45 años emitiendo desde el corazón de Patti Smith

Por Mariano Muniesa*. LQSomos.

Radio Ethiopia

Un disco denso, poético, desgarrado, revolucionario y fascinante, pero que no conectó, no gustó, en especial a la prensa

El 1 de octubre de 1976, hace en estos días 45 años, se puso a la venta el segundo álbum de una mujer a la que no tengo reserva alguna en admitir que admiro en todos los sentidos: Patti Smith. Una artista con una personalidad como muy pocas han existido en la historia del rock, cantante de rock y compositora de una fuerza, una garra y al tiempo una sensibilidad y una creatividad inmensa, poeta, narradora y artista plástica singularísima, siempre comprometida social y políticamente con los más desfavorecidos y considerada –en un tópico que no me gusta, como tampoco le gusta a ella- “madrina del punk”, denominación que aunque reduccionista, refleja la enorme influencia que su peculiar visión del rock, de su forma de concebirlo e interpretarlo, ejerció en muchos jóvenes que tanto en Nueva York como en Londres, se decidieron a asaltar el cielo del rock’n’roll renegando de todo y dando forma a la rebelión del punk rock contra todo estabilishment, incluso el del propio rock.

Ese álbum se llamaba “Radio Ethiopia” y representa uno de los casos más paradigmáticos de un fenómeno que ha acontecido a menudo en la historia del rock: un álbum incomprendido en el momento de su lanzamiento, muy duramente criticado por la prensa musical de la época, que sin embargo con el paso del tiempo, y analizado en el contexto más amplio y transversal de toda una carrera y con la evolución tanto de la carrera de la artista como la evolución del propio rock vista en perspectiva, ha sido mucho más apreciado, entendido y valorado en su justa medida como lo que es: una obra de creatividad única.

¿Por qué las críticas contra “Radio Ethiopia” fueron tan duras y la acogida que tuvo tan descorazonadora? Entiendo que su problema es que fue un disco que no respondió a las expectativas que había despertado un año antes su celebrado y magnífico debut “Horses”. Toda la crítica, e incluso una buena parte de sus fans esperaba que esa línea tan introspectiva como rompedora en lo estético y en lo musical que había caracterizado aquel álbum continuase en ese nuevo disco. En vez de ello, Patti Smith, siendo totalmente coherente con su propia personalidad y dejando desarrollarse ese espíritu libre que siempre ha anidado en su corazón y en su cabeza, hizo en “Radio Ethiopia” lo que le llenaba en ese momento como artista, sin dejarse condicionar por el éxito de “Horses”.

Patti Smith optó por hacer un álbum no solamente de rock, de rock más guitarrero, más fuerte, más proto-punk por un lado, más heavy rock por otro, sino un álbum de banda de rock. Es decir, un disco en el que desde la producción, que llevó a cabo alguien como Jack Douglas –John Lennon, Aerosmith, Kiss- se potenció una sonoridad, un estilo, un enfoque de las canciones propio de una banda de rock en la que la cantante no es sino uno más de los componentes del grupo y su voz uno más de sus instrumentos, no el disco de una cantante con unos músicos de acompañamiento. Pero al mismo tiempo, empujó a su banda a introducirse en unos terrenos musicales muy arriesgados, sin miedo a hacer composiciones de diez minutos al estilo del supuestamente decadente rock progresivo de comienzos de la década y experimentando con técnicas de vanguardia atravesadas de psicodelia y evocaciones sonoras que tanto podían provenir de los Doors como de Yoko Ono o Led Zeppelin. Toda esa amalgama de ideas, sonidos y experimentos dejó como resultado un disco denso, poético, desgarrado, revolucionario y fascinante, pero que no conectó, no gustó, en especial a la prensa.

Y sin embargo, escuchado hoy, es un disco que rebosa talento, calidad e imaginación. Tenemos desde puro hard rock con actitud y guitarras que están anticipando el punk en “Ask The Angels” y “Pumping”, un intenso y dramático poema rock en un in crescendo demoledor como “Pissing In A River”, un experimento a medio camino entre el soft rock y el jazz llamado “Poppies”, en el que hacia el final se mezclan las voces recitadas y cantadas, el pop oscuro de “Distant Fingers” y los temas de puro rock experimental y progresivo, como el estremecedor “Ain´t It Strange”, donde la Patti Smith más descarnada se desnuda entre recitados viscerales y cantos que exhalan dolor, o por supuesto el hipnótico viaje musical de 10 minutos de “Radio Ethiopia / Abyssinia”, que siempre me ha recordado a aquellas catárticas e iniciáticas improvisaciones de Jim Morrison de cuyas atmósferas está tan impregnado este álbum.

“A veces pienso en nosotros como la última de las bandas de los sesenta, nos gustaron esas largas canciones divagantes, nos gustó la idea de no tener miedo a grabar veinte minutos de improvisación”, afirmó Lenny Kaye, guitarra del Patti Smith Group en 1976 en el conocido libro “Por favor, mátame: la historia oral del punk” de Legs McNeil y Gillian McCain. Podría ser. Aquella banda bien pudo ser un híbrido tardío entre Iron Butterfly y los MC5.

Pero no se entendió así. Por citar un ejemplo muy característico, en la revista Rolling Stone en la reseña de este álbum se escribieron cosas como la siguiente: “Patti Smith parece carecer de la convicción necesaria para estar a la altura de sus mejores ideas: la estructura de las canciones y los poemas del primer álbum no fue completamente efectiva, pero aquí el problema es que no hay ninguna estructura. Incluso su lírica, la parte más cautivadora y pulida de su trabajo, parece despersonalizada: no hay nada tan conmovedor como “Redondo Beach” o “Kimberly” en este álbum. Y si lo hubiera, difícilmente se podría escuchar en la abrumadora mezcla de Jack Douglas. A Smith, obviamente, le gustaría ser sólo otra cantante de rock, con una banda que pudiera llegar a una audiencia adolescente amplia. Ceder el control a una banda que carece de sus mejores cualidades y alienta sus peores (“Pissing in a River” es vulgar, sin la calidad trascendente de la anterior “Piss Factory”) no es la manera de hacerlo”.

Afortunadamente, una mujer de su inteligencia, su talento y su carácter no se dejó en ningún momento venir abajo por estas críticas y siguió adelante siempre con la firme determinación de ser una artista libre, independiente y dueña de sus ideas. Gracias a ello, hoy todavía podemos seguir disfrutando de su genialidad y podemos escuchar, disfrutar y entender mejor un disco de la calidad y la categoría de “Radio Ethiopia”.

El atormentado ídolo de Patti Smith, el poeta maldito Arthur Rimbaud, que vivió en Etiopía, no podría sentirse más orgulloso de ser la inspiración de un disco como este.

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