«Granos de uva en el paladar»

"Cuando yo me muera tengo ya dispuesto

en el testamento que me han de enterrar

en una bodega, dentro de una cuba

con un grano de uva en el paladar"

Cancionero popular.

En buenos Aires, Argentina, nace un espectáculo teatral que enlaza tres historias desarrolladas a partir de tres cuentos de Susana Hornos.

La historia comienza poco antes de la Segunda República española y termina en la actualidad. A través de ella mostramos el sin sentido de la guerra, la dictadura y la injusticia del olvido a través de unos personajes que nunca aparecerán en los libros de Historia. Les entregamos un escenario en gratitud a su callado coraje que nos empuja hoy a estar aquí.

Universalidad

Pertenecemos a una generación que nació en democracia, pero eso no nos impidió querer saber más: muy a menudo la contestación era "¿pa' qué remover?", no sólo por nuestros mayores sino, tristemente, por algunos de nuestros coetáneos. Ante la negación: búsqueda de respuestas.

En toda tierra fértil se rastrilla para remover las malezas, para evitar que la mala hierba crezca de nuevo. Si queremos que el suelo siga dando frutos, debemos evitar el miedo a reivindicar la Memoria.

Con nuestra llegada a Argentina, nos percatamos de que la obstinación por ocultar no pertenece a una frontera, sino al género humano; por fortuna, el mismo anhelo (incluso mayor) reside en aquellos que necesitan rastrillar su propia historia.

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«La familia de Pascual Duarte»: teatro de alta tensión

En cierto punto extraña que, pasados setenta años desde que se publicó la gran novela de Cela y con tan precario bagaje como el que aportan a la escena hoy en día los nuevos autores, “La familia de Pascual Duarte” no haya llegado antes a las tablas. Muy distante queda también el año (1975) en que el libro fue versionado para el cine bajo la dirección de Ricardo Franco y con una notable interpretación de José Luis Gómez, que sin duda recordarán quienes hayan visto el film.

“La familia de Pascual Duarte” estaba ahí, expuesta a la interpretación de quien quisiera servirse de un texto literario formidable para adaptarlo a una puesta en escena que, de contar con los requisitos clave para darle la creciente intensidad dramática que caracteriza a la novela (un buen libreto, un no menos bueno y esforzado trabajo actoral y una dirección ajustada al tenso crescendo dramático), obtendría la encomiable solvencia que logra el montaje de Tomás Gayo Producciones, estrenado hace unos meses en Castellón.

Gerardo Maya, que como director tan proclive se muestra siempre al teatro de texto, ha sabido elegir y también ha sido oportuno en la elección: no solo porque recuerda y homenajea así a un gran escritor -sobre el que muy poco se ha dicho en los medios a los diez años de su muerte-, sino porque esa literatura tremendista que parece asociada al convulso tiempo en que se desarrolla la vida de Pascual Duarte (entre 1882 y 1937) se llenó de tremenda realidad hace poco más de veinte años con el sangriento episodio de la matanza de Puerto Hurraco, también llevada al cine por Carlos Saura (2004).

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B-52

Asistí al estreno en Madrid de B-52, la primera incursión teatral de Santiago Alba Rico, llevada a las tablas por la compañía El Perro Flaco y editada en papel por la necesaria editorial Hiru.

Tanto en su forma escrita, como cuando cobra vida en un teatro, esta obra es necesaria porque nos disecciona el pensamiento que da belleza a la destrucción, que hace normal el genocidio y que eleva moralmente una cultura donde, tras las bambalinas de los sueños, se esconde la realidad del infierno.

No hay otra forma de soportar la matanza que escondiéndola, o mejor, haciéndola bella y moral. Es la vieja técnica de revestir y camuflar, de limitar el impacto a unos pocos de los nuestros, los ejecutores en tierra, para mantener a la mayoría legitimadora en el limbo de la retórica.

Hay un gran acierto en plantear la obra dentro de un B-52, bombardero estratégico de largo alcance que lleva democratizando el mundo desde 1955, pues a 15.240 metros de altura, toda destrucción, toda matanza, elude cualquier fealdad y se torna hermosa.

Desde el aire o la lejanía, las explosiones son espléndidas. Sus formas, sus colores y su despliegue luminiscente constituyen una puesta en escena que conmueve. Detrás de la ficción pirotécnica no puede haber maldad. Es la mano de Dios haciendo paisajes.

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«Teatro Negro», maquis en Abaurregaina

En la XXXIV Edición del Aezkoa Eguna en Abaurregaina (Nafarroa), los vecinos decidieron impulsar un espacio dedicado a la guerrilla antifranquista y los hechos relacionados con la misma en el valle.

Como primer acto se realizó una charla sobre el maquis a cargo de la Asociación Ahaztuak 1936-1977.

Al día siguiente se disfrutó de una obra de teatro en la cual se trataba de la llegada de los guerrilleros a este pueblo, en la que participó un vecino del mismo, Felipe Celay, fugado un par de meses antes del Fuerte de Ezkaba junto al comunista navarro, de Ujué, Jacinto Otxoa y que tambien participaría con él en estos hechos. El interés de los vecinos de Abaurregaina por los mismos quedó demostrado con la asistencia de más de trescientas personas a la representación

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Cronopios rotos: variaciones sobre Cortázar

A partir de textos de Julio Cortázar. Dramaturgia y dirección de José Sanchis Sinisterra.

Sobre la obra, de que va…

Torito y Graffiti
Después de la experiencia que supone haber llevado a la escena dos textos narrativos de Julio Cortázar (Carta de la Maga a bebé Rocamadour y Lejana. Diario de Alina Reyes), me propongo abordar la dramatización de dos relatos en un mismo montaje, Torito y Graffiti, con la complicidad y el apoyo de Jeito Producciones, que se hace cargo de la producción del espectáculo.

A pesar de sus indudables diferencias temáticas y estilísticas, así como de su distancia cronológica (1954 y fines de los 70, respectivamente), ambos relatos comparten rasgos esenciales en cuanto a su asunto y a su estructura formal. En efecto: en uno y en otro, una voz narrativa sumamente personalizada (un viejo boxeador noqueado y una joven activista torturada) interpela a un silencioso interlocutor, real y presente en el primer cuento, virtual y ausente en el segundo, dándole cuenta de los pormenores de su derrota.

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La historia robada

Sobre la obra, de que va…

En el siglo XIX, un conjunto de cambios sociales, urbanos y demográficos dio lugar al nacimiento del movimiento republicano, sin embargo, la Primera República sólo duró un año y medio.

A principios del siglo XX surgió la figura de Antoni Amer, que fue líder de este movimiento y se convirtió en alcalde de Manacor.

Laura es una joven que tiene la inquietud de conocer la vida de Antoni Amer, alcalde de Manacor durante la Segunda República. Un día recibe, a través de un mensajero, el borrador de la biografía escrita por su padre, historiador. De la lectura de estos papeles surgen los personajes de los días pasados, desde la Primera República hasta los trágicos hechos del 1936. Y nos cuenta la historia robada, la historia arrebatada de la memoria colectiva de un pueblo.

La compañía balear La Fornal pone en escena este montaje sobre la figura de Antoni Amer, isleño adscrito al republicanismo federal e impulsor de avanzadas iniciativas educativas y sociales. Amer fue vilmente asesinato el año 1936 al cementerio de Manacor

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Piedra de locura, de Alejandra Pizarnik

Sobre la obra y su representación, de que va…

Vosotros que entráis en este universo habréis de abandonar los lugares comunes que acompañan el nombre de esta escritora. Son los mismos, por cierto, que lastran la recepción de otras escritoras: locura y suicidio. Graves son las consecuencias de la patología que consiste en “ligar” de esta manera vida y obra. La melancolía, la soledad y el aislamiento, cuando se ponen de manifiesto en la escritura de una mujer, son rasgos que admiten ser interpretados como prueba de un desequilibrio psíquico de tal naturaleza, que puede conducir a su autora al suicidio o a la locura. En cambio, si el escritor es varón, su obra y vida o ambas manifiestan parecida contextura, ésta suele recibirse como una confirmación del talante visionario de su hacedor. La muerte de Pizarnik, háyase suicidado o no, es tan relevante para la comprensión de su obra como el gas y el horno en un gélido apartamento londinense para la de Sylvia Plath.

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La Fundición, semillero de la escena contemporánea

La Fundición cumple un cuarto de siglo convertido en un referente internacional para los artistas más alternativos.

Como si fueran hormigas que poco a poco se van construyendo su particular hormiguero, La Fundición ha conseguido convertirse en un referente de las artes escénicas desde que en 1986 levantaran el telón. Son 25 años los que llevan ya en escena y por su sala han pasado grandes artistas como Angelica Liddell o La Ribot.

Fue hace un cuarto de siglo cuando Luke Tagua y Laura Etxebarria decidieron lanzarse a la aventura y crear de la nada un espacio donde se pudieran "generar miradas" sobre las artes escénicas contemporáneas. "Me refiero con contemporáneas a todo lo que tiene que ver con la transversalidad, el mestizaje, las miradas distintas sobre lo que puede ser el teatro más convencional", explica Tagua.

En 1986, tanto Tagua como Etxebarria se encontraban en Bruselas "por motivos de trabajo" y se fijaron que Bilbao era la localización perfecta para llevar a cabo un proyecto que no se les iba de la cabeza. "Nos parecía que era una ciudad muy viva, con un público estudiante muy curioso. Era una ciudad en ebullición. Hicimos esa propuesta de una manera muy generosa. Era un espacio privado y sigue siéndolo", subraya Tagua. Además, La Fundición tiene el orgullo de ser "la única sala privada" que ha estado durante 25 años en funcionamiento en Euskadi, ya que "no se ha creado ninguna más" en el resto de territorios.

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«Memo», por la Agrupación Señor Serrano

Interpretada por tres performers, diez magnetófonos, un vídeo VHS, una sandwichera eléctrica y decenas de globos hinchables, MEMO explora los mecanismos de construcción de la memoria a través de una puesta en escena apoyada en la danza, la creación sonora y el vídeo en directo.

Una determinada experiencia pone en marcha nuestro cerebro y de golpe queda fijada como recuerdo en nuestra memoria. En un primer momento parece que el recuerdo es fijo, pero las imágenes que atesoramos con voluntad inmutable cambian constantemente: son contaminadas por nuevas experiencias, alteradas por elementos de otros recuerdos parecidos y peinadas por el tiempo.

Nos encontramos a la Sección de Cumpleaños Singulares de la Corporación Memoria del sujeto X. Tres personajes esperan pacientemente la entrada de las experiencias del sujeto X que la Dirección Central de la Corporación Memoria ha catalogado como Cumpleaños Singulares. La función de estos personajes es construir y mantener los recuerdos basados en estas experiencias y transmitirlos cuando el sujeto X quiere evocarlos. Ahora bien, ni la construcción de un recuerdo, ni su mantenimiento, ni su evocación se desarrollan nunca con fidelidad y precisión exquisitas. Más bien, el proceso se demuestra, por naturaleza, incompleto, burdo y aproximativo.

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