Arte para curar el espanto de la historia

Por Fabiola Calvo. LQSomos.

“El detenido desaparecido como que no aparece en los relatos, no era algo fácil de acceder, siempre estaba en la clandestinidad o en pequeños círculos, en el ámbito doméstico, en ocasiones especiales”

Cada rincón de Colombia tiene una historia, un espacio, un cuerpo, un espíritu, una comunidad, una huella en el río, la montaña, la llanura atravesada por este largo conflicto armado que se recrudece pese a la firma de Acuerdos y al grito de paz de una nueva generación.

En la llamada Perla del Otún, visité el Museo de Arte de Pereira, me encontré con “Asimetría de fuerzas”, una exposición de vida, dolor, nostalgia, una catarsis de Jenny Toro Salas (1989), que ella describió como “un trabajo con el cuerpo en el que descubrí que había memoria en mí, pero estaba inconsciente, me habitaba y me afectaba”.

Conversando con la autora, mientras miraba y me atravesaba su arte, entendí la mezquindad de quienes han ostentado el poder político al revictimizar ocultando los hechos, los símbolos, las circunstancias.

La artista que trabaja performance, recurrió a una expresión que no fuese volátil “necesitaba un objeto material, levantar un archivo que fuera algo más palpable. Fue un proceso lento que vino de sueños, de intuiciones. Empecé abordar íconos de las izquierdas, símbolos obsoletos y muy cerrados, empecé a que me traspasara pese al estigma, peso y carga histórica que tenían”.

Jenny Toro Salas es una artista visual dedicada al performance, formada en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires, Argentina. A través de su trabajo busca señalar las relaciones existentes entre cuerpo, poder, violencia y archivo, al poner de manifiesto los modos como dichas tensiones atraviesan su propia memoria corporal. Empezó a trabajar con la hoz y el martillo y “en esa búsqueda de memoria encontré que no hay tantas imágenes, ni en archivos nacionales, es como si estas imágenes estuviesen borradas”, lo cual hizo más lento el trabajo que duró años, pero que se fue profundizando.

Mientras investigaba seguía trabajando con performance, lo hizo con ladrillos atados a los pies, en la Plaza de la Memoria de Buenos Aires. “Me llamó mucho la atención, en Argentina y Chile, a personas, luego desaparecidas, les ataban objetos para tirarlos al río”. Un familiar de Jenny, su tío Juan, es un desaparecido. En su obra aparece en una fosa común, debajo de una losa como una forma de borramiento y revictimización

“El detenido desaparecido como que no aparece en los relatos, no era algo fácil de acceder, siempre estaba en la clandestinidad o en pequeños círculos, en el ámbito doméstico, en ocasiones especiales”. Con una calavera en un bordado intenta retratar la desaparición.

Buscó sobre la vida de su familia y participación en la militancia de izquierda, en el conflicto armado sin dejar de bordar sobre un vestido militar que se encontró en una feria de ropa de segunda, una prenda que no sabe el país de origen. “A mí los vestidos militares me generaban una atracción y un rechazo a la vez”.

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@fabicalvoocampo

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