Sobre “Las bicicletas son para el verano” (Jaime Chávarri 1983)

Luisito es un adolescente de pantalón bombacho que estudia en el instituto y que ese año precisamente le ha quedado la física, justo ese verano que anda enamorado de Charito y que precisa una bicicleta para ir con ella y con sus amigos a la Casa de Campo. Para ello tiene que convencer a su padre que cree que lo justo es castigarlo, aunque no encuentra cómo ante la juvenil cantinela de promesas y juramentos

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José Luis López Vázquez “Morito”

De carácter un poco introvertido, cursa cinco años de bachillerato antes de ponerse a trabajar como mecanógrafo a mediados de los años 30 en unas oficinas dependientes del Ministerio de Guerra, aunque su inclinación artística era el dibujo y la pintura, lo que le permitirá hacer muchos de los carteles de las películas que se exhibían como reclamo en las fachadas de los cines

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Obrero de la palabra: Fernández Gómez, Fernando

Buscando en sus antecedentes como cualquier investigador que se precie, busqué con ahínco el nombre de su padre en sus escritos, pero ni una vez encontré mención alguna a tan misterioso personaje que el enumeraba como un tipo alto al final del pasillo de un teatro en el que pretendía ofrecerle trabajo

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Otro cine es posible, otro mundo es posible

Terminó el 9º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria (en el que, durante ocho días tomé parte como jurado popular) y aunque decepcionado por la concesión de los premios, ya que no por las películas que se exhibieron en la Sección Oficial, quiero recomendaros unas pocos filmes que, a mi juicio, me parecen de gran interés, por si tenéis ocasión de verlos en los cines de vuestras respectivas ciudades.
Por lo que respecta a la selección de los trabajos aquí presentados, he de decir que me pareció francamente loable que se apostara por ese cine que pone sus ojos, mayoritariamente, en la fragilidad humana,  en este preciso momento, veinte años después de que se suicidase el socialismo (o lo arrojasen por la ventana, como en el drama de Darío Fo), que parecía entonces que iba a ser también el fin de todos nuestros males, con la caída del Muro y el regreso de la democracia a aquellas tierras tan castigadas por las ideas marxistas.

Como digo, lo que más me ha conmovido de esos ocho días de cine ha sido la vulnerabilidad a que se ve sometido el ser humano como consecuencia del retroceso que se viene denunciando desde todos los campos de opinión en el campo humanístico.

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La concesión del Óscar

"Los que, teniendo voz callan, no son hombres". Max Aub.

La concesión del Óscar a J. A. Bardem, por su trabajo en su última película, está siendo motivo de numerosas adhesiones por parte de sus admiradores, a las que yo quiero unirme desde aquí, aunque solo sea en recuerdo de aquel papelón suyo en Los lunes al sol.

Aún no he visto la peli y no voy a emitir aquí un juicio sobre ese último trabajo suyo. Pero lo que hoy me trae aquí no es una película, ni siquiera una ceremonia destinada a potenciar el consumo de los productos made in usa, si no las breves palabras que nos llegaron del actor en cuestión.  

Parece ser que, entre el mundo de la farándula, fue singularmente bienvenido que este actor les dedicara este trofeo a los cómicos.

En aquel momento en que pillé de refilón la noticia en la tele, aparte de alegrarme por él y escuchando su saludo, sobre todo teniendo en cuenta la filiación política de su tío J. A. Bardem y de su madre en el PC (algo que siempre obliga), un pensamiento se sobrepuso a la alegría: fue el uso que hizo de esos minutos de gloria que le brindaba el sistema ante una ceremonia que estaba dando la vuelta al mundo. Entonces no pude por menos de echar de menos una palabra de condena para los responsables del momento tan cruel que le ha tocado vivir al mundo. 

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Emma Penella, se fue la voz rota

De Emma Penella (Manuela Ruiz Penella) contaba Adolfo Marsillach en su libro de memorias “Tan lejos, tan cerca”, que su belleza era tan impactante que cuando apareció en el Teatro Español contratada por Luis Escobar, “se fundieron las bombillas de todos los camerinos y José María Rodero se puso de puntillas para verla mejor”. Contando también Mur Oti a este respecto, que era tan espectacular su belleza que los rodajes se llenaban de “eléctricos” y otros operarios que la ovacionaban en los descansos

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Amarcord (Me acuerdo)

He vuelto a ver Amarcord (por 5ª vez) y sería mezquino por mi parte si, después de ver de nuevo esa prodigiosa cinta, no invitase aquí a los lectores a que la vean de nuevo y a aquellos que aún no la vieron: por favor, vuelen al videoclub y, como si fuese la primera película que van a ver en su vida, acérquense a ese fabuloso mundo felliniano que tan gratos momentos nos dio a partir de I vitelloni, por ejemplo.

A mí, que soy un amante del cine desde aquellos lejanos años cuarenta en que mi padre me llevaba a las salas de barrio del Madrid de mi infancia, a pesar de la distancia de nuestros pueblos (España-Italia), no pueden por menos que conmoverme las tiernas imágenes que desfilan ante nuestros ojos a lo largo de las cuatro estaciones en las que se desarrolla el film, envueltos entre la niebla de los recuerdos del pasado (algunos lectores, me refiero a los del fondo a la izquierda, recordarán lo que pasó entre esos años (1973-Chile, Viet-Nam, el 20-N), que se estrenó la película, hasta el año 1986 (pérdida del Referéndum de la OTAN).

Tengo una gran deuda con mi padre que, desgraciadamente, jamás podré saldar. Y no es solo porque haya fallecido, ni porque defendiera esa amada bandera tricolor, que hoy nos siguen negando, en el Ebro y en otros frentes desde 1936 al 39, ni por su capacidad de entrega y su magnífica resistencia a lo largo de los años de la derrota, si no por que me descubrió todo ese maravilloso mundo de celuloide poblado de imágenes que nos recuerdan quienes fuimos y lo chicos y lo grandes que podemos llegar a ser.

Como es inevitable la nostalgia, mientras escribo, esta mesa sobre la que ordeno mis recuerdos se va poblando de personajes y de paisajes, de vastas praderas en las que se pierden valerosos vaqueros a lomos de poderosos caballos, de gente maravillosa defendiendo valores que hoy casi se han olvidado, de huelgas heroicas de la clase obrera, de niños jugando a las guerras con espadas de madera en paisajes ya desaparecidos, de fieros tuaregs asediando fuertes defendidos por valeroso legionarios…

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Yo también fui fan de Gary Cooper

Me gustaría decirle a este señor que, para empezar, “El hombre tranquilo” no fue interpretado por este actor, sino por John Wayne. Pero, yendo al fondo de la cuestión, su película “El sargento Cork”, basada en la vida del “patriota” Albin C. York, no es algo como para recomendar a nuestros jóvenes, ya que, dicho en pocas palabras, solo se trata de un canto al militarismo, tan afín a ese pueblo norteamericano que, desde sus orígenes, no ha hecho otra cosa sino exterminar pieles rojas e invadir países

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