Chile. Los nuevos tecnócratas que afinan las reformas más duras del futuro gobierno

Muchos trabajaron en la Dirección de Presupuestos y luego se refugiaron, durante el gobierno de Piñera, en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. Esta es la cantera de la nueva tecnocracia del bacheletismo. Ex militantes comunistas y de los sectores más radicales del PS que se “renovaron” en los años 90, los une su lealtad a Alberto Arenas, el principal asesor de Bachelet. Todos pregonan la responsabilidad fiscal y valoran las reglas del mercado, pero –a diferencia de los técnicos de gobiernos anteriores- le dan una importancia capital al fortalecimiento del rol regulador del Estado.

“El que se mueve no sale en la foto. Vale decir, el que anda buscando un cargo se desecha de inmediato”, dijo en una entrevista a revista Caras la Presidenta electa Michelle Bachelet, citando un viejo dogma político que grafica a la perfección el ambiente que se vive en el bacheletismo. Ya en la cuenta regresiva del nombramiento del primer gabinete, anunciado para la primera quincena de enero, todos quieren salir en la foto, lo que implica no hacer nada que arriesgue quedar fuera del gobierno. La disciplina y la discreción son dos reglas de oro para la Presidenta electa y ya con varios caídos en desgracia durante su primer gobierno, en la Nueva Mayoría los más astutos prefieren no moverse. Pero en silencio, las piezas se siguen acomodando rápido.

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En Chile triunfó el sistema

La segunda vuelta de las elecciones deja una incógnita cuya solución no está en la abstención, si bien es significativo que 53 por ciento de los chilenos hayan preferido quedarse en casa y pasar de concurrir a las urnas. Lo que a mi juicio destaca por encima es el éxito del modelo político neoliberal implantado por la dictadura y asumido por los gobiernos establecidos tras el referendo de 1988. Ni los anteriores de la Concertación, ni mucho menos el ya decrépito encabezado por el empresario Sebastián Piñera, han nadado contracorriente.

La alianza entre la derecha pinochetista y la oposición política tiene sólidas bases, la despolitización y el establecimiento de un sistema donde prima el individuo autista asentado sobre el aristotélico idiota social, contrario a participar de lo público, el bien común y luchar por una ciudadanía inclusiva, puerta de entrada para establecer un orden democrático. En Chile, la política dejó de ser un nexo entre la población. Y ello tiene un coste elevado. En principio, una sociedad sin ciudadanos deriva hacia un orden pretotalitario, asentado sobre un concepto de seguridad ciudadana penalizador del ejercicio de derechos cívicos.

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Roxana Miranda, la costurera que quiere ser presidenta de Chile

Con un discurso aguerrido que denuncia los problemas cotidianos que sufren los más pobres en Chile, la humilde costurera Roxana Miranda logró aterrizar la discusión política en la campaña electoral chilena, donde es uno de los nueve candidatos que compiten por la Presidencia.

A sus 47 años, la “tía Roxy” como se le conoce en las redes sociales, ha ganado popularidad a costa de sus lucidas participaciones en los debates presidenciales, donde ha interpelado directamente a los otros candidatos, especialmente a la favorita para adjudicarse la elección, la exmandataria socialista Michelle Bachelet.

“Yo tengo un magíster en Economía, señora Bachelet, porque con su bono de 40 lucas (40.000 pesos u 80 dólares) tengo que llegar a fin de mes”,le dijo a la exmandataria la semana pasada en un debate televisado sobre un bono que entregó en su anterior mandato (2006-2010).

“A un dirigente sindical, cuando ve injusticia, no le duele el corazón, le duele la guata (panza), es extraño, no te controlas, no mides riesgos, vas y defiendes al que es pisoteado”, dijo Miranda en una entrevista con la AFP, sobre su actuación en un debate al que llegó llevando un vestido que ella misma confeccionó.

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Pinochetismo, neoliberalismo y concertación en Chile

Por lo general, se suele establecer una relación entre neoliberalismo y pinochetismo. Pero las políticas de Pinochet lo que hicieron fue poner el estado al servicio de las clases dominantes y aplicar unas propuestas económicas pragmáticas en función de este objetivo. Estas políticas, ciertamente, incorporaron muchos de los componentes que más adelante dieron lugar a las teorías neoliberales y marcaron las políticas posteriores del gobierno de la llamada "Concertación".

 Carlos Ominami, ministro de finanzas durante una de las administraciones de la Concertación y antiguo militante del MIR, sostiene,  en una entrevista, que Chile no tenía realmente un modelo económico claro después del golpe de Estado contra Allende, pero impulsó una serie de recetas particulares, no siempre coherente, y mucha de ellas de difícil aplicación en otros países, dado el contexto particular de dictadura militar fascista en el que prosperaron. Además, señala que los Chicago Boys no privatizaron Codelco y que el aumentó de los ingresos del gobierno fascista tuvo mucho que ver con el cobre nacionalizado. Hoy, nos dice, Codelco es la espina dorsal de las finanzas públicas de Chile. También aclara que lo más bochornoso fue el precio vil por el que se vendieron las empresas públicas.

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Chile: del golpe militar al país de las maravillas

1. Antecedentes. La nueva derecha, 1966-1973

A mediados de los años 60 del siglo XX la burguesía chilena decidió poner fin al régimen político existente, no importando si gobernase la Democracia Cristiana con su revolución en libertad o la izquierda liderada por Salvador Allende. Su crítica era de fondo, había que cambiar el orden constitucional y dotar al país de una nueva institucionalidad. Según su diagnóstico, la democracia había sido penetrada por ideologías disolventes de la identidad nacional. Su objetivo, instaurar un orden totalitario marxista-leninista, mediante la dictadura del proletariado, atizando el odio y promoviendo la lucha de clases. Era obligado actuar en consecuencia.

En 1966, los partidos Liberal, Conservador y Acción Nacional confluyen en un proceso refundacional. La naciente organización se proclama nacionalista, defensora de la empresa privada, del progreso personal, el esfuerzo individual, antiestatista, promotora de la economía de mercado y contraria al discurso político condescendiente con el comunismo. En su declaración de intenciones carta llaman a todos los chilenos a participar en una gran lucha para vencer su sensación de inferioridad y de fracaso, que lleva al país a vivir del socorro extranjero, a entregarse a ideologías foráneas y a sustituir el trabajo y el riesgo personal por un estatismo deprimente. La organización tomó el nombre de Partido Nacional.

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Las grandes alamedas

Ni que se haya convertido en la fecha de la caída de las Torres Gemelas evitará que –para nosotros, para los hombres y mujeres de América latina– el 11 de septiembre sea la fecha del golpe de Estado más detestable de los tantos que padecimos. Se trataba de un gobierno elegido democráticamente. Se trataba de un país con un ejército que –a diferencia de los de nuestro continente– había sido guardián del orden constitucional. Se trataba de un presidente que era un hombre noble, con ideas e ideales, un hombre honesto y un hombre valiente. Había tenido un gran apoyo de las masas obreras. Y una queja constante, un repudio sin tregua, del MIR, el principal grupo armado de Chile. Finalmente, todos los sectores de la sociedad –menos los obreros– se unificaron para voltearlo: el ejército, los medios de comunicación, los gremios, las clases altas, las clases medias y –con un empeño criminal, furibundo– los Estados Unidos de Nixon y Kissinger. Las clases medias inauguraron la modalidad de salir a la calle con cacerolas y atronar el país pidiendo la renuncia de Allende.

Allende fue el más original, el más creativo de los líderes socialistas del siglo XX. Descreyó de la célebre dictadura del proletariado y eligió el camino democrático, pacífico al socialismo. Si ese camino fracasó, no menos fracasaron los otros. Con una enorme diferencia. Allende no dejó decenas o decenas de miles o millones de cadáveres tras de sí. Ni presos políticos tuvo. Confiaba en solucionar la antinomia entre socialismo y democracia, que el mandato de la dictadura del proletariado (que viene de las páginas de Marx y que éste asume como su mayor aporte a la teoría política) obliteraba. La derecha –beneficiada por los errores y por las muertes de los socialismos triunfantes y luego derrotados– no tiene rédito alguno para sacar de la experiencia de la Unidad Popular. Salvo que digan que nacionalizar el cobre equivale a fusilar enemigos políticos, o peor aún.

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Chile. Una mujer roxanamente igual a su pueblo

“Siempre mujeres, cumpliendo oficios
que   se entretejen sin tener fin.
Ser costureras, ser cocineras,
recamareras y planchadoras;
ser enfermeras y lavanderas,
también   meseras y educadoras.”
Gabino Palomares
1. Cristian Cepeda remata en su artículo ‘Presidenciales Chile : La Dura Batalla por el Protagonismo Popular’, que “ este ejercicio electoral de noviembre no será el punto de quiebre de estos últimos 40 años de neoliberalismo. Seguramente las candidatas del duopolio arrastrarán a buena parte de los chile nos detrás de sus promesas. Por lo mismo la candidatura de Roxana Miranda ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=166339 ) no podrá ser evaluada en su capacidad de acumular en un juego que aún sigue rigiéndose con las cartas marcadas. Pero si la apuesta va más allá de lo electoral, la demostración de poner al sujeto popular como protagonista de la historia de Chile , en un período que se viene álgido de cuestionamientos al modelo, sin duda es la única apuesta correcta.”

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Chile: Roxana Miranda, candidata presidencial

“Millones de chilenos quieren cambios de fondo”
 
Aclara que su candidatura está en pie y que el horizonte es realizar una Asamblea Constituyente que no sea “preguntarle a los mismo de siempre, a los representantes del duopolio, que es lo que piensan”. De la ex presidenta Bachelet opina que “fue y es la esperanza de los grandes empresarios”. Acá Roxana Miranda, candidata presidencial del Partido Igualdad, contesta a todo con todo.
 
Confiesa que pasó de las ollas a la calle. Siendo dueña de casa, dirigenta de su junta de vecinos de San Bernardo y madre de 4 hijos, las deudas imposibles de pagar con el banco la llevaron a Andha Chile, una organización de deudores habitacionales. Allí aprendió a negociar con funcionarios del Estado, reunirse con políticos y banqueros y comenzar a desarrollar conciencia política.
 
Fue la época de aburridos de salir a marchar con pancartas comenzaron a subirse a los letreros de calles, tomarse ministerios, la ribera del Mapocho o pasar 3 días con sus noches arriba de una grúa de construcción en el centro de Santiago, como nos contó Roxana en una entrevista hecha en 2009.
 
En retrospectiva, Roxana Miranda comenta que “queremos pasar de ser considerados deudores a ser asumidos como estafados de la vivienda social”, acusando que los gobiernos de la postdictadura “han hecho de la vivienda social un negocio traspasando a la banca privada el futuro de cientos de miles de familias chilenas”.
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El racismo en América Latina y el pueblo mapuche en Chile

Chile sufre el mal de las sociedades trasplantadas, aquellas nacidas a partir de la conquista de los pueblos originarios. Nunca los conquistadores han reconocido la primigenia posesión de los territorios a los pueblos originarios. Por el contrario, los han despojado de cuanto tenían y emprendido una política de exterminio. Han cometido etnocidio y genocidio. El imperio español no fue el primero. En su expansión de ultramar articuló las nuevas Leyes de Indias para garantizarse la continuidad de la mano de obra y regular las condiciones del trabajo forzado en minas y obrajes para no estancar la producción de oro y plata. No hubo humanidad en ellas, sólo interés. El resto es discusión filosófica.
 
El racismo moderno forma parte del capitalismo colonial del siglo XVI, donde la esclavitud se convierte en el núcleo del proceso de acumulación de capital. Tras la independencia, en América Latina no hubo cambios; los criollos convertidos en los nuevos amos de los países y territorios, tomaron el relevo del peninsular. Tampoco hubo paz ni libertad para los pueblos indios, sólo sangre y exterminio. Eso sí bajo el eufemismo de guerras civilizatorias. Así se expandió la frontera agrícola y el poder de las oligarquías terratenientes. La sociedad monoétnica dominante, con su cultura y su mundo, impuso el yugo de la explotación adoptando la fórmula del colonialismo interno, condición sine qua non para seguir esquilmándoles sus riquezas y patrimonio.
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