Cárcel franquista en Benamaurel

Maryssa Ruiz. LQSomos. Agosto 2017

Benamaurel es una localidad y municipio español perteneciente a la provincia de Granada, situado al nordeste de la provincia, en la comarca de Baza.

En este pequeño pueblo de poco más de 2.000 habitantes fueron muchas las muertes acontecidas durante el oscuro período de la guerra civil y los posteriores meses de dictadura ya que las principales familias afines al régimen franquista tenían todo el poder sobre los habitantes de este minúsculo rincón granadino.

El franquismo se hacía eco por cada ápice de Benamaurel y sus gentes sufrían las torturas, vejaciones y abusos de los representantes de un Régimen cuyo objetivo era acabar con todo aquel que defendiese la libertad y la igualdad. Fueron muchos los republicanos que perdieron la vida y que a fecha de hoy no se ha logrado darles digna sepultura encontrándose algunos cuerpos tirados en un cementerio viejo a merced de las condiciones meteorológicas, de animales y de los ojos fisgones de aquellos que van hacer turismo para ver huesos de muertos que deberían de estar enterrados dignamente con la paz que merecen, aunque lo más desagradable es cuando el Ayuntamiento permite la entrada a grupos de amigos para hacer sesiones de espiritismo con los huesos de que deberían hallarse sepultados.

En la calle Cañada, frente a un precioso parque que hay hoy día, se creó una pequeña cárcel (actualmente una casa particular que se divide en vivienda y ferretería) en la que el franquismo se encargó de hacer prisioneros a muchos afines al Régimen republicano. En este templo franquista e infernal fueron muchos los hombres y mujeres a los que torturaban a diario, los ataban y les daban palizas con un `garrote´ hasta dejarlos sin conocimiento. No se les proporcionaba ni comida ni agua durante varios días y vivían en condiciones realmente nefastas llegando incluso a morir a consecuencia del hacinamiento, a lo que se unían las constantes violaciones múltiples y abusos a las mujeres, quienes muchas no resistían y morían siendo sus cuerpos tirados a cualquier barranco de la zona y arrastrados por los ríos sin posibilidad de hallarlos.

Las sacas de presos eran constantes así como las continuas humillaciones y posterior fusilamiento; la guardia civil era la encargada de trasladar a estos prisioneros de Benamaurel a otros campos de mayor amplitud, como el de la Azucarera de San Torcuato o el de La Espartera de Benalúa, ambos en Guadix, pero desgraciadamente casi nunca llegaban a su destino pues eran asesinados en el trayecto habiendo sido antes torturados sin ningún tipo de piedad.

No se sabe a ciencia cierta el número de presos que pasaron por esta cárcel que, a pesar de ser pequeña. Los mayores cuentan que fueron testigos de una crueldad infinita, de una masacre de inocentes imperdonable y de un abuso de poder que ejemplifica con total perfección la clase de criminales que defendían un Régimen corrupto que acabó con la vida de miles de inocentes. Aún quedan por el pueblo personas mayores que sobrevivieron a esta funesta etapa y que perdieron a familiares a manos del franquismo, pero lo más curioso es que ni el Alzheimer ha logrado borrar de su memoria el dolor tan intenso que causó un Régimen demoledor y sus verdugos sedientos de la sangre de inocentes que luchaban por la libertad.

¡NI OLVIDO NI PERDÓN!

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