África sursahariana es diversa

Durante un cierto tiempo,  África sursahariana fue considerada por muchos occidentales como un "caso perdido". No está de más recordar que allí si han vivido situaciones generalizadas de decadencia, ocasionadas, sobre todo, por tres fenómenos que han frenado el desarrollo:

– La mano de hierro en el control de las economías nacionales, a través de gobiernos corruptas y autoritarios.

– La desviación de la riqueza a favor de los aliados políticos occidentales y de determinados grupos étnicos.

– Finalmente, un fuerte endeudamiento, acompañado de intereses prohibitivos que después se devuelven con privatizaciones y recortes sociales.

En la primera década de este siglo, la percepción se modificó. El crecimiento económico y la reducción de la pobreza y de la mortalidad infantil llevaron a los más optimistas a hablar de un "resurgimiento africano".

Ahora, en cambio, el hambre que vive Somalia y algunos conflictos bélicos enquistados pueden alimentar un nuevo alud de "afro-pesimismo".

Con demasiada frecuencia, la África sursahariana ha sido considerada como una unidad singular cuando en realidad es un conglomerado de 48 países diferentes. Steve Radelet rompe con esta visión y ha distinguido cuatro grupos de países:

– Los exportadores de petróleo (9 naciones como Angola y Congo).

– Los emergentes (17 países, entre ellos Ghana y Etiopía).

– Los frágiles (Somalia, Zimbabwe y 14 más).

– Los que están en el umbral de la pobreza (6, como Liberia y Benin).

Mientras que el ingreso por capita en la región creció durante la última década, las tasas de crecimiento van oscilar dentro de un abanico que incluye a unos países con tasas negativas y a otros con tasas positivas.

Uno de los elementos capitales que nos ayuda a entender las diferencias, es que las naciones que tienen mayores tasas de crecimiento disponen de yacimientos de petróleo, mientras que los que se mueven en tasas negativas no tienen.

Pero el petróleo y las otras materias primas a veces acaban siendo un problema en los productores. En el peor de los supuestos conducen a guerras fratricidas, generalmente alimentadas desde occidente, entre diferentes grupos tribales y entre territorios de un mismo país.

Afortunadamente, hay una serie de países del África sursahariana que no son productores del petróleo y pueden ser catalogados como emergentes. Pero incluso en estas zonas, hay una gran variedad en cuanto a forma de gobierno y tasas de crecimiento económico.

Las 17 economías emergentes se pueden dividir al menos en dos grupos: a unos los etiquetaremos como realizados, puesto que han tenido tasas de crecimiento adecuadas y unos niveles relativamente satisfactorios de gobernabilidad.

A otras como emergentes semi realizados (Etiopía, Ruanda, Uganda y Zambia), puesto que han mostrado un notorio crecimiento del ingreso por capita en los últimos años, pero el nivel de gobernabilidad es insuficiente.

En un futuro hará falta prestar una atención muy esmerada en África sursahariana. Por un lado, será necesario superar la visión pesimista, que tanto gusta a aquellos que únicamente se dedican a la compasión y a la limosna. Por la otra, será necesario tener en cuenta las diferentes realidades que la atraviesan y la pluralidad de intereses económicos y políticos que allí confluyen.

 
 

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