Arte como mercancía. Qué es el arte, 11

Salvador Dalí se enriqueció con su obra, pero su éxito no surgió sólo de su trabajo. Su capacidad de transformarse en un personaje mediático, cultivando la provocación y la extravagancia, le permitió trascender el ámbito de la creación artística, accediendo a un público que hasta entonces no había mostrado interés por las manifestaciones estéticas.

Demostró un extraordinario olfato comercial, adaptándose a las exigencias del mercado. Excelente dibujante, creó el método “paranoico-crítico”, que pretendía sistematizar la confusión, estimulando las asociaciones delirantes. La atmósfera onírica de sus cuadros obtuvo una excelente acogida. Próximo al universo del cómic, se mostró mucho más conservador que otros autores menos preocupados por los aspectos crematísticos. Durante su estancia en París, su afán de acumular dinero le granjeó el apodo de “AvidaDolars”, que le agradó hasta el extremo de transformarlo en lema personal. El fenómeno del artista millonario refleja el devenir del arte en la sociedad de consumo. El destino de algunos cuadros ya no son los museos ni las colecciones particulares, sino las cámaras acorazadas de bancos que invierten sus ganancias en obras de arte.

El arte pop surgió en Estados Unidos a finales de 1950. Un artículo de Lawrence Alloway titulado Las artes y los medios de masas (1958) establecía los principios de un estilo que incorporaba al arte la publicidad gráfica, las revistas en color, los muebles y, en general, los productos de consumo. Andy Warhol y Roy Lichtenstein se inspiraron en el cómic y el cine para realizar su obra. Esta ampliación del concepto de arte propició que los diseñadores de moda o interiores comenzaran a considerarse como creativos. La exposición de las creaciones de Pertegaz en el Museo Reina Sofía de Madrid confirma que la moda ya pertenece al territorio del arte. Es indiscutible que esta consideración no puede aplicarse a cualquier modisto, pero sería absurdo negar que los objetos de la sociedad de consumo puedan trascender su condición de mercancías gracias al diseño o a su simple descontextualización. Es una paradoja que Van Gogh o Modigliani conocieran la miseria y la indiferencia y que tras su muerte su obra haya adquirido un valor material incalculable. En este caso, el mercado ha corregido una injusticia o, como dirían los antiguos, ha hecho “justicia poética”.

*Rafael Narbona 

 

 

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