poco claras. La gripe de este año estaba siendo extremadamente dura y no se le prestaba tanta atención. Las muertes por tuberculosis, sida, hambre siguen siendo desorbitadas y se pasa por encima de ellas salvo, de vez en cuando, una breve referencia en algún medio despistado. Otros factores contribuyeron a pensar que detrás de esa atención mediática que iba extendiéndose como el aceite había algo más. Quizás las relaciones bilaterales entre China y EEUU, quizás un intento de propiciar el miedo, palabra cada vez más común en nuestro globalizado vocabulario…

Sin embargo, y cuando aún estábamos intentando comprender, las cosas se dispararon.

Por primera vez en la historia del ser humano un virus producía en todo el planeta, y al mismo tiempo, una hecatombe de incalculable alcance. Se cerraron las fronteras, el espacio aéreo dejó de ser surcado por aviones, a los puertos dejaron de entrar barcos. El miedo extendía sus alas poderosas sobre un mundo asustado, desprevenido. En muchos países no había hospitales suficientes para tanto enfermo, muchos de los cuales morían. No había medida alguna de protección contra un virus desconocido y mortal.

Los países comenzaron una guerra de cifras en la que parecía que lo más importante era conseguir menos que el vecino. Una lucha atroz contra la guadaña en forma de virus letal. El mundo se paralizó, las televisiones, radios, periódicos, redes… se volcaron en dar durante las veinticuatro horas del día noticias, las mismas, porque en poco variaban de hora en hora, la gente se confinó en las casas y las calles fueron recuperadas por el silencio y los pájaros.

Un virus que no distinguía a quien atacaba. Y que tuvo la desfachatez de sacar lo peor y lo mejor de las personas. Y ahí tienes a esa legión de personas anónimas que atendieron a mujeres como la que cuentas, que se pusieron a hacer mascarillas, a hacer comida para esa otra legión que empezaba a pasar hambre, que cogieron sus teléfonos para atender cualquier llamada de auxilio o socorro. Porque este virus no sólo ha llenado los hospitales de enfermos y muertos, también ha producido hambre y problemas de relación entre las personas y dolor y ansiedad entre las confinadas. Pronto, casi desde el primer día miles de personas voluntarias se organizaban para atender a las más vulnerables,. Y miedo, mucho miedo.

Los y las trabajadoras sanitarias se emplearon a fondo. Sin protección suficiente, teniendo que buscar soluciones de emergencia para protegerse. Faltaban batas y se utilizaron bolsas de plástico, faltaban guantes, mascarillas… y faltaban hospitales y camas y faltaban ellos mismos porque muchos tuvieron que salir del país como consecuencia de una reforma laboral que los expulsaba del sistema. Ahora, los que habían quedado, tuvieron que ampliar sus horarios y regresar cada tarde, cada noche, cada madrugada ahítos de cansancio por el trabajo acumulado y ahítos de miedo porque no sabían si en su casa llevaban con ellos ese indeseable huésped. Y porque en años anteriores y a pesar de las protestas en la calle, los gobernantes, esos que habían sido elegidos democráticamente, habían ido vendiendo la sanidad al mejor postor. Madrid se convertía así en un claro ejemplo de ese inmenso error que transformaba la vida en una dantesca tragedia.

Mientras, cada día había que oír la sistemática voz de una oposición que, renunciando a su propia responsabilidad, a sus propios deberes, a su sentido de nación, daba muestras de todo lo contrario, poniendo palos y piedras en el camino que debería haber sido transitado por todos. Incapaces de mirar más allá de sus miserables intereses, oírles producía no sólo un ruido altamente disonante, también un profundo dolor ante tanta insensibilidad, ante tanta estulticia. Y todo ello ocurría a la vez que muchos de sus votantes, de sus familiares, de sus amigos, estaban siendo cuidados por unos sanitarios que se dejaban la piel día tras o estaban muriendo.

Y así, entre mascarillas y guantes, entre termómetros y confinamientos fueron pasando los días. Y con ellos se fue levantando una voz suma de tantas otras que vaticinaban que, una vez superada la pandemia, la normalidad ya no volvería a ser la que fue y que sería mucho mejor. La primera premisa parece clara, pero la segunda, permíteme que dude. En estos últimos días las manifestaciones de insolidaridad, desprecio por lo racional, prepotencia y espíritu antidemocrático concentradas en esas caceroladas que debería llenarles de vergüenza si es que la tuvieran, lo ponen de manifiesto. La lucha se dirimirá en el Parlamento, que es el lugar apropiado, pero también en la calle. Y no va a ser fácil ni va a ser blanda. Hoy ha habido un nuevo debate que ha puesto de manifiesto esto. Ha sido en torno a la derogación de la Reforma Laboral aprobada durante el mandato de Rajoy en contra de la entonces oposición. Una ley que abarató y facilitó el despido, redujo los salarios, empobreció a los trabajadores, una ley con la que ser mileurista pasó de ser algo deprimente a un privilegio.

La pandemia ha dejado inactivo al mundo y, claro, a nuestro país durante casi tres meses. Pero la vuelta a la normalidad no va a ser un retorno a la actividad económica anterior a la pandemia. Se impone la mesura, el ritmo lento que evite, en lo posible, una nueva explosión de muertes y contagios. Sin duda, ello va a traducirse en despidos masivos, fuerte empobrecimiento de las personas más débiles, bancarrotas, hambres… si no se adoptan las medidas necesarias y solidarias que esta situación clama. Pero la actual ley laboral, que beneficia tan descaradamente a estos que hoy copan las calles gritando libertad, es una demostración en la calle de la guerra que se abrirá en el Parlamento y que ya hoy ha empezado a ponerse de manifiesto. Una vez más, y con discursos del miedo, tratan de acallarnos, de reducirnos, de dividirnos. El gobierno de coalición deberá fortalecerse, no mostrar debilidad y sí al lado de quien está.

Haces referencia a la Monarquía española, esa institución ya tan caduca y casposa. Una historia, la de los Borbones que ensombrece nuestra propia historia, la del pueblo. Es difícil encontrar un solo Borbón que haya destacado por sus cualidades de hombre de Estado, un solo nombre de entre ellos que no esté unido a la desdicha, a la despreocupación, a la unión con las fuerzas responsables del atraso de este país. Pisotearon continuamente las libertades reclamadas o conquistadas, encarcelaron, se enriquecieron constantemente a costa del sufrimiento, del hambre, del mantenimiento en la historia del XIX de unas colonias que añadieron más muerte, sangre y sufrimiento al pueblo… Supusieron siempre una pesada losa para el progreso y la modernización de nuestro país. Viene a mi memoria el interesante trabajo de Pérez Royo, España no es una Monarquía Parlamentaria.

Hoy, hablar de lo que cuesta su mantenimiento es casi ya recurrir a un lugar común que podría asegurarse que nadie desconoce. Es obvio que la República cuesta tanto como ella, pero no es ese el tema fundamental por mucho que los que se aferran a su mantenimiento lo tengan en su bagaje argumental. El asunto es otro, y se centra en el mantenimiento de privilegios medievalistas, en la ausencia de valor o no como Jefe de un Estado, en su intrínseco sentido antidemocrático como institución dentro de una democracia parlamentaria, en que una cuna no debería ser jamás el lugar donde se decidiera cargo político alguno… en fin, tantas y tantas razones que convierten a la Monarquía en una institución absolutamente decadente. Y eso sin recurrir ahora a los casos de corrupción dentro de ella. Ni a su blindaje. Y, por último, un tema fundamental al que pocas veces se hace referencia: el rey es la máxima autoridad dentro de las Fuerzas Armadas. Por tanto su poder es grande. Y las consecuencias del mismo pueden serlo.

Y eso sin hablar, que tiempo habrá de ello, del papel de Juan Carlos I con sus elefantes, sus asuntos con Arabia Saudí, la derivación de fondos a las cuentas corrientes de sus amantes de turno y tantas cuestiones más que algún día deberemos abordar. Cuestiones ampliamente denunciadas por el coronel Martínez Inglés desde hace cuarenta años ante todas y cada una de nuestras instituciones democráticas sin que, hasta ahora, encontrara audiencia. En definitiva, los Borbones actuales hacen digno honor a los de siempre. Triste historia la de la Monarquía en este país. Triste y vergonzosa.

Y son dignamente representados por estos que ahora, sin vergüenza alguna, salen a la calle gritando que no están dispuestos a mover un dedo por el bien común. Intentan jugar con la amenaza y el miedo mientras ondean desvergonzados una bandera que no les pertenece, porque la suya, tal como dices, chorrea sangre. Porque viven de eso, del miedo. Son los supervivientes casposos de un mundo decadente y caduco. Perdieron en el siglo pasado, cuando tres grandes mundos chocaron, el del fascismo, el del comunismo y el del liberalismo. El primero fue el que antes cayó. Pero no se dan por enterados. Es un craso error pensar que no saben lo que hacen. Lo saben y ni siquiera intentan disimular. Es una mentalidad miserable, de raza, de superioridad. Es el pensamiento aún tan presente como el de esas calles que perviven con su nombre, Vallejo Näjera. El ideólogo fascista, el psiquiatra, el que consideraba que ser demócrata, ser roja o rojo, era una desviación de la naturaleza, un gen que había que extirpar. Y a ello se empleó a fondo. Animando a la violación de las presas, robando sus hijos para entregarlos a familias del Régimen, El Mengele español.

Agarrados a su poder, a su prepotencia, a su soberbia, no se enteran de que no es posible seguir así. Afortunadamente, no parece que los más extremistas sean muchos. Mucho más me preocupan por donde van a tirar estas élites económicas y financieras que no hacen tanto ruido pero que quizás no quieran enterarse de que, al igual que este virus ha afectado a todo el mundo sin distinción de clases, nivel económico, cultural o procedencia geográfica o social, los parámetros en los que nos movemos actualmente, caracterizados por el dominio de un capitalismo financiero –ya ni siquiera productivo, aunque en otro momento podemos ahondar en ello-, profunda desigualdad social y atroz destrucción medioambiental les estallará en las manos.

En Europa fueron matando al Estado de Bienestar que garantizaba la protección de los más débiles, en EEUU, Obama no consiguió sacar adelante ninguna de las reformas con las que llegó al poder, los fondos buitres, tan misteriosos y crípticos ellos, dominan cada vez más el mundo… En fin, un panorama desolador en el que todas sin distinción alguna deberíamos estar comprometidas. Un rebrote de la epidemia parece, según las autoridades científicas, inevitable. Producirá más desolación y muerte, más cadáveres y más afectados por secuelas irreversibles. Más cada vez, pues se sumará a la anterior. Por tanto, o cambiamos radicalmente los parámetros actuales o las consecuencias serán imprevisibles. Y ya ni siquiera a los Estados, que ahora han tenido que coger las riendas, les quedará demasiado margen de maniobra. De ahí el tan reclamado “de esta saldremos todos juntos”. Pero ya en las calles y en el Parlamento ese grupo que tiene el poder económico y financiero en sus manos parece estar haciendo un corte de mangas a tan digna reclamación.

Desde luego, habrá que estar pendientes de los acontecimientos. Sin duda hemos iniciado una nueva época histórica, tan desconocida como el propio virus. Una época de cambios, con la presencia de nuevos actores y nuevos roles, en la que parece que el capitalismo financiero, engendrador de los mayores niveles de desigualdad e injusticias globalizadas ha evidenciado su impotencia para responder al ataque de un virus pandémico. Quizás sea llegada la hora de una nueva redistribución de poderes en cualesquiera de sus niveles, en el que la mujer ocupe definitivamente su lugar en plano de igualdad y equidad y el medio natural comience a reequilibrase.

Entregas anteriores:
Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo
– Cuarta correspondencia 13-19 de mayo

* Las autoras de la correspondencia:

Luz Madroño es profesora de Historia en Secundaria, es doctora en Psicología, psicóloga, por tanto, que también que en estos momentos echa una mano al que puede y necesita; es activista social, trabaja por los derechos humanos a pie de obra y recientemente ha llegado de Lesbos, en ese lugar donde los refugiados se debaten entre el vivir o vivir, porque hay que sobrevivir, porque llegaron de un infierno para meterse en otro, pero no se rinden. También Luz está vinculada a la UNESCO desde su presidencia del Centro en Madrid, donde organiza estupendas jornadas. Feminista, mujer de mundo, honesta… Y mucho más.

Enriqueta de la Cruz, es escritora y periodista. Cinco novelas publicadas enraizadas en Memoria Histórica, presente y nuestro futuro. La última: Despertando a Lenin, de reciente aparición y dos libros de conversaciones con el republicano y ex presidente del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, César Navarro, psiquiatra, humanista, políglota y sobre todo, buena y culta persona. La última, Tiempos de plomo y ceniza, acaba de salir de imprenta. Colaboradora en LoQueSomos y otras Web alternativas, enormes grupos de gente imprescindible, a la que admiro por ser luchadora, comprometida.

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