Cine e ideología

Leo una crítica de un compañero en Rebelión, acerca de la película Balada triste de trompeta y esto me anima a decir un par de cosas sobre cine.

Totalmente de acuerdo con el análisis de esta película, quiero decir que, ante el éxito de productos como éste, a veces, por no pecar de desinformado y de reaccionario contra películas simples, poco serias o de contenido poco consistente y claramente dirigidas al consumidor poco crítico, uno no se atreve a llevar la contraria a sus admiradores.

Es asombroso el interés que despierta todavía el tema judío en la industria del cine norteamericana –ya hay de nuevo otra película en cartel, cuando no se apagaron aún los aplausos por El niño del pijama a rayas-, el inagotable filón de la II Guerra Mundial, que ya hemos visto desde todos los ángulos posibles, con el “siempre encomiable” papel que jugaron ingleses y norteamericanos en dicho conflicto (va camino de empatar con el número de weterns). Por el contrario, qué poco interés ha manifestado la industria USA para con el problema palestino si no fue para tacharlos de terroristas en Éxodo, que tal parece que los invadidos, cercados y buenos de la peli fuesen Sal Mineo, Paul Neuman y las bellas e inocentes judías de shorts y frescas carnes. Y esto es extensivo al conflicto saharaui, que ya dura 35 años y todavía no ha asomado el careto ni uno sólo de los que nos entretienen con sus más o menos decorosos filmes. Lo cual deja bastante claro en manos de quién está el capital inversor.

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El artista social, influyente e Investigador

Desde los comienzos de la vida, el hombre se caracteriza por esa búsqueda de auto-conocimiento, vivir rodeados de inquietudes y ambicionar el progreso. Y precisamente la primera válvula de escape utilizada para manifestar estas inquietudes fue el arte -aunque en su momento no fuera considerado como tal-. De tal modo que aquel primer arte, para empezar, nos abría las puertas del entendimiento de aquella época y nos mostraba igualmente el perfil del hombre de entonces. Así como ejercía de referente para apreciar la evolución de la expresión artística ligada a la conciencia humana.

Por ejemplo las cuevas de Altamira en España (1), nos muestran que el ser humano desarrolló una predilección por la naturaleza y una habilidad destacada en representar las formas animales en sus momentos tempranos de desarrollo conocidos como la prehistoria. Está claro que la naturaleza cíclica de la vida, nos demuestra generación a generación el comportamiento del ser humano y la relatividad de los hechos. Donde hoy un artista puede ser ignorado y mañana representar un icono histórico. Ya encontramos ejemplos de artistas que vivieron una marginación o rechazo en su propia época. Pasaron relativamente desapercibidos en su momento de vida.

En cambio, tiempo después de su muerte, los tenemos subrayados como genios. Vincent Van Gogh (Paises Bajos 1853-1980), verdaderamente pedía una suma minúscula por sus cuadros durante su vida por su escasa demanda y curiosamente, hoy en día valen millones, e incluso pertenece a la lista de los artistas modernos más caros de nuestro tiempo. Por lo tanto hablamos de una dinámica social en cuanto al arte y al artista, donde en un primer momento es incomprendido, ignorado o incluso atacado, para más adelante convertirse en referente del progreso, la innovación y la fama. Podemos decir entonces, que el artista va por delante de su tiempo, y si es así ¿siempre estará cuestionado y apartado en su época? ¿Viviremos continuamente con una mirada puesta en el pasado y ciegos ante lo actual? En realidad quizá todo dependa del valor social y el impulso educativo en relación al arte de la sociedad.

Aquí nos interesa poner de relieve que los artistas nunca por norma general han sido considerados ni respaldados por ser ellos mismos. Es con el paso del tiempo, cuando tras la evolución se ha entendido su discurso y/o sus aportaciones artísticas cuando ya se les ha puesto en lo más alto. Tras todo el bagaje que tenemos ¿por qué aún en la actualidad el artista da sus primeros pasos solo? ¿Por qué seguimos esperando a que sea famoso? No existe un interés en respaldar los comienzos de estos artistas. Porque ¿es el arte el que construye nuestra época o la época la que define nuestro arte? Existe en la actualidad un gran debate entre un artista que tiene la obligación de ser político-social y aquel que trabaja de dentro para fuera, es decir, paralelamente a la novedad o los acontecimientos que investiga en inquietudes humanas, artísticas, estéticas, etc. Pero en realidad ¿se debe plantear cual es la opción correcta cuando ambos están aportando a la sociedad y a la historia de arte? Cuando en realidad ambos desarrollan un trabajo de investigación.

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Jazz: la sal de todas las músicas

En verano se celebran innumerables conciertos musicales. La música jazz es una de las madres de otras nuevas "músicas". Sin embargo son pocos los que realmente conocen y sienten el jazz. Las radios y las discotecas de modas han vulgarizado de forma obscena y miserable ciertas canciones, relegando al olvido la verdadera música, la buena y necesaria música.

Las técnicas de repetir hasta la saciedad ciertas "canciones", ciertas composiciones con un ritmo simplón y vulgar hace que todo el mundo acepte y asuma que esa "música" es la moda y la que debe ser "bailada", "escuchada". Gran mentira, pues hay muchas músicas realmente bien elaboradas y con unos matices y calidad que nunca van a ser escuchadas, bailadas y sentidas por el alto grado de estupidez y manipulación de los que imponen las modas musicales y sociales en nuestro mundo actual.

Si uno se toma la molestia de escuchar ciertas emisoras o acudir a ciertos lugares de culto por las masas adictas al fin de semana, puede constatar que se repite el mismo sonido de una manera enfermiza y cansina. El ser humano es un ser muy simple, pues se conforma inmediatamente en ser oveja, en ser rebaño…

El buen jazz, y en general la buena música, huye de los rebaños y de las dictaduras que imponen ciertos necios, ciertos comerciantes sin escrúpulos.

Igual que la buena literatura, el jazz no necesita del anuncio y de la repetición para tener un espacio privilegiado y exclusivo. Es un manjar exquisito que se disfruta en compañía o en solitario, siempre en lugares a media a luz. El jazz y sus adeptos preferimos entrar en nuestro santuario musical conservando nuestra personalidad para así poder comprenderlo todo.

La vida de los otros no interesa para nada a los que tienen buena música envolviendo sus días y noches. Tampoco interesa acudir a esos antros donde la gente se apiña como borregos. Los santuarios del jazz son pequeños, amables y parecen más el salón de casa iluminado con una lámpara…

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Yo, Picasso, genio y chamán

Desde su adiós clama Libertad.

El «Guernica»- ese extracto de universo sin palomas.
El «Guernica»- ese extracto de sangre, rebeldía y llanto.

«Yo, Picasso» era su frase favorita. Fue un desesperado por la vida y la arrasó. No tuvo límites. Ni para crear, ni para doblegar. Ni para beberse el arte, el alcohol y los burdeles; ni para encerrarse en silencio, para crear. El 8 de este abril se cumplen los treinta y seis años de su adiós (¿A Dios?). Hoy  grita, gime, increpa y resiste desde el «Guernica», su obra maestra. Desde ese cuadro que es historia, que escribió la Historia, y que es emblema de libertad, «Yo, Picasso» sigue alertando a los inocentes de la Tierra. En el corazón de este mundo trémulo, su clamor pictórico y vital tiene hoy, aún más entidad.

Niño prodigio y superdotado; comunista y pacifista, o burgués. Tierno y cruel; amigo y traidor… aquella vez. Aunque ardió en su fuego, salió siempre ileso, él. Calcinaba a los otros. A las otras. Las mujeres eran sus diosas,  pero también, «frazadas para limpiar pisos» y «máquinas para sufrir». Sus ojos desorbitaban destinos. Lo rodeó la muerte y lo abrazó la vida, hasta los 91, cuando nos dejó. ¿Quién fue: Eros o Tánatos?

Fue un chamán, un genio; el mayor artista del siglo XX y hasta ahora sin parangón. Pintor, escultor, grabador, dibujante, su obra fue decisiva para el desarrollo del arte, incluso para el diseño gráfico, la ilustración y el cómic. Ganó un dinero incalculable; mientras otros artistas morían de hambre, él vivía en castillos y, cuando sus obras los desbordaban, no los vendía: compraba otros.

Se declaraba pacifista y fue miembro del Partido Comunista Francés, hasta su adiós. Pero si bien la obra del Picasso de los 20 años, refleja el desconsuelo de los excomulgados de la humanidad, el de  los cuerpos abismados, y el de los ciegos, después nunca mostró explícitamente un compromiso con el dolor universal. Hasta que  el demonio nazi aliado a ese otro amo de los infiernos —el Generalísimo español Francisco Franco— se encaramó en pájaros asesinos. Pájaros-aviones que bombardearon la ciudad vasca de Guernica el 26 de abril de 1937, y la muerte puso huevos en la herida. ¡Oh ruiseñor de sus venas! (García Lorca).

El chamán Picasso reaccionó de inmediato en favor de los republicanos.  Henchido de ira y pletórico de arte, pintó el célebre «Guernica».

El «Guernica»— ese extracto de universo sin palomas. El «Guernica»— ese extracto de sangre, rebeldía y llanto, a partir del cual hay un antes y un después. Un antes y un después para la pintura; un antes y un después —o debería haberlos— en las conciencias de quienes miran esos tres metros de alto y ocho de largo, de arte, furia y piedad.

Con esta pintura, nada más —y nada menos—, que está en el Museo «Reina Sofía» de Madrid, hubiera sido suficiente para la gloria del genio.
El «Guernica» es un alegato contra la guerra, contra el terrorismo franquista y contra todo fascismo. La violencia, las madres, las mujeres, la maternidad, la sexualidad, laten en esa obra, como un retrato del espanto. Fragmentos de vidas y muertes, son pequeñas imágenes de la gran imagen de un caos organizado, en la obra suprema que exige Libertad.

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Muere Salvador Arias. El gran maestro del doblaje

Una vez Salvador me hizo un favor; cuando escribía sobre Fernando Rey, y como todos, confundía a su padre con Segismundo Casado, aquel coronel que entregó las tropas republicanas a Franco, el me sacó del error. No era el mismo Coronel Casado. Fernando Casado Veiga, el padre del aludido, era un coronel artillero ayudante del presidente Azaña que se negó a huir tras perder la guerra, y fue condenado a muerte y posteriormente indultado, lo que en parte pagó su hijo en el campo de concentración habilitado en el estadio de Mestalla

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«Risafloja», Manuel Alexandre Abarca

Jamás había pensado Manuel en el teatro, que le gustaba como espectáculo y nada más, lo mismo que el cine, pensaba proseguir sus estudios de abogado cuando acabara la guerra y continuar sus aficiones literarias. Pero aquella inesperada coyuntura tenía, ante todo y sobre todo, la ventaja de que podía librarle del frente de batalla”

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