La Fundición, semillero de la escena contemporánea

La Fundición cumple un cuarto de siglo convertido en un referente internacional para los artistas más alternativos.

Como si fueran hormigas que poco a poco se van construyendo su particular hormiguero, La Fundición ha conseguido convertirse en un referente de las artes escénicas desde que en 1986 levantaran el telón. Son 25 años los que llevan ya en escena y por su sala han pasado grandes artistas como Angelica Liddell o La Ribot.

Fue hace un cuarto de siglo cuando Luke Tagua y Laura Etxebarria decidieron lanzarse a la aventura y crear de la nada un espacio donde se pudieran "generar miradas" sobre las artes escénicas contemporáneas. "Me refiero con contemporáneas a todo lo que tiene que ver con la transversalidad, el mestizaje, las miradas distintas sobre lo que puede ser el teatro más convencional", explica Tagua.

En 1986, tanto Tagua como Etxebarria se encontraban en Bruselas "por motivos de trabajo" y se fijaron que Bilbao era la localización perfecta para llevar a cabo un proyecto que no se les iba de la cabeza. "Nos parecía que era una ciudad muy viva, con un público estudiante muy curioso. Era una ciudad en ebullición. Hicimos esa propuesta de una manera muy generosa. Era un espacio privado y sigue siéndolo", subraya Tagua. Además, La Fundición tiene el orgullo de ser "la única sala privada" que ha estado durante 25 años en funcionamiento en Euskadi, ya que "no se ha creado ninguna más" en el resto de territorios.

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«Memo», por la Agrupación Señor Serrano

Interpretada por tres performers, diez magnetófonos, un vídeo VHS, una sandwichera eléctrica y decenas de globos hinchables, MEMO explora los mecanismos de construcción de la memoria a través de una puesta en escena apoyada en la danza, la creación sonora y el vídeo en directo.

Una determinada experiencia pone en marcha nuestro cerebro y de golpe queda fijada como recuerdo en nuestra memoria. En un primer momento parece que el recuerdo es fijo, pero las imágenes que atesoramos con voluntad inmutable cambian constantemente: son contaminadas por nuevas experiencias, alteradas por elementos de otros recuerdos parecidos y peinadas por el tiempo.

Nos encontramos a la Sección de Cumpleaños Singulares de la Corporación Memoria del sujeto X. Tres personajes esperan pacientemente la entrada de las experiencias del sujeto X que la Dirección Central de la Corporación Memoria ha catalogado como Cumpleaños Singulares. La función de estos personajes es construir y mantener los recuerdos basados en estas experiencias y transmitirlos cuando el sujeto X quiere evocarlos. Ahora bien, ni la construcción de un recuerdo, ni su mantenimiento, ni su evocación se desarrollan nunca con fidelidad y precisión exquisitas. Más bien, el proceso se demuestra, por naturaleza, incompleto, burdo y aproximativo.

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Lluvia de sangre sobre el teatro

Sastre. Me parece muy serio lo que está ocurriendo en el teatro.

Sombra. ¡Ah! ¿Por fin algo le parece muy serio?

Sastre. No te rías, que ahora no es de reír. Está lloviendo sangre entre los bastidores. Deja las bromas para un momento más propicio.

Sombra. Pero no se ponga usted así.

Sastre. Es que la sangre es una cosa muy seria.

Sombra. Nunca he pensado yo en reírme de la sangre, jefe. Ni siquiera en la imaginación. Todo lo contrario.

Sastre. Como a veces lees esta revista por encima de mi hombro, podías haber leído el artículo de Jaime Chabaud.

Sombra. Pues no, pero dígame algo sobre él.

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El montaplatos (The dumb waiter), de Harold Pinter

Sobre la obra, de que va…

Dos hombres viven en una habitación miserablemente amueblada que no tiene ni siquiera las facilidades indispensables para hacer el té. Los hombres discuten acerca de equipos de fútbol y de noticias de prensa. A medida que se desarrolla el diálogo, Pinter se las arregla para darnos a entender, con notable pericia, que se trata de dos asesinos a sueldo, al servicio de una misteriosa organización.

Pasan el tiempo en habitaciones, a donde se les envía para que esperen órdenes. Se sienten a salvo en su refugio, aunque la certidumbre de que pronto tendrán que salir hace que se pongan nerviosos ante cualquier signo de una posible intrusión. Hay un efectorealmente sobrecogedor cuando se oyen pisadas que se aproximan a la puerta. Alguien desliza un sobre por la ranura, y los pasos vuelven a alejarse. Los pistoleros enfundan sus revólveres y respiran tranquilos. Siguen charlando, y de pronto empieza a funcionar un montaplatos que está al fondo de la habitación. En él encuentran una nota de restaurante, por lo que llegan a la conclusión de que deben hallarse en lo que era antes la cocina. Ben y Gus registran frenéticamente sus bolsillos y meten en el montaplatos toda la comida que tienen. El montaplatos vuelve a bajar una y otra vez, siempre con pedidos cada vez más extravagantes de comidas exóticas. Pinter aprovecha al máximo este recurso del absurdo, pues lo utiliza para acentuar el contraste con su clímax horrorífico. Gus sale  para ir a la habitación contigua (fuera de la seguridad de su mundo), y Ben recibe instrucciones de una voz que habla por el hueco del montacargas. Cuando Gus vuelve, va en mangas de camisa y su pistola ha desaparecido; y en el momento en que cae el telón comprendemos que Ben ha recibido órdenes de matar a su compañero.

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El extraño jinete, de Michel de Ghelderode

El teatro de Ghelderode en cuanto espectáculo de una naturaleza humana integral, sin amputaciones ni eufemismos, proviene directamente de la dramaturgia isabelina: exceso, insujeción a las normas púdicas, ósmosis entre la muerte y la lujuria, obsesión de lo auténtico cifrando en el instinto y en el espontáneo desenvolvimiento de los apetitos naturales

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La Uña Rota edita obra inédita de Angélica Liddell

Un nuevo título de Los libros del apuntador reúne las piezas “La casa de la fuerza”, “Te haré invencible con mi derrota” y “Anfaegtelse”.

Tras su éxito en el Festival de Otoño de Madrid de 2009 y en el Festival de Aviñón de 2010, donde fue recibida como toda una revolución (“Cinco horas trabajadas hasta la exasperación por unas ganas furiosas de entender por qué todo va tan mal”, según Le Monde), la editorial segoviana La Uña Rota publica “La casa de la fuerza”, de Angélica Liddell, inédita hasta hoy.

El volumen se completa con otros dos textos inéditos, “Anfaegtelse” y “Te haré invencible con mi derrota”. Tres obras en las que Angélica Liddell, una de las escritoras más emblemáticas de lo que va de siglo XXI, se interna por infiernos raramente visitados por la literatura española, con un estilo turbador y vibrante, sin concesiones, y haciendo uso de un hondo intimismo.

“La casa de la fuerza” nos habla sobre cómo “el amor fracasa, la inteligencia fracasa, y nos destrozamos los unos a los otros, por cobardía, y humillamos y somos humillados hasta el final”, según la autora. Es una descarnada reflexión sobre la condición de la mujer en este siglo XXI y sobre el machismo cotidiano. Y en concreto, sobre los asesinatos y violaciones de niñas y mujeres que aún hoy tienen lugar en Ciudad Juárez (Méjico).

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Luces y sombras en escena

Balance de la 8ª edición del Festival Internacional de Buenos Aires. El ya clásico FIBA convocó esta vez a unos 40 mil espectadores y presentó más de cien funciones de teatro, danza y música. Hubo también una clase magistral del director Heiner Goebbels, charlas, obras gráficas y concursos.

Terminó el Festival Internacional de Buenos Aires y comenzó el recuento. Los organizadores enviaron las cifras de un acontecimiento que, con sus más y sus menos, se presenta cada dos años desde 1997, abarcando teatro, danza y música. A estos espectáculos, incluidos los nacionales, se sumó en esta octava edición una clase magistral del director Heiner Goebbels y charlas con otros creadores extranjeros, una obra gráfica para teatro de Gonzalo Martínez, la presentación de libros, el II Concurso nacional de ensayos Alfredo de la Guardia y la entrega del VII Premio Germán Rozenmacher. A semejanza de años anteriores, las obras visitantes atrajeron la atención de un público interesado en ver qué se hace en Europa y América, en tanto los nacionales, con estrenos y obras ya estrenadas, mostraron su trabajo a los programadores de muestras internacionales. Siempre en ascenso, los elencos argentinos seleccionados para presentar obras en el FIBA se refirieron a su participación como parte activa e inteligente del festival, evidenciando cohesión con sus pares al momento de exigir que se los reconozca.

Las obras del segmento internacional crearon una expectativa no siempre satisfecha, aun cuando la coproducción Eraritjaritjaka (Suiza, Alemania, Francia y Holanda), a cargo de la compañía Théâtre Vidy-Lausanne, dirigida por Heiner Goebbels, recibió los mayores elogios. En síntesis, un elaborado juego de ingenio que, sobre el fondo de un cuarteto de cuerdas, reunió pensamiento filosófico y vida cotidiana, apelando a la actuación en vivo y a distancia, mediante sofisticados equipos. A su vez, el Hamlet, de William Shakespeare, por el elenco de la Schaubühne am Lehniner Platz, dirigido por Thomas Ostermeir concretó una primera escena muy festejada (las torpezas del sepulturero en el entierro del rey asesinado), actuada a la manera de los cómicos del cine mudo. Hubo buenas actuaciones y artilugios propios de las obras que incorporan otra dimensión a la escena a través de filmaciones. Un espectáculo que tomó elementos de la comedia bufa, prodigados entre otros por Lars Eidinger (en el rol de Hamlet), quien, en la primera función, y ante un desperfecto en el visor de traducción simultánea, capeó la escena con soltura, alternando con la platea. Hamlet es aquí un clown antes y después de endilgarse la locura que conviene a sus planes, y de ahí en más, transforma los discursos trágicos en retruécanos traviesos. Años atrás, desde la opulencia, el teatro europeo se mostró rebelde y socarrón con los clásicos. Pero hoy es imposible no preguntarse de qué se ríe este Hamlet. ¿Será del decadentismo de la cultura europea y de su política errática?

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El Vigilante (The caretaker), de Harold Pinter

Sobre la obra, de que va…

Aston es un hombre introvertido que vive en una casa que ha comprado su hermano Mick. Aston tiene problemas de relación social, debido a que en su juventud, y quizás por una actitud demasiado extrovertida sufre tratamiento siquiátrico de electrosock cuando todavía era un adolescente y con consentimiento materno. Aston se encuentra con Davis, vagabundo y “buscavidas”, al que auxilia, en una situación delicada de pelea, y le invita a pasar la noche en su casa. Davis permanentemente está atento a ver “que saca” de la situación, llegando a aliarse con uno u otro hermano en función de donde está “el poder”.

Mick es el hermano pequeño de Aston que tiene un pequeño negocio de construcción y ambiciona crecer y “situarse” en la sociedad. Ha comprado la casa donde vive Aston para darle alojamiento y al mismo tiempo para que se la arregle, la revalorice y además tenerle ocupado, pues no está en condiciones de “buscarse la vida”. El vínculo con su hermano es tirante y Mick lo vive como una carga, pues frena toda la ambición de “escalar” socialmente posiciones. Esta situación Davis la utiliza para tratar de instalarse en el lugar de forma definitiva intentando ver quién manda para aliarse con él.

Al mismo tiempo Mick desde su situación preponderante trata de “utilizar” a Davis para descargarle de lo que supone el control y desarrollo de los trabajos en la casa y la atención hacia su hermano.

Todos en mayor o menor medida somos víctimas de nuestro propio sistema, como el pez que se muerde la cola. El miedo a la carencia nos lleva al exceso, el miedo a la opresión nos lleva a oprimir, el miedo al vacío, nos lleva al deseo, el miedo a la libertad nos lleva a dios. El miedo hace la vida irrespirable. El que tiene poder lo sabe y lo aplica. Nos fabricamos un sistema de relaciones humanas que genera permanentemente tensión, incomunicación, con una lucha cíclica por el poder, y hay de aquél que se atreva a contestar, pues será alienado por el poderoso de turno.

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