Aquí, el canal 13TV, informando sobre el 15-M

En el 1º aniversario del 15-M.

Escucho los siempre “cariñosos” comentarios de la 13TV para el Movimiento 15-M, siempre tan “atentos” ellos, tan “solidarios y sensibles” para con los problemas cotidianos que aquejan al pueblo trabajador y no me resisto, una vez más, a dejar aquí constancia de mis simpatías y mi apoyo a ese joven movimiento que ha sido capaz de encender una sonrisa en medio de la fuerte frustración que embarga en estos momentos a capas más que importantes de nuestra población.

Quizás una de mis grandes diferencias con esa cadena de TV es que ellos están más que atentos a los fallos, a las contradicciones, a los posibles desórdenes, a la botella de cerveza abandonada, los papeles ensuciando la acera y el posible condón usado en una de esas acampadas nocturnas, sin olvidar el perfume de un “canuto” aquí o allá; en lugar de buscar el error en este perverso sistema a que nos han conducido entre unos y otros. La diferencia entre ustedes y yo es que ustedes están ahí para vigilar el fracaso de esa marea de indignación que invade el Mundo por el evidente fracaso de las doctrinas económicas del neoliberalismo y de las otras religiones: la que apostó ayer por el general Franco y su “glorioso movimiento” y la que obliga a la ablación del clítoris de una niña de corta edad. Como si esos cientos de miles de jóvenes, ancianos y hombres y mujeres del Planeta, en general, no tuvieran otra cosa más importante que hacer que llenar una plaza para que el Washington Post o cualquier otro periódico de tirada internacional le mostrara al Mundo cómo se llena una plaza por arte de magia. Vamos, como si se tratase de los preparativos para una de esas fotos de Spencer Tunick que luego darán la vuelta al Mundo.

Muchos somos los que nos hemos unido al movimiento de los “indignados”, físicamente o simplemente desde el corazón, desde la simpatía que inspira cualquier movimiento joven que le planta cara al “gran hermano” de Orwell. Como bien dice uno de sus eslóganes: SOBRAN LAS RAZONES, sobran los motivos para estar indignados y en la calle. Porque, pasado el sarampión de la Transición, la conclusión a la que ha llegado la ciudadanía no se aleja mucho de la frase de Groucho Marx: “Partiendo de la nada, hemos escalado las más elevadas cotas de la miseria”.       

Desde la interrupción de la dictadura, por la muerte del dictador (que no se les olvide a los actuales políticos este dato), aparte de votar y poder manifestar nuestro descontento con los actuales mandatarios, no se han resuelto ni uno solo de los problemas que este país tenía con el régimen franquista:

Hay una importante frustración porque no se han resuelto ni la forma de Estado ni el problema nacional, a pesar de la fuerte inversión que se ha hecho en devolverle a la monarquía un prestigio que nunca tuvo y de entretenernos con unas autonomías que pretenden ocultar las legítimas aspiraciones de amplias capas de la población a favor de una República federal.

El fracaso escolar, a pesar de importantes esfuerzos económicos, y profesionales por parte del cuerpo de enseñantes, es más que manifiesto.

No creo que se hayan conocido anteriormente en nuestra historia cifras más elevadas de paro como las actuales.

Como con la dictadura, una importante masa de universitarios tendrán que buscar empleo en el extranjero (en 1939 tuvieron que hacerlo los más prestigiosos hombres y mujeres que la República había propiciado, en una cosecha de intelectuales irrepetible).

El tejido comercial: alimentación, restauración, librerías, pequeño comercio en general, está siendo desmantelado y reemplazado por las grandes firmas, foráneas en su mayoría, suprimiendo así o convirtiendo en esclavos de Burger King a numerosos trabajadores sin otro futuro que rendirse a los miserables salarios y a las abusivas condiciones laborales de éstos.

El desmantelamiento de la industria, el abandono del campo por seguir los mandatos de la UE, nos hace pensar que nuestro futuro está más que despejado: estamos condenados a servir fresca y rubia cerveza a los chavalotes que vengan a España a ver jugar a los “eternos rivales”: El Real Madrid y el Barcelona. Estamos condenados a repetir el “que inventen ellos” de marras.

Sigue sin resolverse el secular problema de las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado español, dando pie para que aquella se vuelva cada vez más intolerante en sus  exigencias.

Como en los años cincuenta, importantes masas de la población siguen enajenadas por el fútbol, autoexcluyéndose de una forma brutal de todo el proceso político derivado de la “restauración de la democracia” en España y permitiendo que, con una ley electoral a la medida de ambos, sean dos los únicos partidos los que se reparten los resultado de los banquetes electorales.

Nos obligan a unas relaciones indeseadas con un indeseable rey de Marruecos que, desde hace treinta y cinco años y ante la pasividad internacional y la cobardía de nuestro propio gobierno, usurpa, invade y administra las tierras saharauis como si fueran suyas.  

Están en riesgo el llamado estado del bienestar, muchas de las conquistas sociales y políticas que se conquistaron en las calles en el pasado a golpe de muerto.

No voy a agotar aquí el extenso catálogo de calamidades que aquejan a la Patria, eso se lo dejo a los numerosos ciudadanos que, con sus mismas palabras…

SIN TECHO

SIN TRABAJO

SIN FUTURO

SIN MIEDO

Les mandan un magnífico corte de manga desde las calles y plazas de nuestras ciudades a los pesebreros de la política y de la información.

Hoy mismo, el Sr. Luís de Guindos decía en la tele, a propósito de no sé qué: “España está abierta”. ¿Se le olvidó decir que de piernas o tal vez no le oí?

A este joven movimiento que ha rebasado con creces a los partidos de izquierda se le tilda de “sucios”, “perroflautas”, de estar subordinado a las consignas del Partido Comunista (cuando no). La diferencia, en el caso de que así fuera, es que este partido tiene una sensibilidad de la cual carecen el gobierno, los banqueros que llevan a la ruina al país, un rey que se va de caza mientras el país se desmorona, y una clase política cobarde y oportunista que solo está atenta a la salud de su cuenta corriente. 

Podrán ustedes desalojar mil veces nuestras calles y nuestras plazas, podrán aplicarnos leyes de los tiempos en que un solo hombre, desde el Palacio de El Pardo, tiranizaba, más que gobernaba, a un país aterrorizado; podrán ustedes restablecer la pena de muerte, la Ley de Bandidaje y Terrorismo, los “estados de excepción” en los que se cazaba al activo sindicalista como el que caza un elefante en la sabana de Botswana; podrán cosernos los párpados, quebrarnos los huesos, amputarnos las piernas y los brazos; podrán incluso amordazarnos… Pero lo que no conseguirán jamás es silenciar nuestros gritos de rebeldía, que viajan en el tiempo desde la más lejana antigüedad.

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