¿Alguna vez la corona invitó a los zambos?

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

¿Un mundo pluri-étnico? Sí, pero encerrado en castas

En contra de mi método, en esta pieza pienso alterar mi rutinario orden expositivo de manera que, antes de desgranar las pruebas pertinentes, anuncio mi intención y mi corolario: durante tres siglos, las Yndias invadidas y saqueadas NO fueron ese equilibrio inestable de convivencia entre amerindios, negros y españoles que se materializó en el mestizaje –fenómeno que, oficialmente, la ubica a una altura moral muy superior a la de otras colonizaciones europeas. Aunque se aceleró tras las Independencias, el mestizaje y el mulataje existieron pero sometidos a un sistema de exclusión absoluta de los grupos subordinados. Indígenas y negros estuvieron confinados en sus guetos, estancos y compactos, sin siquiera la minúscula posibilidad de movilidad social que prometen los hoy vigentes –menos en India- sistemas de clases. Léase, fue un sistema de castas. Para demostrar este rotundo aserto, me limitaré a usar un único campo semántico-artístico que suele malinterpretarse como signo de paz multiétnica: los cuadros de mestizaje, también llamados con mejor precisión como cuadros de castas.

Un léxico del mestizaje en el que faltan docenas de otros términos (Pinchar sobre la imagen para ampliar)

Estas abundantes series de cuadros pictóricos, deberían ser consideradas como el genuino arte ultramarino que, además, constituyen todo un “género colonial” (C. García Sáiz, dixit) Pese que, del virreinato del Norte al virreinato del Sur, sus obras se cuentan por miles, éstas suelen estar relegadas a los almacenes de los museos y, sobra añadirlo, a veces en lamentables estados de conservación. Pero dios-escribe-derecho-con-renglones-torcidos: hoy el Museo del Prado (Madrid) ha inaugurado Tornaviaje, una exposición encaminada a blanquear el 12 de octubre donde, entre colosales cristos, custodias de pedrería y otras obras religiosas, se ha colado una pintura que ni siquiera es de amerindios sino de mulatos –en realidad, zambos. Nos centraremos en ella gracias a la monumental y multidisciplinaria monografía de Usillos (ver Andrés Gutiérrez Usillos.2012. “Nuevas aportaciones en torno al lienzo titulado Los mulatos de Esmeraldas. Estudio técnico, radiográfico e histórico”, en pp- 7-64, Anales del Museo de América XX)

Uno más entre miles de cuadros de castas

Los retratos de zambos

Antes de entrar en la reseña sobre el lienzo en cuestión, Los mulatos de Esmeraldas –que no es exactamente un cuadro de castas por ser monoétnico – detengámonos un instante en unas representaciones pictóricas de los zambos -en ocasiones llamados lobos– pues da la casualidad que éstos son los que figuran en la obra que tanto ha llamado la atención en la exposición de El Prado aunque no por su valor antropológico y/o etnohistórico sino por sus cualidades estéticas que no son pocas.

He incluido un cuadro de castas de mediados del siglo XVIII y una foto contemporánea para indicar que los zambos no sólo existían la provincia de Esmeraldas (Ecuador) e incluso dominaban un pequeño territorio en el siglo XVI sino que, además, su presencia demográfica se perpetúa hasta la actualidad.

“De Negro e India sale Lobo”, etc.
José Joaquín Mogón. Puebla (México) ,ca. 1750. “De negro é Yndia, lovo, mala ralea, herodes son de bolsas y faltriqueras”

El famosísimo lienzo

Si fuéramos estrictos, este cuadro se llamaría “el cacique zambo y sus dos zambaigos” (zambaigo, hijo de zambo)

Las grandes invasiones tienen unos efectos colaterales que suelen alumbrar aspectos oscurecidos por la Hazaña (¿) final. Una dellas originó la historia que hoy nos ocupa. En 1532, Pizarro inició la invasión del imperio inca. Pocos años después, antes de llegar al Pirú, el esclavo Andrés Mangache escapó ca. 1540 de la cautividad en la bahía de San Mateo (Esmeraldas)

Un religioso que “se envía para explorar, pacificar y cristianizar la región, describe el momento y los motivos de la fuga del esclavo y su pareja, que precisamente tienen relación con el castigo –o maltrato– que se daba a Andrés Mangache por mantener esa relación con la joven indígena cuyo nombre no ha quedado registrado. Con la excusa de ir a ‘mariscar’ para recoger que comer, los negros huyeron con los indios tierra adentro, donde “fueron recibidos por huéspedes por los naturales de aquella tierra de Dobe y allí se pudo y supo conservar aquel negro con tanto tiento y comedimiento que jamás a naide fue enojoso, ni naide se movió contra el” (Cabello de Balboa, 1583; ed. 2001) Tras la fuga de ambos, tuvieron dos hijos, Juan y Francisco Arobe, que es la figura central del lienzo.

El expresidente Chávez (Venezuela), gotas o raudales de sangre zamba

Continúa otro invasor: “Los quales se mezclaron entre los dhos [dichos] yndios y tomaron sus rritos y / ceremonias y traje y las mujeres que les parecio de las mas prin / cipales y cacicas y se fueron apoderando y señoreando de aquella / tierra e indios della, como lo an estado y estan de mas de sesenta años a esta parte… Se convierten en “señores absolutos della –de la tierra de Esmeraldas– y de los dichos indios y ellos los mandan y gobiernan y no se conoce otro cacique ni señor dellos” (capitán Pedro de Arévalo, año 1600)

Aquellos indígenas eran los Pidis/Niguas y los Campaces –teóricos antepasados de los Chachi-Cayapas de hoy.

Ahora aparece en escena Alonso de Illescas, otro cacique zambo de igual peripecia que toma el nombre del amo del que escapó. Con Illescas, los Mangache-Arobe tendrán serias disputas. Tras el asesinato de Mangache,”probablemente por orden de Illescas que pretendía fusionar su cacicazgo, le sucede su hijo Juan, que en 1587 es nombrado capitán y recibe el tratamiento de don, y tras el fallecimiento de este, se hace con el mando su hermano Francisco, representado en el centro del cuadro.” Por ende, Francisco Arobe es zambo, no mulato, es decir hijo del negro Andrés Mangache -¿corrupción de malgache?- y de una anónima india de Nicaragua.

Illescas fue acogido entre los indios Niguas, en la provincia de Esmeraldas, según describe Cabello de Balboa “y le dieron por mujer una india hermosa, hija de un principal y muy emparentada, con cuyo favor de parientes, por las cautelas dignas de tal gente, vino a tener mando y señorío entre los negros e indios”… “Sin embargo era considerado indómito y peligroso, no amigo de españoles. Era sagaz, muy astuto y muy guerrero. Alonso propone amistad a Chilindaule, quien les invita en señal de paz a una fiesta en la que están presentes también nobles y caciques emparentados de toda la región. Alonso les sorprende ebrios y les asesina a todos”.

“La relación de los mulatos [sic] con los indígenas locales no era pacífica ni se basaba sólo en alianzas matrimoniales. Traían guerra o mantenían frecuentes incursiones contra diferentes grupos indígenas del interior de Esmeraldas. Entre 1605-1607 vuelven a producirse sangrientas razias y guerras en la región entre los mulatos y sus aliados indios contra los yumbos –indígenas del piedemonte andino… Es más, en 1605, el gobernador de Cansacoto, indica que una fuerza de mulatos mangaches junto con indios de guerra de Esmeraldas, atacó Cotongo cortándoles los pies antes de matar a los indígenas y secuestrando a sus mujeres y niños.”

Durante la Colonia, fueron constantes las sublevaciones de los negros. Las más victoriosas consiguieron crear una suerte de autonomía local fundando los quilombos o palenques. En este caso, el dominio territorial efectivo de los Arobe e Illescas no fue erradicado a sangre y fuego sino que la Corona optó por una política que, siglos después, fue implantada por los colonialistas ingleses –sobre todo, como indirect rule en India. Según Usillos, en Esmeraldas se “dará un giro a la habitual política de conquista que pretendía el control directo del territorio, pues era consciente de la inexistencia de recursos para sostener eficazmente dicho dominio, si se llegara a producir. En su lugar, opta por el establecimiento de alianzas y estrategias de control indirecto utilizando ‘agentes locales’ indígenas, criollos o zambos”.

El Asiento, ¿convite o encerrona?

Nunca sobra subrayar que, del autor del lienzo, el indígena quiteño Andrés Sánchez Gallque, sólo sabemos que firmó el cuadro, hecho insólito en las pinturas coloniales que son siempre anónimas.

¿Por qué se invitó a Quito a Francisco Arobe?, ¿solamente para que posaran para el cuadro él y sus dos hijos? Algo más hubo. Por un lado porque no era tan arisco como Illescas y también porque “era gobernador de un asentamiento de 35 mulatos y 450 indígenas cristianos, algunos originarios de esa zona y otros procedentes de remotos sitios de la costa.” Y, por otro lado, porque el resultado del encuentro en Quito distó mucho de una invitación amistosa sin mayores consecuencias pues, en una realidad que suele obviarse, “El objeto de la invitación a Quito de ambos caciques mulatos es firmar un Asiento, es decir por un lado hacerles jurar vasallaje al rey Felipe III, pero sobre todo conseguir el compromiso u obligación de abandonar el poblamiento disperso y concentrarse en poblaciones… y además, defender el territorio frente a otros, tanto indios de guerra como posibles intrusiones de potencias enemigas.”

Aun así, pese a que no fue un convite sino una encerrona beneficiosa para la Corona, algún quisquilloso familiar del Santo Oficio objetó el Asiento: “El inquisidor colonial se quejó de que ‘don Francisco’ y su séquito eran unos borrachos y no verdaderos cristianos: “No son cristianos de corazón”… concluyendo que el dinero que se gastaba en ellos en Quito para darles cobijas, vasijas de vino y vestidos elegantes, refiriéndose sin duda a los que lucen en el cuadro, eran un desperdicio.”

Poco duraron en manos de los zambos las lujosas vestimentas –en parte hispanas- e incluso podríamos de asegurar que no eran tan lujosas ni tan españolas sino propias de los segundones. “En todo caso, como es obvio los mulatos no vestían estas prendas en su vida cotidiana en la región tropical de Esmeraldas…. una carta así lo reconoce, aunque menciona que sí que el resto de adornos y joyas de oro son las que traen habitualmente: ”Van todos retratados muy al propio como son y / andan de ordinario ecepto el vestido que / luego que dieron paz y obediencia a V.M. (Vuestra Magestad) / y de ellos se tomo la posession y fueron puestos en / V. Real Corona se les dio como de sus retratos / lo uno y lo otro parece porque no son gente / politica y en su tierra que es caliente no traen / mas que mantas y camisetas como los demas / indios.” (Carta de Juan de Barrios a Felipe III, 1599; AGI)

Otrosí, los caciques zambos cumplieron rigurosamente con la ley colonial que regulaba la vestimenta que se les exigía los segundones, indígenas, mestizos y negros: “Y a de deferenciar el auito y traxe, bestido como espanol que no se quite los cabellos y trayga sonbrero, camisa, cuello, jubon, calzon, medias, sapatos, que no trayga capa, cino su manta y camiseta natural. […] Y se trate como español en el conuersar y comer, dormir y uagilla y mesa y sea buen cristiano que aprienda latin, leer, escriuir, contar, cantar” (Guamán Poma, 1614) Esto es, caso de disfrazarse de español, los aherrojados deben dejarse el pelo largo y no portar capa sino la manta y la camiseta propias de los indígenas.

Por otra parte, el lienzo pinta algunos detalles que son asaz significativos: “La intención del retrato es presentar a estos nuevos súbditos ante el rey, por lo que la presencia de los sombreros en la mano de dos de los mulatos está señalando simbólicamente por un lado sumisión y respeto, pues no están colocados sobre la cabeza, y por otro, al estar vueltos hacia el espectador, mostrando el interior del mismo, evidencia un gesto que sugiere que sus dueños no ocultan dobles intenciones.”
Finalmente, una aclaración que afecta al supuesto africanismo de las lanzas de hierro: “El tipo de lanza que se representa en el lienzo no es indígena. En realidad, las fuentes documentales señalan como los mulatos continúan utilizando las mismas armas que los indígenas de la costa de Ecuador, es decir los dardos o venablos.”

(Repito la referencia señalada en el primer párrafo: los entrecomillados, pertenecen a Usillos, op.cit)
Como dato etnográfico más bien impreciso, añadiré que la lanza tiene un especial significado en la narrativa de los actuales indígenas Chachi. Según una versión de uno de sus episodios míticos, “Cuando el marido sale a pescar o cazar, los gringos [nombre actual que engloba a los españoles de antaño] se llevan a la mujer y la hija. Cuando el marido llega a la casa se fue a consultar a un curandero o brujo para saber que pasó, entonces el brujo dijo “los gringos se las llevaron para comérselas, pero solo se comieron a la mamá, la hija está viva. ¿Qué vamos a hacer? La niña está amarada con cadena… Entonces, el padre de la hija se reunió con los pueblos y los brujos para que no se coman a la niña. Cuando los gringos se durmieron profundamente, la niña estaba despierta y cogió la lanza de guerra. Donde los brujos, el león trajo a la niña. Cuando ya llegó la niña a la casa trajo lanza de guerra. A esa lanza preguntaron los brujos miles de cosas, pero la lanza no respondió. Entonces los brujos amenazaron a esa lanza. Y entonces (la lanza) dijo “voy a enseñarles a hacer la guerra a los valientes brujos”. Entonces esa lanza enseñó a todos cómo hacer la guerra. Los Chachi son inteligentes y comenzaron a hacer la guerra para matar a los gringos, así fueron terminando de matar a todos los gringos para estar más seguros” (mis negrillas)

Esmeraldas hoy: descendientes de zambos y/o mangaches
Esmeraldas, hoy: indígenas Chachi (ex Cayapas) El más alto, luce un tocado tawash y una falda itip de origen amazónico, jíbaro, hoy de moda entre los líderes amerindios.

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