Grupo Arenal Uno*. LQSomos. Enero 2018

SARE, la red vasca de apoyo a familiares de presos vascos ha preparado un dossier con el fin de sacar a la luz una comunidad que hasta ahora ha permanecido en la sombra: la de las niñas, niños, y adolescentes, que tienen a su padre, madre o ambos en prisión. Además, este conjunto de personas jóvenes que analizan tiene sus propias particularidades: a sus progenitores, además del encarcelamiento en sí, se les añade la carga de la excepcionalidad de la Ley 7/2003. Eso añade más dificultades a las relaciones que las que tienen otros niños, niñas y adolescentes cuyo padre o madre están presos.

A la vez, son mayores las dificultades que se interponen para ver a sus progenitores libres y en casa. De hecho, éstos tienen en general condenas muy largas, de 20, 30 o hasta 40 años. Y, por si eso fuera poco, se les aplica una legislación excepcional que impone el cumplimiento íntegro de las condenas, sin beneficios penitenciarios, a diferencia de otros padres y madres presos.

¿Cómo viven estas jóvenes personas el encarcelamiento de sus padres y madres? ¿Cómo viven el hecho de que tengan que cumplir sus condenas en condiciones de excepción? ¿Cómo hacen frente a las condenas de 10, 20, 30 o 40 años impuestas a sus progenitores? En este dossier, se analiza cómo afecta a las vidas y desarrollo de estas niñas, niños y adolescentes el encarcelamiento de sus madres y/o padres bajo una política penitenciaria de excepción.

Radiografía de la situación de las niñas y niños de la mochila

– Hay 113 menores de 18 años que tienen a su madre, padre o ambos en prisión
– De estas 113, 3 viven con su madre en prisión; 9 tienen a madre y padre presos, 6 tienen a la madre y 95 al padre.
– 3 presos con sus madres: Xua y Haitz en Picassent, Izar en Alcobendas
– 9 con madre y padre presos
– 6 tienen la madre presa
– 95 tienen el padre preso
– Son 97 las personas presas que son padres o madres. Entre ellas, algunos tienen una hija o hijo; otros dos.

Según los datos del gráfico, de las 113 niñas y niños, 9 tienen a ambos progenitores en prisión y viven con su familia extensa; 6 viven sin la presencia materna y 95 sin la paterna. Queremos subrayar, por lo demás, que actualmente 3 viven con sus madres, Xua y Haitz en Picassent e Izar en un piso de Alcobendas. En cuanto a la edad, se reparten bastante homogéneamente en los distintos tramos, tanto de la niñez como de adolescencia y pre-adolescencia.

Muchas de las hijas e hijos de personas presas que hoy tienen más de 18 años han crecido sin padre o madre. Un trágico hecho de los últimos meses, la muerte de su padre en prisión, ha dado eco al caso de Perú del Hoyo Sánchez y a su relato. Tal como él mismo explicaba, detuvieron a su padre cuando él, Perú, tenía año y medio de edad, por lo tanto, no tiene recuerdos de su padre libre y en la calle. Por si eso fuera poco, sumando el total de las visitas que fue haciendo a lo largo de 19 años, no pasó más que 15 días en contacto directo con su padre. Sin embargo, dio veinte veces la vuelta al mundo, sumando todos los kilómetros que ha tenido que realizar desde su casa en Euskal Herria a las diversas cárceles españolas donde estuvo su padre. (Fuente: comparecencia de Sare, 8 de Agosto de 2017).

De estas y estos jóvenes mayores de 18 años, una gran cantidad ha pasado su infancia viajando y con la falta de sus madres o padres en casa. Como dicen en sus propias palabras: “Nos han robado la infancia” y “nos quieren dejar en la orfandad”. Sin embargo, y precisamente por haber perdido partes importantes de su infancia, no quieren que las niñas, niños y adolescentes que hoy se encuentran en esa situación tengan que pasar por lo mismo, y, por lo tanto, demandan soluciones.

Si bien este dossier se centra sobre la realidad de niñas, niños y adolescentes de 0 a 18 años que tienen progenitores presos, nos parecía imprescindible hacer una referencia a aquellas niñas y niños con mochila de los últimos 40 años, hoy en día jóvenes o en la edad adulta.

REALIDADES
Comunicaciones. Cuánto tiempo pasan con sus padres o madres y en qué condiciones

En el Estado francés, el régimen de visitas cambia mucho según la persona presa esté condenada o en espera de juicio. Las visitas en las cárceles preventivas son de 30-45 minutos. Según cárceles, se pueden hacer 2 o 3 turnos seguidos. En su mayoría, se realizan en unos locutorios muy pequeños. En algunas cárceles hay una habitación especial para realizar visitas con niños y niñas. Pero no es el caso mayoritario, y hay que hacer una solicitud especial para poder utilizar esa habitación. Una vez que la persona presa tiene sentencia condenatoria, la trasladan a otra cárcel, de cumplimiento. Aunque también ha habido quienes han cumplido toda la condena en una cárcel preventiva. En las de cumplimiento, las visitas son más largas y se realizan en unos espacios en general mejores. En los últimos años, se están extendiendo en Francia las llamadas Unidades de Vida Familiar, una especie de pequeños bungalows. La primera se abrió en 2003. Allí, las personas presas pueden tener visitas de 6, 12, 48 y 72 horas con sus familiares.

El sistema penitenciario francés está organizado según los criterios católicos de hace dos siglos. En las cárceles preventivas, las personas presas no tienen posibilidades de mantener relaciones íntimas. Por sorprendente que resulte, en los textos legales y en la normativa interna de las cárceles, la palabra “sexo” ni aparece. Pero sí “lujuria” y “vergüenza”. Se subraya que hay que tener pudor, recato. Sobre eso se basa, precisamente, la prohibición de la sexualidad. La propia arquitectura penitenciaria imposibilita las relaciones sexuales. Aunque cada cárcel tiene su propia realidad, no hay visitas vis a vis. Pese a que la persona presa y sus visitantes se encuentran en directo, sin cristal que los separe, a ambos lados de la habitación hay ventanucos por los cuales las y los funcionarios están constantemente vigilando. Si perciben actitudes que les parecen sospechosas, entran y pueden cortar la visita. Más de una vez ha sido sancionada la persona presa y/o su pareja por estas cuestiones. Eso no quiere decir, sin embargo, que no ocurra.

Son decenas las niñas y niños que han nacido superando todas las trabas y la frialdad de los locutorios. Más de una vez, para denegar visitas con una hija o hijo recién nacido, los jueces han argumentado que era imposible que eso sucediera, poniendo en duda la paternidad.

Muy conocido se hizo el caso de Iker Beristain, preso de Algorta hoy en libertad, que en 2010 se puso en huelga de hambre para reivindicar su paternidad. La jueza Le Vert había puesto en duda que fuera el padre, y le denegó las visitas con la hija recién nacida. Beristain tuvo que esperar tres meses para conocerla.

En lo referente a llamadas telefónicas, hace unos cuantos años la Administración francesa extendió a todas las personas presas la posibilidad de hacerlas. Hasta entonces, sólo quienes estaban en cárceles de cumplimiento tenían derecho a llamadas. Las actuales llamadas no tienen límite de tiempo, pero resultan muy caras puesto que, para la mayoría, son llamadas internacionales.

En el Estado español las personas presas tienen derecho mensualmente a un vis a vis familiar y otro íntimo. La duración de estas visitas varía de cárcel en cárcel, pero oscila entre una y tres horas. Quienes tienen hijas y/o hijos tienen la posibilidad de realizar comunicaciones de convivencia; el Reglamento Penitenciario dice que tendrán una duración de entre tres y seis horas. Estas visitas pueden hacerse hasta que la hija o hijo cumple los 10 años. Es especialmente reseñable que estas comunicaciones, que tienen como objetivo que pasen más tiempo con sus progenitores, se corten cuando niñas y niños llegan a los 11 años. Y más incomprensible aún es la situación de quienes tienen hijas e hijos de edades diferentes. En esos casos, quienes tengan más edad no podrán entrar… las y los más pequeños sí. Más de una persona presa ha renunciado a estas visitas de convivencia porque el hijo o hija mayor no podía entrar.

Sobre estas cuestiones, Fernando Olabarrieta y Luixa Reizabal, profesores de la Facultad de Psicología de la UPV, publicaron un informe en marzo de 2014. Recoge repercusiones como éstas:

“Los artículos aplicados a padres y madres presas les impiden satisfacer la seguridad emocional de las y los niños y adolescentes, y eso es una necesidad de primer orden. A causa de estos obstáculos, se acrecienta el peligro de tener problemas de desarrollo. Además, a partir de los 10 años, se prohíben a estas niñas y niños las comunicaciones de convivencia. Ese corte de edad es totalmente arbitrario, no tiene ninguna base psicológica, no al menos en un proceso de desarrollo psicológico científicamente verificado dentro del ciclo vital completo. El ciclo vital empieza en el primer instante de la vida, y no se acaba al final de la adolescencia”.

Además de las visitas vis a vis, se puede realizar una visita semanal de 40 minutos en locutorios con cristales de separación. No hay ningún contacto físico entre la persona presa y la visitante, y se comunican por medio de un interfono.

Por otra parte, presos y presas vascas pueden realizar semanalmente 8 llamadas telefónicas de 5 minutos cada una. Estas llamadas se hacen a números de teléfono previamente autorizados, y se cortan automáticamente a los 4 minutos y 59 segundos. El resto de personas presas tiene 10 llamadas semanales de 5 minutos.

Las comunicaciones que aquí se detallan están controladas por todos los medios en el caso de las y los presos vascos: se graban las llamadas, se fotocopian las cartas…

Los espacios para las visitas no son en la mayoría de los casos adecuados para jugar; y las personas presas tropiezan muchas veces con grandes limitaciones para poder hacer trabajos manuales y juguetes o juegos para sus hijas e hijos. Cabe destacar la suciedad de los locutorios de la cárcel francesa de Fresnes… el Observatorio Internacional de Prisiones denunció la plaga de ratas en dicha prisión.

Según la Ley 1/1996 de Protección de Menores, del 15 de enero de 1996, se procurará mantener las relaciones familiares de las personas menores de edad. A pesar de estar así dispuesto, hoy en día no se posibilita el derecho de las niñas, niños y adolescentes que tienen progenitores encarcelados a desarrollar esas relaciones.

Traemos a colación dos casos para ilustrar este punto: el de una niña de tres años que tiene el padre preso en Chatereaux, y el de un adolescente de 12 que tiene la madre en la prisión de Algeciras. En Chatereaux, se pueden realizar semanalmente dos visitas de una hora cada una, una los viernes y otra los sábados. Esta niña de tres años va a ver a su padre una vez al mes, por tanto, está con él dos horas al mes, en total, en un año, pasan un día y medio físicamente juntos. Para hacer ese viaje, por el contrario, tiene que pasar 12 horas en el coche (6 de ida, 6 de vuelta). En un año, tiene que hacer 144 horas de viaje, 6 días al año metida en el coche para estar con su padre el equivalente a un día y medio.

El adolescente que va a ver a su madre en Algeciras tiene con ella visita vis a vis de hora y media al mes. Hace 2.200 km al mes para estar con su madre hora y media; 20 horas de viaje para hora y media. Al año pasa 240 horas en carretera para estar un total de 18 con su madre; el equivalente a 10 días viajando para estar 18 horas con su madre.

Nota: Aquí se recoge la situación en Francia y España, pero hay que recordar que hay dos niños con mochila que tienen a su padre preso en Portugal.

ALEJAMIENTO

Actualmente, son 97 las presas y presos vascos que son madres o padres. 17 están a 400 o menos kilómetros de sus casas; 43 entre 400 y 790 km, y 34 entre 800 y 1.000 km. Es decir, el 18% de estas personas está alejado hasta 400 km; el 46% entre 400 y 790, y el 36% entre 800 y 1.000km.

Son 110 los niños, niñas y adolescentes menores de 18 años obligados a hacer viajes mensuales para visitar a sus progenitores; 3 viven con sus madres en prisión. 20 tienen que hacer viajes de 400 o menos kilómetros; 49 han de recorrer entre 400 y 790, y 43 entre 800 y 1.000. Y otros tantos de vuelta, por supuesto. Es decir, el 17% hace un total de 800 o menos kilómetros; el 41% entre 800 y 1.580, y el 39% entre 1.600 y 2.200 kilómetros, de ida y vuelta.

Una comparativa ayuda a comprender la cantidad de kilómetros y la naturaleza de las distancias: Un niño de 8 años que tiene a su padre en Murcia ha dado ya casi cuatro veces la vuelta al mundo sumando todos los kilómetros que ha tenido que hacer para estar con su padre.

Por otra parte, hay también niñas, niños y adolescentes que tienen a ambos progenitores encarcelados. Especialmente destacable es la situación cuando la madre está en una cárcel y el padre en otra, lo que obliga a duplicar el número de viajes mensuales; cabe recoger la situación de hijas e hijos que han vivido esa circunstancia hasta hace poco.

Anteriormente, cuando las y los presos vascos estaban en pocas cárceles, sus familiares hacían los viajes en autobús. Era normal que entonces viajaran conjuntamente también bastantes niñas y niños. Ahora, sin embargo, muchos hijos e hijas tienen que viajar solos con la familia, por diversas razones: la dispersión, los horarios diferentes entre módulos, la decisión de la cárcel de que las y los presos vascos no realicen las visitas vis a vis a la misma hora…

Es fácil comprender que no combinan bien viajes largos e infancia. Pensemos por un momento cómo tiene que ser afrontar un viaje de muchísimas horas cada mes, la mayoría de las veces para estar con la madre o padre. Además, estos viajes no se hacen con la tranquilidad con la que se hace un viaje de vacaciones; al contrario. Estas y estos pequeños familiares emprenden viaje tras una semana de ikastola o instituto. Mientras para la mayoría de la gente el fin de semana es para desconectar, para el ocio, para ratos tranquilos, para estas niñas y niños son en general días de kilómetros, de comer a deshora… De hecho, la cárcel fija los horarios de visita, y muchas veces coinciden con las horas de siesta o comida de las criaturas.

REGIMEN CARCELARIO ESPECIAL

A las y los presos políticos vascos se les aplica una política penitenciaria especial. No es tampoco algo nuevo; los gobiernos de Francia y España vienen haciéndolo a lo largo de los 30 últimos años como mínimo. Entre 1978 y 1987, los y las presas políticas vascas estaban en las siguientes prisiones: Madrid, Yeserías, Soria, Herrera de la Mancha y Puerto de Santa María. Se ve claramente que, aunque la política de dispersión se puso en marcha en 1989, el alejamiento de Euskal Herria se aplica desde mucho antes. Pero además, es que todo ello va en contra de lo que establecen los principios del Código Penal español, donde se puede leer lo siguiente:

“Los presos deben cumplir condena en el lugar donde tengan arraigo. Las cárceles españolas están repartidas por todo el Estado. Eso permite que la persona presa pueda cumplir condena lo más cerca posible de su lugar de origen, de manera que no se le separe de su familia y entorno social”.

Lo que ese párrafo recoge no se cumple; a las y los presos políticos vascos se les encarcela en prisiones a cientos o miles de kilómetros de sus domicilios. Además, esta situación no es temporal o transitoria. Por el contrario, empieza antes del juicio y se prolonga hasta el cumplimiento total de la condena.

Las que el Reglamento General Penitenciario se considera medidas excepcionales se aplican de manera sistemática, universal y permanente a los y las presas vascas (régimen FIES, primer grado, aislamiento…). Desde el primer momento del ingreso en prisión, se les aplican medidas especiales, y se mantienen durante todo el tiempo de encarcelamiento pese a que sean excepcionales. Estas medidas son restrictivas, y, por tanto, van contra derechos básicos: empezando por el derecho a la vida familiar y hasta el derecho a la libertad. Mantener a las personas presas alejadas de su lugar de origen y entorno familiar, o las comunicaciones restringidas e intervenidas, recortan el derecho a la vida familiar.

En el Estado español, se controlan todas las comunicaciones de la totalidad de las presas y presos vascos, desde que ingresan. Todas las comunicaciones se graban, todas las cartas se fotocopian. Eso implica una privación total de intimidad. Aparte, la intervención de comunicaciones supone restringir y retrasar la correspondencia. En el Estado español, la mayoría de las personas vascas presas puede escribir solamente dos cartas a la semana. Debido a la intervención, la carta que manda llegará a su destino entre 15 y 30 días después. Siendo eso así, resulta que el dibujo y las dos líneas escritas que una niña de 6 años quiera mandar a su madre o padre no les llegarán antes de 20 días. En el siglo XXI, esa niña puede hablar por Skype con su tía que ha ido de vacaciones a Sudáfrica; sin embargo, el dibujo que le mande a su madre o padre le llegará al cabo de un mes.

En el Estado español se reconoce el derecho al preso a ir a visitar, en casa, a su hija o hijo recién nacido. Es reseñable la situación de los padres que actualmente solicitan ejercer ese derecho. Al principio se les negó a varios, pero ahora en general se concede. Dado que los presos se encuentran a cientos o mil kilómetros de sus domicilios, para realizar esa visita se les traslada a la prisión de Zaballa o la de Iruñea. En ese traslado puede durar una o dos semanas. Aunque la duración de la visita domiciliaria puede cambiar, últimamente se conceden únicamente 60 minutos. Y, para eso, dos semanas de viaje. Encima, la visita se realiza bajo vigilancia policial, los agentes no pierden de vista al preso, y en más de un caso, éste está esposado. En el caso de los presos sociales, por el contrario, en alguna ocasión incluso se ha autorizado que su presencia en el parto. En el Estado francés no se autorizan las visitas domiciliarias.

LARGAS CONDENAS Y CUMPLIMIENTO INTEGRO OBLIGATORIO

Gran parte de estas 113 niñas, niños y adolescentes no han visto nunca a su padre o madre (o ambos) en la calle. Es decir, desde que nacieron, el único contacto que han tenido con el padre o la madre ha sido en la cárcel. Niños y niñas muy pequeños no entienden por qué en las fiestas de la ikastola, o en el parque, o en el partido de pelota, están los demás padres y madres y no los suyos. No comprenden por qué el resto de la clase tiene un montón de fotos para elaborar los trabajos sobre la familia, y ellas y ellos unas pocas, cuando las tienen. De hecho, hacer una foto familiar es imposible en bastantes cárceles. Y, cuando se consigue, en la mayoría de ocasiones es por medio de un auto judicial, una vez al año y utilizando una cámara desechable.

Si bien cada niña o niño va desarrollando sus propias vivencias, en general, cuando tienen entre dos y tres años empiezan las preguntas sobre su entorno: ¿Por qué está Aita o Ama en la cárcel? ¿Cuándo saldrá? ¿Cuándo vendrá a casa? Con la aplicación de la actual legislación excepcional, muchos de estos padres y madres saldrán dentro de 20, 30 o 40 años. ¿Pueden tener tal futuro estas niñas y niños en una sociedad que se quiere construir basada en la paz y la convivencia?

Por lo demás, no podemos dejar de señalar la evolución de la situación política en los últimos años. Es un dato significativo constatar que de estas 113 personas jóvenes, gran parte han nacido después del cese de la actividad de ETA. Más precisamente, de 47 niñas y niños, el 41% no ha conocido actividades de ETA. Si a ése número sumamos a quienes tenían 3 años cuando se produjo el alto el fuego permanente, serían 67, el 59%. Aunque la situación política haya cambiado, la cotidianeidad de estas niñas, niños y adolescentes continúa plagada de sufrimiento; diariamente han de hacer frente a la carencia física de la madre y/o el padre. Para imaginarnos esa situación, no hay más que escuchar los sueños que tienen. El más repetido es que la madre o el padre van a recogerles a la ikastola.

* Motxiladun haurren Dossierra / Dossier de lxs niñxs de la mochila
SARE HERRITARRA

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