Muere Salvador Arias. El gran maestro del doblaje

Una vez Salvador me hizo un favor; cuando escribía sobre Fernando Rey, y como todos, confundía a su padre con Segismundo Casado, aquel coronel que entregó las tropas republicanas a Franco, el me sacó del error. No era el mismo Coronel Casado. Fernando Casado Veiga, el padre del aludido, era un coronel artillero ayudante del presidente Azaña que se negó a huir tras perder la guerra, y fue condenado a muerte y posteriormente indultado, lo que en parte pagó su hijo en el campo de concentración habilitado en el estadio de Mestalla

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«Risafloja», Manuel Alexandre Abarca

Jamás había pensado Manuel en el teatro, que le gustaba como espectáculo y nada más, lo mismo que el cine, pensaba proseguir sus estudios de abogado cuando acabara la guerra y continuar sus aficiones literarias. Pero aquella inesperada coyuntura tenía, ante todo y sobre todo, la ventaja de que podía librarle del frente de batalla”

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Sobre “Las bicicletas son para el verano” (Jaime Chávarri 1983)

Luisito es un adolescente de pantalón bombacho que estudia en el instituto y que ese año precisamente le ha quedado la física, justo ese verano que anda enamorado de Charito y que precisa una bicicleta para ir con ella y con sus amigos a la Casa de Campo. Para ello tiene que convencer a su padre que cree que lo justo es castigarlo, aunque no encuentra cómo ante la juvenil cantinela de promesas y juramentos

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José Luis López Vázquez “Morito”

De carácter un poco introvertido, cursa cinco años de bachillerato antes de ponerse a trabajar como mecanógrafo a mediados de los años 30 en unas oficinas dependientes del Ministerio de Guerra, aunque su inclinación artística era el dibujo y la pintura, lo que le permitirá hacer muchos de los carteles de las películas que se exhibían como reclamo en las fachadas de los cines

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Obrero de la palabra: Fernández Gómez, Fernando

Buscando en sus antecedentes como cualquier investigador que se precie, busqué con ahínco el nombre de su padre en sus escritos, pero ni una vez encontré mención alguna a tan misterioso personaje que el enumeraba como un tipo alto al final del pasillo de un teatro en el que pretendía ofrecerle trabajo

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Antonio Gades. Un irreductible ciudadano del mundo

Acabo de conectarme con el ordenador y leo la noticia: "Muere Antonio Gades". Últimamente tengo la sensación de estar escribiendo muchos adioses a muchos amigos, compañeros y, ahora mismo, como a él le gustaba y se sentía, a un "camarada" que militaba sin siglas ya, en la coherencia que da toda una vida de ideales limpios, utópicos y revolucionarios.

Lo recuerdo cuando recorrió tantos sitios de la Ibérica, presentando la Convención Republicana, cando algunos todavía pensábamos en otra transición. Lo recuerdo hablando con emoción y sentimiento, como su baile, defendiendo la Tercera República, al lado del abogado Fernando Salas (otro compañero y camarada que se nos fue).

Se inició en el baile con un espectáculo de variedades en el Circo Price de Madrid. A comienzos de los 50 entró en la compañía de Pilar López, protagonizando por todo el mundo El sombrero de tres picos, El amor brujo y El concierto de Aranjuez. De esta etapa es su primera creación, Ensueño. Por consejo de Pilar López adoptó el nombre artístico de "Gades".

En 1962 marchó a Italia para ayudar a Antón Dolin a montar el ballet Bolero en la Ópera de Roma. Le encargaron tres bailes de García Lorca para una Antología del ballet. Fue coreógrafo y primer bailarín, junto a Carla Fracci, del Festival de Due mondi de Spoleto, dirigido por Giancarlo Menotti, donde intervino en la versión de Carmen. Debutó en la Scala de Milán el 20 de diciembre de 1962 como primer bailarín y maestro del cuerpo de baile. Intervino en varios programas de televisión en Italia y rodó una película con Vittorio Gassman. Su estancia en la Scala duró nueve meses.

En 1963, en la sala Los tarantos, de Barcelona, impuso su idea revolucionaria de quitar adornos superfluos a su baile, con predominio del negro, para llegar a un ballet más allá de la danza. Tras un gran éxito de seis meses en el pabellón español de la Exposición de Nueva York (1964), realizó varios montajes y bailó en el Corral de la Morería de Madrid.

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