Redacción. LQS. Noviembre 2018

Si en las ciudades, el miedo a reivindicar sus muertos se ha ido venciendo, hasta ser hoy una exigencia constante de hacer justicia y luchar contra el olvido, en muchos de los pueblos pequeños de España, todavía se ha impuesto la ley del silencio y el olvido

El pasado 3 de noviembre en el pueblo de Ayora, se celebró un acto que sin duda entrará en la historia de este pueblo valenciano. Por primera vez y después de casi 80 años se pudo homenajear a través de un acto por la recuperación de la memoria histórica convocado por Izquierda Unida y algunos vecinos, a los represaliados por el franquismo en los años posteriores al golpe militar del 36.
Fueron cerca de 80 años de silencio, de ocultar nombres, historias y comportamientos heroicos de aquellos hombres y mujeres que por permanecer fieles al gobierno legalmente constituido de la República sufrieron la represión y fueron fusilados en los meses posteriores al golpe: maestros, jornaleros, trabajadores y concejales del ayuntamiento durante aquellos años, cayeron bajo las balas franquistas en las tapias del cementerio del pueblo (9 vecinos) y otros (más de 20 vecinos) fueron llevados a Valencia para ser fusilados y sepultados en las fosas del cementerio de Paterna recientemente abiertas.

Si en las ciudades, el miedo a reivindicar sus muertos se ha ido venciendo, hasta ser hoy una exigencia constante de hacer justicia y luchar contra el olvido, en muchos de los pueblos pequeños de España, todavía se ha impuesto la ley del silencio y el olvido.
Lo ocurrido el día 3 de noviembre en Ayora abre una puerta a esa recuperación que busca hacer justicia. Ante el temor a que los vecinos no quisieran significarse y no acudieran al acto, los organizadores se encontraron con un auditorio lleno de ayorinos, dispuestos, por fin, a reivindicar a sus abuelos, a sus padres y a sus familiares, sin miedo y con dignidad.

Intervinieron en el acto varios vecinos y a continuación se proyectó el corto documental “La cámara de la cárcel de Carabanchel” dirigido por Susana Martins que contó como se realizó el documental y con la presencia entre otros en el escenario de Luis Roncero Doña, uno de los protagonistas del documental y que por estar preso en dicha cárcel pudo contar de primera mano como era la represión y la vida carcelaria en los años del franquismo. Hubo un coloquio con los asistentes en el que también participaron el guionista y el músico del documental, en el que habló abiertamente sobre lo que fue el franquismo, y se reivindicó la recuperación de la memoria histórica, celebrando entre todos que por fin se sacase a luz la verdad y la dignidad tantos años silenciada por el miedo.

El acto lo cerró una actuación solidaria del grupo Suburbano.

En la antesala del auditorio se montó una exposición con las fotos de los fusilados, la carta de despedida de uno de ellos a sus familiares, actas de los juicios sumarios y notificaciones de los fusilamientos, así como páginas de la revista “Cultura” que se editó en el pueblo durante la República. Se vivieron momentos de gran emoción al poder ver todo este material recuperado del olvido por los organizadores y algunos vecinos.

Todos los asistentes e invitados salieron de allí con la convicción de la importancia de celebrar actos de estas características en los pueblos pequeños de nuestra geografía para sacar a la luz y reivindicar la reparación, la justicia y el poder desenterrar la digna memoria de todos aquellos a los que les robaron sus vidas por querer defender la legalidad republicana frente al golpe militar.

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