África bajo los Pirineos

“África empieza en los Pirineos”. Así rezó el estigma de España durante muchas décadas, cuando se trataba de definir con acritud la impronta del país. Sin duda era debido al tinte estrafalario del franquismo feroz y la cutredad inherente a un régimen impresentable, imposible de homologar en Europa como democrático o neo, pero que se prolongó demasiado en el tiempo.

La sarcástica frase fue incluso acuñada por la izquierda impotente para derribar el totem fascista. Eso y los chistes sobre la impotencia del general gallego. Eso era toda la enmienda posible al totalitarismo.

Luego llegó la “democracia”. Y, todo ufanos, inflamos hasta el reventón la burbuja del dinero fácil y el crédito hormigonero. En calidad de nuevo rico, el español se sacudió su complejo carpetovetónico y se creyó guapo y triunfador con trajes de Armani. Desde las alturas del babel del ladrillo ya podía tratar de tú a los europeos e incluso mirar por encima del hombro a más de uno. Se dice que no hay peor cosa que un piojo resucitado. Mientras devorábamos con avidez las migajas que nos arrojaban desde la mesa de los ricos, ellos hacían caja y paraíso fiscal. Pero sus bancos dicen la desfachatez de que no tienen dinero. Y mendigan. Lo suyo no es la dignidad pero sí los balances. El gobierno está en sus manos y hace lo que le mandan. No hay ninguna diferencia con los sátrapas africanos.

Ahora sabemos que aquellos años de la transición tenían el pedestal de barro. Ahora mismo estamos inmersos en un helado baño de realidad que nos tiene tiritando. Fuimos prepotentes y somos otra vez pobres parias. Vamos mendigando al BEC. El tradicional y retórico “orgullo patrio” está para el arrastre. Tanto perduró el régimen nacionalista español que se gangrenó el tejido linfático, se infestó el sistema inmunológico y con esas taras hemos llegado hasta el ahora del siglo XXI.

Cuando murió el perro no se acabó la rabia.

La “gloriosa” transición fue el parto de los montes. La “izquierda” institucional claudicó. Se instaló a un Borbón intocable. No existe separación de poderes. Los jueces son los guardianes del sistema caduco. El Ejecutivo se aferra a cualquier tabla embustera para seguir a flote. Impera el caciquismo atrabiliario de los poderes fácticos: el Opus manda. La iglesia católica es financiada por el Estado e impone sus obsesiones, como en los casos del aborto o la homosexualidad.

Si seguimos de la que vamos así nos llevan hasta Trento…

África empieza en los Pirineos. Los hijos putativos del franquismo nos han embarcado en la balsa de la medusa del pasado. Esto es un eterno revival. No acabamos de salir del marasmo y ya nos vemos abocados al naufragio. Esto no parece una desgracia temporal sino un sino de despropósitos y calenturas. España no es aún Europa como tal. Siempre ha sido impermeable a las culturas. Lo suyo no es una transición. Es un trasunto.

Y lo peor es la incuria que nos invade y la dejadez general. La desmoralización del enfermo crónico que decide no lavarse y cuyo cuerpo hiede por falta de higiene. El qué mas da. La desagradable evidencia de venir por carretera desde la Francia de los “aires” (áreas de descanso) donde puede uno comer, ducharse entre arbolados y servicios impólutos; y aquí constatar que los automovilistas en España están condenados a no mear ni cagar, ni comer de lo suyo, porque nadie puso otras áreas de descanso que las gasolineras y sus rijosos restaurantes, donde te esperan con sus comistrajos aceitosos y el ansia de fusilar sin factura. Pasas la frontera de los Pirineos y te reciben cúmulos apestosos de bolsas de basura desparramadas por las cunetas, éstas convertidas en fétidos meaderos…

A partir de ese oloroso momento, sabes que te estás internando en el territorio del timo y de la afrenta. Las autopistas más caras, la estafa constante de las compañías del contador: la luz y el gas, amén de las operadoras telefónicas… Los servicios son tercermundistas, pero los precios españoles están perfectamente equiparados con los de Alemania o Francia, aunque el salario mínimo es aproximadamente la mitad. El que se jodan los millones de parados gritado por una representante del electorado en el parlamento… y no pase nada. Las cuantiosas subvenciones a las plazas de toros, mientras se obliga a pagar medicinas a los pensionistas, no se controlan los precios, se indulta a los delincuentes de guante blanco. Pero se emprenden acciones judiciales de oficio contra Sánchez Gordillo y el SAT por imitar en estos tiempos medievales a Robin Hood.

Y en ese momento constatas y te dices: Ya estamos en Españáfrica.

* Director del desaparecido semanario "La Realidad"

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