Así, no: golpe de estado en Venezuela

Nònimo Lustre. LQS. Mayo 2019

El golpe fue una colosal chapuza lo cual nos inclinaría a pensar que los gringos han olvidado sus señas de identidad

Si usted ve que, al amanecer, un señor con traje pero sin corbata anuncia ante las cámaras que va a derrocar al Presidente y el espectador observa que para tomar tan tremebunda decisión se apoya en una decena de sargentos armados que le guardan las espaldas, usted deducirá que el señor de civil está intentando dar un golpe de Estado militar. Correcta deducción que se confirmará si usted sabe que ese mismo señor de civil perpetró hace meses su propio y bastante estrambótico golpe de estado civil auto-juramentándose en una calle como Presidente de su país –eso sí, presidente interino, encargado, etc.

Llamemos a las cosas por su nombre: durante las dos o tres últimas décadas, Venezuela ha padecido varios golpes de Estado militares y algunos, semiciviles. Para no remontarnos en el tiempo, nos limitaremos al (fracasado) levantamiento militar que encabezó el primer Chávez (04.II.1992) y, saltándome alguna asonada menor, seguiremos con el golpe que el mismo Chávez, ya Presidente constitucional, sufrió el 11.abril.2002 y así sucesivamente hasta los dos últimos de Juan Guaidó (23.enero y 30.abril.2019), civil el primero y militar este último. En los siguientes párrafos vamos a analizar los acontecimientos de ese día; un Golpe Militar con todas las características que definen esa clase de golpe de Estado aunque, para las derechonas de toda laya y todo país, no ha sido ni golpe ni militar –sólo les ha faltado decir que tampoco existe Venezuela-.

Para que no haya dudas sobre la ideología, opinión e información de quien suscribe, subrayo que escribo desde un izquierdismo irredento, que he vivido en Altamira, epicentro de la protestas de la oposición a Maduro –usurpador le llaman- y que, hoy, no voy a discutir si el madurismo es una dictadura o un socialismo salvífico. Menos voy a plantear si el madurismo es una forma de chavismo. Asimismo, tampoco voy a discutir si Guaidó –el guasón, white dog, según los maduristas- es un invento de los gringos o el único oligarca que puede arreglar el evidentísimo deterioro material y espiritual de aquel país. Me limitaré a confesar una opinión personal que puede sonar a dogma: la oligarquía venezolana es tan opulenta, injusta, engreída, cruel, clasista, ignorante e inhumana como cualquier otra oligarquía -es decir, mucho. Pero intentaré que esta única declaración de principios no contamine la siguiente narrativa sobre los hechos nudos del golpe militar del 30 de abril.

1. LA CHAPUZA DEL 30 ABRIL

La Carlota, teatro del absurdo

La base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, sede de la Aviación Bolivariana, es un espacio de 103 Has. sito en el mero centro de la Caracas del Este –la mitad rica-. Durante décadas, sirvió de garaje y pista para las avionetas de la oligarquía criolla pero, desde 2005, está cerrada para el tráfico civil. Ahora sólo la utilizan helicópteros y aviones militares medianos que no necesitan una pista larga –aun así, es una pista peligrosa, lo sé por propia experiencia-. Existen innumerables proyectos para convertirla en el gran pulmón de Caracas –el nonato Parque Bolívar-, siendo los más conocidos los firmados por el ilustre arquitecto Fruto Vivas. Mientras se retiran (o no) los aviones, de tarde en tarde se aprovecha para conciertos pop –Shakira, Lady Gaga, etc.

La propaganda mundial de los media insistió desde el amanecer del 30.abril en que Guaidó y López hablaban desde La Carlota. Incluso, avanzada la mañana, los golpistas difundieron en las redes sociales este anuncio:

Irresponsabilidad y mentira en grado sumo: cuando hay tiroteos, es irresponsable pedir a la gente que salga a la calle. Además, era mentira que Guaidó hubiera entrado en la base militar La Carlota.

Pero, poco después del amanecer, se hizo evidente que Guaidó+López nunca consiguieron entrar en La Carlota. Algún chismoso debió convencer al remoto muñidor del golpe, el anciano judío y genocida Elliott Abrams, special envoy de Trump (1), de que ese desastrado dúo tenía cómplices en el interior de la base aérea pero, si lo intentaron –extremo del que tengo serias dudas-, la realidad les dio con la puerta en las narices. Las siguientes imágenes nos llegaron cuando la heroica comitiva cívico-militar se aposentó en un puente cercano a La Carlota, el llamado Distribuidor Altamira y cualquiera que haya pasado un rato en Caracas sabría distinguir el engaño manifiesto –pero ya sabemos que los media son de más del “calumnia calumnia que algo queda”. Vimos cómo los soldados -constitucionalistas habría que decir- que defendían La Carlota disparaban unas pocas granadas lacrimógenas y unos cuantos tiritos al aire que, pese a estar a cien metros del puente, no causaron heridos entre los golpistas del brazalete azul –tiros al aire que los media atribuyen en exclusiva a los angelicales milicos golpistas.

Pues bien, en el colmo del delirio, antes de emigrar a su rincón natural en la cercana plaza de Altamira, los golpistas insistieron durante parte de la mañana en que los caraqueños debían “rodear La Carlota”. ¿Rodear una elipse de 103 Has? Creo que los gringos de ‘detrás del trono’ no tenían ni un mapa escolar de Caracas. O bien que los correveidiles criollos les convencieron de que La Carlota era una minúscula habichuela con un enorme valor simbólico y estratégico. Ahora bien, es cierto que, durante el resto de la mañana, grupos de aguerridos manifestantes lograron derrumbar unos metros de la verja que rodea la base llegando a ingresar a un edificio menor al que prendieron fuego: que los soldados no les acribillaran ni siquiera hirieran es otra prueba de que el Ejército venezolano se contuvo más de lo habitual en cualquier ejército. Dicho sea sin olvidar que, durante las guarimbas o manifas del 2017, vimos una escena escalofriante en el mismo escenario: un muchacho que intentaba saltar la verja, fue disparado en el tórax a bocajarro muriendo en el acto –por cierto, dicen los media que en aquellas guarimbas murieron más de cien personas… pero ocultan que muchas eran chavistas.

En cuanto a la intendencia de la panda golpista, creo que un par de fotos de Rayner Peña para EFE hacen innecesario cualquier estudio de la delirante improvisación tropical que presidió el golpe:

Cintas de ametralladora trasladadas en una caja de fruta a punto de desfondarse
Improvisación culinaria: entre las balas, unas manos de cambures –que se comen crudos- que quizás no sean de cambures sino de plátanos machos –incomestibles crudos- en cuyo caso no son el mejor rancho de combate

Rusia y Cuba

El golpe fue una colosal chapuza lo cual nos inclinaría a pensar que los gringos han olvidado sus señas de identidad. Dicho con una muñeira, “si es que non podes o es que non sabes / o es que has perdido as habilidades”. Pero, menudos son los gringos para reconocer sus errores. ¿Qué solución han encontrado para disimular su fracaso?: que estuvieron a un tris de triunfar, que ya lo tenían apalabrado el derrocamiento de Maduro con Padrino López, el jefe de las fuerzas armadas, y con dos o tres altas autoridades más pero… Pero que Rusia impidió que Maduro subiera al avión con destino a Cuba que le habían preparado. ¿Pruebas a favor de ese chisme?: ninguna. ¿Pruebas en contra?: que los supuestos conspiradores defendieron a Maduro como un solo hombre. Además, los gringos olvidaron que ese general en jefe se llama Vladimir y que los militares no van a dar ningún golpe –al menos, como dijo Chávez, “por ahora”- por la sencilla razón de que son ellos los que gobiernan Venezuela.

Pero, por si esa solución se quedaba corta o duraba poco tiempo, nada mejor que recurrir a la guerra fría en el trópico y desempolvar la espina Cuba. Comprendo que la gerontocracia que revolotea alrededor de Trump –i.e., Abrams-, tenga nostalgia de aquellos años 1960’s y 1970’s en los que, de golpe en golpe, se hicieron de oro pero alguien debería recordarles que eso fue cuando eran jóvenes sedientos de sangre y de dólares –o, al menos, informarles que aquella China no es la de hoy-. El caso es que, en el acelere del dislate, Trump engordó a los media acusando a Cuba haber enviado tropas a Venezuela y ojito que él lo sabe todo. Pues sí, sabe –igual que sabemos todos- que, para paliar la diáspora de los profesionales de la salud, en Venezuela hay desde hace añales cientos de médicos cubanos y, claro, alguno/a será también militar, digo yo.

Por cierto, Guaidó interiorizó tan profundamente la fantasía ¿inducida? de que las fuerzas armadas estaban con él, que horas y un día después de haberse demostrado que nanay del nanay, sigue repitiendo que “las fuerzas armadas no respaldan al Presidente usurpador” sino que están con el pueblo -o sea, Él. Dicho en criollo y en cheli: se ha rayado.

2. LO PRÓXIMO: ¿CHAPUZA, GENOCIDIO O LIBERACIÓN?

El mundo entero sabe que los gringos volverán a fabricar otro golpe de Estado; al menos, hasta que a los chinos se les hinche la coleta de mandarín o de culí. En ese sentido, vayan algunos detalles que adornarán el futuro:

Guaidó, el pobre y López, el rico

En Venezuela, es fama que Guaidó y López no se llevan personalmente nada bien. Es un chisme plausible puesto que López es el jefe del partido Voluntad Popular (VP) y Guaidó es uno de sus subordinados. Pero, ahora este subalterno ha sido encumbrado por los gringos y podemos maliciar que desea saltar por encima de su jefe. Pero la mala sintonía entre ellos, de existir, tendría motivos más profundos –léase, de clase: Guaidó es hijo de la nonata clase media-baja venezolana mientras que Leopoldo López Jr. es alta oligarquía pura y dura porque su madre pertenece a un clan, los Mendoza, que son dueños de medio país –los Cisneros son los dueños del otro medio.

Después de vagar por varios otros partidos, López fundó VP en el año 2009. Guaidó fue uno de sus primeros militantes y probablemente fue contratado más por su ambición juvenil que por una experiencia política que, por su corta edad, brillaba por su ausencia. Con el paso de (pocos) años, López cayó preso, primero en Ramo Verde, una cárcel militar nada rigurosa y, después en arresto domiciliario. El martes 30 abril, cuando fue “liberado” por Guaidó, pudimos ver en las pantallas grandes o chicas que López estaba mustio, poco decidor y hasta un poco molesto, quizá no sólo porque estaba a la sombra de Guaidó sino también porque le habían sacado de su mansión a horas intempestivas. En todo caso, parecía un alma en pena. Daba una imagen muy alejada de la eufórica que se le supone a un preso recién liberado.

Horas después de una de las asonadas más grotescas de las muchas que ha sufrido la Venezuela bolivariana, López se refugió en la Embajada de Chile donde duró pocas horas. ¿Por qué salió de esa embajada y, arriesgándose a un trayecto nocturno por unas calles siempre peligrosas y más aún con los tiroteos todavía calentitos, se dirigió a la embajada de España? Pues quizá porque en la embajada chilena estaban asilados desde hace meses Freddy Guevara –otro de sus cuadros VP- y R.E., el jefe de Copei, la provecta democracia cristiana criolla. Pudiera ser que López no les cuente entre sus amigos preferidos o pudiera ser por otro motivo. Cualquiera menos el que adujo Chile: que López es “de ascendencia española”, un aserto ridículo que no merece comentario.

Sea como fuere, López ha cambiado el confort de su mansión por unas habitaciones en una embajada. Desde su casa, López podía dar recibir y hasta conceder entrevistas a tútili mundachi (dicho en criollo) y ahora dependerá de la hospitalidad española –la misma que ha nombrado a su padre candidato del PP a las próximas elecciones europeas. El panorama no parece demasiado halagüeño así que debemos preguntarnos: ¿se cambió o lo cambiaron? ¿Será que el plebeyo Guaidó le madrugó, literal y políticamente? Veremos…

El siguiente golpe de Estado

El personal se pregunta por qué Maduro no mete preso a Guaidó. El personal responde: Maduro está feliz manteniendo libre a un zoquete metepatas; Maduro puede pensar “Este aspirante a sifrino* (pijo), a veces se me pone malandrito pero le perdono”. Es más, dos meses después de su auto-juramentación como Presidente-lo-que-sea, Maduro protege a Guaidó et pour cause. Pero, si yo fuera el Presidente-a-secas, yo temería que Trump se canse de la torpeza de su pupilo Guaidó y le elimine con un vil atentado que soliviantaría al pueblo y que, automáticamente, endilgaría a Maduro.
Semejante operación no carece de riesgos por lo que colijo que, si Trump no la está evaluando, es porque también debe estar harto de Elliott Abrams, el virrey encargado de saquear el petróleo venezolano quien, obviamente, es el manijero a pie de obra de las últimas meteduras de pata de Guaidó. Con estos antecedentes, Trump no puede encargar un vil atentado a Abrams pero, si Abrams desaparece de los medios, es posible que esté siendo sustituido por otro serial killer, quizá más joven. Por ende: por favor, Abrams, quiero verte en la tele.

Olvidando por ahora estas maniobras en la oscuridad, gana enteros el rumor de que Blackwater está preparándose para atacar Venezuela. Pudiera ser. Desde antes de Guaidó, se especulaba con la posibilidad de que Venezuela fuera invadida por paracos colombianos –paramilitares; o sea, asesinos muy experimentados-. Pudiera ser pero me inclino más por privatizar la agresión controlándola no con Bogotá como intermediaria sino directamente desde los USA. Es decir, pagando el trabajo a Academi (antes Xe, antes Blackwater) quien no por casualidad es la empresa de asesinos más apreciada por el Pentágono y por Washington.

Por ahora, sólo sabemos que Academi ha negado que Venezuela entre en sus planes de expansión lo cual es una poderosa razón para suponer que ya está en ellos. Más aún, se dice que el presupuesto firmado con Trump asciende a 40 millones US$, una cifra que, siendo escandalosamente baja, puede ser simplemente ese primer desembolso que crece y crece a medida que arrecia la guerra. Sobra añadir que los mercenarios de Academi que invadan Venezuela no serán gringos de nación y de pelaje sino, según las palabras de esa vomitiva empresa, “peruanos, ecuatorianos y colombianos”.

Notas:
1.- Un serial killer camino de Caracas, ¿piensa en Noriega o en algo peor?
*.- Dicho de una persona, que ostentosamente pertenece o simula pertenecer a una clase social pudiente

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