Libia: El sueño contenido del “mariscal” Hafther

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

La actual crisis Libia, ha vuelto a hacer crujir la unidad Europa, por los diferentes intereses petroleros en el país norafricano que tienen Italia (ENI) y Francia (TOTAL), además de temer, que una nueva ola de refugiados verdaderamente imparable se lancen al Mediterráneo

Mientras entre 15 y 25 mil hombres del Ejército Nacional Libio (ENL) que responden al auto ungido “mariscal de campo” Khalifa Hafther, se encuentran a unos 25 kilómetros de la ciudad de Trípoli, con 2 millones de habitantes, el último enclave en posesión del Gobierno de Unidad Nacional (GNA) impuesto por Naciones Unidas y encabezado por el Primer Ministro, Fayez al-Sarraj, a quien el jueves 11 el fiscal militar del ENL dictó una orden de arresto junto a otras 22 personas por “cometer crímenes y apoyar el terrorismo en Libia”, se prepara para el asalto final a la embestida que ya cumplió diez días (Ver: La incertidumbre como hoja de ruta), Naciones Unidas estima que cerca de 12 mil personas ya han abandonado la ciudad.

Hafther se ha reunido en el Cairo, con el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi, su principal aliado político, donde según la declaración oficial discutieron su lucha en común contra el terrorismo.
Aunque a nadie se le puede escapar que está reunión se produce apenas cuatro días después que el presidente egipcio se reuniera con Donald Trump en la Casablanca de donde salió “bendecida” su intención de mantenerse en el poder por lo menos una década más.

Es imposible que la reunión entre los dos generales africanos, no se haya mencionado la reunión del egipcio con Trump y que el neoyorkino no le haya enviado alguna señal por tan “conspicuo”, mensajero a Hafther. Recordemos que las relaciones entre los Estados Unidos y el ahora hombre fuerte de Libia, desde los años ochenta han sido sumamente ricas, ya que el otrora admirador y amigo personal del Coronel Mohamed Gadaffi, tras romper con el líder libio después el desastre de la guerra con Chad (1978-1987) de la que Hafther fue el principal responsable. El ahora “mariscal” vivió durante los siguientes 25 años a unos pocos kilómetros del cuartel general de la CIA, en Langley estado de Virginia y para muchos ha sido un intenso colaborador de la “Compañía” en sus operaciones contra su propio país. Además hace pocas semanas el gobierno de Trump recordó que las reservas petroleras libias, las más grandes de África, son fundamentales para mantener bajos los precios mundiales.

Mientras la cumbre del Cairo se desarrollaba se conoció oficialmente que ya han muerto 121 personas y otras 536 resultaron heridas, otras fuentes señalan que los muertos de la semana anterior llegaron a 300, tras el cruce de artillería entre los sitiadores y las fuerzas de defensa, un cumulo de milicias inorgánicas que operan en Trípoli, junto a las de Mistara y Zintán, reunidos bajo el nombre de Operación “Volcán de la Ira”.

La actual crisis Libia, ha vuelto a hacer crujir la unidad Europa, por los diferentes intereses petroleros en el país norafricano que tienen Italia y Francia, además de temer, que una nueva ola de refugiados verdaderamente imparable se lancen al Mediterráneo, provocada por la intensificación de los combates. Oficialmente en diferentes centros de detención diseminados fundamentalmente en el sur de la capital, sean abandonados por sus guardianes. El número oficial de refugiados no llega a los 10 mil, aunque se sabe que el total de los que han llegado Libia de diferentes países de África y Asia, en búsqueda de pasar a Europa sobrepasa el millón de almas. De ellos más de 11 mil lo han hecho desde enero, de los que han muerto cerca de 283, según la ONU. Durante 2018 los muertos al intentar el cruce fueron 2200 personas una cifra bástate menor se la compara con los 3 mil de 2017.

Pero la cuestión de los refugiados es solo un aspecto del fuerte interés europeo en Libia, entre las petroleras ENI (italiana) y la TOTAL (francesa) ha estallado una importante disputa. Por un lado a Paris le interesan mantener las prebendas otorgadas por Hafther, recordemos que apenas un año atrás el “mariscal” permaneció una larga temporada internado en Francia (Ver: Réquiem para un traidor). Lo que sin duda produjo un importante acercamiento con Macron, lo que ha dado lugar a un fuerte cruce diplomático con Italia, cuyo viceprimer ministro el neofascista Matteo Salvini, declaró: “En Libia, Francia no tiene interés en estabilizar la situación, probablemente porque tiene intereses petroleros que se oponen a los de Italia”.

¿El fin de una guerra o el comienzo de otra?

El Ejército Nacional Libio (ENL) que lidera Hafther y controla dos tercios del país, que incluye todo el litoral a excepción de Misrata, Trípoli y la línea costera desde la capital hasta la frontera con Túnez, es la única fuerza militar organizada que se estima en unos 85 mil hombres, que se ha ido engrosando de manera constante, gracias a los pactos con las diferentes tribus de Fezzan, la región del sur del país, que terminó de conquistar en febrero pasado, a las que también se le sumaron combatientes chadianos y sudaneses. También cuenta con el Saiqa (Rayo), un cuerpo de elite de unos 3500.

La decidida ofensiva de Khalifa Hafther contra Trípoli, ha sorprendido no solo a los gobiernos de occidente, sino también a todos quienes han estado siguiendo la cuestión libia con suma atención. Muchos de los gobiernos e instituciones con injerencia en Libia desde la caída de Gadaffi como Naciones Unidas, Estados Unidos, la Unión Europea y el bloque del G7 han exigido una tregua inmediata y una salida política a la nueva crisis.

La posibilidad de que las fuerzas de Hafther tomen finalmente Trípoli, podría traer apareja el fin de la guerra civil post-Gadaffi, protagonizada un número indeterminado de facciones y milicias que van desde grupos de narcotraficantes y contrabandistas a milicias vinculadas a al-Qaeda y el Daesh, un gran protagonista en este juego macabro, que pusieron a Libia tras ochos años de una anarquía absoluta, en el universo de los Estados Fallidos.

Khalifa Hafther, quien visitó Arabia Saudita, para reunirse con el rey Salman bin Abdul Aziz, pocos días antes de su operación militar contra Trípoli, habría recibido el fuerte apoyo de Riad, y la promesan de asistencia financiera para la concreción de ese objetivo, además cuenta con el apoyo no solo de Francia y Egipto, de los Emiratos Árabes y un número creciente de países europeos. Según la prensa occidental también Rusia, apoya a Hafther, quien ha visitado al menos en dos ocasiones Moscú, aunque un sugestivo “error” del canciller ruso Sergei Lavrov, en su última visita a El Cairo, donde declaró: “Todavía estamos en contacto con el “General de División” Khalifa Hafther y el Primer Ministro al-Sarraj… y pedimos que se ponga fin a estos enfrentamientos y que las partes comiencen a negociar”. Quien conozca la trayectoria de Lavrov, sin duda el canciller más brillante de este tiempo, sabe que es imposible que cometa un gafe semejante, en un punto tan candente como el que se vive por estas horas, la “degradación” de Lavrov al “Mariscal de Campo” sin duda es una señal clara del desacuerdo ruso.

Para Naciones Unidas, que se ha opuesto desde siempre a las ambiciones de Khalifa Hafter, el “mariscal” podría intentar perpetuarse intentando repetir la experiencia del coronel Gadaffi, aunque hay que tener en cuenta que cuando el coronel llegó al poder con solo 27 años, mientras que Hafter ya tiene 75 años.

Otro de los desairados con la ofensiva ha sido nada menos que el Secretario General de la Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien esperaba avanzar en el proceso de paz y reconciliación del país, en las reuniones que se habían pactado para los días 14 y 15 de abril en la ciudad de Ghadames, a unos 600 kilómetros al sudoeste de Trípoli.

El Daesh, la organización terrorista más importante con presencia en Libia, y que llegó a tomar dos ciudades importantes coma Dara, en el este y Sirte, en 2015, a la que declaró capital del califato, con el valor simbólico de ser el lugar de nacimiento y muerte del coronel Gadaffi, de donde fueron expulsado al año siguiente, desde entonces ha sufrido fuertes y constantes ataques del ENL, aunque se sigue moviendo con suma rapidez en las áreas del sur de Trípoli, atacó la ciudad de Fuqaha, controlada por combatientes leales a Hafther, buscando hacer notar su presencia para fortalecer su imagen y llamar a voluntarios sabiendo que después de Trípoli, serán el próximo del “mariscal”.

Puede ser que Hafther, detenga el asalto, manteniendo a sus hombres a las afueras de Trípoli, tratando de tomar la ciudad por desgaste y evitar los combates urbanos, que podría convertirse en una masacre, incluso, sin precedentes en Libia.

¿Cuánto tiempo Hafther más podrá dominar su ansiedad por tomar Trípoli? nadie lo sabe, aunque quizás, estar tan próximo a cumplir el sueño contenido por tanto años, de ocupar el lugar del Coronel Gadaffi, aunque tan solo sea por un rato, le haga dar el paso en falso que provoque su última matanza.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Libia: La incertidumbre como hoja de ruta

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

La nueva ofensiva del ANL, apunta principalmente al- presionar a Sarraj y Naciones Unidas, para concluir un acuerdo que le permita a Haftar convertirse en el comandante del único ejército nacional y hombre fuerte del país

Una vez más Libia debate su futuro entre facciones que carecen de toda representatividad, por un lado las tropas del mariscal Khalifa Haftar, jefe del Ejército Nacional Libio (ENL), la organización armada más poderosa que quedo en pie desde la debacle que vive ese país tras la entente occidental contra el Coronel Mohamed Gadaffi, que contrala más del setenta por ciento del país, cuyo basamento político está instalado en la ciudad de Tobruk al este del país, donde funciona un parlamento acorde a los intereses de Haftar, y que entre respaldos internacionales cuentan Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y nada menos que Rusia. Hafther rivaliza con el Gobierno de Unidad Nacional (GNA), un esperpento armado por las Naciones Unidas, cuya figura más importante es el “Primer Ministro” Fayez al-Sarraj, con un paupérrimo control territorial menor al 25 %, pero que cuenta con el importante apoyo de Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Italia, y cuya capacidad de fuego la brinda las poderosas milicias de la ciudad de Misrata a unos 200 kilómetros al oeste de Trípoli y otros grupos menores vinculados a movimientos religiosos integristas. Testigos informan que son cientos los camiones cargados de combatientes de diferentes milicias salieron de Misrata y la ciudad de Zintán, el sábado, rumbo Tajura, en los suburbios del este tripolitano, para neutralizar la presencia del ENL de Hafther.

Tanto Hafther como al-Sarraj, tendrían que haber saldado sus diferencias en el acto eleccionario pautado para antes del 10 de diciembre de 2018, según se acordó en la cumbre del 29 de mayo en Paris, bajo los auspicios del presidente Emmanuel Macron; donde las dos partes habían convenido la necesidad de terminar el período transición post guerra civil, y a través de elecciones generales, lograr el surgimientos de un gobierno que preserve la estabilidad del país y pueda unificar las instituciones gubernamentales creadas desde entonces. Todo esto finalmente fue abortado dados los innumerables choques armados que se libran de manera constante en el país.

Nuevas reuniones en Sicilia (Italia) y Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) habían logrado los mismos resultados de París, pero las elecciones y las trapisondas electorales tanto de Trípoli, como de Tobruk han postergado sin fecha las elecciones, por lo que el Mariscal Hafther, ha visto ahora si la oportunidad para autoerigirse como “sucesor” del Coronel Gadaffi y el último jueves cuatro, dio la orden a sus tropas de avanzar hacia Trípoli y tomar la ciudad. El mariscal prometió resguardar la vida de civiles, nacionales y extranjeros y a las “instituciones estatales”. Además de amenazar con acabar con los terroristas y mercenarios, que operan a favor de al-Sarraj y sin especificar otros objetivos e ignorando la reunión a la que había convocado Naciones Unidas entre el 14, y 16 de abril en la ciudad de Ghadames, en el oeste del país.

El líder del Gobierno de la Unión Nacional (GNA), Fayez al-Sarraj, advirtió de la posibilidad de que esta nueva estrategia de Hafther se convierta en una “guerra sin victorias”, y el conflicto vuelva a estancarse por mucho más tiempo.

La nueva ofensiva del ANL, apunta principalmente al- presionar a Sarraj y Naciones Unidas, para concluir un acuerdo que le permita a Haftar convertirse en el comandante del único ejército nacional y hombre fuerte del país.

A poco de conocida la noticia Rusia, Francia, Italia, el Reino Unido, los Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos han solicitado el fin de las operaciones para evitar un nuevo baño de sangre en gran escala. Las potencias occidentales responsables exclusivos de la actual situación de Libia, en un comunicado conjunto han reclamado que: “En este delicado momento de transición en Libia, la postura militar y la amenaza de acciones unilaterales, hacen probable que vuelvan a sumir a Libia en el caos”.
El pasado 28 de febrero la ONU había anunciado un nuevo acuerdo entre los dos bandos, para resolver las fechas electorales mientras el mariscal Haftar terminaba de conquistar el sur del país. En una campaña iniciad en enero, contra los diferentes grupos que operan en Fezzan, un cumulo confuso de organizaciones armadas que puede tanto pertenecer a al-Qaeda, como al Daesh, ser bandas de contrabandistas y traficantes de droga, armas y personas al tiempo que también operan para la insurgencia armada de Sudán, Chad o Níger. (Ver: Libia: Es el petróleo, estúpido).

La campaña del ANL en el sur del país le permitió a Hafther, fundamentalmente terminar de controlar la provincia de Fezzan, y conquistar nada menos que los campos petroleros de al-Fil y el de al-Sharara, el más importante del país, además de acordar con tribus locales, para apoderarse de la ciudad de Sabha, capital de la región. Este golpe a los campos petroleros del sur le permite a Hafther, convertirse en el “dueño” del petróleo libio que representa el 95 por ciento de los ingresos del país ya que en junio del año pasado había concretado el “control total” de lo que se conoce como la “Media Luna Petrolera” en el noroeste del país junto y los puertos de Ras Lanuf y Sidra, por donde la producción petrolera sale hacia los mercados extranjeros.

¿Una guerra o una negociación apurada?

De nada ha servido la visita del Secretario General de la ONU, el portugués Antonio Guterres, quien se reunió en Trípoli con Fayez al-Sarraj y el mariscal Haftar en Benghazi, Guterres declaró al abandonar el país con una: “profunda preocupación”, pero que “Todavía guardaba la esperanza de evitar una sangrienta confrontación en Trípoli y sus alrededores”.

Washington, Londres y París han llamado a imponer sanciones a Hafther si continuaba con su ofensiva, pero el apoyo diplomático y militar del Cairo, Abu Dabi y de manera tangencias de Moscú, han mantenido las ínfulas del Mariscal.

Las tropas de Hafther, que ya se habían apoderado de las ciudades más importantes del país, después de fuertes combates y largos sitios como Benghazi, la segunda ciudad más grande de Libia y capital de la Cirenaica, también tomaron Derna, la primera capital del Daesh en el país, ahora van por Trípoli.
El avance del ENL, ha sido detenido por ataques aéreos en la región de al-Aziziya unos 40 kilómetros al suroeste de Trípoli, al tiempo que las fuerzas pro Trípoli han podido desalojar a los hombre de Hafther del Aeropuerto Internacional, a unos 30 kilómetros al sur de la capital, inactivo desde 2014, que habían sido tomado la noche del viernes 12 de abril.

El jueves 11, los efectivos de Hafther tomaron tres ciudades en las afueras de Trípoli, Gharyan, a unos 90 kilómetros al sur; Surman, 80 kilómetros al oeste; y Aziziya, a 40 kilómetros al suroeste. Los combates en esas ciudades habrían sido de baja intensidad, por lo que se cree que el General Hafther acordó con las autoridades locales para permitir la toma de esos puntos, aunque no pudieron hacerse de un puesto de control a unos 30 kilómetros al oeste de Trípoli, para poder cortar la ruta costera que va hacia Túnez.
La escalada de la violencia en las puertas de Trípoli, por la que ya se han cerrados todas las escuelas, una vez más ha despertado en sus más del millón y medio de habitantes un gran temor y han salido a las calles para abastecerse de insumos básicos. Las colas frente a las estaciones de servicio y supermercados están causadas grandes aglomeraciones, mientras los combates ya se suceden cercanos.

Al caer la noche, del sábado 13, las poderosas milicias pro Trípoli llegadas de Misrata combatían a unos cuarenta kilómetros a las fuerzas de Hafther, se ha sabido que las milicias de Misrata han tomado al menos a unos 150 hombres de ENL junto a una cincuentena de vehículos y poderoso armamento.
Algunos experto insisten que la decisión de Haftar sería un intento de llegar a la conferencia de este mes de abril, en una posición de sumo poder obligando a la-Sarraj a negociar debilitado con su ciudad sitiada y que deba aceptar la constitución de un gobierno de facto con la suma del poder militar y la posibilidad de un gobierno ya unificado, pueda mantener a Haftar en el poder hasta las elecciones generales en las que sin duda se impondría, dada la necesidad del pueblo libio de terminar con la anarquía y consagrar un gobierno de Unidad Nacional.

Los ministros de asuntos exteriores del G7 reunidos en Francia, sin calificar a Haftar como el agresor, han solicitado a todas las partes involucradas a moderar sus acciones y que detengan las acciones militares y el avance hacia Trípoli.

Por su parte el Comando de África de Estados Unidos, (AFRICOM), informó que dada la “mayor inquietud” había reubicado a un contingente no especificado de sus fuerzas sin dar mayores precisiones.
Se cree que Haftar cuenta con una importante fuerza aérea, muy superior a la que podría contra Trípoli, armada por los Emiratos Árabes Unidos. Además de, según Washington unos 300 mercenarios de origen ruso.

La situación es a todas luces muy compleja, por las posibilidades de nuevas matanzas y que el casi millón y medio de refugiados que esperan en los puertos libios para llegar a Europa se desmadren, por lo que sin duda la única hoja de ruta es la incertidumbre.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Lluvia de fuego sobre Somalia

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

“Estos ataques pueden haber violado el derecho internacional humanitario y podrían, en algunos casos, constituir crímenes de guerra”

La política de Donald Trump para la cuestión somalí ha encontrado en el bombardeo sistemático de posiciones presuntamente terrorista, la solución para terminar con la insurgencia tanto de al-Shabaab (al-Qaeda) como del Daesh.
La aviación norteamericana mantiene una frecuencia de ataques sin precedentes, para el conflicto, incrementando las intervenciones aéreas de manera constate año tras año, desde la llegada de Trump a la Casablanca, produciéndole cerca de 500 bajas al grupo terrorista.

Durante el último año de la administración de Barak Obama se realizaron 15 operaciones aéreas, para el primer año del gobierno del rubicundo magnate los bombardeos fueron 31, contra al-Shabaab y cuatro contra posiciones del Daesh, que tiene una presencia mucho menor en el país del Cuerno de África; en 2018 la cifra trepó a 47 bombardeos en total y en los primeros tres meses de 2019, el número ya supera los treinta bombardeos.

A los pocos meses de la asunción del presidente Trump, Somalia fue declarada como “área de activas hostiles”, lo que autoriza a AFRICOM, (Mando África de los Estados Unidos) a realizar ataques contra cualquier persona que se considere miembro del grupo militante al-Shabab, que pueda ser considerada objetivo legal, según cuatro criterios: edad, género, ubicación (si se encuentra en regiones puntuales de Somalia, en que se considera que la población da apoyó a al-Shabab) y su tuviera relación orgánica o inorgánica con esa organización.

Si bien las bajas producidas a los integristas, suelen ser informadas por el AFRICOM, nunca se han dado a conocer, ninguna muerte de civiles ni siquiera de heridos, como resultado de su campaña aérea. Sin embargo, en un informe publicado el pasado martes 19 por Amnistía Internacional detalla la muerte de 14 civiles producida en los últimos dos años, solo en cinco de las 102 operaciones aéreas de los tiempos de Trump, agregando que el verdadero número de bajas civiles es probablemente mucho mayor. Según el mismo informe: “Estos ataques pueden haber violado el derecho internacional humanitario y podrían, en algunos casos, constituir crímenes de guerra”. El informe también señala la falta de coordinación entre el ejército estadounidense y del gobierno somalí para investigar las denuncias sobre la muerte de civiles, no solo en los ataques aéreos y las acciones terrestres de las fuerzas norteamericanos.

Según la denuncia de Amnistía Internacional, se encontraron pruebas claras acerca de que cuatro de las cinco muertes son producto de los ataques aéreos estadounidenses y estima que el quinto caso probablemente también fue su responsabilidad.

La confusa actitud de Washington de profundizar sus operaciones en Somalia, después de haber anunciado su retiro de Siria y Afganistán, ya que en el país africano, la violencia integrista por momentos desbordada, nunca ha alcanzado los niveles de los dos países asiáticos, de donde Trump pretende escapar. Quizás la explicación se encuentre en las declaraciones del general Donald Bolduc, comandante de las Fuerzas de Operaciones Especiales de los Estados Unidos en África desde abril de 2015 hasta junio de 2017, que aclara que la designación de Somalia como “área de actividades hostiles”, cualquier somalí puede ser asesinados por la simple sospecha de estar vinculado aunque sea remotamente con al-Shabaab. Por lo que si lo afirmado por el General Bolduc es correcto, Washington, está ejecutando a hombres solo por cumplir alguno de los cuatro requisitos mencionado (edad, género, ubicación geográfica y posible simpática política)-

Un clara muestra de la arbitrariedad de la norma, surge del informe de Amnistía, que narra la muerte de tres campesinos, un padre y dos hijos, uno de ellos de 13 años, asesinados el 12 de noviembre de 2017, en la región baja de Shabelle, que al sureste de su aldea para realizar tareas rurales los tres campesinos avisaron a su casa que dormirían en el campo y retornarían al día siguiente. Un grupo de aldeanos a la mañana siguiente, encontrarían los tres cuerpos acribillados. Aunque los testimonios de 18 personas coincidieron en que ninguno de los tres era miembro de al-Shabab, la AFRICOM reconocería que había realizado bombardeaos en ese lugar, durante la noche, aunque afirmó que los tres muertos eran miembros de al-Shabab.

Golpe a golpe

Más allá de estar siendo golpeado duramente desde la asunción de Trump al-Shabaab, no da señales de derrota y por lo contrario sigue devolviendo golpe por golpe y sigue teniendo en la mira a la ciudad de Mogadiscio casi como un objetivo simbólico.

La última semana de marzo una serie de ataques explosivos sacudieron diferentes lugares de la capital. El último se produjo el 27 de marzo, en una típica operación de al-Shabaab, un coche-bomba estalló en la calle Maka al-Mukarama una de las más transitadas de Mogadishu donde murieron 15 personas y otras 17 resultaron heridas, tras el estallido frente a uno de los restaurant más concurridos de la capital. Este ataque se produce apenas dos días después de que otro coche bomba matase a un civil e hiriese a otros dos y otro artefacto explosivo matase a un docente universitario en el distrito Hodan en Mogadiscio, donde en octubre de 2017, se produjo el ataque más más letal de al-Shabaab, .en el que murieron 587 personas, hiriendo a 228 y otras 56 fueron declaradas desaparecidas (Ver: Somalia al borde de todo.)

El sábado 23 un ataque suicida contra el complejo de ministerial que incluye el de Trabajo, Obras Públicas y Reconstrucción de Somalia, en el que murieron otras 15 personas, incluido el viceministro de Trabajo, Saqar Ibrahim Abdalla. Tras la explosión varios hombres de al-Shabaab, intentaron la toma del edificio y combatieron contra la guardia militar.

Durante marzo también se produjeron atentados selectivos, dirigidos contra funcionados gubernamentales y empresarios, un importante ingeniero fue asesinado por el estallido de un coche bomba y un alto funcionario del Departamento de Investigación Criminal de la policía también fue ejecutado con otro coche bomba.

El raid de ataques explosivos que terminó el ultimo día 27, había empezado el primero de marzo con un gran atentado contra el hotel Wehliye en la calle Maka al-Mukarama, la misma donde se produjo el ataque del pasado día 27, donde murieron al menos 30 personas.

El grupo terrorista, que en 2011 fue expulsado de la capital, ha logrado conseguir un gran nivel de operatividad, como si los bombardeos norteamericanos y las acciones combinadas de las tropas de la Unión Africana (UA), el ejército somalí y los pelotones de la CIA, que operan de manera secreta en el país africanos, los fortalecieran más que debilitarlos. Al-Shabaab, lenta pero sistemáticamente se ha concentrado en recuperar pequeños pueblos y aldeas en el centro y el sur del país, perdidos tras la llegada de los efectivos de la Unión Africana y el ejército somalí, que debieron abandonarlos por no poder resistir al asedio contantes de los muyahidines.
La banda wahabita, además ataca con frecuencia bases militares, que tras tomarlas en muchos casos secuestra soldados para incorporarlos a sus filas e incautan armamento, vehículos e instrumentales de comunicación.
En apariencia, el escaso daño que los bombardeos norteamericanos le están produciendo a al-Shabaab, solo promete más fuego desde los cielos somalíes.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Mali, un nuevo Vietnam para occidente

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

Si bien históricamente los peuhls y los dogon estuvieron enfrentados por las tierras de cultivo y pastoreo desde la aparición de los grupos fundamentalistas vinculados tanto al al-Qaeda, como al Daesh, en los últimos años esa grieta se profundizó por el trabajo militantes de clérigos wahabitas que han trabajado en las antiguas rivalidades étnicas tanto en Mali, como en Burkina Faso y Níger

Más allá del conflicto que abarca el norte de Mali, entre los diferentes grupos vinculados a al-Qaeda y al Daesh, que desde 2012 obliga a Francia, a los Estados Unidos junto a la MINUSMA (Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí) a desplegar importantes dotaciones de efectivos y recursos para contener la constante ola de atentados y ataques, en la región de Mopti en el centro del país, una guerra con ribetes étnicos agrega más tensión al país africano.

Desde 2015, el número de muertes en choques étnicos ha ido en aumento en el centro del país, donde decenas de personas acusadas de colaborar con las fuerzas de seguridad de Bamako, han sido ejecutadas. Esta desembozada guerra que enfrenta a dos de las principales etnias del país, los peuhls o fulanis, pastores semi nómades, que están siendo perseguidos, por bandas armadas de los Bambara o Dogons, agricultores, la etnia más numerosa de Mali.

Históricamente ambas comunidades han tenido disputas por el acceso al agua y la tierra, aunque por lo general se resolvían sin derramamientos de sangre, pero debido a la perpetua crisis económica y la infiltración de milicianos wahabitas, la tensión ha ido en un constante aumento. La violencia armada en Malí, durante años estuvo concentrada en el norte desértico, pero desde 2015 se ha extendido hacia el sur, motivado por el reclutamiento de muchos peuhls, a organizaciones terroristas.
Fue entonces que el auge del terrorismo fundamentalista, ha provocado que los antiguos conflictos cada año sean más sangrientos. En 2018 la cifra de muertos por estos choques superó los quinientos. En su mayoría peuhls a manos del grupo conocido como Dan Na Ambassagou (los cazadores que confían en Dios), como se conoce a los cazadores Dogons, mientras que cerca de 10 mil peuhls, han debido abandonar sus territorios y sus manadas de vacas, cabras y ovejas, lo que ha generado una nueva alza en los niveles de pobreza y desnutrición. Los Dogon acusan a los peuhls de apoyar a estos wahabitas, al tiempo que los Peuhls acusan a los dogones de apoyar al ejército maliense en su lucha contra el terrorismo.
El último sábado 23 de marzo, al menos 135 peuhsl, han muerto tras el ataque de varios hombres armados, en la localidad de Ogossagou, cerca de la ciudad de Bankass. Lo que se convierte en el ataque más letal en el país desde las revueltas de 2012.

Según los sobrevivientes los atacantes aparecieron en su aldea cerca de las cuatro de la mañana, vestidos a la usanza de los Dogons, con fusiles y machetes dando comienzo a la matanza y la destrucción total de la aldea en la región de Mopti. También se confirmó un ataque similar contra la aldea de Wilingara, sin que se conociera el número de víctimas.

Según distintas fuentes señalan que la matanza, se habría producido en venganza por el ataque perpetrado el domingo 17 por el Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin (Grupo Apoyo al Islam y los musulmanes), filial de al-Qaeda en el Sahel, que asaltó la base militar de Diouram, cercana a Mopti, ataque que dejó 23 efectivos del ejército muertos.

El ataque contra la aldea Ogossagou, es un calco del producido el primero de enero de este año cuando hombres de Dan Na Ambassagou atacaron la aldea peuhl de Koulogon en la región de Mopti asesinado a 37 miembros de la etnia.

Se conoció en horas del domingo, tras una reunión de emergencia convocada por el presidente Ibrahim Boubacar Keita, se ordenó la baja de tres altos jefes militares que se creen serian que el jefe del Estado Mayor, M’Bemba Moussa Keita, y los jefes del Ejército y la Fuerza Aérea, además de la inmediata disolución de la milicia Dan Na Ambassagou, responsables de la matanza.

Según un informe de la oficina de la ONU para la infancia (UNICEF) “los niños están pagando un pesado precio por la intensificación de la violencia” y que “la creciente inseguridad desde 2017 ha dejado como consecuencia un aumento en el número de asesinatos y en el reclutamiento de niños”, por las diferentes milicias que operan en el país.

De la guerra por la tierra a la guerra por Dios

Si bien históricamente los peuhls y los dogon estuvieron enfrentados por las tierras de cultivo y pastoreo desde la aparición de los grupos fundamentalistas vinculados tanto al al-Qaeda, como al Daesh, en los últimos años esa grieta se profundizó por el trabajo militantes de clérigos wahabitas que han trabajado en las antiguas rivalidades étnicas tanto en Mali, como en Burkina Faso y Níger, para conseguir que en vastas extensiones de esos países se conviertan literalmente en ingobernables, para expandir su dominio y lograr el reclutamiento de miles de jóvenes que sin otro destino solo les queda optar por el exilio económico o la guerra “santa”.

En diciembre pasado, un informe de Human Rights Watch advirtió que “los asesinatos de civiles por parte de milicianos en el centro y el norte de Malí están fuera de control”. Y que es el grupo Dan Na Ambassagou los responsables de la mayoría de esas matanzas, por lo que HRW, reclamó a Bamako que detenga las acciones de sus aliados.

Al tiempo que en barrios como Dialakorobougou, a las afueras de Bamako, están llegando familias enteras de peuhls procedentes de la región de Mopti, en búsqueda de refugio huyendo de la violencia de los Dogons y sus cazadores cómplices del Ejército, mientras que en, Mamadou, Togo, el jefe de la milicia Dogon, denuncia a los peuhl como terroristas por lo que reclama el derecho de su tribu a defenderse.

Para agregar más frentes a esta guerra de múltiples contendientes en mayo del año pasado los peuhl crearon r un grupo de autodefensa llamado Alliance pour le Salut au Sahel (Alianza para la Salvación del Sahel, ASS), que en pie de guerra desafía a los Dan Na Ambassagou en las áreas de Douentza, Bandiagara, Koro y Djenné.
En el marco de la violencia que vive el país a lo largo de 2018, se descubrieron al menos 50 cadáveres de miembros de la tribu peuhl enterrados en fosas comunes, asesinados tras el paso de unidades del Ejército, en ejecución extrajudicial por parte de soldados del ejército malí integrados en la unidad militar del G5 Sahel, una fuerzas militar constituida por tropas de los ejércitos de Mali, juntos a los de Burkina Faso, Chad, Mauritania y Níger.

Si bien es cierto que muchos miembros de la etnia Peuhl, se han involucrado con organizaciones terroristas, en esos grupos también hombres dogon, bambaras, tuaregs y songhays.

Muchos de los peuhl que adhirieron al extremismo religioso, lo hicieron siguiendo los pasos de Amadou Kouffa, el imam de Mopti, líder del Frente de Liberación de Macina, uno de los grupos integrados a Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin, creado en marzo de 2017 junto a al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar Dine, el Movimiento Unicidad para la Yihad en el África Occidental (MUJAO) y al-Mourabitoun.

La crítica situación de Mali, tiende a agravarse, a pesar de la presencia de los 4500 militares franceses de la operación Barkhane, el número no revelado de tropa norteamericana que opera junto a la frontera con Níger, además de la MINUSMA y los hombres del G5 Sahel, no pueden contener las acciones terroristas que sin duda con la llegada de nuevos militantes provenientes de Libia, Egipto y tras la definitiva derrota del Daesh en Siria, convierten a Mali, en un nuevo Vietnam para occidente.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Argelia: El otoño del patriarca

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

Argelia por sus dimensiones, su posición geográfica, su presencia política en el continente, su trágica historia reciente y ser un gran productor de hidrocarburos, es un país demasiado importante para permitirse el “lujo” de una deriva demasiado prolongada

Cada vez aparece cada vez más confusa la situación interna de Argelia, según algunas fuentes dicen que finalmente jaqueado por las protestas populares y el desgarramiento de sus bases de sustentación, fundamentalmente el ejército, el presidente Abdelaziz Bouteflika presentó su renuncia, después de 20 años en el cargo, aunque el asesor presidencial Ali Bou Ghazi, definió como dudosa la renuncia de su jefe.

Así todo la versión sobre la dimisión presidencial se habría producidos a las pocas horas de que el jefe del Estado Mayor, y viceministro de Defensa, el general Ahmed Gaid Salah, pidiera la salida inmediata de Bouteflika, que hasta hace pocas semanas aspiraba a un quinto mandato, a pesar de un estado de salud extremadamente delicado desde 2013, por lo que se sospecha que en realidad el país esta siendo gobernado por una camarilla capitaneada por el hermano menor del presidente Said. El general Salah, hasta hace pocas semanas un gran aliado del presidente, hizo conocer el comunicado donde se solicitaba la renuncia tras una reunión en la sede del Estado Mayor con los altos mandos del Ejército y sin darle la oportunidad al presidente de llegar al 28 de abril, fecha en que había prometido dimitir.

El derrumbe de Abdelaziz Bouteflika, termina con una carrera política de 60 años, que se inició en el fragor de la lucha contra Francia. Tras la victoria del Frente de Liberación Nacional (FLN) en 1962, fue elegido como ministro de Juventud, Deportes y Turismo, para más tarde asumir como Ministro de Relaciones Exteriores, convirtiéndose en el jefe de la diplomacia argelina más joven de la historia, cargo que renovó en seis oportunidades. En 1965 junto al Ministro de Defensa el coronel Houari Boumediene, encabezó el derrocamiento de Ahmed Ben Bella, el padre de la revolución argelina, tras la muerte de Boumediene, en 1978, Bouteflika fue uno de los presidenciables aunque el cargo finalmente quedó en Chadli Beyedid, quien lo designó Ministro Consejero. Acusado de desviar fondos de su ministerio a diferentes cuentas bancarias de Suiza Bouteflika, para no ir preso, en 1981 partió hacia el exilio, en Suiza, Francia y los Emiratos Árabes Unidos que terminó en 1987. En1999 fue elegido con el 74% como presidente con el apoyo de un sector de las Fuerzas Armadas, del FNL y del Movimiento integrista moderado En-Nadha (Renacimiento).

Tras la década de guerra civil, en la que se produjeron 200 mil muertos, Bouteflika puso a prueba sus dotes de negociador llegando a un acuerdo con los líderes islamistas de la insurgencia, la sociedad laica y los militares logrando controlar durante las dos décadas siguientes los resabios de la guerra civil, sin grandes contratiempos e incluso sortear la trágica Primavera Árabe, que arrastró a varios de sus colegas regionales. (Ver: La demorada primavera argelina.)

Durante la guerra de liberación (1954-1962) en que el Frente Nacional de Liberación (FNL) logra derrotar a Francia, en la que Argelia perdería cerca de medio millón de ciudadanos, Bouteflika comandó el frente del sur en la frontera con Malí y en 1961 entraría clandestinamente a Francia para contactar a los líderes revolucionarios allí.

Ya como Ministro de Relaciones Exteriores, fue una voz potente en el movimiento de los países del Tercer Mundo y los No Alineados, enfrentando al mismísimo Henry Kissinger, en los momentos más críticos de la Guerra Fría, participando activamente en Naciones Unidas, donde presidió la Asamblea General en 1974.
También en 1975, tuvo a cargo las negociaciones con Ilich Ramírez Sánchez (Carlos) líder del comando pro palestino Brazo de la Revolución Árabe, para la liberación de los ministros de la OPEP, (La Organización de Países Exportadores de Petróleo) tomados de rehenes en el asalto a la sede de la organización en Viena, que habían sido llevados a Argel. Tras los ataques del 11 de septiembre, Bouteflika, se convirtió en un firme colaborador de los Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo, intercambiando información de inteligencia y cooperación militar.
La vasta experiencia política de Bouteflika, lo llevó a realizar una última jugada, ya al borde de la dimisión, el domingo por la noche, el presidente armó un nuevo gobierno, intentando mantener el control más allá del fin de su mandato anunciado que había tomado “decisiones importantes” antes de renunciar. Lo que fue tomado por los diferentes grupos surgidos en las protestas como una amenaza dada la capacidad gatopardista del anciano presidente.

Un muy estrecho desfiladero

Argelia por sus dimensiones, su posición geográfica, su presencia política en el continente, su trágica historia reciente y ser un gran productor de hidrocarburos, es un país demasiado importante para permitirse el “lujo” de una deriva demasiado prolongada, por lo que su ordenamiento institucional, por lo que prácticamente ya ha sido puesto en marcha, de todos modos la situación es sumamente delicada y hay muchos intereses afectados. Tras la salida de Bouteflika, son muchos los casilleros que algunos finalmente avanzan, mientras otros quedan definitivamente fuera del juego. En la última marcha contra el presidente más de 20 millones de argelinos salieron a las calles de todas las ciudades y pueblos de país, demasiada gente para transitar por un muy estrecho desfiladero.

El gabinete que Bouteflika designó el último domingo quizás pueda mantenerse durante algunos meses en el poder, siempre y cuando la opinión pública y los líderes de emergidos de las protestas que se iniciaron a fines de febrero, no pretendan hacer tabla rasa y comenzar de foja cero, una vez más.

Para dirigir la transición también sonó el nombre del ex presidente Lamine Zerwal, (1994 y 1999) ya que el ejército no estaba de acuerdo con que, según la constitución, sea el presidente del Senado, Abdel Qader Ben Salah, un aliado de Bouteflika, quién temporalmente se haga cargo del ejecutivo.

Según las últimas informaciones la transición estaría a cargo del ex ministro de Interior Nouredin Bedaui, confirmado este lunes como jefe del Gobierno de transición, y mientras que como Jefe de Ejército, continuaría el general Ahmed Gaïd Salah, quien emerge como el nuevo hombre fuerte del país, que algunos ya comparan con el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi.

Por su parte Abdallah Jaballah, el jefe del Partido Islamista de Justicia y Desarrollo, vinculado a los Hermanos Musulmanes (HM) cuyos seguidores han sido grandes protagonistas de las manifestaciones de febrero y marzo, ha rechazado el plan interino del ejército, al que calificó como de “nulo e inválido”, lo que podría provocar un escenario demasiado parecido al de 1991, en que el Frente Islámico de Salvación (FIS), se habían impuesto en las elecciones parlamentarias del año anterior, lo que provocó la nulidad de las elecciones por parte del Ejercito, decisión que terminó envolviendo al país en una década de terror y muerte.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Somalia: La hoguera eterna

Guadi Calvo*. LQS. Abril 2019

Se sabe que en el asalto contra los muyahidines atrincherados en el Maka al-Mukarramah, participó el Grupo Alfa, un cuerpo de elite somalí entrenado en Estados Unidos

El último jueves de febrero, militantes del grupo integrista al-Shabaab, tras el estallido de un coche bomba, frente al hotel Maka al- Mukarramah, en una de las calles más comerciales de Mogadiscio, tomó el hotel y un edificio aledaño con un número indeterminado de combatientes, donde resintieron hasta el viernes a la tarde, al asedio de las fuerzas de seguridad. Los combates fueron particularmente cruentos en las horas de la noche en que según testigos, se habría escuchado disparos de artillería y otras armas pesadas, mientras los takfiristas respondían con granadas y fuego de sus fusiles Kalashnikov o AK-47.

Solo con el estallido del coche bomba habrían muerto 18 de civiles que ocupaban varios cafés cercanos sobre la Maka al-Mukarramah road, según lo pudo confirmar el periodista Mohamed Moalimu, quien se encontraba allí en el momento de iniciarse el ataque. El hotel fue elegido ya que es frecuentado por funcionarios del gobierno y oficiales de servicios de seguridad.

Se sabe que en el asalto contra los muyahidines atrincherados en el Maka al-Mukarramah, participó el Grupo Alfa, un cuerpo de elite somalí entrenado en Estados Unidos, y que esa fuerza fue rechazado tres veces por los insurgentes antes de poder penetrar en el hotel.

Los primeros números oficiales habla de entre 35 y 40 muertos y más de 100 heridos, sin distinguir entre atacantes, hombres de seguridad y civiles. El hecho remite de inmediato al ataque más resiente de estas características de al-Shabaab contra el complejo hotelero DusitD2 en Nairobi, capital de Kenia, el pasado 15 de enero que se saldó finalmente con 21 muertos entre civiles y atacantes (Ver Kenia: El espanto otra vez en Nairobi.)
Esta no es la primera vez que al-Shabaab, realiza ataques contra objetivo civiles, siendo los hoteles los blancos preferidos donde con las mismas características ha atacado por lo menos media docena de veces. El más letal de sus atentados se produjo el 14 de octubre de 2017, que dejó más de 500 muertos, en pleno centro de Mogadiscio.

Estados Unidos, desde la asunción de Donald Trump, retornó a Somalia incrementado desde entonces sus ataques año tras año, llegando en 2018 a 50 bombardeos contra objetivos del grupo extremista, y en lo que va de este ya ha alcanzado los 25 ataques, que no han logrado, a pesar de haberles ocasionado importantes pérdidas materiales y humanas, reducir la capacidad militar de los fundamentalistas. El mismo jueves en que se producía el ataque contra el Maka al-Mukarramah, en Forsooley, en la región de Baja Shabelle, en el sur del país diferentes ataques norteamericanos dejaron 55 combatientes de al-Shabaab, muertos.

El lunes 25 de febrero hombres armados habían asesinado a ocho trabajadores que se encontraban limpiado una ruta de la carretera Hawa-Abdi a unos 20 kilómetros de Mogadiscio, mientras otros seis resultaron heridos. Si bien el ataque no fue revindicado por al-Shabab, la organización integrista ha declarado una guerra sin cuartel contra todos aquellos que de una u otra manera colaboren con el gobierno del presidente Mohamed Abdullahi Farmaajo.

Este último lunes, hombres de las fuerzas de seguridad arrestaron a tres jóvenes pertenecientes a al-Shabaab que estarían vinculados a una serie de asesinatos selectivos contra varios funcionarios y delegados que participaron en las elecciones de 2016-17 en Mogadiscio y sus alrededores a lo largo de estos últimos dos años. Según la policía, dos de los hombres estaban listos para asesinar a una mujer que había participado en las últimas elecciones y en la actualidad trabajaba en el mercado de khat (una hoja alucinógena de gran consumo en el Cuerno de África y Yemen) en el distrito de Hodan, mientras que el tercero de los detenidos era el encargado de la distribución del armamento utilizado en ese tipo de acciones.

Los “jóvenes” se afianzan en Kenia

El grupo Harakat al-šabāb a-muŷahidīn (Movimiento de Jóvenes Muyahidines), también conocido como al-Shabab, fundado en 2006 y que en 2012 hizo su juramento de lealtad o bayat a al-Qaeda, está viviendo un gran momento de expansión en Kenia. El país donde la banda de origen somalí ha protagonizado sangrientas acciones.

En septiembre de 2013 al-Shabaab tomó el Centro Comercial de Westgate de Nairobi provocando más de 70 muertos. En abril de 2015, miembros de la banda salafista asaltaron la Universidad de Garissa al este de Nairobi, dejando otros 170 muertos, en lo que se considera el mayor atentado terrorista de la historia de Kenia, (Ver: Un déjà vu somalí), a lo que hay que sumarle el ataque de 2014 contra el centro turístico de Mpeketoni, al sureste del país, sobre el Indicó donde fueron asesinados 50 turistas (Ver Somalia: A la sombra del olvido.) y por último la ya citada masacre de enero pasado.

Según los investigadores keniatas, los sospechosos del ataque contra el centro hotelero DusitD2 de Nairobi en el pasado enero, pertenecerían a una nueva generación de muyahidines kenianos. La policía está en procura de dar con Ali Salim Gichunge, el presunto autor intelectual del ataque de enero que fue tomado por las cámaras de seguridad del propio hotel y su esposa Violet Kemunto Omwoyo, una cristiana convertida al Islam, de 21 o 22 años originaria de Kisii en el oeste de Kenia.

Sobre Gichunge, de unos 26 años, que era originario del condado de Isiolo en el centro de Kenia, hijo de un militar y perteneciente a la etnia Kikuyu la más numerosa del país. Quien fue entrenado en Somalia, existen versiones encontradas ya que en realidad nada concreto se sabe acerca de su suerte desde el ataque de enero, ya que algunas fuentes lo dan por muerto el mismo día 14, otras como prisionero, mientras también existen versiones que ya habría cruzado la frontera y estaría refugiado en Somalia.

A diferencia de los ataques anteriores que en los que había existido organización y participación somalí, en el caso del caso del DusitD2 se señala como de planificación local, en los que se incluye a varios cristianos conversos. De los cinco atacantes del DusitD2 que murieron durante el ataque, se sabe que tres de ellos pertenecían a la comunidad étnica somalí de Kenia, otro a la región costera y el quinto todavía no ha sido identificado.
Según las fuentes policiales, las armas que utilizaron fueron transportadas desde Somalia a través del condado de Lamu, donde el grupo islamista ha tenido una fuerte presencia en la región boscosa de Boni.

El reclutamiento de nuevos militantes, dado la gran vigilancia habría cambiado de las grandes ciudades como Nairobi o Mombasa a áreas menos controladas como el Valle del Rift y el oeste del país. El informe de la inteligencia keniata marca un reclutamiento creciente de cristianos conversos, debido a la concesión de becas para Estudios Islámicos, tanto para hombres como para niñas y mujeres jóvenes.

Desde 2008 funciona la rama keniana de al-Shabaab, conocida como al-Hijra, quien ha reclutado militantes en Kenia, a quienes los transportó a Somalia para darles instrucción militar e incorpóralos a sus filas para operar tanto en Somalia como en Kenia, lo que sin duda predice que la hoguera eterna de la violencia en el Cuerno de África, lejos está de apagarse y al parecer se expandirá todavía mucho más.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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La demorada primavera argelina

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2019

Dado el estado físico de Bouteflika, y sus permanentes internaciones en el exterior por sus problemas de salud, nadie sabe con certeza quien gobierna verdaderamente el país, más extenso de África, uno de los más grandes exportadores de petróleo y gas del continente, con grandes nichos de corrupción en los colosales gastos en obras públicas

Desde el 22 de febrero, en que comenzaron las multitudinarias manifestaciones en protesta tras el anuncio del presidente Abdulaziz Bouteflika, de postularse para las elecciones del próximo 18 de abril, lo que le significaría un quinto mandato consecutivo, esas marchar no han dejado de crecer y vigorizarse convirtiéndose en las más importantes desde los años de la lucha por la liberación.

Estos movimientos obligaron a Bouteflika, a retirar su candidatura, el 11 de marzo, pero en una nueva jugada por continuar en el poder, anunció la postergación del comicio, sin una fecha cierta, permaneciendo en el cargo hasta que se adopte una nueva constitución y el nuevo presidente sea elegido, por lo que su mandato, que expira el 28 de abril, podría extenderse hasta 2020. La declaración exacerbó los ánimos y agravó las protestas. Por lo que la marcha del viernes 15, la cuarta consecutiva, fue todavía más importante.

Si bien no se han producido desbordes de importancia, de mantenerse la situación podría agravarse, hasta ahora han sido extremadamente ordenadas y pacíficas, compuestas fundamentalmente sectores medios, colectivos de jóvenes (el 70% es menor de 30 años y cuyas tasas de desocupación alcanzan el 15 %.), mujeres, estudiantes, profesores, comerciantes e incluso familias. Los sectores populares y los obreros aunque han estado presentes, se diluye su presencia dado que la UGT, la central obrera argelina la UGTA, a través de su Secretario General Sidi Said, que ha estado siempre demasiado cerca de Bouteflika, ha impedido la participación de los sindicatos.

Las manifestaciones que no solo se dan en la capital Argel y en las principales ciudades del país como Béjaïa, Orán, Batna, Tizi Ouzou, sino que también están replicando en innumerables pueblos y aldeas del interior profundo argelino, de continuarse eclosionaran en mayo, cuando dé comienzo el Ramadán el festejo más importante de la comunidad islámica en todo el mundo.

Mientras tanto ya es palpable que la elite económica y política del país, conocida como le pouvoir (el poder) ha dado las primeras señales de su distanciamientos del presidente, dejando caer a uno de los suyos el impopular Primer Ministro, Ahmed Ouyahia, cuya destitución no ha logrado el efecto deseado por el gobierno.

Los manifestantes, que ya se conocen como el Movimiento 22 de Febrero, han comenzado a buscar como representarse políticamente, al tiempo que la dirigencia del Frente Nacional de Liberación (FNL), ha iniciado un proceso de alejamiento de su líder, al igual que el omnipresente Ejército Argelino, que históricamente ha ocupado un papel de central en las sombras, también se ha distanciado de Bouteflika y ha optado por el silencio y mantenerse aislado en sus cuarteles. Desde que se inició la crisis, no hubo mayores expresiones del ejército aunque se supo que el Jefe de Estado Mayor Gaïd Salah, un aliado histórico del presidente Bouteflika, en ese cargo desde 2004, participó de una reunión con diferentes mandos del ejército, jefes de inteligencia y comandantes de varias regiones militares. Por lo que los expertos creen que de profundizarse la crisis las fuerzas armadas podrían decidir hacerse cargo de la situación para reconstruir la “democracia” y no perder sus privilegios.

El presidente Bouteflika, que gobierna el país desde 1999, con 82 años y un pésimo estado de salud desde 2013, año en que sufrió un derrame cerebral, por lo que desde entonces sus apariciones públicas han sido escasas, al igual que sus comunicaciones. Las últimas imágenes del presidente que su equipo de propaganda ha distribuido, según explica el comunicado son a su vuelta de la internación en Ginebra, Suiza, el último 10 de marzo. La prensa argelina insiste que esas imágenes fueron obtenidas en 2017 a la vuelta de un viaje anterior y no hay imágenes actuales del presidente.

Dado el estado físico de Bouteflika, y sus permanentes internaciones en el exterior por sus problemas de salud, nadie sabe con certeza quien gobierna verdaderamente el país, más extenso de África, uno de los más grandes exportadores de petróleo y gas del continente, con grandes nichos de corrupción en los colosales gastos en obras públicas autopistas, centrales eléctricas, puertos y aeropuertos, edificios públicos, que generaron cientos de millones de dólares de sobornos, comprobados en la justicia a, pero sin ningún condenado. Para muchos el verdadero gobernante, junto a una camarilla de ministros y funcionarios es su hermano Said de 61 años, mientras que Abdulaziz, desde su llegada al país estaría internado en una clínica en Zeralda, a unos veinte kilómetros de Argel, con todos los poderes constitucionales, aunque sin las condiciones físicas de ejercerlos.

Más allá del “renunciamiento” de Bouteflika, muchos analistas duda si el hecho de postergar las elecciones no es una manera de ganar tiempo por parte del gobierno, para reforzar el sistema represivo, borrar las huellas de la corrupción antes de que Bouteflika y su camarilla gobernante tengan que dejar el palacio de El Mouradia, la sede del gobierno argelino.

Bouteflika, un experimentado dirigente del FNL, movimiento que llevó la responsabilidad de la guerra anticolonialista contra Francia de los años 1954 y 1962, emerge como presidente tras la guerra civil que se extendió desde 1991 a 2002, y que dejó entre 150 y 200 mil muertos, supo sortear la Primavera Árabe, de 2011, que se llevó los gobiernos vecinos de la Túnez de Zayn Ben Ali, la Libia de Mohamed Gadaffi, el Egipto Hosni Mubarak y el Yemen de Ali Abdalá Saléh, supo sortear la crisis dando préstamos a bajo interés, puestos de trabajo y viviendas, para los sectores más jóvenes y postergados de la sociedad. Aunque en la actualidad los 42 millones argelinos están sufriendo las consecuencias de la decadencia de su presidente.

Derechos robados

En enero de 1992, el Frente de Salvación Islámico (FIS) ganó con más de un 55 % de los votos, las primeras elecciones parlamentarias libres, que se realizaron en el país, el doble de lo que obtuvo el FLN, entonces gobernante lo que obligó al presidente Chadli Bendjedid, en el cargo desde 1979 a disolver el parlamento y renunciar.

De inmediato los militares unge a Mohamed Boudiaf, un miembro fundador del FLN, como jefe de estado, quien será asesinado en junio de 1992, mientras pronuncia un discurso, por uno de sus propios guardaespaldas, militante wahabita, lo que finalmente aceleraría la guerra civil entre el ejército y los fundamentalistas, que se prolongaría durante una década y dejaría entre 150 y 200 mil muertos, más de 20 mil desaparecidos y 1.500 mil desplazados.

Los militares crearon milicias como la Organización de Jóvenes Argelinos Libres (OJAL) o la Organización para la Salvaguardia de la República de Argelia (OSRA) que operaron como escuadrones de la muerte, sembrando el terror entre la población civil. Mientras que los radicales organizaron un sin número de grupos armados sin mando unificado como el Mouvement pour un État Islamique (MEI), Groupe Islamique Armé (GIA), Front Islamique du Djihad Armé (FIDA), la Armée Islamique du Salut (AIS), Ligue Islamique pour le Da’wa et le Djihad (LIDD), Groupe Salafiste pour la Prédication et le Combat (GSPC) y Houmat Al-Da’wa al-Salafiyya (HDS), algunos de ellos han sobrevivo hasta hoy como el GIA y GSPC con intensa actividad en la región del Sahara y el Sahel fundamentalmente.

Bouteflika, sería fundamental en sacar al país de las consecuencias de la Guerra Civil, incluso la sociedad hartada de la guerra toleró la mano dura como a camino a la pacificación. El presidente pactó con los líderes del Frente de Salvación Islámico (FIS) en un acuerdo que se conoce como de la “Reconciliación Nacional”, que otorgaba una amnistía a los islamistas, autorizándolos a reintegrase a la vida civil, pero si poder hacer política. ‎
El pacto con el FIS, ha sido utilizado por Bouteflika como un fantasma para ‎amedrantar cualquier movimiento que se le opusiera, en una opción que se plantea como Bouteflika o wahabismo. ‎Madani Mezrag, uno de los más importantes dirigentes del Ejército Islámico de Salvación (EIS), el brazo armado del FIS, declaró que el presidente Bouteflika lo autorizó, en un ‎acuerdo personal, a realizar actividades políticas, más allá de que su organización no sea reconocida como partido político y asegura que “las leyes no le importan mientras exista su acuerdo con el presidente ‎Bouteflika”, justificándose en que ese acuerdo está por encima de la Ley de Reconciliación Nacional. ‎

Mezrag ha declarado que no se arrepiente de haber recurrido a las armas durante los “años negros” porque su ‎partido fue víctima y que luchaba para “defender derechos robado”, recalcando que ‎está dispuesto a hacerlo nuevamente si se impide que el FIS, regrese a la vida política. ‎
Si bien el extremismo wahabita en todos estos años ha tenido pocas acciones en Argelia, mucho de los más importantes líderes de esas organizaciones que actúan en África son de nacionalidad argelina, surgidos de los combates en Afganistán y la guerra civil.

El hecho más importante del fundamentalismo argelino desde el fin de la guerra se provocó en enero de 2013, cuando el grupo al-Mourabitoun (los enmascarados) liderado por el argelino veterano de la guerra afgana, Mokhtar Belmokhtar, tomaron la planta de gas In-Amenas donde capturaron 800 rehenes, para desalojarla debieron intervenir tropas argelinas, francesas, británicas y norteamericanas, provocando la ejecución de 37 rehenes.

Dada la actual situación, Bouteflika, tenga pocos recursos para mantenerse en el poder por los que pueda que encuentre en el islamismo radical, sus más inesperados aliados y su última opción, para evitar su propia Primavera Árabe.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Chad: El desamparo de los parias

Guadi Calvo*. LQS. Marzo 2019

En la primera semana de febrero aviones Mirage 2000 con asiento en N’Djamena, de la operación Barkhane bombardearon, una importante columna de vehículos de rebeldes chadianos pertenecientes a la Unión de Fuerzas de Resistencia

Las consecuencias de la guerra de occidente contra Libia, el martirio del Coronel Gadaffi y la devastación absoluta del país, han provocado, en un efecto domino, repercusiones sangrientas en varias naciones de la región. El aluvión de armamento enviado desde los estados que se beneficiaron de la entente contra la Yamahiriya, fundamentalmente Estados Unidos, Reino Unido y Francia, ha puesto esas armas a disposición de las más variopintas causas que la presencia del Coronel, había contenido durante décadas, particularmente el fundamentalismo wahabita alentado por Arabia Saudita, sus socios Osama Bin Laden y los Hermanos Musulmanes.

En una de las tantas campañas periodísticas contra el Coronel Gadaffi, se instaló la leyenda que todas las armas que pulula en esas regiones son el resultado del saqueos de los ubérrimos e inagotables arsenales del Coronel, que alcanza para abastecer no solo a las organizaciones integristas que con la cobertura de al-Qaeda, en un inicio, y más tarde del Daesh, abrieron sucursales prácticamente en cada uno de los países del Sahel. Además de esos arsenales se han servido multitudes de bandas criminales de la más diversas especialidades y organizaciones de combatientes de causas largamente postergadas, como por ejemplo sucedió con el levantamiento tuareg de 2012 en el norte de Mali, en reclamo de Azawad, su ancestral territorio, o las reivindicaciones que exigen las diferentes tribus del norte de Chad y este de Níger, las que están siendo masacradas por sus gobiernos centrales que cuenta con la “inestimable” colaboración de Francia, cuya presencia en sus antiguas colonias a casi sesenta años de haberlas abandonado, en vez de atenuarse, se han incentivado gracias al descubrimiento de ricos yacimientos de oro, diamantes, petróleo y fundamentalmente uranio, que esas naciones empobrecidas por el expolio europeo de siglos, guardaban en sus subsuelos.

Si bien la falta de Estado en Libia ha provocado el caos en todo el país, donde más se ha notado la anarquía, es en la sureña provincia de Fezzan y en el sur de la Cirenaica, regiones que han utilizado, además de las bandas criminales, combatientes del norte de Chad, este de Níger y oeste de Sudán, para reagruparse, obtener recursos para volver a sus países a seguir combatiendo, contra sus gobiernos.
Innumerables grupos rebeldes desde los años noventa han combatido contra la dictadura de Idriss Déby, incluso en el año 2000 con la ayuda del dictador sudanés Omar al-Bashir, estuvieron a punto de derrocarlo. Hoy diferentes organizaciones como el Frente para la Alternancia y la Concordia en Chad (FACT), el Consejo de Mando Militar para la Salvación de la República (CCMSR), la Unión de Fuerzas para la Democracia y el Desarrollo (UFDD) y la Unión de Fuerzas de Resistencia (UFR), lo siguen intentado. Estos grupos están fracturados internamente por la diversidad de etnias y las ambiciones personales de sus líderes, intentaron regresar al Chad.

Instaladas en el sur de Libia, tras ser expulsadas de Darfur al oeste de Sudán por el ejército al-Bashir en 2010. Esas milicias transfronterizas se abastecen de armamento y fondos, sus combatientes se conchaban temporalmente en las diferentes organizaciones criminales que operan en Libia, dedicadas fundamentalmente al tráfico de drogas y personas o en alguna de las distintas facciones del conflicto interno libio.

A pesar de que el Chad, con 15 millones de habitantes, ocupa el puesto 73 de 78 países en el Índice Global de Hambre y el puesto 184 de 187 países en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), su ejército es uno de los más poderosos de la región, al punto que es utilizado por Francia, como asistente de la operación Barkhane, que el Eliseo ordenó desde el levantamiento Tuareg de 2012 y la posterior invasión de los grupos wahabitas, que no solo se extendió al norte de Mali, sino también a Níger, Chad, Burkina Faso y Mauritania.

El autócrata Idriss Déby, presidente de Chad desde 1990, enmascarado en una democracia de reelección permanente, en un claro guiño a occidente y a pesar de que el 55 por ciento de su población, es musulmana acaba de reponer vínculos con el estado genocida de Israel, rotos desde 1972.
Déby, en un abierto desafío a la Causa Palestina, se reunió en noviembre último, en al-Quds (Jerusalén) el tercer lugar sagrado del Islam, con Benjamín Netanyahu con quien firmó importantes acuerdos de asistencia fundamentalmente militar. El 20 de enero pasado Netanyahu, retribuyó la visita y llegó a N’Djamena, donde fueron refrendados esos acuerdos, por los que el estado sionista, abastecerá de importante equipamiento militar, además de instrumentos de geo localización y dará entrenamiento a los servicios de inteligencia chadianos. Israel espera establecer relaciones también con Mali y Níger, ya que está intentado conseguir una silla de observador dentro de la Unión Africana (UA), con el fin de quebrar la histórica alineación del continente a favor del Estado Palestino.

Idriss Déby, trata de curarse en salud frente a la alta inestabilidad que sufre el país tras la debacle libia. Chad no solo tiene conflictos en su frontera norte con Libia, sino también con la llegada desde el este, de milicianos de Darfur (Sudán) en un largo conflicto con Omar al-Bashir, el dictador sudanés y miembros de diferentes organizaciones fundamentalistas como Daesh del Gran Sahara y el Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin (Frente de Apoyo para el Islam y los Musulmanes), que responde a al-Qaeda y por el sur oeste con los nigerianos de Boko Haram (Daesh), que ha obligado a desplazarse al Chad a 600 mil refugiados nigerianos por sus acciones, los cerca de 40 mil mineros sudanés, que ingresaron ilegalmente al país para explotar los yacimientos de oro en la región de Tibesti y el recalentamiento de la guerra en la República Centroafricana, cuya frontera de 1200 kilómetros, Déby ya no puede controlar y el despliegue de su ejército en ella cada vez le requiere más hombres.

Déby, un baluarte francés

En la primera semana de febrero aviones Mirage 2000 con asiento en N’Djamena, de la operación Barkhane bombardearon, una importante columna de vehículos de rebeldes chadianos pertenecientes a la Unión de Fuerzas de Resistencia (UFR), con base en Libia, que intentaban penetra al Chad para llegar a N’Djamena, con intenciones de derrocar al presidente Déby, y establecer un gobierno transición que reúna a las múltiples fuerzas política y militares del país. En Libia la UFR, combatió junto las milicias de Misrata y las brigadas de defensa de Bengassi, ambos grupos enemigos de Haftar, en la guerra civil, que desangra a ese país desde 2011.

El proyecto la operación de alcanzar la capital chadiana y derrocar a Déby finalmente fue frustrado gracias a la intervención francesa, por la que según un comunicado del 9 de febrero del ejército de Chad, se pudieron detener a unos 250 milicianos, junto a cuatro de sus principales líderes, al tiempo que les fueron incautadas gran cantidad de armas y más de cuarenta de sus vehículos fueron destruidos.
El Ministro de Relaciones Exteriores francés Jean-Yves Le Drian, se justificó ante la Asamblea Nacional de Francia el 12 de febrero, justificando la intervención aérea se ordenó “para evitar un golpe”, agregando que Chad es un aliado estratégico que despliega su ejército en varios teatros de operaciones contra el terrorismo en la cuenca del Sahel y del Lago Chad.

Aunque esta no ha sido la primera operación francesa en socorro de Déby, la Unión de Fuerzas de Resistencia (UFR), cuyo líder es Timan Erdimi, sobrino del presidente, intenta derrocar a su tío desde el 2008, año en que Déby solicito al Eliseo la intervención militar en su territorio.
Debido al creciente malestar de la población, por el constante aumento de la pobreza, la desocupación y la corrupción, las distintas fuerzas rebeldes han ganado mayor predicamento. El 6 de febrero pasado, Tom Erdimi, hermano de Timan, envió un mensaje a los militares de Chad, llamándolos a la unidad con las fuerzas de la UFR, para derrocar a Déby, alternativa que en mucho fracaso por la intervención área de Francia.

El arribo de la UFR otra vez en a territorio del Chad, según algunos analistas responde a la ofensiva de mediados de enero lanzada por el Ejército Nacional de Libia (ANL), de Khalifa Haftar, que buscaba expandirse hacia el sur de Libia. Aunque fuentes de la UFR informan que la llegada de sus combatientes al norte de Chad, fue planeada largamente y no tiene conexión con los movimientos de las tropas de Haftar.

La situación en el Chad se sigue calentado y todavía no ha estallado gracias una vez más Francia, que en procura de defender sus intereses en la región da protección a un régimen autocrático y corrupto, ignorando los reclamos de una población que vive sometida a la miseria y la orfandad de los parias.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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Libia: Es el petróleo, estúpido

Guadi Calvo*. LQS. Febrero 2019

La región también es escenario de continuos enfrentamientos entre la minoría Toubou y las tribus árabes, por el control de las rutas transfronterizas, por donde pasan millones de dólares en cargamentos de todo tipo

Mientras que la salida política en Libia sigue trabada y las diferentes fuerzas, con algún grado de representatividad territorial o militar, ni siquiera logran un acuerdo que las lleve a negociar las pautas que regirán las conversaciones que finalmente desemboquen en elecciones, las que todavía ni siquiera se saben si serán parlamentarias o presidenciales, la guerra por el control del petróleo y el territorio ha tenido un nuevo episodio.
Estas últimas semanas hubo algunos choques por el dominio del campo petrolero de al-Sharara, el más importante del país capaz de producir unos 320 mil barriles de crudo al día, aproximadamente un tercio de la producción actual de todo el país, entre las tropas del Ejército Nacional Libio (ENL), lideradas por el auto denominado mariscal de campo Khalifa Hafter y algunas bandas armadas, milicias chadianas y grupos armados de las tribus del sur particularmente Toubous.

Al-Sharara, a unos 900 kilómetros al sur de Trípoli, que explota mayoritariamente la española Repsol, pero también tiene intereses la francesa Total, fue cerrado en diciembre pasado por la las autoridades de la Corporación Nacional de Petróleo de Libia después de que los Toubous, junto a milicias provenientes del Chad, tomarán sus instalaciones para exigirle al gobierno de Trípoli, que responde a Naciones Unidas y encabeza Fayez al-Sarraj, que invirtiera parte de las ganancias en la región que está viviendo niveles de extrema pobreza, además de exigir un importante rescate, del que no ha transcendido la cifra. Contra las fuerzas leales Hafter, la figura con más poder de fuego en una sociedad herida de muerte tras la intervención de occidente en 2011.

Las fuerzas de Hafter, tras tomar el control de la “media luna de petróleo” (Ver: La ratonera libia) que cuenta con las más importantes refinerías y puertos petroleros, con que cuenta el país, como Zueitina, Ras Lanuf , Sidra, y Ajdabiya, en enero ordenó a sus hombres dirigirse al sur a “liberar” al-Sharara.

Las tropas de Hafter, el último martes consiguieron tomar los principales pozos, las oficinas y las salas técnicas del campo de al-Sharara y expulsar a las milicias autónomas que había ocupado el campo desde su cierre en diciembre, según fuentes del lugar, logró tomar el campo prácticamente sin combates, gracias a las negociaciones de los mandos del ENL con las tribus Toubous que tras negociaciones traicionaron a algunas milicias pasándose de bando.

Las autoridades pro occidentales de Trípoli, definieron a la operación de Hafter en el sur, como terrorismo y envió fuerzas leales para proteger los campos, además de presentar una denuncia en el Consejo de Seguridad. En los combates entre la Guardia de Instalaciones Petroleras (PFG) que responde a Trípoli y los hombres de Hafter, habrían muerto cinco personas y otras 16 fueron heridas.

Con esta conquista el autodenominado mariscal habría pasado a controlar prácticamente la totalidad de la producción petrolera de Libia, que representa para los mercados internacionales unos 800mil barriles por día, que equivalen a cerca de mil millones de dólares. En los tiempos del Coronel Gadaffi la producción petrolera era exactamente el doble. Con el control territorial de los yacimientos petroleros, Hafter, queda en una posición de inmejorable frente a una posible elección presidencial, que es el mayor anhelo de Naciones Unidas, que debe resolver de manera desesperada la cuestión de los ciento de miles de refugiados, que en puertos libios esperan cruzar a Europa.

Las tropas de Hafter en su desplazamiento hacia el sur tuvieron la colaboración de la fuerza aérea francesa, que atacaron una columna de 40 camionetas de milicianos, que después se perdieron en la frontera con Chad.
Hafter, el hombre fuerte del gobierno de Tobruk, una de las cabezas de representación que tiene Libia, ha justificado su presencia en el sur del país, con la excusa de la “lucha contra el terrorismo” como si hubiera alguna facción en el conflicto libio que no le cupiera el sayo de terrorista.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, el mismo martes justificó la operación de Hafter, diciendo en un comunicado que había “eliminado los objetivos terroristas”, además de “obstaculizar de forma duradera las actividades de los traficantes de personas”.

Junto al petróleo, la principal razón que tiene Europa: evitar que sigan llegando desplazado y refugiados a las costas libias para pasar después a Europa.
Por su parte el presidente de la Compañía Nacional libia de Petróleo (NOC), Mustafa Sanallah, se reunió esta semana con el director general para Libia de Repsol, Luis Paulo Navas, para encontrar el modo de comenzar a operar de manera urgente el campo de al-Sharara, el único pulmón sano de la economía libia, aunque para lograr en primer lugar se tendrán que restablecer las condiciones de seguridad en toda el área. Según portavoces Khalifa Hafter, el campo de al-Sharara se devolvería a Trípoli, una vez estabilizado.

El señor del sur

El sur de Libia es uno de los sectores del país donde más desorden se ha generado tras la guerra contra Gadaffi y que desde entonces no se ha podido estabilizar, por lo menos de manera formal como sucede en la Tripolitania y la cirenaica, donde se ha hecho fuerte el general Hafter.
Hafter, que cuenta con el respaldo de Rusia, Francia, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, y cuenta con la fuerza más numerosa dentro de la segmentación que sufre el país a consecuencia de la desaparición del gobierno del Coronel Gadaffi, tras haber conquistado todo el este libio, y habiendo tomado la estratégica ciudad de Benghazi, en julio de 2017, se expande ahora hacia el sur del país, la región de Fezzan, luego de haber pactado, con sus principales tribus: Awlad Suleiman, Toubou y Tuareg.

En un encuentro realizado en Sabha, capital de Fezzan, las tribus de la zona y otras del sureste, han declarado oficialmente su apoyo al ejército de Hafter, aunque algunos líderes de estas tribus, han señalado su inquietud por la reputación sanguinaria de las tropas del ENL que han producido numerosas matanzas en los territorios que pasaron a controlar. Algunos líderes Toubou acusan a las tropas de Hafter, de incentivar a las tribus árabes para atacar sus campamentos y saquear sus posesiones.

Ya erradicadas las bandas y milicias que desde que se desarticuló el país, se habían adueñando del contrabando, el tráfico de drogas, armas y de migrantes que llegan desde el sur y el oeste del continente, Hafter, parece decidido a concretar el anhelado sueño de convertirse en el favorito de occidente, para finalmente, ocupar el lugar de su antiguo jefe el Coronel Gadaffi, a quien traicionó tras la guerra del Chad en 1977.
También se asegura que operaron en la región grupos armados que procuraban destituir al presidente de Chad, Idriss Déby, quienes habrían sido atacados por la aviación francesa que acompañó a los hombres de Hafter, cuando se dirigía a recapturar el campo de al-Sharara.

La región también es escenario de continuos enfrentamientos entre la minoría Toubou y las tribus árabes, por el control de las rutas transfronterizas, por donde pasan millones de dólares en cargamentos de todo tipo.
Los Toubou, (gente de la roca), musulmanes sunitas, pastores nómades cuyos clanes se ubican en el sur de Libia, norte del Chad oeste de Sudán y este de Níger, históricamente han reclamado por el reconocimiento de sus derechos sin haberlo conseguido, por lo que el acercamiento de los hombres de Hafter, les ha dado nuevas esperanzas.

Fuentes cercanas a Khalifa Hafter, anunciaron que el seudo mariscal, pretende coronar la exitosa ofensiva en Fezzan, visitando la base aérea de Tamanhint, y quizás la ciudad de Sabha. Esta sería la primera vez, desde 2013, que abandone la Cirenaica, para visitar otro sitio de Libia, aunque ya ha hecho varias giras internacionales y viajó a Francia para su internación, (Ver Libia: Réquiem para un traidor).
Hafter, sabe que ahora está más cerca que nunca de hacerse con el título de hombre fuerte de Libia, aunque todavía hay mucho camino por recorrer, un camino del que al-Qaeda y el Daesh, conocen cada recodo.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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¿Burkina Faso, en la geografía del terror?

Guadi Calvo*. LQS. Febrero 2019

La diversidad de organizaciones que actúan a lo largo de la frontera burkinesa con el norte de Mali entre ellos al-Qaeda en el Magreb Islámico, Estado Islámico en el Gran Sahara, Ansaroul Islam,Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin, junto a bandas de delincuentes comunes traficantes de drogas, cigarrillos, combustibles y personas, podría incrementarse todavía más

Hoy para Burkina Faso, el cuarto país más pobre del mundo y que fue una de las naciones más seguras de África Occidental, el restaurant de comida turca Aziz Istanbul, en el centro de Uagadugú, su capital, que todavía permanece cerrado con su fachada destrozada tras los ataques integristas de agosto de 2017, que dejaron 18 muertos, quizás sea la postal más exacta para comprender la realidad del país.

Desde 2016, hasta principios de 2019 el país africano ya ha sufrido cerca de 300 ataques de grupos vinculados tanto a al-Qaeda como al Daesh, dejando casi 300 muertos. Uagadugú, fue atacada en dos oportunidades más, dejando cerca de 90 muertos en total. El primer ataque fue contra la cafetería Cappuccino y el Hotel Splendid (Ver: Burkina-Faso: Sangre en la arena) en enero de 2016, que dejó una treintena de muertos y el último se produjo en marzo pasado, en cercanías de la embajada francesa y el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, con otras 28 víctimas mortales.

El norte burkinés comenzó a sufrir la violencia integrista en 2011, por grupos wahabita, que operan todavía hoy en el norte de Mali y sur de Argelia, desde entonces la violencia no ha dejado de incrementarse y expandirse y desde el norte se irradia hacia la frontera con Nigeria en el este del país, donde opera Boko Haram, filtrándose también a Togo y Benín y Ghana. Estas naciones se vieron obligadas a enviar tropas a sus fronteras burkinesas, dada la inestabilidad que se podría generar si los muyahidines pudieran abrir un corredor desde el Sahel al Golfo de Guinea.
Tanto en el norte como en el este, los objetivos de los fundamentalistas suelen ser oficinas del gobierno, puestos militares, escuelas y maestros, a quienes se les exige que dicten sus clases en árabe, en lugar del francés, y enseñen el Corán. Estas presiones han obligado a cerrar 1025 escuelas en el norte, Sahel y este, lo que deja sin clases a unos 150 mil niños desde marzo de 2018, mientras que el 60% de los maestros debieron abandonaron las regiones en conflicto.

A pesar que la gran mayoría de los ataques no han sido reclamados por ninguna organización, el general del ejército Oumarou Sadou, refiere que las características de los IED (dispositivos explosivos improvisados) usadas tanto en el norte y como en el este, son de similares preparación, lo que indicarían que estarían siendo montados por la misma organización.

La crítica situación del país africano obligó a su presidente Roch Kaboré a declarar el estado de emergencia el último 31 de diciembre para las provincias afectadas y a cambiar a su Primer Ministro, Paul Kaba Thiebal por Christophe Dabiré, el 19 de enero pasado.

Los cambios implementados por Kaboré, no han logrado contener las acciones de los muyahidines del Ansaroul Islam, (Defensores del Islam) el grupo takfiristas local, apoyado por el Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS) fundado en 2016 por Ibrahim Malam (del árabe Mu’alam: maestro) Dicko, aparentemente muerto de sed en el desierto, en mayo de 2017, en su huida de un ataque aéreo francés. El malam fue substituido, por su hermano menor, Jafar, de 38 años, un erudito del Corán. Ansaroul Islam, surgido del grupo malí Mujao, (Movimiento por la Unidad y Yihad en África Occidental) ahora bajo la bandera de Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin, (Frente de Apoyo para el Islam y los Musulmanes, JNIM), un conglomerado de organizaciones integristas que operan en el Sahel, conformada en marzo de 2017, leales a al-Qaeda. Que están realizando constantes ataques en procura no solo de infundir terror, sino fundamentalmente de robar vehículos y armas. Como el último domingo 28 de enero, donde asesinaron a 14 personas en la región de Soum, al norte del país a unos 30 kilómetros de la frontera con Malí, unos 200 milicianos llegaron en varias motocicletas y los vehículos 4X4 atacaron con cohetes y armas pesadas la posición de la Fuerza de Tarea contra el Terrorismo de Nassoumbou (GFAT).

Algunos analistas insisten en que el aumento de la presencia de grupos integristas en el Burkina Faso, se debe a la ruptura de los pactos que estas organizaciones mantenían con funcionarios del gobierno del ex presidente a Blaise Compaoré, derrocado en 2014 tras 27 años de dictadura (Ver: Burkina Faso: La restauración de los traidores), quien les brindaba apoyo a cambio de que no operasen en su país.

El pacto se habría deshecho en 2013, cuando ya que Compaoré, se vio obligado a enviar unos mil efectivos, presionado por Francia, tras el inicio del conflicto en el norte de Mali el año anterior. Se sospecha que unos 1200 integrantes de los servicios de seguridad de Compaoré, podrían estar operando junto a los muyahidines, desde que fueron disueltos. El actual presidente Roch Kaboré, aún espera la colaboración prometida por Francia que en el norte de Mali dispone de unos 5 mil hombre de la operación Barkhane y de las fuerzas de G5 Sahel, un grupo antiterrorista compuesto por 5 mil efectivos de Mali, Mauritania, Chad, Níger y Burkina Faso, que actúa fundamentalmente en el norte de Mali y oeste de Níger.
En el día miedo al ejército, en la noche a los yihadista.

La diversidad de organizaciones que actúan a lo largo de la frontera burkinesa con el norte de Mali entre ellos al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS) y el propio Ansaroul Islam, y Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin, junto a bandas de delincuentes comunes traficantes de drogas, cigarrillos, combustibles y personas, podría incrementarse todavía más generando una dinámica de arrastre, que haga que las organizaciones multipliquen sus efectivos.

Algunos servicios de inteligencia que opera el África Occidental, temen que ISGS que mantiene fluidos contactos con la Wilayat (provincia del califato) del Estado Islámico de África Occidental (ISWAP) del estado de Borno en el noreste de Nigeria, la organización escindida de Boko Haram, en agosto de 2016, puedan crear una nueva alianza para desarrollar juntos su lucha tanto en el Sahel y como en los países de África Occidental, para lo que Burkina Faso, sería una ficha clave en el nuevo entramado.

Por lo que las autoridades de Uagadugú, están requiriendo a las potencias occidentales con presencia en Mali, y especialmente Francia, apoyo básicamente en entrenamiento, inteligencia, equipos de comunicación y armamentos.

Como suele suceder en estas guerras “antisubversivas” se reproducen con exactitud la violación de derechos humanos, contra las poblaciones civiles en áreas rurales por lo general alejadas de los centros urbanos, incomunicadas y aisladas. Según denuncias de Human Rights Watch (HRW), fuerzas de seguridad burkinesas han llevado a cabo desapariciones forzadas, torturas y ejecuciones extrajudiciales en operaciones de contrainsurgencia entre 2017 y 2018. HRW en su informe titulado: “En el día, tenemos miedo del ejército y en la noche a los yihadistas”, se detallan al menos dieciocho ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad de civiles inocentes.

Las fuerzas de la Operación Panga (fuerza en moré, la lengua nativa más hablada de Burkina), lanzada por el gobierno del Kaboré contra presuntas bases terroristas en los bosques de Pama y Gayeri, con ataques aéreos y el envío de 700 soldados, incluidos efectivos del 25º Regimiento de paracaídas de Bobo-Dioulasso, sin que se conozca el resultado de los ataques y en número de víctimas, por lo que la HRW, sospecha pueda haber muchos civiles involucrados en las acciones.

La violencia ya ha provocado 80 mil desplazados internos, mientras que casi un millón 200 mil personas estén necesitando ayuda humanitaria inmediata, desde que comenzó el año prácticamente mil familias por día han debido abandonar sus lugares por día. Lo que a la vez está provocando un incremento en los enfrentamientos interétnicos o tribales. En Yirgou, provincia de Barsalogo, al norte del país un aparente ataque fundamentalista desató una refriega entre la comunidad fulani, pastores nómadas de mayoría musulmana y la comunidad Mossi, el mayor grupo étnico de Burkina Faso que dejó 50 muertos.

Burkina Faso, ha entrado profundo en la geografía del terror y de ese territorio saldrá sin muchos más muertos y pobreza.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
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