Abducidos

losotros176Ángel Escarpa Sanz. LQSomos. Octubre 2016

Cuando un partido como el PP ha castigado tanto a la gente más humilde con sus numerosos recortes sociales, la criminalización de la protesta, la congelación salarial y de las pensiones; con tantos militantes de esta banda -registrada como partido político- procesados, o en vías de hacerlo; cuando una organización que se proclama democrática y se niega sistemáticamente a condenar el levantamiento fascista de 1936; cuando un presidente de Gobierno de esta organización se lleva anualmente 1.200.000 €, en tanto hay en el país familias enteras sobreviviendo con una sola pensión, que no rebasa los 600 €; cuando un pobre desgraciado se arroja al vacío, bien porque sabe que jamás volverá a trabajar en su maldita vida o porque está esperando a los del juzgado para que procedan a su desalojo, al no poder hacer frente al pago del alquiler; cuando un pueblo entrega su voluntad -una y otra vez- mediante el voto en las urnas a dicha formación política, uno no puede por menos que pensar que algo muy grave debe de estar ocurriendo en el país, cuando una sociedad es testigo de tanta iniquidad. Abandonadas las señas de identidad, como partido obrero que fue en su día, el PSOE ha demostrado ya su más que evidente fracaso en intentar liderar una izquierda fuerte en España, con lo que está condenado a tratar de arrebatarle al PP aquellos votos que le son negados desde sectores de la sociedad más significativamente de izquierdas. Mientras, la gente más joven, aquellos que no claudican con brutales políticas contra la población más perjudicada, los que creen que si nada va a cambiar, ni con unos ni con otros, se mantienen fieles a IU, en espera de que el escenario político cambie.

“Abducidos”, se dice de aquellos que pudieron ser capturados por seres procedentes de otros planetas –presuntamente- con la intención de estudiar sus comportamientos.

Curiosa manera de conmemorar el 80 aniversario del inicio de aquella cacería humana, que prácticamente se inició con el fusilamiento del poeta García Lorca, los fusilamientos masivos en la plaza de toros de Badajoz -no nos cansaremos jamás de repetirlo-, y solo concluyó treintainueve años después, con la muerte del dictador, tras el asesinato de cinco antifascistas, que se dice pronto.

Y es que, esta democracia, más que viciada, corrompida, recalentada o cansada, está seriamente averiada, caducada. Pues no se concibe que barrios, pueblos enteros, ciudades de donde en los días de la Dictadura salieran hombres y mujeres para condenar los encarcelamientos y los crímenes franquistas, entreguen hoy su futuro inmediato a un partido que, más allá de la “Ley Mordaza”, del esquilme de la caja de las pensiones, de los numerosos escándalos; más allá de su innegable compromiso con la Iglesia, más allá de su implicación en la guerra de Irak, ha demostrado tan poca sensibilidad para con los más desprotegidos y camina hacia la extinción del Estado, por consunción, dejando en manos privadas todo aquello que no sea el Ejército y los cuerpos de seguridad del Estado.

Si hay algo más penoso que vivir hoy en este derrotado país es no poder rebatir con una sola palabra a aquellos que, hastiados de tanto envilecimiento, reniegan hoy de su nacionalidad. Ojalá que aquellos otros españoles -los supervivientes- que derrotaron al nazismo en París, con las tropas de Leclerc, hace setentaidós años, no se avergüencen también hoy de haber portado una bandera española a lo largo de aquella guerra. Ojalá no tengamos que avergonzarnos mañana, cuando nuestros nietos nos pregunten: “Y tú, ¿a quién votaste en el setentaisiete, en el ochentaidós, en el noventaiseis, en el dosmil dieciseis…?”

“No sabíamos que allí se cometían aquellas atrocidades”, decían aquellas gentes de los pueblos alemanes cercanos a los campos donde se ahorcaba, se hacían horribles experimentos con las personas y se calcinaban los cuerpos de judíos, españoles; gentes llegadas hasta allí desde los más alejados lugares de la Europa ocupada por los nazis.

Ojalá tengamos nosotros mañana una respuesta que nos “absuelva”, cuando alguien nos pregunte también “qué hacíamos”, mientras se encarcelaba, mientras se condenaba a pagar desproporcionadas multas, mientras el país caía en las mallas de una red de delincuentes y la juventud huía hacia tierras “más acogedoras”.

Abducidos, corrompidos, envilecidos, pervertidos, derrotados en nuestros sueños de ayer…, cada vez que le entregamos nuestro voto a esa banda de malhechores nos estamos haciendo cómplices de la violencia, ejercida desde una más que dudosa moralidad.

A veces me pongo a pensar que esta gente que nos gobierna en estos días no son sino seres llegados del espacio exterior.

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