La democracia atropellada

Pedro Casas*. LQS. Marzo 2019

El juicio que se desarrolla en el Tribunal Supremo no afecta sólo a las personas encausadas, sino al conjunto de la sociedad, pues los recortes empiezan por unos para terminar aplicándose a todos

Comenzó el juicio a los dirigentes políticos y sociales que cumplieron el mandato popular de organizar un referéndum en el que la ciudadanía catalana pudiera decidir cómo relacionarse con el resto del estado.

En Madrid somos muchas las personas y colectivos que queremos decidir sobre los aspectos importantes que afectan a nuestra vida y organización social, como así se demostró en las recientes consultas sobre la forma del estado. Y por ello apoyamos también que los pueblos puedan ejercer ese derecho a decidir, ya que se trata de uno de los derechos democráticos básicos. En Madrid este apoyo se hizo patente en el acto organizado en defensa del referéndum catalán, y que, pese a la prohibición judicial, pudo celebrarse con una participación multitudinaria. Y también ocurrió en la manifestación para reclamar la libertad de los presos políticos catalanes, que congregó a miles de personas frente al Ministerio de Justicia el 7 de abril de 2018.

El juicio que se desarrolla en el Tribunal Supremo no afecta sólo a las personas encausadas, sino al conjunto de la sociedad, pues los recortes empiezan por unos para terminar aplicándose a todos. Y eso lo sabemos también por aquí: Basta moverte un poco, o decir algo que no le gusta al sistema, para sentir el peso de la porra y la toga (que se lo digan a Alfon, los raperos, los del 15M, activistas antidesahucios, y un largo etcétera). Todo está relacionado, y eso lo sabe mucha gente, pese a que nos tengan secuestrada la información veraz, a la que todos tenemos derecho, y ello dificulte la comunicación y movilización.

El desprestigio de la justicia en este país es claro y manifiesto. Empezando por la acusación de rebelión que requiere ejercicio de violencia, que sólo se dio por parte del Estado. El Tribunal Supremo que juzga los hechos no tuvo reparo en enmendar una sentencia de una de sus salas, para no perjudicar los intereses de los bancos. La fiscalía duda de la imparcialidad de los tribunales catalanes, por la posible influencia del ambiente, obviando de manera burda la presión mediática madrileña que clama por un castigo ejemplar.

Estamos frente a un conflicto político, que sólo tendrá solución de carácter político en un marco democrático. Lo demás es represión, e instrumentalización de la justicia al servicio del poder. Sólo los del “¡a por ellos!”, que por cierto no son tantos (como pudimos ver en la plaza de Colón), rechazan cualquier salida política, incluida un referéndum, que sin embargo sería apoyado por la mitad, al menos, del conjunto del estado, según sondeos que raramente se publican.

Los diferentes pueblos y clases populares que conformamos el actual estado español tenemos que unir nuestras fuerzas para abrir el candado de este régimen cada vez más autoritario, que considera las urnas el elemento más subversivo y peligroso, y quizás no le falte razón. Recompongamos puentes destruidos, y caminemos de la mano hacia la o las repúblicas que permitan avanzar en el desarrollo de los derechos políticos y sociales que hoy nos niegan.

* Activista vecinal y miembro de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos. Esta nota fue publicada en el diario Berria: Zapaldutako demokrazia
Más artículos del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

¿Por qué una candidatura municipalista de verdad en la ciudad de Madrid?

Pedro Casas*. LQS. Enero 2019

La consigna de “hacer frente a la ultraderecha” no vale si supone abandonar los programas de transformación para apaciguar a los que ladran dejando las cosas como están

Hacer un balance de casi cuatro años de gobierno de Ahora Madrid en la capital (con el apoyo del PSOE) resulta una tarea muy compleja, pero que yo resumiría en algunos rasgos que considero importantes:

En la parte positiva se pueden mencionar algunas cosas interesantes, como el cambio de nombre de algunas (pocas) calles, se han realizado y aplicado protocolos anti-contaminación, se ha restringido el tráfico motorizado, se han ralentizado (con mucha timidez) las políticas agresivas del neoliberalismo que se venían aplicando, se han saneado las maltrechas cuentas poniendo coto al saqueo realizado, se han remunicipalizado (sólo) cuatro servicios, y poco más que no hubiera hecho cualquier otra candidatura, pues ni siquiera se han realizado inversiones destacadas.

Pero en la parte negativa se puede afirmar que el continuismo ha sido el eje de la acción de gobierno, con el incumplimiento de aspectos relevantes del programa con el que Ahora Madrid pudo acceder a la alcaldía:

o  No se ha informado a la ciudadanía ni se ha denunciado la corrupción sufrida por nuestro municipio en los 25 años de saqueo por el PP. En lugar de auditar las deudas se ha pagado anticipadamente a los bancos buena parte la deuda acumulada.
No sólo no se ha elaborado una hoja de ruta para la remunicipalización de los servicios, sino que se han renovado todos (salvo 3) que han ido venciendo; incluso algunos de nueva creación se han entregado a empresas privadas.
o  El centro (Plaza de España, Madrid Central, Gran Vía, etc.) de nuevo ha acaparado las inversiones y la atención de gobierno.
No se ha avanzado hacia la descentralización ni la recuperación del personal que se eliminó en décadas anteriores.
o  Los servicios sociales han mantenido la precariedad heredada, y la política de vivienda ha sido vergonzante o simplemente inexistente.
o  Las coincidencias de voto en numerosas ocasiones con el PP en materia de urbanismo es la prueba más palpable de la política especulativa mantenida en este tema.

A los incumplimientos flagrantes del programa podemos añadir la decepción en el aspecto de las nuevas formas de hacer política.

o  Ahora Madrid ha disuelto todos los mecanismos organizativos que permitieran algún grado de democracia interna, siendo el cesarismo la pauta de la acción de gobierno dentro y fuera del Ayuntamiento.
o  La consigna “gobernar escuchando” cambió en un año por “gobernar respondiendo”, pero ambas no fueron más que meros slogan de campaña.
o  La participación ha sido de nuevo un mero entretenimiento para personas inquietas, ya que la falta de competencias reales en los distritos la vaciaba de contenido, y el bajísimo grado de cumplimiento de los presupuestos participativos es alarmante.
o  La relación con los movimientos sociales, cuya contribución a la elaboración del programa y la ilusión social que rodeó la candidatura fueron decisivos, se transformó pronto en rechazo a quienes criticaban, por insuficiente, la labor del gobierno, tratando de suplir con las mesas de los foros locales al tejido social que daba la espalda cada vez más al gobierno municipal.

¿Qué podemos esperar de la candidatura Más Madrid, compuesta por el equipo de gobierno que ha practicado estas políticas incumpliendo un programa que para la alcaldesa era mera referencia? Pues nada, al menos para quienes aspiramos a una verdadera transformación de la ciudad, para ponerla al servicio de sus vecinos, que aborde de manera decidida y valiente todos los aspectos del programa que no se han cumplido, no por falta de tiempo sino de voluntad, ya que no se ha querido trabajar en esa dirección, evitando enfrentamientos con los poderosos y sus medios.

El escenario que se presenta para mayo de 2019, y más allá, no puede ser más sombrío, al configurarse una candidatura cuyo rasgo definitorio es la fidelidad a la cabeza, disfrazada de “los mejores gestores”

Ahora nos quieren meter ese miedo de “que viene la derecha ultra”, como si buena parte de las medidas que anuncian no se hubieran puesto ya en marcha con los gobiernos de Gallardón, Esperanza Aguirre o Rajoy sin ir más lejos (rebaja de impuestos a los más ricos, leyes especulativas, privatizaciones a saco, defensa de los valores franquista de toros, machismo y religión, liberalismo sanitario, subvención a las escuelas segregadoras, etc.). La consigna de “hacer frente a la ultraderecha” no vale si supone abandonar los programas de transformación para apaciguar a los que ladran dejando las cosas como están; es el gran invento, dejar que la ciudad siga en manos de las grandes corporaciones, aunque gestionada por políticos con rostro progre. No queremos “parar a la derecha” haciendo lo mismo que ellos, sino todo lo contrario.

No podemos conformamos con pequeños avances simbólicos, mientras hay cada vez más personas, con o sin trabajo, sumidas en la pobreza, expulsadas de sus viviendas, sin acceso a las más elementales necesidades vitales.

La lucha por conseguir una sociedad, una ciudad, al servicio de quien la habita, poniendo la actividad económica y social al servicio no de los intereses económicos de unos pocos, sino del conjunto de las y los trabajadores, hay que desarrollarla en muchos frentes, y también en el institucional, porque las instituciones son las que toman decisiones sobre lo que podemos hacer y lo que no, y cómo se distribuyen los dineros que todas las personas aportamos.

Es muy útil que la lucha social en la calle, fuente básica de todo poder y transformación popular, cuente con personas que se hagan eco de las luchas y aspiraciones sociales en las instituciones, que legislen y decidan en beneficio de las clases populares, contribuyendo de esta manera a que puedan alcanzarse los objetivos de la lucha. Y digo “personas que se hagan eco” y no representantes de los movimientos, ya que estos deben ser independientes de las instituciones con las cuales la relación nunca estará exenta de conflictos, al defender lógicas dialécticamente diferentes.

La irrupción de candidaturas del cambio en 2015, que cortó la racha de décadas de hegemonía de la derecha más dañina, fue una experiencia singular que superaba la lógica imperante hasta ahora de los partidos políticos, al conformar confluencias con una importante presencia informal de base. En el caso de Madrid la atractiva experiencia de Ahora Madrid se frustró enseguida, tanto por las maneras centralistas de la alcaldesa como por el bloqueo impuesto por alguno de los partidos participantes. El escenario que se presenta para mayo de 2019, y más allá, no puede ser más sombrío, al configurarse una candidatura cuyo rasgo definitorio es la fidelidad a la cabeza, disfrazada de “los mejores gestores”. Este seguidismo ha destrozado las más elementales lógicas colectivas de decisión, reduciendo los procesos de selección al dedo de la figura que supuestamente tiene el tirón electoral. ¿No demostró por ejemplo Carlos Sánchez Mato gran capacidad de gestión en el manejo y saneamiento de las cuentas? ¿Por qué no es uno de los elegidos? Por discrepar de algunas de las decisiones adoptadas.

Las personas que han destruido el espacio de la convergencia y unidad llamado Ahora Madrid, o sea Manuela Carmena y sus secuaces, para crear una candidatura de amiguetes, no están desde luego legitimadas para apelar a la “unidad”

¿Qué podemos esperar hacia 2023, cuando la cabeza de cartel ya no esté y la sustituya otra persona con escaso o nulo tirón electoral? ¿Qué van a hacer las personas que son capaces de renegar de sus partidos de origen, una, dos veces y las que haga falta, con tal de buscarse un puesto seguro en la institución? Las prácticas de las organizaciones políticas no están exentas de defectos, pero, a diferencia de lo que ocurre con las prácticas caudillistas o dedócratas, disponen de mecanismos y estructuras definidas que, al tener definido el marco ideológico y organizativo, permiten que cada militante pueda expresar sus ideas y participar e influir en las decisiones colectivas, no de manera plebiscitaria. Sustituir las organizaciones políticas por una práctica cesarista o monárquica es lo contrario del espíritu 15M, y esto no es un avance, sino un retroceso. Hay que superar las estructuras verticales de las organizaciones con prácticas más asamblearias, de base, donde la inteligencia colectiva pueda contribuir a encontrar las mejores decisiones en defensa de los intereses de las clases populares.

Por ello es muy importante intentar que se mantenga hacia futuro algo del espíritu que impulsó las candidaturas del cambio en 2015, ese espíritu municipalista que en otros lugares lleva décadas de recorrido exitoso, y que, independientemente del resultado que se pueda obtener en mayo de 2019, afirme su voluntad de jugar un papel en el presente y futuro del trabajo municipalista en esta ciudad y sus barrios, con algo de coherencia organizativa y participativa.

Considero que no hay nada que perder, y todo por ganar. Además es fácil que una candidatura de estas características pueda movilizar el voto desencantado con la práctica de Ahora Madrid y la que se prevé de Más Madrid, y que incluso podría ser decisiva para cerrar el paso a la derecha tricéfala, convirtiéndose por ello en un voto realmente útil que de no presentarse iría seguramente a la abstención.

Las personas que han destruido el espacio de la convergencia y unidad llamado Ahora Madrid, o sea Manuela Carmena y sus secuaces, para crear una candidatura de amiguetes, no están desde luego legitimadas para apelar a la “unidad”, aunque a estas alturas ya hay poco de lo que sorprenderse.

Casi todo el capital de ilusión transformadora generado hace 4 años, ha sido destruido a lo largo de esta legislatura en Madrid, en lo político y lo organizativo. Hay que reconocer que el panorama no es muy ilusionante, más bien todo lo contrario. Pero las victorias del mañana se gestan en muchas ocasiones en la capacidad de resistir en los momentos difíciles, y este es uno de ellos. Hay una responsabilidad histórica, de seguir luchando por una transformación de verdad, y por implantar unas formas democráticas de gestión. Y no debemos defraudar las posibilidades que se ofrecen, por reducidas que puedan parecer, porque quizás no sean tan escasas, y menos con el espectáculo que últimamente estamos viendo en Madrid. Podemos llevarnos una sorpresa, y merece la pena intentarlo.

* Activista vecinal y miembro de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos
Más artículos del autor

Convocatoria de encuentro:
Asamblea Abierta Bancada Municipalista
Sábado 26 de enero 2019 – 11h
Nave Terneras (Matadero Madrid) – Metro Legazpi

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

El discurso xenófobo del fascismo no es más que la versión moderna del esclavismo

Pedro Casas*. LQS. Diciembre 2018

La insolidaria política migratoria de cerrojazo y expulsión masiva que defiende la extrema derecha, no pretende el cierre total, sino que las personas que entren no adquieran derechos nunca, y queden a merced de sus empleadores de manera arbitraria y autoritaria

Desde hace algunos años observamos cómo crecientes capas de la población, en muchos casos de estratos sociales bajos, se apuntan al discurso racista y xenófobo de los partidos neofascistas en todo el mundo.

Las razones de este fenómeno son algunas complejas, y otras más simples.

El capitalismo cada vez más depredador expulsa de su sistema a sectores que antes sobrevivían, y ahora se ven en la pobreza incluso teniendo trabajo, cuya precariedad crece de manera imparable. El llamado estado de bienestar, producto de una determinada correlación de fuerzas de la lucha de clases, lleva décadas desmantelándose en los países que llegaron a disfrutarlo, y la ley de la jungla se impone de manera brutal.

Este desconcierto y angustia es sin duda uno de los mayores caladeros para evangelizar con la buena nueva que separa a los que pueden salvarse y quienes no, ya que lo que se vende es que quienes podrán salvarse serán los que disponen de una nacionalidad reconocida (por el hecho de haber nacido en dicho país), frente a los extranjeros que no disponen de ese derecho.

Si la parte del pastel que los capitalistas ofrecen a los trabajadores es cada vez más pequeña, mejor repartirla entra menos que entre más. Es pura matemática. Y como además quienes tienen la nacionalidad son los que pueden votar en las elecciones, resulta fácil de entender (que no compartir) este creciente voto a partidos de ultraderecha, hasta el extremo de que sería casi extraño que no ocurriera, en una sociedad consumista dominada por las grandes corporaciones.

Este sesgo ultraderechista de una parte del electorado suele ocurrir en situaciones de crisis y precariedad, en las que la angustia favorece a los vendedores de “verdades”, se crean chivos expiatorios en los que descargar las frustraciones, y la cultura o costumbres desconocidas se convierten en amenazas de nuestro orden primacista establecido.

Los capitalistas, que en definitiva son quienes promueven estos discursos y estos partidos, no es que no quieran que haya negros, magrebíes, suramericanos, etc. en sus países. Lo que quieren es que esta mano de obra, a la cual emplean y sobreexplotan, sea esclava, sin derechos ni económicos ni sociales ni humanos. Si se tiene empleada a una persona sin papeles, será más fácil que no reclame nada, pues dependerá en casi todo del patrón.

Los trabajadores egoístas e ignorantes que abrazan y votan estas ideologías fascistas se creen que van a sacar algún provecho, y nada más lejos de la realidad. Porque no es verdad que los capitalistas vayan a expulsar a los inmigrantes: los necesitan como mano de obra esclava y sumergida, para aumentar sus beneficios. Y esta degradación de las condiciones de trabajo, afecta de manera directa y consecutiva a la degradación de las condiciones del conjunto de los trabajadores.

Lo que se trata es de atemorizar a estas personas inmigrantes, que tendrán más dificultades para regularizar su situación, que vivirán bajo la amenaza permanente de la expulsión arbitraria, y en estas condiciones la voluntad de las personas subordinadas quedan a merced de sus empleadores o simplemente de otros vecinos que les podrán chantajear bajo la amenaza de denuncia a la policía.

Así de sencillo: el discurso xenófobo de la ultraderecha no es más que un nuevo esclavismo, que pretende dejar sin derechos a sectores crecientes de población, que son la mano de obra joven en las sociedades europeas envejecidas.

Da pena y tristeza contemplar el apoyo que unos trabajadores, ignorantes y egoístas, brindan a esta estrategia de la que nada bueno van a recibir. Y conviene decirlo alto y claro a estas capas de población.

No caigan los partidos de izquierda en tratar de acercar su discurso hacia estas posiciones, para recoger un puñado de votos. Lo que hay que recordar es que son los capitalistas, que manejan la economía mundial, quienes provocan las guerras y hambrunas en los países del llamado tercer mundo, ricos en materias primas pero esquilmados de sus propios recursos hasta la saciedad. Para ello cuentan con la maquinaria estatal que controlan a su antojo, y con el silencio cómplice de las autodenominadas “clases medias” de las metrópolis, que de alguna manera se benefician (nos beneficiamos) de este espolio, ya que así tenemos materias primas o productos elaborados que consumimos a un precio más barato. Y esta rapiña y destrucción es la que provoca la salida desesperada de millones de personas en busca de una vida algo digna y en paz.

La insolidaria política migratoria de cerrojazo y expulsión masiva que defiende la extrema derecha, no pretende el cierre total, sino que las personas que entren no adquieran derechos nunca, y queden a merced de sus empleadores de manera arbitraria y autoritaria. Y esto con el beneplácito de los trabajadores explotados por los mismos capitalistas.

No nos dejemos embaucar, no caigamos en sus trampas. En 1948 se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos; parece mentira que tengamos que seguir recordando, 70 años después, esta regla básica que a todas las personas debe afectar.

* Activista social y miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos
Más artículos del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Madrid también quiere decidir

Pedro Casas*. LQS. Noviembre 2018

Es importante destacar que, a pesar de la ausencia total de colaboración institucional, y que el resultado no será vinculante (por la falta de un censo y garantías suficientes), las mesas serán respetuosas con cualquiera de las opciones que se presentan a decisión, pues es una consulta democrática y no una mesa de propaganda

Consulta sobre el modelo de estado, monarquía o república

A finales del año pasado comenzó a fraguarse la propuesta de realizar una consulta popular sobre el modelo de estado, y a primeros de este año un grupo reducido de personas se pusieron manos a la obra, extendiendo la idea por barrios y pueblos. La acogida no fue unánime, siendo curiosamente personas a título individual las que iniciaron la creación de asambleas locales, transversales y no partidistas, que son el núcleo organizativo que soporta todo este proceso.

Inicialmente las llamábamos “consultas republicanas”, pero con el paso del tiempo fuimos descubriendo que se trataba de algo más profundo, como es el derecho a decidir. No consiste sólo en cómo se elige el Jefe del Estado (quizás no hace falta esta figura de control y bastaría con la jefatura de un gobierno democráticamente elegido), sino de otras muchas cuestiones que nos afectan de manera colectiva como ciudadanos, cuya decisión no debemos delegar permanentemente en personas a las que luego no controlamos.

Unas 100 mesas de votación serán las que se coloquen el 2 de diciembre, abarcando 50 barrios de 9 distritos de la capital (Arganzuela, Barajas, Carabanchel, Centro, Latina, Tetuán, los dos Vallecas, Usera) y 5 municipios de la periferia de Madrid (Parla Leganés, Alcobendas, San Sebastián de los Reyes y Rivas). También se han sumado ese día dos pueblos de fuera de Madrid, Talavera de la Reina (Toledo) y Miranda de Ebro (Burgos). Y la pregunta que responderán quienes deseen participar en esta consulta es: ¿Cuál es el modelo de estado que prefiere para su país?: República o Monarquía.

Las mesas serán atendidas por unas 500 personas voluntarias, que nos hemos organizado en 15 asambleas locales, que toman sus acuerdos de manera autogestionada y horizontal, y se coordinan con las demás para las decisiones colectivas, como los protocolos de votación, el texto de la papeleta, los diseños y mensajes, etc. Más de 40.000 dípticos y octavillas, 20.000 pegatinas, 2.000 metros de pancartas, además de las redes sociales y soportes digitales, son el soporte de difusión de esta iniciativa que va calando cada vez más en la población, con apoyos destacados de sindicalistas, escritores, activistas sociales, periodistas, etc. Pero más allá de los resultados en términos cuantitativos, lo más importante es que salimos a la calle sin esperar a que nos convoquen, y que esto no ha hecho más que empezar.

Es importante destacar que, a pesar de la ausencia total de colaboración institucional, y que el resultado no será vinculante (por la falta de un censo y garantías suficientes), las mesas serán respetuosas con cualquiera de las opciones que se presentan a decisión, pues es una consulta democrática y no una mesa de propaganda. Animamos por ello a que acudan a votar las personas monárquicas que consideren que este modelo no puede ser impuesto, sino decidido de manera democrática por la población.

Esta consulta del 2 de diciembre se celebra cuatro días antes del 40 aniversario de una constitución que se incumple sistemáticamente en sus aspectos sociales, que fue modificada a espaldas de la población para beneficiar a la banca, y que hace tiempo muestra signos de agotamiento en aspectos fundamentales de la organización política del estado y en la defensa de los derechos sociales e individuales

Con esta iniciativa buscamos dar un paso más en la reivindicación de un referéndum institucional y vinculante, con todas las garantías democráticas, para elegir la forma de estado que no fue puesta a debate durante la transición de la dictadura al actual régimen de monarquía parlamentaria, en cuyo seno están aflorando gérmenes franquistas en muchas de sus instituciones básicas. Queremos un nuevo modelo de democracia participativa y directa, que supere los graves defectos de representatividad que presenta la democracia delegada.

Se trata de un proceso apenas iniciado pero que se extiende rápido, porque responde a una demanda social profunda. Somos un movimiento no partidista, independiente y asambleario, abierto a la libre participación de todas las personas que compartan unos objetivos democráticos elementales: Poner el futuro de la mayoría social en manos y al servicio de la mayoría social, frenando al poder asfixiante de la banca y las grandes fortunas agrupadas en el IBEX, que manipulan de manera grosera los resortes del estado, como estamos comprobando últimamente con el Tribunal Supremo.

A fecha de hoy son 22 las universidades de todos los territorios que han anunciado la celebración de consultas, impulsadas por asambleas de estudiantes y profesores, y hay otras localidades que están haciendo también consultas de manera descentralizada. Este crecimiento imparable no sólo afectará al número de consultas, sino a la elaboración de unos objetivos ambiciosos y compartidos para llegar a una democracia plena, en la que votar no sea un delito, sino un derecho básico.

Esta consulta del 2 de diciembre se celebra cuatro días antes del 40 aniversario de una constitución que se incumple sistemáticamente en sus aspectos sociales, que fue modificada a espaldas de la población para beneficiar a la banca, y que hace tiempo muestra signos de agotamiento en aspectos fundamentales de la organización política del estado y en la defensa de los derechos sociales e individuales. Lo que pretendía ser una celebración fastuosa, se está aguando por todos los resquicios del actual régimen, y nos alegra pensar que podamos estar contribuyendo modestamente a ello.

Por ello, y siguiendo el ejemplo de otros lugares del estado español que luchan por el derecho a decidir, como es el caso de Euskal Herria y Catalunya, con los que nos solidarizamos, queremos dar un paso adelante y no esperar a que nos convoquen, saliendo a la calle a ejercer nuestro derecho. Sin duda va a suponer (ya está ocurriendo) un paso muy importante en la relación entre los pueblos del estado, cuyos puentes están en proceso de reconstrucción, lo que redundará muy positivamente en la defensa y conquista de derechos y libertades comunes que nos están arrebatando.

Queremos tomar la palabra, que nadie hable en nuestro nombre, y exigimos la convocatoria de un referéndum institucional y vinculante sobre la forma de Estado.

* Articulo publicado en el diario Berria, nota original: Madrilek ere erabaki egin nahi du
Pedro Casas,  activista social y miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos

Más artículos del autor

Ilustraciones de Alejandro Pacheco de la serie “Dialogo”

Información relacionada:
La Universidad decide República
República-Monarquía: La consulta del 2-D avanza imparable
Consulta popular “Monarquía o República”: ¡Hagamos historia!
República, Monarquía: Nosotras decidimos
La consulta popular monarquía o república se despliega
Convocatoria de consulta popular: Monarquía o República
Una “Marea” democrática y republicana recorre el estado
Convocatoria abierta: Consulta Popular Monarquía o República
Es ahora ¿Monarquía o República?
Tetuán se moviliza para organizar la Consulta para decidir Monarquía o República
Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

La encrucijada electoral del municipalismo

Pedro Casas*. LQS. Octubre 2018

¿Qué queda de Ahora Madrid y de Ganemos Madrid?

El origen de la candidatura de Ahora Madrid se puede remontar hasta donde queramos, como inspiración, etc. (las transformaciones del 15M entre otras referencias), pero su origen concreto está en el proceso que fueron capaces de iniciar personas y colectivos relacionados con ciertos espacios que se reclaman del municipalismo en Madrid en 2014. El anuncio de la creación en Barcelona de Guanyem Barcelona tiene su eco por aquí con el nombre de Ganemos Madrid (GM), que empieza a convocar de manera abierta y participativa plenarios y grupos de elaboración de lo que podría ser un programa electoral municipal.

A la llamada acuden personas, a título individual o vinculadas a movimientos sociales, y partidos políticos como IU o EQUO. Desde la recuperación de las elecciones democráticas, no había sucedido un proceso abierto y participativo como el que se llevó a cabo, creando fórmulas originales para que la participación de los partidos políticos, ni los desdibujara, ni les permitieran hacerse con las riendas. De esta manera Ganemos Madrid queda configurado como una amalgama ingeniosa de procedentes de diversas culturas, organizaciones y personas a título individual y colectivo.

Podemos irrumpe con fuerza mediática y electoral en 2014, y decide evitarse posibles casos de corrupción en candidaturas municipales que pudieran ensuciar su convencido “asalto a los cielos”. Eso supone no presentarse como partido a las elecciones municipales, pero sí en candidaturas de confluencia, que le permitieran participar del poder sin coste. Esa decisión les llevó en el caso de Madrid a un matrimonio de conveniencia con Ganemos, creando el partido instrumental Ahora Madrid (AM). Ganemos, que entonces controlaba todo el proceso (Podemos no participaba y sólo observaba desde fuera), se dejó deslumbrar por la deseada aportación de votos de Podemos, y le concedió la capacidad de bloqueo (todo se decidiría por consenso o decisión, al 50%), sin valorar que la renuncia de Podemos a presentarse por su cuenta le obligaba a juntarse con alguien, sin disponer por ello de mucho margen de maniobra. Ganemos consiguió mantener las líneas generales del programa elaborado de manera participativa, y unas primarias reales, a pesar de las reticencias iniciales de Podemos. Pero el futuro quedaba hipotecado, como así sucedió.

Ahora Madrid sólo fue capaz de elaborar unos protocolos para elección abierta de sus vocales vecinales de distrito, y poco más, ya que las mesas de coordinación, tanto municipal como de distrito quedaron bloqueadas desde el primer momento por voluntad de Podemos, cuyos aparatos cada vez más centralizados no querían compartir poder con otros agentes, sea AM, o GM. La organización de AM no llegó a existir, ya que Podemos prefería tener mecanismos en la sombra de relación con la gestión del poder municipal, EQUO hizo otro tanto parapetado en su macro área de gobierno y muchos cuadros que dieron su salto a la institución se olvidaron de quien les posibilitó el paso, separándose todos ellos de las bases que les habían aupado. IU optó por jugar en todos los tableros, compatibilizando pactos estatales con Podemos, con participación en espacios municipalistas, como GM, que le hacían posicionarse en momentos concretos de manera crítica con las decisiones que marcaba la dirección política de la alcaldesa y su equipo.

AM nunca llegó a ser lo que suponía debía ser, la estructura de alimentación y dirección política de la gestión en el Ayuntamiento de Madrid y sus distritos, incapaz siquiera de gestionar sus propios dineros. La alcaldesa Manuela Carmena deslegitimó a Ahora Madrid desde su inicio con sus dos emblemáticas decisiones de no participar en la Mesa de coordinación, y de relegar al programa a una mera referencia en lugar de un contrato con la ciudadanía de obligado cumplimiento. Y el pasado 10 de septiembre le dio la puntilla al anunciar que se presentaría con una agrupación de electores.

La gestión llevada a cabo por el equipo de gobierno de Ahora Madrid en estos tres años y medio es más decepcionante que ilusionante. Es verdad que el frenazo a la derecha ha podido paralizar o suavizar algunas de las políticas más agresivas en marcha o por venir; se han materializado gestos en el capítulo de memoria histórica y en la lucha contra la contaminación; ha desaparecido o disminuido la corrupción; se ha fomentado la participación, aunque de manera superficial, etc. Pero junto a estos aspectos, se han mantenido desarrollos urbanísticos especulativos; no se ha avanzado en políticas de vivienda e incluso el ayuntamiento ha desahuciado familias; no se ha descentralizado el ayuntamiento; se han mantenido y renovado las privatizaciones de los servicios públicos; en lugar de auditar la deuda se ha incrementado el pago a los bancos; se ha mantenido y reforzado el carácter vertical y antidemocrático de las estructuras municipales.

Mientras tanto, Ganemos Madrid ha ido perdiendo efectivos por el camino: unos al colocarse en la institución, y otros ligados a los colectivos y movimientos que le dieron impulso, y que han ido alejándose cada vez más, decepcionados con la desnaturalización del proyecto. En lo organizativo pocas estructuras de distrito se mantienen, y ninguna sectorial, reduciéndose a una coordinadora que lleva propuestas a la mesa de coordinación con Podemos (con nulo resultado) y de vez en cuando emite un comunicado criticando alguna decisión del gobierno municipal. Al menos se ha mantenido alguna relación fluida con concejales que se reclaman de este espacio, pero poco más.

La debilidad actual de Ganemos Madrid es la base de su incapacidad para tener iniciativa alguna, a la espera de conocer las decisiones de otros, en particular IU, que si se mantiene de manera hegemónica en este espacio no es porque sea su apuesta estratégica, sino porque le puede servir de flotador en una hipotética negociación electoral de la que ahora parece haberse quedado fuera.

Descritas así las cosas, esperando haber sido riguroso en el análisis (aunque ya sé que no a todas y todos gustará), cabe hacer balance concreto de la situación para ver qué se puede hacer, desde una perspectiva municipalista, para que la corriente social que un día fue capaz de visibilizarse también en las instituciones, pueda mantenerse, por minoritaria que fuera, al servicio de los movimientos transformadores.

A los movimientos sociales que tenemos claro que las transformaciones se consiguen y mantienen en la calle, nos ayuda tener gente en las instituciones, para facilitar información, poner los medios públicos al servicio del pueblo, y ser altavoz mediático de las reivindicaciones. Esta relación contradictoria entre la calle y la institución es muy positiva cuando funciona y es impulsada y dirigida desde los movimientos (no al revés).

Por eso pienso que merece la pena intentar mantener la visibilidad institucional de un proyecto transformador municipalista, que base su proyecto más en los contenidos de lo que quiere para Madrid y las formas de gobernar y relacionarse con las y los vecinos, por encima de otras cuestiones como las primarias (al menos de momento). ¿Cómo? Veamos qué hay.

Ahora Madrid es una referencia electoral ganadora en Madrid, y que goza de prestigio entre amplias capas electorales de la ciudad. Tiene (tenía) un programa electoral atractivo, que no ha sido cumplido en aspectos importantes por la comodidad de plegarse a los poderes económicos y mediáticos. Y es (era) una referencia unitaria de la izquierda, algo que ya sabemos lo difícil que es crear y lo fácil que es destruir, como así ha ocurrido por obra y gracia de la alcaldesa y sus seguidores (y luego harán llamadas a la unidad: al tiempo). Por esta voladura irreversible, y por el desprestigio acumulado en estos años de incumplimientos, AM pertenece a la historia, sin futuro ninguno.

Ganemos Madrid ha mantenido el tipo de alguna manera en su proyecto de transformación real de la ciudad, sobre todo por la coherencia que han tenido algunas concejales, y por ciertos comunicados emitidos, aunque sin base social que los apoyase. Hoy ha perdido su organización, la vinculación con los movimientos que lo catapultaron y su autonomía. Sería muy difícil, aunque no imposible, recuperar los dos primeros, pero su falta de autonomía, en particular respecto de IU, le hace incapaz de una tarea que, de conseguirlo, evitaría partir de nuevo totalmente de cero.

Intentemos una candidatura municipalista, radical, asamblearia, que aun siendo posiblemente minoritaria, puede ejercer mucha influencia en el devenir de esta ciudad y sus vecinas y vecinos.

Conocemos el riesgo del contagio institucional, epidemia ya muy bien diagnosticada y poco combatida; pero existen otros riesgos tan peligrosos o más, como el aislamiento social o la renuncia a influir para que la trasformación llegue a todos los barrios de la ciudad, no sólo en nuestro pequeño círculo de incondicionales.

Una vez más nada hay que perder y sí mucho que ganar o mantener.

* Activista social. Miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos
Más artículos del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Despliegue policial intimidatorio en Madrid contra la colocación de lazos amarillos

Redacción. LQS. Septiembre 2018

Ayer, miércoles 26, tres vecinos de Madrid ponían lazos amarillos en su barrio, Carabanchel, en solidaridad con los pres@s politic@s. Sobre las 12 de la noche apareció un dispositivo inmenso de la policía nacional, tanto de patrullas como varios coches de secretas que inmediatamente les pidieron la documentación, después los cachearon y los tuvieron retenidos cerca de una hora, además de amenazar de manera intimidatoria sobre posibles sanciones.
Uno de los retenidos es nuestro compañero en LoQueSomos Pedro Casas, que con motivo de este desagradable incidente ha enviado la carta que reproducimos al Ministro del Interior, por si se dignara a dar explicaciones…

 

Sr D Fernando Grande-Marlaska Gómez, Ministro del Interior

Madrid 27 de septiembre de 2018

Estimado Sr.

En la noche del miércoles 26 de septiembre me encontraba con otras dos personas colocando unos lazos amarillos en algunas barandillas de la vía pública en el barrio madrileño de Carabanchel. Con dicha acción ejercíamos nuestro derechoa la libertad de expresión denunciando la prisión y el exilio a que se han visto sometidos algunos dirigentes sociales y políticos catalanes desde hace un año.

En torno a las 12 de la noche en la plaza Elíptica aparecieron varios coches patrulla de la Policía Nacional (4 o 5) y otros 3 o 4 coches de policía secreta, que bajándose a toda prisa de los vehículos nos rodearon. Sin dar ningún tipo de explicación, a pesar de que preguntamos varias veces el motivo o tipo de delito que supuestamente podíamos estar cometiendo, nos pidieron la documentación, que se la facilitamos las tres personas, y fuimos cacheados bolsillos, ropa y mochila, con resultado nulo, pues simplemente llevábamos nuestras pertenencias personales.
Tras permanecer casi una hora sin podernos marchar, ya que no nos devolvían la documentación, en mi caso me informaron que me iban a proponer una sanción por “negarse en mostrar la documentación a los agentes tras solicitársela
sospechosa, no llegando a ser delito”.

Resulta insólita la denuncia cuando yo no me negué en ningún momento a entregar la documentación, como así prueba el hecho de que en el parte de denuncia figuren todos mis datos, lo que además pueden corroborar como testigos las otras dos personas que me acompañaban, y los agentes que participaron en el dispositivo si quisieran declarar lo que vieron. Incluso diré que si no recuerdo mal, fui el primero en entregarla. Porque preguntar las razones de una actuación policial no es impedirla, y si, según consta en la denuncia, estaba en “actitud sospechosa”, creo que merezco una explicación de qué tipo de sospecha estaba levantando.

Siendo grave esta actitud que considero abuso de autoridad intimidatorio, más grave me parece el hecho de que a 3 simples ciudadanos se les prepare un dispositivo policial de tal envergadura por el simple hecho de poner lazos. ¿Tanto miedo tiene el Ministerio del Interior a que se conozca que en otros lugares, como Madrid capital del Estado, haya muestras de solidaridad con las personas encarceladas o exiliadas de manera injusta?

Resulta ilustrativo que la única pregunta que nos realizó un agente, antes de ver la documentación, era que “de dónde éramos”. ¿Qué andaban buscando con ese operativo desproporcionado? También resulta chocante que los agentes se dedicaran a quitar todos los lazos amarillos que estaban colocados en las barandillas ¿es ese su cometido?

No sólo son millones las personas que en Catalunya reclaman esta libertad; en su propio gobierno se han oído voces en esta dirección, y también son muchas las personas de otros lugares del estado español, también en Madrid, que consideramos que estas personas no deben estar en prisión ni verse obligadas a marchar al extranjero para evitar esta pena, y por ello reclamamos su libertad.

Conviene recordar que la Fiscal General del Estado declaró recientemente que no constituía delito alguno colocar o quitar en la vía pública lazos amarillos, símbolo de esta petición de libertad, por mucho que algunos medios quieran darle un significado meramente independentista para ocultar la que consideramos una violación de derechos políticos.

Considero que tengo derecho a una explicación, y conocer qué tipo de alarma y mecanismos se ponen en movimiento en el Ministerio que Vd. preside cuando de aparecen unos simples lazos de plástico en la vía pública de Madrid.

En espera de su respuesta, le informo que enviaré una copia de esta carta al Delegado del Gobierno en Madrid, y me tomo la libertad de hacer público el contenido de esta carta.

Atentamente

Pedro Casas Álvarez
* Activista social. Miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

La involución del régimen

Pedro Casas. LQS. Agosto 2018

Estamos frente a una involución de un régimen que cada vez tiene más de autoritario que de democrático. Es la hora de defender unas libertades que en parte conquistamos, pero que estamos dejando arrebatar

Casualmente releo en un periódico de fecha 5 de noviembre de 1998 la noticia de que la Audiencia Nacional (AN) condena a 4 etarras a 14 años de prisión por el secuestro durante 3 meses y medio del industrial Julio Iglesias Zamora ocurrido en 1993.

Leo el 1 de junio de 2018 que la misma AN condena a penas de hasta 13 años de prisión a unos jóvenes por una pelea ocurrida de madrigada en un bar de Alsasua en 2016, en la que se vieron involucrados dos guardias civiles fuera de servicio y sus novias. Creo que no es necesario detenerse a comparar los hechos que han supuesto condenas similares.

Conviene recordar no obstante que cuando se produjo el secuestro, ETA tenía gran actividad violenta, y por el contrario esta actividad (gran excusa del régimen para su endurecimiento), había desaparecido hacía 5 años cuando ocurrió la pelea de bar, y por lo tanto no podía ser atribuida a actividad terrorista.

20 años separan estas dos condenas, que suponen una expresión gráfica y contundente de la involución de este régimen, con el endurecimiento del código penal, la ley Mordaza, el secuestro informativo del oligopolio mediático, las condenas por cantar, los montajes policiales, las multas e identificaciones arbitrarias en actos, etc.

Hay bastantes aspectos de esta situación que me recuerda los últimos años del franquismo, y en particular uno: la esperanza que teníamos en las instituciones europeas para deslegitimar al régimen que nos oprimía.

Celebrar un referéndum vinculante es un ejercicio democrático normal en muchos países, pero aquí significa penas de cárcel, y tenemos que andar esperando que la justicia europea nos redima del secuestro en el que nos tiene sumido el aparato judicial contaminado de gérmenes franquistas, (igual que otros poderes del estado como el ejército), que no fueron desinfectados en la controlada y sangrienta transición de la que ahora se celebran sus 40 años.

No tengamos miedo a llamar las cosas por su nombre: Estamos frente a una involución de un régimen que cada vez tiene más de autoritario que de democrático. Es la hora de defender unas libertades que en parte conquistamos, pero que estamos dejando arrebatar.

Ahora que hay más riqueza que nunca en el planeta, cada vez hay más pobres que no llegan a final de mes, también en el llamado primer mundo. La desigualdad viene acompañada de represión, y si queremos igualdad tenemos que luchar también por la libertad.

Dejemos el sueño y despertemos a la realidad. Luchemos por la libertad, la igualdad y la dignidad.

* Activista social. Miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos
Más artículos del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

El poder y su hegemonía mental

Pedro Casas. LQS. Abril 2018

Nos extraña el hecho de que los explotados voten a sus explotadores, pero, además de cabrearnos, no hacemos mucho por intentar averiguar los mecanismos que se desarrollan para que tal hecho se materialice.

Tengo el convencimiento de que el 50% (por poner una cifra) de los fracasos de las personas activistas y autodesignadas dirigentes, se debe a la pereza tanto mental como física. La mental se refiere a la incapacidad por intentar hacer algún juicio o análisis medianamente objetivo de las razones de los fracasos de convocatorias, y lo más fácil es concluir, “es que la gente no está concienciada….”. Y la pereza física se refiere a la comodidad de las reuniones autocomplacientes y el abandono de actividades tan esenciales para avanzar como por ejemplo pegar carteles o repartir octavillas, no en momentos puntuales, sino de manera habitual.

Dicho esto, porque me apetecía y venía a cuento, voy a tratar de aportar algunos elementos en el análisis de por qué la derecha es capaz de ejercer su poder con el aparente apoyo de la ciudadanía, y en particular de quienes sufren en sus carnes sus políticas. Sólo si comprendemos las razones del fenómeno, podremos actuar para revertir la situación; otra cosa es que no tengamos ninguna intención de poner el remedio, por su coste en esfuerzo, y prefiramos seguir viviendo en la ignorancia cómoda de las reuniones autocomplacientes.

Yo pienso que el elemento o vértice sobre el que gira los mecanismos de transmisión de ideología es EL PODER. Cuando nos preguntamos las razones de por qué “la gente” (los trabajadores) votan a la derecha y la apoyan, nos estamos haciendo una pregunta, si no equivocada, al menos poco relevante. En realidad la pregunta relevante sería esta otra: ¿Por qué los trabajadores no apoyan a las organizaciones que supuestamente defienden sus intereses?

No hay una, sino muchas respuestas a esta pregunta, pues muchos son los matices y razones por las cuales los trabajadores dan la espalda a “los suyos”. Trataré de exponer algunas razones, según una graduación del tipo de organizaciones desde las menos obreras a las más, al menos en teoría (todo muy genérico, pues no es el objetivo de este texto analizar las organizaciones, sino las relaciones que son capaces de tejer con sus bases naturales).

Hay organizaciones llamadas de izquierda que en realidad se han convertido (o así nacieron) en vulgares grupos de poder y reparto de prebendas, bañadas por la corrupción y las llamadas puertas giratorias. En estos casos, el desapego popular no deja de ser un síntoma de buena salud mental y política por parte de la clase obrera.

En otros casos, donde no se dan tan a las claras los rasgos de corrupción y elitismo, lo que ocurre es que estas organizaciones “supuestamente de los trabajadores”, en realidad no lo son, pues defienden los mismos intereses esenciales de los explotadores, de los detentadores del poder económico, y lo que aportan tan sólo son matices cosméticos, en el mejor de los casos. En estas circunstancias a veces estas organizaciones consiguen apoyos temporales de la peña, cuando el compromiso de cambio es firme, aunque se reduzca a esos maquillajes, que sin embargo pueden llegar a notarse en la vida diaria. Tal fue el caso del primer gobierno Zapatero y su revalidación.

Hago aquí un pequeño paréntesis para señalar que resulta casi titánico que en esta sociedad dominada por los grandes medios de comunicación del capital, una persona (u organización) honrada consiga “demostrarlo”, pues los ataques que generalmente recibe son constantes y despiadados. Y esos ataques, a la dignidad de persona/organización y sus valores políticos, serán más virulentos en proporción al daño que tal persona u organización sea capaz de hacer a los intereses de los poderosos. No olvidemos nunca este daño permanente que sufrimos, y las consecuencias a veces irreparables.

Pasamos ahora al conjunto de organizaciones que pudiéramos considerar “coherentes” con una perspectiva liberadora, pero aquí vendría la siguiente cuestión: ¿Quién tiene la patente para dictaminar si una organización es realmente revolucionaria capaz de llevarnos a la liberación no sólo de la clase sino de toda la humanidad, que espera ansiosa la llegada de este momento? Pues fácil no parece, porque los ataques de reformismo, traición, y de ahí para arriba, son constantes entre todas las organizaciones que se consideran revolucionarias. Pero no me voy a detener en este aspecto, en sí muy importante, pero no tan relevante para los razonamientos que pretendo desarrollar.

Sin entrar en los matices de qué organización es la “auténtica”, el caso es que parece que los trabajadores no apoyan de manera mayoritaria a ninguna de las que pretenden atribuirse esta “pureza”. ¿Por qué? Pues algunas razones parecen más o menos elementales, aunque no somos coherentes a la hora de ponerles remedio.

En unos casos se trata simplemente de que la gente no se entera de su existencia, y menos de sus propuestas; sin embargo casi nada se hace para remediarlo, pues los militantes de esas organizaciones, generalmente escasos, poco o nada hacen por darse a conocer, comiéndose más bien en su propia salsa, en reuniones que seguramente nada tienen que envidiar a las de la comisión para la doctrina de la fe. No sólo el trabajo de calle, con carteles y reparto de octavillas, sino a través de la participación en las organizaciones de base social, es como podrían dase a conocer al conjunto de los trabajadores, en los barrios, centros de trabajo y de estudio.

En otros casos lo que ocurre es que el desfase entre el emisor y el receptor de los mensajes políticos es tan amplio, que no existe ancho de banda suficiente para que lleguen a su destino

Es patético oír a menudo a los militantes de estas organizaciones revolucionarias quejarse de la bajísima conciencia de clase de los trabajadores, y sin embargo a la hora de redactar comunicados o elaborar carteles pareciera que estuviéramos en una situación poco menos que insurreccional. Menos pereza mental es lo que hace falta, para lograr sintonizar con el estado de conciencia realmente existente de nuestros destinatarios. Porque además debemos tener en cuenta que aunque lográsemos sintonizar adecuadamente, las interferencias del poder serán diversas y maquiavélicas, para desvirtuar los mensajes. Por desgracia los censores tienen poco trabajo que realizar últimamente, salvo situaciones concretas que puedan estar ocurriendo en los últimos meses, que confirman la regla de cómo el poder interfiere cuando ve peligrar su hegemonía.

Avancemos más; ya tenemos una organización coherente, revolucionaria, que es conocida por la gente y cuyo mensaje llega con cierta claridad, ¿qué pasa entonces?

Aquí entran en juego dos tipos de mecanismos que de alguna manera se retroalimentan, y que afectarían a zonas más profundas del ser colectivo. Para abordarlo me voy a detener y entrar a comentar algunos otros aspectos.

Es muy frecuente juzgar de una manera despectiva a “la gente”, a la que consideramos ignorante, alienada, cómplice, y no sé cuántos adjetivos descalificativos, simplemente por el hecho de que no viene a nuestras convocatorias o no sigue nuestras sabias consignas. Aparte de razones que ya se hayan podido plantear en las líneas precedentes (desconocimiento o incomprensión de los mensajes), soy de la opinión de que “la gente” es bastante más inteligente, no sólo de lo que pensamos, sino de nosotros mismos. Me explico.

A menudo nuestras propuestas revolucionarias tienen una inconsistencia de tal magnitud, que no son capaces de pasar en más simple filtro de la llamada sabiduría popular. Proponemos la llegada a un paraíso, libre de los ogros que nos explotan, sin tener en cuenta de qué manera seremos capaces de neutralizar a esos ogros que no se van a dejar arrebatar sus privilegios sin defenderlos con uñas y dientes. “La gente” tiene (tenemos) incrustado en nuestro ADN socio-político las cicatrices de las consecuencias de procesos revolucionarios frustrados y aplastados a sangre y fuego, y mientras no seamos capaces de elaborar una estrategia coherente de superación de estos obstáculos para conseguir una victoria, las posibilidades de que la gente nos siga seguirán siendo remotas. Es como si dijeran, “para ese viaje no necesitamos estas alforjas”, y desde luego que no están exentas de razón. Si lo que proponemos es un camino regado de sangre, pues no es muy atractivo, que digamos.

Y voy más allá: Incluso en una perspectiva de revolución victoriosa, el caso de Cuba es altamente ilustrativo, pues se trata de una nación que sobrevive a duras penas el peso de un bloqueo canalla. Con la experiencia histórica de las revoluciones realmente habidas o existentes, no podemos pretender atraernos a nuestros compañeros de clase con vanas promesas de un paraíso que no llegará tan fácilmente, pues las zancadillas son y serán constantes, hasta el extremo de que no siempre será fácil experimentar unas mejoras sustanciales y materiales. Conseguiremos la dignidad, pero esto no es suficiente para comer, y hoy por hoy, salvo los pueblos en situación de extrema pobreza y explotación, las mejoras no serán tan fáciles de notar tras una revolución, en un contexto de comercio mundial y globalizado, donde el capital internacional se aliará contra la revolución, una vez más.

¿Por qué los trabajadores no siguen a las organizaciones que proponen su emancipación? Si mis razonamientos han sido hasta ahora algo coherentes y convincentes, espero que la respuesta demos ahora sea, cuanto menos, más compleja de lo que solíamos dar antes de una manera genérica. Por eso insisto que la pregunta relevante no es ¿por qué la gente apoya a los partidos que le oprimen, sino por qué no apoya a los que le “van a liberar”?

No obstante, con lo descrito hasta aquí, sí voy a abordar la primera de las preguntas, pero desde una perspectiva diferente a lo que suele ser habitual.

Aquí entra un concepto de la psicología social que voy a tratar de explicar brevemente para poder entender mi razonamiento posterior: La disonancia cognitiva.

De una manera coloquial, este concepto hace mención a los mecanismos mentales por los cuales el ser humano, individual o social, adapta su consciencia a su situación concreta y real. Tiene mucho que ver con el concepto marxista que afirma que el ser social determina su conciencia.

En el caso de la disonancia cognitiva, la hipótesis es que un ser humano no puede convivir mucho tiempo con una disonancia entre lo que piensa y lo que es o hace, y a la larga (o corta) debe ajustar la situación, cambiando bien por el lado del ser, bien por el de pensar. La razón de tal situación estaría en el hecho de que “es muy frustrante” permanecer en la idea de que soy una mierda, impotente y ninguneado; y una de dos, o me rebelo (con consecuencias impredecibles), o me adapto mentalmente asumiendo que se trata de una fatalidad, que soy de una especie inferior, que es una decisión divina, o lo que me vendan y me guste “comprar” para sobrevivir mentalmente a la situación. Esto último será lo más probable que ocurra, pues la primera de las opciones requiere de mucha fuerza de voluntad, valentía y el resultado es muy incierto, con lo que si no me freno yo mismo, ya habrá alguien en mi entorno familiar que “me pondrá los pies en la tierra”, haciéndome desistir de mi “imprudencia”. Una vez asimilado el “auto lavado de cerebro”, el grado de identificación con la ideología postiza puede tener muy diversos grados, desde la asunción instrumental, hasta el convencimiento más recalcitrante, no vaya a ser que alguna persona me ponga un espejo donde nuevamente vuelva a reconocer mis terribles miserias.

Algo parecido ocurre en el ámbito social: cuando un colectivo termina por asumir su condición de clase dependiente, y su incapacidad para revertir una situación aunque la considere injusta, terminará construyendo un envoltorio ideológico que “justifique” su estatus, su relación con la distribución de poderes establecida. Si quieres merecer un cierto respeto social, no puedes estar mucho tiempo instalado en el discurso de que eres un desgraciado, un explotado, si no estás dispuesto a rebelarte de esa condición. Y por ello necesito un envoltorio “amable” que justifique que no estoy tan mal, y que podría estar peor aún, como nos recuerdan todos los días los telediarios con pobrezas, guerras y hambres que ocurren en otros lugares, por su mala cabeza, su naturaleza extraña, o por querer alterar el orden establecido.

¿De qué manera autojustificarse? Pues la mejor es echar “balones fuera” y cargar la culpa a los demás, en particular a los más débiles. ¿Qué es si no la xenofobia y el racismo sino la válvula de escape para desahogar nuestras propias frustraciones y miedos hacia colectivos que consideramos inferiores, pero que pueden representar una amenaza a nuestro exiguo “status social”, susceptible de empeorar todavía un poco más?

Una vez instalado en la ideología del miedo y la aceptación resignada de nuestra condición de paria, que no venga nadie a mostrarme mi cruda realidad, quiera sacarme de mi conformismo y pretenda que adopte una actitud de rebeldía cuyos posibles riesgos no estoy dispuesto a asumir. Y para eso están los voceros de la TV, para ofrecerme de manera permanente las excusas perfectas para rechazar a los que proponen un status diferente (pero con sacrificios), y por tanto mejor no seguir sus ideas.

Revertir esta situación no sólo es posible, sino necesario. Si alguien quiere usar estos razonamientos para instalarse en el conservadurismo de dejar las cosas como están, será su propia responsabilidad, porque mi intención es la contraria: tratar de describir unos mecanismos de transmisión del poder en las mentes individuales y colectivas para poder cambiar esta realidad en beneficio de las luchas populares. Y que nadie se engañe, esto es un trabajo de mucho esfuerzo, pues el poder al que nos enfrentamos, dispone de muchos recursos y mecanismos para ejercerlo en la sombra o a la luz del día.

* Activista social. Miembro de la asamblea de redacción de LoQueSomos
Más artículos del autor

Elementos para el análisis: el papel de los medios de comunicación

Pedro Casas. LQS. Febrero 2018

Con estos apuntes no pretendo ni realizar un análisis profundo del tema, ni mucho menos sacar conclusiones. La pretensión es mucho más modesta: lanzar algunas reflexiones que puedan contribuir a un análisis a fondo del tema (en este caso el papel de los medios de comunicación) con la esperanza de que puedan aportar elementos que ayuden a configurar unos medios de comunicación útiles a la revolución social al servicio de las clases populares

Siempre he considerado que la falta de unos buenos medios de comunicación de masas resulta una de las mayores carencias del movimiento revolucionario, entendido éste como el conjunto de fuerzas políticas y sociales que creen de verdad en que es necesario y además posible una sociedad que esté organizada al servicio de las clases populares, en lugar de estar al servicio de los poderosos y explotadores de la tierra y sus habitantes, y que por esa convicción se organizan y luchan para que tal cambio, tal revolución, sea un hecho real.

Esta carencia de medios es fácilmente explicable, más allá de las dificultades y errores que puedan tener las fuerzas que aspiran al cambio, pues para disponer de unos medios potentes con capacidad de llegar hasta al último rincón de la sociedad hace falta disponer de unos elevados recursos, y estos están en manos de los poderosos, precisamente de aquellos a los que se quiere arrebatar el poder y sus privilegios.

Los grandes medios de comunicación, que en muchos casos son deficitarios, son sostenidos por las corporaciones económicas y grandes empresas y bancos, vía financiación, vía publicidad. Es fácil también entender que si criticamos al poder este no colaborará en el sostenimiento del medio que le critica y perjudica su cuenta de resultados.

Nos encontramos pues ante un callejón sin aparente salida. ¿Existe la posibilidad de superar este hándicap? No parece fácil, a no ser que tuviésemos la suficiente capacidad y organización para suplir de una manera activista (con multi-micro-aportaciones, trabajo voluntario de redacción y distribución, etc.) lo que no puede hacerse con una capacidad financiera de la que no se dispone.

Además de estas carencias estructurales de medios, cuya solución no conozco (salvo cuando se accede a los grandes medios de comunicación públicos, pero ¿y hasta que se llega al poder?), resulta interesante reflexionar sobre los contenidos y funciones que los medios de comunicación desempeñan en esta desigual lucha de clases, para al menos evaluar si el trabajo voluntarista que se realiza en unos medios alternativos y modestos, es realmente eficaz, en su medida, claro, o por el contrario se podría estar contribuyendo a reforzar el sistema que se pretende combatir.

Para tener elementos de juicio o evaluación, me propongo en las próximas líneas analizar algunas de las funciones que el poder asigna a sus grandes medios, no fuera a ser que desde nuestros modestos medios estuviéramos reproduciendo estas funciones contrarias a nuestros intereses revolucionarios.

Sin ánimo de ser exhaustivo ni ignorar otras posibles funciones, quizás más importantes, voy a reparar en cuatro funciones esenciales que a mi juicio desempeñan los medios de comunicación para el mantenimiento del actual estado de cosas en una sociedad explotadora y desigual.

Es el canal a través del cual los humanos nos comunicamos en una sociedad amplia, abierta y compleja. Esta función adquiere más relevancia cuanto más nos individualizamos en nuestros nichos y habitáculos caseros, en la medida que la comunicación oral pierde casi todo el espacio que tenía en las sociedades rurales.

Nos enteramos de lo que pasa lejos de nosotros por medio de estos medios de comunicación, cuyo poder consiste en que:
– Re-crea la realidad, de tal manera que lo que no cuenta no existe
– Moldea la realidad, dándola una cobertura y envoltorio cerrado, subjetivo y sesgado, determinando lo que es bueno y malo de los hechos que narra
– Determina, por ello, cuál es la realidad en que se inserta nuestra vida, y en definitiva de lo que hablamos con nuestros coetáneos.

Los medios de comunicación llenan de contenidos las redes de comunicación entre los humanos en la sociedad, contaminando los canales de relación, tanto desde su origen (fuente) como en su destinatario (receptor). Resulta muy difícil abstraerse al poder de los medios en las relaciones sociales, pues, al desconocer los hechos en su fuente, no tenemos capacidad para de-construir la recreación que nos viene impuesta. Y por otro lado, si negamos a los medios en sí mismos, corremos el riesgo de aislarnos de tal manera que seremos marcianos en nuestra propia tierra, seres extraños incapaces de establecer una mínima relación con nuestro entorno, un entorno totalmente contaminado, eso sí. ¿Hay escapatoria a este dilema? No es fácil.

Una de las funciones que modestamente pueden y deben desempeñar los medos de comunicación alternativos es precisamente de-construir esta distorsionada realidad y tratar de reconstruirla con hechos objetivos.

Difusión del pensamiento único. Uno de los elementos ideológicos importantes que sostienen el sistema consiste en tratar de convencer de la insuperabilidad del propio sistema, porque no tendría alternativa, al menos viable. Dan a entender que frente al sistema actual sólo cabe el caos o la anarquía. Y esto es lo que por activa o por pasiva se muestra continuamente en los medios de comunicación de masas del sistema, destacando a los buenos y respetables (“científicos y expertos”) frente a los malos, presentados como enemigos del sistema (terroristas) o simples ingenuos que nos llevan a la catástrofe (populismos).

Los países y colectivos que se salen del guion son tratados con saña, encarnando todo tipo de males habidos y por haber, ocultando los logros alcanzados en el plano de la justicia o la igualdad. Las injusticias y fallas del sistema propio nunca son por causas intrínsecas al mismo, sino consecuencia de algún pequeño fallo o por razones poco menos que sobrenaturales.

Resulta obvio que uno de los papeles principales que los medios de comunicación alternativos deben cumplir es mostrar que sí existe alternativa al sistema impuesto, y que se construye, no sin dificultades, en otros lugares, pero que es posible. Y que es necesario construir la alternativa, ya que este sistema nos lleva a la ruina planetaria. El reto es cómo superar el pequeño círculo de los lectores más concienciados y poder llegar a amplias capas de la población menos concienciadas. Aquí es esencial repensar contenidos, lenguajes y formatos de expresión, divulgativos y atractivos para una gran multitud de nuestr@s compañer@s de clase.

La ostentación del poder es otra de las importantes funciones que desempeñan los medios de comunicación de masas. El sistema se mantiene “por las buenas”, porque no tiene alternativa viable (pensamiento único) o “por las malas”, porque dispone de gran poder y no se lo va a dejar arrebatar con facilidad.

El caciquismo era quizás la manera más elocuente de esta dominación y ostentación del poder, que se manifiesta de maneras sutilmente diferentes en las sociedades modernas, pero sin diferir mucho de su esencia.

La corrupción es otra de las caras de la misma moneda, y que apenas tiene coste político para la derecha, para los poderosos, porque en el fondo es una manera de ostentación del propio poder. “Yo hago lo que quiero porque tengo el poder para hacerlo”, y los demás a callar.

La represión y el miedo que destila el poder es otro de los rasgos que los medios de comunicación muestran de manera ostentosa o sibilina, según la modulación que el poder quiera ejercer del mismo.

Porque el autoritarismo es otro de los rasgos del poder, y por lo tanto no es extraño que se exprese de manera incluso cruel. La cárcel ilegal de Guantánamo lleva más de 15 años abierta en terreno de otro país, y lejos de cuestionar a los EEUU a nivel mundial y de masas, lo que señala es el poder de este imperio, capaz de saltarse cualquiera de las normas que en cambio impone a los demás países.

Combatir estos dos últimos aspectos señalados es otro de los grandes retos que los medios de comunicación alternativos tienen que ser capaces de realizar con éxito. Fácil no es, pues el margen es muy estrecho: cuanto más magnifiquen las muestras de poder o autoritarismo de los señores del sistema, se está contribuyendo, involuntariamente, a asentar uno de los pilares del mismo. Un trabajo revolucionario a realizar por unos medios de comunicación alternativos consistirá en no quedarse en la denuncia de la opresión del explotador, sino en señalar y exponer que pese a ser poderoso, es vulnerable y derrotable, mostrando los puntos débiles. Este trabajo es realmente complicado, pues aparentemente es contradictorio (mostrar el poder y la debilidad); pero es algo necesario si queremos que nuestros medios realicen un trabajo positivo y no estéril o incluso contraproducente.

* Líder vecinal y activista social
Más artículos del autor

Replica por la LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Redacción. LQS. Febrero 2018

Replicamos el acto SUSPENDIDO POR ARCO 2018, en torno a la obra PRESOS POLÍTICOS EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA de SANTIAGO SIERRA

Y replicamos más, queremos hacer una defensa de la Libertad de Creación y de Expresión radical. La necesitamos más que nunca.

La deriva acelerada que está tomando el estado español es preocupante, con los recortes de las libertades que se vienen produciendo en nuestro país en los últimos años: el aumento de los presos políticos (que existen y son), juicios y condenas a cantantes, la represión vivida en Catalunya solo por ejercer el derecho a decidir, secuestro de libros, persecución a la libre expresión en las redes sociales, la detención de unas mujeres por pegar carteles de la huelga del 8 de marzo o la retirada a instancias de IFEMA de una obra en la feria ARCO, delatan el nivel democrático de este estado, que a través del castigo y del miedo impone una única línea de pensamiento, desgraciadamente conocida por tod@s, cada vez nos empieza a costar menos discernir entre franquismo y “democracia”.

A esto le sumamos el silencio cómplice de fuerzas políticas y sindicales institucionalizadas, que por acción u omisión contribuyen al aumento galopante de represión, por parte del estado, de las libertades más básicas.

Reivindicamos el derecho libre a crear, exponer, opinar, a todo lo que se recoge en el principio de la Libertad de Expresión.

Defendemos la obra de Santiago Sierra, su valor artístico y político, con la misma fuerza que afirmamos que en el estado español hay pres@s polític@s, y desgraciadamente cada vez más.

No son los represaliados los que se convierten a sí mismos en presos políticos. Lo son por voluntad del estado, y no tanto por lo que hayan hecho, sino en función de los detestables intereses políticos y propagandísticos de ese mismo estado.
Así lo ilustra, de modo especial, el caso de los jóvenes de Alsasua, en el que una trifulca de bar es convertida en un acto de terrorismo intencionado, con petición de monstruosas condenas.

Convocamos a l@s vecinos de Madrid a visitar y participar en el acto-exposición que celebrara el próximo Lunes 26 de Febrero, a las 19:00 horas en la Fundación Anselmo Lorenzo, calle Peñuelas nº 41 de Madrid.

Libertad de Creación, Libertad de Expresión, Libertad de Comunicación,
Libertad, Libertad, Libertad

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb