Aldo Sambrell, el “pistolero” vallecano

La prensa del día 13 de julio de 2010, con algún día de retraso, recoge la muerte en Alicante del actor Aldo Sambrell, aquel tipo de aspecto canalla que dejó su imagen recia en más de 200 “spaguettis westerm”.

Una serie de micro infartos aconsejaron su internamiento en el Hospital General de Levante en el mes de junio, y el pasado sábado día 10 falleció a consecuencia de ellos.

Había nacido el 23 de febrero de 1931 en el madrileño barrio de Vallecas de la pareja formada por Basilia Brell y Francisco Sánchez, un militar que durante la guerra fue la mano derecha del comunista Enrique Lister, por lo que se hace comprensible que tras la victoria franquista tuviera que exiliarse en México.

Allí marchó él cuando contaba doce años, pero antes tuvo tiempo de impregnarse de la magia del cine en las salas vallecanas. El Goya de la calle Monte Olivetti y el “moderno” Numancia del Puerto de Alcolea acogían muchas tardes a un niño que tenía la habilidad de esconderse mientras se cantaba el “Cara al sol” para poder quedarse a la siguiente sesión.

Con el nombre de “Alfredo de Ronda” cantaba rancheras para ganarse la vida, y con el de “Madrileño Sánchez” se hizo jugador de fútbol de la primera división mexicana con el “Monterrey” y el “Puebla”. En medio alguien le aconsejó que estudiara arte dramático en Estocolmo, donde con la cirugía intentó combatir la alopecia y le desfiguraron la cara. Lo que permitió que sus primeros trabajos delataran ese aspecto de desalmado que lo llevó a tantos papeles de granuja.

En 1959, tras la muerte de su padre regresó a España como futbolista. Parece que Samitier le aconsejó que fichara por el Real Madrid, pero estos ya tenían cubierta la plaza de extranjero y lo tuvo que hacer primero por Alcoyano y después por el Rayo Vallecano, el equipo de su barrio que entonces militaba en la segunda división entrenado por Aparicio. Aunque él siempre se declaraba seguidor del Atlético de Madrid.

En el fútbol duró poco tiempo. De su nombre original despejó alguna sílaba para que se quedara en el sugerente Aldo Sambrell, y se incorporó al cine prácticamente a las órdenes de los hermanos Romero Marchent. Aunque poco después a Sergio Leone le pareció que a aquellas formas le correspondían cuotas más importantes y lo colocó junto a Clint Eastwood en las más recordadas películas del oeste: “La muerte tenía un precio”, “Por un puñado de dólares” y “El bueno, el feo y el malo”.
A mediados de los setenta la crisis cinematográfica lo llevó a hacerse productor, pero poco a poco, como otros grandes actores españoles del género, le llegó el olvido.

Casi toda su filmografía la componen pistoleros, piratas, policías y mafiosos, pero cabe resaltar que debutó a la vez que lo hacía otro actor español que tuvo algo más de suerte artística que él: Alfredo Landa.
Corría el año 1962 y ambos fueron llamados para trabajar en una de las más recordadas películas del cine español: “Atraco a las tres”
Los papeles de Landa, López Vázquez, Gracita Morales, Agustín González, Cassen y Pepe Orjas son de sobra conocidos. Aldo era una de aquellos cuatro “boys” contorsionistas que bailaba junto a Katia Loritz en el “York Club”.

Aunque retirado, solo Alfredo Landa queda vivo de todos ellos. Quizá aprovechando la oportunidad sea un buen momento para rendirles un pequeño homenaje.

Más artículos del autor

Deja un comentario