23 – 24 de junio: correspondencia de cuarentena

Luz Modroño*- Enriqueta de la Cruz*. LQS. Julio 2020

Decimotercera entrega de este hilo de la correspondencia entre Luz y Enriqueta, un hilo epistolar rojo, republicano, que es de hablar claro. Volcando ahí de forma personal sus observaciones, inquietudes, deseos de colaborar con lo que saben hacer, aquí nos comparten este mundo epistolar creado entre ellas dos

Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo
– Cuarta correspondencia 13-19 de mayo
– Quinta correspondencia: 20 de Mayo
– Sexta correspondencia: 22 – 24 de mayo
– Séptima correspondencia: 26 – 30 de mayo
– Octava correspondencia: 31 de mayo – 2 de junio
– Novena correspondencia: 3 – 4 de junio
Décima correspondencia: 7 – 9 de junio
Undécima entrega: 14 – 15 de junio
Duodécima entrega: 17 – 18 de junio

VOZ DE ENRIQUETA

23 de junio

Querida Luz: pues sí, me gusta lo que dice Saramago, que es eterno en sus escritos y nos sigue comunicando. Recuerdo cómo pintó bastante acertadamente cómo puede seguir la gente sin los políticos mandantes… Muy para pensárselo ahora. Personalmente yo sí soy testigo de cómo puede salir adelante una y más empresas de las de las de currar sin sus dueños y sin sus gestores directores pues con los currantes basta y sobra, igual que con el pueblo, que es el que salva únicamente al pueblo. Es decir, que la cosa parece ir sola pero no, es simplemente que los currantes, que la gente normal y corriente es la verdaderamente imprescindible, la que hace las cosas, como las enfermeras, los médicos, etc. Como vemos.

Por cierto, han hecho un anuncio muy entrañable de una enfermera que regresa a casa y tiene una nota tierna de su compañera que se ha marchado a dar comida a la gente que lo necesita y le ha dejado a ella un poco de idem en el frigo. Muy tierno. Era un anuncio del colectivo LGBT, aunque yo estas cosas limitarlas a tal o cual o hacer publi con ellas, en fin… Creo que es segregar también, porque esas tareas, lo que las define no es que seas lesbiana, gay o trans u homo, sino simplemente clase currante, maja; es como lo veo. Para que de veras se respeten los derechos de todos no hay como no irse por las ramas y a concretar… Al pueblo, pienso, no hay que irle tanto a las emociones simplonas y sí más a su formación plena y así avanzaremos.

Se han dado muchos pasos negativos en la infantilización de la masa, que nos consideran masa de croqueta y nada más. Es así, y en los propios cursos de directivos de comunicación, esos dircom de marras, ya se nos cuenta bien cómo llegar al corazón y despreciar la cabeza, esa cosa que tanto importa. Y no al corazón para el amor universal ni el amor a nadie, sino precisamente para matar el corazón también, para apoderarnos de él y arrancarlo y darlo al ídolo dinero del que tanto y tan bien hablas, Luz.

Hay muchas versiones circulando… Que el Covid no siga siendo una excusa para control social ni nada por el estilo… Que seamos serios, por favor…

En cuanto a la derecha de aquí, que es básicamente una amenaza, no una derecha en condiciones, lo que le da rabia es que no se apunten el tanto de la buena gestión de la crisis de la pandemia (por ahora es así, dentro de lo que cabe que siempre es a perfeccionar, claro) y, sobre todo, que no sean ellos los que traigan y hayan muñido el nuevo Plan Marshall para nosotros todos. Necesitamos los cuartos y hay en la coalición gente muy preparada para hacerlo entender así. Esperemos que no a costa de vender un poco más nuestros país, pero que en fin, lo primero es conseguir el dinero que se puede destinar porque lo hay o se hace, sin más estupideces, y para ventas del país las que ya hicieron los del PP y sus antecesores desde Fraga y desde Franco antes y desde antes, que desde Carlos el V… Pues con eso, poco queda…

Ellos son unos envidiosos de campeonato y raposos y no quieren nada que mejore su país, solo sus bolsillos. No quiero generalizar porque propugno un gran pacto de demócratas, de ruptura con el régimen del 78, de reformas de las que hablas y de nuevo comienzo, con todos los que sean positivos, dignos y demócratas… Pero los de derechas que sean así, demócratas, deben optar ya y el PSOE no vacilar tampoco, desprenderse de juegos peligrosos y de andar un día con VOX para lavar el culo a los reyes y otro con Cs que lo reflotan cuando ya estaba con el agua al cuello, pa na…

Y los sindicatos, pues eso, tienen un gran papel si son decentes, que el jefe de UGT dice ahora lo de intervenir la economía tal hace Alemania o propone, pero está por ver de qué lado van a quedar en próximos meses con la crisis bestial que ya está aquí. A CC.OO. ni se la ve por ahora…

En este juego macabro que nos dice que hay comunistas en el Gobierno (en fin, sin comentarios…) y que opta por matarlos, pues, en fin, habría que preguntarse cómo es que tan oportunamente se financió a la extrema para que pisaran las instituciones sin la careta de ser otra cosa que la que son: puros fascistas.

También tendremos que preguntarnos por esos nacionalistas patrioteros que andan defendiendo con la otra mano a Putin y los rusos tan a las claras, pero eso lo dejo ya para un artículo largo de opinión, por no cansar, donde quiero analizar cantidad de aparente contradicciones, para dónde van y por dónde han de caminar las movilizaciones populares en adelante en el mundo y en este rinconcito del mundo…

Creo que con tu respuesta y esto mío que te mando, debemos hacer un descanso para evaluar cómo van las supuestas vacaciones de la pandemia. Menuda tontería… Como dice un amigo muy concienciado, no ha acabado la pandemia, solo es que nos dejan salir de casa con la pandemia y a ver qué pasa.

Aparte de que manda doña economía, que también es vida porque hay que currar y comer…, pienso que hay que intentar normalizar un poco hasta donde sea prudente. Creo que la gente necesita un respiro, irse por ahí y caminar, pensar por sí misma y descansar de los ordenadores y demás, si acaso un libro bajo el brazo, que siempre en buen compañero, así que te propongo que me digas… y que volvamos en septiembre, con nuestros análisis de este periodo de dos meses próximos de observaciones nuevas, tras las convivencias y vivencias que podamos tener. ¿Qué te parece?

Y mientras, a ver si nos libran del mal, amén…

En fin, a mí me gustaría pensar que nadie del Gobierno y la oposición demócrata descansen del todo (aunque también les deseo el respiro merecido e imprescindible, claro), pues “la guerra” de la que nos hablaron en términos muy bélicos, sigue, ya te digo… Y con ojo… que hay mucho peligro, que la gente hace el cabra… Me gustaría poder observar cómo trabajan en nuevos equipamientos y hospitales y contratos y puestos de trabajo para lo esencial que se va a necesitar, que ya necesitamos: en medidas sociales para que no dependamos de la caridad de la Iglesia ni de ningún intermediario que no sea público y en la redistribución y en enseñanza de calidad, en impuestos que no vayan a matar a los desempleados y obreros y que acoquinen más a los que se lo llevan a Suiza y a los Paraísos lejanos…

No se puede pensar en un año de no escolarización, ni en un año con teletrabajo basura sin condiciones, ni en más explotación laboral, despidos injustificados, picos sin uvis ni respiradores… No se podrá volver a decir que quién se lo esperaba…

Necesitamos pensar que estamos en buenas manos. Si no, ¿para qué nos mandan a veranear?

En fin, querida amiga, me despido por ahora, deseando tu respuesta y tu parecer. Y buen verano y buena observación. Un fuerte abrazo hasta que podamos vernos…

VOZ DE LUZ

24 de Junio

Qué cierto es esto de la infantilización en masa. Interesa, Enriqueta. Y mucho. Porque controlar al adulto infantilizado es fácil. No quiero decir la infancia, que merece absolutamente todo mi respeto, donde hay mucha más sensatez, belleza, esperanza y canto de futuro. El problema es, precisamente, la infantilización de los adultos. Sigamos con los símiles, porque, a pesar de sus rabietas esporádicas, sus berrinches y sus gritos es fácil callarla. Se la controla fácil con toros, fútbol y programas del estilo Sálvame. Caldo fácil de cultivo para los extremistas, para ese núcleo de población que alimenta las filas de las derechas, de aquí y del mundo entero.

Y estoy contigo en la urgente necesidad de pactos de Estado. Sobre temas tan trascendentales como la sanidad o la educación. Pactos de Estado que fijen de una vez por todas el modelo de la una y de la otra que queremos. No es admisible esta incertidumbre como no son admisibles estos vaivenes en temas en los que entra el futuro de todo un país. Su ausencia ha dado lugar a graves desequilibrios y desigualdades entre los distintos territorios del país. Situaciones que entran de lleno en el agravio comparativo entre unas y otras. Está bien que la gestión sea responsabilidad de cada Comunidad por aquello de facilitar el control y la organización, pero hasta ahí. Todo lo demás debería obedecer a esas líneas maestras que se fijarían en ese Pacto.

Pero tenemos en este país una derecha demasiado anclada en el pasado, demasiado heredera de una historia repleta de injusticia y desigualdad, de dominio férreo de unos pocos sobre la mayoría. Y es difícil, como se está viendo, que evolucionen. Aún recuerdo, siendo Ángel Gabilondo ministro de Educación, el rechazo de Rajoy, por entonces jefe de la oposición, al Pacto propuesto. No hubo razones, tan sólo una negativa tajante y férrea.

Conscientes de la urgente necesidad de un cambio profundo y decisivo en este mundo tan violento, tan amenazador, tan insostenible que el patriarcado ha creado, echar una mirada alrededor produce escalofríos y nos llena de dudas. Nunca como hasta ahora la esperanza se ha enfrentado tan directamente al pesimismo de una continuidad que terminara, entre
espasmos de sangre, dolor y muerte, con él. Demasiados avisos cómo para no escucharlos. Se impone un cambio radical de un mundo que ya no aguanta.

Y son tantas, tantas las cosas que hay que cambiar, que es inevitable que nos surjan miles de dudas y nos invada el pesimismo.

Pero también hay indicios de aliento y esperanza. Somos muchas, Enriqueta, las personas que estamos ahí, empujando, levantando la voz, saliendo a la calle. Tratando de unir voluntades y convertir los deseos y la necesidad en realidades.

Es importante, en el camino de esta desescalada, tener claro hacia dónde queremos dirigirnos. Siempre lo es, siempre lo ha sido. Pero ahora, después de lo ocurrido y bajo la amenaza de que vuelva a ocurrir, lo es quizás más que nunca. Sólo teniendo clara la respuesta será posible trazar la hoja de ruta que nos movilice hacia la meta. Porque, como diría el propio Saramago, tan recordado estos días y del que se cumple la primera década de su fallecimiento, tenemos que ver, tenemos que quitarnos esta venda que nos impide ver con claridad dónde está la verdadera causa de lo ocurrido, la causa de tantos miles de personas muertas.

Así pues, ahí va la primera pregunta: Cuándo hablamos de nueva normalidad, ¿a qué nos estamos refiriendo exactamente? ¿A la continuidad de aquélla que dejamos suspendida cuando se tomaron las medidas para luchar contra los devastadores efectos que el virus estaba produciendo? ¿Una normalidad marcada por el sufrimiento, la injusticia y la desigualdad, por
el alejamiento cada vez mayor de los derechos humanos, por un mundo devastado por guerras, hambre, ignorancia? ¿O nos referimos a una nueva realidad que habremos de conseguir entre todas, uniendo nuestros brazos, manos, corazones… para conseguirla? La respuesta parece obvia pero no lo es. Y no lo es porque tenemos miedo y sigue la resignación
ocupando una buena parte de nuestra actitud. Y si el miedo, la resignación o la indiferencia no ceden sus puestos a la valentía, el compromiso y la acción, nada va a cambiar.

Cierto es que durante los días de la pandemia muchas cosas cambiaron. Algunas para no volver y otras para instaurarse con carácter de permanencia. Por ejemplo, el teletrabajo. Que tendrá sus puntos positivos yo no lo dudo. Pero que me preocupa sobremanera porque me parece que, con ello, estamos un poco más cerca de la aldea de McLuhan. Un mundo virtual, sin contacto humano real, sin el calor de las personas que nos rodean. Sin la charla de media hora del café en la que se intercambian noticias familiares o se habla del partido de fútbol visto o del museo visitado. Y también problemas laborales e interpretaciones de la actualidad. Calor humano, en definitiva, y compartir en la cercanía la propia vida.

Una de las cosas más inquietantes de estos días de pandemia fueron esas miradas de miedo y desconfianza de unas personas hacia otras. Más allá de las viejas del visillo que se instauraron en cada ventana, las calles se llenaron de miradas huidizas y cruces de acera para no rozarte con otros. La primera vez que esto me ocurrió acababa yo de llegar de Grecia -allí las cosas nunca fueron tan duras como aquí- y un escalofrío me estremeció. Una sensación inquietante de rechazo y desconfianza, de frialdad y sospecha. La mascarilla apenas permite ver la cara de quien la lleva y torna imposible adivinar por su expresión lo que siente, pero ese escalofrío fue inevitable a pesar de todo.

Y me preocupa hasta qué punto ese miedo y esa desconfianza se hayan instaurado para no dar marcha atrás. Aunque haya vuelto el contacto, el hablarse cara a cara, el sentarse juntos compartiendo una misma terraza o un mismo banco en el parque.

Al mismo tiempo, durante aquellos días, muchas voces se levantaron reclamando un nuevo orden de cosas, pues el que habíamos dejado atrás estaba demostrando fehacientemente su insostenibilidad. Una pandemia producida por la combinación, tan perversa cómo inevitable, de varios factores. Un mundo globalizado en el que cualquier suceso, sea de la índole que sea, se extiende a la velocidad del rayo por prácticamente todo el planeta. Una globalización que ha dejado atrás la de los derechos humanos y la de los cuidados, una naturaleza a la que sistemáticamente hemos dado la espalda. Y un sistema sanitario cada vez más americanizado.

Con estos mimbres era fácil prever que cualquier día aparecería algo semejante a este virus. No es el primero, desde luego, aunque sí es el primero universalizado. No obstante, las cifras a nivel global no han sido tan elevadas cómo podrían haber sido o como podrán ser si vuelve a surgir algo semejante, que ocurrirá si los parámetros en los que nos movemos no cambian. No olvidemos que solo por hambre o guerras cada año mueren millones de personas. Muchas, muchas de ellas, niños y niñas que son mutilados, secuestrados, convertidos en soldados.

África, Siria, con nueve años de guerra a sus espaldas, Somalia, Etiopía… Ébola, tuberculosis, SIDA, son palabras que nos quedan lejos, inalcanzables para Occidente. Pero, a pesar de ello, de ser los afortunados, los privilegiados de un mundo en el que la desigualdad y la injusticia siguen rigiendo los destinos de la gente, a pesar de las barreras de protección levantadas en torno a nuestras fronteras, por las que decidimos quién entra y las cerramos sin importar si el coste es la muerte en el mar o el desgarro del cuerpo que intenta saltar una concertina, o las abrimos si vienen para limpiar nuestra mierda, cuidar a nuestros ancianos o hijos pequeños, recoger en interminables jornadas de trabajo esclavista el fruto de nuestros campos. A pesar de todo ello, la naturaleza, esa naturaleza a la que también hemos dado la espalda, nos ha puesto frente a nuestra propia vulnerabilidad. Y nos ha puesto en manos de un sistema sanitario empobrecido, convertido en negocio para mayor riqueza, gloria y poder de unos cuantos.

Esta nueva realidad a la que aspiramos debe blindar de una vez por todas, y mientras empujamos para que los cambios sean mucho más profundos y radicales, todo aquello que garantiza la dignidad de las personas y las vidas. La sanidad, como la educación, no tiene precio.

Vamos con algo de aliento: por fin se ha aprobado la renta mínima básica. Que en el Parlamento nadie se ha atrevido a votar en contra. Eso sí, VOX ha dejado de nuevo patente susentido del patriotismo. De todas las fuerzas políticas, solo ellos se han abstenido. A ver si sus votantes, aquellos que no juegan directamente en sus filas, se enteran. Medida aplaudida incluso por el Fondo Monetario internacional, como no podía ser de otra forma. Una medida, aunque escasa, muy inteligente. Puede ser un punto de partida para ese cambio que anhelamos. Y es inteligente, porque ese fondo va a revertir directamente de nuevo en la sociedad. Las receptoras no van a guardar ese dinero debajo de un colchón, no van a invertirlo en ningún fondo buitre. Quien tiene hambre y frío satisface sus necesidades si puede. Y con esta ayuda podrá. Es una activación del consumo justa y noble. Y es una muestra de que las cosas, desde la solidaridad y la inteligencia, se pueden hacer mejor. Una pequeña luz, insuficiente pero muy necesaria. En el circo en que la derecha está pretendiendo convertir el Parlamento se van abriendo pequeñas luces de esperanza.

El gobierno de coalición está dando sus resultados. Un gobierno que ha mostrado que, pese a todo, algo puede cambiar. La derecha tratará de destruirlo porque cuando el patriotismo se entiende como enarbolar una bandera es difícil admitir que la voz que más resuene no sea la suya, la defensora de una transición que legitimó la permanencia hereditaria de un jefe de estado impuesto por un dictador.

Nada cambia de golpe, desde luego, pero ese cambio puede ir en dos direcciones opuestas. Es deber de todas conseguir que la dirección sea la que queremos, que sea la de una ciudadanía solidaria, con sentido de la justicia, de fraternidad y sororidad. Porque la pobreza está afectando sobremanera a la mujer, como siempre. Que esto es ya agotador. Tanto como los muertos que siguen agolpándose en el Mediterráneo. Hace unos días, un bote de madera con treinta y dos personas dentro, varias de ellas mujeres y alguna embarazada, da la alarma por la mañana. La combinación de la inexperiencia ante un timón y un mar embravecido es mala. Naufraga. De nuevo, amenaza de ahogo y muerte. Piden socorro. La barca es detectada pero no es hasta la noche cuando acuden al rescate. Varias personas mueren. Muertes que, de haber acudido a tiempo, se habrían evitado. Muertes que -tal es la costumbre ya- apenas ocupan unas cuantas líneas en algún medio.
No es posible, Enriqueta, seguir despreciando la vida de tal manera. No es posible. Nos va a estallar en las manos tarde o temprano. O en las conciencias. Y esperemos que sea más temprano que tarde. Porque, aunque sea por miedo, cuanto antes espabilemos menores serán los daños y consecuencias.

A medida que esto escribo me asalta otra noticia no por familiar menos dramática: un nuevo asesinato de una mujer y sus hijos. Esta vez, en un pueblo de Jaén declarado patrimonio de la humanidad. ¡Qué ironía! ¿Hasta cuándo van a seguir asesinándonos? ¿Hasta cuándo va a durar esa amenaza de terror y horror permanente sobre nuestras cabezas?
Y siguen produciéndose excentricidades por parte de Trump. Ahora dice que va a denunciar a los miembros del Tribunal Internacional de Justicia que se atrevan a investigar cualquier acción de las tropas norteamericanas. Suena surrealista, pero después de la amenaza a la OMS de retirada de fondos ya es… Excentricidades muy peligrosas que ponen al mundo entre la espada y la pared, que hacen que la amenaza a la vida, a los derechos, se dispare a cotas impensables.

Trump es como un animal enorme y moribundo, dando coletazos creyéndose que así él se salvará. Y en esos coletazos arrasa brutalmente a quién se encuentra a tiro. No dejo de pensar en que el virus puede ser nuestra última oportunidad. El último aviso para cambiar.

Continuará…

Entregas anteriores:
Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo
– Cuarta correspondencia 13-19 de mayo
– Quinta correspondencia: 20 de Mayo
– Sexta correspondencia: 22 – 24 de mayo
– Séptima correspondencia: 26 – 30 de mayo
– Octava correspondencia: 31 de mayo – 2 de junio
– Novena correspondencia: 3 – 4 de junio
Décima correspondencia: 7 – 9 de junio
Undécima entrega: 14 – 15 de junio
Duodécima entrega: 17 – 18 de junio

* Las autoras de la correspondencia:

Luz Madroño es profesora de Historia en Secundaria, es doctora en Psicología, psicóloga, por tanto, que también que en estos momentos echa una mano al que puede y necesita; es activista social, trabaja por los derechos humanos a pie de obra y recientemente ha llegado de Lesbos, en ese lugar donde los refugiados se debaten entre el vivir o vivir, porque hay que sobrevivir, porque llegaron de un infierno para meterse en otro, pero no se rinden. También Luz está vinculada a la UNESCO desde su presidencia del Centro en Madrid, donde organiza estupendas jornadas. Feminista, mujer de mundo, honesta… Y mucho más.

Enriqueta de la Cruz, es escritora y periodista. Cinco novelas publicadas enraizadas en Memoria Histórica, presente y nuestro futuro. La última: Despertando a Lenin, de reciente aparición y dos libros de conversaciones con el republicano y ex presidente del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, César Navarro, psiquiatra, humanista, políglota y sobre todo, buena y culta persona. La última, Tiempos de plomo y ceniza, acaba de salir de imprenta. Colaboradora en LoQueSomos y otras Web alternativas, enormes grupos de gente imprescindible, a la que admiro por ser luchadora, comprometida.

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