Capitalismo global y empleo turístico en España: síntomas de una degradación

Daniel Albarracín. LQSomos Agosto 2014

Los problemas estructurales de la economía española siguen vigentes, y a los ejes de vinculación a la arquitectura del sistema euro, al endeudamiento privado (y la conversión de la financiarización empresarial a la deuda pública) se les añade la aplicación de políticas propias de nuestro gobierno, marcadas por la austeridad y el adaptacionismo subalterno. La inserción semiperiférica en la globalización no ha corregido su carácter guiado por el beneficio y el productivismo y las crisis que causa. En este contexto, el sector turístico español se ha acomodado a un esquema problemático. Un sector turístico que, sin embargo, ha sido de los pocos que ha resistido a la crisis, a decir verdad más bien por circunstancias ajenas que por méritos propios.

Desde un punto de vista global, la superpotencia sectorial turística que comporta algunas cadenas hoteleras españolas ha seguido un camino de colonización. La escasa reinversión en la modernización de la oferta de alojamientos en España ha gozado de la fortuna de, a pesar de ello, recibir una gran afluencia turística. Mientras la demanda interna se deprimía, florecía un turismo extranjero fruto de la derivación que ocasionaban conflictos políticos en países competidores. El excedente obtenido se deriva a nuevos destinos bajo un formato de inversión ligera cuyo carácter se ha basado en los siguientes principios:

– No invertir directamente en nueva oferta, sino en adquirir parte de la preexistente. Algo que cuadraría en los esquemas de David Harvey bajo el término “acumulación por desposesión”, en los de Oscar Carpintero que denominaba a este fenómeno “capitalismo adquisitivo”.

– Abandonar propiedades y optar por el arrendamiento, con el propósito de no arriesgar capitales, derivar al riesgo a los gestores locales, y no asumir compromisos indeseados.

– Exportar la gestión del modelo de sol y playa en su formato depredador de territorios y de falta absoluta de respeto al entorno natural, su paisaje, las prácticas y economías locales y su paisanaje –como por ejemplo, con el formato de servicios “todo incluido”-.

– Emplear artificios societarios para difuminar la responsabilidad del accionariado en tanto que empleador, a tal punto de usar aquello de “que cada alojamiento aguante su vela” aún cuando se articulen marcas, líneas de gestión y comercialización comunes.

A este modelo de extensión empresarial se le viene asociando un sistema de gestión flexible de la fuerza de trabajo que, sin duda, conduce a un deterioro de las condiciones laborales y del modo de vida de las personas que trabajan en este sector.

Si fijamos la atención en cómo se han venido reconfigurando las relaciones laborales en el sector turístico en España, es posible identificar algunas tendencias.

Es un sector que no ofrece proyectos profesionales duraderos y bien pagados. Se caracteriza por la inestabilidad e intermitencia de los empleos que sufren personas que, en su mayor parte, son mujeres (un 54%), (un 25-30%) extranjeras (las que primera suelen ser despedidas), en su mayoría jóvenes. Se trata de empleos que no suelen facilitar ingresos que proporcionen autonomía económica (o es un ingreso complementario para la familia o es un ingreso puntual para los estudios o consumos episódicos).

A este respecto, el predominio de los formatos de sol y playa en España, en torno al 75% de la oferta existente, no sólo es sinónimo de estacionalidad sino que, debido a la propia gestión de la fuerza de trabajo realizada por el empresariado, este fenómeno se ha acentuado. La ausencia de políticas públicas –que implicarían recursos y una inversión sostenida en el tiempo orientados con tal propósito- y el recurso a fórmulas de contratación temporal, ha intensificado esta situación, más aún cuando las empresas han decidido adaptarse a lo existente y concentrar su actividad en los meses de mayor rendimiento. Es decir, los estivales. En el sector de alojamiento, según datos de LlorençPou y Joaquín Alegre (UIB, 2014), la estacionalidad se ha agudizado un 25% en los últimos cuatro años. En los meses de temporada baja muchos establecimientos cierran, estancándose la oferta en los periodos de invierno. Se le suma una gestión de la estacionalidad que no ha recurrido tanto a la figura del contrato fijo-discontinuo como el recurso al contrato temporal y el contrato a tiempo parcial. Se ha abierto la posibilidad de utilizar el contrato de emprendedores, que no cuenta con indemnización durante el primer año, porque se le considera periodo de prueba, y en el que se admiten jornadas parciales. El contrato fijo discontinuo ha sido utilizado sólo de manera reseñable en las Islas Baleares, representando en 2012, para el sector hotelero, el 17,1% de los trabajadores durante el verano (Pou, Ll.; 2012), pero en general ha predominado el uso del empleo temporal, muy por encima del resto de sectores. Esto es, estamos en una actividad campeona en discontinuidad en el empleo.

La hostelería es, tras el servicio doméstico, el sector de la economía española peor pagado. Si la ganancia media en 2011 en un empleo medio era de 22.899,35 euros anuales, en la hostelería se alcanzaba 14.234,54 euros. Si el coste laboral medio en España era de 30.906 euros anuales en 2012, en la hostelería se alcanzaban apenas los 18.368 (Pou, Ll.; 2014). En suma, a la falta de inversiones en la modernización, diversificación y adaptación sostenible de la oferta turística se le ha acompañado una estrategia devaluativa en materia de responsabilidad empleadora y de proporción de condiciones dignas de trabajo, una clara línea de devaluación salarial clásica. Estrategia que no esquivará problemas conocidos desde hace tiempo, que se manifestarán una vez algunos conflictos en países comparables al nuestro se despejen, tales como:

– La saturación de nuestro territorio en términos de mercado y en términos de devastación del medio natural.

– La falta de diversidad de formatos de oferta.

– El escaso mantenimiento y actualización de los edificios hoteleros.

– El deterioro de las condiciones de profesionalidad media de la fuerza laboral y el bajo compromiso al que conduce no poder desarrollar una carrera laboral duradera dentro del sector.

Esta situación puede empeorar drásticamente debido a la nueva arquitectura de la negociación colectiva impuesta desde la reforma laboral de 2012, que ya tenía sus primeros elementos puestos en pie desde antes, y que propulsa la regulación laboral hacia un modelo cada vez más próximo al del mundo anglosajón. La primacía de los convenios de empresa (en un ecosistema donde los hoteles recurren al convenio sectorial-provincial dentro del mismo grupo, o bien disocian los CIF de cada hotel aún cuando pertenezcan al mismo grupo para conseguir una amplia heterogeneidad de condiciones salariales) sobre los de sector amenazan de muerte el peso de acuerdos (ALEH) y convenios sectoriales. Pueden florecer negociaciones oportunistas empresa por empresa, debilitando los acuerdos colectivos y la presencia de sindicatos con estrategias de clase (a favor de sindicatos de empresa, bien amarillos bien corporativos, u otros que recurran a una conflictividad desordenada). Aún cuando en el sector hostelero se ha conseguido introducir cláusulas para conservar la ultraactividad de los convenios eso no ha impedido que a veces se haya tenido que recurrir a cierta transacción de devaluación salarial (entre 2010 y 2012 los salarios reales del sector hostelero, a pesar de ser muy bajos, perdieron poder adquisitivo) para conseguir el desbloqueo patronal de los convenios y la inclusión de redactados que permitiesen el no decaimiento de esta fuente fundamental de derecho laboral.

Entre las prácticas de aprovechamiento de la regulación flexible que admite el derecho mercantil de cara a establecer diseños laxos en la configuración societaria de los grupos de empresa, destaca recientemente el recurso a la externalización. Esta práctica ya era aplicada desde hace tiempo pero ahora irrumpe con especial peligro dado el colectivo al que se va a afectar. En torno a uno de cada tres personas empleadas en el sector alojativo son camareras de piso, susceptibles de ser empleadas por empresas multiservicios que se acogen a convenios con un coste laboral un 50% menor al que se garantiza en el sector hostelero. Sin duda alguna, asistimos a una oleada de externalizaciones y devaluaciones salariales bajo este cauce que puede dejar tiritando el alcance de los convenios que regían hasta hace poco en el sector turístico.

Estas circunstancias (muy bajos ingresos, externalización, parcialidad y temporalidad –nueve puntos por encima de la media- en el empleo) harán blanco en las condiciones laborales de muchas mujeres que, si consiguen mantener su empleo, no podrán aportar más que un complemento a la economía familiar, insuficiente para tener autonomía personal, y que, en el caso de que se encuentren solas (o peor aún, con responsabilidades de crianza) pueden caer en la pobreza, aún cuando sigan trabajando (el fenómeno de las “workingpoor”), acentuando la feminización de la pobreza. La juventud no valorará este sector más que de forma transicional y en cuanto obtenga algo mejor lo abandonará, a sabiendas de que el turismo como sector profesional casa muy mal con la emancipación y un proyecto vital coherente.

Mientras tanto este sector, guiado por una inercia terrible, choca contra los límites del planeta, dejando nuestras costas y territorios agotados, saturados. El turismo de masas sin regulación, límite ni orden, donde la construcción excesiva ha dejado buena parte del litoral español devastado, donde se sigue recurriendo a la provisión en los mercados globales de bienes que podrían conseguirse en términos sostenibles a escala local, y donde los edificios no incluyen elementos de sostenibilidad fundamentales en muchos casos, es quizá la mejor prueba de que se está matando la gallina de los huevos de oro.

Bibliografía:

– Alegre, J. y Pou, Ll. (2014) “Turismo y crisis económica”. Mimeografiado. Citado en el Diario de Mallorca por Guijarro, F. (26/05/14) “Salarios a la mitad con la externalización” y en “El alza de la riqueza turística va en un 97% a las empresas y en un 3% a los empleados”.

– Llorenç, P. (2012) “Turismo y empleo: una mirada realista” en Journal of PublicPolicies and Territories. Nº3, 2012, pp. 33-44.

Otras notas del autor

* Publicado en la revista Turismo y Desarrollo: revista de turismo responsable publica su número 12, en el que se incluye este artículo breve (págs. 4-7).

 

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