Españoles tras el Telón de Acero

Redacción. LQS. Marzo 2018

Matilde Eiroa San Francisco es la autora de esta reciente publicación de la mano de la editorial Marcial Pons: Españoles tras el Telón de Acero. El exilio republicano y comunista en la Europa socialista.

La autora Matilde Eiroa San Francisco, profesora titular de la Universidad Carlos III, cuenta ya con una larga lista de libros publicados, así como infinidad de artículos en revistas, colaboraciones, reseñas, etc. (1)

Esta novedad editorial es el estudio de un colectivo de exiliados poco conocido: por un lado, los representantes del Gobierno de la Segunda República española en el exilio y, por otro, un núcleo de exiliados comunistas que tuvieron como destino los países tras el Telón de Acero, configurado en la Europa Centro-Oriental tras la división del mundo en bloques. Ambos grupos no sólo sufrieron las consecuencias como perdedores de la Guerra Civil, sino también como coetáneos de políticas y alianzas internacionales de gran calado. En sus páginas veremos el modo en que la Guerra Fría, el Plan Marshall europeo, el estalinismo o la desestalinización tuvieron un impacto directo en sus trayectorias vitales. Se entrecruzan en ellas la historia política española —el exilio y la historia del PCE— y la historia de Europa, puesto que sus recorridos biográficos se sitúan en Francia, la Unión Soviética y las democracias populares bajo su órbita.

Introducción (2)

El exilio ha sido una constante en la historia porque siempre han existido sistemas excluyentes materializados en dictaduras, xenofobias o integrismos religiosos que rechazan a la población no afín. La Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 precisaba en su artículo 1 que el término refugiado se destina a toda persona extranjera que ha dejado su país creyendo estar perseguida por razón de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un cierto grupo social o por sus opiniones políticas, y que no puede o no quiere reclamar la protección de su país. Es un concepto de aplicación retroactiva al exilio español culminado en 1939 cuya salida forzada forma parte del conjunto de movimientos migratorios que han tenido lugar en el siglo XX como consecuencia de la implantación de regímenes de carácter totalitario.

Los cerca de medio millón de personas que atravesaron las fronteras no tenían, en su inmensa mayoría, responsabilidades políticas ni militares. Gran parte eran mujeres, niños, ancianos y hombres que huían empujados por el temor físico y psicológico de la conquista de sus lugares de origen por el ejército franquista. Muchos volvieron a lo largo del verano y otoño de 1939 y otros, algo más tarde, convencidos de que nada les pasaría. Los que se quedaron en Europa se toparon con el estallido de una guerra inicialmente continental y luego mundial en la que se vieron implicados incluso con la pérdida de sus vidas.

Junto a las personas se exiliaron las instituciones republicanas, ubicadas primero en México y posteriormente en París con el objetivo de mantener el espíritu y la legalidad del estado republicano, característica que difiere de otros movimientos poblaciones de la pasada centuria. En marzo y junio de 1939 se crearon respectivamente, dos organismos para organizar la emigración: el SERE (Servicio de Evacuación de los Refugiados Españoles), y la JARE (Junta de Ayuda a los Republicanos Españoles).

La trayectoria del exilio español cuenta hoy día con una abundante bibliografía que desvela la dimensión numérica, social, cultural y científica de un fenómeno originado por el carácter de la sublevación militar de julio de 1936. Francia y México son, sin lugar a dudas, los países que han suscitado el mayor interés debido a que constituyeron los dos focos principales de atracción para los desterrados, seguidos por diversas naciones iberoamericanas, la URSS y Europa. En lo que respecta a las temáticas, se ha examinado la contribución de los exiliados a la resistencia francesa contra Alemania, la tragedia de los niños evacuados a la URSS, biografías de personajes relevantes e incluso se ha insistido en lo que supuso la ausencia de miles de científicos e intelectuales del suelo español durante décadas

Al acabar la guerra se estima que alrededor de 440.000 españoles se hallaban en Francia, de los cuales se calcula que la mitad retornó a partir de mayo de 1939. Su situación dio un giro dramático cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y se vieron de nuevo inmersos en otra contienda de enormes dimensiones. Muchos murieron en el frente de combate, otros sufrieron el hambre y las penurias derivadas del conflicto, e incluso algunos cayeron presos en los campos de exterminio nazi.

El 6 de marzo de 1939 marcó la fecha del final de la existencia legal del PCE en España. Los principales dirigentes –Dolores Ibárruri, Jose Móix, el coronel Enrique Líster, etc.- salieron del aeródromo de Elda (Valencia) junto a algunos ministros del gobierno Negrín con la doble derrota sufrida a manos del ejército de Franco y de la Junta del Coronel Casado. En la primavera, después de un breve paso por Francia, aproximadamente unos mil dirigentes y mandos del PCE y oficiales del Ejército Republicano desembarcaron en Leningrado, aunque ellos no fueron los primeros puesto que desde 1937 habían ido llegando a la URSS sucesivas expediciones de niños con sus maestros y educadores hasta formar un colectivo de casi 3.000 niños y 150 adultos. También se encontraban allí los alumnos pilotos y tripulantes de barcos españoles que navegaban hacia la zona cuando terminó la guerra. En definitiva, el grupo llegó a alcanzar un número aproximado de 4.000 personas en 1941 sujetos a unas condiciones de vida muy difíciles tal como atestiguan en sus memorias algunos de los protagonistas.

Más allá del exilio numeroso de Francia y México y del grupo singular llegado a la URSS, quedaba un núcleo que ha merecido la atención de pocos historiadores. Se trata de un éxodo minoritario de carácter eminentemente político, más tardío y procedente, sobre todo, de Francia, que se instaló en los países de Europa Central y Oriental tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría.

El monográfico que se presenta aborda la trayectoria política y social de este exilio español que fue a parar a las democracias populares europeas, la Europa socialista, fundada a principios de la Guerra Fría con motivo del reparto del mundo en bloques ideológicos. Mientras los ubicados en otros países iban recuperando una cierta tranquilidad económica y social, los instalados en el bloque comunista sufrieron cambios de residencias y crisis políticas profundas, desde la desestalinización a la revolución húngara y polaca de 1956 o la primavera de Praga de 1968, lo cual derivó en una gran incertidumbre para las familias y un problema de construcción identitaria para los hijos y las segundas generaciones.

En el plano cronológico, la presencia española en las democracias populares podemos enmarcarla en dos etapas: la primera, entre 1946-1949, correspondiente a la estancia de diplomáticos republicanos en las capitales de los estados que habían reconocido a la República en el exilio como el único gobierno oficial de España. La segunda se iniciaría a partir de 1949-1950, coincidente con la expulsión de Francia de los miembros del Partido Comunista de España (PCE) y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y con el asentamiento en el poder de los partidos comunistas en todo el bloque centro-oriental.

Más allá de la trayectoria de este grupo de exiliados, la obra plantea diferentes temáticas que se entrecruzan en su historia: la política francesa con respecto a los republicanos ya instalados desde hacía años y que comenzaron a ser molestos con motivo de las nuevas relaciones internacionales que surgieron en el mundo bipolar; la historia del PCE y del comunismo europeo puesto que su destino dependió, en gran parte, del PCUS y de los partidos comunistas ubicados en las democracias populares en su papel de modelo y motor del sistema comunista mundial. No se trató tanto de las relaciones entre países –Francia-Hungría-Checoslovaquia-Polonia, etc.-, sino de los vínculos entre los partidos y el internacionalismo proletario. Las relaciones del PCE con los partidos comunistas de los respectivos países de destino fue clave para las trayectorias vitales de quienes dependían de los apoyos solidarios.

La investigación está basada en fuentes de archivo custodiadas en el archivo del PCE, el antiguo archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores y el de la República Española en el Exilio, ubicado en la Fundación Universitaria Española (Madrid), así como en los archivos nacionales de Hungría, República Checa, Polonia, Bulgaria, Francia y Alemania. Ha hecho uso, igualmente, de testimonios escritos publicados tras la salida de los protagonistas de las democracias populares, como la de Manuel Tagüeña, Carmen Parga, Teresa Pámies, Antonio Cordón o Enrique Líster, entre otros. Finalmente se ha recurrido a la historia oral de quienes vivieron la época como hijos de los exiliados. Las entrevistas a algunos de ellos, como Violeta Uribe, Luis Uribe, Teresa Cordón, Concha Vela y Carmen Tagüeña Parga, proporcionan una visión humana de los acontecimientos vividos por estos descendientes de los protagonistas.

Notas
1.- Matilde Eiroa San Francisco
2.- Texto tomado de la Introducción del libro.
*.- Ficha técnica:
ISBN: 9788416662289
Editorial: Marcial Pons, Ediciones de Historia
Fecha de la edición: 2018
Lugar de la edición: Madrid. España
Colección: Estudios
Encuadernación: Rústica
Medidas: 22 cm
Nº Pág.: 264

Una mujer en villa Grimaldi. Tortura y exterminio en el Chile de Pinochet

Redacción. LQS. Febrero 2018

Una militante del MIR, madre de dos hijos, es detenida tras el golpe de Pinochet y sometida a torturas en Villa Grimaldi. Compañeros que desaparecen para siempre. Resistencia frente al terror…

Se edita y presenta en España este impresionante relato en primera persona de Nubia Becker Eguiluz, detenida, torturada y sobreviviente de Villa Grimaldi, el centro de tortura y exterminio del Chile de Pinochet. Precisamente en Chile, y de modo clandestino, vio la luz por primera vez este impresionante libro que retrata, sin retórica ni adorno alguno, la estancia de una mujer en aquel centro, los tormentos allí padecidos, las dudas, el dolor y la angustia, pero también la resistencia y la reflexión militantes, la esperanza y la capacidad del ser humano para sobreponerse con dignidad al horror. Un libro de los que se hacen imprescindibles para conocer la reciente historia de Chile y la importancia de la defensa de los Derechos Humanos y la libertad.

Nubia Becker Eguiluz, la autora, es licenciada en Literatura. Fue militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Sobreviviente del centro de tortura y exterminio de Villa Grimaldi, durante la dictadura del general Pinochet. Es testigo de cargo en numerosos procesos seguidos contra criminales de aquella dictadura.
Ha publicado: Recuerdos de una mirista (1986); Sistematización de la experiencia de defensa de los Derechos Humanos en Chile, estudio para la Asociación Latino Americana para los Derechos Humano (ALDHU), 1992.
Participó con el relato La guerra de exterminio en ¡Basta! Antología. 100 mujeres contra la violencia de género.
En 1994 ganó el tercer premio del Concurso de Cuentos Artes y Letras de “El Mercurio”
Actualmente realiza talleres de memoria. Producto de tales talleres, se publicó el libro Mujeres en el Mir. Rearmando la memoria, presentado en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile.

Nubia, rememoraba así las condiciones en que escribió esta obra: “La comencé a escribir a mano, en pequeñas notas, luego de mi vuelta clandestina del exilio el verano de 1982. Lo hacía a salto de mata, en una situación de urgencia, para no olvidar ese período de la historia de Chile, vivido en medio de la pesadilla de una política de terror de Estado, que abolió toda norma democrática para la mayoría de la población y desató, con plena impunidad, la persecución, prisión, tortura, muerte y desaparición de sus oponentes, tragedia de la que somos testigos sobrevivientes quienes compartimos esa cruel experiencia”. (BiblioChile. 18-nov-2011)

“Nadie que abra este libro podrá salir indemne”
El estremecedor testimonio que una mujer militante en “un centro de tortura y muerte donde se dieron cita buena parte de los personajes más oscuros, criminales y abyectos que se encargaron de llevar a la práctica la política de exterminio de Pinochet… es una mujer concreta, real, la que escribe estos recuerdos y, simultáneamente, son infinitos seres los que hacen presentes dándole su significado más vasto y rotundo a lo que se entiende por crímenes contra la humanidad”.
Palabras del prólogo de Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura de Chile, año 2000.

Con motivo de la presencia en España de la autora, por unos días, el libro se presentara en Madrid, el viernes 23, en la librería “Traficantes de Sueños”, y el sábado 24 en la Fundación Anselmo Lorenzo. Dos ocasiones únicas de conocer de primera mano este estremecedor relato.

Ficha técnica:
EL GARAJE EDICIONES
Colección Documentos
174 páginas
Formato: 13,5 x 19,5 cms.
ISBN: 978-84-947949-1-9
Precio: 12 euros

Viernes 23 de febrero, a las 19:30 horas en la libreríaTraficantes de Sueños
Sábado 24 de febrero, a las 12:00 horas en Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo

“Breves” para Julio Gomariz Acuña

Iñaki AlRui*. LQS. Febrero 2018

A modo de breve presentación, como compañero de banderas y parte editorial… y tal qué en Leganés un 15 de febrero, en “La Libre”

Como dice el titulo “Un relato”, es algo personal, en primera persona, su historia, su vivencia, es su libro, una aportación más para escribir la historia.

Julio Gomariz Acuña, nos deja de firmada su historia oral (qué es la que fue y existió) en estos “relatos” organizados cronológicamente, ”relatos” necesarios para seguir reivindicando una memoria negada, que se intenta hacer caer el pozo del olvido.

Con su historia, su libro, aporta muchas cosas que se pueden compartir o no, que gustan y disgustan, pero no queda duda (¡Unanimidad!) de su contribución a desmontar la falsa idea de los últimos años del franquismo, en los que se nos quiere hacer creer que se vivía en una apertura total de libertad, un ji-ji, ja-ja, como así se pregona desde series de televisión y por una mayoría de políticos (Qué han gobernado, gobiernan…) que banalizan lo que fue luchar contra el franquismo, claro que ellos nunca se enfrentaron, ni los de anteriores gobiernos, ni los de esté… dignos herederos.

El franquismo asesinó, encarceló y torturó hasta el final, y podríamos hacer prorroga con la sangrienta Transición… y de la tortura, suma y sigue.

Los que lucharon contra el franquismo, siguen siendo una voz silenciada en el estado, han participado una minoría en la política del país en un segundo plano siempre. No hemos tenido dirigentes en el gobierno que procedan de esas luchas. Hoy, incluso, tenemos un claro ejemplo, en el que nos gobiernan los herederos directos del franquismo, y casi sin tapujos.

La mejor manera de sacar conclusiones, sin lugar a dudas, es leer el libro, leer la historia, el relato de Julio Gomariz Acuña un libro donde nadie podrá poner en duda la honradez del relato del autor.
Gracias Julio

Notita: Ediciones El Garaje, sigue haciendo su trabajo de difusión y fomento de la lectura, como instrumentales del saber y contra la ignorancia, que siempre se combate con sanos libros. Ah! y también se editan libros por placer, el placer de la lectura.
La editorial, humilde, suple la falta de medios con mucha ilusión y aunando voluntades.

Relato de un miembro del FRAP

Más artículos del autor
* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos
En Twitter: @IkaiAlo

Bananero

Francisco Cabanillas. LQSomos. Enero 2018

Lembrar de Antonio Henrique Amaral e, em particular,
de paisagens com bananas aprisionadas, cortadas,
furadas por garfos opressores.
Paulo Klein

… cuánto hemos sufrido por pensar que éramos lo que parecíamos.
Nicanor Parra

I

Ante un primer acercamiento, la realidad bascula. Todo se mueve.

¿A quién miro? ¿A Caetano Veloso?

No. A Antonio Henrique Amaral (1935-2015), artista (igualmente) brasileño, clave en los vuelcos de la canibalía pictórica de los años 60 y 70, heredera del brote de arte moderno de principios del siglo XX que capitaneó Oswald de Andrade, desde la prosa poética de Manifesto Antropófago (1922), y, desde la pintura, Tarsila do Amaral (tía de Antonio).
El artista que más trabajó la presencia —¿gravedad?— de la banana (el guineo para los boricuas y para el uruguayo Eduardo Galeano, el plátano) en el arte latinoamericano del siglo pasado.
Bananocéntrico o guineocéntrico; en Seqüência Um (1971). el racimo verde, visto en ángulo, en vez de colgar desde arriba, como los Plátanos amarillos (1893) de Francisco Oller, está bañado de luz tropical.
Claridad que lo acerca al color emblemático, ¿amarillo silenista?, del guineo que la United Fruit Company (1899-1984) bañó de sangre durante el siglo XX, en Honduras, Guatemala, Colombia…
Verde que te quiero amarilloso; racimo truncado, luz que, como si estuviera flotando en un espacio de iridiscencia, crece en claridad con la persistencia de la mirada. ¿Pene o pistola que se sostiene a sí mismo? Tronco trunco. ¿Crítica y autocrítica?

II

¡Deslumbrante!

Un guineo manchado de negro —golpeado por la entropía—se mantiene colgando desde un diente. Resistencia. Persistencia. ¿Quién le pone el punto a la í? ¿La tapa al pomo?

Lo que es, decía Spinoza, quiere seguir siendo. Borges decía algo diferente: el terror es persistir (sobre todo si es de un hilo).

Colgando, como un signo de interrogación borracho, más allá de la madurez, el guineo insiste en seguir siendo (desde la oscuridad); última provocación ante el tiempo.

Osadía. ¿Y qué del viento y la humedad?

Soledad del que le toca irse al final, cuando no queda nadie colgando de la Nada.

Manchas oscuras…

III

Vuelta al racimo; esta vez, en Brasiliana 9 (1969), visto de frente y de cerca.

Proximidad. Interpelación.

¿Alacrán o mano?

Verde amarilloso, encorvado, a la merced del tiempo joven; cuando la vida lo dobla todo y crea segmentos asimétricos.

Claroscuro.

Pedazo de ser. Fragmento. Chiquito, pero potente.

Doblez. Ángulo (nunca ortogonal).

Frontalidad.

Repliegue de una conciencia histórica—la del guineo, traído a las Américas de Las Canarias en el siglo XVI—; momento de autosuficiencia y de intersubjetividad en dobleces y asimetrías.

Sin trasfondo coyuntural.

Racimo angulado.

Dramatismo; ¿una mano de Oswaldo Guayasamín (1919-99)?

IV

Inversión. Cruz bananera. Cambio de posición y de colores. Otra Brasiliana de 1969, esta vez sobre un fondo amarillo que parece la piel de un guineo en su plenitud. Permeabilidad o porosidad. Traslación.

Éxtasis.

Erección; puesta en pie, ¿y en marcha? Como si fueran alas, los racimos se aglomeran asimétricamente. Contrapunteo de lo mucho con lo poco; vértigo.

El amarillo se quiere quedar con el verde. La verticalidad del raquis se muerde la cola: columna vertebral.

Abundancia desde la precariedad

V

Bananas (1972). Desprendimiento; entre el amarillo y el negro surge una media luna en dos tonos. Del racimo, quedan tres guineos. El cuarto, que viene por la derecha, como quien dice, de culo (al revés), busca volver al origen del que se desprendió.

Choque a distancia; sin tocarse. Tensión sobre fondo blanco.

Silencio.

Nada se mueve.

VI

¿Violencia o entropía? Linchamiento angulado (ortogonal)… En Cabeçalho (1972), la realidad se condensa y también se abulta. Los guineos engordan, pero la fuerza de gravedad que los tira desde el cuello no se siente. ¿Realidad sin fricción? Como una vagina, la media luna se abre, indiferente al nudo de la soga de la que, en ángulo recto, cuelgan los guineos, víctimas del tiempo que los corrompe en su estar.

Trasfondo que tira al anaranjado; mezcla de amarillo con sangre.

Dualidad; testigos en picada.

VII

Intensidad de la cuerda. Protagonismo del amarre. Nudos que atan, como si fueran pasajeros encima de un torpedo. Sogas que limitan el espacio y aclaran la violencia del amarillo verdoso.

La luz, que viene de atrás, choca contra la pared, oscureciendo más el guineo preso, acordelado, como un submarino o una ballena.

Cárcel de cuerdas que parecen barrotes. Tensión que saca de sitio la simetría con los nudos, moviéndolos hacia la derecha como si la realidad se estuviera convirtiendo en pesadilla.

Un guineo gordito espera su libertad de este lado del terror; punta negra y culo blancuzco. Ciego, como una bomba que mira hacia el este.

Soledad:

Alone in Green (1973).

VIII

Guerra desatada; claridad nefasta, sobre fondo oscuro. Luminosidad. Soga que corta la piel con el blanco. Cuchillo. Enredo desandado, pero con mucha soga para volver a entrampar. Otro título en inglés: Rupture (1966).

Punto de fuga, aunque por segmentos, anterior al brote oscuro de entropía que estropea la fruta amarilla, sola en su multiplicidad. Pedazos de una unidad partida en tres. Número clave.

IX

Intensidad. Entre el cuchillo, el tenedor y la soga, los niveles de violencia aumentan en Campo de batalha 3 (1973). ¿Tercera guerra sobre un plato cubierto de espanto? Siniestro, como una mancha de historia sucia.

¡Mal provecho!

El tenedor amarra el guineo partido, esta vez en dos mitades puestas sobre el cuchillo que ha cercenado la unidad. No se trata de matar, sino de someter. De hacer sufrir en la inmovilidad. Política de una soga que, en el peor de los casos, se valdría del cuchillo.

Sombra de un fantasma espantado: horror que se quiere salir del plato, como un buitre.

X

Battlefield 5 (1973), una versión más limpia, sin eufemismos, menos dramática, donde el tenedor hace de cuchillo, resulta, sin embargo, más violenta que Campo de batalha 3.

Sin sangre ni espanto, ¡sin sogas!, el tenedor hinca dos veces. Primero en sentido literal y después desde la sombra creada en el plato; rastro que pincha al segmento todavía atado al guineo. Espectro que suplanta el fantasma espantado de Campo de batalha 3.

Sombra de un cubierto que hinca con maldad. Dos agresiones en un pinchazo. Tenedor que hiere como un cuchillo.

Plato limpio, acabado de secar para que, como una tela,
proyecte la punción en abierta complicidad con el pedazo cercenado de guineo que espera pacientemente al lado del tenedor; imagen gastroliteraria, exangüe, con dos ojos ciegos.

La realidad vuelve a bascular frente al plato, que ahora gira 180 grados. Tenedor que se mueve de norte a sur. Como si se tratara de un acertijo, el tono blancuzco cambia a uno ligeramente rosado, lo que aumenta el protagonismo tenebroso de la sombra —¡otro fantasma!—que pincha el segmento atado al guineo.
¿Otro “campo de batalla” que repite la violencia del original?

¿Quién, para comerse un guineo, lo tiene que maltratar antes? ¿Qué hambre es esa que se deja ver con el dedo en la llaga? ¿Habla la historia transatlántica desde esa herida sin tinta, pero con voz, y hasta con gritos?

XI

Guerra de un tenedor guerrero. Tridente con cuatro dientes que perforan con la violencia del que tiene la sartén por el mango. Pinchazo que, de pie, erecto, clava para plantar bandera; conquista al sur de la comensalidad, donde el trozo desprendido de la unidad soberana y en pleno proceso de maduración espera boquiabierto algún tipo de milagro que no habrá de acontecer.

XII

Acercamiento brutal; de frente y de cerca, para transformar la violencia muda, la agresión al dente, en arte. Uno que lo dice todo sin hablar.

Battlefield 25 (1974); zona de guerra, más fría que calurosa.

Dientes. Olor a plato blanco. Asepsia.
Propuesta de un tenedor que traspasa la piel de la banana negroverdosa frente a nosotros, cómplices del atropello.

¿Cárcel de amor o de odio?

Rejas de una dentadura voraz. Tenedor con colmillos. Garfios que parecen fauces de un animal feroz.

¿Mal aliento?

Entre el verdor oscuro de la banana atravesada por la historia y la asepsia del plato blanco donde posa sin hincar el tenedor, la superficie acepta las sombras de las púas; violencia de la fuerza —el Poder— que parece silenciada y desodorizada.

Adrede. Retórica de un susto grande. ¿Más real que ficticio?

Pose de unos ganchos vestidos de ropa verde y negra.

Piel de un guineo perforado que parece una encía enferma.

Fauces.

Historia de una brutalidad punzante.

Peliaguda.

XIII

En otro Campo de batalla de 1974, el tiempo pasa del verde al amarillo. La piel del guineo se llena de islas oscuras: tenedor brillante que pincha una superficie mulata o mestiza.
Bicolor. Archipiélago.

Suavización de la entrada agresiva. Claridad o espejismo —pulcritud— del garfio que entra fácilmente en la carne. Otra mordida.

Piel de un guineo pinchado por la supremacía de un tenedor que brilla en la rectitud de su violencia.

XIV

Estridencia.

¿Huida pop? ¿Pose? Doblez de un pespunte enardecido.

Alejamiento retórico; intensidad de una luz que ficcionaliza. Irrealidad; un azul claro que le resta violencia al tenedor. Levantamiento de una cáscara que no parece de verdad: Battlefield 27 (1973).

Otro campo de batalla, ¿esta vez al cuadrado?

Radiografía de una puntada que llama más la atención por su teatralidad que por su agresividad histórica: guineo pinchado, o mejor, despellejado, como si fuera un acto de tortura medieval sordo, sin ruido y sin sangre.

Espectáculo.

La irrealidad del azul se queda con el amarillo de la cáscara y con la brutalidad de los garfios; dientes de un levantamiento histriónico, demasiado histriónico.

Azul fantástico, quimérico, que opaca el negro. Amarillo raquítico, enfermo. ¿”Respiración artificial”?

Entre la banana de Andy Warhol (1967) y la de Woody Allen (1971)…

XV

Últimos coletazos de un periplo bananero. Extasiados; estamos llegando —dice el ensayo— al último guineo.

Bananocéntrico.

Vuelta al gregarismo, por supuesto; esta vez visto desde abajo.

Selva 2 (1968): pegote y juntera.

Lluvia de guineos verdes. Alargados, como si fueran de El Greco. Racimo atacado por una luz que termina en varios puntos negros.

Ojos que nos miran mirarlos.

De fondo, un amarillo precario. Subordinado (pero quizás, por eso, demasiado potente), al filo de la realidad pictórica. Desde lo mínimo o la Nada.

Luz y sol.

Dialéctica entre la banana y el racimo (unidad que está por acontecer desde el grupo).

XVI

Brote. Individualidad verdosa. ¿Amarillo dócil o emputecido en la quietud de un amarre forzado?

Banana (1973). Guineo que cuelga por la boca y por el culo, torcido, como si estuviera torturado en un colchón donde caben muchos.

Amplitud en la estrechez.

Carnosidad de una hamaca brutal.

Doblez de una singularidad atormentada (en silencio; estoica, a punto de estallar).

Zona de una curvatura violenta, sobre un fondo oscuro, que contiene el estruendo en silencio.

Banana que parece los muslos de un pollo.

Carnalidad.

Amarre en las dos puntas.

XVII

Bananero; universo bananocéntrico marcado por la violencia transatlántica de la modernidad-colonialidad.

Más artículos del autor
* Francisco Cabanillas (1959, Puerto Rico) enseña lengua española, cultura y literatura hispanoamericana en Bowling Green State University, Ohio. Ha publicado cuatro libros de ensayo: Escrito sobre Severo (1995), Pedreira nunca hizo esto (2007), K-lores del trópico: ensayos transboricuas (2012) y Ensayos silenistas (2014). Miembro de LoQueSomos

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Les recomiendo que lean este libro

El Financiero de El Garaje. LQSomos. Diciembre 2017

Se trata de “La gran trampa” del economista Daniel Lacalle. En él encontrarán una defensa de la actitud de Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo y de algunas de las reformas (bancaria, laboral y otras) realizadas por el gobierno de Mariano Rajoy.

No encontrarán un análisis que llegue a expresar que los bancos centrales son un instrumento (privilegiado) de las élites para saquear a las clases trabajadoras y medias y a los pueblos. Esto se presenta más bien como una consecuencia indeseable de “los errores” de los bancos centrales.
Tampoco encontrarán ninguna solución más allá de las clásicas del liberalismo económico.
Y también es cierto que se ha podido ver a Daniel Lacalle en compañía de partidos de derechas.

Entonces ¿por qué recomendarlo?

Conviene leerlo porque expone minuciosamente y con bastante exactitud los mecanismos que dominan hoy la economía y los mercados, sobre todo de los mercados de deuda. Sin comprender estos mecanismos y los de creación monetaria es absolutamente imposible entender el mundo actual.

Lacalle realiza un repaso bastante lúcido de lo ocurrido estos años en esos mercados y en los de materias primas desde la crisis financiera de 2008. Reúne también numerosos datos y cifras que ilustran bien la situación, la gran trampa, en la que nos han metido y que anuncia una próxima gran crisis financiera, muy probablemente ligada a la explosión de la burbuja de la deuda.

Teniendo en cuenta la temeraria ignorancia en estos temas de muchos de los que hoy desde la izquierda pretenden construir alternativas, lecturas como esta resultan, en mi opinión, imprescindibles.

Más artículos del autor

Un homenaje a los 150 años de “El Capital” de Marx

Rafael Bautista S.*. LQSomos. Noviembre 2017

Les brindamos, como anticipo y como nuestro homenaje a los 150 años de El Capital, el prólogo de nuestro nuevo libro.

Prólogo:

¿Por qué fracasa el socialismo en el largo siglo XX?

El propósito inicial de este libro fue respondernos a la pregunta: ¿por qué el socialismo fracasa en el siglo XX? Esta nueva versión, de un trabajo anterior [1], quiere subrayar ese propósito; porque la promoción entusiasta del llamado “socialismo del siglo XXI”, no posee un diagnóstico en regla del fracaso del socialismo pasado. Sólo escuchamos y leemos argumentos que abogan por una “adaptación” teórico-práctica a la situación promovida por el capitalismo tardío (lo cual recuerda la carta de presentación del posmodernismo, situándonos en una “condición post-moderna” que supuestamente habría dado fin a las “grandes narrativas”, marxismo incluido); de modo que, al no haber una exposición crítica de los límites, sobre todo teóricos, del “socialismo del siglo XX”, tampoco se produce una nueva fundamentación del nuevo socialismo.

Esta falta de reflexividad crítica se acentúa cuando, como secuela posmodernista, se asume un escenario post-marxista. El abandono de la obra de Marx fue promovido por el posmodernismo, dejando a toda la izquierda indefensa ante la argumentación que, desde Weber hasta Popper, había desarrollado la ciencia burguesa a título de ciencia universal [2]. Hasta ahora los marxistas no saben distinguir el concepto de ciencia que presupone la obra de Marx y que responde a la tradición de la Wissenschaft o ciencia crítica, en contraposición a la science anglosajona o ciencia estándar (pertinente al capitalismo); la segunda se impone definitivamente, por las armas, desde la segunda guerra mundial y nuestras academias, cuando adoptan inocentemente el concepto de ciencia del triunfador, no son capaces de hacer esa distinción capital a la hora de proponerse la producción de conocimiento propio.

En la perspectiva de la science anglosajona -defendida por el empirismo lógico, el racionalismo crítico, la filosofía analítica y el posmodernismo- se forman generaciones de marxistas que ya no pueden hacer una recepción crítica de la obra de Marx [3] sino que, o la convierten en un dogma de fe o la declaran mera ideología sin importancia científica. Por eso no fue de extrañar la abjuración pública que se desató ante el derrumbe del muro de Berlín; pasarse de bando fue lo más natural, al extremo de advertir que varios de los impulsores del neoliberalismo fueran precisamente apóstatas. El fracaso era doble no sólo porque se había perdido la lucha, con la caída del socialismo, sino por el abandono, deserción, y delación que protagonizaba esa migración política. Una cosa es perder, pero otra capitular, pasarse a las filas del enemigo y concluir su cometido.

Pero aquello es la culminación del desencanto. Que la izquierda haya siempre estado implicada en la reversión de los procesos revolucionarios para reponer a la derecha siempre acechante, forma parte de la constante histórica que retrata el fracaso en su más hondo desconcierto. En esa historia, su propia vocación de poder quedó siempre relativizada y condenada a ser siempre resistencia y nunca transformación efectiva.

Las consecuencias políticas del fracaso destacan esa fatalidad. Y se reafirma más por el hecho que, cuando se accede al poder, sucede una suerte de domesticación que, no sólo modera los ímpetus revolucionarios, sino que promueve la abdicación. Por eso las oportunidades perdidas son sucedidas por décadas de repliegue popular, ante nuevas y más impetuosas arremetidas conservadoras. Por eso son fracasos históricos. Entonces, ¿cómo se explica esta tragedia que envuelve la historia del socialismo, sobre todo, en el siglo XX?

La adopción de un concepto de ciencia no es, como se cree, indiferente al proyecto político que me propongo. Las apuestas políticas son siempre, y de modo previo, apuestas que ya se dan epistemológicamente. Porque aquello, además, viene determinado por el “marco categorial” [4] que presupongo (del cual no siempre soy consciente); éste define el tipo de relación que establezco con la realidad, es decir, en tanto expresa una perspectiva, define también la praxis que impulso, porque el tipo de relación que establezco con la realidad, configura los márgenes de factibilidad (lo que es posible y lo que no). Por eso la realidad no es nunca una realidad a secas sino que está determinada por el “marco categorial” que presupongo y, desde el cual, interpreto la realidad. La realidad se me aparece con sentido desde cierta perspectiva; veo sólo lo que tiene sentido y guarda correspondencia con esa perspectiva, por eso me permite inteligir y pensar sólo aquello que destaca esa perspectiva.

La falta de reflexividad en torno a los “marcos categoriales”, por parte del marxismo, denota la ausencia de reflexión dialéctica a la hora de emprender el camino de la ciencia. Marx mismo subtitula a El Capital: “crítica al sistema de categorías de la ciencia económica burguesa”. Con ello está ya indicando un punto de partida: el concepto de ciencia que reivindica es crítico, o sea, no es descriptivo. Por eso sostiene en la famosa tesis 11 sobre Feuerbach que, hasta ahora, sólo se ha interpretado la realidad, cuando “de lo que se trata es de transformarla”, o sea, de originar una nueva apertura de posibilidad con la realidad, o sea, un nuevo concepto de praxis.

Marx es consciente de la reflexión categorial porque la lógica dialéctica que despliega su crítica le conduce a desmontar el carácter fetichista, ya no sólo de la mercancía, sino del sistema de categorías de la ciencia burguesa (expresado en la economía pero extensible a todos los otros ámbitos). Es decir, lo que Marx descubre es que el encubrimiento sistemático de las relaciones de explotación y dominación que produce el capital, se desarrolla en el sistema de categorías que fundamenta a la ciencia burguesa.

Ahora bien, ese sistema de categorías, como decíamos, constituye una perspectiva, una visión de mundo, que enmarca hasta nuestras expectativas y que, por eso mismo, presupone un determinado “modelo ideal” [5] que sostiene y legitima al horizonte que abre aquella perspectiva. Entonces, lo que, metodológicamente, la dialéctica le permite a Marx, es remontarse lógicamente al “modelo ideal” que presupone el capitalismo.

Pero esto sólo es posible si parte desde otro “modelo ideal”, porque en el anterior se funda el sistema de categorías que está sometiendo a crítica; por eso dice: “imaginemos una comunidad de hombres libres” [6], o sea, propongámonos otro mundo, ya no éste sino definitivamente otro. O sea, lo que está diciendo es que transitemos existencialmente hacia otro “modelo ideal”. Cuando hace esto es que se le aparece el capitalismo y el mundo que ha constituido en todas sus miserias y contradicciones; por eso, al final de su vida, no deja de expresar “su odio y desprecio cada vez mayores hacia la sociedad capitalista [Marx] quien antes había dado la bienvenida al impacto del capitalismo occidental sobre las estancadas economías precapitalistas como una fuerza inhumana pero históricamente progresista [se muestra] cada vez más horrorizado por esta inhumanidad” [7].

Esa inhumanidad es producida y la produce la producción capitalista, es decir, produce una humanidad deshumanizada, ¿cómo produce eso?, por medio del consumo. Porque nunca consumo sólo mercancías sino lo que contienen y expresan; en definitiva, una forma de vida. Esa forma de vida, mediante el consumo, llega a formar parte de mí, o sea, constituye mi subjetividad. Y la constituye de acuerdo al “modelo ideal” que presupone. Por eso Marx, para exponer la lógica suicida del capital, expone su “modelo ideal” y en éste aparecen sus mitos (a los que Marx llama “robinsonadas”). Entonces, lo que consumo son sus mitos; por eso dice que la mercancía capitalista se halla envuelta en el “misticismo del mundo de las mercancías, en la magia y la fantasmagoría que nimban los productos del trabajo fundados en la producción de mercancías” [8].

Ese misticismo, magia y fantasmagoría denota una cobertura mítica que le otorga, a la mercancía, un aura hasta religiosa; por eso su carácter fetichista consiste, entre otras cosas, en su consagración en cuanto objeto de culto. Pero la mercancía no adquiere semejante carácter por sí sola, esto es sólo posible si el portador de aquélla se vacía de vida para, por una cesión de voluntad, transfiere valor a la cosa, de modo que la cosa aparece como persona y la persona como cosa.

Esto sucede con el desarrollo. El carácter fetichista de la mercancía no aparece con la mercancía sino que ella sintetiza este carácter porque el fetichismo forma parte constitutiva del “modelo ideal” que presupone el capitalismo: la modernidad. Por eso el capitalismo produce, mediante el consumo, el tipo de humanidad que la hace posible: la sociedad moderna (sólo “modernizándose” es que el capitalismo tiene sentido). Mediante el consumo es que me constituyo en subjetividad moderna porque, si lo que consumo, es el “modelo ideal” contenido, lo consumo en la forma de mitos; los mitos son el aura mágica que alimenta mis sueños y expectativas. Uno de esos mitos es el desarrollo. Mi consumo entonces ya no está determinado por mis necesidades sino por el mito; el mito es como un velo que no me permite ver lo que ese tipo de consumo produce en mí.

El desarrollo es imposible sin otro mito: el “progreso infinito”. Una sociedad funcionalizada en torno al “progreso infinito”, vive para el “progreso”. El “progreso” se vuelve un fetiche que promete todo, a condición de que, también, se comprometa todo. En ese comprometerlo todo es que descubre su carácter fetichista, pues eso tiene un límite, pero el “progreso” no vislumbra límites. El bienestar y la opulencia que produce, produce también derroche, lo que caracteriza a la sociedad moderna, diseñada en torno al aprovechamiento ilimitado de los recursos.

El desarrollo nace de ese diseño. Pero los recursos no son infinitos y, en consecuencia, el derroche tiene un límite. Pero la lógica del desarrollo requiere un crecimiento económico siempre exponencial. Esta contradicción es lo que destaca la crisis climática producida por la civilización petrolera, sostenida por el mito del desarrollo y el progreso. El prometerlo todo hace que lo arriesgue todo, como el iluso: cree que nunca ha de perder nada. Así actúa la sociedad moderna, basa su forma de vida en una ilusión: los recursos son infinitos, por eso derrocha todo. Por tenerlo todo, inevitablemente, destruye también todo. Es la constancia del capitalismo: produce destruyendo. Destruye la fuente de donde procede todo lo que hace posible nuestra vida. Pero ya no vemos aquello, porque lo que vemos es lo que el mito quiere que veamos.

Vemos “desarrollo”, pero ya no vemos la destrucción que se produce. Vemos “progreso”, pero ya no vemos las ruinas que deja a su paso. Vemos “modernización”, pero ya no vemos el costo humano y natural que representa aquello; las mercancías se abaratan, porque el precio real lo pagan otros, con sus vidas. Pero nada de eso vemos, porque el mito encubre nuestra visión. Vemos sólo lo que el mito quiere que veamos. Eso se llama fetichismo.

El marxismo ortodoxo parte, muy a su pesar, de una metafísica de la historia. Ve al capitalismo como la etapa desarrollista que presupone el socialismo, en una secuencia fatídica de las supuestas “leyes de la historia”. Esta metafísica, culminada en la “filosofía de la historia” de Hegel, atraviesa al socialismo. Pese a que las revoluciones socialistas no se dan, precisamente, en los países capitalistas más avanzados (para desmentir aquella metafísica), lo que hace el socialismo es desarrollar a sus países en los términos desarrollistas que propagandizan los países ricos. Pero con esto no se genera las condiciones para socializar la economía sino todo lo contrario, siembra el contexto para la contra-revolución.

La visión desarrollista, naturalizada en la propia izquierda, le hace perder de vista que el capitalismo, para imponerse, necesita destruir toda otra forma de producción y, con ello, toda otra forma de vida, para imponerse e imponer su propia forma de vida: la sociedad moderna (sólo de ese modo aparece como lo único posible). Para ello genera una nueva visión de la historia, donde todo lo previo se inferioriza, es decir, se cancela toda posibilidad histórica de restauración y, de ese modo, toda apuesta sólo puede enmarcarse dentro del discurso auto-justificativo de la modernidad; y de esto se da cuenta hasta el propio Marx, gracias al diálogo que entabla con los populistas rusos: “… subrayó [Marx] en forma creciente la viabilidad de la comuna primitiva, sus poderes de resistencia a la desintegración histórica e incluso su capacidad de transformarse en una forma superior de economía sin destrucción previa” [9]. El propio socialismo, en lo sucesivo, se encargará de anular toda esta capacidad de trasformación de lo más genuino de nuestros pueblos, para constituirse en el generador de la reposición conservadora y la consecuente adopción del capitalismo más acabado -por no decir salvaje- en nuestros países.

Ingenuamente se cree que el desarrollo es independiente del proyecto político que se asuma, pero el desarrollo propaga y sostiene toda una ideología prescriptiva que modela y enmarca una visión de mundo pertinente exclusivamente para el capitalismo. Atrapados en el “modelo ideal” que presupone el capitalismo, es decir, la modernidad, los socialistas piensan que oponerse al desarrollo es volver a la prehistoria, haciendo gala de un eurocentrismo que afirmar su colonización mental; creyendo, como dogma de fe, en la descualificación que produce la modernidad de todo lo que no es ella, para aparecer siempre, la modernidad, como lo único posible y deseable.

Lo que ponemos a consideración crítica, en este texto, es que es imposible superar el capitalismo si no se desnuda y desmonta el “modelo ideal” que lo hace posible y que se encuentran expresados en los mitos que le legitiman. El fracaso del “socialismo del siglo XX” es producto de una falta de reflexividad crítica que, entre otras cosa, sucede por una recepción acrítica de la obra de Marx. Una recepción crítica debiera de haber producido el paso metodológico de la teoría del fetichismo a una teoría de la descolonización. Sólo de ese modo podría haberse emprendido una crítica al mito del progreso y el desarrollo. Cuando Marx habla de “otras formas de producción”, se está refiriendo a “otros modelos ideales”. El marxismo interpretó aquello con pasar la producción, en el mejor de los casos, a manos obreras, o a la dirección estatal; pero nunca se propuso lo que se colige de “otra forma de producción”, esto es, la producción de una nueva subjetividad. Si la subjetividad sigue siendo moderno-capitalista, es imposible esa otra forma, porque la producción produce, siempre y en primer lugar, sujetos: qué tipo de sujetos vamos a producir depende de qué tipo de producción vamos a impulsar.

La tematización del desarrollo, en cuanto mito, nos descubrió una constante que se advierte en casi todos los teóricos del socialismo: nadie pone en duda el horizonte de expectativas que promueve el propio capitalismo y que podría sintetizarse en: la “modernización radical” (“desarrollo” y “progreso”) como programa de vida. El posmodernismo nunca atinó a considerar que la verdadera “gran narrativa” había relativizado todo, incluso la vida, para ser el sacrificio perfecto en el altar del desarrollo. La “condición posmoderna” no era post sino la modernidad acabada; como también el socialismo no fue sino, en palabras de Franz Hinkelammert, “modernidad in extremis”.

Así como la situación “poscolonial” no significa la superación de la colonialidad, así también, podemos decir, que el socialismo de los gobiernos “progresistas”, aun cuando se planteen un post-neoliberalismo, nunca se proponen un post-capitalismo. No saben cómo salir de ese entuerto, porque no basta con criticar (porque no todo el que critica es crítico) sino de haber podido trascender existencialmente el paradigma de vida que presupone el capitalismo.

Entonces, este texto quisiera, a diferencia de otros tantos que critican al desarrollo, mostrar metodológicamente el cómo es posible transitar hacia un más allá que el desarrollo para organizar una efectiva trascendencia de los límites hasta cognitivos que nos ha impuesto el mundo moderno del desarrollo. Una crítica al desarrollo no concluye con un no al desarrollo sino con delimitar lo que es: el desarrollo no es un fin en sí mismo, por lo tanto, no podría ser, ni siquiera, criterio económico, menos para una nueva economía (porque lo que interesa, en ésta, son sus finalidades, el para qué).

El “socialismo del siglo XXI” debiera ser consciente del eurocentrismo que ha preñado a la tradición marxista y que ha devenido en la colonialidad subjetivada de sus protagonistas. El fracaso histórico del socialismo tendría incluso que, poner en la mesa de debate, si el socialismo tiene todavía sentido. Para acabar de desencajar a los ortodoxos: así como Marx terminó dando la razón a los populistas, en contra de los bolcheviques; así también, podemos decir que, Marx, daría la razón, hoy en día, a los “pachamamistas”, en contra de los desarrollistas. Pero ya no se trata de dilucidar qué pensaría sino de actualizar su pensamiento ante los retos actuales. Se trata de pensar con Marx, más allá de Marx. Y eso tiene que ver con recuperar y restaurar formas de vida negadas y excluidas, que puedan proporcionarnos nuevas alternativas, ante la orfandad utópica en la que nos ha hundido el mundo moderno.

Por último, debo señalar que estas reflexiones no podrían ser posibles sin una comunidad de argumentación; en ese sentido, quisiera manifestar mi agradecimiento a nuestra comunidad de argumentación que, como comunidad de vida, hace posible que despleguemos estas ideas y las vayamos afinando y puliendo siempre, para su mejor comprensión. Entonces, a los y las integrantes de “el taller de la descolonización”, a la “comunidad del águila y el cóndor”, mi más sincero agradecimiento. Y, con el permiso de nuestras Huacas, Achachilas, Uywiris, nuestra PachaMama y nuestro AlajPacha, a nuestros abuelos y abuelas, a nuestros ancestros y nuestros muertos, a todos ellos va dedicado este libro.

Notas:
1.- Bautista S., Rafael: Del mito del desarrollo al horizonte del Suma Qamaña”, CBDDHH, 2012.
2.- A qué nos referimos cuando hablamos de ciencia, lo exponemos en la Introducción de este trabajo.
3.- La obra de Hugo Zemelman nos sirve precisamente para advertir que no basta tener ante sí, una teoría crítica, porque se puede hacer una recepción a-crítica hasta de una teoría crítica. Cfr. Zemelman, Hugo: Uso crítico de la teoría, IPN, México, 1987.
4.- A diferencia de los “marcos teóricos”, que delimitan recortes cognitivos de la realidad, los “marcos categoriales” configuran relaciones de sentido con la realidad; de modo que fundan el sentido de la praxis (o el tipo de intervención en la realidad) que impulso. El sentido es lo que establece las condiciones de posibilidad de la praxis, o sea, la factibilidad de un proyecto no es algo privativo o el apriori que impone lo dado (de los “realistas”) sino que, también se enmarca en la apertura de objetividad de la perspectiva asumida. Cfr. Hinkelammert, Franz: Las armas ideológicas de la muerte, DEI, San José, Costa Rica, 1977; también: Zemelman, Hugo: op. cit.
5.- Ver nota 103.
6.- Cita proveniente del capítulo I de El Capital: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto. Amplifiquemos la cita, dice: “como la economía política es afecta a las robinsonadas, hagamos primeramente que Robinson comparezca en su isla”; o sea, Marx dice que la economía burguesa es afecta a las “robinsonadas” y no es consciente de ello, es decir, parte de una situación hipotética inventada y pretende, mediante aquello, explicar la realidad, pero si Robinson comparece en su isla, resulta que la situación (o “modelo ideal”) de la cual parte la economía burguesa, el capitalismo, nunca existió y, por lo tanto, no puede ser punto de partida; por eso dice después: “trasladémonos ahora de la radiante ínsula de Robinson a la tenebrosa Edad Media europea”, o sea, realicemos un tránsito, trascendamos el “modelo ideal” que presupone el capitalismo y lo que encontramos, ya no es la “tenebrosa edad media”, porque desde el capitalismo y el mundo moderno, todo lo anterior aparece como “inferior”, “salvaje”, devaluado, pero, si ya no vemos con los ojos del capitalismo, lo que encontramos es que, “en lugar del hombre independiente nos encontramos con que aquí todos están ligados por lazos de dependencia”, es decir, la libertad liberal, lo que hace, es romper con los lazos de solidaridad que poseían los mundos anteriores, que no eran tan malos como dice la modernidad; por eso remata con la necesidad de partir, de modo consciente, de otro “modelo ideal”, porque la praxis humana se impulsa desde un horizonte de creencias que no se funda en la razón, por eso dice: “imaginémonos finalmente, para variar, una comunidad de hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo común”. Cursivas nuestras.
7.- Prólogo de Eric Hobsbawn, en: Marx, Karl y Hobsbawn, Eric: Formaciones económicas precapitalistas, México, Siglo XXI, 1978, p. 36.
8.- Capítulo I de El Capital: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto.
9.- Prólogo de Eric Hobsbawn: op. cit., p. 36. Cursivas nuestras.

* Agencia Latinoamericana de Información -ALAI-.

rafaelcorso@yahoo.com

“Me llamo Adou”

Carlos Olalla*. LQSomos. Julio 2017

“Me llamo Adou” es el libro que Nicolás Castellano acaba de publicar sobre una historia que conmocionó a medio mundo: la de Adou, un pequeño de 8 años de Costa de Marfil que fue descubierto por un escáner de la guardia civil cuando intentaba entrar en Ceuta dentro de una maleta. Todos recordamos aquella foto, todos conocemos la historia, o cuando menos los titulares, pero pocas veces ha sido más necesario acercarnos a ella de la mano de una persona que nos cuenta todo lo que hay detrás de la historia de Adou y que nos invita a reflexionar sobre lo que estamos haciendo mal para que cosas como ésta puedan pasar en nuestros días. Nico Castellano se ha acercado a la familia de Adou, ha conocido su realidad, las causas que empujaron a Alí, un joven universitario marfileño que tenía un trabajo estable como profesor de filosofía y de francés en su país natal, a abandonarlo todo para venir a España huyendo del peligro y de la muerte, las dificultades que tuvo para llegar hasta aquí, la crueldad de las redes de trata de seres humanos que proliferan al amparo del endurecimiento de nuestras leyes, los engaños a los que ese joven fue sometido y a los que tuvo que plegarse en su desesperación por llegar a Europa, los obstáculos que nuestro gobierno le puso para denegarle el asilo político al que tenía derecho, el sinsentido de nuestras leyes que hace ya demasiado tiempo se olvidaron de la justicia, la soledad por la que pasó durante años, la angustia de su mujer y sus tres hijos aguardando el momento en que les permitieran venir, las reiteradas denegaciones a sus solicitudes para reagrupar a su familia que le empujaron a caer de nuevo en manos de los traficantes de vidas, sueños e ilusiones…

Hace unas semanas se presentó el libro en la parroquia de San Carlos Borromeo. A Nico le acompañaban Javi Baeza y Benjamín Prado. Escuchar a Javi hablar de su lucha contra el sinsentido de unas leyes, las nuestras, que criminalizan la pobreza y la migración es algo que quienes están a favor de la creación de muros y fronteras o quienes simplemente miran a otro lado pretendiendo no ver, deberían hacer. Sus palabras son un rayo de luz que ilumina la resistencia contra un marco legal injusto y absurdo, un marco legal contra el que, como dijo Benjamín citando a Thoreau, solo cabe la desobediencia. Esclarecedora y de tremenda actualidad fue la anécdota de Thoreau que nos contó: Estando encarcelado en prisión por haberse negado a pagar unos impuestos que financiaban un gobierno que apoyaba la esclavitud, recibió la visita de un político que luego llegaría a ser presidente de los Estados Unidos. Aquel político, consciente de la injusticia que estaban cometiendo con Thoreau, le preguntó “¿Cómo es posible que estés aquí encerrado?” La respuesta de Thoreau debería hacernos reflexionar: “¿Cómo es posible que tú estés ahí fuera?” Thoreau, de quien la próxima semana se cumple el 200 aniversario de su nacimiento, es un referente al que hay que volver una y otra vez. Su vida y su obra fueron un canto a la libertad. Fue una persona lúcida y comprometida que jamás dejó de ser consecuente con lo que creía: “Bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel.”

Alí, el padre de Adou, había nacido en un pequeño pueblo del norte de Costa de Marfil. Fue el primero en su familia en terminar una carrera universitaria. La ayuda de su familia, su trabajo y la becas que ganó por sus notas lo hicieron posible. Se enamoró de Lucie, una joven a la que solo veía cuando regresaba a su pueblo por vacaciones y decidieron casarse. Cuando lo hicieron y tuvieron su primer hijo, Michael, todo parecía irles bien: él había acabado la carrera y se ganaba la vida dando clases de filosofía y de francés; ella vendiendo telas que traía de países vecinos. Pero la inestabilidad política de Costa de Marfil hizo que la paz estallara en mil pedazos y el país se dividiera por la mitad. Ambos eran del norte del país y vivían en el sur, lo que automáticamente les convertía en sospechosos enemigos. La situación fue empeorando hasta que, en 2005, Alí toma la decisión de abandonar su país ante el claro peligro de muerte que corría. Pidió asilo a la embajada francesa, pero se lo denegaron. Hizo lo mismo con la del Reino Unido y la de Canadá, y también se lo denegaron. Viendo que la salida legal no iba a ser posible, alguien le puso en contacto con la gente de las redes de trata. Fueron muchas las veces que intentó llegar a Europa, y muchos los fracasos: fue abandonado en el desierto de Mauritania, expulsado a Senegal, a punto estuvo de morir ahogado en una patera… Finalmente llegó a Canarias un año después de haber salido de su país. Atrás habían quedado su mujer, sus dos hijos mayores (Michael y Mariam), y el pequeño Adou, que había nacido durante su viaje y al que no conocía.

En Canarias pidió asilo político. Tuvo suerte porque aceptaron tramitar su expediente y eso le permitió obtener un permiso de trabajo. Le denegaron el asilo, pero, tras tres años, consiguió el permiso de residencia. En 2010, con su situación regularizada, viajó a Costa de Marfil para ver a su familia y conocer a Adou, que ya tenía cuatro años. Es entonces cuando se planteó solicitar la reagrupación de su familia ya que él tenía un trabajo estable (en la lavandería donde llevaba cuatro años trabajando) y tenía arraigo en España. Los cooperantes de Cruz Roja que le habían ayudado desde el primer momento le indicaron que lo mejor sería pedirlo por partes: primero la mujer y luego los hijos y le avisaron de que la ley española no le permitiría traer a Michael, su hijo mayor, porque había cumplido ya los dieciocho años. Aún así, decidió seguir los cauces legales y solicitó la reagrupación para Lucie, su mujer. Ella llegó a Canarias en 2012. Por tres veces solicitó la reagrupación de sus dos hijos pequeños. A Mariam se la concedieron en 2015, pero no a Adou ya que la nómina que Alí cobraba en la lavandería era insuficiente, de acuerdo con la ley española, para traer a su hijo de 8 años. Para quien no lo sepa, nuestra ley fija una cantidad económica por familiar a reagrupar. En el caso de Adou, a su padre le faltaban 56 euros mensuales para poder cumplir con la ley. Por eso le denegaron la solicitud, por eso prohibieron que un niño de 8 años viniese a vivir con sus padres y le obligaron a quedarse en un país marcado por la violencia en compañía de su hermano mayor, que tenía 18 años (la abuela con la que habían vivido hasta entonces acababa de morir).

Son muchas las preguntas que nos tiene que hacer esta situación. Una es la que hace Lucie a quien la quiera escuchar: “¿Es que se le puede decir a un padre que puede tener a un niño solo si tiene dinero? Ni en África ni en ningún otro lado a un padre se le exige que tenga 1.000 o 2.000 euros en el bolsillo para poder tener un hijo. Entonces, ¿Por qué Europa pone precio a que muchos padres y madres inmigrantes se puedan reunir con sus hijos?

La situación llega a ser repulsiva cuando sabemos que el gobierno español da automáticamente permisos de residencia a quienes pueden comprar una casa de varios cientos de miles de euros como revulsivo para impulsar la recuperación económica. Nuestras leyes son injustas, y no solo con las personas migrantes, ¿o es que acaso es justa la figura de la libertad bajo fianza que, en la práctica, hace que quienes tengan dinero puedan eludir la prisión mientras quienes no lo tienen estén obligados a quedarse en la cárcel?

El caso de Adou puso de manifiesto otra situación que es realmente aterradora: la arbitrariedad con la que se aplica la ley en nuestro país, porque la misma ley que fija las cuantías económicas para las repatriaciones, establece también que esas cantidades pueden analizarse con flexibilidad en función de cada caso en particular (situación del país de origen, de la familia, edad de los niños, etc.), flexibilidad que la administración española, la delegación del gobierno en Canarias en este caso, se pasó por el forro sin importarle las consecuencias que esa decisión conllevaría.

¿Qué harías tú si el país donde vives te niega por tres veces la solicitud para traer a tu hijo de 8 años que vive solo con su hermano de 18 en un país que está en guerra? ¿Qué harías cuando ese país te cierra todas las puertas?, ¿Cómo reaccionarías al saber que lo hacen solo porque te faltan 56 euros al mes?

Alí lo tuvo claro. Empleó parte del dinero que había pedido a un banco español para construirse en el futuro una casa en su país para pagar a las redes de trata de personas que le aseguraron que su hijo llegaría en avión a Madrid sin ningún problema. No voy a hacer un spoiler sobre el libro, pero el final de esta historia lo conocemos todos: Adou nunca llegó a Madrid y acabó dentro de una maleta intentando entrar por la frontera de Ceuta.

El caso saltó a la prensa y ocupó portadas en los principales medios de todo el mundo. La foto del niño dentro de la maleta era demasiado fuerte como para que las conciencias siguieran dormidas. Eso hizo que las autoridades españolas, las mismas que habían provocado este desastre porque a Alí le faltaban 56 euros, le dieran el permiso de residencia a Adou en solo 14 días. Podríamos pensar que esta historia, finalmente, ha tenido un final feliz, pero no es así. La vida de Adou en Canarias fue difícil porque todos le identificaban como “el niño de la maleta”. La gente era muy cariñosa con la familia, pero también muy agobiante. Eso, unido a que ni Lucie ni los niños hablaban español pero sí francés, y a la situación judicial por la que pasa Alí, que está en espera de juicio acusado de tráfico de personas, ha hecho que la familia se haya ido a vivir a París, donde tienen otros familiares. Allí viven en una casa de acogida subvencionada por el gobierno francés y los niños van al cole. Adou juega por las tardes al fútbol con sus nuevos amigos. Sueña con llegar a ser Messi.

Alí, sin embargo, no ha podido ir a París. No puede abandonar España en tanto no le juzguen. La fiscalía le pide tres años de prisión. Le ha ofrecido una rebaja de la pena a un año a cambio de que se declare culpable. Alí se ha negado. Él nunca ha traficado con su hijo. Ha hecho simplemente lo que cualquier buen padre hubiera hecho en sus circunstancias. No admite, ni admitirá nunca, que puedan condenarle por haber intentado todas las vías legales, y haber recurrido a las redes para sacar a su hijo de 8 años de un país en guerra. Ya pasó un mes en prisión cuando le detuvieron y puede que tenga que pasar varios años más, pero nadie conseguirá que mienta para rebajar la pena que le quieren imponer y salvar con ello sus conciencias.

Son muchas las preguntas que nos hace esta historia. ¿Cómo es posible que esto esté sucediendo en pleno siglo XXI?, ¿Cómo es posible que esté pasando en nuestro propio país?, ¿Cómo se puede permitir que una familia tenga que vivir separada porque les faltan 56 euros mensuales para cumplir con una ley tan absurda como injusta?, ¿Cómo pueden nuestras leyes prohibir que un hijo de esa familia, por el simple hecho de haber cumplido 18 años, viva con los suyos y tenga que permanecer viviendo en un país que es peligroso?, ¿Qué queda de la justicia en nuestro país…? Y, sobre todo, recordando el ejemplo de Thoreau, ¿Qué estamos haciendo tú y yo para acabar con esto?

Otras notas del autor
* LQSomos en Red

Mujeres y hombres de la sierra.

Redacción. LQSomos. Julio 2017

La guerrilla antifranquista en la Siberia extremeña y la Jara toledana (1936-1950)

Benito Díaz y José Ignacio Fernández nos adentran en la guerrilla antifranquista en la Siberia extremeña y la Jara Toledana a través de “Mujeres y hombres de la sierra. La guerrilla antifranquista en la Siberia extremeña y la Jara toledana (1936-1950)”. El libro recoge, entre otros temas, el importante papel de la mujer al lado de los guerrilleros en la sierra y las dificultades particulares que éstas tuvieron que afrontar, dada su condición, frente a los hombres; la mayoría de las veces ocupadas de asuntos de intendencia, tareas de enlace y, raramente, protagonistas de acciones guerrilleras. De los casi 6.000 guerrilleros que hubo en España, apenas cien fueron mujeres, y de ese número, un gran porcentaje se concentró en las sierras extremeñas, en Ciudad Real y en Toledo.

Qué mejor presentación que la lectura de la “Introducción” de este libro editado por el Colectivo Arrabal, que gentilmente nos cede la reproducción:

Introducción

Aunque el general golpista Francisco Franco afirmaba en su discurso victorioso del 1 de abril de 1939 que la guerra había terminado, la paz no llegó por completo a amplias zonas de la geografía española. Las autoridades franquistas, con la bendición de la Iglesia triunfante, en lugar de apostar por una política que favoreciese la inserción de los vencidos en la sociedad, construyeron un complejo ordenamiento jurídico para castigar a los derrotados defensores de la legalidad republicana (1).

En unas parodias de juicios, el fiscal solía pedir para los republicanos detenidos las penas más elevadas, a pesar de que no estuviese probado que el acusado hubiese cometido los delitos que se le imputaban. En los Consejos de Guerra no se practicaba prueba alguna, pues el atestado policial, conseguido generalmente mediante tortura, servía de prueba única y constituía la base del sumario (2).

Según el periodista John T. Whitaker, que presenció algunos de estos juicios en Talavera de la Reina (Toledo), ciudad en la que permaneció dos meses tras ser conquistada por las tropas rebeldes el 3 de septiembre de 1936, bastaba una audiencia de dos minutos para condenar a una persona a la pena capital (3). Este corresponsal fue muy bien acogido inicialmente por los militares franquistas, que vieron en él a un aliado ideológico, ya que había sido condecorado por el dictador fascista Benito Mussolini por sus informaciones partidistas sobre la intervención italiana en Etiopía. Sin embargo, John Whitaker, ante las reiteradas matanzas que presenció, acabó sintiendo gran aversión por los franquistas (4), llegando al extremo de ser amenazado de muerte por el capitán Gonzalo de Aguilera, conde de Alba de Yeltes (5).

Este cúmulo de irregularidades cometidas por las autoridades españolas hizo que la ONU dictase dos resoluciones, la n.º 32 de 9 de febrero de 1946 y la n.º 39 de diciembre de 1946, en las que se declaraban “ilegales los actos de la dictadura integrados en conductas tipificadas como delitos contra la humanidad” (6).

La situación que se vivió en la España de posguerra no se pareció ni de lejos a la defendida por el ultraconservador alcalde de Baralla (Lugo), Manuel González Capón, que en un pleno municipal celebrado el 26 de julio de 2013 afirmó que “quienes fueron condenados a muerte” durante el régimen de Franco “sería porque lo merecían”. Sin embargo, decenas de miles de españoles fueron fusilados o asesinados por el mero hecho de defender los valores democráticos, lo que está muy lejos de poder ser considerado como un crimen, a no ser que se milite en postulados fascistas y en este caso cualquier tipo de disidencia política sobra. Por desgracia, la actitud de este político ultraconservador no es una excepción.

Recientemente los también militantes del Partido Popular, Ana Rivelles, alcaldesa de Alberche del Caudillo, Antonio Pozo, alcalde de Guadiana del Caudillo, y Juan Antonio Morales, secretario provincial del PP en Badajoz y diputado en la Asamblea de Extremadura, han participado en un acto de exaltación del totalitarismo franquista, dando por buenos sus numerosos crímenes y su implacable represión de las libertades y de los valores democráticos.

Para no someterse a esta violencia institucionalizada, complementada con un amplio catálogo de recursos violentos no codificados, unos pocos republicanos, a la espera de que la situación política pudiese mejorar y entonces disminuyese la actividad represora del Régimen, se ocultaron en las zonas montañosas comprendidas entre Toledo, Ciudad Real, Cáceres y Badajoz. El principal objetivo de estos fugitivos era salvar la vida, encontrándose muy lejos en aquellos momentos de estar guiados por un espíritu guerrillero de oposición a un enemigo que ya los había derrotado cuando formaban parte del ejército republicano, compuesto por cientos de miles de soldados. Con muy escasos medios, estos primeros huidos malvivían con los recursos que les proporcionaban familiares y enlaces, así como con los víveres obtenidos en asaltos a labranzas, robos en chozos y a transeúntes, y del dinero que conseguían con algún que otro secuestro. Armados con escopetas, viejos fusiles y pistolas, con muy poca munición, solo en contadas ocasiones buscaron el enfrentamiento con las fuerzas represivas que los combatían, pues su objetivo era la supervivencia.

En la línea de lo señalado por el exguerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, la insurgencia armada contra el Franquismo no nace por tanto de un “romanticismo ideológico”, sino por la existencia de una implacable y sangrienta dictadura militar (7).

Para detener a estos “marxistas huidos” o “huidos políticos”, que es como fueron denominados inicialmente por los militares franquistas, se distribuyeron varios batallones militares por las sierras del centro peninsular (8) y se reforzaron de manera considerable los destacamentos de la Guardia Civil. El acoso al que fueron sometidos los huidos por parte de las fuerzas represivas, que abatieron a un buen número de ellos en la zona centro en los primeros meses de 1940, y sus nulas perspectivas de futuro, llevaron a José Manzanero, destacado dirigente comunista, que durante la guerra fue secretario general del Comité Regional del PCE en Extremadura, y a otros cinco huidos a intentar escapar a Francia en marzo de 1940, pero no tuvieron éxito en su aventura y debieron regresar al lugar del que partieron, los Montes de Toledo, adonde solo llegaron cuatro, pues el pacense Francisco González Rebollo y el toledano Julián Muñoz murieron en el intento. Sí tuvieron éxito cuatro republicanos, evadidos el 4 de enero de 1940 del campo de concentración de Castuera (Badajoz), que tras 79 días de largas caminatas lograron cruzar la frontera francesa (9).

Después del fracaso del grupo de José Manzanero, un buen número de los refugiados en las sierras del noroeste de Ciudad Real, oeste de Toledo, norte de Badajoz y sureste de Cáceres, volvió a intentarlo en abril de 1941 aunque esta vez lo hicieron por el oeste, vía Portugal, pues en Lisboa existía una oficina del Comité Intergubernamental para los Refugiados (CIR), para desde aquí viajar a América, pero la presión de la policía salazarista abortó esta operación (10).

Este organismo, tras experimentar varios cambios, pasó a denominarse en 1947 Organización Internacional para los Refugiados (OIR). Sus oficinas fueron aceptadas a regañadientes por el dictador portugués Oliveira Salazar, que las acusó de favorecer a los republicanos españoles y de proporcionarles documentación falsa (11).

Una muestra más que evidente de que los huidos no pretendían continuar una lucha que en esos momentos consideraban estéril, son los casos de los extremeños Valentín Jiménez Gallardo “Sabina” y Santiago Mijarra Gallego “El Guerrillero” que, tras entrevistarse con el teniente coronel Manuel Gómez Cantos, y prometerles éste que podrían vivir sin ser molestados en sus pueblos, Navalvillar de Pela y Casas de Don Pedro, se entregaron el 19 de febrero de 1942 junto con otros dos huidos (12). De haberse generalizado la extraña actitud conciliatoria de este vesánico oficial, o de haber tenido éxito los repetidos intentos de huir de España de los resistentes antifranquistas de la zona centro, el fenómeno de los huidos, como el de la posterior guerrilla, apenas habrían tenido relevancia y, por lo tanto, el nivel alcanzado por la violencia en el mundo rural de posguerra habría sido menor.

Hasta hace pocos años, a pesar de la dimensión que alcanzó la guerrilla antifranquista, no se le ha prestado la atención que se merece; es todavía algo secundario en la historiografía española, pese a que se trata de la oposición más seria y sólida a la que tuvo que hacer frente la dictadura del general Franco. Los primeros que estudiaron el mundo de los huidos y de las guerrillas fueron guardias civiles: en 1957, el teniente coronel Eulogio Limia Pérez escribió un informe en el que estudiaba el problema del bandolerismo en Toledo, Ciudad Real y Granada, que él conocía perfectamente por haber dirigido con gran éxito la lucha antiguerrillera en esas provincias (13). Este informe, tal vez porque no estaba destinado a ser publicado, no es excesivamente tendencioso ni cae en los reiterativos juicios de valor que emplean con asiduidad otros autores. En su escrito, Eulogio Limia pedía que una “pluma esclarecedora” contase los pormenores de esta larga y costosa lucha, que había terminado con una gran victoria para la Benemérita.

Hacía años que en España había desaparecido el peligro de dar a conocer a la opinión pública estos hechos. El Régimen estaba en esos momentos plenamente consolidado y contaba con el apoyo de las democracias occidentales y de Estados Unidos, a pesar de su carácter totalitario y de su estrecha vinculación con las derrotadas potencias fascistas. La propuesta de Eulogio Limia no cayó en saco roto, pues fue aceptada por varios guardias civiles, entre los que destacan Antonio Díaz Carmona, Ángel Ruiz Ayúcar, Eduardo Munilla Gómez y Francisco Aguado Sánchez. Estos autores afrontaron este interesante reto, por lo general, con bastante más pasión que oficio, desde posiciones ideológicas muy conservadoras y con pocas concesiones al rigor y a la objetividad (14). Pero lejos de esclarecer el tema, lo que hicieron fue enturbiarlo con sus abundantes difamaciones y errores, y eso que tenían a su entera disposición toda la documentación que había generado la lucha contra la guerrilla; material que los historiadores que han venido detrás no han podido consultar hasta hace poco tiempo, y de una manera muy dosificada y escasa.

Tras la muerte del dictador Francisco Franco y con la recuperación de la democracia en España, proliferaron las investigaciones, basadas en espacios geográficos concretos, que lograron rescatar del olvido esta importante parcela de la historia de nuestro país, en la que se mezclan páginas gloriosas con otras llenas tema fue muy importante la publicación en 2001 del estudio elaborado por Secundino Serrano sobre la guerrilla antifranquista en España (16).

A la hora de abordar este fenómeno, uno de los aspectos que más interés y polémica suscita es el de la cuestión semántica. ¿De qué hablamos?, ¿de huidos, marxistas huidos, huidos políticos, escapados, fugados, emboscados, los del monte, los de la sierra, bandoleros, malhechores, salteadores, maquis, guerrilleros…? Las autoridades franquistas utilizaron inicialmente los términos huidos o huidos políticos, que nos parecen correctos, y bandoleros para denominar a los resistentes que se refugiaron en los montes, lejos de las acciones represivas del nuevo régimen totalitario. Con ello pretendían negar la existencia de la violencia política y reducirlo todo a una mera cuestión de delincuencia común. La denominación de bandoleros fue considerada, con razón, como una infamia por aquellos hombres que con el paso del tiempo se convertirían en guerrilleros y que se consideraron como los verdaderos patriotas que luchaban por restablecer las libertades y la democracia en España. Para contrarrestar esta campaña difamatoria, los guerrilleros distribuyeron propaganda política en la que se decía: “No somos bandoleros ni atracadores ni estamos dirigidos por extranjeros, como dice calumniosamente la propaganda falangista. Franco podrá golpearnos pero no difamarnos. Somos españoles de la cabeza a los pies como lo era El Empecinado, como lo era Mina, como lo era Riego, como lo era Mariana Pineda…” (17).

No es posible establecer una periodización del movimiento guerrillero válida para toda la geografía española, pues la lucha armada contra la dictadura franquista fue una especie de reino de taifas, donde en cada territorio se combatía de manera aislada, sin apenas conexión con el resto. No obstante, para la zona que abordamos en este estudio, se pueden señalar varias fases en su desarrollo: un inicial periodo de huidos, que abarcaría desde la finalización de la Guerra Civil hasta el otoño de 1944, momento en el que, en total sintonía con el desarrollo favorable de la guerra mundial para los ejércitos aliados y gracias a la apuesta del PCE, los huidos se fueron dotando de una organización militar de la que antes carecían; a partir de noviembre de 1944 entraríamos en una nueva fase, la de la guerrilla propiamente dicha, que se extendería hasta mediados de 1946. Luego vendría un periodo de absoluta agonía de la guerrilla, en la que los escasos restos del naufragio serán eliminados uno tras otro. Solo unos pocos, tras muchas penalidades y largas caminatas, lograrán alcanzar la frontera francesa.

Es difícil dar una cifra exacta del número de huidos y guerrilleros que hubo en toda España. Para el teniente coronel de la Guardia Civil Aguado Sánchez, entre 1943 y 1952 hubo un total de 5.560 efectivos (18). Si a estos sumamos los numerosos huidos que murieron o fueron detenidos entre 1939 y 1943, y los guerrilleros que lograron huir a Francia, nos daría un mínimo de 6.000 resistentes antifranquistas, a los que hay que añadir decenas y decenas de miles de enlaces y colaboradores: unas 70.000 personas fueron detenidas en España acusadas de colaborar con la guerrilla antifranquista (19).

A lo largo de los capítulos de este libro mostramos que los republicanos huidos al monte al final de la guerra hubieran tenido aún menos posibilidades de supervivencia de no ser por los apoyos recibidos de una población campesina constantemente vigilada y finalmente aterrorizada y martirizada. Si la resistencia al franquismo en la posguerra, aún siendo un asunto secundario en la historiografía, ha dado nombres de líderes que aparecen rodeados de una aureola de leyenda como José Méndez “Manco de Agudo”, Joaquín Ventas “Chaquetalarga” o Francisco Blancas “Veneno”, no se recogen sin embargo en los estudios sobre el tema las vivencias de los sin historia: los enlaces. No obstante, componían un grupo de personas anónimas, de una importancia capital, pues constituían la base de aprovisionamiento material sobre la que se sostenía la guerrilla. Los enlaces (agents de liaison, en su origen francés) eran conscientes de su responsabilidad y de los riesgos que corrían. La mayoría de ellos, una vez implicados en la resistencia, decidieron seguir en la lucha convencidos de la necesidad del momento histórico, aun conociendo los procedimientos brutales empleados y sabiendo que a la vuelta de cualquier esquina podían encontrar la muerte; pero eso no justificaba tirar la toalla y dejar en desamparo a quienes tanto los necesitaban.

¿Qué les movía para comprometerse en esta aventura tan arriesgada? Aparte de los lazos familiares o de amistad, se encuentran motivos basados en la solidaridad hacia hombres desvalidos revestida de explicaciones de origen religioso, de amor al prójimo como deber de todo ser humano; no bastaba decirlo o predicarlo, había que demostrarlo y el prójimo estaba ahí, a la vista, y era el momento de amarle y no solo con palabras o con solo hacer la señal de la cruz delante del altar.
Los motivos ideológicos fueron determinantes. De hecho los guerrilleros buscaban preferentemente el apoyo de los hombres y mujeres de izquierdas, antiguos republicanos que habían combatido por la causa y que en aquellos momentos formaban parte de los derrotados y humillados por el Régimen. Ninguno de entre estos perdedores creyó que la dictadura se iba a eternizar, ya que una vez terminado el conflicto mundial, que por supuesto debía decantarse a favor de las fuerzas y países democráticos, el dictador tendría que ser expulsado del poder.

Esa esperanza de cambio político mantuvo viva la lucha de muchos de los del monte y de los del llano, para quienes no era igual aguantar uno o dos años que tener ocultos o proporcionar intendencia durante tanto tiempo a cantidad de miembros de la guerrilla que se movían por el territorio. Es más, desde finales de 1944 el aumento de los efectivos guerrilleros provocó serias dificultades de abastecimiento a los enlaces. Aquella fue la esperanza que se desvaneció por lo que el tiempo jugó en contra de ellos y a favor del Régimen, que los fue acorralando sin escapatoria posible hasta que consiguió el desmoronamiento de la resistencia armada.

En este sentido se produjeron muchas frustraciones, pero no solo en el entorno de los españoles que se vieron afectados al sufrir el problema en sus propias carnes, sino por las causas que originaron el naufragio: nadie se esperaba la reacción de unos países que habiendo luchado contra el fascismo al final terminarían por reconocer al Régimen de Franco, enviando de nuevo a España a sus embajadores y así entablar nuevas relaciones diplomáticas y comerciales. Y fue entonces cuando la resistencia recibió aquel jarro de agua helada y se derrumbaron muchas esperanzas, con las consabidas consecuencias.

La traición siempre estuvo ahí como posibilidad y fue ampliamente utilizada como arma por las fuerzas represivas e incluso fue elevada a la categoría de figura jurídica como instrumento de lucha contra la insurgencia (20). Los oficiales más astutos de la Guardia Civil ofrecían a los enlaces que habían sido descubiertos la impunidad, una rebaja sustancial de la pena o una recompensa en metálico si delataban a sus compañeros del monte. Pero la amenaza velada que se cernía sobre la supervivencia de sus familias fue el argumento más convincente, mucho más que la recompensa en unos años de falta de medios económicos y de escasez en todos los órdenes.

En esta obra también abordamos el papel desempeñado por las mujeres en la lucha antifranquista, que merece más atención de la que hasta ahora se le ha prestado, siendo silenciada su labor debido a cuestiones de índole tanto política como de género (21). A través de los testimonios orales surgen figuras femeninas de una talla humana incomparable, que actuaron movidas por la solidaridad y generosidad con sus familiares y vecinos, por el amor a sus parejas y a sus hijos. A pesar de estar inmersas en una sociedad rural de carácter patriarcal que las relegaba a su rol tradicional de proveedoras de alimento y de cuidado de la descendencia, las mujeres de la zona estudiada tuvieron un protagonismo destacado en la resistencia armada al régimen franquista. Tomaron partido conscientemente no solo por lealtad hacia sus seres queridos sino también, en algunos casos, por una conciencia política ya formada durante la década anterior, que las había llevado a participar en organizaciones de izquierdas. Ya sea por motivos ideológicos, familiares o por puro interés material (que también lo hubo) el apoyo de las mujeres a sus parientes, hijos, maridos, padres o hermanos fue esencial para la supervivencia de estos en el monte. Pusieron a su servicio su ser y su saber hacer mediante una labor abnegada. Fueron las encargadas de proporcionar a los combatientes lo más necesario para su supervivencia: alimentos, medicinas, armamento, ropas, información y medios de comunicación con sus familiares y, llegado el caso, con las organizaciones clandestinas (22). A los elementos materiales se añade otro fundamental: el apoyo moral y afectivo a los parientes y amigos. Sobre las premisas de protección a sus seres queridos, presentes en la actuación de la generalidad de las mujeres, no percibían como un acto político la ayuda a los guerrilleros. A pesar de lo cual, las autoridades franquistas las persiguieron y se ensañaron con ellas al igual que con los hombres. Sufrieron también en sus propias carnes la represión brutal que el Régimen desencadenó en las zonas donde actuaba la guerrilla.

En varios textos carcelarios escritos por mujeres se describe a estas campesinas silenciosas y enlutadas cuyo sufrimiento era mayor que el de las presas concienciadas políticamente, porque “no podían entender su culpabilidad […], habían ayudado a su familia o a sus amigos en peligro, sin fines políticos” (23).

Algunas, como Elisa Paredes Aceituno “Golondrina”, dieron su vida al lado de sus parejas; otras, como Bonifacia Gallardo Miranda, murieron por ser madres de guerrilleros (¿cómo iban a denunciar a sus hijos?), otras muchas fueron apaleadas o encarceladas o reducidas a la indigencia. Bajo las balas de las fuerzas represivas cayeron algunas que llevaban un hijo en el vientre. Otras tuvieron que abandonar a sus hijos recién nacidos para darles la posibilidad de una vida mejor que la que llevaban en el monte.

Nuestra investigación aporta una visión global integradora de la resistencia en la que se pone de manifiesto el trabajo de los enlaces y la aportación de las mujeres. Tiene como objetivo demostrar que los resistentes emboscados que se defendían con las armas en la mano eran personas que tenían familia y miembros de una sociedad rural que no los dejó abandonados a su suerte en los perores momentos, sino que sufrieron juntos la represión salvaje de las fuerzas del orden establecido: todos fueron víctimas de la violencia. Baste como ejemplo el caso de la “Golondrina”, a la que al parecer la contrapartida ofreció la posibilidad de salir de la fila de los que iban a ser ejecutados en la casilla de los Cojos de Minas de Santa Quiteria (Toledo). Ella contestó que prefería morir al lado de su compañero sentimental.

Para la elaboración de esta obra hemos hecho uso de las fuentes documentales del Archivo General Histórico de Defensa (Madrid), Archivo General Militar de Ávila, Servicio Histórico de la Guardia Civil, Archivo Histórico del Partido Comunista de España, Archivo del Tribunal Militar Territorial Primero de Madrid (24), Centro Documental de la Memoria Histórica (Salamanca), Archivo Histórico Nacional y Fundación Pablo Iglesias. También hemos accedido a archivos municipales y a un buen número de registros civiles. Asimismo, para esta investigación han sido de gran valor los fondos de los archivos particulares de Moisés Calderón Alías (Herrera del Duque, Badajoz) y de Jaume Valls, presidente de la Asociación Pont de la Llibertad (Hospitalet de Llobregat, Barcelona).

Notas:
1.- M. Ortiz Heras, Violencia política en la II República y el primer franquismo. Albacete, 1936−1950, Madrid, Siglo XXI, 1996, p. 379.
2.- Mª L. Suárez Roldán, Recuerdos, nostalgias y realidades. Sobre la defensa de las víctimas del franquismo, Albacete, Bomarzo, 2011, pp. 281-282.
3.- J. Atenza Fernández y B. Díaz Díaz, “La mortalidad en Talavera de la Reina durante la Guerra Civil española”, en Cuaderna, n.º 16−17 (Talavera de la Reina, 2008−2009), p. 183.
4.- J. Keene, Luchando por Franco. Voluntarios europeos al servicio de la España fascista, 1936-1939, Salvat, 2002, p. 117.
5.- L. Arias González, Gonzalo de Aguilera Munro, XI conde de Alba de Yeltes (1886-1965). Vidas y radicalismo de un hidalgo heterodoxo, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2013, p. 163.
6.- Mª L. Suárez Roldán, Recuerdos, nostalgias y realidades…, p. 281.
7.- J. Villalobos, “De Robín Hood a Pablo Escobar”, en El País, Madrid, 24 de marzo de 2008.
8.- Archivo General Militar de Ávila, Documentación Nacional, Comandancia de Talavera de la Reina, armario 10, legajo 452, carpeta 20.
9.- A. Garrido, Une longue marche. De la répression franquiste aux camps français, Toulouse, Privat, 2012, p. 156.
10.- J. Cervera Gil, “Su segunda posguerra. Los refugiados republicanos en el Sur de Francia (1945-1947)”, en Espacio, Tiempo y Forma, UNED. Serie V. Historia Contemporánea, t. II, (Madrid, 1998), p. 195.
11.- L. M. García Domínguez y J. R. González Cortés, “Disidencias al franquismo en Extremadura: guerrilla y exilio extremeño a Portugal durante el franquismo”, en O Pelourinho. Boletín de relaciones transfronterizas”, n.º 11 (Badajoz, 2001), p. 44.
12.- Archivo General e Histórico de Defensa (en adelante AGHD), causa n.º 125.295 contra Valentín Jiménez Gallardo y tres más.
13.- E. Limia Pérez, “Reseña general del problema del bandolerismo en España después de la Guerra de Liberación”, Madrid, Dirección General de la Guardia Civil, 1957 (texto mecanografiado).
14.- A. Díaz Carmona, Bandolerismo contemporáneo, Madrid, Compi, 1969; A. Ruiz Ayúcar, El Partido Comunista. Treinta y siete años de clandestinidad, Madrid, Editorial San Martín, 1976; E. Munilla Gómez, “Consecuencias de la lucha de la Guardia Civil contra el bandolerismo en el período 1943-1952”, en Revista de estudios históricos de la Guardia Civil, n.º 1 (Madrid, 1968), pp. 49-63; F. Aguado Sánchez, El maquis en España. Su Historia, 2ª ed., Madrid, Editorial San Martín, 1975.
15.- F. Alía Miranda, La guerra civil en retaguardia. Conflicto y revolución en la provincia de Ciudad Real (1936-1939), Ciudad Real, Diputación Provincial, 1994; J. Chaves Palacios, Huidos y maquis. La actividad guerrillera en la provincia de Cáceres, 1936-1950, 3ª ed., Salamanca, 1996; J. M. Azuaga Rico, La guerrilla antifranquista en Nerja, 2ª ed., Málaga, Izquierda Unida, 1996; J. A. Romero Navas, La guerrilla en 1945. Proceso a dos jefes guerrilleros: Ramón Vías y Alfredo Cabello Gómez-Acebo, Málaga, Diputación Provincial, 1999, y Censo de guerrilleros y colaboradores de la Agrupación Guerrillera de Málaga-Granada, Málaga, Diputación Provincial, 2004; L. M. Sánchez Tostado, Los “maquis” en sierra Mágina. (Una aproximación criminológica a los “Hombres de la Sierra”). Jaén, Ayuntamiento de Albanchez de Úbeda, 1998; M. Yusta Rodrigo, La guerra de los vencidos. El maquis en el Maestrazgo turolense, 1940-1950, Zaragoza, Institución Fernando El Católico, 1999; B. Díaz Díaz (coordinador), La guerrilla en Castilla-La Mancha, Almud Ediciones, 2004; J. Sánchez Cervelló y otros, La Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, Barcelona, Flor del Viento, 2003; Mikel Rodríguez, Maquis: la guerrilla vasca, 1938−1962, Tafalla, Txalaparta, 2001; F. Sánchez Agustí, El maquis anarquista, Barcelona, El Milenio, 2006; C. Fernández Rodríguez, Madrid clandestino. La reestructuración del PCE, 1939-1945, Madrid, Fundación Domingo Malagón, 2002; F. Moreno Gómez, La resistencia armada contra Franco. Tragedia del maquis y la guerrilla, Barcelona, Crítica, 2001.
16.- S. Serrano, Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista, Madrid, Temas de Hoy, 2001.
17.- Fundación Pablo Iglesias, Archivo Amaro Rosal Díaz (AARD 298−18), Folleto de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, junio de 1948.
18.- F. Aguado Sánchez, El maquis en España…, p. 246.
19.- Estimación de J. A. Jiménez Cubero en “Sagrario Vera, María Esquivel, Josefa Bermejo. Una historia desconocida de mujeres guerrilleras”, en Público.es de 18 de diciembre de 2016.
20.- Art. 8 del Decreto-Ley sobre represión de los delitos de bandidaje y terrorismo, de abril de 1947 (BOE n.º 123 de 3 de mayo de 1947, pp. 2618 a 2619).
21.- C. Ruiz Serrano, “Traigo la camisa roja de sangre de un compañero: la mujer en la guerrilla antifranquista”, en Revista Canadiense, v. 36.1 (2011), p. 170.
22.- Declaraciones de José Antonio Jiménez Cubero en “Sagrario Vera…”.
23.- M. Yusta Rodrigo, “Campesinos y Maquis: El Maestrazgo turolense y la guerrilla antifranquista”, en IV Jornadas el maquis en Santa Cruz de Moya. Crónica rural de la guerrilla española. Memoria histórica viva. Santa Cruz de Moya (Cuenca), 2, 3 y 4 de octubre de 2003. Ver también: M. Yusta Rodrigo, Guerrilla y resistencia campesina: la resistencia armada contra el franquismo en Aragón (1939-1952), Prensas Universitarias de Zaragoza, 2003, p. 13.
24.- Hace años consultamos diferentes sumarios de militantes antifranquistas en este archivo, que posteriormente y por diferentes motivos, no hemos podido volver a consultar en el Archivo General Histórico de Defensa.
25.- El 30 de septiembre de 1992, el alcalde de Talarrubias (Badajoz) le cerró las puertas del Ayuntamiento diciéndole que el pasado había que olvidarlo, como él lo había hecho, a pesar de que su padre había sido fusilado (M. Calderón Alías, El pobre de la Siberia, memorias inéditas, archivo familiar).

Ensamblajes terroristas. El homonacionalismo en tiempos queer

Redacción. LQSomos. Junio 2017

Jasbir K. Puar describe las conexiones entre los discursos contemporáneos sobre los derechos LGTB+, la integración de las personas LGTB+ al consumismo, el ascenso de la blanquitud, el imperialismo Occidental y la guerra contra el terrorismo.

Puar muestra la aparición de un fenómeno que califica como homonacionalismo, una maniobra para presentar a Estados Unidos como el garante supremo de los derechos de mujeres, gays y lesbianas; una excepcionalidad que invisibiliza la violencia que Estados Unidos produce en nombre del patriotismo. Puar denuncia la postura cómplice de gays, lesbianas y feministas conservadores con la guerra, el terrorismo y las políticas de inmigración; en especial, cómo se ha construido a las mujeres musulmanas como víctimas que es preciso salvar.

Al mismo tiempo, argumenta que la identidad es un ensamblaje del género, la sexualidad, la clase social, la raza y la nación, que conforma los discursos contemporáneos sobre el nacionalismo, el militarismo, la seguridad nacional y el contraterrorismo.

Analiza las políticas liberales que incorporan a algunos sujetos queer al Estado nación, transformando su representación en sujetos que son productivos (a través del matrimonio gay y el parentesco reproductivo).

Puar critica que esta inclusión depende de la producción de sujetos y cuerpos orientalizados y terroristas, donde los homonacionalismos entran en juego para distinguir al sujeto aceptable y patriótico, sea homosexual o no, de quienes parecen terroristas, como sijs, musulmanes y árabes, que han de ser detenidos y deportados.

Fijándose en distintos aspectos culturales, incide en los vínculos problemáticos entre terrorismo y sexualidad, las reacciones feministas y de las organizaciones LGTB+ ante las fotos de las torturas en Abu Ghraib, el entusiasmo general ante la derogación de la legislación contra la sodomía y el afán de las personas queer surasiáticas de la diáspora por no ser identificadas como terroristas, en un contexto de islamofobia creciente.

La autora Jasbir K. Puar es una teórica queer y profesora del Departamento de mujeres y estudios de género de la Universidad Rutgers. Ha escrito ampliamente sobre turismo LGBT, terrorismo, vigilancia, biopolítica y necropolítica, diversidad funcional, interseccionalidad, afectos, posthumanismo, homonacionalismo, pinkwashing y la ocupación israelí de Palestina.

La ¨ficha”:
Ensamblajes terroristas . El homonacionalismo en tiempos queer. Escrito por Jasbir K. Puar. Editorial: BELLATERRA.  ISBN: 978-84-7290-826-0. Número de páginas: 424. Materia: LGTB+. Edición: 2017

Orgullo Crítico – LoQueSomos

Los humoristas republicanos en México

Arturo del Villar*. LQSomos. Mayo 2017

En un poema muy citado le decía León Felipe al dictadorísimo vencedor de la guerra que le había arrebatado todo al pueblo español, pero estaba mudo, debido a que los poetas se llevaron con ellos la voz de España al exilio. Ahora Agustín Sánchez González ha retocado esos versos, para añadir que también le faltaba la risa, porque se exilió con los humoristas en México. Y lo demuestra en su nuevo ensayo, Los humoristas gráficos y el exilio en México, que acaba de publicar Turpin Editores, impreso en Madrid con 157 páginas profusamente ilustradas en blanco y negro y un pliego en cuatricromía. Han colaborado para hacer posible la edición el Centro de Estudios Mexicanos UNAM–España, el Ateneo Español de México y otras instituciones. Parece que al título le convendría un término aclaratorio, que debería ser españoles o bien republicanos, puesto que se trata únicamente de ellos en el volumen.

Agustín Sánchez González, nacido en México, D. F., en 1956, es licenciado en Historia, profesor en diversos centros académicos, autor de una treintena de libros sobre asuntos de su especialidad, y un atento estudioso del humorismo y la caricatura, temas a los que ha dedicado ensayos y comisariado exposiciones. Con este nuevo título se amplía la muy numerosa bibliografía sobre el exilio español en México, centrado en un motivo al que no se había prestado la atención debida: la intervención de los humoristas y caricaturistas republicanos exiliados en la vida cultural mexicana, con una intervención muy popular, ya que los chistes y caricaturas son vistos por todos los lectores de los periódicos, desde luego mucho más que los editoriales y artículos de fondo. Se acepta que un buen chiste político es preferible a un editorial muy trabajado, porque alcanza siempre mayor difusión y discusión entre los lectores.

Su papel no se limitó a insertar chistes y caricaturas en diarios y revistas, sino que también influyó en la publicidad, el diseño, el cartelismo y otras artes gráficas. Recuerda el autor que el exilio mexicano reunió a una veintena de artistas gráficos, de los que únicamente Ernesto Guasp y Francisco Rivero Gil pudieron dedicar atención prioritaria a ese trabajo gustoso. Los demás debieron ocuparse de otras actividades para conseguir mantenerse dignamente en el exilio. Ocho de ellos son estudiados con detenimiento en el libro, y con brevedad seis más, porque el autor no ha pretendido escribir un diccionario, sino un panorama introductor a la tarea cultural llevada a cabo por los artistas gráficos españoles exiliados. Son los principales exponentes de ese arte que tanta atención está recibiendo en tiempos recientes, y han sido reconocidos así en los medios mexicanos.

En un ambiente ajeno

Relata Sánchez González las dificultades de adaptación padecidas por estos artistas, colocados de pronto en un ambiente desconocido, con una cultura ignorada, en el que se hablaba un idioma común en las dos orillas del océano, pero en el que las palabras a menudo adoptan un significado muy distinto del usual en España: el ejemplo más conocido es el verbo coger, totalmente inocuo en España, pero impronunciable entre los mexicanos bien educados por su sentido obsceno. El mismo autor emplea la palabra moneros para designar a los caricaturistas, inexistente en el Diccionario de la lengua española elaborado por la Real Academia Española, que sí recoge la definición de mono como “dibujo rápido y poco elaborado”, y los niños españoles llaman monos a las ilustraciones de sus libros de cuentos. Asimismo es frecuente en las editoriales y periódicos denominar monos a las ilustraciones. Lo cierto es que, por este motivo, los humoristas españoles debían censurar su lenguaje, necesariamente coloquial para que todos los lectores mexicanos lo entendiesen, pero muy cuidado para soslayar las dificultades administrativas.

También advierte Sánchez González que precisaban tener en cuenta el artículo 33 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, que prohíbe a los extranjeros inmiscuirse en asuntos políticos nacionales, bajo pena de expulsión del país si lo hacen, sin necesidad de juicio previo. En consecuencia, aceptaron como norma de supervivencia la abstención de hacer cualquier comentario acerca de la política interior. Un funcionario de mal carácter podría considerar injerencia en la política nacional criticar las costumbres de los habitantes, un tema recurrente en el humorismo, soslayado en México para evitarse disgustos.

Según el autor, por el mismo motivo los principales periódicos no insertaban nunca caricaturas políticas. El partido gobernante, prepotente y eternizado en el poder, controlaba los medios de comunicación, y no toleraba bromas con sus instituciones y cargos públicos. Solamente la Prensa marginal se atrevía a publicar algunas pocas veces caricaturas políticas.

No todo fueron sonrisas

Añádase a estas dificultades que los editores no aceptaban artículos o chistes relacionados con las preocupaciones más perentorias de los exiliados, por suponer que no interesaban a los lectores mexicanos. Así que los humoristas españoles exiliados disponían de escasos temas para su inspiración, pese a estar deseosos de aclimatarse a su nuevo país de acogida. Les estaba vedado comentar sus asuntos personales, y no debían tratar los relacionados de cualquier manera con la política interior, de modo que el humorismo perdía su cualidad más identificativa, que es la crítica. En los periódicos más serios se insertan los chistes en las páginas de opinión. A este respecto, conviene meditar sobre la confesión que Agustín Sánchez González nos proporciona en las páginas 18 y 19:

Hay que decir que México resulta muy atractivo para el turista, pero de una complicación para los migrantes, pues los mexicanos, en general, tienen (tenemos) una vivencia de amor-odio, filias y fobias a lo hispano, producto de una versión histórica unilateral de la conquista y de la creencia errónea de lo mexicano identificado, solamente, con lo indígena.
De hecho, desde la década anterior a su arribo, se mantenía una tendencia, casi oficial, de considerar que el “único” pasado nacional era el indígena. Resulta curioso, y patético, por ejemplo, el ensalzar la idealización de un pasado prehispánico que nada tiene que ver con la realidad y sí con el discurso político del Estado Mexicano, y diversas expresiones culturales hegemónicas, transmitido a la sociedad.
En este contexto, la integración profesional de caricaturistas exiliados los condujo, en su mayoría, a realizar otras actividades para sobrevivir, como dedicarse a la publicidad, por ejemplo, a la arquitectura, el diseño de interiores y de carteles, a la escenografía de cine, teatro y televisión, etc.

Es cierto que la conquista española fue brutal, una invasión imperialista destructora de la cultura indígena, con el único propósito de adueñarse de sus riquezas minerales; pero no lo es menos que esa cultura se apoyaba en la guerra para someter a la esclavitud a los pueblos derrotados, practicaba los sacrificios humanos a unos dioses implacables, y se supeditaba al poder omnímodo de un tirano. Los mexicanos debieran abominar de los dos pasados, el indígena y el conquistador.

Por todo lo cual deducimos que la actitud del presidente Lázaro Cárdenas y su Gobierno, al abrir de par en par las puertas de México a todos los exiliados españoles, debe ser calificada como muy generosa y merecer el agradecimiento de los republicanos, aún admitiendo que en la práctica no todo fueron sonrisas y rosas. Las decisiones gubernativas a veces no gustan a los administrados.

En este ensayo se aborda únicamente el tema de la recepción a los artistas gráficos por parte de los medios de comunicación, que fue amistosa, pese a tropezar con las dificultades señaladas. La actitud de los trabajadores manuales resultó muy distinta, por suponer que los exiliados les quitarían sus puestos de trabajo, al estar mejor preparados que ellos para desempeñarlos. Pero esa historia no nos interesa ahora.

Tres barcos históricos

Los exiliados arribaron a México en tres barcos ya con su nombre registrado en la historia: el Sinaia, el Ipanema y el Mexique. Trasladaron a españoles de todas las edades, clases sociales y condiciones, con el único punto común de escapar lejos de su patria vencida, para evitar las represalias de los vencedores. En los tres viajaban intelectuales y artistas, que entretuvieron los ocios forzados de la travesía gracias a la elaboración de unos periódicos, tirados mediante los mimeógrafos para su distribución entre los pasajeros.

A cada una de esas expediciones le dedica un capítulo Sánchez González, y reproduce algunas de las páginas y chistes sueltos de los diarios navales. Esos trabajos no fueron realizados en México, sino en las singladuras oceánicas, pero indudablemente se hallan relacionados con su punto de destino, en el que iba a transcurrir la biografía de casi todos los viajeros, para muchos hasta su muerte. Por eso no contradicen el título del ensayo.

La vida a bordo no daba para grandes comentarios, por lo que el humorismo por lo general es ramplón. Sirvan de muestra estas aleluyas, tal vez escritas con intención didáctica, para prevenir accidentes: “Éste era un niño muy malo que se llamaba Gonzalo. / A todas partes subía sin saber por qué lo hacía. / Hasta que un día cayó y el pobrecito se ahogó.” Los monos están de acuerdo con el texto.

A menudo se inventaban supuestas noticias, con intención política, sobre el enemigo común que después de vencerlos los forzaba a exiliarse, aunque se evitaban las referencias partidistas. Se trataba de una medida imprescindible, ya que si bien todos los embarcados eran republicanos de izquierdas, pertenecían a partidos políticos y asociaciones diferentes. Cuenta la historia que los exiliados continuaron manteniendo en México los mismos enfrentamientos que los enemistaron en España. La derrota no les sirvió de enseñanza para terminar con sus inútiles desavenencias.

A bordo del Sinaia

El más cuidado de esos diarios de a bordo fue el titulado Sinaia. Diario de la Primera Expedición de Republicanos Españoles a México, dirigido por Juan Rejano. Los textos literarios y las ilustraciones son de tanta calidad que han merecido ser reimpresos, y revisamos sus páginas con el interés proporcionado por las manifestaciones estéticas. El humor no es contagioso para nosotros, ahora, ya que resulta muy simple, aunque en aquella situación desesperanzada no podía esperarse que los lectores tuvieran ganas de reír, sino todo lo contrario.

Algunos escritos son modélicos. Por ejemplo, el discurso pronunciado por el jurista, académico, dramaturgo, novelista y periodista muy popular Antonio Zozaya, cuando el barco se alejaba de las costas españolas, que algunos de los pasajeros no volverían a ver nunca, como el mismo autor de la despedida, que el 3 de junio cumplió a bordo 80 años y tres después fue enterrado en su nueva patria adoptiva, más amable que la natal. Debido a su popularidad el Ayuntamiento de Madrid le había dedicado una plaza con su busto, eliminados por la corporación municipal fascista, así como la de Soria le privó del título de hijo adoptivo. Unos párrafos elegíacos del mensaje se reprodujeron en el segundo número del periódico, ilustrados con una caricatura del insigne polígrafo firmada por Eduardo Robles Piquer con su nombre artístico de Ras.

También merece destacarse un poema de Pedro Garfias, titulado “Entre España y México”, compuesto para un álbum que debía entregarse al presidente Cárdenas. Está ilustrado con un dibujo de dos hombres estrechándose la mano: uno es un obrero español, vestido con el mono y la gorra distintivos entonces de su clase social, y el otro un charro mexicano ataviado con el traje típico y el sombrero de ala ancha, para simbolizar la camaradería entre las dos culturas. Se trata de poesía de circunstancias, sin duda, pero aquellas circunstancias resultaron heroicas para quienes las padecieron, y hoy nos emociona leer los versos que inspiraron.

El 10 de junio se organizó a bordo una exposición de obras gráficas realizadas por los artistas, seguramente la primera muestra colectiva de artistas republicanos españoles exiliados. Quedó comentada en el número 17 del periódico, con la caricatura de nueve de los expositores, y ésta explicación nostálgica, reproducida en la página 22 del volumen:

Está realizada -en concepto, en organización-, con dinamismo de pura cepa. Los trabajos provienen, en general, de los campos de concentración, de la misma vida a bordo. Denotan un espíritu creador que en circunstancias penosas y precarias, ha sabido conservar su facultad estética, joven, y acusa una sana vinculación política a la causa del pueblo.

También es forzoso calificar de heroico ese espíritu indomable de los republicanos españoles, derrotados en su justa lucha por defender la libertad en su patria, pero triunfadores en el esfuerzo por mantenerla viva allá en donde estuvieran, en un campo de concentración francés o a bordo de un barco sin viaje de retorno para la gran mayoría de ellos.

Los pasajeros del Ipanema

Las singladuras variaron poco en los otros dos barcos de la libertad. Un viaje largo en un barco atestado de pasajeros, muchos de ellos llorando la muerte de algún familiar en combate o represaliado, que dejaban atrás todo cuanto habían poseído y se encaminaban a un enigma total, no resulta una invitación al buen humor. Pese a ello, Tísner intentó insertar un poco de diversión entre los pasajeros, con sus chistes sencillos y bien intencionados. Su nombre artístico lo formó a partir de sus apellidos, Artís Gener, de nombre Avelino. Uno de sus chistes gráficos se repite en las páginas 39 y 41 del libro.

En las crónicas periodísticas se permitía la crítica de costumbres, como en esta “Impresión del día” reproducida en la página 37:

Nos referíamos ayer a la llegada a Santo Tomás y ya no llegaremos. Y, claro es, el crédito del periodista comienza a padecer. En todo caso nos remitimos a informaciones que se nos han dado y que nosotros no inventamos. Nadie tiene la culpa de que al Representante del S. E. R. E. le guste el ron. Y de que ahora, abusando de su poder, nos haga cambiar el rumbo para comprar allí unas cuantas botellas.

Más adelante la crónica alude a Adolfo Torrado, un dramaturgo de derechas muy popular en los años treinta en la cartelera madrileña, con unas obras idóneas para el gusto burgués edulcorado. Tras la guerra multiplicó sus éxitos, especialmente con una cosa esperpéntica, pero escrita muy en serio, titulada Chiruca, representadísima en 1941. Es preciso intercalar esta explicación porque su nombre está hoy muy bien olvidado. La alusión del cronista resulta intencionada y graciosa:

Conste, pues, que vamos ahora mismo rumbo a la famosa isla [Martinica], cuyo terremoto universalmente conocido dio origen a la comedia más mala que se ha escrito, salvando, naturalmente, las del dramaturgo gallego Señor Torrado, que goza actualmente de las delicias de la admiración de los franquistas.

Eso era lógico: para aquel público era conveniente aquel teatro, o el de Pemán, o el de Marquina, y tantos otros que hicieron una fortuna por entregar a los espectadores de la posguerra lo que deseaba la censura fascista: un entretenimiento que impidiera pensar, carente de valor literario.

La gente del Mexique

En el periódico del Mexique las viñetas de intención humorística estuvieron a cargo de Pera Calders, bien conocido ya en Catalunya como caricaturista y novelista, pero que sorprendentemente, comenta Sánchez González, “no publicó caricatura en ningún medio mexicano” (página 43). Sus monos en el diario de a bordo son graciosos, aunque los textos no parece que pudieran hacer gracia a los lectores. Por citar el más sencillo, un hombre con una botella en la mano le dice a otro: “Es curioso: cada vez que pesco una merluza me veo con alientos para pescar un tiburón” (página 48).

Los redactores rindieron un homenaje conjunto al presidente Lázaro Cárdenas, considerado “Encarnación misma de todas las virtudes del pueblo Mexicano”, y al jefe del Gobierno español Juan Negrín, “un símbolo y una bandera en la lucha por la reconquista de España” (página 44), semblanzas ilustradas con sus respectivos retratos, sin firma del autor. Seguro que el redactor no era socialista, ya que al doctor Negrín sus compañeros del partido le hicieron la vida imposible en México.

Un breve poema en redondillas sin firma, publicado el 24 de junio, reproducido en la página 46 del ensayo, nos advierte sobre las disensiones a bordo entre los pasajeros. Probablemente resultarían inevitables, por haberse reunido en el barco más de dos mil personas de variada educación social, sin otro punto en común que ser fieles a la República:

Hay quien a bordo protesta
porque va con refugiados
y se olvida de la gesta
de estos valientes soldados.
Oí a una mujer decir
a su marido impaciente.
“¡Oh! ¿es que me voy a morir
revuelta con esta gente?

Sin duda transcribe una opinión expresada por algunos de los viajeros, porque de no ser así indignaría a la colectividad que se aireasen tales comentarios. Tampoco en los lugares en los que se asentaron los exiliados hubo armonía, según cuentas las crónicas. Alguien opinará que el carácter español es así, y nada le hace cambiar, ni siquiera una derrota bélica.

Algunos humoristas

En las siguientes páginas Agustín Sánchez González comenta el trabajo de ocho humoristas gráficos, empezando por Antonio Robles, o Antoniorrobles, como él firmaba, cuando no Donantoniorrobles o El Vizconde de amor. Sin embargo, me parece que su prestigio lo debe a la literatura infantil más que a los dibujos: su personaje Rompetacones sigue de actualidad, porque se reeditan sus aventuras. Deseaba limpiar los cuentos de crueldad y miedo, por lo que modificaba las personalidades de los protagonistas, como la brujita Doña Paz, dedicada a pacificar este mundo violento.

Sergio Aragonés marchó al exilio con dos años de vida, y en México se hizo arquitecto, intervino como extra en películas, ya que su padre era productor cinematográfico, y colaboró con sus chistes gráficos en las principales revistas humorísticas mexicanas y después también en las gringas. Según el autor, “es hoy una leyenda y uno de los grandes maestros del humor gráfico” (página 79).

El valenciano Ernesto Guasp llegó a México a los 39 años, y de inmediato se incorporó a la vida laboral de su nueva patria, porque contaba con una personalidad bien definida en el humorismo catalán. Colaboró en las publicaciones más leídas, él mismo fundó una revista, dirigió otras, y cimentó su prestigio con los carteles cinematográficos. Poseía una gran facilidad para el dibujo, que alcanzó a menudo una alta categoría estética, de tono vanguardista, porque conocía muy bien la evolución de los ismos europeos. El autor califica de infamia que se le acusara de estar al servicio pagado de la Embajada gringa.

Sólo residió tres años en México el madrileño Lucio López-Rey, de paso entre Finlandia y Nueva York. Sus dibujos oscilan entre el superrealismo y el humor negro. Su trabajo más alabado está en las ilustraciones en el libro de Manuel Estrada Hitler en la luna, que marcó un estilo. Fue asimismo pintor y ceramista.

Al salir del campo de concentración en que le acogió la República Francesa, Eduardo Robles Piquer se exilió en México, en donde creó empresas de construcción y decoración, además de colaborar en revistas con sus dibujos de trazo muy personal, firmados como Ras. En 1955 publicó un libro para explicar su teoría sobre el humor gráfico, Caricatugenia. Teoría de la caricatura personal, que obtuvo elogiosas críticas, incluida la del autor del ensayo que comentamos.

El autor del logotipo del Ateneo Español de México fue Francisco Rivero Gil, exiliado en México desde 1944, después de probar fortuna en otros países. Hasta su muerte en 1972 fue un prolífico dibujante en los principales diarios y revistas, editor, colaborador de la naciente televisión, portadista de libros y cartelista cinematográfico. Según opina el autor, “resumiendo, la obra de Francisco Rivero Gil quedó plasmada en todos los ámbitos de la vida cultural del país que lo acogió” (página 123).

A sus 14 años llegó a México Ángel Rueda Santaella, que encontró trabajo como diseñador de muebles, con tanta fortuna que fue contratado como profesor de diseño industrial en la Universidad Nacional Autónoma de México. Al mismo tiempo colaboraba con dibujos en periódicos y en televisión. Rechazó la caricatura política, dedicándose a la costumbrista.

Por último el autor comenta la obra gráfica del ya citado Avelino Artís Gener, o Tísner por su seudónimo. Barcelonés de nacimiento, colaboró en las revistas de humor catalanas antes de exiliarse en México, en donde desarrolló una polifacética tarea como dibujante de chistes en periódicos y también columnista distinguido, novelista, traductor al catalán, editor de libros, ilustrador de otros, pintor, escenógrafo, cartelista cinematográfico, y algunas ocupaciones más.

Un breve capítulo final relaciona algunos otros humoristas gráficos exiliados, Ramón Tarragó, Vicenç Riera Llora, Salvador Bartolozzi -que bien podía haber merecido la atención de un capítulo propio-, Josep Bartolí i Guiu, Germán Horacio y Vicente Rojo.

Libro, pues, importante para añadir a la extensa bibliografía sobre el exilio español en México, sobre un tema poco estudiado a pesar de su interés. No nos va a hacer reír, pero sí meditar sobre aquellos años de horror en la historia más negra de España.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
Los humoristas gráficos y el exilio en México, de Agustín Sánchez González. ISBN:9788494609152. Editorial: Turpin Editores. Nº Pág.: 155