Carambolas de la serendipia

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

En el año 2014, me llevé un buen sobresalto cuando ví que la Real Academia de la lengua española (RAE, monárquica real tenías que ser…) había incluido en su Diccionario (DLE) los palabros serendipia y, de paso, serendipidad -esta última no la he oído jamás y, por fortuna, rara vez la primera. La RAE define serendipia como “Circunstancia de encontrar por casualidad algo que no se buscaba”. Y, para justificar su adopción con un historicismo de mucha prosapia oriental, nos explica bondadosamente que “deriva del inglés serendipity, neologismo acuñado por Horace Walpole en 1754 a partir de un cuento tradicional persa llamado “Los tres príncipes de Serendip”, en el que los protagonistas, unos príncipes de la isla Serendip —antiguo nombre persa de la isla de Ceilán, la actual Sri Lanka— solucionaban sus problemas a través de increíbles casualidades.” Pero la RAE no añade que, por mucho que Walpole se empeñara, serendipity siguió siendo un ‘neologismo’ –orientalismo era malquisto- rechazado popularmente por los anglófonos. Es decir, como si fuera el camión de la basura, la RAE ha dado la nacionalidad española a un limosnero sin papeles.

Al calor del sofoco de aquel año ‘académico’ 2014, recordé la primera vez que leí ese palabro y fue en la fachada de Serendipity, una tienda que, hacia 1977, se había inaugurado en Londres en la periferia del mercadillo de Portobello. Vendía un surtido de trivialidades malamente envejecidas idénticas a las que ya estaban ocupando a los kioskos de Portobello –y que lo estaban gentrificando para los turistas. No le pronostiqué un floreciente porvenir pero no sé si acerté puesto que mi visión comercial fue de natural miope y/o estrábica.

¿Qué necesidad había de apadrinar esos dos palabros en el DLE?, ¿acaso se usan mucho? Consultemos los datos de dos organismos de la RAE que almacenan millones de registros léxicos y sintácticos: en el Corpus de Referencia del Español Actual (ca. 2004) los casos de “serendipia” son seis (3 en México; 2 en España y 1 en Argentina) Por su parte, “serendipidad” arroja el resultado de un solo caso en un único documento español. Sin embargo, en el más moderno Corpus del Español del siglo XXI (desde 2013) la frecuencia de serendipia aumenta bastante: 73 casos (57 en España) en 23 documentos. En cuanto a “serendipidad”, no se obtiene ningún resultado en este segundo corpus –pero da la casualidad de que aparece, sin control de la RAE, en el Diccionario de Español Actual de 1999.

Serendipia no debió haber entrado en el DEL por la sencilla razón de que hay sinónimos en castellano: de carambola o de chiripa –no confundir con ‘cucaracha pequeña’ en América Latina. No obstante, “de chiripa”, la más recurrente, es también la que despierta más animadversión entre los lechuguinos. Véase: con fecha 18.II.2021, un plumilla de cuyo nombre no quiero acordarme, publicó una desaforada defensa de la RAE que tituló inequívocamente Serendipia, un hallazgo valioso en el diccionario, que –literalmente-rezaba así: “La palabra serendipia presenta cierta afinidad con la voz “chiripa”, que aparece en la expresión “de chiripa”. Sin embargo, el término “chiripa”, que no es general en el mundo hispanohablante, es más propio del lenguaje coloquial. Además, se usa con una connotación festiva y se refiere comúnmente a casualidades o eventos fortuitos en la vida cotidiana. Según esto, serendipia no puede ser lo mismo que nuestra “chiripa” castiza, que, por otra parte, procede del ámbito del juego, mientras que serendipia se refiere más bien a otro azar, el que opera sobre la inteligencia y la creatividad del hombre.”

Observemos hasta qué punto llega el elitismo y/o clasismo e incluso racismo de este artículo: de chiripa no “presenta cierta afinidad” con serendipia, es sinónima. Asimismo, chiripa no es rara sino general –y en sus varios sentidos- en América Latina pero es obvio que este gacetillero no conoce esa región o, peor aún, cree que allí hablan un castellano degradado –que se lo pregunten a los colombianos, eximios guardianes del idioma patrio. Y no es un término coloquial –que también- sino de uso común, ¿o es que el lenguaje vivo, hablado, no es castellano?, ¿qué tiene en contra de las palabras festivas? Para mayor inri, si no son mudos ni ágrafos, ¿por qué despreciar las “casualidades o eventos fortuitos en la vida cotidiana” o del juego?, ¿será que el susodicho no tiene vida cotidiana o no habla en ella o no juega? Y, como colofón, el insufrible elitismo de jerarquizar el habla del vulgo por debajo del “azar que opera sobre la inteligencia y la creatividad del hombre” como si la plebe no pudiera ser inteligente ni creativa.

Dos años después de la genuflexa, arbitraria e innecesaria entronización académica de serendipia, otro articulista se alistó en la milicia defensora de la alcaldada de la RAE: “En 2016, la RAE dio un golpe en la mesa para reivindicar el empobrecimiento (sic) de la lengua castellana. Con un vídeo quería crear consciencia de la invasión de los anglicismos.” Olvidando que el redactor aplaude el empobrecimiento del castellano (ver sic), cabe preguntarnos, ¿por qué la RAE utiliza un video y no otro diccionario? Aunque visto el sic, hubiera sido mejor que hubiera publicado alguna gramática.

Quizá para añadir el agravio a la injuria, la RAE no sólo ha introducido en el DLE serindipia sino también: Airbag, Cederrón (CD), Clic, clicar, cliquear y cliqueo, Cracker y hacker, Fair play, Friqui o friki, Güisqui, Jonrón, Máster, Pádel, Pinqui o pinky, Táper y Tuit –¿por qué no Whatsapp con sus innumerables letras?, mejor no demos ideas.

Huelga añadir que no estamos en contra de los préstamos lingüísticos de otros idiomas. No sólo porque las lenguas lo han hecho desde siempre sino también porque hay realidades físicas, inventos y terapias que eran desconocidos y que ahora surgen a diario. Suelen incorporarse a todas las lenguas con grecismos como tele-fono, psicosis o alopecia.

En cuanto a los anglicismos, no son nuevos en castellano. De hecho, el término anglicismo con valor de ‘modismo de la lengua inglesa’ se encuentra documentado en español desde 1784. Casi un siglo después, en 1867, Cuervo recogía tan sólo siete anglicismos. Pero, a la lentitud de los siglos pasados, en los siglos XX y XXI, la invasión se ha acelerado despertando desde temprano la alarma de los castizos –dicho laudatoriamente. Ejemplo, en 1966, Salvador de Madariaga publicó una estruendosa diatriba contra la susodicha fagotización: «¿Vamos a Kahlahtahyood?» (Revista de Occidente 36; 365-373)

Para relax y solaz de los fieros castellanistas literalmente de boquilla y, asimismo, para compensar este panorama seudo-apocalíptico, veámoslo desde la otra orilla del Channel puesto que el inglés ha incorporado abundantes hispanismos. Una breve muestra dellos que engrosaría enormemente si les uniéramos los latinoamericanismos: adios, alguazil, bastiment, bravado, caballero, cafetería, canal, cojones, corral, barricada, desperado, embargo, guerrilla, macho, mosquito, negro, padre (párroco), peccadillo, plaza, renegado, salsa, sierra, sombrero y tornado. Cuando todavía no era omnipotente, incluso la Royal Navy se contaminó con ‘castellanismos’ como armada, buccaneer (bucanero) y stevedore (estibador, lo fueron el gran historiador Howard Zinn y el gurú asesino Charles Manson)

Más aún, durante nuestro trabajo entre los indígenas de Melanesia escuchamos palabras que son claramente préstamos del español o del portugués. Por ejemplo: arabús (arcabuz), kalobasa (calabaza), pikinini (niño), mi no save (yo no sé), tío (designación tecnonímica general) o varanda. Concretamente en Lau Lagoon (Islas Salomón), después de 16 o 17 generaciones del breve paso de los exploradores españoles, todavía usan tío (designación tecnonímica general), báru ( barco grande) y búsu (explosión de arcabuz)

En 1962, el enorme exiliado anarquista Ramón J. Sender publicó La tesis de Nancy, una novela tan corta como divertida, con la que inauguró su ‘saga Nancy’ y donde retrata una Andalucía atávica que ya no existe –salvo numerosas excepciones. Los equívocos léxicos se suceden en cascada sin que la tesista Nancy se percate de la mayoría de sus errores de traducción. Pues bien, con la actual avalancha de anglicismos ridículos hoy nos pasa lo mismo que a Nancy sólo que al revés: ahora los españoles estamos confundidos integrando a martillazos las palabras de un pueblo rústico -el gringo, rudo por belicista. Ejemplo: la mayoría de los zoquetes y zoquetas que difunden estos anglicismos, son los mismos que controlan los doblajes y las traducciones pagadas poco y en negro. Los mismos que se alborozan cuando ven palabras cuya traducción es de cajón sin darse cuenta de que les han vuelto a engañar los “falsos amigos”. Sólo tres ejemplos que no traduciremos: deception, confidence e ingenuity.

Más artículos del autor

Síguenos en redes sociales… Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb Instagram: LoQueSomos

Un comentario en “Carambolas de la serendipia

  • el 6 octubre, 2021 a las 18:10
    Permalink

    La Real Academia no es una autoridad, de modo que no actuemos frente a ella como si lo fuera, no le reconozcamos funciones que no tiene ni debe tener. La RAE no «acepta», simplemente «incluye» en el diccionario una palabra. No le confiramos una autoridad de la que carece. El fin de cualquier diccionario, incluido el de la RAE, es que una persona pueda consultar la definición si se encuentra una palabra que no entiende bien. Quien consulta puede ser hablante o estar aprendiendo la lengua, y para eso sirven los diccionarios. No son una «ley» sobre lo que está bien y lo que está mal, son una mera herramienta. La RAE va con sus ínfulas, no le demos ese gusto.

    Por otra parte, el CREA no sirve para atestiguar la frecuencia de uso de una palabra en la actualidad, puesto que este corpus, grande pero limitado, teniendo en cuenta la ingente cantidad de textos que se generan hoy en día, solo contiene publicaciones de entre 1975 y 2004.

    No hay ningún clasismo en destacar que «serendipia» puede usarse en registros más cultos, mientras que «chiripa» pertenece al registro coloquial. «Coloquial» no tiene ningún matiz negativo, y tener formas cultas y coloquiales de expresar una misma idea es una riqueza de la lengua. En un ensayo sobre fusión nuclear no se podría decir que un núcleo atómico se ha unido a otro «de chiripa», como tampoco podría decirse que los protones «hacen piña». Igual que tampoco se usaría el registro culto en una charla entre amigas en un bar, porque todos y todas las hablantes nos adaptamos a las situaciones comunicativas.

    En cuanto a los préstamos lingüísticos de unas lenguas a otras, se producen desde el inicio de los tiempos, y no ocurren únicamente porque se trate de conceptos que no existen en una sociedad, eso es un mito, se refiere solo a una pequeña parte de los préstamos. Los demás se producen por influencia cultural, porque «mola más». Y eso tampoco tiene nada de malo. Aquí estamos muy orgullosas de todos los arabismos que contiene el castellano, testimonio de la larga época de convivencia cultural en Al Ándalus. Contamos con miles de galicismos (léxicos y gramaticales), aparte de préstamos de otras muchas lenguas. Ahora estamos en la época de la influencia anglófona. Pues no pasa nada, quizás dentro de 500 añosla gente estará igual de orgullosa de los anglicismos, que ahora lo estamos de los arabismos.
    Por último, por supuesto que en los siglos XVIII y XIX apenas entraron anglicismos en español: en esa época lo que cundía, tanto en español como en inglés, ruso, alemán y otras lenguas, eran los galicismos, pues la lengua francesa equivalía a lo que es hoy el inglés: era la lengua universal de intercambio entre las distintas naciones, la que se aprendía en todas partes y la que se usaba en la diplomacia (en todas las cortes, incluida la inglesa, se hablaba francés), y eso desde mediados del XVII hasta prácticamente la segunda guerra mundial.

    Las lenguas están vivas y en constante evolución. Aquí en la península ibérica, el latín se fue mezclando con las lenguas iberas, degenerando con el paso del tiempo en lo que los eruditos consideraban un latín mal hablado, el latín vulgar, que con unos siglos más se convirtió en el castellano. La evolución pasa por saltarse las normas, ahora mismo, las de la RAE. Tengo mucho que criticar a la RAE, pero no precisamente que incluya anglicismos en el diccionario.

    Respuesta

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar