La Real Academia de Historia da por legal el decreto franquista que disuelve la JAE

Si ellos, que son los nuevos institucionistas, los que en teoría tienen que velar por verdadera historia de la ILE, dado que controlan los documentos e instituciones institucionistas, son los que la falsean, por motivos políticos, tendremos que ser nosotros los verdaderos institucionistas, apoyados en las asociaciones republicanas y memorialistas las que nos ocupemos de ello y en eso estamos, colaborando en todas ellas en diferentes frentes, pues todos estos científicos del Frente Popular fueron republicanos y represaliados

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Leyendo historia: Bibliografía republicana

Dentro de la bibliografía que ha generado nuestra guerra civil y el periodo que la antecede, la IIª República, cabe destacar un buen rimero de testimonios de gente que, por haber vivido de cerca aquellos acontecimientos, nos dan un documento de primerísima mano. Un valioso documento que, aunque ya no sea novedad ni se muestre en los escaparates de nuestras librerías, merece un espacio en este medio nuestro, a fin de que no caigan en el olvido aquellos libros que, no hace mucho, eran literalmente devorados por una generación a la que se le había hurtado su propia historia. También recomiendo algunos otros libros de estudiositos de este periodo histórico, para aquellos que quieran acercarse por primera vez a la historia no escrita por el Franquismo.

Creo que, para introducirnos en este periodo, tan rico en acontecimientos como apasionante, hay que remontarse atrás, donde se haya la explicación de nuestros males, lo que ocurre es que esto nos llevaría a los orígenes de la Península Ibérica. Por tanto, me ceñiré al periodo en el que la liquidación de las colonias pone a nuestro país, a la Corona, para ser más exactos, al borde de la quiebra. Será la guerra con Marruecos la que ponga de manifiesto el fracaso de una política que lo único que ha producido son beneficios para los políticos de turno, así como para un rey que no duda en sacrificar generación tras generación en las carnicerías de  América y África, a fin de enriquecerse y permanecer en el poder.

 Sin pretender agotar el voluminoso catálogo de publicaciones sobre este periodo, iniciaré, pues, esta lista de recomendaciones con un libro muy esclarecedor sobre la guerra de Marruecos, a fin de que lo incorporéis a vuestra biblioteca para ampliar vuestros conocimientos sobre el periodo que nos ocupa.  

 Es probable que la mayoría estén agotados, pero un rastreo en IBERLIBRO o Webs similares o librerías “de viejo” os permitirá adquirirlos más fácilmente.

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Memorias de la melancolía

Si hay libros que todavía conservan íntegra la capacidad de emocionar y de alimentar nuestra memoria, de evocar los días del fuego, de la pasión revolucionaria y el viejo color de los días del pasado, Memorias de la melancolía, de Mª Teresa León (1903-1988) (Edit. Castalia), es uno de ellos.

Como su mismo título indica, se trata de las memorias de aquella bella mujer, esposa de R. Alberti, que, autora de diversos libros, acompañó al poeta en un largo trecho de su vida. Aquella generación que hizo posible la República.

Vivió, desde la militancia más apasionada, las jornadas de Jaca, con la proclamación de la República aquel 12 de diciembre de 1930, la posterior ejecución de Fermín Galán y Ángel García Hernández, la militancia en el Partido Comunista de España, la guerra, Neruda y su Caballo verde para la poesía, la revista El mono azul, el vano intento de retener a las tropas en del frente de Extremadura, el Teatro de Guerrillas, las horas del palacio de la calle del Marqués del Duero, en Madrid, donde se velaron los restos mortales de Gerda Taro, aquella apasionada fotógrafa que vino a España y acompañó a R. Capa por campos y ciudades, por frentes de guerra, por humildísimos barrios obreros destrozados por las “pavas” de la aviación fascista, que fotografió a dolientes madres y esposas postradas de rodillas ante los restos del niño o del compañero muerto por la metralla, a sencillos campesinos saludando con el puño en alto y una sonrisa iluminando un rostro erosionado por el sol; hasta que murió arrollada por un tanque en el frente de Brunete.

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El Dr. Luis Calandre Ibáñez, de la Junta para la Ampliación de Estudios al exilio interior

La trayectoria del médico se vio engrandecida por su actuación durante la guerra civil. Frente a los bombardeos y al hambre que se apoderaron de Madrid tras la insurrección militar, él se mantuvo incólume a los cantos de sirena que pretendían llevarle al feliz Levante. Cuando se le llamó para asumir la dirección del Hospital de Carabineros que se instaló en la Residencia de Estudiantes, dio un paso al frente, dirigiéndolo durante el intenso temporal bélico que asoló España. La frecuente caída de obuses en sus edificios y jardines le llevaría a exclamar en una carta a Juan Ramón Jiménez “(…) ¡Cuándo se cansarán de atacarnos los que ninguna ofensa tienen que vengar de nosotros! (…)”

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Salud y larga vida a los libros

La vida no es si no un álbum de fotografías.
El  Museo de la Rendición Incondicional. Dubravka Ugresic

También podríamos decir que la vida es una sucesión de sobres que vamos abriendo a lo largo de nuestra existencia y que nos van desvelando el destino en el que nos vamos adentrando a lo largo de ésta.

De cualquier manera que lo expresemos, es más que evidente que, esa apasionante aventura que se inicia desde el momento mismo en el que el óvulo femenino es fecundado, ésta se convierte en un hecho insólito e irrepetible, una especie de milagro que, a lo largo de nuestras vidas, nos conducirá por apasionantes momentos y por duras experiencias que nunca creímos podrían alcanzarnos.

 Yo por mi parte, y sin ánimo de convertir esto en una larga sucesión de confidencias, repasando la experiencia vivida, a pesar de los sinsabores y de las innumerables frustraciones en mi vida y como dice la canción de Violeta Parra, no tengo por menos que darle gracias a la vida.

Porque afirmar que la vida de todos aquellos seres que, hijos de rojos y por tanto perdedores de nacimiento, iba a estar marcada por el signo de aquella derrota, no dejaría de ser si no un ejercicio de hipocresía.

 Si he de ser sincero, todo ese tejido de humillaciones y de privaciones de la posguerra se vio ampliamente compensado por los momentos francamente felices que hallé en el cine, en el teatro, haberme cruzado en algún momento de mi vida con algunos de esos luchadores que entregaron tanto de sus vidas al servicio de sus ideas, en el descubrimiento de los libros que me han acompañado a lo largo de mi vida, empezando por aquel Beau Geste de P. C. Wren, que me arrastraría con dieciocho años hasta el Banderín de Enganche de la calle Picos de Europa de Madrid, para alistarme por tres años en la Legión Extranjera, un día de septiembre de 1955. (La experiencia no me enriqueció ni me empobreció, pero permanece en mi memoria con toda su gama de blancos y grises).

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Miguel Hernández: 65 años de ausencia

Por estos días nos dolemos de sesenta y cinco años de ausencia del poeta Miguel Hernández, muerto (sería más exacto decir asesinado) en una cárcel de Alicante un 28 de marzo de 1942.

No faltarán los comentarios ni los actos que recuerden pérdida tan importante, tanto para la clase trabajadora en particular y por la que apostó su propia vida, como para el mundo de las letras y de la cultura en general.

Como a la hora de acercarnos una figura de tan bastas dimensiones como la de Miguel Hernández no hay que darlo todo por conocido, sobre todo para los que se acercan por primera vez al poeta amado, haré una brevísima introducción biográfica del militante revolucionario y del hombre que alienta tras sus poemas.

Miguel Hernández nace en Orihuela (Alicante) un 30 de octubre de 1910. Cuarto hijo en el seno de una familia, cuyo padre -tratante de cabras- va a condicionar su vida, al menos su infancia y parte de su juventud.

Desde muy pequeño, Miguel tendrá que pastorear las cabras del padre por la cercana montaña que pone límite a esa catoliquísima y rica población, donde abundan las iglesias y los establecimientos religiosos, entre feraces huertas y un viejo palmeral. Esto, que limitara un tanto a Miguel a la hora de acceder a unos estudios superiores, no le impide leer y familiarizarse con las escasas lecturas que encuentra en tan cerrado entorno.

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