La ardiente primavera afgana

Guadi Calvo*. LQS. Junio 2018

Más allá de las acciones del Talibán en el interior afgano, el Daesh K. y la red Haqqani, asociados al Talibán, han centrado sus ataques y atentados en Kabul, de manera exponencial, fundamentalmente contra centros de empadronamiento para las elecciones presidenciales programadas para el próximo 20 de octubre

Como cada año, con la llegada de la primavera, el Talibán incrementa las operaciones militares contra diferentes objetivos. El inicio de esta nueva campaña fue anunciado por el vocero de la organización terrorista el mes pasado, después que los muyahidines hubieran renunciado a las mesa de negociaciones, tantas veces convocadas por las autoridades de Kabul.

El más significativo hasta ahora, de esta nueva temporada ha sido la acción sobre la ciudad de Fahar, de unos 50 mil habitantes, capital de la provincia del mismo nombre en el oeste del país, el pasado mayo.
La virulencia del ataque en que participaron en diferentes oleadas unos 2 mil efectivos del talibán, provenientes incluso de las provincia de Helmand y Nimroz, provocando la huida de su gobernador Abdulá Bashir Salangui, junto a todos sus colaboradores.
Según testimonios de vecinos los terrorista, coparon la ciudad por más de 24 horas, las que aprovecharon para capturar armamento, vehículos e incluso una gran cantidad de lentes de visión nocturna.
Según el mando de la misión de la OTAN, tropa afgana con el apoyo de la aviación norteamericana, pudo impedir la toma de los edificios gubernamentales, para luego iniciar una acción de barrido, que obligó a los insurgentes a abandonar la ciudad. Fuentes oficiales hablan de la muerte de unos 300 insurgentes y la baja de 25 militares y cinco civiles.

El ataque talibán, que se inició a las dos de la mañana, después de haber establecido puestos de control en las rutas aledañas y dentro de la ciudad, sorprendió a las tropas federales, ya que muy rápidamente los hombres del emir Hibatullah Akhundzada, se adueñaron de los distintos barrios, llegando incluso a la “Plaza Provincial”, en pleno centro de la ciudad, además de conseguir sitiar los cuarteles de la policía, de la inteligencia y la prisión donde se encuentran detenidos cientos de talibanes, sin que todavía se haya comunicado si consiguieron liberarlos.

La provincia de Farah, que limita con la provincia iraní de Khorasán Razaví, es clave en el tráfico del opio, proveniente desde los campos de cultivo de la provincia de Helmand, una de las fuentes fundamentales para la financiación de la guerra, tanto para el Talibán, como para la versión afgana del Daesh. Desde Irán la droga busca llegar a los mercados cada vez más demandantes de los países de Golfo Pérsico, fundamentalmente Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes.
Este tipo de ataques contra ciudades capitales como sucedió en Khunduz en 2015, tienen varios objetivos, junto a el acoso de la población, advirtiendo la posibilidad cierta de que se vuelva a implantar un gobierno fundamentalista, como el que rigió en el país desde 1994 a 2001, para evitar que la población civil colabore con las fuerzas de seguridad por temor a venganzas, incautar armamento, insumos y vehículos, liberar presos y darle entrenamiento a la tropa novata.
Analistas militares, han reclamado al ejército afgano por su impericia en la respuesta y la falta de previsibilidad, frente al embate talibán, ya que durante el año pasado la ciudad sufrió tres ataques similares.

Desde principios de mayo los ataques insurgentes han dejado cerca de 300 muertos e hirieron a unos 500 hombres de diferentes cueros de la seguridad afgana. Lo que demuestra el deterioro creciente de las tropas oficiales a las acciones cada vez más virulentas y osadas del Talibán. Mientras que, siempre fuentes oficiales, las bajas producidas a los insurgentes alcanzaron los 800 muertos y 500 heridos. Según fuentes de la inteligencia afgana el 70% de las 2600 acciones planeadas por la insurgencia contra las fuerzas militares y policiales fueron frustradas antes de que se produjeran. En 2017, unos 10 mil efectivos del ejército y policías fueron asesinados en diferentes ataques y atentados del Talibán y el Daesh Khorasán.

Más allá de las acciones del Talibán en el interior afgano, el Daesh K. y la red Haqqani, asociados al Talibán, han centrado sus ataques y atentados en Kabul, de manera exponencial, fundamentalmente contra centros de empadronamiento para las elecciones presidenciales programadas para el próximo 20 de octubre.
En los últimos días dos atentados similares mataron a 38 personas, el primero en el distrito de Shashdarak de ciudad de Kabul, en cercanías del Ministerio de Defensa, las oficinas de los inteligencia, la sede de la OTAN y las oficinas de varias ONG internacionales. Tras inmolarse un suicida, que conducía una motocicleta, mató a 17 personas, con la llegada de periodistas de diferentes medios para cubrir la información otro suicida infiltrado entre ellos, se detonó asesinando a nueve hombres de la prensa. La acción fue asumida por el Daesh Khorasán. Casi en el mismo momento de esta acción en la provincia de Kandahar, en el sur del país, otro suicida, conduciendo una camioneta, cargada de explosivos, embistió un convoy de la OTAN, en cercanías de una madrassa donde asistían varios niños, que fueron alcanzados por la detonación, el hecho dejó 11 menores muertos y otros 16 heridos.

Este último viernes ocho espectadores murieron y 43 resultaron heridos tras varias explosiones producidas mientras se desarrolla un juego de cricket, en la ciudad de Jalalabad, capital de la provincia de Nangarha, en la frontera con Pakistán. Las explosiones fueron en total cuatro, dos dentro del estadio y las otras dos afuera, del estadio, diagramas para sorprender a aquellos que huían desde el interior.

Nangarhar, se ha convertido en uno de los tantos epicentros de violencia fundamentalistas, desde el declive de las fuerzas de seguridad afganas tras el inicio de la retirada de los efectivos norteamericanos en 2014. Los actos de violencia se han multiplicado desde entonces. Lo último que se ha conocido fue un ataque coordinado a oficinas estatales, en la matando a 15 personas en un ataque reivindicado por Daesh Khorasán, también en la ciudad de Jalalabad.

Volver al pasado

Dadas las actuales condiciones de seguridad del país, en que se estima que al menos en el 75 % existe presencia de insurgencia fundamentalista, por lo que el presidente norteamericano Donald Trump, solicitó al Reino Unidos que incremente su presencia en el país centro asiático.
Londres mantiene, desde que retiró, en 2014, la mayoría de sus tropas, una dotación de 600 hombres, que no están autorizados a participar de combates, en Kabul para entrenar tropa afgana, además de un número indeterminado de fuerzas especiales, que se considera extremadamente escaso para la magnitud del problema de seguridad.
Ante, el imparable avance de los terroristas, los 15 mil militares norteamericanos están resultado insuficientes, por lo que Reino Unido considera por lo menos duplicar la dotación militar en el país, para apoyan a las fuerzas armadas afganas y norteamericanas.

El pedido de Washington, sorprende a Londres en un proceso de reducción de sus efectivos. El número total de la tropa británica, de las tres armas, son unos 194 mil. Durante 2017 fueron licenciados 2900 y se esperaba para este año incrementar esa cifra. El ejército cuenta con un plantel de 78410 militares, representando la dotación más pequeña desde el siglo XVII. Por lo que la secretaria de defensa, Nia Griffiths, criticó la situación y calificó de terrible fracaso del intento de “reclutar y retener a las fuerzas armadas”.

Quizás un impulso a la guerra en Afganistán daría posibilidades al ejército británico de ensanchar su base de reclutamiento, para poder cumplir con su principal socio.

Las tropas del Reino Unido que permaneció durante trece años en Afganistán, concentró la mayoría de sus efectivos fundamentalmente en Camp Bastion, una base de casi 5600 hectáreas, en medio del desierto, cercana a Lashkar Gah, capital de la provincia de Helmand. En los momentos más caliente de la guerra contra el talibán, tuvo una dotación de 10 mil británicos y 20 mil marines norteamericanos, en esos años los muertos británicos fueron 453. Bastion en 2011 llegó a ser la cuarta estación aérea más activa del Reino Unido, con más tráfico aéreo que los aeropuertos de Luton, Edimburgo y Birmingham. Su pista de 3200 metros permitía la actividad de unas 600 naves entre aviones y helicópteros.

Este último sábado el talibán atacó posiciones del gobierno entre las provincias de Daykundi y Ghazni en el sureste del país, tomado unos 10 puestos del ejército y la policía afganos en el distrito de Ajristan de Ghazni, y esto es solo el principio de una primavera cuya temperatura se seguirá elevando de manera escalofriante.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Indonesia: La larga sombra del terror

Guadi Calvo*. LQS. Mayo 2018

Si bien Indonesia es la nación con la mayor población musulmana del mundo, casi un 90% de los 260 millones de habitantes, el fundamentalismo es escaso y la convivencia con los otros credos ha sido históricamente armoniosa. Aunque existe un antecedente de ataques a iglesias en la navidad del año 2000 donde se produjeron 20 muertos

Quizás nunca más o por lo menos por mucho tiempo el terrorismo wahabita, a excepción de Afganistán y Somalia, no protagonizara acciones espectaculares como los atentados de Paris en noviembre de 2015 o la toma de una ciudad como Marawi de 200 mil habitantes, en el sur de Filipina, donde el grupo Abu Sayyaf y la banda de los hermanos Maute, funcionales al Daesh, pudieron resistir a un ejército regular casi seis meses, (mayo 23 de 2017 al noviembre 16), pero si se volverán a repetir acciones como lo sucedido en pleno centro de Paris, este último sábado por la noche, cuando un hombre de 20 años, de origen checheno atacó con un cuchillo a cinco transeúnte en la calle Monsigny, próxima a la Ópera Garnier, logrado matar a uno y herido a otros cuatro, dos de ellos de gravedad. Inmediatamente de producido el asaltó, el atacante fue muerto por acción de la policía. Como es de norma e imposible de confirmar, el Daesh, se adjudicó el ataque.

Casi a la misma hora a unos 12 mil kilómetros de distancia en la ciudad indonesia de Surabaya, la segunda más poblada del país, en la isla de Java, en el oeste del país, surasiático, una serie de ataques se producían contra tres iglesias cristianas.
A las 7.30 de la mañana una familia integrada por los padres y cuatro hijos realizó los tres ataques coordinados, con una diferencia de 10 minutos cada uno, ocasionado al menos 13 muertos y 41 heridos.

El primer objetivo fue la iglesia católica Santa María de Ngagel Madya, donde murieron las primeras cuatro personas, después de que una motocicleta con un explosivo en el tanque, conducida por los dos hermanos mayores de la familia de 18 y 16 años estacionaron frente a la explanada de la iglesia, tras lo que se produjo la explosión, según se ve en las cámaras de seguridad. El ataque se produjo en un momento en que el edificio había pocos feligreses porque ya había terminado una de las misas matinales y falta un rato para el inició de la siguiente.
El segundo ataque fue contra una capilla protestante GKI Diponegoro, donde murieron otras dos personas, en el que protagonista fue el padre de la familia que estrelló su auto bomba contra las puertas del templo. El último ataque cuyo objetivo fue la Gereja Pantekosta Pusat Surabaya (Iglesia Pentecostal del Centro Surabaya) de la calle Arjuno, donde murieron otras dos personas, el ataque fue conducido por la madre de la familia, que llevaba un chaleco explosivo, acompañada por sus dos hijas menores de 12 y 9 años. Según informó la guardia de la iglesia poco rato antes de la explosión le habían sido impedido el ingreso a una mujer con dos menores que pretendía entrar con dos bolsas en las manos. Además expertos en explosivos debieron desarmar varias cargas ocultas en cercanías de la iglesia.

La policía informó que la novena víctima mortal se produjo entre los heridos que había sido derivado a un hospital cercano, mientras que no se ha podido constatar más víctimas además de las ya contabilizadas y de los miembros de la familia.
Según las autoridades la familia protagonista de los tres atentados pertenecía al grupo local Jamaah Ansharut Daulah (JAD), un grupo conocido por las fuerzas de seguridad en 2015, cuando realizó su bayat o juramento de lealtad al Daesh y cuyo líder es Aman Abdurrahman, está acusado de seguir dirigiendo la organización desde la cárcel, y ser el cerebro de muchos de los ataques producidos en el país en los últimos años, a pesar de su encierro.
Existen indicios para sospechar que al menos los padres de la familia, habrían llegado de Siria, apenas unas semanas atrás, tras haber combatido en esa guerra durante varios meses, donde aprendieron tácticas militares y armado y colocación de explosivos. Se estima que otros 500 indonesios, ya habrían regresado del Levante para incorporase al JAD.

Desde enero de 2016, en que cuatro muyahidines suicidas y varios hombres armados atacaron una zona comercial y diplomática del Yakarta, dejando 7 muertos y 20 heridos en pleno centro de la ciudad de Yakarta, (Ver: Estado Islámico en el reino de los monzones) Indonesia no registraba acciones terroristas importantes.
Si bien Indonesia es la nación con la mayor población musulmana del mundo, casi un 90% de los 260 millones de habitantes, el fundamentalismo es escaso y la convivencia con los otros credos ha sido históricamente armoniosa. Aunque existe un antecedente de ataques a iglesias en la navidad del año 2000 donde se produjeron 20 muertos.

La coincidencia entre el ataque de Paris y los de Surabaya, puede estar dada por la proximidad de la celebración del Ramadán, el mes de ayuno musulmán, considerado como una de las fechas más sagradas para su fe y la que las bandas terroristas utilizan con mucha frecuencia para incrementar sus ataques.

Un mal crónico en el sudeste asiático

Los asaltos de este domingo en la ciudad de Surabaya, estarían íntimamente ligados a la crisis de la presión de máxima seguridad de Mako Brimob en Depok, al oeste de Yakarta, del pasado martes 8, donde un grupo de aproximadamente 150 presos vinculados a terrorismo wahabita, protagonizaron un motín de cerca de 36 horas, durante las que alcanzaron a robar gran cantidad de armamento y a tomar a cinco miembros del grupo de élite anti insurgente Densus 88, como rehenes, a los que finalmente decapitaron tras ser torturados.

En el trascurso de esas 36 horas el Jamaah Ansharut Daulah, desplegó una fuerte campaña en las redes sociales, donde se difundieron imágenes en vivo desde el interior de la cárcel donde los amotinados declararon lealtad al líder del Daesh, Abu Bakr al-Bagdadí, y mostraron los cadáveres de los guardiacarceles. Se cree que de estos sucesos no estaría exento el sheik Aman Aburrahman.

Indonesia, es una nación-archipiélago, compuesta por unas 17 mil islas que a lo largo de su historia particularmente tras la guerra antisoviética de Afganistán, ha enfrentado distintas guerrillas insurgentes de signo wahabita, durante los años noventa dirigida por organizaciones vinculadas a al-Qaeda. Siendo la sangrienta la de 2002 en Bali, donde los terroristas del grupo Jemaah Islamiyah (Comunidad Islámica), asesinaron cerca de 200 personas, en su mayoría turistas extranjeros. Aunque fueron frecuentes otros ataques de menor grado, como el coche bomba frente a la embajada australiana en Yakarta de 2004 que mató a 10 personas, los ataques explosivos contra el mercado en la ciudad de Tentena en Sulawesi Central en mayo de 2005 que produjo 22 muertos y un nuevo ataque suicida en Bali en octubre de ese año donde tres militantes suicidas se detonaron en un restaurant asesinando a 20 personas. En julio de 2009 comandos suicidas atacaron en simultaneo las instalaciones de los hoteles Ritz-Carlton y JW Marriott de Yakarta, dejando siete personas muertas, seis de ellas extranjeros y más de 40 heridos.

La lucha antiterrorista encarada por las autoridades de Yakarta, consiguió aquietar sus acciones hasta el surgimiento del Daesh en 2014, que presentaba una nueva estrategia para los fundamentalistas.

La actual situación en todo el sudeste asiático es altamente, conflictiva ya que tras la retoma de Marawi, el ejército filipino encontró que junto a los miembros locales de la banda Abu Sayyaf, había actuado centenares de muyahidines indonesios, además de afectivos de otras nacionalidades que veteranos de Irak y Siria, de los cuales no se ha podido saber cuántos de ellos han sobrevivido y en qué lugar puedan estar agazapados para seguir extendiendo la sombra del terror.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Birmania entre los Monzones y el Tatmadaw

Guadi Calvo*. LQS. Mayo 2018

Hasta el momento tanto la crisis humanitaria, dentro de los campos de refugiados en Bangladesh, como las constates violaciones a los derechos humanos que siguen sufriendo los rohingyas en el interior de Birmania, no han sido resueltos, con políticas activas por parte de Naciones Unidas, ni ninguna otra organizaciones supra estatal, que no solo financie a los refugiados, sino que obligue a detener la violencia practicado por el gobierno de Aung San Suu Kyi

En la antigua Birmania, el actual Myanmar, desde el estallido de la crisis desatada por la persecución sistemática por parte del gobierno contra la minoría musulmana rohingyas, que ha obligado a 900 mil, del millón trecientos, de sus miembros a abandonar el país rumbo a Bangladesh, por lo que la prensa ha debido seguir con cuidado las acciones del gobierno contra esta minoría, asentada en el estado de Rakhine.

Para John McKissick, jefe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) según lo denunció en noviembre de 2016, las autoridades de Naypyidaw, están llevando a cabo un plan sistemático de “limpieza étnica”. McKissick culpó entonces al Tatmadaw, el ejército birmano, de estar practicando una verdadera “cacería”, contra esa minoría, a la que no solo se le han incendiado sus poblados, sino que muchos de sus integrantes fueron torturados y asesinados, mientras a quienes huían rumbo a la frontera con Bangladesh, se los obligaba a transitar por terrenos previamente minados.

Aunque no solo la crisis rohingyas se puede achacar a una cuestión de guerra étnica o religiosa, el estado de Rakhine, donde los rohingyas han establecido sus aldeas desde hace siglos, se ha convertido en un objetivo económico por parte de las autoridades de Naypyidaw, ya que próximos a sus costas se han descubierto grandes yacimientos submarinos de petróleo y gas, al tiempo que territorio es extremadamente rico en importantes reservas de diamantes, rubíes, jade, oro, plata y uranio.
Desde iniciada las campaña de persecución y lanzadas innumerables denuncias contra el Tatmadaw y el poder político de Naypyidaw, encabezado de facto, por la premio de la paz 1991 Aung San Suu Kyi, nada ha cambiado, y los rohingyas, se siguen hacinados en los campos de refugiados levantados a las apuradas en Bangladesh, próximos a la frontera con Birmania como los de Cox’s Bazar, Teknaf, Kutupalong, Balihkali, o el de la isla de Thengar Char, en todos ellos las condiciones de salubridad son más que preocupantes.

En estos campos han estallado focos de enfermedades como sarampión y difteria, mientras que a consecuencia de las tormentas, lluvias y vientos huracanados que trae la temporada de Monzones, comenzada a principios de abril, se multiplican los casos de diarrea acuosa aguda, tifus, hepatitis y dengue. Al tiempo que las precarias construcciones en las que viven son barridas por las constantes rachas de agua y viento.

Aunque las enfermedades y la escasez de alimentos no son el único problema de los refugiados, las precarias chozas, suelen ser asaltadas tras la caída del sol, donde se producen de manera continua, violaciones tanto contra mujeres, como contra niñas. También los equipos de Médicos sin Frontera (MSF) desplegados en los campos de refugiados, están registrando un significativo aumento de casos de violencias intrafamiliar contra mujeres y niños: golpes, traumatismos, quemaduras y fracturas, son producidos por los hombres, en el marco de desesperación y desolación en que tanto adultos y menores están viviendo desde que se inició la persecución en Birmania.

Hasta el momento tanto la crisis humanitaria, dentro de los campos de refugiados en Bangladesh, como las constates violaciones a los derechos humanos que siguen sufriendo los rohingyas en el interior de Birmania, no han sido resueltos, con políticas activas por parte de Naciones Unidas, ni ninguna otra organizaciones supra estatal, que no solo financie a los refugiados, sino que obligue a detener la violencia practicado por el gobierno de Aung San Suu Kyi.
A pesar de que en noviembre pasado, frente a la presión internacional, Birmania se vio obligada a firmar un acuerdo con el gobierno bangledí para iniciar el proceso de repatriación de los refugiados a territorio birmano, las autoridades de Naypyidaw, siguen ignorado el acuerdo, mientras las esperanzas de los refugiados rohingyas, se diluyen día tras día.

Fuego en el norte

La cuestión rohingya, ha quitado de foco otras aberraciones practicadas contra otras minorías étnicas y religiosas, por el gobierno de Suu Kyi, asociado al poderoso Tatmadaw.
En las últimas semanas la población cristiana en los estados de Kachin y Shan, además de otros sectores cercanos a la frontera China, al norte del país, ha vuelto a sufrir los embates de las políticas racistas de Naypyidaw.

Se desconoce el número de civiles asesinados tras operaciones del ejército, que han incluido, como en el caso de los rohingyas, el incendio de sus aldeas, desplazamientos obligatorios, violaciones, tortura y asesinatos e incluso bombardeos.

Se ha informado que en algunos campamentos de desplazados, tras los bombardeos, el ejército ha bloqueado el acceso de ayuda humanitaria de la Cruz Roja. Según la denuncia se ha impedido el ingreso de víveres al pueblo de Man Wai, el mes pasado, dejando a más de un centenar de personas sin posibilidad de acceder alimentos y medicinas durante tres semanas. Mientras que unos 100 mil desplazados que están instalados provisoriamente en campamentos en el norte de Shan y Kachin, desde el reinició de los combates en 2011, tras un alto el fuego de 17 años, entre el gobierno y los insurgentes, también han visto menguada la posibilidad de asistencia humanitaria.

Yanghee Lee, portavoz especial de Naciones Unidas para los derechos humanos en Birmania, denunció que el Tatmadaw utilizó artillería y armamento pesado contra aldeas civiles.

En las últimas semanas, cerca de 7 mil cristianos fueron obligados a abandonar las áreas donde está operando el Tatmadaw, mientras que otros 2 mil se encuentran perdidos en las regiones selváticas próximas, huyendo de la represión militar.

En la provincia de Kachin, opera un grupo insurgente conocido como Ejército Independiente de Kachin (KIA), que desde 1962 opera contra el gobierno central, cuando tras el golpe de estado del general Ne Win, se desarmaron los regimientos étnicos, dando solo relevancia a los efectivos de origen bamar, que además de la etnia mayoritaria del país, casi en su totalidad es confesión budista.

Según denuncias, ya antiguas del gobierno birmano, el KIA recibiría asistencia táctica y militar por parte de China. En las últimas semanas los combates entre el KIA y el Tatmadaw se han intensificado y las acciones contra la población civil por parte de las tropas de Naypyidaw se ha vuelto a intensificar, por lo que se cree podrían intentar practicarse una nueva limpieza étnica, similar a la de los rohingyas.

Las acciones militares se han concentrado en cuatro áreas alrededor de las ciudades de Tanai, Phakant, Injangyan y Myitkyina, la capital del estado de Kachin, sin que se conozca cabalmente lo que sucede, ya que como se ha establecido en Rakhine la prensa tiene el acceso vedado.
Birmania, tiene una población de 54 millones de personas donde se reconoce oficialmente a 135 grupos étnicos, donde no se reconoce a los rohingya, con un total del 4%, mientras que los bamar son el 70 %. En lo religioso los budistas son mayoría con caso un 90 % mientras que cristianos alcanzan a un 5% y los musulmanas algo menos del 4%.

La supremacía racial y religiosa ha permitido al ejército tras sus cerca de 50 años de dictadura a conformarse como un estado dentro del propio estado. Tras haber permitido elecciones en 2015, el Tatmadaw prácticamente no ha resignado nada de sus prebendas. El ejército dispone la posibilidad de establecer su propio presupuesto, sin ningún control político. En 2017, ese presupuesto alcanzó un tres por ciento del PIB nacional, lo que representa el doble de lo que corresponde a salud y educación. Su real influencia en la economía del país se estima que alcanza un 80 %.

El poder civil carece de autoridad sobre las fuerzas armadas, la constitución dictada por los militares en 2008, le permite a ejército prácticamente autogobernarse ya que mantienen para ellos el 25 % de las bancas en el parlamento, lo que impide cualquier tipo de enmienda en la constitución, además de reservarse para ellos tres ministerios claves: defensa, asuntos fronterizos e interior.

Con el ministerio del interior a su cargo supervisan los gobiernos regionales, distritales y municipios. Además el comandante en jefe del Tatmadaw, el general Min Aung Hlaing, tiene el poder de designar a 6 de los 11 miembros del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional.
Para la endeble y sumisa democracia birmana desarmar el poder del Tatmadaw, resulta tan difícil como evitar que los monzones llegué puntualmente a sacudir todo el sudeste asiático.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Egipto: La guerra privada del general al-Sisi

Guadi Calvo*. LQS. Mayo 2018

Desde bien iniciada la campaña militar tanto a observadores independientes como a periodistas extranjeros, les ha sido vedado el ingreso a la zona de operaciones por lo que resulta imposible verificar, el curso de las acciones y el verdadero estado de la población civil

Al cumplirse 80 días del lanzamiento de la Operación Integral Sinaí 2018, (Ver: al-Sisi, se fue a la guerra) ordenada por el presidente Abdel Fattah al-Sisi, el 9 de febrero último contra las organizaciones integristas que operan en el territorio egipcio, se conocen las primeras cifras oficiales de lo que en aparecía no serían demasiado auspiciosas, ya que en un primer momento al-Sisi, había prometido que la duración de dicha campaña no superaría los tres meses y en su discurso del último sábado 28, transmitido por la televisión estatal, el Raïs, no solo dio datos concretos, difícilmente constatables, acerca del número de bajas y prisioneros, la destrucción de material terrorista y la incautación de armas, sino que además el general, se vio obligado prolongar la campaña y solo prometió que su finalización, sería “lo antes posible». Tras el anunció de prologar por otros tres meses el estado de emergencia nacional declarado el abril de 2017.

Esta es la segunda operación lanzada por parte de El Cairo contra las organizaciones fundamentalistas la primera Operación Derecho del Mártir, inició su primera campaña en septiembre de 2015, seguida en una segunda fase en octubre de 2016 abarcando el norte y el centro de la península del Sinaí.
Una noticia nada bienvenida, fundamentalmente para los 420 mil habitantes de la península del Sinaí, epicentro de la campaña, que también se realiza a lo largo del desierto occidental junto a la frontera libia y la región del delta del Nilo.

Desde el mismo inició del operativo militar, no solo las libertades fundamentales están restringidas en la península, para sus ciudadanos, sino que también que se han establecido importantes restricciones al tránsito de vehículos en las rutas interiores y de acceso, con gran dificultad para movilizarse dentro y fuera del Sinaí, lo que ha producido la escases de alimentos básicos, con su consabido aumento de precios, en una economía a nivel nacional, acuciada por la desocupación y una inflación incontrolable que ha obligado al gobierno a el endeudamiento externo y caer en las emboscadas prebendarías del FMI…

La crítica situación para los pobladores del Sinaí, se agrava con la suspensión total de las actividades escolares y comerciales, estragos en la producción agrícola y el cierre de los mercados. Según la organización Human Rights Watch (HRW) también las autoridades han “cortado el agua y la electricidad casi por completo en las zonas más orientales del norte de Sinaí”. Además de los apagones y caídas de tensión, se produce el corte de los servicios de internet y telefonía. La ONG solicitó a las autoridades egipcias a entregar alimentos y permitir que organizaciones de socorro como la Media Luna Roja pueda atender las necesidades más críticas de la población local.

La estrategia del ejército con el fin de quitar lugares de refugios, hospitales y depósitos tantos de armamento, como otros insumos, contempló la demolición de gran cantidad de viviendas, lo que provocó desalojos forzosos en Rafah, el siempre caliente punto fronterizo entre Egipto y Gaza, las ciudades de Sheikh Zuwayed, al-Arish y Bir el-Abd. Esta acción ha dejado a muchas familias sin viviendas obligándolas a buscar cobijo con amigos y familiares, ya que el ejército no ha tenido en cuenta esa contingencia.

Desde bien iniciada la campaña militar tanto a observadores independientes como a periodistas extranjeros, les ha sido vedado el ingreso a la zona de operaciones por lo que resulta imposible verificar, el curso de las acciones y el verdadero estado de la población civil.
En si discurso el presidente aclaró que: “No responsabilizamos a nuestra gente en el Sinaí de ninguna manera”, y que: “el terrorismo está presente en todas las provincias de la república”. Por lo que relanzó un plan de desarrollo social y económico para la península, lanzado en 2014, y que se completará de manera definitiva en 2022.

Al-Sisi, tras su reciente reelección como presidente ha concentrado sus objetivos en la lucha contra el terrorismo ya que es a causa de ello, se ha producido una drástica disminución del turismo internacional, una de las fuentes fundamentales de ingreso de divisas para el país.
La provincia del Sinaí, de unos 60 mil kilómetros cuadrados, dos veces el tamaño de Bélgica, con 420 mil habitantes de los cuales casi el 80% pertenecen a tribus beduinas que han sufrido históricamente discriminación gubernamental, convertidas en una de las canteras para reclutamiento de las bandas wahabitas.
Los reclamos de los pobladores en diferentes puntos de la península por la crisis alimentaria y sanitaria, ya ha generado tensión entre civiles y las fuerzas militares, que debieron apelar al uso de armas de fuego para desperdigar a los manifestantes, que a medida que pasan las semanas son cada vez más.

La guerra y los números

Egipto, si bien tiene una larguísima tradición de terrorismo fundamentalista desde la creación por parte del Foreign Office de al-Ikhwan al-Muslimu (Hermanos Musulmanes) en 1928, esta organización, entre otros muchos crímenes no solo en Egipto, sino en cada país en que ha podido infiltrarse, ha sido responsable del asesinato del Ministro del Interior Nahmud Fahmi an-Nukra-shi, del Rey Faruk, en diciembre de 1948, los intentos de asesinato de los presidentes Nasser en 1954 y Hosni Mubarak en 1995 durante una visita oficial a Addis-Abeba, Etiopia. Mientras que de sus filas han salidos los jóvenes oficiales que ejecutaron al presidente Awnar el-Sadat en 1981 y el hoy jefe de al-Qaeda global, Ayman al-Zawahiri.

Desde el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi, adepto a los Ikhwan, en 2013, sus acciones y ataques no solo se multiplicaron sino que se incrementó la cantidad de víctimas hasta el paroxismo, alcanzado entre 2015 y 2017 a más de un millar de civiles, policías y militares en atentados cada vez más demoledores. El más sanguinario de la historia moderna del país se llevó a cabo contra la mezquina sufí de al-Rauda en Bir al-Abd, a unos 40 kilómetros de la ciudad de el-Arish, la capital provincial, donde se asesinaron a 300 personas en noviembre pasado.

Los Hermanos musulmanes no solo han dado sustento ideológico, sino financiación y aporte de militantes a organizaciones como Ansar Bait al-Maqdis, (Seguidores de la Casa Sagrada) que en noviembre de 2014, juró bayat (lealtad) al líder y fundador del Daesh Abu Bakr al-Bagdadí, el Califa Ibrahim, fecha en la que pasó a denominarse Wilāyat Sinaí (Provincia del Sinaí).

Según los datos oficiales, aportados por el gobierno egipcio, sobre los resultados de la Operación Sinaí 2018 los muyahidines muertos serian 200, mientras las bajas militares estarían en el orden de la treintena. El informe además explica que unos 230 milicianos extranjeros y otros 300 locales han sido detenidos. A los que se les secuestro además de importante cantidad de armamento, municiones, uniformes y suministros médicos; unos 250 kg de hachís y 650 mil píldoras de tramadol, un analgésico opiáceo.
Además fueron destruidos o incautados 26 vehículos, 25 motos, se descubrieron unos cuarenta sembradíos de adormideras para la fabricación del opio en el norte y el centro de Sinaí y varios campos de entrenamientos.

Por su parte el último 19 de abril, el vocero del Tercer Ejército de Campaña, anunció la eliminación del emir Nasser Abu Zakoul, uno de los jefes más importantes de la Wilāyat Sinaí, en la región montañosa del centro de la península.
La batalla del Sinaí se extenderá todavía por meses, sin saber si alguna vez se conocerá realmente que fue de la guerra privada del general al-Sisi.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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Una manta demasiado corta: Afganistán

Guadi Calvo*. LQS. Mayo 2018

El ataque de Kabul fue revindicado por el Daesh Wilāyat Khorasán, la franquicia de Estados Islámico para Asia Central con epicentro en Afganistán y Pakistán, por medio de una red social cuya legitimidad no ha podido ser confirmada, aunque identifica al suicida como Qari Omar al-Bishauri, un militantes fichado por los servicios de seguridad

Definitivamente la manta que Estados Unidos ha entregado a Afganistán para que se cubra es demasiado corta, y más allá de los miles de millones invertidos desde 2001, en la creación de un “estado afgano”, incluyendo clase política, ejército y fuerzas de seguridad, el país sigue saltado de atentado, en atentado a ritmo de vértigo. Cuando intenta cubrirse los pies descubre sus hombros y exactamente al revés cuando hace lo contrario.

Al tiempo que se escriben estas líneas el número de muertos en el último atentado, del domingo 22 de abrril, a un centro de registro de votantes en Kabul, tras detonarse un militante suicida dejó 57 muertos y un centenar de heridos. El hecho se produjo en el barrio Dasht-e-Barchi, donde se concentra la castigada minoría Hazara, una de las escuelas chií. El terrorista se infiltró en una fila donde cientos de ciudadanos esperaban recibir la documentación que los habilitaría para votar en las legislativas del próximo 20 de octubre. A lo que se oponen los grupos integristas principalmente el Daesh, que tildan de “herejes” y “politeístas” a los futuros electores.
Mientras que en la ciudad de Pul-e-Khumri, en la provincia de Baghlan, al norte del país, seis integrantes de una misma familia, murieron cuando su vehículo pisó una explosivo colocado en la banquina de un camino, cerca de otro centro de votación.

También en Kabul en la mañana del domingo se produjo un incidente de tránsito, en cercanías de la embajada norteamericana, que habría sido ocasionado por un vehículo que componía un convoy de fuerzas norteamericanas, lo que provocó inmediatas protestas en la zona, disuelta con disparos de armas de fuego por la policía afgana, sin que se informara de más muertos o heridos, pero que pinta el perfil de una sociedad cruzada por el miedo, la violencia y la intolerancia.

El ataque de Kabul fue revindicado por el Daesh Wilāyat Khorasán, la franquicia de Estados Islámico para Asia Central con epicentro en Afganistán y Pakistán, por medio de una red social cuya legitimidad no ha podido ser confirmada, aunque identifica al suicida como Qari Omar al-Bishauri, un militantes fichado por los servicios de seguridad. Mientras que el vocero del talibán Zabihullah Mujahid, declaró que su organización nada tiene que ver con ese ataque.
Ya es una marca de estilo de ambos grupos integristas como eligen sus objetivos: mientras el Talibán centra sus ataques contra el gobierno y las fuerzas de seguridad, el Daesh se concentra contra la población civil particularmente la minoría chiita.

Se espera que tras el llamado a las urnas del gobierno del presidente Ashraf Ghani de la semana pasada, los ataques contra los centros electorales se intensifiquen a medida que se acerque la fecha de su realización. El gobierno ha iniciado una fuerte campaña entre la población para lograr un piso cercano a los 15 millones de ciudadanos que puedan regularizar su situación en los próximos 60 días, en unos 7 mil centros a lo largo de todo el país, para acceder a su derecho al voto, a lo que se oponen tanto el Talibán como el Daesh.

Las elecciones deberán llevarse a cabo en muchas áreas dominadas por los muyahidines, por lo que se espera más acciones violentas, lo que convertirá el 2018, en uno de los más violentos de la última década según el general John Nicholson, comandante de la misión aliada Apoyo Decidido (Resolute Support).
Las posibilidades de que puedan realizar elecciones libres es altamente improbable dad las condiciones de seguridad prácticamente en todo el país, afectado por incursiones terroristas.

Así todo el gobierno se encuentra empeñado en realizarlas, porque más allá de quien las gane, el lograr llevarlas a cabo, sería un gran golpe publicitario para Ghani, tanto en el interior del país, como para lograr la confianza de inversores que es lo que el país necesita de manera desesperante. Por otra parte una baja participación, sería un fuerte golpe a la credibilidad de las instituciones políticas, por lo que las autoridades han estado presionando a la ciudadanía para que se registre a pesar del miedo a los ataques como el del día domingo, que sin duda se continuarán produciendo.

La semana anterior otros dos centros de registro de votantes fueron atacados en la provincia de Ghor, milicianos asesinaron a tres policías que custodiaban los centros de registro de votantes. Mientras el Daesh, es el protagonista de la campaña anti elecciones el Talibán parece sujeto a una discusión interna tras la propuesta del presidente Ghani en febrero pasado a una mesa de dialogo, tras el atentado de enero en pleno centro de Kabul en que se produjeron 105 muertos y 200 heridos.

La voz de los pashtunes

Si la situación en Afganistán es altamente volátil y compleja por la cantidad de factores que coadyuvan a esa situación, un nuevo elemento podría participar en el agravamiento de la situación. Una rebelión pashtu a un lado y otro de la frontera afgano-pakistaní.
Los pashtunes, es uno de los principales grupos etno-lingüístico, que conforman la compleja estructura tribal de Afganistán, y vienen llevando sobre sus espaldas las consecuencias de la larga guerra que imperan en esa región desde de 1979, ya que son sospechados ya que muchos miembros de esa etnia han pertenecido al Talibán, empezado por su fundador el Mullah Omar y muchos de sus principales comandantes.

Está etnia dividida en 35 tribus y 180 clanes, constituye cerca del 40 % de los 25 millones de afganos y un 20% de los 194 millones de paquistaníes, aproximándose a los 50 millones de almas, divididos en cinco grandes grupos: abdali, ghilzai, karlanris, sarbanis y ghurghushts, se localiza al sur de Afganistán y en las provincias de Waziristán norte y sur y en los territorios conocidos como Áreas Tribales Administradas Federalmente, en Pakistán.
Los pashtunes, históricamente considerada como una etnia de guerreros sigue siendo regida por un severo código de honor conocido como el pashtunwalim, se han hecho escuchar en la ciudad pakistaní de Peshawar, el último domingo 8 de abril, convocados por el movimiento Pashtún Tahafuz (Protección), donde acudieron ciento de miles, por lo que se la considera la mayor manifestación de la historia de Pakistán, en reclamo de los miles de sus hermanos detenidos y desaparecidos y la persecuciones que vive esa comunidad de ambos lados de la frontera. La manifestación forma parte de lo que se conoce como el Pashtún Long March, un movimiento nacional no violento, que comenzó en enero pasado después del asesinato extrajudicial de un pashtún acusado sin pruebas de terrorismo.

En sus proclamas leídas en urdú, su lengua ancestral, aclaran que no se han de levantar en armas, y están dispuestos tanto a enfrentar al extremismo wahabita y al aparato militar y de los servicios secretos paquistaníes (ISI), quienes los acosan de manera permanente.
Los pashtus dicen ser víctimas de persecución de todos los bandos en disputa, tanto el ejército afgano, el pakistaní, las agencias de inteligencia y los grupos integristas, afganos como el Talibán, y el Daesh Wilāyat Khorasán y bandas fundamentalistas pakistaníes vinculadas tanto al Daesh como al-Qaeda.
Sus aldeas suelen ser objeto de ataques y sus habitantes son detenidos, torturados y asesinados sin mediar ninguna orden judicial en prisiones secretas controladas por las agencias de inteligencia en Pakistán e incluso casi un millar han sido enviados en vuelos no identificados de la CIA, a la prisión norteamericana de la base de Bagram, al norte de Kabul, donde también han sido torturados.

Cualquier pashtún que salga de sus territorios además de investigando le es prácticamente imposible retornar a su aldea. Las poblados pashtus han sufrido contantes acosos por parte del ejército pakistaní que lanza operaciones de contrainsurgencia y la aviación norteamericana, que ha asesinado a miles de aldeanos, sin comprobar si tenían o no vinculación con los grupos terroristas. Las autoridades pakistaníes también acusan a los pashtún de ser agentes tanto de la NDS (agencia de inteligencia afgana) o de la RAW la agencia de inteligencia india.

El conflicto pashtún sin duda derramara en Afganistán donde su voz si es muy potente y el próximo 20 de octubre, si es que se llega a las elecciones legislativas, los pashtus podrán poner a prueba que tan larga es la manta afgana.

Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Las razones del diablo: Siria

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2018

Ya son muchas las veces que Washington aparándose en acusaciones que nunca fueron comprobadas, ataca a naciones díscolas o pergeña atentados de falsa bandera para justificar una invasión. Quizás la más flagrante fue la de Irak de 2003, con motivo de las armas de destrucción masivas que Sadam Hussein

El último ataque contra Siria, ejecutado por las tres potencias más poderosas de occidente, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, con el apoyo explícito de naciones como Alemania, Holanda, Canadá, obviamente Israel, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y otro cumulo de países, anhelantes de salir en la foto, de un club del que no son socios, ni lo serán nunca por pobres y descastados como España, elevó el número de muertos en algunos cientos o unos pocos miles, no se sabe, ni se sabrá nunca, ¿qué importa? si ya son tantos que el número exacto de nuevos muertos ni siquiera agregara más horror a la vergüenza de una guerra que ya lleva poco más de siete años y donde se han sucedido una cadena de crímenes, que ni las más afiebradas testas de nazismo las podría haber imaginado. Una guerra donde episodios como los de Niza, Manchester, Paris, Londres o Barcelona, no tendrían siquiera entidad para ser noticia.

Ya son muchas las veces que Washington aparándose en acusaciones que nunca fueron comprobadas, ataca a naciones díscolas o pergeña atentados de falsa bandera para justificar una invasión. Quizás la más flagrante fue la de Irak de 2003, con motivo de las armas de destrucción masivas que Sadam Hussein, almacenaba en arsenales que a 15 años de aquella invasión y tras una guerra civil que todavía no se resuelve y que ha provocado cientos de miles de muertos. A lo que habría que sumar las muertes por cáncer provocadas por la contaminación de las napas de agua con uranio empobrecido provenientes de las camisas que recubren de los misiles y bombas lanzadas por la coalición occidental, lo que ha elevado los casos de cáncer de manera exponencial.
Por entonces un comité de investigadores que había viajado a Irak, negó la existencia de dicho arsenal. Aunque claro no podrá atestiguar David Kelly, el jefe de esa misión, que realizó más de 40 viajes a Irak entre 1991 y 2003, que tras su rotunda negativa de avalar la excusa de la invasión, fue suicidado el 18 de julio de 2003, en un bosque Oxfordshire a siete kilómetros de su casa. Kelly, candidato al Nobel de la Paz, experto en armas biológicas, trabajaba para el Ministerio de Defensa del Reino Unido y de esta manera desautorizaba al Primer Ministro Tony Blair uno de los responsables del holocausto iraquí.

Tampoco hubo evidencias de que el gobierno sirio fuera el responsable de los ataques con armas químicas en agosto de 2013, contra población civil del barrio damasquino de al-Ghutta, que dejaron más de 1700 muertos y provocó la ira del entonces presidente Barack Obama, quien amenazó con arrasar Siria, tan sin pruebas que por primeras vez, desde que los Estados Unidos es potencia hegemónica, su más íntimo aliado, el Reino Unido, no se sumó a sus planes.

Frente a la decisiva negativa rusa de permitirlo Obama, debió recular, anotándose para sí el más grande papelón internacional de un presidente norteamericano, desde la humillante derrota de Vietnam. En aquel caliente agosto Donald Trump fue uno de los más encendidos críticos a la oscura amenaza del nobel de la paz 2009, de lo que supo sacar importantes réditos poco más de dos años después.

Los bombardeos de este último viernes se producen, para demorar la inminente victoria del pueblo sirio conducido por el presidente Bashar al-Assad, a la entente más extraordinaria jamás vista contra un país que no estaba en guerra con nadie y además estaba en una apertura democrática, inédita en la larga historia siria. De concretarse esta victoria el presidente al-Assad emergería como un factor de la tan postergada unidad musulmana que no beneficiaria para nada los planes de occidente.

La guerra por delegación que Estados Unidos, planeó contra Siria, se ha convertido en un desastre político para los propios norteamericanos, sus aliados occidentales y regionales.

El general James Mattis, secretario del Departamento de Defensa, había reconocido que no tenían indicios de que en alguna oportunidad Damasco hubiera utilizado armas químicas desde el inicio del conflicto en 2011

El surgimiento del Daesh, la aparición de más de un centenar de grupos armados integristas, tributarios tanto del Daesh como al-Qaeda a lo largo del Islam desde la Nigeria de Boko Haram a la Filipinas de Abu Sayyaf. Lo larga lista de atentados en Europa y los Estados Unidos; el resurgimiento del Talibán en Afganistán que también afecta a Pakistán. Los sueños neo-otomanista de Recep Erdogan, que lo impulsa a capturar territorios tanto en Siria como en Irak, que más temprano que tarde desembocaran en nuevos conflictos. La debacle egipcia, en que naufraga a diario el presidente al-Sisi, que no sabe cómo resolver la crisis económica, donde el país ha encallado, tras la alambicada ecuación de corrupción faraónica, Hermanos Musulmanes y terrorismo wahabita. El sisma entre Arabia Saudita y Qatar, donde además de sus convulsiones internas, que obligó a las dos monarquías a profundas restructuraciones “administrativas”, que llevó a muchos funcionarios y allegados a las cortes a prisión por corrupción y provocó el cambio de monarcas en el caso de Doha y de línea sucesoria en el caso de Riad. Sin olvidar la guerra que ha empantanado a los sauditas en Yemen, que a más de tres años de comenzada y la inconmensurable diferencia de fuego a favor de los Saud, están sufriendo una derrota vergonzosa. De este apretado resumen regional, los únicos beneficiados hasta ahora han sido el enclave sionista de Palestina, incombustible por su poder de lobby en Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, sumado a anillo de protección mediática de la prensa pro occidental, y su contendiente más acérrimo en la región Irán, que junto a Rusia y Hezbollah y el Ejercito Árabe Sirio (EAS) han conjurado los siniestros planes del Pentágono, que entrenaron y armaron a más de 150 mil terroristas wahabitas y mercenarios occidentales, que desde 2011 llegaron a Siria, desde todas las cloacas del mundo.

Quizás mucho de lo expuesto más arriba tenga que ver con la extraña muerte de Yves Shandelon, Auditor General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en diciembre 2016, encontrado en su auto, con un disparo en la cabeza, al costado de un camino en cercanías de la ciudad belga de Andenne. Shandelon, lideraba un equipo responsable de la contabilidad interna en la Agencia de Apoyo y Contratación de la OTAN (NSPA), y de las investigaciones externas sobre actividades de lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo.

Tras los ataques

Tanto Rusia como Siria han denunciado los últimos ataques, contra tres presuntas plantas de fabricación y almacenamiento de armas químicas, a toda vista acto ilegal e ilegitimo. A pesar de ello este último sábado, solo tres de los 15 miembros del consejo de seguridad de la ONU apoyaron la moción rusa de tratar el bombardeo como un acto ilegal de agresión. Cuando se esperaban a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) llegaran a Siria para realizar una investigación, sobre la existencia de arsenales químicos.

Por otra parte las tres potencias agresoras han declarado que el bombardeo fue preventivo y de volverse a producir un nuevo ataque por parte de al-Assad con “armas químicas” volverían los bombardeos, dando la oportunidad que alguno de los grupos terroristas que todavía operan en Siria, pudiera realizando sin que el gobierno del presidente al-Assad tenga oportunidad a descargo y agravar todavía mucho más la posición del gobierno sirio y sus aliados particularmente Rusia, que se encuentra en una verdadera encrucijada, entre seguir sosteniendo a su aliado o lisa y llanamente una conflicto que podría rápidamente derivar en una guerra nuclear con consecuencias desconocidas.

Por su parte pocos días antes el general James Mattis, secretario del Departamento de Defensa, había reconocido que no tenían indicios de que en alguna oportunidad Damasco hubiera utilizado armas químicas desde el inicio del conflicto en 2011, por lo que los últimos ataques y las amenazas solo se pueden atribuir a las razones del diablo.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Afganistán: El festejo de la muerte

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2018

Después de 17 años de guerra y la gigantesca máquina de guerra trasferida a Afganistán por parte de Estados Unidos, las cifras siguen demostrado que está muy lejos la posibilidad del fin del conflicto. Los muertos fundamentalmente civiles se siguen multiplicando en una guerra que se estima que como mínimo han muerto unas 130 mil personas

Alrededor del mediodía del miércoles 21 de marzo un atacante suicida revindicado por el Daesh-Khorassan, se detonó en medio de una multitud a 200 metros del templo de Kart-i-Sakhi, delante del hospital Ali Abad y muy próximo a la Universidad de Kabul, en el oeste de la capital afgana, asesinando a 32 personas e hiriendo a otras 60.

El atacante, inicialmente había intentado ingresar a la mezquita, a la que había llegado en una moto, la que se presume también estaba preparada para estallar, pero al no poder acceder se mezcló en la multitud que celebraba Nauruz, el año nuevo persa, festividad fundamentalmente chií, pero que en Afganistán la celebran también los suníes, por lo que es un día feriado.

Este mismo santuario había sido atacado en octubre de 2016 y en 2011 dejando un total de 75 muertos, durante la conmemoración de Ashura, quizás el ritual más importante del chiismo, ya que se recuerda el martirio del imán Hussein, nieto del profeta Mahoma, que murió en la batalla de Kerbala, hoy Irak, en el año 680.

Este último ataque del que los talibanes, rápidamente han salido a deslindar su responsabilidad, ya se encuentran en una discusión internar acerca de su participación en las conversaciones de paz, por lo que no sería oportuno ningún ataque. Aunque si se lo han adjudicado el Daesh-Khorassan, quienes desde hace varios años disputan su supremacía en Afganistán con los talibanes.

Las tareas de socorro, fueron particularmente lentas ya que tras el atentado de enero último, donde un atacante suicida detonó la ambulancia que conducía frente al Ministerio del Interior en Kabul, matando a 103 personas e hiriendo a 235, por lo que en esta oportunidad, la policía junto al Directorio Nacional de Seguridad (DNS) acordonaron la zona, para hacer un control exhaustivo en las unidades afectadas al operativo de rescate, ya que los terrorista suelen tener preparado algún otro dispositivo para que estalle durante el rescate de víctimas producidas en el primer atentado causado más víctimas y más caos.

El lunes se había desbaratado un ataque suicida contra una escuela en las cercanías del barrio kabuli de Dasht-e-Barchi. Agentes de seguridad impidieron que un suicida se detonara en un aula repleta de estudiantes, al no alcanzar su objetivo, el atacante lanzó una granada hiriendo a seis personas.
El atentado de Nauruz se produjo mientras el jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano, el general Joseph Dunford, se encuentra en el país para evaluar la campaña militar contra los grupos fundamentalistas, ya que es en primavera cuando estas bandas comienzan sus campañas (Ver: Afganistán, la batalla de la próxima primavera). Según fuentes de la inteligencia norteamericana se prevé que este año estas campañas serán particularmente intensas.
Los ataques en Kabul contra la minoría chií, estimada en un 20% de los 35 millones de afganos, pertenecen en su mayoría a la etnia Hazara, han recrudecido desde 2016. Atacando sus mezquitas, procesiones y centros culturales tanto por parte del Daesh-Khorasan como del Talibán.

El último 9 de marzo 10 miembros de la comunidad chií murieron tras un ataque, revindicado por el Daesh, a la mezquita de imam Zamam en un barrio de Kabul. Esta misma mezquita había sido atacada en octubre pasado, también por seguidores del Califa Ibrahim dejando en esa oportunidad una cincuentena de muertos.

Los hazaras, en su doble condición de minoría étnica y en su gran mayoría chii han sido blanco de persecuciones en muchos momentos de la historia afgana, fundamentalmente durante el gobierno talibán (1996-2001), en que ha sido expulsada de sus tierras y relegada trabajos de baja categoría, más allá de la infinidad de matanzas que el grupo wahabita ha realizado contra ellos. También han sido declarados herejes por el Lashkar-e-Jhangvi (Ejército de Janghvi), pakistaní y es objetivo de todos los grupos fundamentalistas sunitas, no solo el Daesh y el talibán, sino también al-Qaeda. Su característica física, rasgos orientales y piel clara, los hacen fácilmente identificables.

En la ciudad de Quetta, capital de Baluchistán, en el norte de Pakistán, donde viven unos 600 mil hazaras en 2013 una letal campaña contra esa comunidad dejó más de 300 muertos.

Tras la invasión norteamericana de 2001, los hazaras afganos, comenzaron a reagruparse iniciando una campaña en procura de sus derechos, lo que ha incentivado más aún el odio de los wahabitas.

Una manifestación en Kabul en julio de 2016, fue objetivo de un ataque que dejó casi 100 muertos, lo que marcó el inicio de una permanente ola de atentados contra ellos. El Daesh, además acusa a los hazaras de haber sido reclutados por los gobiernos de Irán y Siria, para luchar contra ellos.

La muerte afgana

Después de 17 años de guerra y la gigantesca máquina de guerra trasferida a Afganistán por parte de Estados Unidos, las cifras siguen demostrado que está muy lejos la posibilidad del fin del conflicto. Los muertos fundamentalmente civiles se siguen multiplicando en una guerra que se estima que como mínimo han muerto unas 130 mil personas.

El talibán han resurgido desde finales de 2014, tras la retirada de las tropas de combate de la OTAN y los Estados Unidos, están recuperando cada vez más territorio, se estima que ya dominan el 55 % del país, y tiene presencia en cada una de las 34 provincia afganas, donde los ataques a unidades militares y policiales son constantes.

El 2017 fue particularmente letal solo entre enero y junio de 2017, murieron 1670 civiles y unos 3600 resultaron heridos, lo que da un 15% más del mismo periodo de 2016.

Se estima que 2018, será aún peor que año pasado en lo que va de este año ya son 2300 los civiles muertos y uno 4 mil los heridos. Mientras que Kabul se convirtió en el epicentro de los ataques terroristas. Donde la Red Haqqani, veteranos de la guerra antisoviética y tributaria del talibán tienen una refinada trama de contactos y comandos que les ha permitido realizar sangriento ataques, como el de mayo de 2017, que dejó casi 100 muertos y cerca de 500 los heridos (Ver: Afganistán: Cuando se disipe el humo, cuando se asiente el polvo.) Aunque en provincias como Nangarhar, Herat, Ghor, Kunduz y Helmand, la actividad terrorista se ha convertido en incontenible.

Los temidos IED, por sus siglas en inglés Aparato Explosivo Improvisado, siguen siendo el arma favorita de la insurgencia y una verdadera pesadilla para las tropas del Ejército Nacional Afgano (ANA) y los estadounidenses.

La presencia de los seguidores de Abu-Bakr al-Bagdadí, desde 2015, ha incrementado la sangría, son constantes los ataques como los atentados suicidas, particularmente en Kabul, solo dos producidos en noviembre de 2017, causaron la muerte unas 200 personas, mientras que siguen en aumento las acciones en el interior del país.

Para algunos analistas el Daesh-Khorasan conformado fundamentalmente por desertores del talibán seguidores de Qari Hekmat, un ex capitanejo talibán de la provincia de Jawzjān quien tras enfrentarse con los líderes talibanes junto a 400 combatientes realizó el bayat o juramento de lealtad al califa Ibrahim.

El Daesh, al contrario del Talibán, incorpora combatientes extranjeros, por lo que se han detectado hombres de China, Uzbekistán, Tayikistán, Pakistán y Chechenia entre otros países. Además de grupos de combatientes de las montañas de Nangarhar y bandas armadas del norte vinculadas a las redes de narcotraficantes.

La guerra afgana sin duda se radicalizara, todavía más con mayor presencia del Daesh, y a pesar de que el talibán se siente en una mesa de negociaciones fiel a su estilo negociara produciendo más atentados, en ese festejo de la muerte que es Afganistán.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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El trono sanguinario: Arabia Saudita

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2018

El joven genocida, sin que ni Estados Unidos o Israel, hagan ninguna objeción, acaba de declaran en una entrevista con un medio norteamericano, que desarrollará armas nucleares: “los más pronto posible, si Teherán continúa con su plan nuclear”

Desde junio del año pasado cuando el rey Salman, depuso de la línea sucesoria a su sobrino Mohamed bin Nayefy y designó por decreto real a su hijo el príncipe Mohammed bin Salman, de 31 años, ministro de Defensa, como tal responsable del genocidio que se sigue perpetrando, con la anuencia de todas las potencias occidentales, contra el pueblo yemení desde 2015, que desde entonces han producidos unos 17 mil civiles muertos, de ellos 3500 niños. Más de 25 mil heridos y otras 3000 mujeres. Un aproximado de 22.000 civiles heridos, 25 millones de yemeníes afectados por la crisis humanitario y de ellos 10 millones afectados por la hambruna de ellos 2 millones son niños. Con el agregado de epidemias, solo el cólera ha dejado ha dejado hasta ahora 3500 muertos.

El futuro monarca está extremando su poder, demostrando, tal cual todos sus antecesores, el profundo desprecio a los derechos humanos, los mismos que sus aliados occidentales se desgañitan defendiendo, cuándo gobiernos que no cuadran con sus intereses por caso Venezuela, Cuba, Irán, Corea del Norte o la mismísima Rusia, sin más pruebas que alguna campaña mediática, perfectamente pautada, son acusados y sancionados.
Para limpiar de estorbos sus acceso al trono y su permanencia, Mohamed bin Salman, sorprendió al mundo con una razzia enmascarada de “anticorrupción”, encarcelando decenas de príncipes a la sazón empresarios y ejecutivos de grandes empresas, por ende parientes suyos, que en algún momento podrían significarle algún peligro.

El joven genocida, sin que ni Estados Unidos o Israel, hagan ninguna objeción, acaba de declaran en una entrevista con un medio norteamericano, que desarrollará armas nucleares: “los más pronto posible, si Teherán continúa con su plan nuclear”.
El príncipe Salman en su reciente gira al Reino Unido, quien se convirtió en el principal proveedor de armas del reino, ha sido recibido con gran beneplácito ya que se han cerrado acuerdos por 6400 millones de dólares, en compra de armamentos, que sin duda servirán para seguir masacrando al pueblo yemení, desde el comienzo del conflicto Londres incremento sus ventas, aunque, también lo hacen los Estados Unidos, Francia, Alemania y España, entre otras grandes “democracias” occidentales.

El último 20 de marzo el príncipe Salman inició su primera visitas oficial como heredero del al trono a los Estados Unidos, que se extenderá por tres semanas y abarcará Boston, Nueva York, Seattle, San Francisco, Los Ángeles y Houston, en la que se esperan sellar acuerdos por más de 35 mil millones de dólares con empresas de Silicon Valley, además de empresas petroleras de Texas, General Electric, Apple, Google y Uber y productores de Hollywood, entre otras. Sin duda serán claves, según declaró el ministro de exteriores saudita, Adel bin Ahmed al Jubeir, las conversaciones sobre contratos para la construcción de reactores nucleares para el sector energético.

La relación entre Riad y Washington se revitalizo desde la vistita de Trump al reino, tras varios años del enfriamiento aplicado por la administración Obama. La visita sin duda restablecerá los siempre tan transitados puentes comerciales y políticos entre ambas naciones. Quizás el hombre indicado para llevar a cabo este relanzamiento sea el yerno presidencial y agente sionistas, Jared Kushner, quien en las últimas semanas eclipsado por acusaciones de tráfico de influencias y malversación de fondos públicos.

El príncipe sauditas se reunirá también con importantes jerarcas de gobierno norteamericano, nada menos que el ex director de la CIA y nuevo Secretario de Estado Mike Pompeo, el vicepresidente Mike Pence, el recién nombrado John Bolton, asesor de seguridad nacional, tras la reciente expulsión de Herbert McMaster y el secretario de Defensa James Mattis.

Salem y Kushner, habían sido designados para lograr un acuerdo de paz en entre Palestina y el enclave sionista, Salem, tenía el encargo de llevar a los palestinos a la mesa de negociaciones y el yerno de Trump a los sionistas, pero plan fracasó tras la decisión del rubicundo presidente de trasladar la embajada norteamericana de sionista de Tel-Aviv a al-Quds (Jerusalén).

Además de la cuestión palestina, sin duda en las conversaciones estará presente la guerra en Yemen, por la que Trump no ha demostrado particular interés, y conflicto saudita con Qatar, que tras nueve meses de la ruptura de relaciones sigue sin encontrarse una solución.
El plan maestro de Salem, es lo que se conoce como “Visión 2030”, con que intenta sacar al reino del estado de dependencia casi total de la producción extranjera en todas las ramas y elaborar un plan de industrialización y diversificación para el país.

A la sombra de la cimitarra

Entre las muchas cuestión que anclan al reino saudita a la edad media es la pena de muerte por decapitación, que en muchos casos se convierten en espectáculos públicos, desde 2004 fueron condenados a muertes unas 1300 personas.

Las leyes del reino permite la pena capital en casos de asesinato, delitos relacionados con drogas y violación, actividad política en contra del régimen, también se aplica con menor frecuencia en casos de adulterio, apostasía y brujería.

Las leyes de reino eximen al estado de proporcionar a los acusados abogados defensores e incluso traductores en los casos de los muchos detenidos, originarios del sudeste asiático, en su gran mayoría trabajadores migrantes, a quienes se los vinculan con el narcotráfico. Diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos, han denunciado la absoluta injerencia del poder ejecutivo en los resultados de los juicios, particularmente cuando los inculpados son chiitas, en estos casos las penas suelen ser condena de muerte.

La situación parece estar empeorando desde que el príncipe Mohammed bin Salman fue nombrado príncipe heredero, ya que la tasa de ejecuciones se ha duplicado. Unas 133 ejecución han tenido lugar en los primeros ocho meses del anunció, al tiempo que en los ocho meses anteriores las ejecuciones habían alcanzado a 67. A los 133, habrá que agregarles otras dieciocho ejecuciones pendientes que esperan una resolución inminente. Muchos de los condenados a muerte han sido víctimas de una muy amplia ley antiterrorista, que considera como tal, a cualquiera que se manifieste y exija cambios políticos en el reino. Entre los ejecutados se encuentran ocho, que eran menores al momento de su “crimen”.

En los primeros dos meses de este año fueron decapitados 32 personas, 15 de ellas extranjeras provenientes de Pakistán, Egipto, Nigeria, Jordania y Líbano y un bedoun o apátrida. Duplicando el promedio mensual de 16 ejecuciones al mes mientras durante los últimos catorce años, eran de un seis. Lo que esta cifra significa un aumento del 167%. En coincidencia con el aumento en las ejecuciones, se marca que el número de personas decapitadas lo han sido por “crímenes” no letales a los que los jueces tienen el derecho a fallar a discreción.

Se cree que este año podría superar, las ejecuciones de 2015, con cerca de 160, que fue el más alto de los últimos 20 años, en 2014 habían sido 90.

El trafico de drogas parece ser otro de los crímenes apuntados por las autoridades del reino, entre enero y noviembre de 2017 fueron ejecutadas cerca de 65 personas por ese tipo de delitos. La cifra representa aproximadamente un 40% del total de ejecuciones, un aumento sustancial si se le compara con el 4% de 2010.

Los crímenes relacionados al narcotráfico que están considerados como ta’zir, es decir que no están tipificados en la sharia o ley islámica, son, en apariencia, brutalmente reprimidos.

El reino wahabita que perdura a pesar de ser quizás la mayor y más prologada dictadura de la historia moderna, ha sido denunciado como uno de los tres países con mayor tazas de ejecuciones en el mundo, tiene la responsabilidad de ser el más importantes promotor y sostenedor de grupos terroristas como al-Qaeda y Daesh, desde Nigeria a Filipinas, Además de haber financiado a los Contra en Nicaragua durante el gobierno Sandinista y organizaciones vinculadas a los neofascistas italianos participado por ejemplo del atentado contra la estación de Bologna en 1980 que dejó 85 muertos y 200 heridos, mentor fundamental en la financiación de la guerra antisoviética de Afganistán, de las guerras en Irak, Libia y Siria, goza de una formidable cobertura política y mediática que roza la impunidad gracias a ser uno de los mayores compradores de armas del mundo y ser el obstáculo fundamental para la unidad del mundo árabe, que es lo que permite que el enclave sionista perpetre el genocidio contra Palestina, sin ninguna consecuencia, además de ser el espolón de proa contra una posible agresión a Irán.

Sin duda el príncipe Mohammed bin Salman, acedera al trono saudita para seguir ensangrentando al mundo con nuevas e inauditas matanzas, en cada lugar que los Estados Unidos lo requieran.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Guerreros del manto azafrán en Sri Lanka

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2018

Tras el final de la guerra contra los tigres tamiles, las autoridades comenzaron a perseguir a la minoría musulmana, contra la que periódicamente se ejecuta hecho de suma violencia quemando y saqueando, sus barrios y sus propiedades, llegando a quemar mezquitas y asesinar fieles

Los disturbios anti islámicos que estallaron en las últimas semanas en la ciudad de Kandy, la segunda más importante de Sri Lanka, después de Colombo, su capital, han dejado tres muertos y más de 200 propiedades pertenecientes a musulmanes, un 10 % de la población, destruidas por efecto del fuego y el estallido de algunas granadas.

En cercanías de Kandy, se encuentra el Sri Dalada Maligawa (Templo del Diente Sagrado) el lugar más sagrado del budismo en el país, donde se cree se conserva un diente de Buda. Este templo fue atacado durante la guerra civil por los Tigres Tamiles en enero de 1998 dejando 17 muertos y 25 heridos.
Los ataques, aparentemente provenientes de otros lugares de la isla, contra la población musulmana, instalada en la antigua Ceylán hace más de mil años, han sido llevados a cabo por militantes budistas de la escuela Theravada, la religión mayoritaria del país un 75 % de los 22 millones de habitantes. Con la anuencia de la policía fueron profanadas 17 mezquitas, saqueadas e incendiadas 150 casas y 113 locales comerciales, mientras que cerca de 60 vehículos fueron destruidos.

La noticia no es menor si se tiene en cuenta la intermitente guerra civil que vivió el país desde 1983 a 2009 entre las fuerzas del gobierno central, budistas cingaleses, la mayoría étnica del país unos 15 millones contra la guerrilla separatista conocida como “Los Tigres de la Liberación de Tamil Eelam (LTTE)”, según el FBI los inventores de los chalecos explosivos, que asesinaron nada menos que al Primer Ministro hindú Rajiv Gandhi en 1991, al presidente de Sri Lanka Ranasinghe Premadasa en 1993 y en 2005 al Ministro de Relaciones Exteriores Lakshman Kadirgamar. Los tigres eran una fuerza constituida por elementos de la minoría tamil unos cuatro millones de mayoría hinduista, un 16 % de la población. Traídos desde la India por los británicos en 1815, para trabajar en las plantaciones de café, té y caucho.

Aquella guerra que dejó cerca de 60 mil muertos y más de un millón de desplazados, también ha dejado una animadversión entre etnias y religiones, ya que la guerra también dejó muchas víctimas musulmanas y cristianas. Los ataques anti islámicos del 5, 6 y 7 de marzo pasado podrían ser el preámbulo de nuevos enfrentamientos ante la embestida del budismo radical no solo en Sri Lanka sino también en Birmania, Tailandia e Indonesia.
Estos últimos ataques se iniciaron en la localidad de Pilimathalawa, para extenderse más tarde a otras poblaciones cercanas a Kandy, como Pallekele, Digana, Teldeniya y Ambaten. Situación que obligó a las autoridades a declarar el toque de queda, el que fue violado en reiteradas oportunidades. Según algunos testigos “los atacantes eran forasteros que se habían cubierto la cara y teñido el cabello con colores llamativos”. La restricción policial fue levantada unos pocos días después.

El origen de los disturbios tuvo lugar tras la muerte de cingalés, quien fue atacado por parroquianos de un restaurant musulmán. Aunque según algunas versiones los estallidos son el productos de las reiteradas acusaciones de la sociedad cingalesa que acusa a los musulmanes de obligar a convertirse al Islam a sus empleados y destruir lugares sagrados budistas.

La relación, entre ambas comunidades, tras la guerra, había sido cordial, aunque hace un par de años se están tensando, por el estallido fundamentalista de muchos monjes budistas y grupos cercanos que acusan a los musulmanes de expansionismo y de intentar socavar a la comunidad budista.
Tras el final de la guerra contra los tigres tamiles, las autoridades comenzaron a perseguir a la minoría musulmana, contra la que periódicamente se ejecuta hecho de suma violencia quemando y saqueando, sus barrios y sus propiedades, llegando a quemar mezquitas y asesinar fieles.
Estos hechos han sido alentados por el monje budista Galagoda Aththe Gnanasara, jefe de la Bodu Bala Sena (BBS) o Fuerza del poder Budista, una organización nacionalista budista cingalés, radical, que junto a otras del mismo cuño como Sinhala Ravaya (el rugido de los cingaleses), y el Ravana Balaya (la fuerza de Ravana) firmaron durante una cumbre en Colombo en 2014, un acuerdo de colaboración con la organización ultra nacionalista birmana Movimiento 969 que encabeza la persecución de los rohingyas en su país.

Buda versus Allah

No solo en Sri Lanka sino en otros países donde el budismo es mayoría, se está notado un incremento de su vertiente más extremista de este culto, el Theravada como sucede en Birmania y Tailandia.

Desde hace algunas décadas se ha venido notando la radicalización de sectores fundamentalistas dentro del budismo, algunos autores citan como el punto de inicio o profundización de esta vertiente la destrucción parte de los talibanes en 2001 de los Budas de Bāmiyān, dos colosales esculturas de Buda, talladas en las paredes de un acantilado en el valle de Bāmiyān a 230 km al noroeste de Kabul, realizadas en el siglo VI.

Quizás sea el Theravada, (Doctrina de los Ancianos) una de las diecinueve escuelas que conforman el budismo y que se asienta particularmente Tailandia, Birmania, Camboya, Laos y Sri Lanka, reuniendo unos 100 millones de adeptos, la que está tomando un carácter más extremo ligado al ultranacionalismo.
Muchos de los líderes budistas acusan al islam, más allá de siglos de coexistencia pacífica, que desde la expansión de wahabismo, alentado por Arabia Saudita y en el contexto de la guerra fría por los Estado Unidos y el Reino Unido, como freno al surgimiento de los nacionalismos y socialismos, que se daban fundamentalmente en los países árabes, de haber extremado las acciones contra su culto.

Los radicales budistas, justifican su violencia, tachando de invasiva las políticas de los seguidores de Allah, quienes llegaron al sudeste asiático en el siglo XIII, que les ha hecho perder antiguos imperios budistas como lo fueron Malasia e Indonesia, esta última nación el país con mayor población musulmana del mundo casi el 90 % de un total de 270 millones de personas y donde la tensión entre musulmanes y la minoría budistas, está entrando en un espiral cada vez más confrontativo.

Para muchos budistas la expansión del islam a través de la jihad y las altas tasas de natalidad, amenazas otras naciones donde son mayoría.
En Birmania, son los monjes Theravada, quienes han liderados junto al ejército y organizaciones paramilitares y ultranacionalistas como el 969,(por los 9 atributos de Buda, los 6 atributos de sus enseñanzas y los 9 atributos de la orden de Buda) y el ultranacionalista e islamofóbico movimiento Ma Ba Tha, (asociación patriótica de Myanmar) liderados por el monje Ashin Wirathu, que ha encabezado la persecución y asesinato de miles de rohingyas, la minoría musulmana asentada en la provincia de Rakhine, que desde agosto pasado prácticamente la totalidad de su población, unos 900 mil, han debido refugiarse en Bangladesh, tras sufrir hostigamiento sistemático, la destrucción de sus aldeas y en miles de casos tortura y muerte de sus integrantes.
En el caso de Tailandia, gobernado por una dictadura militar tras el golpe de 2014, que niega la existencia de un movimiento insurgente, existen algunas diferencias respecto a las razones del espíritu anti islámico.

Desde hace unos 15 años existe un fuerte movimiento insurgente separatista de origen musulmán, el Barisan Revolusi Nasional-Koordinasi (BRN-C) o Frente Nacional Revolucionario Malayo, cuya aparición en 2004 con el asalto a un cuartel militar y el incendio de una veintena de escuelas y el asesinato de tres monjes budistas obligó al gobierno a decretar el estado de sitio en las provincias sureñas de Pattani, Yala y Narathiwat de población mayoritaria musulmana. Sus ataques han hecho inmigrar a muchos budistas del sur de país, aunque una dotación de 60 mil hombres del ejército tailandés se encuentran en la región.

Las acciones del Barisan Revolusi, cuya lucha podría catalogarse más que religiosa como etno-nacionalista continuaron con violencia teniendo a los monjes como principal objetivo por considerarlos como símbolo del poder central. Estas acciones generaron la reacción de Phra Apichart Punnajanto, el monje principal del Templo de Mármol de Bangkok, que declaró “La situación requiere una respuesta violenta: por cada monje budista que es atacado, los budistas deben quemar una mezquita”. Al tiempo que han despertado un espíritu anti islámico, en la población del país de mayoría budista con un 95% de su población. La aparición de un grupo conocido como “la Red de Budistas para la Protección del Budismo”, con una sede central en la provincia de Yala, conformado secretamente por monjes que se centran en acciones anti islámicas en el sur del país y también han llegado a atentar en Bangkok presupone el agravamiento del conflicto que podría derivar en una guerra religiosa en todo el sudeste asiático, donde los monjes bajo su manto azafrán parecen llevar ropa de combate.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Rohingyas: a la espera de los mozones

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2018

La ubicación de Bangladesh, al norte de la bahía de Bengala, hace que el país sea particularmente propicio a sufrir graves daños en época de monzones, en 1970 estas tormentas mataron a medio millón de personas

A casi siete meses de iniciada la última crisis de los rohingyas y a pesar de las innumerables recomendaciones y pedidos de diferentes organizaciones internacionales el gobierno de Birmania insiste en que no existe tal crisis y niega todas las acusaciones acerca de las matanzas, los desplazamientos forzosos y la destrucción de sus campamentos. Algunas informaciones indican que en diferentes sitios donde aún quedaban aldeas rohingyas de pie y donde se cree existían fosas comunes, como en n Maung Nu, municipio de Buthidaung, en el estado de Rakhine, donde hay datos fehacientes de que se han producido matanzas, el Tatmadaw (ejército birmano) está destruyendo todo lo que ha quedado en pie y con retroexcavadoras removiendo dichas tumbas.

A pesar de que los refugiados desde agosto pasado no han dejado de llegar a los campos de acogida levantados a las apuradas por el gobierno bangledí y distintas organizaciones internacionales en cercanía de Cox Bazar, el numero tiende a decrecer ya que del casi millón de rohingyas que vivían en Birmania, unos 800 mil ya han cruzado la frontera hacia Bangladesh desde el estado birmano de Rakhine, donde se asentó históricamente está etnia musulmana, huyendo de la operación del gobierno birmano en procura de lograr lo que a todas luces se puede catalogar como limpieza étnica. Estos últimas oleadas de refugiados eleva el número a más de un millón de personas, ya que desde antes de la crisis de agosto, vivían unos 400 mil refugiados rohingyas, llegados en otras olas represivas pergeñadas por las autoridades birmanas, del total de estos exiliados el 60% son menores.

La etnia musulmana sunní rohingyas, han sufrido históricamente diferentes operaciones tanto de parte de la dictadura militar que gobernó Birmania desde 1948, con algún interregno democrático, hasta 2016 en que se constituyó un gobierno “democrático”, dirigido de hecho por la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi y tutelado por el poderoso Tatmadaw quien controla el 25% del parlamento y ministerios claves como los de Defensa, Interior y Fronteras, los sistemáticos pogroms contra las aldeas rohingyas no se ha detenido nunca e incluso alcanzando proporciones de genocidios como el iniciado el 25 de agosto último.

La actitud por lo menos pasiva, sino cómplice, de Suu Kyi, ha hecho que otros premios nobel de la paz, la iraní Shirin Ebadi, la yemení Tawakkol Karman y la norirlandesa Mairead Maguire, exigirán públicamente a Suu Kyi, que detenga el genocidio, a la vez que han solicitado al Tribunal Penal Internacional una investigación profunda de los crímenes cometidos desde el pasado agosto.

Hemos desarrollado en estas páginas las razones históricas, económicas y religiosas, del inusitado odio tanto de los gobiernos militares y civiles que se han sucedido en Birmania como de, por lo menos la cúpula, de religión mayoritaria en el país con más de un 95% de practicantes, el budismo de la escuela Theravāda.

La situación que se vive en los campos de refugiados de Bangladesh, infiere que se aproxima rápidamente a un colapso humanitario, que pone en riesgo de vida a ciento de miles de personas. El crítico contexto de estos campamento somete a sus pobladores a un estrés que repercute en la salud tanto fisca como sicológica, elevando el número de enfermedades y suicidios.

Tras la violencia vivida en su país, los niveles de abusos, la experiencia de haber visto sus campamentos saqueados y arrasados, la muerte de seres queridos, ellos mismos haber sufrido torturas y heridas, los padecimientos en la huida, donde incluso siendo ametrallados y obligados a transitar campos minados.

A la llegada a Bangladesh, las cosas para los refugiados no han mejorado demasiado, el maltrato de muchos pobladores de la zona, las constantes esquilmas a las que son sometidos los refugiados por comerciantes inescrupulosos, la falta de víveres y viviendas hace que la diferencia de uno y otro lado de la frontera sea pocos notables.

Los traumas generados, hacen que la mayoría de los niños padezcan miedos constantes que les impide siquiera salir de sus carpas para buscar leña, agua, la ayuda que reparten distintas organizaciones humanitarias e incluso de ir hasta las letrinas, donde se han producidos asaltos, violaciones y desapariciones. Los refugiados, especialmente los niños, sufren una importante variedad de problemas de salud entre ellas diarreas, fiebres, resfríos, tos, dificultades respiratorias, oculares y enfermedades de piel.

La ubicación de Bangladesh, al norte de la bahía de Bengala, hace que el país sea particularmente propicio a sufrir graves daños en época de monzones, en 1970 estas tormentas mataron a medio millón de personas.

Las contingencias que se presumen puedan producirse con la llegada de los monzones, que suelen extenderse de marzo a septiembre, en esta próxima temporada, según estudios de Naciones Unidas y departamentos de la Universidad de Dhaka, han anticipados que se podría llegar a perder hasta un tercio de los asentamientos, podrían perder sus carpas, hechas de plástico y bambú. Cerca de unas 35 mil personas, viven en pendientes empinadas, muy poco firmes, por lo que podrían llegar a producirse desplazamientos y derrumbes con las predecibles pérdidas de vidas. El territorio donde se asentaron los campos de refugiados, era hasta su llegada, una extensa reserva natural formada por un tupido y rico bosque. Hoy esa área forestal ha desaparecido dejando un terreno yermo, cada vez más inhabitable. Esos bosques solían ser el hogar de docenas de elefantes salvajes, tras la pérdida de su habitad, no todos han inmigrado. Muchos de ellos permanecen en esa áreas, lo que ha producido en varias oportunidades que los elefantes pisoteen las carpas produciendo muertos y heridos.

Los refugiados carecen de ropa, mantas y carpas aptas para afrontar las largas semanas de los inminentes monzones que traen lluvias torrenciales y marcadas bajas de temperaturas. Los suministros alimentarios también pasan un momento crítico, por lo que están obligados a una dieta solo de arroz, lentejas y aceite.

Extranjeros a cada lado de la línea

Naciones Unidad, ha confirmado que Birmania continúa su la limpieza étnica contra la los rohingya, ya no solo destruyendo sus hogares, asesinándolos y obligándolos a huir hacia Bangladesh, sino que también implementan la “privación forzada de alimentos”, Un alto funcionario de Amnistía Internacional para el Sudeste Asiático y Oceanía, ha declarado: “Lamentablemente, las conclusiones de la ONU reflejan las nuestras: no hay duda de que continúa la cruel campaña de limpieza étnica de las autoridades de Birmania contra la población rohingya. A quienes se les sigue privando de alimentos para obligarlos a huir del país”.

Mientras la actual Primer Ministra de Bangladesh Sheikh Hasina, quien a fin de año deberá poner en juego su reelección, está enfrentando severas críticas de su base electoral, por haber permitido el ingreso de los rohingyas, a pesar de que se han cuidado muy bien de otorgarles el estatus legal de refugiados. Incluso el gobierno insiste en que los campamentos no se convertirán en una presencia permanente, lo que para los técnicos ha complicado seriamente el plan de contingencia frente a los inminentes monzones, prácticamente a horas de su llegada.

Algunas agencias de asistencia internacional, que habían comenzado la construcción de veredas de ladrillos, puentes de bambú, desagües de concreto, y la repartija de bolsa de arenas para la construcción de defensas frente a las inundaciones en los campamentos, debieron detener esas operaciones ya que el gobierno ha prohibido la continuidad de esas tareas.

Por su parte otra medida por lo menos discriminatoria ha tomado el gobierno de Hasina, prohibido a los niños rohingyas aprender bengalí, para impedir una posible integración con la comunidad. Por lo que en vez de construir escuelas, las organizaciones de ayuda tienen permitido crear “espacios amigables para los niños”, donde, por ejemplo, los niños solo pueden aprender a escribir en su lengua materna.

El 23 de noviembre último las autoridades de Dhaka y Naypyidaw, firmaron un acuerdo por lo que en el pasado enero los refugiados comenzarían a volver a sus lugares, a ya casi dos meses de esa fecha, ese proceso de reubicación todavía no ha mostrado señales de vida, sino, todo lo contrario ya que el Tatmadaw, están destruyendo todos los enclaves rohingyas, que aún se mantenían en pie.

En esa dirección apunta la denuncia de Bangladesh, acerca de que tropas birmanas se han instalado en el sector fronterizo de Tambru, para forzar a los rohingya ubicados en esa zona, considerada tierra de nadie, a abandonar el país de forma definitiva. Sin soluciones políticas a la vista, sin intervención internacional y una asistencia que no escapa de la buena voluntad de unos pocos, quizás el pueblo rohingyas deba enfrentar solo los próximos monzones, tan solo como siempre.

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