3- 4 de julio: correspondencia de cuarentena

Luz Modroño*- Enriqueta de la Cruz*. LQS. Julio 2020

Decimoquinta entrega de este hilo de la correspondencia entre Luz y Enriqueta, un hilo epistolar rojo, republicano, que es de hablar claro. Volcando ahí de forma personal sus observaciones, inquietudes, deseos de colaborar con lo que saben hacer, aquí nos comparten este mundo epistolar creado entre ellas dos

Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo
– Cuarta correspondencia 13-19 de mayo
– Quinta correspondencia: 20 de Mayo
– Sexta correspondencia: 22 – 24 de mayo
– Séptima correspondencia: 26 – 30 de mayo
– Octava correspondencia: 31 de mayo – 2 de junio
– Novena correspondencia: 3 – 4 de junio
Décima correspondencia: 7 – 9 de junio
Undécima entrega: 14 – 15 de junio
Duodécima entrega: 17 – 18 de junio
Decimotercera entrega: 23 – 24 de junio
Decimocuarta entrega: 1 – 2 de julio

VOZ DE ENRIQUETA

3 de Julio

Pues sí a todo lo que observas tan acertadamente y tan bien dicho. La clave es tomar las riendas de nuestro destino. Es eso. No creer que van a llegar las soluciones y menos del cielo, porque habitamos la tierra. No creer que hay que entrar en el chantaje de la aparente protección que dan. No creer que no van a manosear a nuestros peques porque nuestro caso es diferente. Lo primero, que forma parte del pacto de omertá y de manto protector de esos es que vendamos a nuestros peques, por lo bajinis, con pacto sobreentendido. Vienen a por lo que más queremos, siempre… Tienen toda clase de chorizos y rompe piernas a su servicio y son un entramado con la demás podredumbre de a más no poder, como demuestra su pacto con el dinero y hasta lo que dicen de Teresa de Calcuta, yo no lo sé. Sé de violaciones de monjas y de recomendaciones en este sentido desde arriba para que los hombres “santos” no cojan el SIDA, y de la hipocresía de tantos negocios… Y de su pacto con el diablo que es el dinero, sin duda. Sé de buenos cristianos, como ya hablamos, pero que pasa como con los buenos socialistas o los buenos sindicalistas o comunistas de corazón: que no se ponen en serio a cambiar sus organizaciones y llevarlas al fin para el que fueron creadas, ni las abandonan en caso de imposibilidad de lo anterior y construyen otra cosa. Y eso duele. Pero sé que hay gente honesta y fuerte y que lo están intentando y lo conseguirán.

Una observación: Seguimos poniendo los meses de fecha de esta correspondencia con mayúscula: y son abril, mayo, junio, julio, ya sabemos… Pero es que no estamos a las reglas de nadie, sino que el propio lenguaje es vivo y como yo no quiero, como don Groucho, pertenecer a ciertos clubes que puedan tener en su seno a los Reverte, los Anson y cia, pues eso, que pongo los meses como deseo que sean. Con mayúsculas, porque el tiempo, amiga mía, es ya tan valioso… Tan mayúsculo… No lo perdamos…

VOZ DE LUZ

4 de Julio

Supongo que el despertar es uno de los primeros actos rutinarios, mejor diríamos el primero, que forma parte de nuestros actos diarios, transformados en costumbre. Yo no soy mucho de rutinas porque pronto me cansan y me aburren las cosas repetidas más allá de un tiempo prudencial. Y, así como necesito de vez en cuando cambiar de sitio los muebles, las cajas
donde guardo la bisutería o los abanicos, también tengo tendencia a cambiar mis hábitos rutinarios. Hay quien se estira en la cama hasta desentumecer músculos y huesos, hay quien lee, quien bebe un vaso de agua… Gestos y más gestos con los que nos preparamos para conseguir sacar el pie secuestrado por las sábanas. Pues bien, últimamente, me ha dado por
ver las noticias en el móvil. Y en estas estoy cuando leo algo que me altera profundamente, tanto como el virus que sigue moviendo la batuta de nuestras vidas: en la región más fría del Ártico, en uno de los puntos de Siberia más alejadas del ecuador, se han registrado temperaturas de 38º C.

Para cualquiera que viva en Sevilla no será llamativo. Total, son las temperaturas de un día normal de un verano normal. Pero es algo realmente alarmante. Una temperatura semejante en ese punto del planeta, cuya simple evocación pone a castañear los dientes, es algo realmente grave. Nuestro planeta está fundiéndose. Y solo somos responsables de ello
nosotras y nosotros mismas. Es sorprendente que en estos tiempos de coronavirus se hayan adoptado todas las medidas necesarias para minimizar su impacto y, a pesar de llevar años y años hablando de ello, manifestándonos para ello, denunciando y reclamando que esto tiene que parar, aún sigamos prácticamente sin dar paso alguno real.

Muy preocupante, Enriqueta. Siete millones de muertes anuales ocasiona el calentamiento global del planeta. Y otro lugar donde ir, de momento, no existe.

El suelo del Ártico supone una especie de tapadera helada, permafrost, que impide que escape el metano retenido bajo él. Es fácil colegir que estas temperaturas, como en cualquier otro rincón del planeta sucedería, la deshacen. Si la deshacen, ese metano se escapa y va a la atmósfera. El impacto de ello es enorme. Incremento del efecto invernadero, nubes cargadas de gas, desertización en unas partes del mundo mientras en otras se producen terribles inundaciones… todo ello con costes humanos muy elevados. Desde desplazamientos masivos de población a muertes de toda forma de vida, hambrunas, enfermedades a las que, inevitablemente estamos dando paso.

La Naturaleza está profundamente interrelacionada. Nada en ella es ajeno, ningún ecosistema es independiente de otros. El aumento de temperatura está llevando al retroceso de los glaciares y el agua de éstos se transformará en agua salada no apta para la vida. La cantidad de agua sobre nuestro planeta se formó hace millones de años como producto del enfriamiento del vapor de agua presente en la atmósfera primitiva. Y ya sea por la teoría volcánica o por la teoría extraterrestre –me estoy refiriendo a los recientes estudios de la NASA que sostienen que el agua llegó a la Tierra en el interior de numerosos meteoritos- o una combinación de ambas, que eso serán las y los científicos quienes deberán dilucidarlo, lo cierto es que la cantidad de agua no ha variado en más de 3.500 millones de años, y que ésta es necesaria para que haya vida.

Hasta hace unos doscientos años, el equilibrio entre el agua dulce y la salada se mantenía por sí mismo. El ciclo del agua mediante sus distintas fases se ocupaba de ello.

Hace bastantes años visitaba por primera vez los Alpes suizos. Una de las cosas que más me impactaron fue el descubrimiento de una cueva de hielo formada en el Pleistoceno. Era hielo prehistórico, anterior al ser humano. Un hielo fosilizado de un hermoso color entre azulado y verde. Años después regresé con mi hija y una amiga. En el camino les fui hablando de esa cueva y llenando su imaginación de hermosas imágenes. Al llegar creí que me había equivocado de camino. La cueva no aparecía por parte alguna. Pero era imposible que me hubiera equivocado. Pronto se resolvió el enigma: aquella cueva que había pervivido durante milenios a la acción de la propia naturaleza, había sucumbido bajo la acción del ser humano.

Otro tanto pasa con los glaciares. Ya no es nada nuevo este aviso permanente.

Pero contemplarlo llena de tristeza e impotencia. Una segunda anécdota personal: hace unos cuatro o cinco años viajamos unos cuantos amigos a Noruega. Yo ya había estado en otras dos ocasiones anteriores. Pero el espectáculo con que me encontré en esta ocasión fue dantesco.

Las laderas de las altas montañas nórdicas eran ríos y más ríos en forma de grandes cascadas que, a toda velocidad, se dirigían a los fiordos. Mis amigas se quedaron con la boca abierta ante tan bello espectáculo. A mí, por el contrario, me produjo una tristeza enorme. Esos ríos de agua eran en realidad la sangre del planeta corriendo por sus venas. La Tierra se desangra. Un gigante al que hemos cortado las venas de las muñecas.

En consecuencia, el retroceso de los glaciares permitía ir andando por sitios que años atrás hubiera sido impensable. Cubre la tierra enormes espacios que antes eran cubiertos por el hielo. Animales cuyo hábitat era ese hielo, como el magnífico oso polar o el zorro polar, están a punto de extinguirse. Los científicos aseguran que, de seguir este ritmo, en cinco años los glaciares serán parte de la historia del planeta. Y no será porque falten avisos y llamadas de atención, porque no haya manifestaciones de la gente año tras año, cumbre climática –en las que no se acuerda nada ni sirven para nada salvo para que los responsables públicos se vean las caras- tras cumbre climática…

Estamos a punto de perder esta guerra, Enriqueta. Hay quien dice que no tenemos más de seis meses para enderezar las cosas. Quizás ni eso. Estamos acercándonos de manera acelerada a un punto de no retorno, a un punto en el que irremediablemente la Tierra estará herida de muerte.

Personajes como Trump, Bolsonaro… niegan sistemáticamente este hecho. Y, mientras haya esta resistencia mezquina a reconocer los efectos de lo que está pasando así como han negado las medidas de protección frente al Covid-19, estamos en máximo peligro. Máxima alerta, eufemísticamente hablando. Mientras estos personajes –elegidos, no lo olvidemos, que
también la ciudadanía es responsable por consiguiente de su existencia y sus políticas suicidas- siguen negando el cambio climático, la comunidad científica nos advierte de que en unos treinta años los glaciares, esas grandes masas reserva de agua dulce, habrán desaparecido. El Polo Norte se habrá convertido en un enorme lago salado.

El hielo de la Antártida también lleva una acelerada carrera de destrucción. Ello está haciendo que los glaciares sean cada vez mayores y su deshielo más probable. Esto tienen una consecuencia muy importante, además del incremento del agua salada y todo lo demás, y es que con la destrucción del hielo, el albedo que hasta ahora reflejaba entre el 80 y el 90% de la
luz solar debido al blanco permanente del hielo, disminuirá con el cambio de color al verde o azul marino. Para nuestros hijos y nietos, es probable que el paisaje de la Antártida no esté asociado a esas inmensas superficies heladas, llenas de silencio y poesía, sino a estepas verdes llenas de musgo… Ello hará que, irremediablemente, la temperatura aumente.

Como ves, los problemas se multiplican de una manera tan acelerada que la pandemia que nos tiene sumidas en la preocupación parece baladí, cosa de juego.

Apenas sin darnos cuenta ha llegado el verano. Confinadas como estábamos, apenas sentimos el paso de la primavera, pero aquí está. El pasado 21 de junio el solsticio marcó la entrada en esta nueva estación asociada al descanso, a las vacaciones, al aire libre y las comidas familiares y de amigos. Hasta aquí, perfecto. Pero el solsticio marca también el incremento del peligro de incendios forestales. No hay año en el que nos libremos de ellos. A veces, a nivel casero, entre nuestras montañas y montes. Pero también, como el año pasado, en zonas como Australia o la Amazonía.

La gravedad de lo que está pasando en la Amazonía es tan escalofriante como lo que acabamos de comentar con los Polos. Con Bolsonaro, los incendios en la zona aumentaron un treinta por ciento en relación con los habidos el verano pasado. Durante el año pasado, el mayor bosque tropical del mundo llegó casi a tener unos cien mil focos de fuego. Son suicidas, Enriqueta, que están arrastrándonos a todos en sus demencias, en sus negacionismos, en su manera de gestionar lo que no deja de ser patrimonio del planeta y, por tanto, de todos los seres vivos que lo habitamos.

No sé qué ocurrirá este año. Pero cómo han gestionado estos dos personajes se puede considerar un preludio. La economía prevalece en las mentes de estos sujetos. Y, al igual que ha prevalecido en este periodo de pandemia provocando unas cifras de muertos y contagiados sin igual, prevalece sobre el medio ambiente, única cosa que hay que conservar. Su plan de autorizar la explotación de recursos minerales en zonas indígenas, la indiferencia ante la destrucción ilegal de vegetación y los incendios parece que marca su agenda.

Entregas anteriores:
Primera correspondencia 14-16 de abril
Segunda correspondencia 14-16 de abril
Tercera correspondencia 28 de abril-1 de mayo
– Cuarta correspondencia 13-19 de mayo
– Quinta correspondencia: 20 de Mayo
– Sexta correspondencia: 22 – 24 de mayo
– Séptima correspondencia: 26 – 30 de mayo
– Octava correspondencia: 31 de mayo – 2 de junio
– Novena correspondencia: 3 – 4 de junio
Décima correspondencia: 7 – 9 de junio
Undécima entrega: 14 – 15 de junio
Duodécima entrega: 17 – 18 de junio
Decimotercera entrega: 23 – 24 de junio
Decimocuarta entrega: 1 – 2 de julio

* Las autoras de la correspondencia:

Luz Madroño es profesora de Historia en Secundaria, es doctora en Psicología, psicóloga, por tanto, que también que en estos momentos echa una mano al que puede y necesita; es activista social, trabaja por los derechos humanos a pie de obra y recientemente ha llegado de Lesbos, en ese lugar donde los refugiados se debaten entre el vivir o vivir, porque hay que sobrevivir, porque llegaron de un infierno para meterse en otro, pero no se rinden. También Luz está vinculada a la UNESCO desde su presidencia del Centro en Madrid, donde organiza estupendas jornadas. Feminista, mujer de mundo, honesta… Y mucho más.

Enriqueta de la Cruz, es escritora y periodista. Cinco novelas publicadas enraizadas en Memoria Histórica, presente y nuestro futuro. La última: Despertando a Lenin, de reciente aparición y dos libros de conversaciones con el republicano y ex presidente del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, César Navarro, psiquiatra, humanista, políglota y sobre todo, buena y culta persona. La última, Tiempos de plomo y ceniza, acaba de salir de imprenta. Colaboradora en LoQueSomos y otras Web alternativas, enormes grupos de gente imprescindible, a la que admiro por ser luchadora, comprometida.

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