frasemundomejorlqs-e1419349918200Redacción. LQSomos. Enero 2015

La sensación general es que estamos en un fin de ciclo, que algo se está acabando –¿irremediablemente? La duda reside en si estamos en condiciones de cimentar y construir alguna alternativa solvente, no ilusoria. Lo nuevo apunta, pero con mucha dificultad, difuso y fragmentado, difícilmente tangible, no único, contradictorio, escurridizo, dubitativo, obstinadamente exigente… Es lo normal, así ha sido siempre. Si fuera fácil, sería mentira.

Se habla de cambio y de ilusión. Dos palabras. Una pareja tan emocionante como sospechosa.

Resulta sospechosa porque amenaza con sus contrarios: la continuidad y el desencanto. Si somos conscientes de ese riesgo, mejor podremos sortearlo.

La ilusión es necesaria. En esta página hemos dicho que sin ilusión sólo se emprende el camino de la huida o el de la derrota. Es cierto que parece cundir ahora una cierta ilusión desmovilizadora, acomodada sobre futuribles electorales. Ese es otro riesgo: no el futurible, sino la desmovilización. También de eso estamos advertidos.

En este año electoral, cada cual puede votar o no votar. Igual de respetable es lo uno como lo otro si va acompañado de la acción social y de la lucha por una democracia real. Hay plataformas electorales que, por su trayectoria, su composición, sus acciones y sus proyectos, sus formas de decisión, gestión y control, merecen nuestra atención y nuestro afecto. Otras pueden cuajar, o no. Todo esfuerzo deja su huella.

No queremos ser meros espectadores escépticos de lo que pasa a nuestro lado. Aspiramos a ser parte activa del movimiento, una herramienta útil del mismo. Ya son doce años en ese compromiso.

2015 nos pondrá a prueba a todos. El principal reto: no ceder a la tentación de creer que realizar nuestras ilusiones –urgentes necesidades sociales– nos vendrá dado gratuitamente. Cada derecho que conquistemos, cada decisión que tomemos, tendrá un precio que no podremos esconder ni escamotear. Si lo que queremos es nada menos que una democracia real, cabe pensar que el precio será alto. No será un regalo de nadie. No nos engañemos. No seamos ilusos.

¡Feliz 2015!

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