Abrir las ventanas, acabar los cuentos

Enriqueta de la Cruz*. LQS. Marzo 2021

Homenaje a las mujeres víctimas del franquismo

El país está lleno de fantasmas, cadáveres, hijos que no son hijos en lo más alto, sino hijos robados a “las rojas”, como nos llamaron; a las madres solteras; hijos de prostíbulos que fueron la condena del hambre de la guerra genocida, producto de la España de miseria que lo empañó todo. Hijos apadrinados por franquistas, niños de orfanato donde recalaron para ser reeducados y carne de cañón de los hombres “cristianos” (algunos llevados luego a la fama por las cármenes polo, por ella misma, que se encapricharon con “esas criaturitas” en un coro, en una visita, en un ansia de parir monstruos; otros, llevados a la locura por sus padres ladrones de ellos mismos, gentuza de pistola al cinto y mucho poder y falsa hombría que se escapaba por la boca, por las botas contra los dientes de cualquier ser humano). Es el secreto. Es peligroso… Es horroroso…

Todo está en los archivos que no se quieren abrir, tapado, oculto, bien registrado, bien silenciado…

España está llena de hijos de asesinos que se pavonean aun a sabiendas, con miedo a sacar a sus padres y abuelos de la hornacina de amantes cumplidores y patriotas y situarlos en el lugar que les corresponde: autores de crímenes de lesa humanidad, pendientes de colocarse a sí mismos donde les corresponde, sea el lugar que sea, por sus propios méritos y no por los asesinatos ajenos de sus ascendientes, por sus propios recursos y no por los de expolio, el saqueo, el botín de guerra, que heredaron.

España es un cementerio y una tragedia griega con demasiados rostros que tras una careta esconde un mundo enterrado, un laberinto, un silencio de muerte, un clamor por salir.

“Con la impunidad para los crímenes del franquismo el Estado Español no solo no castiga a los autores de crímenes contra la humanidad sino que continúa causando daños a determinada categoría de ciudadanos. En cierto modo podría decirse que los castiga.

La represión encuentra una buena continuación en la impunidad. Y esta, a su vez, favorece las condiciones para que regrese la primera” (Ana Messuti, abogada de la Querella argentina por las víctimas del franquismo. Derecho como Memoria y Justicia).

España necesita abrir todas las ventanas y acabar con los cuentos…

Ahora asistimos con incredulidad a la polémica sobre si democracia, sobre si imperfecta, sobre qué es esto que habitamos, sobre el conchabeo político, sobre la mordaza y el prohibido cantar, contar, manifestarse… Y el prohibido 8M y el ser mujer porque pronto solo habrá sentimientos de…, género uno hoy que puede ser otro mañana y pasado un no sé qué, en pro de un relativismo alienante que te quita el soporte donde pisar para ahorcarnos mejor con nuestra propia cuerda si seguimos asistiendo al espectáculo pasivos, necios, confiados…

¡80 años después…! Quieren que nos acostumbremos, que normalicemos, que podamos seguir respirando sin democracia incluso, porque nos dicen a la cara que ya no es lo que parecía que sí lo era, que ya no es porque ya no les interesa… disimular… Con estos pragmatismos, con los del odio y los fusiles, con los negacionistas, con los cabestros y con los que para tener cultura han tenido que acumular hasta cuatro apellidos compuestos… de girones de piel ajena. Y mucho trágala. Incluso no podemos fiarnos de las intenciones de quienes solo en apariencia denuncian la falta de precisamente “normalidad”. Es parte de la regla número uno de la propaganda: La tinta de calamar, la confusión que llevan al miedo, la pasividad, la docilidad, la aceptación o, al menos, el tirar y el tirar, con la soguita al cuello…

Podemos respirar y alegóricamente se nos muestra el último asesino sin rostro, también ese que se ha sumado al festín: un virus mutante, eterno hasta donde se quiera modular el castigo, modelarnos. Podemos respirar hasta con eso… Hoy se permiten las juergas a franceses en Madrid, o las carreras de polacos en Andalucía, pero no cruzar comunidades a los españoles; hoy se permite que mueran los de la apertura navideña y mañana no se permite lo que se encapriche, que para eso se manda y no para proteger la salud pública (“cada cual se las apañe”, parecen decirnos, nos dicen…).

¡Pretenden normalizar en plena crisis, inventan instrumentos nuevos de tortura! ¡Los mismos de siempre! Impasibles, impredecibles…

Los jóvenes nietos de esas mujeres rojas, de las esposas, familiares de rojos, hijos de sus hijas… La descendencia que un día nos robaron de otro modo mientras se seguía con la broma pactada de la reconciliación… Robados, con la necesidad de buscar la vida fuera porque aquí no hay vida sino un seguir sonámbulo; que un día nos arrancaron con la droga, con la ceguera (cien mil ojos arrancados), con los roles ajenos y la falsa identidad; con el consumo y el móvil y las redes y los falsos valores o los valores rancios de los herederos de la Inquisición…; con la incredulidad de lo que realmente pasa aquí… Ahora con la cárcel, con los palos, la estigmatización de la protesta ante su aniquilamiento de posibilidad de presente, de futuro…

Esos jóvenes, nos hablan de mundos que nos quedan lejos, donde gente lo pasa muy mal, o de aquí mismo: Canarias, La Cañada curiosamente apellidada “Real” (que se lo quedan todo, hasta la mugre y el hambre de nosotros, hasta el frío, la injusticia, lo sellan a sangre y fuego…). Ellos mismos, esos hijos nuestros, de rojas, de castigadas, no quieren reconocerse víctimas cuando son peores que parias, que apestados, nadie cuenta con ellos… Jamás pasarán al Cuerpo Diplomático, al Supremo, a la Fiscalía General del Estado, a la dirección de esos reader’s digest que son, en el mejor de los casos, los medios de comunicación más supuestamente progresistas; menos a la de los públicos, a la dirección de los bancos, a la de cualquier empresa postinera, ni con conversión. Ni mucho más allá pasarán en este país que sigue condenando a nuestra descendencia a servir y morir en una bicicleta para llevarles pizzas calentitas…

Como algunos de los hijos de exiliados, no saben, no llegan a comprender… Han tenido que crecer en otro país, esos descendientes de deportados, de los que pasaron por los campos nazis repudiados por los asesinos golfos que tomaron el país para ellos solos, y siguen mandando a través de sus herederos, esos de callados y de tirar p’alante.

Todos esos de “aquí mando yo” hablan el mismo lenguaje, se entienden, tienen apellidos golfos que dejar caer en el aire, que mencionan, para callar bocas… Son los que sí han abierto archivos, cerrados para los que ni siquiera conocemos el nombre de todos los verdugos…

De vez en cuando se hace un relato melifluo, se blanquea con la “libertad sin ira”, se pinta o retoca de blanco la careta o las manitas elevadas al aire, surgen homenajes o se abren fosas… Pero el bandidaje manda y se protege. Y conocen todos los nombres… Y amenazan con el fascismo que nunca se fue…

De vez en cuando surge un artículo de alguien que despierta y pide un plan de rescate para los más necesitados, incluidos esos jóvenes con los fondos europeos que otros dicen están ya más que repartidos y a la mayor gloria de los duques de siempre, los del banquete capitalista, con algún chocolate para que el loro no escandalice demasiado. Y mucho palo, cuando se den cuenta… Los loritos por los que nos tienen.

De vez en cuando nos damos cuenta de que no cuadran las cuentas y pagamos a demasiados mentirosos que ya hieden y cansan.

Pero aún no hay ninguna huelga de vientres para no servirles más nuestro fruto para su paripé, para sus limpiezas y sus guerras y sus coartadas de sus primeros puestos; para sus burdeles, sus cárceles, sus porras.

Aún no hay ningún plante de mujeres para hacer justicia por todas y nuestros hijos… Por nosotras…

Y España necesita abrir ventanas, archivos, verdad y plantarse. Y dejarse de cuentos…

* Periodista, escritora.
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– Ilustración de Alejandro Pacheco

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