Hongo del té (Compuja)

Durante los procesos de fermentación y oxidación, el hongo lleva a cabo diferentes reacciones en la sedimentación del té. El hongo del té se alimenta del azúcar y, a cambio, produce otras sustancias valiosas que cambian dentro de la bebida: Ácido glucurónico, Ácido láctico, vitaminas, aminoácidos, sustancias antibióticas y otros productos

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¿Qué es la Sensibilidad Química Múltiple?

  1. ¿Qué es la Sensibilidad Química Múltiple?
  2. ¿Cuál es el porcentaje de afectados?
  3. ¿Cómo podemos saber si estamos desarrollando SQM?
  4. ¿Cómo se diagnostica la SQM?
  5. ¿Cuál es el tratamiento para la SQM?
  6. Evidencia científica

¿Qué es la Sensibilidad Química Múltiple?

La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) es una enfermedad adquirida, crónica y no psicológica, que manifiesta síntomas en múltiples sistemas orgánicos como respuesta a una mínima exposición a múltiples compuestos químicamente no relacionados, tan habituales e innecesarios como los perfumes, los ambientadores o el suavizante para la ropa.

Los síntomas, que son crónicos y se agudizan ante una crisis, incluyen fatiga y trastornos respiratorios, digestivos, cardiovasculares, dermatológicos y neuropsicológicos, entre otros.

La SQM es un síndrome con 4 grados de severidad, que marcan diferentes niveles de incapacitación y aislamiento.

Es importante remarcar que la SQM no es una alergia.

Es una enfermedad que se conoce desde los años 50, pero que a día de hoy aún no ha sido reconocida como tal por la Organización Mundial de la Salud (OMS), a pesar que existen más de 100 artículos científicos de investigación que sustentan la base fisiológica de la SQM, que el número de afectados aumenta de forma exponencial, cada vez en edades más tempranas, y que incluso el Parlamento Europeo la incluye dentro del número creciente de enfermedades vinculadas a factores medioambientales. Esta enfermedad emergente ya ha sido reconocida como enfermedad física en Alemania, Austria y Japón.

¿Cuál es el porcentaje de afectados?

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La dieta atlántica

Aunque desde hace mucho tiempo identificamos dieta mediterránea con dieta saludable, desde hace años se ha empezado a hablar de dieta atlántica para referirse a la dieta tradicional habitual de las regiones bañadas por el Atlántico. Los expertos en nutrición consideran que la dieta atlántica tradicional es una alimentación saludable.

Ambas dietas tienen elementos diferentes: mayor consumo de proteínas en la forma de carnes rojas, huevos, lácteos, legumbres, coles y patatas, en las regiones atlánticas frente a mayor consumo de carnes magras (conejo y pollo), frutas y hortalizas en las regiones mediterráneas. Un mayor consumo de aceite de oliva en las regiones atlánticas podía compensar el mayor consumo de carnes rojas. La principal diferencia es un alto consumo de pescado en el caso de la dieta atlántica, superior a la dieta mediterránea. Sin embargo tienen en común un perfil dietético saludable.

La dieta atlántica de los años 60 no es la misma que en el 2000. Hace 40 años, en Portugal, España y el Reino Unido se consumían menos calorías y carne que ahora. También ha variado el origen del pescado. El pescado salvaje del Atlántico ha sido sustituido por mariscos, pescados fluviales y de piscifactoría. Los niveles de azúcares y proteínas están en el límite máximo de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aporte de grasas es elevado y el de sodio está por encima de los límites saludables. En conjunto, un aporte energético demasiado alto y patrones cardiosaludables en retroceso. (Josef Schmidhuber y Bruce Traill “Estructura de consumo en alimentación en las dietas atlántica y mediterránea”, 2003). Al igual que en el caso de la dieta mediterránea, una cosa es lo que se considera dieta tradicional y otra cosa los hábitos alimentarios actuales de la población.

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Coca colonización

Mucho antes de la llegada de los europeos, las culturas autóctonas americanas ya consumían hojas de coca para aliviar sus fatigas y por qué no reconocerlo, obtener también dosis de placer, que ya les proporcionaban otras substancias como el chocolate y el tabaco, que ahora nosotros consumimos del todo desgajado de aquellas virtudes y atribuciones primigenias para las que fueran concebidas, pues cuando entonces los pueblos hacían un uso de ellos, dentro de un orden enmarcado en ancestrales ritos, liturgias y tradiciones, que ayudaban al cuerpo y al espíritu a canalizar saludablemente sus múltiples beneficios lúdico-terapéuticos evitando en lo demás, sus potenciales riesgos para los primerizos, menos avezados en su docto manejo.

Nada que ver entonces, con el modo alienado, segmentado e irresponsable con el que los occidentales nos entregamos por entero a su disfrute, separando sin pudor, las distintas esferas que en su realidad concurrían haciendo de la sustancia, pura materia sin esencia, sin cultura ni sociedad a la que remitirse, quedándose así, solo con sus desligados efectos somáticos que ahora, atendemos como nocivos.

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Estudios científicos comprueban los beneficios de los «remedios de la abuela»

Lo que hasta ahora era una presunción fue comprobado por varios estudios científicos recopilados por la organización Consumer Report, que puso a prueba la eficacia de remedios caseros como la sopa de pollo o la miel y reivindicó a la figura de la abuela, que tanto insistió en que los tomáramos.

"Muchos de estos estudios separan el mito de la realidad y llevan las conocidas recetas de la abuela al laboratorio con unos resultados que en la mayoría de los casos son válidos'', dijo José Luis Mosquera, médico afiliado a la organización.

Y es que si bien la sopa de pollo no previene o acorta la duración de un resfrío, sí se demostró que puede ayudar a reducir los síntomas, según un estudio de la Universidad de Nebraska.

De acuerdo con la investigación, que fue dirigida por el especialista en pulmones Steven Rennard, inhalar el vapor tibio de la sopa "afloja'' las secreciones nasales, lo cual ayuda a drenar las fosas nasales.

"Los estudios demuestran que la abuela tenía razón en este caso y que la sopa de pollo ayuda a drenar los senos nasales cuando estamos resfriados'', señaló Mosquera.

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