Mariano Muniesa*. LQS. Mayo 2018

Ignoro si Jacques Sauvageot o Danny el Rojo escuchaban a Jimi Hendrix, a Cream o a Fleetwood Mac en los días en los que ocuparon la Sorbona. Probablemente no, pero en cualquier caso, y a pesar de todos los debates que volverá a generar mayo del 68 en estos días en los que se cumple su medio siglo de vida y con independencia de las opiniones que cada uno pueda tener sobre lo que fue aquel fenómeno, con frecuencia reducido a tópicos manidos y analizado exclusivamente desde el punto de vista político, considero que mucho más importante es la influencia que ha dejado en la cultura

Si se toman como referencia las listas de los 40 principales, en España se escuchaba a Tom Jones, a los Pic-Nic y a Jeanette

Hace 50 años los obreros y estudiantes en huelga de París iniciaron un movimiento reivindicativo que creció y se desarrolló de tal manera que no tardó en alcanzar una dimensión revolucionaria, que no fue más que la plasmación de las nuevas y a su vez rupturistas concepciones que el arte, la cultura y la filosofía habían incubado años antes. Y si hubo un campo de acción en el cual, influidos los artistas sin duda por aquella atmósfera que se creó desde Francia a México, pasando por Checoslovaquia o Alemania aunque no necesariamente siguiendo sus ideas políticas, fue la música. Más concretamente, esa visión radicalmente transgresora de la nueva cultura se reflejó en el rock.

En medio de ese convulso clima de cambios, de lucha en la calle, de subversión de todo lo establecido, muchos de los grupos de rock que vivieron aquellos días y sintieron que más allá de los acontecimientos políticos toda la sociedad estaba cambiando, crearon alguna de las piezas más celebradas de su carrera. En gran parte por ser precisamente las más arriesgadas, experimentales o las que estaban más vinculadas a ese gran movimiento popular de cambio. Basta señalar por ejemplo, que The Beatles estaban inmersos en todo el proceso creativo del que sería su disco más rompedor de la historia, el célebre álbum blanco en esas semanas y que de hecho, el día 30 de mayo dio comienzo oficialmente la grabación del disco. No creo que se deba a la casualidad que precisamente los días 30 y 31 de mayo, la primera canción que se grabase se llamara “Revolution”.

Igualmente significativo fue que durante el mes de mayo de 1968 tuviera lugar a grabación en los Olympic Studios de Londres del disco más comprometido políticamente de los Rolling Stones, ‘Beggars Banquet’, en el que letras como las de “Street Fighting Man” -cuya radiodifusión fue prohibida en Estados Unidos- “Factory Girl” o “Salt Of The Earth” muestran a los Stones más críticos con la sociedad y la política de su tiempo.

Al otro lado del Atlántico, el soleado y cálido mayo californiano veía como The Mamas & The Papas grababan el que sería también su disco más experimental y ambicioso en términos de composición, grabación y producción, el homónimo The Mamas & The Papas -impagables los rasgos hendrixianos y vanguardistas de las guitarras de una canción como “Gemini Child’- en la célebre “casa rosa” The Band daban forma a su histórico debut Music From Big Pink, considerado uno de los álbumes mas grandes de la historia del rock americano y Mike Bloomfield, Stephen Stills y Al Kooper grababan una maravilla de fusión de rock y blues llamada ‘Supersession’. Mientras que de vuelta al viejo continente, en mayo de 1968 Jeff Beck sentaba las bases de lo que muy poco tiempo después conoceríamos como heavy metal en los De Lane Lea studios de la capital británica mientras grababa con la primera versión de The Jeff Beck Group su mítico Truth.

Inevitablemente en un tiempo marcado por la idea del cambio, de la evolución, de la ruptura, un género como el naciente rock sinfónico-progresivo también inspiró el carácter innovador de uno de los primeros discos conceptuales de la historia del rock, In Search Of The Lost Chord de The Moddy Blues, la magistral obra debut de los Soft Machine pionera de la fusión del jazz de vanguardia y el rock progresivo e incluso en el blues más tradicional, la ola de cambios revolucionarios llegó también al blues: Electric Mud, el más transgresor de los discos que editó nunca Muddy Waters, se grabó en mayo del 68.

¿Qué triunfaba en las listas de éxitos de mayo del 68? Quizá en un momento en el que el mercado discográfico aún tenía su principal base de compradores en los adultos, no es de extrañar que el tipo de disco más convencional por definición, las bandas sonoras de películas como The Sound Of Music, la versión animada de la factoría Dysney de El libro de la selva o The Good, The Bad And The Ugly ocupasen puestos relevantes en los ranckings tanto de Inglaterra como de Estados Unidos.

También es llamativo que una de las bandas sonoras más vendedoras de ese periodo fuera precisamente la de la película El Graduado, probablemente el film que reflejó con más nitidez y acierto el conflicto generacional, la crisis de la sociedad occidental y el deseo de aquella generación de jóvenes que querían romper con su pasado, algo que estaba en la base de todas las luchas del 68. Tampoco extraña que sobre todo en Inglaterra, el álbum más vendido de aquel mayo y prácticamente de todo el año fuera John Wesley Harding de Bob Dylan, el blues rock en constante progresión de Fleetwood Mac con su mítico álbum debut, Cream con Disraeli Gears o Jimi Hendrix con Smash Hits. Ese rock nuevo, revolucionario, que desde 1966 había empezado a romper con todos los convencionalismos sonoros asaltaba los cielos, los palacios… y las listas de éxito.

Bien diferente era la situación en España, en parte por que hay quien sostiene -con razón a mi juicio- que el mayo del 68 francés se vivió aquí casi diez años antes, por lo menos en la universidad, donde a mediados de los 50 ya se hizo evidente que el movimiento estudiantil iba a dar la batalla para enfrentarse al franquismo.

Aunque resulta innegable en cualquier caso que a mucha menos escala, el mayo francés dejó una profunda huella no tanto en aquel momento, sino en la evolución posterior de los jóvenes que aunque fuera a distancia, lo vivieron en parte. En lo musical, la influencia más sensible no fue la del rock; los músicos del mundo de la canción de autor como Paco Ibáñez, Luis Eduardo Aute, Rosa León, José Antonio Labordeta, la generación de la Nova Cançó catalana, etc. que ya en época de la transición adquirieron notable éxito y repercusión tomaron sus modelos de Georges Brassens, Joan Báez o Bob Dylan.

Jeanette o Massiel

Por tanto a nivel comercial, si se toman como referencia por ejemplo las listas de los 40 Principales de la primavera de 1968, los nombres que predominan son los de Tom Jones con su famosa “Delilah”, los Pic-Nic de la posteriormente icónica Jeanette con aquella triste pero siniestra balada llamada “Cállate, niña”, por supuesto la Massiel triunfadora en el Festival de Eurovisión y como detalle exótico-anecdótico, el “Pata Pata” de la sudafricana Miriam Makeba, más conocida como Mama Africa, que llegó a las radios y tiendas de discos españolas un año después de haber llegado a ser un éxito tras su edición en 1967. Poca vanguardia encontramos en la música española de éxito del 68, si exceptuamos los Pop Tops que triunfaron aquel año en España y en todo el mundo con “Oh Lord, Why Lord”, primera canción de pop-rock que se inspiró en el Canon de Pachelbel y en cuya cara B encontrábamos aquel “La Voz del Hombre Caído” (en inglés “The Voice Of The Dying Man”), basada en un fragmento de la Pasión según San Juan, de J.S. Bach y que dedicaron a Martin Luther King o los Brincos de Contrabando, el álbum precedente de unas de las obras más grandes del rock progresivo español, Mundo, Demonio y Carne que vería la luz ya en 1970.

Ignoro si Jacques Sauvageot o Danny el Rojo escuchaban a Jimi Hendrix, a Cream o a Fleetwood Mac en los días en los que ocuparon la Sorbona. Probablemente no, pero en cualquier caso, y a pesar de todos los debates que volverá a generar mayo del 68 en estos días en los que se cumple su medio siglo de vida y con independencia de las opiniones que cada uno pueda tener sobre lo que fue aquel fenómeno, con frecuencia reducido a tópicos manidos y analizado exclusivamente desde el punto de vista político, considero que mucho más importante es la influencia que ha dejado en la cultura.

Y de lo que no tengo ninguna duda es que directores del free cinema inglés como Tony Richardson o Lindsay Anderson sí escucharon a los Stones y a Bob Dylan en el 68. De hecho, Jean Luc Goddard hasta les filmó cuando Mick Jagger y Keith Richards estaban dando forma a “Sympathy For The Devil”.

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* Nota original del diario “La Región”

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