La península de Corea: el futuro de un nexo geopolítico

Corea ha retornado al escenario mundial como un crucial nexo geopolítico en la década venidera. Esto afectará de formas importantes el futuro de China, Japón, Estados Unidos y tal vez Rusia. No obstante, lo paradójico es que su futuro depende primordialmente de sí misma.

Corea es uno de esos raros especímenes; un país con una muy larga historia como entidad política y cultural, con grados variables de unidad como un solo reino. En los tiempos modernos, fue un Estado independiente hasta que Japón la tornó protectorado en 1905 y luego la anexó en 1910. La derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial terminó su dominación de Corea. En los últimos días de la guerra, las tropas estadunidenses y soviéticas entraron en Corea y se reunieron en el Paralelo 38. Comenzaron a existir dos estados: la República Popular Democrática de Corea (RPDC o Corea del Norte) y la República de Corea (Corea del Sur).

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¿Cómo evaluaría Al Qaeda sus logros?

Me imagino una conversación el 11 de septiembre de 2011, en la cual los líderes máximos de Al Qaeda evalúan sus logros diez años después de sus ataques sobre suelo estadunidense. Pienso que estarían muy optimistas por todo lo que han logrado.

Para entender esto, debemos considerar lo que pensaban que debían lograr los ataques del 11 de septiembre. En ese momento, Osama Bin Laden expresó con claridad lo que eran sus objetivos de largo plazo. Dijo que deseaba borrar ochenta años de humillaciones para el mundo islámico. ¿Ochenta años? Bin Laden se refería a la abolición del califato en 1924 (no son exactamente ochenta años) por Mustafá Kemal Ataturk. El objetivo jurado de Bin Laden era la recreación de un califato que abarcara todo el mundo musulmán –suponemos que a cargo de un directo descendiente de Mahoma, que gobernara obedeciendo la sharia.

¿Qué fue lo que se interpuso en su objetivo? Tres obstáculos principales. El primero fue Estados Unidos, que utilizó su poder para sojuzgar el mundo islámico. El segundo y el tercero fueron los gobiernos de Arabia Saudita y Pakistán, a los cuales Bin Laden consideraba pilares del respaldo de Estados Unidos dentro del mundo islámico, y cuyos gobiernos él denunciaba como no-islámicos.

¿Y cómo impulsaría su objetivo el ataque del 11 de septiembre? Sigamos su razonamiento. El directo y espectacular ataque sobre Estados Unidos, en su propio suelo, intentaba exponer el hecho de que Estados Unidos era un tigre de papel e instalar entre los estadunidenses temores profundos acerca de su seguridad física y su futuro colectivo. Apenas la semana pasada, Al Qaeda criticó públicamente al presidente Ahmadinejad, de Irán, por sugerir que el 11 de septiembre había sido la obra de estadunidenses, y no de Al Qaeda.

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