A la hora de los muertos… Etiopia

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2021

Las tropas de Asmara, se encuentran en Etiopia, desde el inicio mismo del conflicto independentista en noviembre pasado, para luchar junto al ejército etíope, contra las fuerzas del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray

Como en todas las guerras, los muertos son lo último que se cuenta y si bien el conflicto de Tigray, en el norte de Etiopia, está lejos de resolverse, los crímenes contra la población civiles, han sido tantos, que está comenzando a emerger, casi por voluntad propia, a pesar de que el cerco informativo establecido por Addis Abeba, es absoluto, ya que han cortado los servicios de comunicaciones (telefonía e internet) además de prohibir el acceso de periodistas y trabajadores humanitarios, lo que hace que nada sea preciso y toda la información dependa de locales que han huido a Sudán y las imágenes satelitales aportadas por la británica por la firma británica DX Open Network.

Vastos sectores fronterizos de la provincia etíope de Tigray, con Eritrea se encuentran bajo el control del ejército de ese país, aliado a Addis Abeba, y están eliminando a la población civil como si se tratase de una limpieza étnica “desenfrenada”, según fuentes del Departamento de Estado, norteamericano que habla de que “pueblos enteros fueron casi destruidos y otros completamente borrados”. Han sido confirmado que al menos ya son cuatro las aldeas, destruidas, al tiempo que se desconoce el destino de sus pobladores, de los que se cree han sido ejecutados por las fuerzas de ocupación eritreas.

Las tropas de Asmara, se encuentran en Etiopia, desde el inicio mismo del conflicto independentista en noviembre pasado, para luchar junto al ejército etíope, contra las fuerzas del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray, (TPLF), con lo que consiguieron arrebatar, Mekelle, la capital provincia, tras lo que ambas fuerzas han sido acusadas de crímenes de guerra, ejecuciones sumarias, torturas y desapariciones, y de bombardear de manera indiscriminada barrios civiles, operaciones que habrían dejado miles de muertos.

Refugiados etíopes, que han llegado a los campamentos en la frontera con Sudán, los que se estiman entre 65 y 70 mil, (según fuentes del gobierno etíope ha atendido los requerimientos de tres millones de desplazados internos) han denunciado que a pesar de que el Primer Ministro, Abiy Ahmed, anunció la victoria y el fin de las operaciones, las unidades eritreas continuaron atacando objetivos civiles, saqueando viviendas y comercios, para después incendiarlo todo, incluso los sembradíos y herramientas de labranza y sacrificar el ganado. Se cree que con los incendios de cerca de 500 casas tukul, construidas de paja comprimida, pasto y barro, muy comunes en las áreas agrícolas del país, se intentaba disimular los cadáveres de los civiles, que fueron asesinados al ser sorprendidos en viviendas y sus lugares de trabajo.

Mientras Addis Abeba, afirma haber reducido sus operaciones a las zonas rurales de Tigray, las imágenes satelitales tomadas sobre frontera con Eritrea con Tigray, muestran acciones mucho más importantes que simples batidas contra patrullas desconectadas del TPLF.

Según las imágenes satelitales de la británica DX Open Network, se ven varias aldeas, incluidas ciudades como Debre Harmaz, con casi 275 mil habitantes y Adi Mendi, que, con unos 70 mil residentes, aparece ahora como una ciudad fantasma. Mientras que pobladores cercanos informaron, que varios sacerdotes, fueron asesinados dentro de una iglesia. Los soldados eritreos, también atacaron el incendiaron, el pasado 16 de febrero, la aldea de Ademeyti, al sur de la ciudad de Badme, uno de los grandes escenarios de la guerra fronteriza eritreo etíope entre los años 1998-2000.
Los análisis de imágenes aportadas por DX Open Network muestran que cerca de 500 estructuras fueron arrasadas en la ciudad de Gijet entre el 21 y el 23 de febrero, sin poder precisar el número de víctimas.

También se ha consignado que la nueva situación en la provincia de Tigray, de donde salieron los principales líderes de la naciones en estos últimos años despertando la fastidios de las otras 54 etnias que conforman el pueblo etíope, unos cien millones de personas, ha despertado viejas rivalidades étnicas y tribales, por lo que milicias de la etnia Amhara, ancestrales enemigos de los tigrayan, participan junto a los efectivos regulares eritreos y etíopes, en redadas en procura de eliminar a sus enemigos, dando lugar a más matanzas de pobladores locales, catalogada como limpieza étnica, arrasado aldeas y vaciado ciudades.

La matanza de Axum

Según Amnistía Internacional, en un informe publicado el pasado 26 de febrero, fuerzas eritreas habrían ejecutado a cerca de 800 civiles en la ciudad de Axum, entre el 28 y el 29 de noviembre pasado, constituyéndose en una de las mayores carnicerías en lo que va de la guerra. Las víctimas fueron sorprendidas en la iglesia cristiana Santa María de Sión, de la ciudad de Axum, capital de la Iglesia ortodoxa etíope, donde los creyentes, dicen se encuentra el Arca de la Alianza, un cofre de madera el que habría sido construido para guardar los Diez Mandamientos de Moisés, por lo que muchos de ellos habrían acudido a la iglesia a defender la reliquia.

Santa María de Sión, también se había convertido en los primeros días de la guerra, en un lugar de refugio para quienes huían de los combates, para más quedar en medio de los combates entre las fuerzas de Addis Abeba y los milicianos del TPLF.

Los primeros informes de la matanza, fueron aportados por un diacono que logró sobrevivir a los combates que se libraron del último fin de semana de noviembre pasado. Lo que fue negado por el Primer Ministro Abiy Ahmed, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2019, quien acuso de la responsabilidad de la matanza a las fuerzas de Tigray, al igual que la Comisión de Derechos Humanos de Etiopía.

Según Amnistía Internacional, que dice haber entrevistado a unos cuarenta testigos y sobrevivientes de los ataques y vecinos que pudieron romper el cerco comunicacional, al que está siendo sometida la provincia de Tigray, dijeron que los soldados etíopes y eritreos abrieron fuego indiscriminadamente contra civiles desarmados y en algunos casos los fueron buscando casa por casa, regando de muertos las calles de la ciudad de 70 mil habitantes. Además, los testigos denuncian que las tropas regulares han realizado toda la panoplia del horror: ejecuciones extrajudiciales, bombardeos, saqueos generalizados, torturas y violaciones. Algunos testigos dijeron que los atacantes llegaron en camiones con patentes eritreas, con uniformes de ese país y común comunicándose con un dialecto tigriño. Según lo descifran imágenes de satélite, a mediados de diciembre se produjeron entierros masivos cerca de dos de las iglesias de la ciudad, después de un gran funeral.

También se conoció que en la primera semana de enero se produjo otra matanza en una zona llamada Debre Abay, en cercanías de un importante monasterio, al que militares etíopes y eritreos comenzaron a bombardear, la ciudad Mai Hrmaz, donde murieron un número indeterminado de personas entre ellos varios niños. Según los informes los combates se extendieron por dos días en los que habrían muerto unos 500 militares etíopes y eritreos. Tras el repliegue de las fuerzas de Tigray, los regulares recibieron refuerzos, por los que pudieron entrar a la ciudad, donde tras asesinar a unas cien personas, se dedicaron al saqueo e incendiaron una importante cantidad de viviendas y locales comerciales.

El día diez de enero otro taque se produjo contra la aldea de Bora Selwa, en la que se cree murieron otras 150 personas, a manos de las fuerzas regulares, que operan cada vez con más ánimo de venganza.

Tanto del ejército etíope, como del eritreo, siguen en sus operaciones contra toda la población de Tigray, sean milicianos o civiles, sabiendo que ninguno de sus miembros será sancionado por sus “excesos” a la hora de contar los muertos.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
Etiopia – LoQueSomos

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