«La familia de Pascual Duarte»: teatro de alta tensión

En cierto punto extraña que, pasados setenta años desde que se publicó la gran novela de Cela y con tan precario bagaje como el que aportan a la escena hoy en día los nuevos autores, “La familia de Pascual Duarte” no haya llegado antes a las tablas. Muy distante queda también el año (1975) en que el libro fue versionado para el cine bajo la dirección de Ricardo Franco y con una notable interpretación de José Luis Gómez, que sin duda recordarán quienes hayan visto el film.

“La familia de Pascual Duarte” estaba ahí, expuesta a la interpretación de quien quisiera servirse de un texto literario formidable para adaptarlo a una puesta en escena que, de contar con los requisitos clave para darle la creciente intensidad dramática que caracteriza a la novela (un buen libreto, un no menos bueno y esforzado trabajo actoral y una dirección ajustada al tenso crescendo dramático), obtendría la encomiable solvencia que logra el montaje de Tomás Gayo Producciones, estrenado hace unos meses en Castellón.

Gerardo Maya, que como director tan proclive se muestra siempre al teatro de texto, ha sabido elegir y también ha sido oportuno en la elección: no solo porque recuerda y homenajea así a un gran escritor -sobre el que muy poco se ha dicho en los medios a los diez años de su muerte-, sino porque esa literatura tremendista que parece asociada al convulso tiempo en que se desarrolla la vida de Pascual Duarte (entre 1882 y 1937) se llenó de tremenda realidad hace poco más de veinte años con el sangriento episodio de la matanza de Puerto Hurraco, también llevada al cine por Carlos Saura (2004).

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11 de febrero: a la memoria del pintor Ricardo Carpani

Ricardo Carpani, pintor argentino, dueño de un estilo inconfundible, debido a la potencia de sus imágenes. Nació el 11 de febrero de 1930 en Tigre, provincia de Buenos Aires. Pasó su infancia en Capilla del Señor hasta que en 1936 su familia se mudó a Buenos Aires, allí terminó sus estudios secundarios en el colegio Rivadavia. Comenzó a estudiar Derecho; abandonó. A los 20 años viajó a París, Francia; empezó a interesarse seriamente en la pintura, primero fue modelo de artistas y luego artista.

Luego de una pequeña estadía en Chile y ciudades de la Argentina profunda. Volvió a Buenos Aires en 1952 y estudió un año con el maestro Emilio Pettoruti. Su primera exhibición de arte fue en 1957 junto a Juan Manuel Sánchez y Mario Mollari. Ellos y otros artistas como Juana Elena Diz, Raúl Lara Torrez -joven pintor de nacionalidad boliviana-, Pascual Di Bianco, Carlos Sessano, Esperilio Bute y Franco Venturi (desaparecido en 1976) fundaron el Grupo Espartaco (1959). El grupo Espartaco planteó la necesidad de un arte con raíces en el país y atento a las necesidades y luchas del pueblo trabajador.

El Grupo Espartaco estuvo influenciado por los muralistas mexicanos Orozco, Rivera y Tamayo, como así también por el ecuatoriano Guayasamín y el brasilero Portinari, pero adquirieron una personalidad propia, necesidad imprescindible de todo creador. 

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Muerte de Antoni Tàpies: una curiosidad

Ha muerto el pintor Antoni Tàpies. A modo de curiosidad, y procedente de nuestra biblioteca descomunal, reproducimos la portada de una novela de Manuel Bosch Barrett publicada en 1945 por la editorial barcelonesa Memphis. El detalle tiene su anécdota.

La citada editorial fue creada por el padre del pintor, Josep Tàpies, y la ilustración que pueden contemplar obra del mismísimo pintor, quizás una de sus primeras obras hechas públicas. En la misma editorial, Josep Tàpies, según cuenta su hijo en su libro "Memoria Personal" (publicado en catalán, idioma del pintor, en 1977, y en español en 1983, traducido por Pere Gimferrer y Javier Rubio), publicó una novela policíaca, de la que, desgraciadamente, no nos da el título, firmada con el seudónimo de "Coronel Hans".

En uno de los comentarios de prensa leídos con motivo de su muerte, se dice que, "durante sus últimos años", Tàpies se interesó y se acercó al pensamiento oriental. Una inexactitud manifiesta. A Tàpies le interesó el pensamiento oriental, China, India, etc., desde su adolescencia y juventud. Y tal curiosidad le venía, como él mismo cuenta en su "Memoria…", de su propio padre y tal interés lo mantuvo durante toda su vida. "Debo pues a mi padre –escribió el pintor–, gracias a la atracción que sentía por el Oriente… (Su lectura) de los clásicos chinos" y de los clásicos indios y de toda esa literatura trascendental de Oriente que conoció pronto y bien.

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Sara: canto y llanto de la tierra

Estamos hoy despidiendo a la más cubana de la trova nuestra, un icono de la canción revolucionaria, un ser que ha sido la nación en persona, su gracia, “su desparpajo”, su sencillez hasta el colmo, su pasión desbordada, por Martí, por la Revolución, por el pueblo por el que vibró con su canto y llanto de la tierra.

La primera vez que hablé con Sara, fue a inicios de los 80. Yo era un muchacho que empezaba a meter cabeza en la radio, fanático a la trova, y fui con una grabadorita a los jardines de la UNEAC donde Sara González y Pablo Milanés daban un concierto tras una gira por España. Cuando terminaron, entre el gentío, le hice un par de preguntas a Pablo Milanés, recuerdo que una era acerca de la guitarra que Silvio le había regalado, su primera guitarra, llena de dibujos… y Pablo me habló de le amistad y de lo que significaba especialmente el gesto de su amigo de desprenderse de lo que no se desprende un trovador, de su guitarra, y por la obra que había nacido entre esas cuerdas.

A Sara ni sé qué le pregunté, pues me sorprendió su cubaneo, hasta me tiró el brazo por encima y disparó una jerga, con malas palabras incluidas, que me dejó paralizado. Me dijo algo así como que cogió un viaje de “chiripa”, pues había ido de “bateadora emergente”, quien iba era Silvio y se complicó. Llegué con el casete a la emisora, Radio Cadena Habana, lo guardé en la gaveta de Marta, la jefa de redacción y alguien llegó al otro día, le hizo falta un casete, abrió la gaveta, y se fue a bolina aquella primera proeza de haber entrevistado a quienes ya eran para mí dos leyendas del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Pero bueno, me conformo pensando que me quedó un Pablito cadencioso, amable, tierno, y una Sara explosiva, apasionada, manoteadora, la socita del barrio.

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Recortes, saldos y liquidaciones

¿Que cómo estamos? Pssss, aquí, contemplando el pimpante consumo de lujo desde la orilla cada vez más ancha del subconsumo. No son dos opciones; lo serían si pudiéramos elegir. Pero no. No podemos engañarnos: estamos con la inmensa mayoría, somos más carne del “todo a 100” que del Club de campo.

Arrecidos por el ventarrón reinante, recortamos. Recortes son las telas, recortes son los marcos (tal vez por eso se vean un poco torcidos) y recortados están los precios (favor que esperamos correspondan como se merece). También hay cosas que hemos encontrado en la calle, desahuciadas y sin techo, y que hemos recogido no para reciclar, sino por nuestra buena alma y por tener algo con que armar nuestras piezas.

Por no tener, ni estética tenemos, porque todas las que nos han ofrecido sonaban gravosas, embaucadoras e inútiles como un plan de pensiones, y tan cautivadoras como una hipoteca a cuarenta años. (Nótese que los productos bancarios, en general, no gozan de nuestra simpatía, pero la guerra la han empezado ellos.) Bastante nos cuesta ya terminar cada obra como para tener que darle encima una manita de cualquier estética.

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Cinco canciones para Don Manuel

Hay canciones que, en unos pocos minutos, explican la vida de alguien mejor que cualquier biografía. Hay pocas vidas, sin embargo, que puedan ser explicadas exclusivamente a partir de canciones que hablan de muerte. La vida de Manuel Fraga es una de ellas.

Ahora que ha fallecido hay que a escuchar y cantar las canciones que hablan de estas muertes: Julián Grimau, Enrique Ruano, Salvador Puig i Antich, Juan Paredes Manot 'Txiki', Ángel Otaegi, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Humberto Baena… y tantos otros. Como inmortalizó Lluís Llach en Campanadas a mort, "les perseguirán nuestras memorias para siempre".

1963. "Que dirá el santo padre" (Violeta Parra)

Julián Grimau era militante del PCE desde 1936. En 1959 volvió a España para organizar el partido desde la clandestinidad. Detenido por la policía franquista en 1963, fue juzgado sin garantías y fusilado, lo que provocó una avalancha de protestas contra la dictadura franquista en toda Europa y América Latina. Fraga era entonces ministro de Información y fue el encargado de anunciar la ejecución. Firmó personalmente la condena -Franco lo requirió a todos los ministros- y calificó al dirigente comunista como "Ese caballerete". En una entrevista en El País el 30 de abril de 2006 afirmó no arrepentirse del fusilamiento de Grimau. La chilena Violeta Parra escribió esta canción, que en este vídeo interpreta Quilapayún.

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B-52

Asistí al estreno en Madrid de B-52, la primera incursión teatral de Santiago Alba Rico, llevada a las tablas por la compañía El Perro Flaco y editada en papel por la necesaria editorial Hiru.

Tanto en su forma escrita, como cuando cobra vida en un teatro, esta obra es necesaria porque nos disecciona el pensamiento que da belleza a la destrucción, que hace normal el genocidio y que eleva moralmente una cultura donde, tras las bambalinas de los sueños, se esconde la realidad del infierno.

No hay otra forma de soportar la matanza que escondiéndola, o mejor, haciéndola bella y moral. Es la vieja técnica de revestir y camuflar, de limitar el impacto a unos pocos de los nuestros, los ejecutores en tierra, para mantener a la mayoría legitimadora en el limbo de la retórica.

Hay un gran acierto en plantear la obra dentro de un B-52, bombardero estratégico de largo alcance que lleva democratizando el mundo desde 1955, pues a 15.240 metros de altura, toda destrucción, toda matanza, elude cualquier fealdad y se torna hermosa.

Desde el aire o la lejanía, las explosiones son espléndidas. Sus formas, sus colores y su despliegue luminiscente constituyen una puesta en escena que conmueve. Detrás de la ficción pirotécnica no puede haber maldad. Es la mano de Dios haciendo paisajes.

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30 años de oscuridad

En el año 1969 se comenzó a gestar un libro, que no vería la luz hasta el año 1977, “Los Topos” un trabajo de Jesús Trobado y de Manuel Leguineche.

Unas historias que se conocieron en esa época de la llamada “Transacción”.

Un libro lleno de recopilaciones y relatos de supervivencias de gran valor en esa larga noche de la dictadura franquista, y nunca mejor dicho, pues fueron topos en las oscuridades del interior más tupido.

Unos textos que después de leer, uno sentía la  necesidad de poner imágenes a esas historias que aparte de ser memoria histórica, tenían un aire de novela negra, algo así como si estuvieran pidiendo a gritos ser el guión de una película.

Esas imágenes han llegado ahora de la mano de Manuel H. Martín, que ya tiene en su bagaje una buena experiencia de dirección de documentales y cortometrajes.

“El documental navega entre viñetas, pero no es una historia para los amantes del cómic, es una historia universal, angustiosa e intrigante, que sigue una línea narrativa clásica y tiene un lenguaje sencillo y directo que mantiene al espectador en la butaca desde el inicio hasta los créditos”

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Cine ¡por favor!

Leo en alguna Web una nota de alguien que afirma que sus películas favoritas son las de Charles Bronson.

Lo peor que tiene ese género de cine de los “justicieros” Charles Bronson, de Van Damm, Bruce Lee, S. Seagal, Jackie Chan, Stallone y demás fauna es que pueden llegar a crear este tipo de público.

Tengo un recorrido más que dilatado como espectador cinematográfico. Desde aquellas entrañables películas del Tarzán en blanco y negro de los años cuarenta, -con el mejor Johnny Weissmuller-, las de Fu Manchú en el cine de los frailes, las de Sabú, las formidables pelis de James Cagney (aquel pedazo de actor que se solidarizó con la causa de la República); las entretenidas y emocionantes producciones que nos llevaban al desierto de Arabia, a Bagdad, a los bosques de Bretaña (más tarde descubriríamos que estaban rodadas en el desierto de Arizona o sin moverse los “héroes” del mismísimo Hollywood), de la mano de Gary Cooper, Burt Lancaster, Errol Flynn, (otro que estuvo en España, con los republicanos), Clark Gable, Victor Mature, Wallace Berry, Jean Harlow, …En mi larga vida como espectador en los cines de ayer y de hoy he tenido ocasión de ver cine de “llorar”, como la lacrimógena Belinda, me harté de ver pelis de “indios”, de “pecar”, de “romanos”; pelis de “risa” de Cantinflas, de Sandrini, de Chaplin; pelis de  “gangsters”, con Richard Conte, E. G. Robinson, pelis de “piratas”, con Tyrone Power, Charles Laughton, Mauren O´Hara, pelis de “amor”, de Jorge Negrete, de María Félix, de Ray Milland, de Joel Maccrea, de María Móntez, de John Hall, de Pepe Isbert, de Manolo Morán, de Fernando Fernán Gómez; pelis de “carreras”, con la niña Margaret O`Brien y Micky Rooney, de “miedo”, musicales, religiosas, biográficas, de viajes, bélicas, de Liz Taylor y la perrita Lassy. Películas anticomunistas, de santos, películas en Cinerama en el Cine Albéniz y en el Proyecciones. Cine en Cinemascope, cine en “relieve” en el Monumental Los crímenes del Museo de Cera; en “tecnicolor”, en “agfacolor”; cine de aventuras en cines de barrio con sillas de tijera, en salas de estreno, en cines de verano y al aire libre, en “salas de Arte y Ensayo”, en el Desierto del Sáhara llegué a ver Rebelión en la granja; en salas de pueblos de Marruecos y rodeado de gentes envueltas en nubes de humo de “kiffi”, películas que “daban” los curas en la parroquia, con misioneros que perecían en la nieve tratando de salvar a los “pobres negritos” de Fernando Pooo. También “cine social”, de Carlos Saura, Bardém, Bressón, Montxo Armendáriz, Mario Camus, Marco Ferreri, Ricardo Franco.

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