Camilo, vamos avanzando

Nicolás Rodríguez Bautista*. LQAS. Febrero 2021

Se han cumplido 55 años de la muerte de Camilo Torres. Murió el 15 de febrero de 1966 en su primer combate, en San Vicente del Chucurí, departamento de Santander en Colombia…

El final de la década del 50 y los años sesenta del siglo pasado se llenaron de acontecimientos políticos que tenían al centro la agitación de masas, las juventudes progresistas y revolucionarias asumieron el triunfo de la revolución cubana como la confirmación cierta en las posibilidades de cambios sociales, que ya se percibían por las recientes revoluciones en China, la Unión Soviética, Argelia y la respuesta heroica del pueblo vietnamita a la intervención imperialista de Estados Unidos (EEUU) en esa nación de Indochina.

Por su parte los imperialistas de EEUU prendieron las alarmas con el triunfo de los guerrilleros cubanos porque sintieron amenazado su “patio trasero”; por ello sus agentes se afanaban para prevenir a sus aliados, a Colombia llegó el General Yarborough Comandante de las Fuerzas Especiales de los Marines para advertirlos del peligro del comunismo e instruirlos en cómo enfrentarlo, por medio de la creación de fuerzas paramilitares como brazo clandestino que apoyara a las Fuerzas Armadas (FFAA) en esta Guerra antisubversiva.

El naciente Ejército de Liberación Nacional (ELN) canalizaba la inconformidad popular junto a las también nacientes guerrillas de las FARC y el EPL. Los guerrilleros que insurgían en el continente veían a Cuba como ejemplo, era un momento en que aparecían en México, Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Brasil, Venezuela, Perú, Bolivia, Uruguay, Argentina y Colombia.

Las luchas estudiantiles por cambios radicales en la educación en desacuerdo con los enfoques trazados por la Iglesia Católica y el Estado, contagiaban y coincidían con los del sindicalismo de izquierda, los sectores populares y los campesinos que luchaban por la tierra.

En este interesante contexto aparece en Colombia Camilo Torres como fenómeno político revolucionario cristiano, que se erige primero como dirigente popular y guerrillero después. Mientras Camilo crecía como dirigente popular la jerarquía eclesiástica buscaba deslindarse de sus acciones de cristiano revolucionario, que ascendían a grandes saltos porque la lucha insurgente lo impactaba con fuerza a él y a las juventudes revolucionarias que lo seguían.

En los albores de 1965 él estrechó la relación con los dirigentes estudiantiles, hizo que las confianzas fueran suficientes para que Camilo conociera la disposición de la comandancia del ELN para conversar con él y sin dudarlo se dispuso a concretar un primer encuentro.

Desde Bogotá la Red urbana del ELN lo trasladó a Bucaramanga de donde lo llevaron hasta San Vicente de Chucurí y luego a un improvisado campamento de Fabio y Manuel Vásquez en la vereda La Fortuna, con quienes se encontró en una clara y calurosa noche típica del Magdalena Medio; Camilo se asombró al encontrar allí a Manuel, a quien conocía, que apenas hacía un mes se había integrado a la guerrilla rural.

Hablaron hasta el amanecer mientras tomaban café caliente de un viejo termo que un campesino amigo había prestado, sin percatarse siquiera que el gran dirigente de masas y los comandantes guerrilleros entre el aroma del café y el humo de la pipa de Camilo se ponían de acuerdo en un plan que comprendía recorrer las ciudades colombianas, fortalecer el Frente Unido y desarrollar la unidad por la base, debilitando el sectarismo que por esos años se trenzaba en un intercambio de calificativos que rotulaban a unos como comunistas pro chinos, a otros pro soviéticos y a los otros como castristas.

Camilo era consciente de los peligros que lo asechaban, en sus giras por el país ya había forcejeado con la policía para impedir la detención de manifestantes, donde hacía valer su condición de sacerdote para hacerse oír más con razones que por la fuerza.

De La Fortuna partió aquel día sin decir quién era pero nos saludó a la veintena que les brindamos seguridad, como siempre lo hicimos con los compañeros urbanos que iban a contactarse con nuestra guerrilla.

Antes de despedirse, Camilo nos envolvió en una mirada dulce y fraterna para decirnos que “la lucha era en cada palmo del territorio”, que él salía a cumplir tareas importantes en ese sentido y que “pronto volvería a estar entre nosotros”, justo cuando miró al Comandante Fabio este le hizo una seña para que abreviara la despedida y luego de los abrazos cariñosos se nos perdió de vista; entre nosotros quedó el interrogante de quién era este compañero tan jovial y fraterno que hizo esta visita relámpago.

Casi enseguida la Mona Mariela me confidenció que ese hombre alto, robusto, blanco, de ojos claros y de entusiasmo contagioso, era el cura Camilo Torres; como ella me advirtió que no podía divulgar este secreto duré varios días hablando conmigo mismo sobre por qué un cura de los que conocía dando misa, echando sermones, haciendo confesiones y bautizos, ahora aparecía hablando de la lucha popular y arengando a la gente en las plazas, llamándolos a la revolución y que además nos dijera la promesa de que “pronto estaría con nosotros”.

Después de este encuentro las noticias sobre Camilo no paraban, que de Bogotá fue a Tunja, a Cali, Medellín, Montería, Bucaramanga y el resto de capitales de departamentos en donde explicaba el Programa del Frente Unido; la Policía y el Ejército detenía manifestantes, algunos eran agredidos y encarcelados pero el movimiento crecía como bola de nieve, las calles de las ciudades se llenaban de gente humilde y de clase media de todos los matices políticos para escuchar a Camilo, que en sus discursos invitaban a la unidad, a la lucha por la toma del poder y a la revolución.

“La revolución no solo es permitida sino obligatoria para los verdaderos cristianos” dijo una vez y la jerarquía eclesiástica se crispó oyéndolo decir

esta memorable verdad, a la que respondieron con graves acusaciones y descalificaciones de grueso calibre, desde la élite gobernante decían “es un anarquista, un ateo, un loco” y mucho más.

Al observar que el Frente Unido crecía y su periódico se vendía como “pan caliente”, la clase política lo abordada para ofrecerle espacios en los partidos tradicionales que Camilo rechazaba.

Se hizo líder encarnando el sentir del pueblo, entendió la urgencia de la unidad por la base en aquellos tiempos en que los sectarismos campeaban en la izquierda; Camilo tuvo la sabiduría de no tomar partido por ninguna corriente y se decidió por enfocar su acción en quienes se identificaron más con las políticas e ideales del Frente Unido, por esto se acercó al ELN.

En una segunda visita de mediados del 65, llegó a nuestro campamento enclavado en el Cerro de Los Andes, una empinada estribación de la cordillera Oriental que se yergue entre San Vicente de Chucurí y Barrancabermeja.

Nos dijo con más espontaneidad que formalismo que su mayor aspiración revolucionaria era aprender a ser guerrillero, por esos días Camilo había reiterado en varias plazas ante su seguidores que en Colombia estaban cerradas las vías legales para que el pueblo accediera al poder; también le había dicho a la oligarquía que era ella quien definía si entregaba el poder al pueblo de manera pacífica o violenta, llamó a las masas a prepararse para una guerra larga y difícil, cuando afirmó que “ya hemos comenzado porque la lucha es larga”.

La agitación popular contra el Gobierno de Guillermo León Valencia (1962- 1966) llegó a un punto máximo a mediados del 65, crisis que incluyó agudas contradicciones inter oligárquicas que resquebrajaron la cúpula militar, lo que llevó al régimen a tomar la decisión de eliminar a Camilo, sentencia que no se ejecutó porque el militar encargado de asesinarlo no lo hizo y, más bien le advirtió a él que la orden de eliminarlo estaba dada.

Ante esta grave amenaza en octubre Camilo salió de Bogotá y se incorporó a nuestra guerrilla rural convencido que no le iba a “dar el gusto” a la oligarquía de matarlo, como había hecho con el gran líder Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

Cuando Camilo entró a nuestro campamento me dije, éste cura sí es de palabra; aunque siempre estuvo en estrecha relación con el Estado Mayor, se afanaba por estar entre los guerrilleros rasos en los tiempos en que no lo ocupaban los jefes.

Él asumió junto a Manuel Vásquez las sesiones de estudio matutino y vespertino con los guerrilleros, nos clasificaron de acuerdo al nivel de escolaridad para la alfabetización, para entonces no había personal antiguo porque todos teníamos un año de ser guerrilleros.

Con Camilo nos sentíamos en confianza para compartir de manera formal o informal; siempre estaba ocupado, reunido con el Estado Mayor, reunido con otros compañeros, leyendo un libro o aprendiendo el ABC de la vida guerrillera.

Esos meses con nosotros los vivió Camilo con mucha intensidad, vivía a plenitud su nueva experiencia, en especial fundó una confianza enorme con Manuel Vásquez con quien creó un pequeño colectivo junto a Hermidas Ruiz y tres compañeros más, para estudiar y practicar el francés, lengua que Camilo manejaba a la perfección.

Al finalizar octubre subió a hablar con el Estado Mayor un dirigente del Partido Comunista marxista-leninista, Pedro Vásquez Rendón, Camilo para entonces ya lucía una crecida barba que no se la afeitaba y su traje de campaña lo hacía ver muy distinto, tanto que en el segundo día de estar juntos en el mismo campamento Vásquez Rendón no lo reconocía, entonces el Comandante Fabio le dijo que le iba a presentar un amigo, solo entonces cuando se saludaron el dirigente comunista reconoció a Camilo, con quien en varias ocasiones habían compartido al calor de las grandes manifestaciones urbanas de los meses anteriores.

A finales de noviembre el Comandante Fabio me hizo un temario para que le diera instrucción militar a Camilo, con base en el Manual de táctica que trata de actividades defensivas y ofensivas irregulares, y manejo del armamento, para cumplir el cursillo apenas gastamos una semana durante tres horas diarias, debido a la alta capacidad de asimilación que él poseía.

El día que terminamos nos sentamos la veintena de guerrilleros que estábamos en el campamento con Camilo, quien nos habló de manera informal sobre sus sueños y expectativas de capacitarse como guerrillero, para ir a crear las guerrillas en los llanos del Oriente del país, “es volver -nos dijo mientras llenaba de picadura de tabaco su pipa-, a insurreccionar a los llaneros como lo hizo Bolívar”.

En los últimos días de diciembre en Colombia la desaparición de Camilo hacía tejer las más diversas especulaciones, entonces Camilo nos convocó una tarde para explicarnos que no era prudente alargar más la incógnita sobre su paradero, nos pidió opiniones de lo que él debía hacer y escribió en su libreta lo que todos opinamos.

Al día siguiente nos leyó las conclusiones sintetizadas en lo que se llamó la Proclama de Camilo, publicada en la prensa nacional el 7 de enero de 1966, junto a unas fotos que tomó Juanito donde Camilo lee la Proclama al lado de Fabio, Manuel y Víctor Medina acompañados de nosotros los casi 30 guerrilleros que estábamos en ese campamento.

Allí Camilo precisa que se ha incorporado al ELN porque en él encontró los mismos ideales del Frente Unido y que seguirá la lucha con las armas en la mano. Mientras el pueblo respaldó su decisión, le llovieron críticas y condenas

desde la jerarquía de la Iglesia Católica y la clase política se le fue lanza en ristre calificándolo de “jefe de bandoleros”.

Casi de inmediato un fuerte operativo militar enemigo copó la región donde estábamos, por lo que comenzamos un desplazamiento distribuidos en tres escuadras guerrilleras, para evitar chocar con las patrullas del Gobierno; así pasamos el año nuevo de 1966 en movimiento alrededor del Cerro de los Andes, este operativo enemigo lo asimilamos como un nuevo entrenamiento en caliente.

Camilo, Manuel Vásquez, Julio Cesar Cortez, Hermidas Ruíz y dos jóvenes campesinos eran los más recientes incorporados, por lo que los compañeros con más capacidad militar se turnaron para entrenarlos en medio del operativo enemigo.

El 20 de enero planeamos atacar a una patrulla del Ejército que estaba instalada en una casa campesina donde había pobladores, razón por lo que se desechó la acción, todos quedamos con muchas ganas de combatir, en especial Camilo y otros 10 compañeros que habían hecho prácticas para afinar puntería con armas largas y cortas.

En febrero las patrullas enemigas empezaron a retornar a sus cuarteles y vimos en ese movimiento una ventaja para emboscarlos, solo 10 compañeros de los 30 que íbamos a combatir tenían la experiencia en emboscadas, casi todos éramos novatos en esa modalidad operativa y la única experiencia que teníamos era la Toma de Simacota del 7 de enero del 65, donde solo combatió la tercera parte de la guerrilla.

Entre el 7 y 15 de febrero los esfuerzos para resistir fueron muy grandes, un insecto mucho más pequeño que los zancudos hicieron fiesta con todos nosotros hasta hincharnos la cara; acostarse en el suelo sobre un plástico no permite dormir ni descansar y mucho más contando apenas con la mitad de una ración de campaña, por esto el agotamiento era visible pero Camilo nunca perdió su ánimo ni su entusiasmo, en esas noches de larga espera me preguntó por mi vida y mi familia, yo le relaté con lujo de detalles todo lo que mis padres me habían contado sobre La Violencia de las décadas del 40 y el 50.

El sitio escogido para la emboscada era conocido como Patio Cemento a 50 metros de este sitio organizamos un lugar de descanso; a las 5 y 30 de la mañana ya estábamos emboscados, era el 15 de febrero de 1966, la treintena de guerrilleros esperábamos ansiosos el combate.

Jamás pensé que aquel 15 de febrero él fuera a perder su vida, nunca lo imaginé porque todos íbamos seguros del éxito, el impacto de su pérdida fue como cuando una persona muere de repente sin estar enfermo.

Claro, hoy con la experiencia que poseemos todo lo vemos diferente pero por esos años lo que más queríamos todos y en particular Camilo era “graduarnos

de guerrilleros”, y para esto combatir era inaplazable, para él esta era su meta inmediata e indispensable.

Hoy Camilo sigue presente llamando a la unidad por la base, reafirmando que las vías legales para que el pueblo ascienda al poder están cerradas, y que las oligarquías jamás entregaran al pueblo el poder de manera voluntaria.

En este 55 aniversario de la partida de Camilo reiteramos el derecho de los pueblos a la rebelión como camino revolucionario indispensable, en tanto que la lucha popular con sólidos procesos de unidad acopian la fuerza indispensable para las nuevas batallas, por esto en homenaje a Camilo le decimos que ¡hemos empezado y avanzamos porque la jornada es larga!

* Nicolás Rodriguez, alias «Gabino«. Primer comandante del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y miembro del Comando Central de esa organización.

Colombia – LoQueSomos

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