Apuntes para la demolición inmediata de una catedral

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Josep Pujiula i Vila (1937-2016) y Justo Gallego Martínez (1925-2021) fueron dos arquitectos sui generis. El primero es desconocido. Del segundo sufrimos una intoxicación masiva promocionada por la Brigada Mediática (BM) Una primera clave para entender la disparidad de sus respectivas famas radica en que el primero era obrero y el segundo ex seminarista -ergo, la BM culpable de su entronización popular del meapilas es la BME, E por eclesiástica, su facción más insidiosa. Todavía menos señalada es la segunda clave de la discriminación mediática: Pujiula era catalán y Justo Gallego, madrileño.

Josep Pujiula, @ el Garrell, apodado el Hombre de las Cabañas o el Tarzán de Argelaguer, dedicó 45 años a construir y reconstruir el parque de Can Seis Rals o las Cabañas de Argelaguer, actualmente conocido como Parc d’en Garrell. El santón Justo Gallego, dícese que dedicó 60 años a construir una ‘catedral’ en el pueblito madrileño de Mejorada del Campo. En ambos casos, su gracia consiste en que fueron constructores solitarios pero, observado de cerca el ejemplo catedralicio, nos surgen varias preguntas que iremos respondiendo a duras penas.

Estos dos casos ejemplifican una variante del urbanismo y de la arquitectura que sólo es estudiada por los especialistas: la más popular y/o democrática, la más apegada a la tierra y, antes de la urbanización violenta, la más extendida por el planeta. La que engloba lo vernáculo y lo anónimo, lo bello, lo barato y lo útil. Por cuestiones de espacio, no observaremos sus infinitas modalidades en los siguientes párrafos. No comentaremos las arquitecturas acuáticas, marineras y palafíticas. Si acaso, nos consolaremos con una mínima alusión a las edificaciones subterráneas porque son extremas per se –no levantadas sobre el terreno sino hundidas en él. Es la conocida como arquitectura por sustracción (baobabs ahuecados, Lalibela en Etiopía, conos naturales en la Capadocia de Anatolia, pueblos del cinturón de loess en China) Para terminar esta introducción, cedemos a la tentación de citar a un defensor de esta clase de arquitecturas: “Entrega ladrillos y mortero a un albañil y dile que cubra un espacio con luz y el resultado será apabullante… El maestro de obras, dentro de sus limitaciones, encontrará infinitas posibilidades de variedad y armonía mientras que el arquitecto moderno, disponiendo de todos los materiales y sistemas estructurales, producirá monotony and dissonance” (Kooros, cit en p. 151, Bernard Rudofsky. 1964. Architecture without architects. An Introduction to Non-Pedigreed Architecture; catálogo del Museum of Modern Art, NYC)

El “paisajista visionario”

Comencemos con el Granell: fue un tornero retirado que dedicó 45 años a construir y reconstruir el parque de Can Seis Rals, un enjambre de construcciones de madera formando torres de hasta 30 mts de altura, un kilómetro de galerías con ramas de acacias, casetas y un laberinto, además de un sistema de estanques y esculturas. Por parte de la Administración, no recibió ni un euro. Nadie oficial le ayudó cuando reconstruyó su laberinto ajardinado tras dos incendios ¿provocados? Al contrario, aunque llegó a ser declarado BIC (Bien cultural de interés local), su tercer Parque fue desmontado por la construcción de la carretera N-260.

El corpus de literatura sobre la jardinería y/o el urbanismo ‘salvaje’ es escaso. Pero no podemos dejar de mencionar a Nek Chand Saini (1924-2015), artífice del Rock Garden de Chandigarh, un parque de 160.000 m² que alberga un conjunto de esculturas esculpidas con los materiales de desecho que acarreaba en bicicleta. Chand fue construyendo sus jardines en unos terrenos olvidados de todos que no eran ni de su propiedad. Ahora son una atracción turística que rivaliza con la planificación clasista que Le Corbusier –otro arquitecto sin título- perpetró contra esa ciudad hindú.

El ex seminarista

Según su escueta autobiografía, “ingresé, a la edad de veintisiete años, en el monasterio de Santa María de la Huerta, en Soria, de donde fui expulsado al enfermar de tuberculosis, por miedo al contagio del resto de la comunidad.” (Manifiesto Si desean información, lean este cartel (y dejen de joder la marrana) clavado por Justo Gallego en la entrada de su mamotreto) El susodicho monasterio pertenece a los benedictinos de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia. Su catálogo 2014-2015 de productos artesanales de venta en España y online, consta de 51 páginas, cada una con decenas de ítems, desde agrarios hasta accesorios litúrgicos. Pese a dirigir -antes y después del apestado- una empresa boyante, los benedictinos expulsaron sin rubor al Hermano tísico, ¿por su conducta narcisista? Queda descartado que no tuvieran posibles para sanar a un cofrade quien, en sus 15 años de convento, no sabemos si alcanzó la categoría de Hermano –grado que forma la columna vertebral/manual de cualquier congregación católica.

Sabedores del comportamiento egolátrico que el mago de Mejorada cultivó durante décadas –ignoró durante décadas que su ‘obra’ amenazaba la seguridad física de sus paisanos y sus turistas-, podemos especular que su beca en el convento le causó la grave psicopatía que aqueja a todos los exseminaristas. Estos antros de perversión sexista y homofóbica, inoculan en sus pequeños cautivos un complejo de castración del que muchos no salen nunca. Ni siquiera escapan de esta maldición aquellos que, aparentemente, la superan casándose con indígenas y monjas cual es el caso de bastantes antropólogos exmisioneros –evidentemente, el sufijo “ex” es de dudoso encaje en el gremio eclesiástico.

El caso de la ‘catedral de Justo’ tiene infinidad de paralelos. Apuntamos dos de los más conocidos: el de Ferdinand Cheval (1836-1924) un cartero francés que invirtió 33 años de su vida en construir un Palais Idéal que “muestra una mezcla de estilos con inspiraciones bíblicas y de la mitología hindú” (Wikipedia) y el de Sabato ‘Simon’ Rodia (1879–1965), un inmigrante italiano, albañil y fabricante de azulejos erigió, también durante 33 años, las muy fotografiadas Watts Towers, Torres de Simon Rodia o Nuestro Pueblo, en Los Angeles.

Y ahora pasemos a indagar en los bulos propagandísticos con los que nos ha machacado la BME: al revés que el jardinero Garrell, el santón de la estepa madrileña no cesó de recibir ‘donaciones’ en metálico –léase, caja B- y en mano de obra generalmente no cualificada –i.e., baratísima. Aunque la BME lo niegue sistemáticamente, es de sentido común que una obra tan grande no podía ser levantada por un solo hombre. Pero la propaganda pía es mitológica pese a que Justo, mundano meapilas envuelto en un altanero batín, no se asemeja en nada a Hércules.

El brujo de Mejorada no le hizo ascos a que su sacrosanta ‘catedral’, aún sin bendecir, fuera alquilada como escenario de anuncios publicitarios laicos. Se sabe que, en 2005, una marca de bebidas dizque ‘energéticas’ rodó allí un en video publicitario por el que pagó 30.000 euros según unas fuentes y, según Justo, y “seis millones de pesetas por un minuto y medio de grabación y algo más de cincuenta millones en donaciones posteriores” –obviamente, no fue el único caso de sustanciosos ingresos ‘voluntarios’.

Otro de los bulos más repetidos es que “la mayor parte de los materiales de construcción que utilizó eran reciclados”. Mentira podrida que se denuncia a sí misma cuando vemos que la obra es de puro cemento con alguna ferralla. ¿Hay cemento reciclado y/o de segunda mano? No, lo que más se aproxima es cemento desechado por motivos de seguridad. A veces, las cuadrillas de los albañiles de Justo se vieron obligados a utilizarlo temerariamente y el resultado es que, ahora, se observa “un vibrado deficitario con coqueras, huecos sin rellenar, que crean secciones de debilidad”. Peligroso más que barato puesto que “un técnico calculó que el presupuesto de la obra de Justo ascendería a unos seis millones de euros si se ejecutara con materiales adecuados y mano de obra profesional, mientras que la redacción del proyecto ascendería a unos 50.000 euros.” Tecnicismos aparte, se rumorea que los terrenos tienen un valor catastral de un millón largo de euros.

El meollo de la escandalosa impunidad de Justo & Co. estriba en que, como la mayoría de exseminaristas, ha contado siempre con el apoyo –clandestino pero efectivo- de la Iglesia. Sin el obispado, tan tremenda construcción no habría pasado de la caseta del perro. Los curas sedujeron a los ediles de Mejorada y éstos a sus superiores de manera que, ¡durante 60 años!, nadie objetó la legalidad ni la seguridad del mamotreto. Pero no nos engañemos: ha sido un delito continuado con todas las agravantes que castigan los innumerables delitos que constan en el Código Penal. Pero esa caterva de delincuentes beatorros y logreros, sigue impune…

Y, si Manitú no lo remedia, seguirá impune puesto que el ubicuo padre Ángel (84 años), presidente de la macroempresa Mensajeros de la Paz -salsa en todos los guisotes caritativos que combaten la justicia redistributiva-, dice que, 19 días antes de morir, Justo “se la cedió” (¿) Sea lo que sea esa ‘cesión’, la BME insiste en que el susodicho magnate ha heredado el bodrio de Mejorada y que lo va a finalizar para convertirlo en un centro inter-religioso. Siendo el turbio Ángel monárquico, aznarista, espía con guardaespaldas kosovar y adicto al Poder (ver https://www.losgenoveses.net/Nacionalcatolicismo/padreangel1.html), imaginamos qué clase de inter-religiosidad (sintagma imposible) promoverá.

Pero los asuntos religiosos (verdaderos o inter) no nos preocupan demasiado. Coincidiendo con las intenciones del cura Ángel, nos interesan mucho más los asuntos inmobiliarios, especialmente los intra-eclesiales. El octogenario exfalangista comparte con la Iglesia el pringoso arte de la sub-sub-sub contratación. Pero, ¿hasta dónde alcanza ese atraco ventajista a los bienes comunes que llaman inmatriculaciones? Sospechamos que el sacerdote emprendedor (otro sintagma imposible) no querrá que ‘su catedral’ pase al obispado porque éste la inmatriculará al instante y, entonces, el arquetipo de la Caridad cristiana se quedará sin su destartalado cortijo. A la agobiante inflación de iglesias, ermitas, santuarios, abadías, oratorios, internados, colegios, universidades y demás desechos vaticanoides se añade ahora toda una catedral a punto de desmoronarse… pero que ocupa un goloso solar.

Finalmente, ¿es imaginable que, en 60 años, no haya habido ningún accidente laboral? Es imaginable puesto que las fuerzas locales, Ayuntamiento y sindicatos oficiales, nunca han informado ni, menos, protestado. ¿Y el ministerio de Trabajo? Muy bien, gracias: nunca ha enviado una inspección de trabajo ni, en otro ministerio, siquiera una fugaz visita de los técnicos sanitarios. Sin embargo, rebuscando en las vaciedades internéticas, hemos encontrado dos noticias: “Septiembre 2018: 55 accidentes laborales mortales en la Comunidad de Madrid en lo que va de año, un 46% más que en el mismo periodo de 2017. 26 abril 2021. La Policía local de Mejorada del Campo tramita 229 Propuestas de sanción por vulnerar la normativa sanitaria”.

Corolario

Tenemos enfrentados no dos personajes sino mucho más: dos modelos de arquitectura o urbanismo absolutamente antagónicos. El catalán, sin alharacas, útil y asequible al pueblo, naturalista, regenerador del medio ambiente, sin mano de obra, sin materiales del mercado industrial, aconfesional como exige la Constitución. Bello, en suma. Y el madrileño, todo lo contrario; proselitista, ventajista en ilegalidades, favorecido por los poderes, peligroso por ausencia de seguridad laboral y total, cementero y ferroso, con mano de obra dizque ‘voluntaria’ –léase, esclava-, caótico, carne de cañón para la publicidad y la industria del espectáculo, proclive a la especulación inmobiliaria. Feo, en suma.

Conclusión: el parque de Argelaguer debe cuidarse y ampliarse. El mamotreto del santón debe demolerse ¡ya!

– Ilustración de portada. Una constante histórica: la guerra perpetua contra la arquitectura vernácula. Desalojo de arborícolas. Erasmus Francisci, Lustgarten, 1668.

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