Redacción. LQS. Septiembre 2018

“Fuimos con petición de pena de muerte los cinco… todos estábamos preparados para recibir la noticia”

Vladimir Fernández Tovar, nacido en Madrid, de origen campesino y familia largamente comprometida con la lucha antifranquista. Militó en el PCE(m-l) y en el FRAP. Fue detenido y procesado en un Consejo de Guerra militar por primera vez a los 17 años, acusado de repartir octavillas en las que se denunciaba a varios generales fascistas. En julio de 1975 fue nuevamente detenido junto con otros militantes del FRAP, acusados sin prueba alguna de dar muerte a un policía armado en la calle Alenza de Madrid. Condenado a muerte en un Consejo de Guerra sumarísimo (11 y 12-IX-75), fue indultado y hoy recuerda para LoQueSomos aquellos momentos y a aquellos compañeros.

LoQueSomos. ¿A qué edad empezaste a militar en el antifranquismo?

Vladimir Fernández Tovar. A los 15 años, en Madrid, con la constitución de las Comisiones Obreras Juveniles.

– LQS. ¿Cómo fue tu detención de 1975?

Vladimir. En la calle, en Madrid, llevada a cabo por varios policías de la BPS, entre ellos, Carlos Domínguez, que parecía ser el segundo del torturador Roberto Conesa. Torturado continuamente en la Dirección General de Seguridad y con amenazas sobre la vida de mi familia.

– LQS. Fuiste juzgado en un Consejo de guerra sumarísimo los días 11 y 12 de septiembre de 1975, junto con otros 4 militantes del FRAP. ¿Qué recuerdos tienes de aquel juicio?

Vladimir. Lo primero que siempre me viene a la memoria es que aquello fue una farsa. Ya había pasado por un Consejo de Guerra en 1969, por lo que conocía algo de la forma de funcionar de los militares (1). Se había rechazado la práctica de pruebas que habían solicitado nuestro abogados, así como la comparecencia de los testigos. Aun así, quedé sorprendido durante el primer día del juicio, cuando se reanudó a la tarde, el presidente del Tribunal dijo que comenzaba el juicio -había empezado a las 9 de la mañana-. Ante las preguntas de los abogados, dijo, de mala gana, que “lo de la mañana no había existido”. La Capitanía General no había resulto una apelación de nuestros abogados y por lo tanto la sesión de la mañana era nula. Cuando nos tocó hablar, uno de mis compañeros, Fernando, lo resumió muy bien: “Este juicio es una farsa…”.

Lo segundo que me viene a la memoria es el energúmeno de la Policía Armada, el “gris” que tenía detrás del banquillo y que pretendió hacerme callar cuando intervine.

– LQS. Fuisteis 3 los condenados a muerte en ese proceso. ¿Se puede estar preparado para recibir una noticia así? ¿Cómo fue ese momento?

Vladimir. Fuimos con petición de pena de muerte los cinco, pero “solo” se dictaron tres. Creo que la duda que teníamos todos era cuántos íbamos a ser los condenados, así que creo que todos estábamos preparados para recibir la noticia.
A las cuatro o cinco horas de terminar el Consejo nos llevaron a los furgones de la policía, pero agrupados de manera diferente a como nos habían trasladado de Carabanchel al Goloso. Hasta ese momento, en el primero íbamos Xosé Humberto y yo; y en el otro, Fernando, Pablo y Manolo. Pues bien esa vez cambiaron y en uno entramos Xosé Humberto, Manolo y yo, en el otro Pablo y Fernando. Pensé que a los tres nos habían condenado a muerte y que, posiblemente, ellos se salvaban. Y así fue.

Allí, dentro del furgón policial fue donde nos comunicaron la condena. Fueron nuestros abogados Miguel Castells, Eduardo Carvajal y Javier Baselga ya que había la norma o costumbre de que las condenas a muerte las comunicaban los abogados y no el Tribunal. Fue Castells quien se dirigió a nosotros. El momento fue algo siniestro, como más tarde me comentaría el mismo Castells, ya que el furgón no tenia ventanas, por lo que estábamos más bien a oscuras en la parte trasera que se comunicaba con la cabina por una puerta cerrada por una tupida rejilla de acero. Como no los dejaron subir, Castells nos habló desde fuera, asomado a la puerta de la cabina y sin poder vernos: “Supongo que ya lo esperaríais…” A Pablo y Fernando el Tribunal les comunicó las condenas de 30 y 25 años respectivamente.

– LQS.¿En qué pensaste al comunicarte que habías sido indultado?

Vladimir. Me lo comunica mi abogado Castells. Habían dejado pasar a los abogados más allá de los rastrillos de la cárcel, y allí en la galería de entrada entre funcionarios, militares y policías de la BPS lo veo. Lo que me sorprendió y estuve a punto de preguntarle si a él también le habían metido en la cárcel. Se dirigió a mi y me dijo “te han conmutado…” Lo primero que pensé fue qué pasaba con Xosé Humberto y con Manolo y después en quiénes eran el resto de condenados. Me dijo: “además de Baena, García Sanz, Sánchez-Bravo, Txiki y Otaegui”,

– LQS. Apenas unos días después del vuestro, hubo otro Consejo sumarísimo en el que también se impusieron penas de muerte. Explícanos que pasó en ese segundo juicio.

Vladimir. Si el nuestro fue una farsa este superó todos los límites imaginables. Se aplicócon carácter retroactivo la Ley llamada de “prevención del terrorismo”, saltándose la propia legalidad franquista. Los abogados defensores tuvieron acceso a los sumarios unas horas antes. Los abogados defensores, titulares y suplentes, cuando quisieron hablar, fueron expulsados de la sala y llevados a punta de pistola fuera del acuartelamiento. La “defensa” quedó a cargo de los abogados de oficio: militares de profesión

Las sentencias estaban dictadas de antemano, aquello fue un trámite siniestro.

– LQS. ¿Qué recuerdos se mantienen de las últimas horas con los condenados a muerte antes de los fusilamientos?

Vladimir. Tengo en la memoria los testimonios de los abogados y de los familiares que les acompañaron. Para estos fueron los momentos más duros de su vida.

– LQS. ¿Cómo era la España de aquellos últimos años de Franco? ¿Quedan secuelas de aquello?

Foto de Pablo Mayoral, Manuel Blanco Chivite y Valdimir Fernández (a la derecha), a su llegada a Atocha tras salir de prisión (IX-1977)

Vladimir. Como aspecto negativo, era la España del miedo, del miedo y el terror. Había miedo a hablar, o no se hablaba de la guerra civil, ni de política… no solamente en familias de izquierdas sino también en familias apolíticas: “no te metas en jaleos”, “no te metas en política” era la frase común. Creo que las personas que en 1975 tenían más de 35 ó 40 años pertenecieron a generaciones que estuvieron marcadas por el miedo.

Como aspecto positivo, fueron años de impulso del movimiento obrero y del movimiento estudiantil. En ocasiones hubo movilizaciones de carácter masivo: manifestaciones obreras de 1967 en Madrid, huelgas generales durante los años 70 en el País Vasco y Cataluña, luchas de Vigo, El Ferrol… Sin embargo todo este movimiento no se pudo encauzar en formas organizativas estables, el número de personas organizadas sindical o políticamente fue mínimo en relación con la capacidad de movilización que hubo. La clandestinidad y el carácter ilegal de partidos y sindicatos lo hizo imposible.

La otra cara de estas movilizaciones fueron los muertos por disparos de la policía.

– LQS. A muchos hoy les puede sorprender, pero en el 75 se paseaban banderas republicanas en las movilizaciones. ¿Por qué crees que se frenaron en seco las aspiraciones a la III República en la Transición?

Vladimir. Para el PCE de Santiago Carrillo la transición pactada es la culminación de la política de “reconciliación nacional” y de aceptación de la monarquía. No solo era la policía la que intentaba que no ondearan banderas republicanas. Los servicios de orden del PC y algunos de sus dirigentes se mostraban tan activos como la misma policía a la hora de impedir las banderas republicanas. Alguno me dice ahora que fue un gran error. ¡A buenas horas!

El PSOE, por motivos electoralistas, tuvo una actitud más ambigua, pero al final traicionaron la defensa de la República, igual que traicionaron con la entrada en la OTAN e igual que traicionaron a los saharauis. “Estaremos con vosotros hasta la victoria final”, había dicho Felipe González – (Tinduf 1977).

La aceptación de la monarquía estaba implícita en los pactos para la transición.

– LQS. ¿Qué expectativas tienes respecto a la Querella Argentina?

Vladimir. El inicio de la “Querella” ha sido un revulsivo en el tema de la impunidad de los crímenes del franquismo y el hecho de que, además de las denuncias personales, algunos ayuntamientos hayan se hayan sumado es muy positivo.
El problema es el bloqueo de las instituciones españolas.

– LQS. ¿Qué debería investigarse hoy en términos de justicia democrática respecto a aquellos juicios y fusilamientos de septiembre de 1975?

Vladimir. Deberían anularse todos los juicios políticos del franquismo sin excepción. Era un régimen nacido de la ilegalidad de un golpe de estado y su “justicia” careció de legitimidad. Se aplicaron leyes y tribunales excepcionales diseñadas ex-profeso para la represión. Desde esa perspectiva debe abordarse el tema.

– LQS. ¿La actitud de boicot hacia la Querella por parte del Estado Español, crees que tiene como base que muchos franquistas están vivos y podrían ser juzgados?

Vladimir. Creo que va más allá del número de franquistas vivos susceptibles de ser juzgados, es la persistencia de la política de “punto final” y de “transición pactada”, que en lo que respecta al “punto final” tiene su colofón en la Ley de Amnistía del 77 al incluir la impunidad para los autores de los crímenes fascistas.

– LQS. ¿Ves posibilidades de dejar sin efecto la Ley de Amnistía de 1977?

Vladimir. ¿Por qué no? Dependerá de la presión que haya y de la correlación de fuerzas.

– LQS. Con el inicio de la Querella Argentina nos asaltó esta pregunta: ¿por qué ahora, por qué tantos años después y no antes?

Vladimir. Posiblemente porque ahora se hayan dado las condiciones. Los ejemplos de justicia universal aplicados en los casos de Chile y Argentina son importantes.

– LQS. La democracia que tenemos, guste más o menos, es fruto de aquellas luchas que forzaron un cambio. ¿La concebís como una conquista? ¿O es una derrota?

Vladimir. La pregunta me sorprende porque nunca me lo había planteado en términos de derrota o conquista; sino como una continuidad en la lucha. Los cambios políticos acaecidos tras la muerte de Franco no habrían tenido la misma evolución sin los fusilamientos de 1975 que aislan internacionalmente al régimen, esto y las inmensas movilizaciones populares de aquellos años impidieron cualquier posibilidad de continuismo. El PSOE y el PC de Carrillo capitalizaron aquel impulso y todo quedó en un cambio pactado que dejó intactas las estructuras del franquismo para más tarde ser “maquilladas” –vease TOP-Audiencia Nacional– y, en otros casos, ni tocadas, como el Ejército. Pero no lo veo como derrota o conquista, el cambio llegó a un punto y ahí había que seguir luchando.

Foto de Vladimir en ABC el 13-IX-1975, en la nota en la que se informaba de su condena a muerte, junto a Manuel Blanco Chivite y Xosé Humberto Baena Alonso

– LQS. ¿Cómo ves la situación y la evolución actual de las libertades en España? ¿Te recuerda en algo a lo que se vivía en aquellos años 70?

Vladimir. Aquí las libertades siempre han estado “en libertad vigilada” y últimamente algunas en claro retroceso.

En los 70 no había libertades y, cuando se ejercían arriesgabas la multa o la cárcel o ambas cosas. Ahora existen en el papel pero, a veces, cuando las ejerces te cae la represión encima. Estaba pensando en la libertad de expresión, o el derecho de huelga con peticiones de penas muy duras.

En algunos casos hasta se supera. En los años 70 la llamada blasfemia –como cagarse en dios–, a veces, se castigaba con una multa de escaso importe; ahora, en estos días, por ese supuesto “delito” encausan a un actor.

La ley mordaza se debe derogar y se debería revisar el concepto de “delitos de odio” que está sirviendo de cajón de sastre para penar casos de libertad de expresión, así como el código penal en lo relativo a la huelga. Entre otras medidas.

Nota 1. Nos cuenta así Vladimir su primer encuentro con la justicia militar:

Me detuvieron a finales de mayo de 1969 en un reparto de propaganda de las Comisiones Obreras de Barrio (COB) a la salida del metro de Ciudad Líneal. En las semanas anteriores varios militares, creo recordar que Iniesta Cano y García Rebull, habían hecho declaraciones ante las movilizaciones populares recordando la sublevación de 1936 y amenazando. La octavilla que repartimos era una respuesta a aquellas declaraciones.

Al tercer día de detención me sacaron, como a las 11 de la noche, de la Dirección General de Seguridad para conducirme a los juzgados. Creía que me llevarían a las Salesas, la sede del TOP, pero quedé sorprendido cuando me di cuenta de que entrábamos en un edificio custodiado por soldados. “Estos son los juzgados militares”, deduje. Fui conducido, por los “grises”, a los que guiaba un cabo del ejército, escaleras arriba hasta el despacho del juez de guardia, entramos, estaba en penumbra y en el suelo dormía un soldado, vestido y tapado con una manta. Se incorporó alarmado por la irrupción y, una vez que se hubo espabilado y enterado del asunto, explicó que el juez se encontraba en su casa y que le iba a avisar.

Durante la espera apareció un capitán, que debía haber estado en la policía territorial del Sahara, ya que llevaba el emblema con el camello y el creciente, y les dijo a los policías que se podían ir, que él se hacía cargo de mí, que sabía muy bien como tratar a los prófugos y desertores.
– ¿De dónde has desertado? –me preguntó.
No le contesté, pero uno de los policías le dijo: “no es militar, es un paisano”, que estaba por alguna “cuestión política” y que tenían órdenes de esperar hasta que el juez decidiera. Así que, contrariado, el capitán farfulló no sé qué cosas, me preguntó si era estudiante universitario, le dije que no, y se puso a charlar con los dos policías diciendo que la mejor tropa era la Legión y eso era lo que a él le gustaba –mientras, yo pensaba que su destino como chupatintas en los juzgados no estaba muy acorde con su beligerancia–, y los dos policías contaron sus historias y anécdotas de la “mili”.
El juez de guardia, un comandante, llegó visiblemente beodo y cabreado. Se dirigió a mí y me reprochó que por mi culpa había tenido que abandonar la fiesta de celebración del cumpleaños de su hija –su deber era estar en los juzgados no de fiesta en su casa.

Después comenzó a leer el expediente y aún se cabreó más cuando llegó al párrafo que hacía mención a la octavilla, cogió un ejemplar de la misma y cuando leyó aquello de “militares asesinos que iban con una pistola en la mano y un crucifijo en la otra” empezó a bufar. Después comenzó el interrogatorio respecto a mis datos personales, pues estaba empeñado en que yo no tenía 17 años, que era más mayor. Como prueba irrefutable de sus conocimientos dijo, con voz pastosa e hipando: -”He mandado a muchos hombres… ¡hip!.. y cuando miro a un soldado detrás de las orejas, sé …. ¡hip!.. si está moreno del sol o es que se da Brunisol… y tu tienes más de 17 años”. El tener menos de 18 años era un atenuante muy importante, de ahí su empeño, de hecho fue lo que hizo que mi condena fuera de un año cuando el fiscal pedía cuatro.
En fin, ese fue mi primer contacto con la “justicia” militar.

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27-9-1975: Prohibido olvidar

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