Carabanchel: el derribo de la vergüenza

carabanchel-el-derribo-de-la-vergcuenza-loquesomosArturo Seeber Bonorino*. LQSomos. Marzo 2016

Entrevista a Jesús Rodríguez…

Si se sumergen en el libro de Jesús Rodríguez, CARABANCHEL. EL DERRIBO DE LA VERGÜENZA, de la editorial GARAJE, verán en sus fotografías arte callejero, con maravillosos grafitis de esos pintores considerados ilegales plasmando su obra en un recinto donde se encerraba a ciudadanos ilegalmente. Les sorprenderá ver un edificio luchando por mantenerse en pie al que le han arrancado a trozos su memoria arrojándola por el suelo. Verán sus venas en carne viva por donde circularon sufrimientos e ilusiones de juventud. A través de sus imágenes oirán los sonidos que dejaron sus moradores, y que es la banda sonara de la historia que cuentan las imágenes de lo que pasó allí dentro. Por lo menos así tenía que haberse mantenido para que todas las generaciones venideras hubieran contemplado ese pedazo de historia doliente, que con sus colores y ruina transmiten con tanta violencia su sufrimiento. Ángel Hernández Pardo

Jesús, ¿cuál es tu relación con el barrio de Carabanchel y su cárcel?

Pues diré, aunque no he nacido en Carabanchel, vivo allí desde hace treinta y tres años, a unos 400 metros de la cárcel. La conocí, como la conocían todos los madrileños; era la cárcel de Madrid levantada en un predio enorme. Y ha marcado a todo el barrio. Cuando tú decías que vivías allí, la gente, bromeando, te preguntaba: ¿en qué celda? Eso me ha pasado muchísimas veces.
En mi relación con la cárcel hay dos momentos: yo soy un vecino más, y aunque sus puertas están cerradas, sabes lo que pasa ahí porque entran y salen furgones, o autobuses de la Guardia Civil con presos, porque sale de allí personal para tomar el metro, y claro, soy de los que dicen que a la cárcel hay que derribarla.
Pero la cierran, y así queda por muchos años, y surge entre los vecinos la curiosidad de saber qué van a hacer con aquello. Apenas cerrada, me entero de que organizan visita guiadas para los vecinos, pero cuando me voy a anotar ya habían concluido: habrá durado un mes.
Por entonces, la gente deseaba que aquello se pudiese reconvertir en algo bueno para el barrio. Pero van pasando los años, y la cárcel sigue cerrada. Y pasas por ahí, y ves que ya están dejando pintadas en los muros, porque la vigilancia que había al principio la han quitado. En octubre del 2006, entre los vecinos se organiza una lucha, en la Asociación de Vecinos de Aluche, para que esos terrenos sean destinados a equipamientos sociales en general, pero se ha destinado ese terreno para edificar pisos, y con el dinero de su venta construir otras cárceles. Esto, reconocido por las propias autoridades penitenciarias.

Y vuelve a presentarse otra oportunidad, por ese entonces, de visitar la cárcel.

En 2006 me entero de que habrá otra visita vecinal para verla y esta vez me apunto. En verdad, impresiona estar allí, te cambia todo el punto de vista que tienes: un edificio feo por fuera, ladrillos, rejas, ningún adorno, sin nada destacable, entras y ves aquellas galerías, su cúpula central, un espacio diáfano, impresionante; es algo tremendo. Entramos allí metiéndonos por el hueco donde se entregaban los paquetes a los presos.
Sentí en ese momento que aquello convenía conservarlo, y todos sacamos fotos. Ya pasados unos meses se pudo entrar libremente. Entonces entró de todo, grafiteros, chatarreros e incluso ocupas. Ya no hay ningún control.

Cuando entramos, octubre de 2006, se accedía por una entrada que estaba justo en frente del CIE de Aluche. Fuimos unas treinta o cuarenta vecinos y, al llegar a la puerta, nos intercepta un policía que está vigilando, pues piensa que vamos en manifestación a la puerta del CIE, pero le aclaramos que vamos a la cárcel y ya no hay problema. Existía un permiso tácito para entrar en ella, porque veías a los chatarreros que iban desmantelándola, haciendo un estruendo terrible y a la vista de la policía que hay en el CIE de Aluche, y nadie les decía nada. Hemos visto entrar camiones con radiales industriales, y si no iban con excavadores es porque no tendrían posibilidad de alquilarlas. Era evidente que los dejaban.
Y van pasando los meses y observamos que la cárcel se deteriora cada vez más, hasta que en 2008 ya el deterioro era tremendo. Habían arrancado rejas, puertas. Y hay que pensar que una puerta de esas no se la llevaban entre cuatro personas, porque eran pesadísimas. Recuerdo que en una de las entradas vimos un cerrojo de una de ellas, que no lo pudimos llevar porque era demasiado para que lo cargara una sola persona. Pesaría unos ocho kilos, fácilmente.
Fue un desmantelamiento consentido, porque con eso aprovechaban para decir que el edificio estaba en ruinas.

Hubo una comisión barrial que pedía que por lo menos se conservase la cúpula y una de las naves para hacer un Centro de la Memoria.

Sí, y yo participé de ella. Eso se propuso en asamblea en varios centros culturales del barrio, y las asociaciones de vecinos prepararon un proyecto elaborado por un arquitecto del barrio, con una visión en 3D de la parcela. Todavía no se sabía qué iban a firmar el Ministerio del Interior y el Ayuntamiento de Madrid, entre Rubalcaba y Gallardón. En nuestro plan no tocábamos el CIE, pero, en lo que quedaba vacío, proponíamos que se construyera un hospital y una residencia de ancianos pública y también, enlazado con ello, un espacio universitario o una facultad de medicina geriátrica, porque allí la gente en general es demasiado mayor, una gran parte procedente de la emigración que vino a Madrid en los años 60. También hay que decir que, en el distrito de Latina, no hay una sola residencia de ancianos pública.
También se proponía que sólo se conservase le cúpula como centro de memoria, museo de la cárcel, etc.

¿Y en qué ha quedado ese proyecto?

Pues de todo eso actualmente no hay absolutamente nada. Es más, se nos echó la culpa por salirles con la novedad de que queríamos hacer allí un museo de la memoria, cuando eso era algo que nunca habíamos reclamado. Pero yo tengo fotografías de una manifestación del año 1999 en que un señor, con una pancarta que pone “Monumento”. Hay declaraciones de políticos, como por ejemplo Jaime Lissavetzky, cuando era senador, en el año 1999, propone que se conserve la cúpula de la prisión como mueso de la memoria, o de la cárcel, o como se quiera llamar.
El problema que tenemos es que hasta junio de 2008 pensamos siempre que habría un cierto diálogo para ver qué se hacía en esos terrenos.
La cúpula estaba en muy buen estado, y se vio que fue construida con mucha solidez, de hierro y hormigón. En el plan que se elabora y aprueba, recuerdo perfectamente la fecha, el 14 de febrero de 2008, en la asamblea del barrio en el Centro Cultural con unos doscientos y pico de asistentes, unánimemente se vota un el plan, que es la manifestación de principios de lo que queríamos. En él pedimos que se mantenga la cúpula y el arranque de las galerías, es decir, la cúpula y las patas amputadas de la araña. Y por ese motivo, por querer mantener la cúpula, se nos acusaba de retrasar todo el proyecto. Que ya sabemos cómo ha quedado el tal proyecto.

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Jesús Rodriguez

¿Cuáles eran las características de la cúpula?

Era realmente muy grande, pero sólo ocupaba 1.000 metros cuadrados en un terreno de 172.000 metros cuadrados, es decir, en menos del 0,7 por ciento de todo el terreno. Verás que nadie nos puede culpar de pedir un imposible.

¿Y cómo surge este libro sobre la cárcel?

Bueno, la idea del libro surge bastante pronto. Hacía fotos cada vez que iba allí de visita, con amigos e incluso solo. Veía que aquello era un muy escenario fotográfico: esas enormes galerías desvencijadas, con pintadas, llenas de escombros, con luces extrañas, y esa cúpula enorme. Yo me inicié en la fotografía muy temprano, cuando empecé a trabajar y pude comprar mi primer cámara, a los diecisiete años. Llevo haciendo fotos desde hace más de cuarenta años.

Bueno, en realidad, debo decir que la idea de hacer con estas fotos un libro fue de mi mujer. Cuando se produce la asamblea que te comenté, yo ya me comprometo cada vez más, y en marzo hay una manifestación hacia el Ministerio del Interior pidiendo equipamientos sociales para los terrenos de la cárcel, y en junio, cuando nos enteramos de que van a firmar el acuerdo entre Rubalcaba y Gallardón, plantamos unas tiendas en plan testimonial la noche anterior en el Paseo de la Castellana. Entonces, más comprometido, me encomiendan diversas tareas, que presente escritos, y que haga de cicerone acompañando a periodistas al interior de la cárcel, porque aquello era un laberinto del que no era fácil encontrar la salida. Y cuando ya se prepara la demolición, y llegan las máquinas, sigo haciendo fotos, con bastantes inconvenientes, pues hubo bastantes impedimentos para que se viese lo que hacían, llegando incluso a estacionar un camión cisterna justo en la puerta, tapando la visual.

Entonces mi mujer comienza diciéndome que por qué no hago una colección de fotos del derribo. Voy todos los días con la cámara, en el horario de obra, y hasta me quedo un tiempo más. Se trabaja allí hasta las siete, y muchas veces salgo yo a las ocho. Aproveché también para hacer unos videos.
Y mi mujer me sigue animando, y es cuando me dice que por qué no hago con todo este material un libro. Y junto las fotos, y escribo reseña del proceso, y lo presento a El Garaje Ediciones y se publica.

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* Arturo Seeber es miembro de la Asamblea de redacción de LoQueSomos

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