2022: Previsión económica

Por Michael Roberts*. LQSomos.

Los bancos centrales han inyectado 32 billones de dólares en los mercados financieros desde el inicio de la pandemia de COVID-19, elevando la capitalización bursátil mundial en 60 billones de dólares

A menudo se ridiculiza hacer cualquier pronóstico. Después de todo, hay demasiados factores para sustentar un pronóstico económico. Además, las previsiones económicas dominantes han fracasado notablemente. En particular, nunca pronosticaron una caída en la producción y la inversión, ni siquiera con un año de anticipación. En mi opinión, eso muestra un compromiso ideológico con la promoción del modo de producción capitalista. Si bien es una característica confirmada que el capitalismo tiene caídas regulares y recurrentes en la producción, la inversión y el empleo, estas caídas nunca son pronosticadas por las agencias oficiales o dominantes hasta que han ocurrido.

Sin embargo, esto no significa que hacer un pronóstico sea una pérdida de tiempo, en mi opinión. Para el análisis científico, la teoría debe tener poder predictivo y eso se aplica también a la economía si se quiere considerar una ciencia y no solo una apología del capitalismo. Entonces, para que la teoría de las crisis de Marx sea validada, debe tener cierto poder de predicción, es decir, que las caídas en la producción capitalista ocurrirán a intervalos regulares y recurrentes, principalmente debido a cambios en la tasa de ganancia del capital y los movimientos resultantes en la masa de ganancias.

A partir de sus modelos, los científicos del clima predicen un aumento peligroso de las temperaturas globales; y los virólogos también han estado prediciendo un aumento de patógenos mortales que llegan a los humanos como pandemias. Pero, pronosticar cuándo exactamente se harán realidad, estas predicciones, es mucho más difícil. Por otro lado, los climatólogos aún no pueden pronosticar cuál será el clima en un país durante todo un año, pero sus modelos ahora son bastante precisos para el clima de los próximos tres días. Por tanto, las previsiones de producción, inversión, precios y empleo con un año de antelación no son tan imposibles.

De todos modos, hagamos algunos pronósticos para 2022. El pronóstico del año pasado fue relativamente fácil. Estaba claro que las principales economías se iban a recuperar de la recesión de 2020. Escribí: » El PIB real crecerá, las tasas de desempleo comenzarán a disminuir y el gasto de los consumidores se recuperará». Con el lanzamiento de las vacunas, las: “economías del G7 deberían recuperarse significativamente a mediados de año”. Pero agregué que “esta no será una recuperación en forma de V. Para fines de 2021, la mayoría de las principales economías (excepto China) todavía tendrán niveles de producción por debajo de los de principios de 2020 «. Estas previsiones se han confirmado.

Había dos razones principales por las que se esperaba que la recuperación económica no restableciera la producción mundial a los niveles de 2019 para fines de 2021. En primer lugar, hubo un ‘corte’ significativo de las principales economías por la pandemia de COVID tanto en el empleo, la inversión y la productividad. Esto se manifestó en un enorme aumento de la deuda, tanto del sector público como del privado, que pesará sobre las principales economías como un daño permanente para millones de personas (“COVID prolongado”).Esta ‘cisura’ también se manifestó en una caída en la rentabilidad promedio del capital en las principales economías, cuya recuperación en 2021 no fue suficiente para restaurar la rentabilidad incluso al nivel de 2019.

Sin embargo, como se esperaba, el crecimiento del PIB real mundial en 2021 fue probablemente de alrededor del 5%, después de caer un 3,5% en la recesión de 2020. Según el FMI, en las economías capitalistas avanzadas, el PIB real por persona cayó un 4,9% en 2020 pero, aumentó un 5,0% en 2021. Eso significaba que el PIB real por persona en estas economías todavía estaba ligeramente por debajo del nivel alcanzado a fines de 2019. Así que hay dos años de adversidades.

La mayoría de los pronósticos para este año, 2022, son más o menos iguales a los de 2021. Se espera que la economía mundial crezca alrededor de 3.5-4.0% en términos reales, una desaceleración significativa en comparación con 2021 (25% menos que la tasa). Además, se prevé que las economías capitalistas avanzadas crezcan a menos del 4% en 2022 y a menos del 2,5% en 2023.

China fue la única economía importante que evitó una recesión en el año 2020. Pero el crecimiento de la producción de China en 2021 fue mucho más débil que después del final de la Gran Recesión en 2009. El Conference Board subestima gravemente las tasas de crecimiento de China, pero en 2022 es poco probable que el PIB real de China suba mucho más del 5%.

Lo que sugieren estos pronósticos es que la “fiebre del gasto” de los consumidores engendrada por los subsidios en efectivo del COVID (provenientes del gasto fiscal de los gobiernos y de las inyecciones de dinero crediticio) está menguando y seguirá haciéndolo este año. De hecho, como sabemos, los bancos centrales ahora planean «reducir» la creación de crédito e incluso aumentar las tasas de interés oficiales sobre los préstamos. El Banco de Inglaterra ya ha comenzado a subir su tasa y la FED de EE UU ha planificado aumentos en la última parte de 2022.

Y todos los pronósticos para este año se basan en que la nueva variante Omicron será de corta duración y levemente dañina para la salud humana, gracias a las vacunas y los nuevos tratamientos médicos. Esto puede ser demasiado optimista, incluso si Omicron no logra perturbar las economías este año, no hay certeza que no surja otra variante más devastadora.

Luego, en mi opinión, hay un tercer aspecto después del fin de la pandemia. En mi pronóstico para 2021, planteé la posibilidad que el tamaño de la deuda corporativa y una gran cantidad de ‘empresas zombis’ no están obteniendo suficientes ganancias para cubrir el servicio de sus deudas (a pesar de tasas de interés muy bajas), por tanto, podría sobrevenir una crisis financiera.

Este es el riesgo para las economías capitalistas avanzadas. Las llamadas economías emergentes ya se encuentran en una situación desesperada. Según el FMI, aproximadamente la mitad de las economías de bajos ingresos (LIE) están ahora en peligro de incumplimiento de la deuda. La deuda de los ‘mercados emergentes’ con respecto al PIB ha aumentado del 40% al 60% con esta crisis. Y hay poco espacio para impulsar el gasto público para paliar el golpe.

Los países «en desarrollo» se encuentran en una posición mucho más débil en comparación con la crisis financiera mundial de 2008-09. En 2007, 40 países de mercados emergentes y de ingresos medios tenían un superávit fiscal equivalente al 0,3% del producto interno bruto, según el FMI. El año pasado, registraron un déficit fiscal del 4,9 por ciento del PIB.

El déficit público de los ‘mercados emergentes’ en Asia pasó del 0,7 por ciento del PIB en 2007 al 5,8 por ciento en 2019; en América Latina, pasó del 1,2% del PIB al 4,9%; y los mercados emergentes europeos pasaron de un superávit del 1,9 por ciento del PIB a un déficit del 1 por ciento.

The Conference Board pronostica una caída en la tasa de crecimiento del PIB real para América Latina de dos tercios del 6,4% al 2,2% y luego aún más baja en 2023. Esta es la realidad: habrá una grave crisis de deuda y moneda en estos países en 2022. Ya Argentina se encamina a otro incumplimiento de su deuda.

Por tanto, los gobiernos de economías emergentes se enfrentan a la aplicación de una severa austeridad fiscal que prolongaría su estancamiento; o a devaluar sus monedas para intentar impulsar el crecimiento de las exportaciones.

El gobierno turco de Erdogan ha optado por la política de recortar y no aumentar las tasas de interés, siguiendo las ideas de la Teoría Monetaria Moderna. Esto ha provocado una salida de capital y una depreciación del 40% de la lira turca frente a las principales monedas. La inflación se ha disparado. En 2022, la economía turca se hundirá y se producirá una ‘estanflación’.

En 2021 no se produjo una crisis financiera y de deuda. Por el contrario, los mercados mundiales de acciones y bonos nunca lo habían tenido tan bien. El crédito financiado por el banco central inundó los activos financieros como si no hubiera un mañana. El resultado ha sido un aumento asombroso de los precios de los activos financieros (acciones y bonos) y de los bienes raíces.

Los bancos centrales han inyectado 32 billones de dólares en los mercados financieros desde el inicio de la pandemia de COVID-19, elevando la capitalización bursátil mundial en 60 billones de dólares. Y las empresas de todo el mundo recaudaron $ 12,1 billones vendiendo acciones y obteniendo préstamos como resultado. El índice del mercado de valores de EEUU subió un 17% en 2021, repitiendo un aumento similar en 2020. El índice S&P 500 alcanzó un máximo histórico. El índice Nikkei 225 registra sus mayores ganancias anuales desde 1989.

Pero, a medida que avanzamos hacia 2022, los días del ‘dinero fácil’ y los préstamos baratos están llegando a su fin. Es probable que el enorme auge del mercado de valores de los últimos dos años se apague. De hecho, desde abril de 2021, solo cinco acciones de alta tecnología (Apple, Microsoft, Nvidia, Tesla y la matriz de Google, Alphabet) han representado más de la mitad del aumento en el índice S&P de EEUU. Mientras que 210 acciones están un 10% por debajo de sus índices máximos semanales. Y un tercio de los «préstamos apalancados estadounidenses» – una forma de creación de deuda- tiene una relación deuda / ganancias superiores a seis, un nivel considerado peligroso para la estabilidad financiera.

Así que este año podría ser el de un colapso financiero o al menos de una corrección severa en el mercado de valores y los precios de los bonos, a medida que suben las tasas de interés, lo que eventualmente llevará a un sector de las empresas zombis a la bancarrota. Eso es lo que temen los bancos centrales. Es por eso que la mayoría están siendo muy cautelosos a la hora de poner fin a la era del dinero fácil. Y, sin embargo, se ven obligados a hacerlo debido al fuerte aumento de las tasas de inflación de los bienes y servicios.

Tasa de inflación anual de bienes y servicios de consumo de EEUU (%)

Este pico de inflación se debe principalmente a la demanda reprimida de los consumidores, ya que la gente desembolsó los ahorros acumulados durante los bloqueos y los «cuellos de botella» de la oferta. Estos “cuellos de botella” son el resultado de las restricciones al transporte internacional de bienes y componentes y de mar erias primas y componentes para la producción. Todo este fenómeno es parte de las secuelas del COVID y, porque gran parte del mundo todavía sufre la pandemia.

La economía dominante está dividida. Algunos creen que el pico de inflación es «transitorio» y la tasa de inflación volverá a niveles «normales» , pero, otros piensan lo contrario. En mi opinión, es probable que las altas tasas de inflación actuales sean ‘transitorias’ porque durante 2022 el crecimiento de la producción, la inversión y la productividad probablemente comenzará a descender a tasas de ‘una depresión prolongada’. Eso significará que la inflación también disminuirá, aunque seguirá siendo más alta que en la pre-pandemia.

Se promueve la opinión que el 2022 será el comienzo de nuevos niveles de crecimiento del PIB y de la productividad como la experimentó Estados Unidos en los ‘locos años veinte’ del siglo pasado, después del fin de la epidemia de gripe española. Durante los llamados locos años veinte, el PIB real de EEUU aumentó un 42% (un 2,7% anual per cápita) Pero, hoy parece que no hay evidencia que justifique la afirmación de los “optimistas” de la corriente principal. La gran diferencia entre la década de 1920 y la de 2020 es que la recesión de 1920-21 en los EEUU y Europa limpió el ‘bosque muerto’ de empresas ineficientes y no rentables para que los sobrevivientes más fuertes se pudieran beneficiar de una mayor participación de mercado. La rentabilidad del capital aumentó considerablemente en la mayoría de las economías. Nada de eso se pronostica para 2022.

Los optimistas del nuevo auge prolongado basan su argumento en una reactivación de la productividad total de los factores (PTF). Esta medida capta supuestamente el papel de la eficiencia y la innovación en el crecimiento de la producción. El banco central calcula que la PTF mundial aumentará un 0,4% en promedio anual esta década en comparación con cero en los últimos 20 años. Eso no es una gran mejora en comparación con el pronóstico de desaceleración, la caída del empleo y el débil crecimiento de la inversión de capital a nivel mundial. De hecho, en el tercer trimestre de 2021, el crecimiento de la productividad de EEUU se desplomó en el nivel más alto en 60 años, mientras que la tasa interanual cayó un 0,6%, la mayor caída desde 1993, ya que el empleo aumentó más rápido que la producción.

Un auge prolongado solo sería posible, según Marx, si hay una destrucción de capital producto como consecuencia de una recesión importante. Este tipo de crisis barre con las tecnologías obsoletas, el capital fallido y no rentable, permitiendo, entonces, que la innovación tecnológica pueda prosperar. Esto ocurre porque la ‘destrucción creativa’ generaría una tasa más alta de rentabilidad.

Sin embargo, todavía no hay indicios de una fuerte recuperación de la rentabilidad media del capital. Probablemente sea necesario un aumento sostenido de alrededor del 30% para generar un nuevo boom como el de los ‘locos años veinte’ o de la ‘edad de oro’ de la posguerra.

Además, es una ilusión esperar más ayuda fiscal y monetaria de los gobiernos. Dado el alto nivel de deuda del sector público, los gobiernos de todo el mundo buscan reducir el gasto fiscal y los déficits presupuestarios. De hecho, se prevé un aumento de los impuestos y una reducción del gasto público. Según el FMI, el gasto de los gobiernos en 2022 caerá un 8% con respecto al año pasado. Esta caída se debe en parte a un menor gasto en el apoyo del COVID.

Si miramos las proyecciones de gastos e ingresos del gobierno de EEUU, según la Oficina de Presupuesto del Congreso, el gasto del gobierno federal se reducirá en un 7%, en promedio, hasta 2026 en comparación con los niveles de 2021, mientras que se espera que los ingresos fiscales aumenten en un 25%. El presupuesto de EEUU se reducirá a la mitad en 2022 y se mantendrá bajo durante los años siguientes. Por tanto, no se prevé ningún estímulo fiscal al estilo keynesiano.

Los planes del presidente Joe Biden para expandir el gasto fiscal se han visto obstaculizados por el Congreso y, de todos modos, solo habrían tenido un pequeño impacto en la actividad económica. El fondo de recuperación de la UE para las economías más débiles de la eurozona ni siquiera ha comenzado y, de nuevo, será insuficiente para mantener un crecimiento económico más rápido.

En conclusión, suponiendo que no se produzcan nuevos desastres por la pandemia la economía mundial crecerá en 2022, pero no tan rápido como en el año de la ‘fiebre del gasto’ de 2021. Y para fines de este año, la mayoría de las principales economías habrán comenzado a retroceder hacia tendencias de bajo crecimiento y baja productividad, con perspectivas de un crecimiento aún más lento durante el resto de la década.

* Economista britanico. https://observatoriocrisis.com/

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