Cabreo generacional

memo267Lilith Rojo*. LQSomos. Abril 2015

Me hallaba en el Memorial Democràtic en una mesa redonda bajo el título “Las vigencias de las leyes de amnistía y punto y final en la Guerra Civil y la dictadura franquista”, dispuesta, que no predispuesta, a vivir una tarde de indignación. Me acerqué al acto con cierta curiosidad debido a la proximidad de las campañas electorales para ver los posicionamientos políticos de las diferentes fuerzas presentes, todas alimentadas por nuestros bolsillos. Un acto poco común dentro de un marco institucional, pues no es fácil poner sobre la mesa una ley que casi nadie quiere diseccionar, sobre todo sus artífices y/o benefactores por si les salpica la sangre, que aún no se ha secado como sostienen ellos.

La mesa quedó eclipsada por la señora Meritxell Batet del PSC que provocó que los presentes, que no tenían el disgusto de conocerla, acudieran a sus móviles a buscar la filiación de tal diputada, pues pensaron que en un acto de valentía alguien de Ciutadans o del PP había tenido el coraje para sentarse ante el micro y aún más, ante un público atónito tras el discurso de semejante anomalía política. Hago un inciso para decirle a los miembros del PP que no tienen de qué preocuparse pues estuvieron muy bien representados por su compañera consorte. Esta política del PSC es quien tiene el mandato de Pedro Sánchez de encargarse de coordinar el programa electoral de los nacionales, perdón quería decir las, en 2015.

Con estos mimbres puede ser que la memoria histórica no tenga ni una línea y si la tiene será en contra de la verdad, la justicia y la reparación y a favor del revisionismo de la Transición. Al final, si tal como rumorean los mentideros de la derecha, su marido se encarga del programa del PP nunca tendrá más sentido aquello de que “todo queda en casa”. Pues bien, Batet se mantuvo como esfinge egipcia, sin mostrar ninguna empatía con el público presente, haciendo su discurso, gustándose en su discurso, robando tiempo a sus compañeros de mesa con su discurso, dejando sin espacio a la jurista experta en derecho internacional, que fue la más interesante de las intervenciones, sin duda alguna. Esta mal llamada socialista al más puro estilo Lucena, recuerden lo de la estática y la dinámica (1), nada estético, acaparó toda la atención de las intervenciones de los asistentes como público en la sala, pues todos caímos en su provocación, incluida servidora, que no tenía intención de hacerlo, pero es que la indignación es débil.

La señora Batet se despachó a su gusto ensalzando la gloriosa Ley de Amnistía del 77, que para ella todavía no está suficientemente bien ponderada y que debe ser aupada a altares mayores. Empezó con la consabida muletilla de que esta es una ley promulgada por los partidos de izquierda siendo una victoria de los antifranquistas y que los más ilusionados por su nacimiento fueron los socialistas, debería haber dicho el nuevo aparato del PSOE, subvencionado por americanos y alemanes. Siguió con una frase demoledora llamándonos tontos a la cara: “no hay que convertir en derrota lo que fue una victoria”. Para echarnos al rostro nuestro descontento nos ilustró con la existencia de hemerotecas donde, según ella, queda demostrada que la aceptación de la ley fue clamorosa y un estallido de júbilo por doquier. Se envalentonó tanto que no pudo evitar decirnos que en Sevilla se coreaba, llibertat, amnistia, estatut d’autonomia, en catalán oiga, pues eso, que se le dio a la gente lo que pedía tan políglotamente.

Nos sacó el CIS como tablas de la ley llevándoselo a su terreno, qué raro que se cocinen las estadísticas a favor de fogón, diciéndonos que los mayores de 55 años al preguntárseles en que bando estuvieron sus antecesores biológicos respondieron: el 24% que al nacional y el 25% en el republicano. No se sabe que pasó con el 51% restante que también debería entrar en el análisis. Siguió con el dato siguiente: cuando la misma pregunta se trasladó a la población de 18 a 24 años el tanto por ciento que respondía nacional era del 11% y el 24,8% republicano. La conclusión que extrae la señora Batet es que el bando republicano está socialmente reconocido mientras que los del bando nacional no y por eso baja el tanto por ciento, qué más queremos. El dato frío es muy traicionero, por eso aconsejo a todo el mundo que consulte, después de tomarse una tila, este CIS del 2008 (2), no tanto por los porcentajes si no por las posibles respuestas que ofrece. En la línea de dichas respuestas Batet olvidó comentar un dato de este mismo CIS en el que se demuestra que el franquismo sociológico sigue vivo por falta de ruptura democrática, de verdad y de justicia, pues a una de las preguntas el 58% respondió que el franquismo hizo cosas buenas y cosas malas. Aquí se me encienden las alarmas pues en el año 2000, el barómetro “25 años después” (3), no se especifica si de Cristo o de Franco, por no llamarlo de paz soberana por una cuestión aritmética, esa misma respuesta solo la escogió el 46%. Eso quiere decir que el franquismo por no estar condenado y clasificado como un régimen genocida pasa a tener mejor consideración 9 años después.

La señora Batet se iba viniendo arriba ante el mosqueo y conmoción del respetable y nos clavó la puntilla sentenciando que la Transición había sido la etapa más brillante de la historia de España y que no había que renegar de ella porque había sentado las bases de la democracia actual, quizá es donde han sentado y apoltronado sus posaderas señorías de todas las calañas. Y no se le movió ni una ceja.

Para rematar la faena acudió a los clásicos sacando a Camacho de su tumba, como diácono de la reconciliación, para enlazarlo sin sutilidad alguna con que ni la sociedad ni ningún partido reclamó la persecución jurídica de los represores. Pues señora Batet, la memoria es plural y los que reclamamos justicia también. Que el PP y el PSOE saquen a pasear los muertos del PCE como perritos de concurso es totalmente indigno. En este punto a mí no me representa ni el señor Camacho, ni sus siglas, ni el invento de la sopa de ajo de la “reconciliación nacional”, que tan bien les viene remover en el puchero bipartidista. Y como guinda la Ley de la Memoria que ensalzó como culmen de un camino de reconocimiento profundizando en los derechos de los perdedores, palabra de Batet.

Ella invitó a mirar el futuro y nos dijo que debíamos hacerlo con los ojos de Santos Juliá, ese nuevo santo de los altares transicionales y transaccionales, bajo las premisas silencio, amnesia, como él dice: echar al olvido. Porque según el tándem Juliá-Batet la respuesta es dejar conscientemente de lado ciertas cuestiones, ganar el futuro no el pasado. Porque según la diputada del PSC juzgar la Transición con los ojos de hoy es hacernos trampas y nos lo dijo con la condescendencia de quien da un consejo a menores de edad mental que carecen de discernimiento y conocimiento.

Y cuando ya pensamos que la cosa no podía ir a peor, pues dábamos su mísera obra por conclusa, ella, en la cima de la montaña nevada enarbolando la memo82bandera de sus padres políticos, que no de sus abuelos, los del PSOE de Iglesias, que hubieran muerto de estupor al oírla. Pues eso, que se nos vino arriba de tal manera que se atrevió a contarnos una historia a lo Samaniego con su moraleja y todo. Para ello se trasladó a la ciudad de Atenas 400 años A.C. diciéndonos que por aquellos tiempos se impuso una dictadura y que cuando se libraron de ella decidieron acabar físicamente con los que la dirigieron y que al poco tiempo eso trajo como consecuencia una nueva dictadura… pero como en Atenas eran muy listos aprendieron la lección y cuando acabó esa dictadura hicieron una amnistía y que a resultas de tan sabia decisión fueron felices y comieron perdices. A mí nadie me había explicado de esa manera las guerras del Peloponeso entre espartanos y atenienses, pero siempre acaba uno sorprendiéndose de lo que puede llegar a oír. No sé si era una explicación o una advertencia ante la Querella Argentina y las órdenes de extradición, que no nombró en ningún momento de su exposición. Pero amenazar con ruido de sables a estas alturas debería avergonzarles, así ganaron su mayoría absoluta tras la obra del 23-F, pero creo que a estas alturas ya no estamos para zarzuelas.

Quizá ni fui inteligente, ni efectiva en mi intervención cuando llegó el turno de micro al público, casi nunca suelo hablar pero me pudo la víscera. Era la quinta y los que me precedieron tuvieron el mismo objetivo: la diputada del PSC. Llevada más por la indignación fruto de estar en poder de la razón e instalada a mi pesar en el trágala de su monárquico tránsito, me bajé del tono más frío, que es el que se merecía, pues parece que nuestra indignación les alimenta. Le espeté que no podía mirar al futuro, hit parade de la noche, porque el pasado no me dejaba, ya que ese pasado estaba y es presente. Seguí diciéndole que como atea todo tema de perdón, de reconciliación, de hermanamiento en términos casi religiosos no me interesaba en absoluto, que lo que yo esperaba de una sociedad democrática eran soluciones jurídicas, justicia con mayúscula. Y rematé diciendo que como bisnieta, nieta e hija de represaliados del franquismo procuraría transmitir mi lucha a la siguiente generación para buscar una respuesta satisfactoria a nuestras reclamaciones de verdad, justicia y reparación. Siguió cual esfinge mirándome impertérrita.

Al rematar el acto fuimos a felicitar a la experta en derecho internacional que nos ilustró sobre como saltarse la Ley de Amnistía, simplemente obviándola nos dijo. Ella me comentó “tú tienes trauma generacional”, está ya estudiado. A lo que yo le dije que yo lo que tenía era cabreo generacional. Una indignación por el robo de derechos y por la aprobación de leyes de silencio como la reciente Ley Mordaza. Y un cabreo político monumental por tener que soportar una y otra vez estos discursos del partido socialista que superan al PP en desprecio, pues en su boca son todavía más hirientes. Con todos los respetos, yo no tengo trauma de víctima porque tuve la suerte de nacer en una casa sin autocensura, donde la represión no se vivió desde el dolor y el duelo sino desde el ejemplo y el reconocimiento y con un espíritu de lucha que mamé con orgullo y que sigue vivo. Porque lo que no entienden muchos es que no reclamamos solo justicia para las víctimas sino también para sus valores y reivindicaciones contra los mismos perros que con diferentes collares nos siguen pisando. Lo que siguen ignorando en su ceguera es que como siempre en abril florecen esas ideas a pesar de las negras tormentas y los aguaceros del último parte de guerra, que no fue en el cuarto mes del calendario por casualidad sino por causalidad: la de recordarnos que el único abril a partir de entonces sería el suyo y el de sus herederos. Y aunque así haya sido hasta la fecha, eso no nos asusta, ahora quizá en esa defensa numantina de la transición, los sitiados y atemorizados sean ellos, ante la incomprensión de la sociedad de lo que resulta tan inexplicable como inaceptable, ante la presión de los organismos oficiales internacionales.

Notas:
1.- Lucena no se luce
2.- 2760/0 Memorias de la guerra civil y el franquismo
3.- Ficha del estudio. 25 años después

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Un comentario sobre “Cabreo generacional

  • el 14 abril, 2015 a las 11:14
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    Yo ya opto por no escucharles directamente, no aportan nada.
    Lo que no entiendo es quien invita en estos actos a esta gente, que con sus hechos se han convertido en cómplices del genocidio franquista. ¡Viva la República!

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