Dominique Salomon: “La política de Israel es racista y fascista”

Javier Coria. LQS. Enero 2019

Desde su creación, Israel es un Estado colonialista, esto es lo que sostiene en esta entrevista la francesa de familia judía, Dominique Salomon. En Barcelona, esta luchadora nata, lo hace contra el sionismo en una asociación que reúne a judíos y palestinos que apoyan la “Campaña Internacional BDS”, de boicot, sanciones y desinversiones por la ocupación israelí de los territorios de Palestina

Cuando uno se cruza o conoce a Dominique, no se puede imaginar que esté ante una mujer con un largo historial de lucha, contra el franquismo en las épocas duras, y contra la política derechista los gobiernos de Israel y de España. De finos ademanes y aspecto frágil, el tópico que aplicamos a las apariencias nos hace ver en Dominique a una mujer dedicada a otras tareas. Quizás influya en ello sus cabellos y gafas de colores, su vestimenta, y su encantador acento francés, que no ha perdido pese al estudiar castellano desde los 15 años, le dan un aire chic que rompe los estereotipos que se tiene de la mujer combativa y no digamos ya los que tiene la derecha, extrema o no, sobre la mujer luchadora o mujeres en general.

Me permito tutear a Dominique, de hecho nos conocemos desde los primeros tiempos del posfranquismo., donde la represión y los asesinatos de obreros, estudiantes y antifascistas en general, aún eran una realidad. Domonique nació en París el 18 junio de 1945, el año de la victoria aliada y del famoso discurso de Charles de Gaulle en Londres.

La historia de tu familia es la de las víctimas del holocausto. ¿Explícanos resumidamente como afectó a tus familiares?

Soy judía de origen polaco por parte de madre, y francesa desde el siglo XVIII, por parte de mi padre. Soy descendiente de víctimas de la Shoah (literalmente: el desastre). Mi abuelo, abuela y mi tía de 16 años, junto a varios primos, fueron arrestados en 1942 por la policía francesa de París. Detenidos en el campo Drancy fueron entregados a los alemanes que los deportaron al campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, donde desde el año 1940 a 1945, murieron un millón de judíos. ¡Nadie de mi familia volvió!

¿Y en caso de tus padres?

Mis padres tuvieron que dejar su trabajo, ningún judío podía ser funcionario. Mi madre tuvo que pasar a la zona donde todavía no habían llegado los alemanes, con papeles falsos. Luego fue de pueblo en pueblo pidiendo leche para mi hermano que tenía 2 años (hoy ese niño tiene 78 años). Se salvaron porque una campesina los escondió. Mientras tanto, en París, nuestra casa fue requisada y entregada a los colaboracionistas. Mi padre fue un maqui con la resistencia.

Dominique, su hijo y su hermana que vive en París, aparecen en la película documental Mémoires d’asssassinés, que retrata a los familiares de víctimas del holocausto. Actualmente estás en una curiosa plataforma de lucha… ¿Cuéntanos?

Sí, estoy en “JUNTS” (Asociación Catalana de judíos y palestinos). Pensamos que es importante luchar juntos para demostrar a la gente que no es una guerra de religión, sino una guerra colonial, una de las últimas luchas coloniales en el mundo actual. La política de Israel es absolutamente racista y fascista. La situación de los palestinos es desesperada, Gaza es una cárcel al cielo descubierto, sin gas, sin poder salir, sin electricidad, falta de todo e Israel les ataca regularmente produciendo millares de muertos y heridos. En Cisjordania, los israelitas avanzan haciendo asentamientos, destruyendo las casas de los palestinos, quitándoles sus campos de olivos. Creo que examinar la última ley fundamental votada el mes de julio pasado, demuestra hasta qué punto este Estado desarrolla las premisas de su creación como un Estado colonial. Invito a la gente s leerles, resumiendo, la ley afirma la predominancia étnica judía en Israel.

También luchaste contra el franquismo. ¿Explícanos esto?

Somos hijas de las grandes luchas sociales de Mayo del 68, desde joven he luchado por la justicia social, contra el colonialismo y el racismo.

Y claro, al llegar a España lo hiciste en las filas del antifranquismo.

Conocí al que sería luego mi marido a los 15 años estudiando castellano en Madrid. Desde los años setenta luché contra la dictadura en las filas del FRAP. En la actualidad estoy en Podem.

¡Anda! Con esto daremos alas a los que tú ya sabes… (Podemos se nutre de antiguos comunistas radicales y terrorista, dirán).

El grupo municipal de Ciudadanos del ayuntamiento de Barcelona hizo la propuesta, apoyada por el PP, para que se equiparara el apartheid a Palestina con el antisemitismo, propuesta que fue rechazada. Grupos como “Boicot Israel” y “Basta complicidad” consideran el texto de los de Albert Rivera como insultante, ya que los compara con movimientos xenófobos. ¿Qué nos puedes contar de esto?

La moción presentada por Ciudadanos en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona responde a una estrategia para criminalizar la campaña BDS, que está obteniendo resultados importantes a nivel mundial.

Es interesante recalcar que en este caso, no hubo ninguna diferencia entre la derecha constitucionalista y la derecha independentista catalana, PdCat y PP votaron a la moción que intenta equiparar la campaña BDS -una campaña ciudadana, no violenta para que el Estado de Israel aplique el derecho internacional- al Antisemitismo, lo que equivale, por lo menos, a desacreditarla o en algunos países, como Francia, a consecuencias penales.

Como sabrás, a la periodista Pilar Rahola el Fondo Nacional Judío la han premiado por su labor como propagandista de la política de Israel, con la plantación de 5.000 árboles en un bosque realizado ex proceso. ¿Qué opinas?

El Fondo Nacional Judío (en sus siglas en hebreo KKL) es un ente transnacional que desde antes de la creación del Estado, ha sido un instrumento fundamental de la colonización de Palestina, a través de la compra y gestión de tierras conquistadas y confiscadas, y lo sigue siendo actualmente.

Que elija a Pilar Rahola para otorgarle un premio, con la excusa de la plantación de árboles (una estrategia utilizada en Israel para disimular los lugares donde existan pueblos palestinos ahora destruidos) es interesante en tanto en cuanto que ella no es judía, pero sí sionista.

¿Qué piensas del llamado lobby judío?

A menudo se habla coloquialmente de lobby judío, pero es importante hablar de lobby sionista. Mientras el judaísmo es una religión universal, el sionismo es un proyecto nacionalista, colonialista y excluyente que desde el principio está al servicio del imperialismo, primero británico, ahora estadounidense. Por lo cual ser sionista es estar al servicio de dichos interesas.

Israel no representa a los judío del mundo, a pesar de lo que pretende. Y cada vez más crece la oposición a Israel entre las comunidades judías, también religiosas, en particular en EE.UU., donde existe una vida judía independiente del Estado de Israel.

Superando el maniqueísmo, y los vicios de la izquierda que es bastante acrítica con sus iguales, hay que decir que en la guerra entre Hamás y Fatáh (Guerra Civil Palestina) produjo una elevada cifra de víctimas civiles que se achacaron al “enemigo israelí. Por no hablar de la corrupción institucionalizada del Estado Palestino, que desvía las subvenciones para infraestructuras y ayudas sociales a los bolsillos de dirigentes que tienen cuentas en el extranjero, como en su día las tenían algunos dirigentes de la OLP. ¿Qué valoración te merece esto?

Para mi es evidente que los palestinos tienen que solucionar sus problemas políticos internos, ellos mismos y no nos corresponde inmiscuirnos en estos últimos, nuestro papel consiste en ir contra la política de los países occidentales que quieren olvidar la terrible situación del pueblo palestino en favor de su geopolítica en la zona y en cuanto a mí como judía, impedir que se sirvan de mi historia para cometer y justificar crímenes contra otro pueblo en mi nombre.

Sin embargo, podemos decir que el Proceso de Oslo ha sido un error y una estafa de gravísimas consecuencias para la resistencia palestina. Por otra parte, mientras Europa reconoce a la Autoridad Nacional Palestina como interlocutor válido -aunque los salarios de los funcionarios dependan de la buena voluntad israelí- castiga a Hamás y colectivamente a toda la población de Gaza por haber votada este partido.

Es importante decir es que tanto la campaña BDS como las marchas para el derecho al retorno organizadas en Gaza en los últimos meses que han sufrido una tremenda represión provienen de iniciativas de la sociedad civil palestina de Gaza con un gran protagonismo de las mujeres y de los jóvenes que han dado muestras de inmenso coraje y creatividad.

Por último, se está fraguando una coalición entre los diferentes partidos de izquierda palestina que pretende superar el punto muerto político actual.

¿Y cuál es la posición de ERC y el PSC?

Con matices, se puede decir que tanto uno como otro partido han apoyado la solución de los dos estados (Acuerdos de Oslo, 1993), proceso que se puede considerar muerto actualmente.
Es interesante apuntar que las juventudes del PSC (Partido Socialista de Catalunya), han adoptado la campaña BDS. Se puede incluso decir que en las bases del Partido Socialista, existe un sentimiento pro Palestina, pero en cuanto uno se acerca a los círculos del poder, la posición va cambiando hacia un claro apoyo a Israel, a pesar de la retórica empleada (la paz, las partes implicadas en el conflicto, etc.).

En cuanto al PP, es claramente pro israelí, como buena parte de la derecha europea. José María Aznar es presidente de la fundación pro israelí, Friends of Israel Initiative, a pesar de la herencia del nacionalcatolicismo, y propaganda del antiguo régimen para quienes los enemigos de la nación obedecían al complot “judeo-masónico”.

Más grave aún, es la extrema derecha europea, con el recién llegado Vox, entre otros, caracterizada por su islamofobia, alaba y estrecha vínculos con Israel. Tanto Orbán (Primer Ministro de Hungría), como el presidente polaco (Andrzej Duda) y recientemente, el italiano Salvini (Matteo Salvini, vicepresidente y Ministro de Interior) han sido acogidos por el gobierno israelí, lo que demuestra el grado de derechización y racismo que existe entre la clase dirigente del país y su identificación con el autoritarismo y la xenofobia más rancia.

¿Qué has aprendido de estos años de lucha?

Tanto mi hermana como yo hemos sacado de nuestra historia familiar dos lecciones fundamentales: Ningún pueblo tiene que ser perseguido por razones religiosas o raciales, y ningún pueblo vale más que otro.

Dejo a Dominique que vuelve a París a pasar estas fiestas con la familia. Las calles, como aquellas de mayo del 68, están llenas de obreros y estudiantes protagonizando protestas y duros enfrentamientos con los gendarmes.

Gracias Dominique.

Fotos de Francesc Sans
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Relatos inéditos de Jules Verne

Javier Coria. LQS. Enero 2019

A doscientos años de su nacimiento, siguen apareciendo inéditos en castellano de Jules Verne

Por primera vez en castellano, tres cuetos inéditos de Jules Verne, traducidos por Ariel Pérez y publicado por Ediciones Paganel

Parece mentira, pero casi dos cientos años del nacimiento de Jules Verne, aún queden textos inéditos en castellano, carencia que está abordando el traductor que nos ocupa. En este libro se presentan tres textos, a saber: Viaje de estudios, que es el relato largo (o novela corta) que escribió Verne poco antes de morir. Fue utilizada por el hijo de Verne, Michel, para escribir la novela La asombrosa aventura de la misión Barsac, que se editó con el nombre de su padre.

El sitio de Roma. En esta obra Verne sitúa la acción en la Europa revolucionaria de XIX, y principalmente en la llamada “primavera de los pueblos” de 1848, narrando la historia de amor entre un oficial del ejército francés y una joven parisina.

Y por último: Jededias Janet, comenzada pero no terminada, es una clara muestra del humor verniano. Como extra, el libro contiene un capítulo inédito del trabajo titánico que hizo Verne para su Geografía de Francia, obra ilustrada. Una parte de esta obra, a la que pertenece este capítulo, narra la vida de los más célebres viajeros, remontándose más allá del punto partida original. Se hace referencia al primer viaje, que según la tradición y fantasiosa historia sagrada fue “el primer hombre”, Adam.

Esta trabajo no sería posible sin la labor de la Sociedad Hispánica Jules Verne (SHJV), de la cual Ariel Pérez es su presidente, así como miembro de honor del Consejo de Administración del Centre International Jules Verne, de Amiens. Cubano (Santa Clara, 1976), Ariel reside en Canadá. Es autor de otras traducciones vernianas como San Carlos y otros relatos y El Marqués Tilos y otros cuentos, entre otras obras de ensayo o biográficos sobre el escritor galo.

La SHJV, con sede en Mallorca, tiene miembros y seguidores en todo el mundo de habla hispana, pero también tiene miembros honoríficos que están entre los mayores estudiosos del mundo en la obra y vida de Jules Verne. Este es el caso del más veterano, el suizo y residente en EE.UU Jean-Michel Margot, vicepresidente de North American Jules Verne Society, el Conde italiano Piero Gondolo della Riva, el más grande coleccionista del mundo de Verne. El y joven alemán sin ser miembro honorífico, Volker Dehs, colabora con la SHJV. Dehs bucea periódicamente en los archivos de la familia y bibliotecas, siendo el autor de grandes descubrimientos sobre la obra de Verne.

La pequeña editorial Paganel es la forma en que la SHJV hace conocer públicamente sus textos. La editorial coge el nombre de un personaje de una de las grandes novelas de Verne: Los hijos del capitán Grant.

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Una mujer en Villa Grimaldi: testimonio

Javier Coria. LQS. Agosto 2018

Un testimonio en primera persona (Nubia Becker) de la tortura y extermino en el Chile de Pinochet

“Este libro fue escrito en la clandestinidad, editado en la clandestinidad y durante años pasó a escondidas de mano en mano y recién hace pocos años pudo reeditarse con su verdadero nombre. A su presentación, en la misma Villa Grimaldi donde padeció tanto dolor y sufrimiento, viajamos desde distintos lugares del planeta y nos reunimos sus cuatro hijos por primera vez desde 1973. Allí estábamos, llenos de cicatrices, pero vivos y rodeados de otros supervivientes, amigos, familiares de desaparecidos y ella, tan bella e inteligente como siempre, sorprendida por el reconocimiento a lo que había escrito en la oscuridad y que tantos años después veía la luz.

Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Nubia no estaba sola. Fueron muchas las que creyeron que el mundo podía ser mejor y que valía la pena luchar por ello. Lo siguen creyendo. Ni la tortura, el miedo, la muerte de tantas y tantos, han cambiado sus convicciones. Eso sí, tuvieron que reconstruirse, curar sus cuerpos lacerados, sanar sus almas adoloridas, restaurar los vínculos rotos y reclamar justicia, justicia, justicia. Porque todo ese horror lo cometieron hombres con nombre y apellidos y solo la justicia puede intentar reparar tanta maldad y sadismo. Por eso, mi madre es hoy testigo de cargo en las numerosas causas abiertas por los crímenes cometidos por la dictadura de Pinochet”.

Estos son extractos del texto introductorio que firma la hija de Nubia Becker, Betzie Jaramillo Becker, escritora y guionista chilena. Tan importante es hablar y escribir sobre estos temas, como saber callarse cuando toman la palabra las víctimas con testimonios tan desgarradores. Por nuestra parte no vamos a añadir nada más, salvo los datos de la edición española del texto. Nubia Becker Eguiluz se recompuso, para señalar a los represores, pero también para escribir novelas, relatos, y documentos sobre la violencia machista y sobre los derechos humanos.

“Una mujer en Villa Grimaldi. Tortura y exterminio en el Chile de Pinochet”. Texto introductorio, Betzie Jaramillo. Prólogo de Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura de Chile, año 2000. “El Garaje Ediciones”, Madrid 2018.

Nubia Becker en Madrid. Una mujer contra Pinochet
Una mujer en villa Grimaldi. Tortura y exterminio en el Chile de Pinochet

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Las peripecias del cadáver de “Evita”

Javier Coria. LQS. Septiembre 2018

Esta historia comienza, exactamente, el 26 de julio de 1952, a las 20.26 horas. La radio argentina daba la siguiente noticia: “Ha muerto la jefa espiritual de la nación”. Un minuto antes fallecía de cáncer, con apenas 33 años –Evita falsificó la fecha de su nacimiento para hacerse 3 años más joven-. Eva María Duarte Ibarguren, Evita Perón. Al día siguiente, el cuerpo incorrupto de la exactriz y primera dama de la República Argentina se exponía en público velatorio. Durante 16 días, dos millones de personas pasaron por la capilla ardiente para rendir su último homenaje a la mujer que más hondo ha calado en la sociedad argentina y en el imaginario popular. La muchedumbre aguantó 3 kilómetros de colas y las inclemencias del tiempo. Cientos de desmayos y cuatro muertos fueron el resultado de dicha espera. El Papa Pío XII recibió 26.000 peticiones para elevar a los altares a Evita.

Conocida y accesible es la biografía de la que fue llamada: “El ángel tutelar de Argentina”, como conocidos son los sucesos políticos que rodearon su vida como esposa de Juan Domingo Perón. Pero la historia oscura y secreta que les vamos a contar fue un misterio durante muchos años, una rocambolesca concatenación de vicisitudes que hizo que su cadáver estuviera 24 años sin un entierro digno, 14 de esos años, permaneció en una tumba anónima, siendo el mayor misterio de la historia argentina. Intrigas; secuestro del cuerpo; mutilaciones; ataques con ácido y fuego; enterramiento clandestino; viajes macabros del féretro y hasta vejaciones necrofílicas, todo esto sufrió el cuerpo embalsamado de Evita, cuya peripecia póstuma, hace irónico el dicho de “descanse en paz”. Nunca antes, un cadáver había protagonizado tantas batallas políticas y extraños rituales a su alrededor, hasta el punto que, algunos de sus enemigos, creían en los poderes sobrenaturales de esta mujer, un poder que pensaban, le podía hacer ganar batallas después de muerta o ser utilizado su cuerpo como bandera política, como así fue. Esta es la siniestra historia de estos sucesos. En las causas de su muerte también hay polémica, quién quiera profundizar el ello les recomendamos el libro del periodista argentino Nelsón Castro: Los últimos días de Eva. Historia de un engaño.

Dos españoles a solas con Evita

Aquella tarde fría del 26 de julio de 1952, la policía tuvo que abrir paso aun coche que entró en la Casa Rosada, residencia del presidente de la República, por la puerta de la calle Agüero. Una multitud, con velas y rezos, rodeaba la casa en espera del fatal desenlace. Los dos hombres que viajaban en el coche fueron conducidos a una sala donde les esperaba el médico y Ministro de Asuntos Técnicos, Raúl Mende, que se dirigió a ellos en estos términos:

“A las 20.25 horas, la señora de Perón ha pasado a la inmortalidad. El presidente y todos sus colaboradores queremos que usted, doctor Ara, prepare el cadáver para exponerlo al pueblo y ser luego depositado en la cripta monumental que hemos de construir”.

Médicos y familiares dejaron la estancia donde yacía Eva Perón. El peluquero Julio Alcaraz y la manicura de la Primera Dama entraron para cumplir con la tarea que la propia Evita les había dejado encargada. El doctor Ara firmó un contrato y, antes de entrar en la cámara mortuoria, mantuvo una entrevista con el general Perón, que le dijo:

“Profesor, esta es su casa. Usted dispone y manda, sin que nada haya de ser consultado conmigo. Estoy muy de acuerdo en que la operación no sirva de espectáculo a nadie. Ni los ministros médicos estarán presentes. Tiene usted, doctor, puestas por dentro todas las llaves que comunican con el departamentos de mi pobrecita mujer. No permita usted que entre nadie, ni aunque sea de la familia. Yo tampoco entraré. Vamos a cerrar “desde ya”, la comunicación con mi cuarto”.

De esta forma, el médico aragonés Pedro Ara –cuyas secretas técnicas de embalsamamiento se llevó a la tumba- y su ayudante catalán, fueron los dos españoles que se quedaron a solas con el cuerpo presente de Evita. Ara, que desde aquel momento llevaría un detallado diario de su labor (El caso Eva Perón), dejó escrito:

“Ante nosotros yacía la mujer más amada y más odiada de su tiempo. Había luchado fieramente contra los grandes, y había caído derrotada por lo infinitamente pequeño”.

Pedro Ara Sarriá fue un eminente anatomista de fama mundial que revolucionó las técnicas de embalsamamiento. Su método, cuyo secreto se llevó a la tumba, perfeccionaba considerablemente la parafinización, que había ideado Leo Frederiq en 1876. Al general Perón le habían hablado de un médico español que convertía los cadáveres en piezas de anatomía que, lejos de parecer macabros muñecos, tenían un realismo que los dotaba de una extraña viveza. En Córdoba (Argentina) y desde 1925, el profesor Ara, fue creando una colección anatómica sólo superada por la de Ferdinand Hochstetter en Viena. Hoy el museo argentino lleva el nombre del médico zaragozano. Pero dejamos a los dos hombres en la estancia de Evita, allí les sorprendió las primeras luces del alba cuando terminaron su labor para evitar la corrupción del cadáver, pero faltaban varios meses de trabajo para que el efecto fuera perdurable.

Secuestro y necrofilia

El 12 de agosto de 1952, y terminadas las exequias públicas y oficiales, el féretro fue conducido a la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), donde debería descansar el cuerpo de Evita hasta que se construyera el mausoleo y monumento a los trabajadores, cuyo proyecto recogía una estructura que multiplicaba por tres la altura de la Estatua de la Libertad. Con la oposición del doctor Ara, que temía el peligro de posibles disturbios al trabajar en un lugar de lucha social, se montó el laboratorio en la segunda planta del sindicato. Durante el velatorio, algunas personas habían puesto en peligro el proceso de conservación al abrir la tapa de cristal del ataúd. Meses más tarde, un insignificante clic metálico que se había colado accidentalmente en los preparados químicos del embalsamamiento, también puso en peligro la tarea del doctor, que libraba su particular lucha contra el tiempo y la podredumbre. Un año duraron los trabajos de Ara, que ahora se había convertido en el custodio, junto con la policía interna del sindicato, de la momia de Eva Perón. El informe que Ara envío a la “Comisión Nacional Monumento a Eva Perón” era muy riguroso y certificaba que el cuerpo de Evita no había sido mutilado:

“Tengo el honor de comunicar a esta Comisión, que el trabajo que me fue encomendado en las condiciones establecidas por el convenio con fecha de 26 de julio de 1952, ha sido terminado. De acuerdo a la cláusula séptima, el cadáver de la Excma. Señora Doña María Eva Duarte de Perón, impregnado de sustancias solidificantes, puede estar permanentemente en contacto con el aire, sin más precauciones que las de proteger contra los agentes perturbadores mecánicos, químicos o térmicos, tanto artificiales como de origen atmosférico. No fue abierta ninguna cavidad del cuerpo. Conserva, por tanto, todos sus órganos internos, sanos o enfermos, excepto los que le fueron extirpados en vida por actos quirúrgicos. De todos ellos, podría hacerse en cualquier tiempo, un análisis microscópico con técnica adecuada al caso. No le ha sido extirpada ni la menor partícula de piel ni de ningún otro tejido orgánico”.

Por su parte, el proyectado monumento, seguía siendo solamente un dibujo en el papel. Por otra parte, la integridad física del cuerpo de Evita, pronto sería violentada.

Durante dos años más permaneció la momia en los locales de la CGT bajo los cuidados del anatomista. El cuerpo que había consumido la enfermedad en vida, y los posteriores procesos químicos de conservación después de muerta, hicieron que los restos de Evita se asemejaran a una muñeca con la estatura y el peso de una niña de 12 años. Así la vio Perón en una de sus visitas al laboratorio de Ara. Pero la imagen de su esposa suspendida del techo y con los brazos en cruz, horrorizaron al general que dejó la estancia precipitadamente.

Pero ironías de la vida, mientras el concienzudo científico realizaba sus trabajos de conservación, el gobierno peronista se descomponía a marchas forzadas y los aires de guerra civil azotaban la nación. Esos aires empujaron a los aviones de la Marina que, el 16 de junio de 1955, bombardearon la Casa de Gobierno y la Plaza de Mayo, causando cientos de muertos. Fracasado en un primer momento el golpe antiperonista, éste triunfaría el 16 de septiembre de ese mismo año. Tras el golpe de la llamada “Revolución Libertadora”, el general Perón marchó al exilio sin dejar instrucciones sobre lo que se tenía que hacer con los restos de su esposa. Pese a que Perón había prometido llamar telefónicamente al doctor para darle instrucciones, la llamada se demoró 16 años. Una vez más, el doctor Ara se quedaba a solas con Evita. La pesada carga de resguardar el extraño legado de un posible ataque, descansaba en los hombros de este aragonés.

Pero Ara conocía al doctor Clemente Villada Achával, cuñado y hombre de confianza del general Eduardo Lonardi, presidente provisional del nuevo gobierno golpista, y acudió a él. Precisamente fue Achával quién, ante el cuerpo de Evita, quedó maravillado de lo que calificó como obra de arte, lamentándose del futuro que le esperaba, que no era otro que la desaparición. Pero los nuevos gobernantes militares desconfiaban que aquel cuerpo fuera realmente el de Eva Perón llegaron a pensar que era una muñeca de cera, de hecho corría el rumor que existían varias estatuas de cera con la imagen de Evita. Los doctores Nerio Rojas, catedrático de Medicina Legal; Julio César Lascano González, eminente patólogo; y Osvaldo Fustinoni, profesor titular de Semiología y Clínica Propedéutica; fueron elegidos para constituir la comisión médica que analizaría el cuerpo. Sin ningún respeto hacia el trabajo de Ara y, sobre todo, hacia la fallecida, cortaron un dedo de la momia para obtener su huella digital, tomaron una muestra de tejido de la oreja izquierda para los exámenes histológicos, y completaron el reconocimiento con placas de Rayos X. El dictamen fue concluyente, se trataba de los restos mortales de Eva Perón. El Teniente Coronel Cabanillas, que fue jefe del temido Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) en aquella época, en una entrevista a un documental de 1997, declaró lo siguiente:

“El cadáver era prácticamente una muñeca, estaba intacto, no parecía una momificación. El trabajo que hizo el doctor Ara era tan perfecto que el cuerpo tenía todos sus movimientos. La carne, al tacto, era como si estuviera viva. Parecía una muñeca, no de cera, de carne y hueso”.

El presidente de facto, Lonardi, miembro de la derecha nacionalista- católica moderada, fue elegido como hombre de consenso y de prestigio para unificar a las diferentes familias militares. Pero su política de reconciliación y, sobre todo, su negativa a terminar con las actividades peronistas entre los militares y los sindicalistas, hicieron que los sectores más duros y reaccionarios del Ejército y la Armada, llamados por los peronistas “gorilas”, a los cincuenta y dos días de mandato, depusieran a Lonardi con un golpe de mano que llevó a la presidencia al dictador, general Pedro Eugenio Aramburu. Presidencia dirigida en la sombra por el Almirante Isaac Francisco Rojas. De nuevo, el futuro de la momia de Evita quedaba en suspenso. Hasta que unos hechos y la aparición de un personaje siniestro le dio un giro grotesco a esta historia. Los militares, temiendo que “eso”, como empezaron a llamar a la momia, se convirtiera en una bandera política que movilizara a los peronistas, se plantearon varias formas para hacer desaparecer unos restos incómodos. De alguna forma, Evita seguía estando en la actualidad política y dando batallas después de muerta, como ya profetizaron tanto sus seguidores, como sus detractores. Las nuevas autoridades militares sospechaban que había comandos peronistas preparados para rescatar los restos de Evita. Además, por las noches, manos anónimas dejaban flores en la puerta de la sede sindical, por lo que era evidente que se conocía el secreto que se guardaba en la sala 63 de la CGT. Por todo ello, los militares pasaron a la acción.

Otto Skorzeny, «Cara cortada», el guardaespaldas nazi de Evita

Fue el Almirante Rojas el que manifestó: “Hay que excluir el cadáver de la vida política”. Las formas que se pensaron para tal fin, fueron de lo más estrafalarias, pero no tanto como las que al final se llevaron a cabo. La Marina pensó fondear el cadáver, con varios kilos de cemento, en las aguas del Río de la Plata, incluso se propuso enterrarlo o quemarlo con queroseno en la isla de Martín García, todo ello con el propósito de no dejar rastro del incómodo legado y, sobre todo, procurar que ningún lugar fuera susceptible de convertirse en un santuario para los peronistas. El general Aramburu tomó la decisión de ordenar el secuestro del cadáver de Evita para darle cristiana y clandestina sepultura, pero la errónea elección del mando de la misión, le dio a los acontecimientos una deriva enloquecida y perversa. La noche del 22 de noviembre de 1955, un comando al mando del Teniente Coronel Carlos de Moori-Koenig, por aquel entonces jefe del SIE, irrumpió en la sede sindical y se llevó la momia de Evita ante el estupor del doctor Pedro Ara, su custodio. Un cajón de embalaje hizo las veces de ataúd de la dirigente política más carismática de América. Una furgoneta de reparto de flores, se perdió en la noche bonaerense con su insólito cargamento. Así dio comienzo la llamada “Operación Evasión”.
A partir de aquí, los despropósitos se sucedieron uno tras otro. La resistencia peronista descubrió el plan y llegó a atentar contra la casa de Moori-Koenig, esto unido a la paranoia natural del Teniente Coronel, hicieron que el militar ocultara el paradero de la momia hasta a sus propios superiores. Aunque parezca ridículo, los restos de Evita pasaron varios meses en el interior de una furgoneta aparcada en las calles de Buenos Aires, furgoneta que se cambiaba de estacionamiento para que no levantara sospechas. Al final, el jefe del SIE, decidió terminar con el fúnebre trasiego y llevó a la difunta a la casa de su segundo, el Mayor Eduardo Antonio Arandia, que residía en el número 542 de la Avenida General Paz. En el trastero de esta lujosa residencia durmió “el sueño de los justos” Evita hasta que, un luctuoso y extraño hecho, vino a sacudir una vez más toda esta estrambótica historia.

Los agentes peronistas, capitaneados por un antiguo mayor de Inteligencia, Mateo Prudencio Mandrini, peinaban la ciudad en búsca del cuerpo de Eva Perón; esto hizo que los militares raptores estuvieran alertas. Arandia dormía con su pistola calibre 38 debajo de la almohada, lo que muestra el grado de nerviosismo que le atenazaba. Una noche, Arandia se levantó sobresaltado al escuchar unos ruidos en el pasillo, armado con su pistola y convencido de que eran los peronistas que venían por Evita, descerrajó tres balazos contra una sombra que se movía en la oscuridad. Los tres impactos fueron directos al corazón de su mujer, Elvira Herrera de Arandia, que cayó muerta en el acto. Para más tragedia, estaba embarazada.

Después del siniestro suceso, el macabro peregrinaje de Evita siguió por varias instalaciones militares hasta que fue depositado en un almacén perteneciente al SIE, donde permaneció hasta enero de 1956. Pero en las calles, crecía la protesta de los “descamisados” que reclamaban el cadáver secuestrado de su idolatrada dirigente. El presidente Aramburu, una vez más, ordenó que la momia fuese enterrada en una tumba anónima del cementerio de la capital, pero el ya perturbado Moori-Koenig, desoyendo las órdenes, se llevó los restos de Eva Perón a su propia oficina del Servicio de Inteligencia, situada en la esquina de las calles Callao y Tucumán. Allí, en un armario rotulado con el letrero: “Equipos de radio” permanecería la momia de Evita hasta el año 1957, no sin antes ser objeto de las más esperpénticas peripecias. Cuentan que en una noche de borrachera, unos oficiales llevaron a unas mujeres a ver a la ilustre muerta. Por su parte, la locura de Moori-Koenig se convirtió en una obsesión por el cuerpo. Decía que aquella mujer le pertenecía y no dudaba en enseñar la momia a las visitas. De una de estas morbosas exhibiciones fue testigo la cineasta María Luisa Bemberg, que espantada, se la contó a su amigo, al Capitán de Navío Francisco Manrique. La obsesión y los abusos sexuales, que los hubo, llegaron a oídos de Aramburu que destituyó al militar por comportamiento “anticristiano”. Moori-Koenig fue expulsado del ejército y su historia necrofílica se convirtió en un secreto de Estado. Esta historia inspiró el relato “Esa mujer”, recogido en el libro del escritor Rodolfo Walsh Los oficios terrestres.

La situación era la siguiente: Los peronistas querían rescatar el cadáver y los sectores más extremistas del ejército querían destruirlo volando, si era necesario, el edificio del SEI con la momia dentro. El miedo que tenía Aramburu a que los peronistas consiguieran su objetivo, no era menor al miedo que le producía la esperada reacción popular ante la hipotética destrucción de un símbolo como el que representaba el cuerpo de Evita. Además, los militares golpistas eran ultra-católicos, destruir o quemar el cuerpo iba en contra de sus convicciones –en 1963, el Papa Pablo VI levantó la prohibición de la cremación. Los sacerdotes empezaron a oficiar ceremonias con esta práctica a partir del año 1966-. Por ello, y enfrentándose a múltiples presiones, Aramburu aceptó la propuesta que le hizo el nuevo director del SIE y que sustituía al malogrado Moori-Koenig en dicho cargo. Este no era otro que Héctor Eduardo Cabanillas que procedía del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), y que a partir de ese momento, se convertiría en el personaje clave del futuro de los restos mortales de Eva Perón. La “solución Cabanillas” consistía en sacar la momia del país y enterrarla con un falso nombre en un cementerio extranjero. Así nació la “Operación Traslado”.

El espía Magistris, el falso viudo de Evita

La “Operación Traslado” dio comienzo con una estudiada campaña de desinformación y contactos diplomáticos. Mezclando realidad con ficción, se habló de copias de cera de la momia de Evita y de diferentes ataúdes viajando a destinos de América del Sur o países europeos como Bélgica o Alemania Occidental. Ni el propio Aramburu conocía el verdadero destino del cadáver. Él recibió, en un sobre lacrado, las indicaciones precisas del enterramiento, pero entregó el sobre sin abrir a un notario que debía, a su vez, dárselo al sucesor en la presidencia, en caso de fallecimiento de Aramburu. Por su parte, la madre y las hermanas de Evita, desde su exilo en Chile, pidieron ayuda a la Iglesia para recuperar el cuerpo de su familiar. Lejos estaban de saber que la propia jerarquía católica colaboraría para sacar clandestinamente el cadáver de Evita de la Argentina.

Cabanillas, en un primer intento, dirigió su petición al representante del Vaticano en Buenos Aires, monseñor Fermín Laffite, pero no obtuvo respuesta. El entonces jefe del regimiento de Granaderos -y que llegaría a ser presidente de facto en 1971- el Mayor Alejandro Agustín Lanusse, le pidió al vicario castrense y confesor de su familia, Francisco Rotger, que intercediera ante el Papa Pío XII y formalizara la compra de una sepultura en Italia. El capellán Rotger era un catalán miembro de la Compañía de San Pablo cuya intervención fue crucial en este proceso. Primero buscó la aprobación del Superior General de los paulinos, el padre Giovanni Penco, y luego procuró que el Papa no se opusiera. Después de complicadas negociaciones en Roma, Rotger consiguió su objetivo. Años después, este sacerdote declararía que su intervención en esta maniobra, lejos de motivaciones políticas, buscaba el dar cristiana sepultura al cuerpo de Eva Perón y evitar la destrucción de sus restos mortales. La “Operación Traslado” se puso en marcha.

Los militares, después de informarse de los trámites para el traslado de un cadáver a Europa, y falsificando sellos de goma y documentación, depositaron un ataúd en el lujoso trasatlántico “Conte Biancamano”. A las 16 horas del 23 de abril de 1957, el barco tomó rumbo a Génova, en su bodega, la momia de Evita viajaba con el falso nombre de María Maggi de Magistris. Acompañaban al féretro dos agentes… ¿Pero quiénes eran los agentes encargados de la delicada misión? Uno era el suboficial de inteligencia, Manuel Sorolla, que viajaba con su verdadera identidad en misión de “control”. Pero el otro agente era la mano derecha de Cabanillas, su espía preferido para la infiltración, vigilancia y represión de la resistencia peronista. Fue el verdadero autor ejecutivo de la “Operación Traslado”, y no era otro que el Mayor Hamilton Alberto Díaz que provenía del arma de Caballería y que entró en la inteligencia militar en 1951, el mismo año en que empezó a conspiras contra Perón. Díaz, que era jefe de la División de Servicios Secretos. Hamilton vio como su carrera se encumbraba, después de ser el autor de las detenciones de los sublevados contra Aramburu, en junio de 1956, y que terminó con el fusilamiento de José León Suárez. En la sede del SIE, Cabanillas y su segundo, Hamilton Díaz, prepararon este viaje.

El espía viajó con papeles falsos con el nombre de Giorgio Magistris, viudo de la tal María Maggi de Magistris. Durante décadas, la identidad del falso viudo de Eva Perón fue un misterio. Pero la identidad de éste colaborador de la CIA fue destapada en un reportaje de investigación de 2005 en el diario Clarín. Con identidad falsa, reapareció en 1965 como un rico empresario de una agencia de seguridad privada. Se les perdió la pista hasta su fallecimiento en 1986.

Al arribar el barco a Génova, un suceso anecdótico, vino a sobresaltar a los agentes secretos. En el puerto, una multitud acompañada de banda de música, esperaba al trasatlántico. Lo que ocurría era que en la bodega del barco, además de la momia de Evita, viajaban la partituras de Arturo Toscanini, un verdadero ídolo en la Argentina. Tras el fallecimiento de Toscanini en enero de 1957, sus partituras retornaban para ser depositadas en el museo de la Scala de Milán. Por un momento, los militares pensaron que habían sido descubiertos. En el puerto genovés, la fúnebre comitiva fue recibida por el mismísimo Giovanni Penco, en nombre de la Compañía de San Pablo que eran los arrendatarios de la sepultura de Milán que recibiría los restos de la falsa Maggi. Metieron el féretro en una furgoneta, y partieron hacia esa ciudad. En esta última etapa del viaje, además de los citados, acompañó al féretro una seglar de la Compañía de San Pablo, Giussepina Airoldi. La hermana no sabía la verdadera identidad de la fallecida, ella sólo conocía la versión que el superior de los paulinos, y los agentes de Cabanillas, le habían contado. A todos los efectos, los restos pertenecían a una piadosa mujer italiana, nacida en Dalmine (Bérgamo), y fallecida en Rosario (Argentina), en un accidente de coche en 1951.

El 13 de mayo de 1957, a las 15, 40 horas, el féretro con el cuerpo de Evita con falsa identidad, entró en el cementerio Maggiore de Milán, en el barrio de Mussoco. Hamilton Díaz, el falso viudo, permaneció dos días velando el cuerpo en una sala del cementerio, su misión le obligaba a no perder de vista los restos hasta que fueran sepultados. Finalmente, el cuerpo fue enterrado en el tombino 41 del campo 86, en un área abierta y arbolada del camposanto. El agente volvió a Buenos Aires y, en un papel rosa, apuntó los datos de localización de la tumba. Este papel lo entregó a su superior Cabanillas, y éste lo guardó en una caja de seguridad de un banco de Uruguay. Por encargo de Penco, Giussepina Airoldi, llevaría flores a la tumba de María Maggi y se encargaría de su mantenimiento. Durante 14 años, no faltaron flores frescas en el sepulcro de Evita (El escritor Tomás Eloy Martínez escribió la novela de investigación ¡Santa Evita!, que con nombre supuestos relatan algunos hechos de esta historia).

Rituales y espiritismo en Madrid

Pero si le faltaban elementos extraños a esta historia, llegamos a un episodio verdaderamente oscuro. La momia de Evita fue utilizada en rituales espiritas y sesiones de magia negra, dirigidas por un personaje de lo más funesto, conocido en ciertos círculos como… “El Brujo” de Perón. Pero retomemos el orden crono lógico de los acontecimientos.

El 29 de mayo de 1970, dos miembros del grupo guerrillero Montoneros secuestraron al general Aramburu, cuando ya no era presidente. Le acusaron de fusilar peronistas, pero sobre todo, de haber profanado y secuestrado el cuerpo de la: “compañera Evita”. Esta fue la primera acción pública de los Montoneros que, curiosamente, muchos de sus activistas eran niños cuando gobernaba Perón. El comandante montonero Mario Firmenich interrogó al general sobre el paradero del cuerpo de Evita. Aramburu apeló a su honor para no decir nada, pero después de una noche de reflexión, les dijo que el Vaticano había participado y que el cuerpo estaba enterrado en Roma con un nombre falso. En realidad, Aramburu nunca quiso saber donde estaba enterrada Evita, en este caso en Milán, por eso entregó el sobre cerrado con los datos al notario, cosa que no reveló a los Montoneros. Como las autoridades no contestaron a las reivindicaciones de los rebeldes, que exigían la vuelta del cadáver de Evita, el 1 de junio de ese mismo año, Aramburu fue asesinado de un tiro en la cabeza. Los militares recuperaron el cuerpo del general, 16 de julio.

Pero los acontecimientos darían un giro radical en 1971. La violencia política, la crisis económica y el vacío de poder existente, hicieron que el entonces presidente, el general Alejandro Agustín Lanusse, buscara gestos de reconciliación. Además, le llegaban noticias de que los Montoneros y la CGT, estaban batiendo los cementerios italianos en busca de Evita. Lanusse recibió el sobre lacrado que Aramburu había entregado al notario con los datos exactos del enterramiento. Lanusse pretendía organizar la vuelta del envejecido Perón, que en aquel momento, vivía exiliado en Madrid con su tercera esposa, María Estela Martínez, conocida como Isabel, por el nombre artístico de su época de bailarina “exótica”. Como muestra de buena voluntad, el pragmático dictador argentino, pactó con Perón la devolución del cadáver de su esposa. Y como los militares argentinos de aquella época, por lo que se ve, no tenían mucha imaginación para poner los nombres en clave de los operativos, le llamaron a esta: “Operación Devolución”.

Como no podía ser de otra forma, Lanusse encargó a Cabanillas el mando del operativo, que contó con el beneplácito del Papa Pablo VI, como contó con el de sus antecesores. También, Giulio Madurini, el nuevo superior de los paulinos, dio su apoyo a la misión, eso sí, por seguridad, utilizó el nombre falso de Alessandro Angeli. Si hacía 14 años, para los trámites utilizaron los servicios de la funeraria Spallarosa, esta vez los agentes utilizaron los servicios de la funeraria Fusetti. Cabanillas también contó en esta ocasión con el espía Manuel Sorrolla, que esta vez se hizo pasar por el hermano de María Maggi. Con el nombre de Carlo Maggi, Sorolla inició los trámites para la exhumación del cadáver y su traslado a España, para inhumarlo junto a unos familiares, le contaron a la funeraria. El embajador argentino en Italia, el Almirante Argülles, movió la máquina diplomática, contó para ello con la participación activa del embajador ante Franco, el Brigadier Jorge Rojas Silveyra, que fue designado expresamente por Lanusse para esta misión.

Con todos los documentos en regla, Cabanillas y el sargento Sorolla, se personaron en el cementerio milanés. Giorgio Magistris (el agente Hamilton Díaz), no participó en el operativo porque para borrar pistas, se preparó su falsa muerte. Era el 1 de septiembre de 1971, cuando los dos agentes cruzaron el cementerio para reunirse con Madurini y los sepultureros. Después de 14 años, la parte exterior de madera del ataúd estaba muy deteriorada, por lo que se cambió a otro féretro con tapas de zinc. Aquí sucedió una de las múltiples anécdotas de esta historia. Los operarios del cementerio, al ver el cuerpo sin signos de corrupción y que parecía una muñeca, salieron corriendo gritando: ¡Miracolo, miracolo! Los agentes y el prelado, tuvieron que calmar a los agitados enterradores, un puñado de liras contribuyeron a ello. Al día siguiente, una furgoneta con la momia de Evita partió hacia Francia. Tras pasar una noche en un garaje de Perpiñán, la comitiva se dirigió a la frontera de La Junquera. Cabanillas viajaba junto al conductor de la furgoneta, y pudo ser testigo de la sorpresa de éste cuando, a los pocos kilómetros de haber entrado en España, unos coches les dieron escolta hasta que les hicieron parar. Luego de cambiar el féretro de vehiculo, despidieron al conductor italiano que, sorprendido, tomó el camino de retorno a Milán. Lógicamente se puede deducir que los servicios de inteligencia franquista dieron cobertura logística a esta operación.

Sobre las 20,30 horas del 3 de septiembre, Cabanillas, junto al embajador Rojas Silveyra entregaron los restos de Evita a su viudo. Esperaron 5 minutos en la puerta, para que la hora no coincidiera con las 20, 25, hora del fallecimiento de Evita. La escena sucedió en la Quinta “17 de octubre”, sita en la calle Navalmanzano número 5, de la lujosa colonia de Puerta de Hierro, a 20 kilómetros al norte de Madrid – Hoy el número 5 corresponde a los números 4-5, pero de la Quinta “17 de octubre”, con sus 800 metros construidos, no queda nada-.

Los presentes, además de Perón y su esposa; Cabanillas y el embajador argentino; fueron Jorge Daniel Paladino, secretario general del Partido Justicialista, llamado el “Virrey de Perón”, y José López Rega, un terrible personaje que tendrá un protagonismo insólito en esta historia. Dicen que Perón lloró cuando los presentes abrieron el ataúd y vio el cadáver de Evita, pero la polémica vino por el estado de la momia. Aunque el Dr. Ara, que fue llamado el 6 de septiembre a la casa de Perón para certificar que aquellos eran los restos de Evita, dijo que los desperfectos que presentaba la momia no eran graves y reparables, lo cierto es que las hermanas de la fallecida, Erminda y Blanca Duarte, que acudieron a Madrid en esas fechas para ver a Evita, declararon que el cadáver de su hermana presentaba cuchilladas en varias partes del cuerpo, tenía la nariz aplastada, las rótulas fracturadas, mostraba quemaduras de cal viva y, lo más extraño, tenía los pies manchados de alquitrán. Las hermanas de Evita denunciaron la participación del Vaticano en esta maniobra, y declararon que no podían agradecer: “A estos miserables, la devolución de los despojos”. La momia de Evita fue subida al desván de la casa y permaneció allí, durante 3 años. Pero ¿descansó en paz?

No, no descansó en paz. Isabelita Perón solía peinar y perfumar el cuerpo, pero su amigo y consejero, la convenció para realizar otras operaciones. López Rega, que de cabo de la policía llegó a ser ministro de Bienestar Social con tres presidentes, entre ellos Perón, era un ocultista reconocido, de ahí su apelativo de “El Brujo”. Rega, era miembro de la logia masónica irregular, Propaganda Due (P2) –logia que participó en la red secreta para-militar de la OTAN, “Gladio”, autores de atentados terroristas de falsa bandera- y tuvo un historial criminal como fundador, junto al comisario general de la Policía Federal Argentina, Alberto Villar, de la banda para-policial ultraderechista Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), autora de múltiples atentados y unos 1.500 asesinatos de miembros de la oposición de izquierdas. Rega compartía con Isabelita un gran interés por el espiritismo, y se dice que introdujo al propio Perón en estas prácticas. Mantenía contacto con un conocido médium brasileño de la época, Menotti Carnicelli, que utilizaba el nombre de Anael. Pues bien, en la casa madrileña de los Perón se utilizó la momia de Evita para realizar sesiones mediúnicas y rituales secretos que oficiaba Rega, un verdadero “brujo negro”, que llegó a convencer a la incauta Isabelita, que con estas prácticas podía apoderarse del carisma, la fuerza y el “aura” de la fallecida dirigente.

Fin del periplo: «La Recoleta»

En 1972, Perón retornó provisionalmente a la Argentina, haciéndolo definitivamente el 20 de junio de 1973. De nuevo, volvió a olvidarse del cadáver de Evita. En la tercera presidencia de Perón, que tuvo como vicepresidenta a su esposa, no tomó ninguna iniciativa para repatriar los restos de su esposa, aunque su presidencia fue corta, porque murió el 1 de julio de 1974. En la noche del 14 al 15 de octubre de ese año, un comando de los Montoneros secuestró el cadáver de Aramburu, desenterrándolo del cementerio de La Recoleta. Su intención era intercambiarlo por los de Eva Perón. Los muros de la metrópolis bonaerense se llenaron con pintadas con la consigna: “Aramburu x Evita”. Isabel Perón, que se había convertido en la primera mujer en ocupar la presidencia de Argentina, tomó la decisión de ordenar el regreso de los restos de Evita después de 17 años de exilio post mortem. Así, y como no podía ser de otra forma, comenzó la “Operación Retorno”. Un vuelo chárter salió de Madrid el 17 de octubre de 1974 con el féretro. Miles de argentinos recibieron el cortejo. Por su parte, los Montoneros devolvieron el cadáver del general Aramburu, dejándolo abandonado en una furgoneta. Como vemos, a este tipo de vehículo le tienen mucha querencia los protagonistas de estos sucesos. Los restos de Evita fueron depositados en la cripta de la capilla de Nuestra Señora de Luján, junto a Perón, en la Quinta Presidencial de Olivos, después de que el restaurador de museos, Domingo Tellechea, realizara unos trabajos de reparación de la momia. Quizás, Isabel Perón pretendía mitigar la creciente impopularidad de un gobierno que amparaba y practicaba el crimen político, estando junto a un símbolo que muchos idolatraban hasta el punto de llamar a Eva Perón, “Santa Evita”. Fuere como fuere, duró poco. Una nueva Junta Militar tomó el poder dando un golpe de estado el 24 de marzo de 1976. El nuevo dictador Jorge Rafael Videla ordenó que los restos fueran devueltos a sus familiares.

El 26 de octubre de 1976, unos minutos antes del cierre del cementerio de La Recoleta, una ambulancia se introducía en la necrópolis llevando un féretro. Con una sencilla ceremonia, seguida por un pequeño grupo de familiares y un discreto servicio de seguridad, se dio sepultura al cuerpo de Evita en el panteón de la familia. Allí descansa al fin, a seis metros bajo tierra y cubierta la sepultura por una gruesa plancha de acero. Quizás, entre las sombras de los cipreses estaba agazapado el agente Cabanillas, uno de los pocos guardianes del secreto, secreto que reveló poco tiempo antes de su muerte, acaecida en 1998. Pero como si fuera una broma macabra, unos años antes, en 1987, la tumba de su jefe Juan Domingo Perón, fue profanada. Las manos del cadáver fueron cortadas y sustraídas, sin que, hasta la redacción de este reportaje, se conozcan los motivos o su paradero. Un misterio más de esta historia.

Hoy, el recuerdo Evita se ha convertido en un icono que incluso ha utilizado la cultura pop, como en el celebrado musical que lleva el nombre de nuestra protagonista. Por su parte, la industria de Hollywood ha explotado una imagen un tanto edulcorada de los hechos, con Madonna y Antonio Bandera, como protagonistas del film. Demasiadas interferencias, pasiones, culto a la personalidad, fobias y filias, como para trazar una semblanza histórica objetiva. Dejemos que la perspectiva del tiempo, con el consiguiente y necesario alejamiento, nos deje ver claro. Como, de alguna forma, sugiere una estrofa del poema Eva, de la cantante y poeta María Elena Walsh:

Cuando los buitres te dejen tranquila
Y huyas de las estampas y el ultraje
Empezaremos a saber quién fuiste.

Nota: Para más información y con testimonios de testigos y participantes en lo que aquí se cuenta, ver el documental: “Evita, la tumba sin paz” -1997-, dirigido por Tristán Bauer y con guión e investigación de Miguel Bonasso y emitido por Channel 4. De dicho documental –aparte de los libros citados- se ha sacado mucha de la información empleada en este reportaje. Libro no citado en el reportaje. Eva Perón: Secretos de confesión, cómo y por qué la Iglesia ocultó 16 años su cuerpo, de Sergio Rubín.

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“Cornelia Bororquia”, la primera novela anticlerical española (1799)

Javier Coria. LQS. Agosto 2018

Llamo novela anticlerical a la novela que basa su problemática en una visión del mundo anticatólica e incluso atea; no basta, pues, que en una novela se ridiculicen o critique ciertos aspectos, personas, circunstancias y hasta instituciones eclesiásticas, porque esta crítica o sátira queda reducida al nivel del tema; no es anticlerical la novela que propugna una reforma del clero o de la Iglesia, sino la novela que defiende un mundo sin iglesia y, quizás, sin Dios

CARTA PRIMERA

El Gobernador de Valencia a Meneses

20 de febrero.

Un malvado joven, hijo de una familia ilustre de este pueblo, llamado Don Bartolomé Vargas, a quien yo he recibido en mi casa con particular distinción, colmándole de mis favores y beneficios, y honrándole con mi amistad, ha desaparecido de aquí ayer mañana, y me ha robado la prenda más querida de mi corazón. ¡Ingrato! ¡Ingrato!, no, no tenía motivo para proceder conmigo de esa manera. ¡Ha! ¡Como me ocultaba sus designios! ¡Como socolor de honor y virtud logró deslumbrarme enteramente! ¡Hombre bárbaro e inhumano! ¿Por qué me has quitado la parte más íntima de mi corazón? ¿Por qué me has dejado sin mi amada hija que era el único consuelo que me quedaba en la soledad? ¿En qué te había yo pues ofendido para que tomaras de mí una venganza tan inicua? ¿No era yo verdadero amigo? ¡Ah infame! ¿Quales son (se respeta grafía original y redacción, no así los signos de puntuación), quales son tus intenciones? Vive el cielo, Meneses amigo, que una perfidia semejante pide de justicia la mano de un asesino.

Procurad pues buscar a este malvado que según todas las apariencias debe hallarse en esa ciudad, arrancad de sus brazos a mi querida hija Cornelia, y vengad su honor y el mío.

CARTA II

Valiente a su amo el Gobernador

Valencia, 24 de febrero.
Muy Señor mío a mi dueño:

Cuando mi compañero Pepe os entregue esta esquela, ya habré yo tomado las de Villadiego. No tengo a bien permanecer a vuestro servicio, no porque tenga alguna queja de vuestro proceder, sino porque no me acomoda.

El raptor de vuestra hija no ha sido Vargas, como casi os tenía ya hecho tragar; pero no puedo deciros más, ni tanto tampoco, pues me han puesto un candado a la boca para que no la abra por ningún título: y así como una vela se apaga enteramente metiéndola en un caldero de agua bendita, así mi alma caería derechita en los profundos abismos, si os revelara el secreto. Yo no gusto mucho de que se me cueza el bollo en el cuerpo; pero con el rey y la inquisición, chitón, chitón.

Por esta causa he tomado el partido de irme donde jamás sepáis de mí, no sea que el diablo me tiente, y tengamos después la marimorena.

CARTA II

Vargas a Cornelia Bororquia

Sevilla, 8 de marzo.

Y bien, mi querida, ¿has dado ya por realizados tus negros presentimientos? ¿Piensas en efecto que te habré ya olvidado? ¿Y tendré necesidad de justificarme de un crimen tan atroz? ¿Y puedes creerme culpable de él, sin darme al mismo tiempo una prueba completa del más perfecto menosprecio? Quinze días hace que no te veo, que no te oigo, que no estoy a tu lado, y ya me parece que han pasado por mí dos siglos enteros. Sí, yo te amo y te amaré hasta exhalar el último suspiro. Vive, vive segura de mi fe y constancia, y no temas de ningún modo que te olvide ni un solo momento. Un alma íntimamente penetrada de su objeto, no es susceptible de olvido ni distracciones. El amor es una flor tan delicada, que el menor soplido extraño la marchita y destruye. Tú sola, sí, tú sola serás el blanco de mis profundas meditaciones. Tu virtud, tu corazón, tus nobles sentimientos, tus bellas calidades, toda tú y sola tú ocuparás mi atención en los tristes momentos de mi ausencia. El Cielo ha puesto una secreta conformidad entre nuestras afecciones no menos que entre nuestros gustos y edades. Nacimos para estar siempre juntos. Nuestra voluntad es una misma, una sola alma, y uno mismo nuestro modo de ver y sentir. Cuando estamos solos, tú sabes bien que nuestros corazones se encuentran, a menudo, que suspiramos casi a un mismo tiempo, que nos miramos con el mismo ardor, y que las lágrimas, las deliciosas y tiernas lágrimas, dulce desahogo de los pechos amorosos, corren a pesar nuestro por nuestras húmedas mejillas. ¡Ah!, si hubiera de permanecer separado de ti más de dos meses, ¡cuán cruel sería mi destino! Espero concluir brevemente todos mis negocios en esta ciudad. ¡Pueda yo verte pronto, y sentir el precioso fuego de tus sonrosados labios! Entretanto hazme más soportable con tus cartas mi triste situación. A dios, mi Cornelia, a dios, amor mío, a dios, a dios.

CARTA IV

Cornelia Bororquia a su Padre, el Gobernador

Prisión del Santo Oficio de Sevilla, 9 de marzo.

¡Cuántos sobresaltos, cuántas penas deben haber asaltado vuestro corazón, adorado padre mío, desde el instante mismo del robo improviso de vuestra querida hija! Sumido en las más crueles penas, cercado de cuidados e inquietudes, vuestra vida habrá sido en todo este tiempo una muerte lenta y cruel. ¡Qué juicios, qué aventurados y negros juicios habréis formado de mí! Vagando de conjetura en conjetura, errátil de pensamiento en pensamiento, tal vez me habréis creído harto fácil e incauta para que olvidando los saludables consejos y preceptos que había mamado con la leche, pudiera espontáneamente abandonarme en los brazos de un amante. La salida de Vargas en el mismo día en que yo falté puntualmente de vuestra casa, os habrá quizá inducido en error. ¡Ah! Lejos, lejos de vos semejantes sospechas, que vuestra hija sabe respetar la virtud, y se jacta y lisonjea de haberlo aprendido y heredado de su padre; y el querer persistir siempre fiel a sus principios, es la causa de su desgraciada suerte.

Acaso os parecerá increíble a primera vista lo que voy a deciros. Yo he sido violentamente robada de vuestra casa, sí, violentamente robada. Mas, ¿quién ha sido el raptor? ¡Ah! ¡Qué horror! ¡Qué monstruosidad! ¡Aquel personaje que tanto fingía amaros, aquel hombre que tiene tanta fama de honradez en todo el reino, aquel sabio varón, cuya santidad aneja a su ministerio, es tan altamente proclamada y creída de todo el mundo, aquel orador que tan a menudo recomienda en el púlpito la decencia a las viudas; el Arzobispo de Sevilla en fin, él mismo, él mismo ha sido el que después de haberme armado en secreto bajo la capa de piedad mil enredosos lazos, el que después de haber tentado en vano todos los medios para seducirme, tomó el expediente de arrebatarme de vuestro cariñoso seno del modo más infame, sobornando a nuestro criado el sencillo Perico, y comprando cuatro hombres viles para que ejecutaran con feliz éxito su inicuo proyecto…

Notas:

Pese a su fórmula epistolar, nos encontramos ante una estructura novelesca donde el autor vuela un poco más alto, que la simple sátira anticlerical. Se presentan 34 cartas que, desde un 24 de febrero al 9 de junio del año siguiente, se escriben once personajes. Las cartas vienen precedidas de una fecha, sin año, y de un lugar, Valencia, Sevilla, Caserío de Nublada y Santibáñez. No hay encabezamiento ni despedida. El profesor Juan Ignacio Ferreras nos hace notar que: “A la carta XXIX se le ha añadido, no sé si por el autor, pues no conocemos la primera edición, un “Extracto del último interrogatorio que se hizo a Doña Cornelia Bororquia, escrito de su propio puño”. Añadido o no, este extracto se inserta bastante bien en la obra, dotándola de una atmósfera “inquisitorial” difícil de transcribir por medio de cartas”. La novela epistolar estuvo de moda en 1800 pues solía permitir toda suerte de sentimentalismos propios de la época y deslizar reflexiones más o menos filosóficas. Además, el autor huye de hacer una descripción realista de los suplicios que padece la infortunada Cornelia en manos del Santo Oficio, diríase que en estos pasajes nos encontramos ante una novela de “terror”, al estilo del gothic tale.

Por qué los estudiosos nos dicen que es una novela anticlerical y no los libelos, sátiras o las críticas convertidas en simples insultos tan comunes en la temática a la que nos referimos. Aquí añadimos la opinión del profesor J. I. Ferreras, que escribe unas notas introductorias en la edición de la colección “La Nave de los locos”, de la desaparecida Ediciones VOSA y que publicó este raro texto en 1994. Escribe Ferreras: “Llamo novela anticlerical a la novela que basa su problemática en una visión del mundo anticatólica e incluso atea; no basta, pues, que en una novela se ridiculicen o critique ciertos aspectos, personas, circunstancias y hasta instituciones eclesiásticas, porque esta crítica o sátira queda reducida al nivel del tema; no es anticlerical la novela que propugna una reforma del clero o de la Iglesia, sino la novela que defiende un mundo sin iglesia y, quizás, sin Dios”.

Los editores de VOSA utilizaron la edición de París de 1819, que como nos indica Ferreras, lleva una nota introductoria plagada de galicismos y donde reza: “Quinta edición revisada, corregida y aumentada”. Se desconoce exactamente el año de la primera edición, pero casi es seguro que fue en 1799, ya que en 1800 se publicó en Francia, en castellano, con el título Cornelia Bororquia, o la víctima de la Inquisición. En otras ediciones aparece como subtítulo y como título en solitario: Historia verídica de la Judith española, en la edición de Londres de 1819. Porque sí, la obrita tuvo cierto predicamento y se publicó en Francia e Inglaterra. La obra ya traducida al francés, apareció en París en 1833. Como es lógico, en España sufrió censura durante el reinado de Fernando VII, y pudo publicarse durante en el Trienio Liberal (1822-1823), pero las censuras, las prohibiciones, los decretos eclesiásticos contra la obra fueron constantes. A destacar el edicto de la Inquisición de Valladolid de 1817, que condenó la obra por ser:”Injuriosa a la historia de España y defensora de la idea del “tolerantismo (sic)”. Se pueden rastrear hasta quince ediciones, en París, Londres, Madrid, Barcelona, Valencia… aunque actualmente solo se conservan dos en la Biblioteca Nacional de España.

Hemos dejado lo de la autoría para el final, que como la fecha de la primer edición también tiene ciertas dudas, aunque todos los estudiosos apuntan hacía un miembro de las huestes de los afrancesados, aunque la novela dista mucho de la tradicional novela anticlerical francesa, éste es el exfraile Luis Gutiérrez, que casi nada se sabe de él, más allá que residió un Bayona una vez publicada la novela. Tenemos que acudir a la monumental obra Historia de los heterodoxos españoles del profesor Marcelino Menéndez Pelayo para rastrear algún dato más. En la obra se recoge una carta que el amigo de Don Pelayo, el también epigrafista, historiador, dramaturgo y famoso editor de la obra de Francisco de Quevedo, Fernando Guerra le dice sobre una obra que acaba de leer donde no figura el nombre del autor: “No lleva nombre de autor; pero me consta haberlo sido el desgraciado don Luis Gutiérrez, exfraile trinitario, que estudió en Salamanca, se dio a conocer por su poema de El chocolate como escritor público, y en Bayona redactó una Gaceta. Oí decir a don Bartolomé José Gallardo que le vio ahorcar, pero no recuerdo si en Cádiz o Sevilla”.

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¿Quién mató al conde?

Javier Coria*. LQS. Agosto 2018

El misterioso asesinato del Conde de Villamediana

La vida del poeta Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana, transcurrió entre lances de amor, duelos, timbas de cartas y la redacción de despiadadas sátiras que dirigió contra políticos corruptos y adversarios de toda índole

Correo Mayor de España y Nápoles, fue hombre influyente en la corte de Felipe IV y la leyenda le adjudicó amores con la reina Doña Isabel de Borbón. La vida de Villamediana y su arrolladora personalidad y habilidades, le hacen un personaje fascinante, un héroe romántico al estilo de Cyrano de Bergerac. Si en España hubiera una industria cinematográfica fuerte, seguro que la peripecia de este personaje ya se hubiera llevado a la gran pantalla, porque lo tiene todo: Intrigas, asesinatos, duelos, sexo, amor, sátira, política, conspiraciones palaciegas, espionaje… Claro que los dramaturgos y literatos, como no podía ser de otra forma, no han pasado por alto la novelesca vida del conde. Tirso de Molina se inspiró en nuestro personaje para El Burlador de Sevilla; lo propio hizo José Zorrilla para el Don Juan Tenorio. El Duque de Rivas dedicó algunos de sus romances históricos a nuestro héroe, y el dramaturgo Patricio de la Escosura, en También los muertos se vengan (1838), dramatiza sobre los amores y el posterior asesinato de Tassis. Obra estrenada en plenas Guerras Carlistas, con un mensaje antimonárquico y liberal, por cierto.

También tenemos novelas, El cetro y el puñal (1851-52), de Ceferino Suárez; El Correo Mayor (1945), leyenda escrita por Concha de Salamanca, seudónimo de Concha Zardoya; Villamediana (1984), novela corta de Carolina-Dafne Alonso Cortés; La última versión novelesca sobre el Conde de Villamediana (1986), de Mª Carmen Rincón; Decidnos: ¿Quién mató al conde? (1987), del maestro Néstor Luján; Capa y espada (2001), del no menos maestro Fernando Fernán-Gómez; El pintor de Flandes (2006), de Rosa Ribas. En fin, dejando al margen la ficción, nos vamos a adentrar en la historia del trágico final de un donjuán, de un provocador público, cuyo asesinato aún sin resolver, es uno de los grandes enigmas del Siglo de Oro.

Criado en la corte

Juan de Tassis y Peralta nació en Lisboa en el año de 1582. Su madre, María de Peralta Muñatones, y su padre, Juan de Tassis y Acuña, acompañaron a Felipe II en la toma de posesión del nuevo Estado Lusitano el 29 de junio de 1581, tras la campaña del Duque de Alba que doblegó la resistencia portuguesa, que se oponía a los derechos sucesorios que reclamaba Felipe II como nieto del rey de Portugal Manuel I. El padre de nuestro personaje, acompañó al monarca en su condición de Correo Mayor. (1) Fue en esa breve estancia de la corte en Lisboa, donde María de Peralta dio a luz, volviendo a Madrid con el pequeño en 1583. Aunque naciera casualmente en Lisboa, no cabe duda de la nacionalidad española de Villamediana, no sólo por el poco tiempo que pasó en tierras lusas, sino que, ex jure, vio la luz en dominios españoles.

El padre, Tassis y Acuña, nació en Valladolid, pero provenía de una ilustre familia de la ciudad italiana de Bérgamo, en la región lombarda. Durante los tiempos del Arzobispo San Ambrosio de Milán, a dicha familia, le fue encomendada la defensa de una torre que luego les proporcionaría el señorío de la misma. Los Tassis se dispersaron por Italia, Alemania y Flandes, ostentando siempre cargos como gentilhombres. Juan de Tassis y Acuña fue Caballero de la Orden de Santiago y embajador en París y Londres, fue Felipe III el que le nombró conde en 1603 y le confirmó como Correo Mayor.

Fue educado Juan de Tassis en humanidades por Bartolomé Jiménez Patón, y en literatura, por el licenciado Luis Tribaldo de Toledo. Sabemos que el poeta estudió en la Universidad de Alcalá de Henares donde destacó en literatura, filosofía y matemáticas, así como en esgrima e hípica. Pero no llegó a terminar ninguna carrera, volviendo pronto al seno familiar. A la muerte de Felipe II en 1598 en El Escorial, le sucedió su hijo Felipe III, y Juan de Tassis, le acompañó en 1599 en su viaje a Valencia para contraer matrimonio con su prima Margarita de Austria. El padre del poeta estaba de embajador en París y delegó en su hijo para representar a su casa. A pesar de su juventud, diecisiete años, Villamediana se distinguió en sus servicios y fue nombrado gentilhombre de boca. (2) Pronto daría muestras de sus excentricidades y de su carácter apasionado, tanto en amores, como en riñas y duelos.

Camuflando con razones políticas y económicas, el valido del Rey, Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, convenció al monarca para trasladar la corte a Valladolid en 1601, corte que permaneció en esta ciudad cinco años. Lo que pretendía en realidad el Duque de Lerma era alejar al soberano de ciertas influencias que dificultaban el monopolio de favores y prebendas que, como buen valido, el de Lerma ejercitaba. De paso, con el traslado, dejaba en Madrid la creciente oleada crítica contra su privanza. Por su parte, Villamediana fue con la corte a Valladolid y, en esta ciudad, se propuso dar más lustre a su casa mediante un matrimonio de conveniencia. Como fue rechazado por algunas damas de la corte porque su fama de pendenciero y mujeriego le precedía, contrajo esponsales con doña Ana de Mendoza y de la Cerda. (3) Era la segunda hija de Enrique de Mendoza Aragón, quinto nieto del Marqués de Santillana, y de Ana de la Cerda y Latyloye, Marquesa de Cañete y de Atela, y sobrina del Duque de Medinaceli. La dama no llevó dote al matrimonio, que le correspondía a su hermana mayor, por su parte, el padre del poeta, don Juan, aportó 24.000 ducados al matrimonio que se celebró en el otoño de 1601. Doña Ana debió acostumbrarse a los continuos abandonos, obligados o no, de su marido. Lo cierto es que esta mujer fue ninguneada por su esposo y, después de la ceremonia nupcial, desapareció de la biografía de Villamediana. Pese a tener varios hijos con él, que se malograron a corta edad, nada nos dice la historia de esta mujer en la sombra.

Pero las ansias por poseer un título por parte de Juan de Tassis, pronto se vieron colmadas con un triste hecho; en el 1607, moría su padre, heredando el cargo de Correo Mayor y el título de conde. Ahora sí, que podemos llamar a nuestro protagonista, el segundo Conde de Villamediana.

Con Felipe III, llamado El Piadoso, dio comienzo la época de los valimientos y la decadencia del dominio en Europa. Ligero de inteligencia y moldeable en las manos de sus validos -el codicioso y corrupto Duque de Lerma y el hijo de éste, Cristóbal Gómez de Sandoval y Rojas, Duque de Uceda que le sucedió tras la su caída- se rodeó el monarca de una corte empeñada en resarcirse de la austeridad que les había precedido con Felipe II. El tercero de los felipes, y como su sobrenombre indicaba, era muy piadoso y sus actividades más preciadas se repartían entre los goces de la mesa, las partidas de caza y las timbas de naipes.

En una corte de tahúres, el Conde de Villamediana, no fue menos y se convirtió en un experto jugador de cartas y hábil espadachín. Según algunos autores, el Pierres Papin que se nombra en el Quijote, sería un trasunto del conde, pero la cuestión no está nada clara, lo que sí se puede afirmar, es que Miguel de Cervantes tenía simpatías por el conde al que le dedicó estos versos, del que reproduzco sólo unas estrofas:

Darte del caso relación bastante
Será Don Juan de Tassis de mi cuento
Principio, porque sea memorable,
Y lleguen mis palabras a mi intento.
Este varón, en liberal notable,
Que una mediana villa le hace Conde
Siendo Rey en sus obras admirables…

Los problemas con el juego del conde, con grandes pérdidas y ganancias, como los 30.000 ducados que ganó el de Villamediana, hicieron que fuera desterrado a Valladolid el 19 de enero de 1608 por un tiempo. La medida tenía claros tintes ejemplarizantes, pero claro… ¿Qué ejemplo podían dar si la reina, el rey y su ministro, eran consumados jugadores de cartas? No sería el único destierro que sufriría el conde, sus sátiras también le obligaron a abandonar la corte. Viajó Villamediana a Italia siendo el Virrey y Capitán General de Nápoles, Pedro Fernández de Castro, VII Conde de Lemos, puesto que ocupó entre los años de 1610 y 1616. Gran mecenas de los artistas, se rodeó de ellos en su destino napolitano. Nuestro conde, entre juergas, lecturas de poemas y puesta en escena de obras teatrales, adquirió fama de poeta. La llamada “Academia de los Ociosos” reunía lo más granado de la intelectualidad española en Nápoles; Villamediana y Francisco de Quevedo, frecuentaron las reuniones de la academia, aunque el sabio de las antiparras, siempre estaba de viaje, cumpliendo misiones de su amigo y protector, Pedro Téllez-Girón y Velasco, III Duque de Osuna, que ejerció el virreinato napolitano entre 1616 y 1620.

Seis años pasó en Italia el conde. A su vuelta a Madrid en 1617, se encontró con un país desmoralizado y con una política sumida en la más grande corrupción. Sus escritos y libelos no dejaban títere con cabeza y corrían de mano en mano. El principal blanco de sus sátiras fue el Duque de Lerma, cuyo nepotismo, venta de destinos y títulos nobiliarios, vino a engrosar su ya incalculable fortuna en dinero y propiedades, que la expulsión de los moriscos en 1609 y el oro de América, le habían proporcionado. Tan grande y descarado fue el robo que el rey terminó por desterrar a su valido a Valladolid en 1618. Para escapar de la pena capital que le fue aplicada a su hombre de confianza, Lerma ya había solicitado con anterioridad el capelo cardenalicio al Papa Pablo V, que le fue concedido. En aquella ocasión, Villamediana escribió:

El mayor ladrón del mundo,
Por no morir ahorcado,
Se vistió de colorado.

A aquél que todo robaba
Con las armas del favor,
Le han entendido la flor;
Y aquél que atemorizaba,
Temblando está de temor…

También, en estas décimas dirigidas al rey, carga contra Lerma:

Las Indias le están rindiendo
El oro y plata a montones,
Y España con sus millones,
Aunque la van destruyendo;
Cada día están vendiendo
Cien mil oficios, señor;
Usan muy grande rigor
En destruir vuestra tierra;
Gastóse aquesto en la guerra…
O Lerma, diré mejor.

Cien mil moriscos salieron
Y cien mil casas dejaron;
Las haciendas que se hallaron
¿En qué se distribuyeron?

¡Esto es hecho!

Felipe III murió en 1621 y le sucedió su hijo Felipe IV que contaba con dieciséis años y ya estaba casado con la bella Isabel de Borbón, hija del rey Enrique IV de Francia y María de Medici. Más preparado intelectualmente que su padre, su nula experiencia en asuntos de estado le obligó a iniciar un aprendizaje dirigido por su mentor, Gaspar de Guzmán y Pimentel, el Conde de Olivares y que llegaría a ser Duque de Sanlúcar, lo que le hizo pasar a la historia con el nombre de un título inexistente, el de Conde-Duque. Más capacitado para gobernar que su antecesor el Duque de Lerma, Olivares tomaría las riendas del gobierno. Aunque como pasara con su padre, Felipe IV acabaría siendo una marioneta en manos de su ministro. Lo cierto es que sus enfrentamientos con Olivares fueron constantes pero, su débil voluntad e inexperiencia, le hicieron ceder y dedicarse a sus correrías galantes –tuvo veintitrés hijos bastardos- y a la cultura, que floreció bajo su reinado.

Con el nuevo gobierno volvieron los desterrados, y entre ellos el Conde de Villamediana. Fue restituido como Correo Mayor y pasó a ser gentilhombre de la reina. Villamediana saludó al nuevo gobierno como un regenerador de la monarquía, y fue un hombre influyente en la corte y amigo personal del rey, con el que compartía su afición por la poesía y el teatro. Pero los amigos del conde, hicieron apuestas por ver cuánto tiempo se mantendría callado y no haría gala de su insolencia. Sus sátiras contra los ministros caídos, continuaron. Querido y odiado con la misma pasión, el maese Tassis, siguió con sus bravuconadas y desplantes. Algunas veces, sobre todo en el campo de sus controversias libertinas y literarias, los dardos de su pluma se dirigieron contra gente inocente, lo que le valió fama de bocazas entre algunos de sus contemporáneos y, no pocas sátiras, fueron escritas contra él.

En 1622, Madrid vivió una primavera y verano lleno de acontecimientos. A mediados de junio, los altares portátiles, procesiones y las fiestas de máscaras, irrumpieron en la Villa y Corte para celebrar diversas canonizaciones promulgadas por el Papa Gregorio XV, entre ellas la de su patrono, San Isidro o las de Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola. Lope de Vega estrenó obra en la Plaza Mayor, la misma plaza en la que un año antes, el 21 de octubre, fue degollado ante una multitud, Rodrigo Calderón, Marqués de Siete-Iglesias, ministro y mano derecha del Duque de Lerma. Calderón fue acusado de malversación de fondos públicos, de hacer brujería contra la reina Margarita de Austria, que murió durante un parto en 1611, y de ordenar el asesinato de Francisco de Juara. (4) Curiosamente, Villamediana, que había satirizado a Calderón, en el trance de su ejecución, le dedicó un piadoso epitafio.

En julio, las justas poéticas competían con los festivales taurinos en la Plaza Mayor y los Autos de Fe, las ejecuciones públicas dictadas por la Inquisición, que eran verdaderos actos sociales que concentraban a millares de personas. Las 400 tabernas censadas en Madrid por aquella época, estaban a rebosar. El 21 de agosto de ese año de 1622, Juan de Tassis se topó con la muerte. Sus últimas palabras fueron un enigmático: “¡Esto es hecho!”

Publicado por primera vez en El semanario Pintoresco, en septiembre de 1854, este es el certificado de defunción oficial del vate:

“Yo, Manuel de Pernia, escribano del Rey, nuestro señor, de los que residen en su corte, certifico y doy fe que hoy, día de la fecha desta, a la hora de las nueve de la noche, poco más o menos, fui en casa de Don Juan de Tassis, Conde de Villamediana, Correo Mayor de estos reinos, al cual doy fe que conozco, y le vi tendido en una cama, muerto naturalmente, que dijeron haberle muerto de una estocada en la calle Mayor, cerca de la callejuela de San Ginés. Y para que de ello conste, de petición de la parte del Conde de Oñate, di éste en Madrid, a 21 de agosto de 1622. Y en fe dello lo signé en testimonio de verdad – Manuel de Pernia”.

El conde fue enterrado en el panteón familiar, que se encontraba y se encuentra, en la Capilla Mayor del convento de San Agustín de Valladolid. Años más tarde fue exhumado el cadáver y, ante la sorpresa de los presentes, el cuerpo estaba incorrupto sin haber sido embalsamado. Se explicó el suceso atribuyéndolo a la gran cantidad de sangre que se derramó por la terrible herida. Este es otro de los misterios de este caso. Para investigar los hechos, voy a recurrir a las crónicas de la época. Desgraciadamente, las que nos han llegado, son de amigos y enemigos del conde con la imparcialidad que ello conlleva. Muchas de ellas son anónimas e incluso contradictorias. Estos manuscritos se conservan en la Biblioteca Nacional (en lo sucesivo, BN). Con la técnica de investigación policial: hechos, arma del asesinato, móvil y posibles sospechosos, nos acercaremos al caso.

La noche de autos

El 23 de agosto, dos días después del asesinato, escribió Luis de Góngora a Cristóbal de Heredia una carta en que relataba los hechos. Góngora fue amigo de Villamediana y, seguramente, uno de los muchos literatos a los que el conde ayudaba económicamente:

“Sucedió el domingo pasado, a primera noche, 21 de éste, viniendo de Palacio en su coche con el Sr. Don Luis de Haro, hijo mayor del Marqués del Carpio; y en la calle Mayor salió de los portales que están a la acera de San Ginés, un hombre que se arrimó al lado izquierdo, que llevaba el conde, y con arma terrible de cuchilla, según la herida, le pasó del costado izquierdo al molledo del brazo derecho, dejándole tal batería que aún en un toro diera horror”.

El piadoso Góngora sigue su relato explicando como un cura da la extremaunción al moribundo, extremo que ningún otro cronista recoge y parece poco probable. Luego se hace eco de un sentir popular y muestra su desconfianza en la acción de la justicia:

“Hablase con recato en la causa; y la Justicia va procediendo con exterioridades, mas tenga Dios en el Cielo al desdichado, que dudo procedan a más averiguación”.

En Grandes anales de quince días, Francisco de Quevedo nos describe el crimen. Quevedo, que en un principio fue amigo de Tassis, luego se volvió su mayor crítico, dicen que por dedicar, el de Villamediana, sátiras contra el duque de Osuna, protector del “príncipe del ingenio”. Pero lo que hizo caer en la desgracia quevediana a nuestro poeta, fue frecuentar la amistad de la bestia negra del maese, Góngora, o el “Gongorilla”, del famoso soneto. Por ello la inquina, el odio o las ganas de agradar al Conde-Duque –como afirma Rosales (5) -, son evidentes en estas letras:

“…viniendo al anochecer con Don Luis de Haro, hermano (en realidad era el hijo) del Marqués del Carpio, a la mano izquierda, en la testera, descubierto al estribo del coche, antes de llegar a su casa en la calle Mayor, salió un hombre del portal de los Pellejeros, mandó parar el coche, llegase al conde y reconocido, le dio tal herida que le partió el corazón. El conde animosamente, asistiendo antes a la venganza que a la piedad, y diciendo: “Esto es hecho”, empezando a sacar la espada y quitando el estribo, se arrojó en la calle, donde expiró luego entre la fiereza de este ademán y las pocas palabras referidas”.

Quevedo califica un acto natural de defensa propia, como venganza y, queriendo demostrar la irreligiosidad del conde, le culpa a él y no a su asesino, de haber muerto sin confesión. Pero esta maledicencia es más clara, incluso brutal, en otros párrafos de la crónica, donde se evidencia que Quevedo hubiera preferido una ejecución pública del Conde de Villamediana:

“…tuvo su fin más aplauso que misericordia. ¡Tanto valieron los distraimientos de su pluma, las malicias de su lengua, pues vivió de manera que los que aguardaban su fin (si más acompañado, menos honroso) tuvieron por bien intencionado el cuchillo!”

“…La justicia hizo diligencias para averiguar lo que hizo otro a falta suya; y sólo así se halló por culpada de haber dado lugar a que fuese exceso, lo que pudo ser sentencia”.

A los nueve años del suceso nos encontramos con el relato del historiador, relato que, hasta la fecha, es considerado como la versión oficial del hecho. Se recoge en la primara parte de la Historia de D. Felipe el IV, que fue publicada en Lisboa en 1631 por el cronista real Gonzalo de Céspedes y Meneses:

“…sucedió el mismo mes de agosto, mas mucho antes estaba prevenido. Don Juan de Tassis, caballero de ingenio y partes muy lucidas (…) A 21 entró en Palacio, más rodeado de criados de lo que nunca acostumbraba, y estuvo en él un corto término (…) al cual con ruegos y porfías, metió en su coche y le pidió que se viniese a pasear (se refiere Meneses a Luis de Haro)… yendo el conde al otro estribo recostado, le embistió un hombre y le tiró un sólo golpe, mas tan grande que arrebatándole la manga y carne del brazo hasta los huesos, penetró el pecho y corazón y fue a salir a las espaldas”.

El relato de Meneses continúa con los intentos de Luis de Haro, que iba desarmado, por detener al asesino y el ademán del conde, herido de muerte, por sacar su espada. Pero por el relato del historiador también nos enteramos que el sicario, si es que fue tal, contó con la ayuda de dos cómplices -en otras crónicas se habla de siete- para asegurar su huida. Táctica clara de un planificado atentado.

El arma del crimen

Grande fue la herida que impresionó a los testigos y cronistas:

“Corrió al arroyo toda su sangre (…) donde concurrió toda la corte a ver la herida, que cuando a pocos dio compasión, a muchos fue espantosa; la conjetura atribuía a instrumento, no a brazo”.

Nos cuenta Quevedo en la obra citada. En la narración del historiador Meneses se explica con gran crudeza y detalle el destrozo que el arma, impulsada por un poderoso brazo, causó:

“…y en tanto el conde revolviéndose, vomitó el alma por la herida, de cuyas bocas –por disformes- juzgaron muchos haber sido hecha con arma artificiosa, para desplazar cualquier defensa”.

Por su parte, Góngora, nos habla de “arma terrible de cuchilla” cuya herida “en un toro diera horror”. En una carta que escribieron a un caballero de Sevilla, de la cual no se conservan nombres, recogida por Cotarelo y Mori (6), y hablando de la herida, se dice: “Un brazo cuentan que podía caber por la herida”.

Como vemos, el arma utilizada en el crimen causó un gran debate en su época, lo que prueba que no fueron comunes las heridas inferidas. Las hechas por dagas al uso, estiletes, espadas roperas o la saeta de una ballesta, no hubieran creado este desconcierto. Por lo que, posiblemente, nos encontremos con un arma especial usada por un sicario experto, lo que descartaría el asalto improvisado y ofuscado de un ofendido enemigo del conde. En un manuscrito de Miguel de Soria titulado Libro de cosas memorables que han sucedido desde 1599 hasta 1622, que se conserva en la BN, se recoge un escrito anónimo en el que podemos leer:

“…y dicen que le mataron con un arma como ballesta al uso de Valencia -quizás sea Venecia- y que callase se mandó”.

Que el ataque fuera hecho con ballesta, es un dato que aparece en otros manuscritos como el citado. Pero en nuetra opinión, y atendiendo a las crónicas que nos describen el crimen, una ballesta no es un arma para el cuerpo a cuerpo, salvo la ballesta-pistola que ya existí en el siglo XVII. Claro está que, si se hubiera utilizado esta arma, la saeta quedaría en el cuerpo, o el proyectil, si se hubiera utilizado una ballesta de bodoques. (7) En todo caso, no se entendería la polémica sobre el arma que hubo en su momento. Mas que ballesta, aventuramos nosotros, pudo ser una ballestilla o fleme, que era un instrumento que utilizaban los veterinarios para desangrar los caballos. O un estoque de sección triangular y larga hoja, cuya afilada punta, era capaz de atravesar las cotas de malla que solían llevar los caballeros como defensa, y que Villamediana llevaba.

Luis de Góngora dedicó una octava al asunto del arma, lo que nos da medida de la polémica. De forma burlesca, cita las malas artes, según él, del doctor Collado, amigo del conde:

Mataron al señor Villamediana,
Dúdase con cuál arma fuese muerto:
Quién dice que fue media partesana;
Quién alfanje, de puro corvo tuerto;
Quién el golpe atribuye a Durindana,
Y en lo horrible tuviéralo por cierto,
A no haber un alcalde averiguado
Que le dieron con un doctor Collado.

El móvil

Algunos vieron una actitud casi suicida en los últimos comportamientos del conde, y era evidente que una gran preocupación le atenazaba, como dejan constancia estas estrofas:

Callar quiero, y sufrir; pues la osadía
De haber puesto tan alto el pensamiento
Basta por galardón del sufrimiento
Sin descubrir la loca fantasía.

Sus versos aluden a un amor imposible y al riesgo de poner sus pensamientos en altas cotas. Esto concuerda con la versión de que la desgracia le llegó por poner sus ojos en la reina Isabel y desafiar al poderoso Conde-Duque. Olivares era partidario de la vuelta de los judíos y estaba contra la limpieza de sangre, lo que le hizo ser blanco de muchos ataques. Esto sumado a la venta de títulos de órdenes militares, y sus regalos de cargos para aumentar su ejército de agradecidos, le puso en el punto de mira de los poetas satíricos, y entre ellos, brillaba con luz propia nuestro personaje.

Meneses, en su crónica, nos cuenta que estaba prevenido Villamediana de un peligro que le amenazaba, incluso nos dice que acudió a Palacio con más criados que de costumbre y con cota de malla. Si el complot se conocía, y algo de ello también comenta Quevedo, no pudo ser de gente civil, ya que las autoridades hubieran actuado para salvaguardar a un hombre de la corte que, por lo menos hasta unos meses antes de su muerte, contaba con la amistad del rey.

Muestra de esta amistad son los siguientes sucesos, que también dan claves sobre la posible caída en desgracia del conde. Acabado el luto por el Rey Piadoso, Felipe IV le encargó a Villamediana la composición de una obra para ponerla en escena en las fiestas de Aranjuez. La obra fue La gloria de Niquea. Durante la representación, el 15 de mayo de 1622, en la que participó la propia reina y sus damas como actrices, una antorcha cayó en una parte del decorado produciéndose un incendio. Pronto las habladurías culparon al conde y a uno de sus lacayos de provocar el incendio y, con tal pretexto, salvar a la reina y asirla de este modo entre sus brazos. (8) Fuera o no real la anécdota, lo cierto es que fue una historia muy popular, y no sólo en España, muestra de ello es que La Fontaine la recoge en una de sus fábulas.

Volviendo al texto de Meneses, leemos como apunta unas posibles causas del crimen, aunque nos advierte que fueron varias las versiones:

“Aqueste fue su infausto fin, mas de sus causas, aunque siempre se discurrió con variedad, nunca se supo cierto autor. Unos han dicho se produjo de tiernos yerros amorosos que le trujeron recatado para toda la resta de su vida, porque él sin duda era de aquellos que comprenden en sus ánimos cuanto les brinda la fortuna y otros de partos de su ingenio que abrieron puerta a su ruina”.

Los “tiernos yerros amorosos”, parece hacer referencia a amores juveniles, pero no parece probable que este fuera el motivo, y la referencia a su afilada pluma, aunque concitadora de múltiples odios, lo normal es que los ofendidos redimieran sus venganzas de forma pública, en duelos, para así lavar su nombre. Pero ahora veremos la hipótesis más extendida sobre la causa del atentado.

¿Fue este el móvil?

En las fiestas de celebración de la canonización del patrón de Madrid, San Isidro, el conde participó en un torneo de cañas, ya que era un hábil y reconocido rejoneador. Cuentan que ante la pericia del de Villamediana, la reina dijo: “¡Qué bien pica el conde!” – a lo que el rey contestó- “Pica bien, pero pica alto”. En estas fiestas de caballos, los jinetes solían llevar cosidas en su ropa cintas con el nombre de sus amadas. En una de esas fiestas, se presentó el conde con una divisa bordada en su pecho. La palabra estaba hecha con reales de plata que acababan de ponerse en circulación. La divisa decía: “Son mis amores”, y no, no se refería el vate a su amor por el dinero, que muestras dio de desprendimiento del mismo. La asociación de ideas era clara y… ¡Vive Dios!… que osada: “Son mis amores reales”. Dicen que el Conde-Duque de Olivares apercibió al rey para que vengara la ofensa.

En los poemas de Villamediana aparece una misteriosa Francelisa y Francelinda. Hay quién ve en estos nombres un juego de palabras que haría referencia a la reina. Recordemos que Isabel de Borbón era francesa, y “lisa”, es un diminutivo de Elisabeth. Además incluye la palabra “lis”, que es la flor heráldica de los Borbones. Otros autores, por las referencias al Tajo y a unas hermanas y primas que aparecen en las composiciones, creen que hace referencia a una dama de la reina, la condesa portuguesa Francisca de Tabora, que fue amante del rey. ¿Fue éste el amor que disputaba el conde al soberano? Para algunos, en este caso, el de Villamediana no actuaba como amante, sino como celestino del rey, aunque mucho nos tememos que el rey no necesitaba de alcahuetes para sus múltiples aventuras galantes.

Fueran o no verdad los amores de Villamediana con la reina o con la entretenida del rey, la cuestión es que estos supuestos amores estaban en boca de todos. Ángel de Saavedra, el Duque de Rivas, en uno de sus romances escribe:

Gran favor se le supone,
Aunque secreto, en palacio,
Pues susurran malas lenguas…
Pero mejor es dejarlo.

De todos y todas dicen,
Y es poner puertas al campo
Querer de los maliciosos
Sellar los ojos y labios.

Eso sí, los más aduladores cortesanos se apresuraban a sentenciar que, de existir, era un amor platónico y no correspondido por tan regia dama.

Otro de los móviles que se barajaron, tiene que ver con una noticia. Una gacetilla publicada en Noticias de Madrid, daba cuenta de la muerte en la hoguera de unos mozos en diciembre de 1622, muerto el conde:

“A cinco (de diciembre) quemaron por sodomía a cinco mozos. El primero fue Mendocilla, un bufón. El segundo, un mozo de cámara del Conde de Villamediana. El tercero, un esclavillo mulato. El cuarto, otro criado de Villamediana. El último fue don Gaspar de Terrazas, paje del Duque de Alba. Fue una justicia que hizo mucho ruido en Madrid”.

Esta fue otra de las razones que se adujeron para el final trágico del poeta, lo que en la época se llamaba el pecado nefando. Incluso lo deja caer Quevedo cuando en sus escritos dice que Juan de Tassis murió por “haber pecado con todo su cuerpo”. Lo cierto es que, el proceso que inició la Inquisición por estos hechos y en los que sí estaba encausado el conde, fue en el mismo momento de su muerte y continuó después de ella. Se dijo que el rey mandó silenciar el nombre de Tassis para no dañar su memoria. ¿Fue el asesinato una forma de evitar el escándalo de ver a un noble cortesano juzgado por relaciones homosexuales? Para sus amigos, esta fue una falacia inventada por el instigador del crimen, que para ellos no era otro que el Conde-Duque de Olivares.

No faltan los que proponen el móvil de estado, esa Razón de Estado que nada tiene que ver con el estado de la razón. Nosotros, amigo lector, nos apuntamos a la tesis del crimen político. Es más prosaico y menos novelesco que la venganza de un marido cornudo o la de un sodomita – “agentes” o “pacientes”, como se decía entonces- airado. Los intentos de Juan de Tassis por desplazar la Conde-Duque de la confianza del rey, fueron claros y parece que iban bien encaminados. Los enfrentamientos políticos entre los que luchaban por un acuerdo de la corona española con los franceses, y otros con los rebeldes holandeses, llenaron la corte de conspiraciones. Dichas conspiraciones, unidas a los intereses de los judíos expulsados, pintaban una situación bastante convulsa en la que el conde pudo estar relacionado. No olvidemos que al cargo de Correo Mayor le competían tareas de espionaje, sobre todo con una familia Tassis que extendía sus tentáculos por toda Europa.

Los sospechosos

En un conocido libelo de la época que apareció tras la caída de Olivares y se titulaba La Cueva de Meliso, mago, se escribe:

Conde Duque te llama,
Título que ha de darte eterna fama,
Y si hay un poeta tan grande
Que contra ti y los tuyos se desmande,
El desacato advierte
Y con atroz rigor dale la muerte;
Porque su fin violento
Sirva a los inferiores de escarmiento.

En una nota del libelo se asegura:

“Dijeron en el caso del poeta Villamediana que le habían muerto por las sátiras que escribió contra don Gaspar (se refieren al Conde-Duque de Olivares), y las demostraciones frenéticas que ejecutó por la reina Isabel. Al que lo mató, llamado Ignacio Méndez, natural de Illescas, hizo el Conde-Duque guarda mayor de los Reales Bosques. Fue común opinión que murió este asesino envenenado por su mujer, que se llamaba Micaela de la Fuente. Otros, por el contrario, dicen que el matador fue Alonso Mateo, ballestero del rey”.

Ya vemos, que en este texto anónimo, se dan nombres y apellidos a dos posibles ejecutores. Incluso se apunta como instigador, con el pláceme de la Casa Real, al Conde-Duque. Esta es la hipótesis persistente en este caso, pero, desgraciadamente, no tenemos las pruebas para pasar a la tesis; para, sin ninguna duda, apuntar a los asesinos materiales e intelectuales. Todo son pruebas circunstanciales que no se sostendrían en un juicio. Quizás, algún día, en un manuscrito olvidado, el historiador encuentre la prueba definitiva. Pero mientras, este es un crimen sin resolver y, por ende, sus culpables escaparon a la acción de la justicia. Quizás, porque la justicia, la dictaban los mismos asesinos.

En la poesía está la clave

Los más insignes poetas de aquel tiempo escribieron epitafios al Conde de Villamediana. Son muchos los manuscritos que se conservan en la BN, algunos de ellos publicados por Narciso Alonso Cortés y Juan Eugenio Hartzenbusch. Las disquisiciones sobre autorías y significados, son abundantes e imposibles de resumir aquí. Es probable que algunos de los poemas fueran leídos en alguna sesión de la Academia de Madrid, de ahí su similitud en métrica y contenido. La mayoría corrían de mano en mano en copias manuscritas; modificados o versionados por los propios copistas, es tarea difícil para los estudiosos fijar su autoría, incluso en aquellos que tradicionalmente se reproducen con un nombre conocido.

La importancia de estos epitafios es grande, ya que se hacen eco de las teorías del crimen o apuntan claramente hacía un autor utilizando alegorías o un lenguaje críptico. Quizás en unos de ellos esté la solución al enigma:

-Góngora-

Mentidero de Madrid,
Decidnos, ¿quién mató al conde?
Ni se sabe, ni se esconde,
Sin discurso discurrid:
Dicen que le mató el Cid
Por ser el conde Lozano;
¡Disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
Que el matador fue Bellido
Y el impulso soberano.

Atribuido a Góngora, Lope de Vega escribió una versión de este verso, por ello suele confundirse la autoría. Hay una alusión a Bellido Dolfos, caballero zamorano que asesinó a traición a Sancho II cuando éste asediaba Zamora. Lo del “conde Lozano”, se refiere a la muerte del padre de doña Ximena del Mío Cid. El “impulso soberano”, apunta a que la orden del asesinato salió de Palacio, demostrando la osadía del autor del poema. En cambio, la alegoría con el traidor Bellido, no concuerda con el hecho. Si el autor material del asesinato fue un sicario, no cabe llamarle traidor, ya que cumplió una orden, fue ejecutor de una sentencia, salvo que el secuaz fuera un amigo o conocido del conde. Pero para ver hasta qué punto se intentó buscar respuestas en estas estrofas, traigo aquí una lectura estrambótica y cogida por los pelos de Alonso Cortés. Para este ilustre poeta e historiador de la literatura, en el “ni se sabe, ni se esconde” deberíamos leer: “Nise sabe, Nise esconde”, en alusión a una pretendida Nise o Inés conocedora del secreto. Lo que está claro, es que el poeta nos refiere con el “ni se sabe, ni se esconde”, que la autoría intelectual del crimen, era un secreto a voces. Para este autor cabe la posibilidad que la alusión de Bellido, no fuera al traidor zamorano, sino a un “bellido”, un hermoso, un bello… un afeminado. Siguiendo con esta lectura harto improbable, llegamos a la última palabra: “soberano”, que Cortés propone leerla separando a partir de la quinta letra: “sober-ano”. Sin comentarios.

-Francisco de Rioja-

De tan poderosa mano
Donde apenas hay defensa,
Aun los amagos de ofensa
Pagan tributo temprano;
No te admires cortesano,
Ni la trates con rigor,
Si no sabes que es amor
Incapaz de resistir,
Dígalo quien con morir
Lo supo decir mejor.

Pese a estar entre las composiciones de Rioja, en algunos manuscritos se atribuye este verso a Luis Vélez de Guevara. Es importante porque Rioja era amigo del Conde-Duque de Olivares. Los “amagos de ofensa”, hacen referencias a que Villamediana puso sus ojos e intenciones, en la reina.

-Conde de Saldaña-

Yace aquí quien supo mal
Usar del saber tan bien,
Y quien nunca tuvo quien
Le fuese amigo leal;
Él fue señor sin igual,
Invencible en el ardor,
Águila que al resplandor
Del Sol se opuso tan fuerte
Que no le causó su muerte
La muerte, sino el valor.

Saldaña, o el Marqués de Alenquer, que a los dos se le atribuye este epitafio elogioso, eran amigos de Villamediana. Mucho se podría comentar de este bello verso, pero me voy a centrar el lo que a nuestro caso se refiere. En la poesía de la época, Villamediana lo usaba mucho, las alusiones al Sol, era una forma común de referirse al soberano, al rey. Simbólicamente, el águila real es el único animal que puede mantener la vista ante el astro rey. Si el águila es el trasunto de Villamediana, aquí si nos dice que se opuso al resplandor del Sol.

Hay otros versos que aluden a que el conde pudo traicionar su condición de Correo Mayor, para conocer secretos y utilizarlos en sus libelos, o que su muerte le vino por ser un “robador de honras”. Fueran sus amores prohibidos, sus sátiras políticas, las vendettas cortesanas o un conjunto de todo ello lo que motivó el complot para matarlo, lo cierto es que después de más de cuatrocientos años, aún es un crimen sin resolver. Como se dijo en su tiempo: “Su mala lengua lo mató y que su mucha pasión no conocía razón”.

Notas:
1.- La familia Tassis –llamada Tasso o Taxis, dependiendo de las épocas y países- está considerada la introductora del correo en Europa. Francisco de Tassis, a principios del siglo XVI, fue nombrado Correo Mayor por el archiduque Felipe I el Hermoso, esposo de Juana I de Castilla la Loca). Francisco organizó todo el transporte del correo del Sacro Imperio y, posteriormente, con los familiares que heredaron el cargo, los Tassis organizaron un verdadero monopolio de alianzas que posibilitaron las rutas postales por toda Europa. Estas alianzas y contactos con las cancillerías y casa reales europeas, situaron a la familia en un lugar privilegiado para tareas diplomáticas e incluso para el espionaje. Los correos transportaban la correspondencia mediante caballos que se revelaban en las postas. Los Correos Mayores, eran los administradores del servicio, para ello recibían 11.000 ducados de oro, 6.000 de ellos pagados en España. Como curiosidad, decir que los correos empleaban 7 días en verano y 8 en invierno, en recorred la distancia que separa Burgos de Bruselas. El cuerno o cornamusa con el que anunciaban su llegada, así como el amarillo de su divisa, aún hoy son empleados en los logotipos de muchos servicios de correos del mundo.
2.- Gentilhombre de boca era una especie de mayordomo que acompañaba al rey en los actos públicos, los oficios religiosos y en sus salidas a caballo.
3.- No confundir con Ana de Mendoza de la Cerda y Silva (1540-1592), la famosa princesa de Éboli.
4.- Rodrigo Calderón, negó todas las acusaciones menos el encargo del asesinato del plebeyo Juara, conocido hechicero, cuyo delito, fue hablar mal del marqués. Aunque hay constancia que Calderón utilizó en sus venganzas personales las artes nigrománticas del brujo, por lo que el motivo del asesinato, bien pudiera haber sido eliminar a un testigo molesto. En su declaración, dijo que lo hubiera matado el mismo si el difamante hubiera sido noble. Lo cierto es que Felipe III favoreció unas leyes lasas con los poderosos. Ningún crimen de noble contra plebeyo, hubiera sido castigado con la muerte si, como en el caso de Calderón, no concurrieran motivaciones políticas.
5.- Luis Rosales. Pasión y muerte del Conde de Villamediana, Madrid. Ed. Gredos, 1969.
6.- Emilio Cotarelo Mori. El Conde de Villamediana (1ª ed. De 1886). Madrid. Ed. Visor Libros, 2003.
7.- Los bodoques eran unas bolas de barro hechas con turquesas y endurecidas al aire. Parecidas a las balas de mosquete.
8.- El incendio durante la representación es un hecho que está documentado, pero que el conde lo provocara, entra dentro del campo de la leyenda popular. Parece harto irresponsable, incluso para Villamediana, perpetrar un acto que ponía en peligro la vida de la reina y de sus damas. Destacar sobre esta representación que, por primara vez en España, se utilizaron unas avanzadas técnicas escénicas ideadas por el arquitecto italiano Giulio Cesare Fontana. La historia del teatro considera esta puesta en escena y al texto, donde la música y el baile están muy presentes, como el comienzo del teatro lírico en nuestro país. Con la escenografía más vanguardista de la época, la italiana.

* Gracias a los trabajadores de la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de España por su amabilidad. El cuadro que encabeza este reportaje histórico es El asesinato del Conde de Villamediana, Manuel Castellón, óleo sobre lienzo, 1868.

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H. G. Wells: El hombre que se inventó el futuro

Javier Coria*. LQS. Agosto 2018

Lamento haber descubierto a Wells a principio de nuestro siglo: me gustaría poder descubrirlo ahora para sentir aquella deslumbrante y, a veces, terrible felicidad

“H.G. Wells: el hombre que inventó el futuro”. Los amigos de la Graphiclassic nos tienen acostumbrados a unos estupendos monográficos de estudios literarios, donde destacan las ilustraciones realizadas en exclusiva para estos volúmenes por los mejores ilustradores y artistas. Ya van cinco trabajos, “Moby Dick”, “La isla del Tesoro” y “Jules Verne 1 y Jules Verne 2”, y ahora este de Wells; para mi gusto un trabajo sin parangón y de lo mejor que se ha publicado en España, literaria y gráficamente, sobre el gran escritor británico.

“Todos tenemos nuestras máquinas del tiempo, ¿no es verdad? Las que nos hacen retroceder son recuerdos… y las que avanzar, sueños. Wells nos dejó este bonito pensamiento, y de sueños, y sobre todo en sueños en el futuro está repleta su obra literaria. No contento con dejarnos soñar en la Tierra, nos llevó a otro mundos, y en choque de civilizaciones, se basó su obra más conocida y universal: La guerra de los mundos.

Pero H. G. Wells fue otras cosas y en todas ellas destacó, por lo que podemos decir que estamos ante uno de los hombres más importantes del siglo XX. De ingente trabajo periodístico, destaca su entrevista histórica a Josep Stalin. Historiador, sociólogo, polemista y político desde pociones socialistas y apoyando iniciativas de progreso social. Las mayores predicciones de Wells son de tipo social, carrera armamentista, estados totalitarios, ecología y agotamiento recursos naturales, etc…

La obra que nos ocupa, en gran formato tipo álbum, contiene unas bellas ilutaciones de autores como Javier Olivares, José María Bea, Esteban Maroto, Miguel Calatayud, Joaquín Partierra, entre otros. Y los textos de César Mallorquí, Constantino Bertolo, Luis Alberto Cuenca, José Carlos Somoza, etc. En particular es meritorio el trabajo del equipo de Graphiclassic: Carlos Uriendo, Luis Conde, Vital García y Guillen Díez, que está en la documentación de todos los textos de los que muchos es autor.
De Gullem Díaz es la sección más celebrada de estos álbumes: Postscriptum, que recoge curiosidades, y las obras más secretas de cada autor. Por ejemplo en ésta, tenemos noticia de que pesar de ser “invisible” visitó de forma pública España has en tres ocasiones.

Escribió Jorge Luis Borges sobre H. G. Wells: “Lamento haber descubierto a Wells a principio de nuestro siglo: me gustaría poder descubrirlo ahora para sentir aquella deslumbrante y, a veces, terrible felicidad”. Ahora tienen la ocasión de volver a leerlo o hacerlo por primea si fuera el caso, en esta magnífica edición.

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Leer en tiempo de verano

Redacción. LQS. Julio 2018

Como siempre en verano os pedimos alguna recomendación literaria, a modo de ¿qué libros te llevarías (recomendarías) para estas vacaciones?
Es una vieja tradición en LoQueSomos, esta pregunta y posterior publicación con vuestras sugerencias.

Lectura para los días de estío y asueto, playa, montaña, piscina municipal, pueblo o a la sombra en el barrio… insistimos en la belleza de leer con la luz del verano, de la que disfrutamos ahora en una parte del hemisferio del planeta Tierra.
Y aquí van las sugerencias de lecturas. Que esperamos seguir ampliando al recibir nuevos envíos en la libertad para que nos digáis, expreséis, libertad, libertad y en caso de duda optamos por el “libertinaje” que no sabemos muy bien qué es, pero nos gusta el sonido canalla de la palabra.
¡Feliz verano!

– Javier Coria:
H.G. Wells: el hombre que inventó el futuro. Los amigos de la Graphiclassic nos tienen acostumbrados a unos estupendos monográficos de estudios literarios, donde destacan las ilustraciones realizadas en exclusiva para estos volúmenes por los mejores ilustradores y artistas. Ya van cinco trabajos, Moby Dick, La isla del Tesoro, Jules Verne 1 y Jules Verne 2, y ahora este de Wells; para mi gusto un trabajo sin parangón y de lo mejor que se ha publicado en España, literaria y gráficamente, sobre el gran escritor británico.

Las reglas del juego. El Garaje Ediciones sigue en su encomiable empeño por recuperar toda la obra del mejor, más descarnado, irónico, humorístico y erótico escritor policiaco español, Carlos Pérez. Con varias novelas de Merinero en sus fondos, nos sorprendieron con el volumen de Cuentos completos. La sinopsis de la presente novela:
“Las reglas del juego tiene la misma edad que Naranjito (¿lo recuerdan?). Luisito, un jovencito imberbe convertido en aprendiz de gánster y con ganas de ver las maravillas que el mundo ofrece, nos cuenta en primera persona su integración en una banda de la que forman parte Ortega, jefe del clan y amante del progreso y, por ende, de las centrales nucleares; Bernedo, padre y, claro, con depresión aguda, y Tito Durán, el fiero paridor de la idea genial. ¿Que cuál es? Se lo podían haber imaginado: secuestrar al presidente de la FIFA en vísperas del Mundial de Fútbol celebrado en la (emérita) España de 1982”.

– Ángel Hernández:
En época de canícula qué mejor que leer La balada del café triste. Relato de la magnífica escritora norteamericana, Carson McCullers. Escrita en un verano de una ciudad sureña.
La historia creada a partir de dos personajes, una mujer con elevada estatura y un jorobado que se encontraba a su lado, y que había observado en una calle de Nueva York, la lleva a embarcar a dichos personajes en esta historia donde sus relaciones son llevadas hasta sus últimas consecuencias, y cuyo mundo tiene distintas aristas metafóricas.
No cuenta el porqué de esas relaciones, eso nos lo deja a los lectores que lo desentrañemos, solo nos muestra lo que les produce a los personajes la influencia de esas relaciones.
Para leer o releer este maravilloso relato, como hago yo de vez en cuando. Que disfrutéis con él.

– Acacio Puig:
Q. Luther Blissett (Ed. DeBolsillo, 2002). La novela de Luther Blissett se me impuso el pasado marzo desde un revoltijo de libros usados en el Rastro madrileño… Sí claro, Blissett, el colectivo de escritura desde el anonimato que inventó ese seudónimo de libre acuñación para quienes quisieran publicar bajo ese nombre. Un colectivo que mutó más tarde en Wu Ming… Me habían hablado de ellos y conocía escritos de su “período chino”… con curiosidad me dije: veamos de qué iban a fines de los 90… Y lo compré.
Casi 800 páginas en canal, grabados del XVI, algunos mapas al final y un enigmático inicio: “En el fresco soy una de las figuras del fondo”…
Muchos ingredientes que desperezaron mi apetito lector que se ha mantenido entusiasta hasta concluir en pocos días la lectura del tocho Q.

Un recorrido —con las armas en la mano— por la Europa de las guerras de religión desde 1517 y la Revolución Luterana, hasta un final volteriano de exilio en el Gran Oriente Turco… (Cándido: ¡que cada cual atienda su jardín!). Dedicando páginas hermosas a las insurrecciones campesinas y Thomas Münzer, al ascenso, defensa y caída de la república de Münster y a los vericuetos de la pugna entre el abajo social y el arriba de príncipes e imperios durante el convulso siglo XVI, el de las contestaciones al orden (el “plan” vaticanista) y en defensa de la Libertad.
Contra la Inquisición y por la Libertad. Finalmente contra toda opresión y por la Libertad.
Combate siempre desigual… pero urgente, necesario, posible, constantemente reiniciado y tejedor del hilo de avance hacia la emancipación bajo las banderas que dibuja cada momento histórico.
Pugnas, luchas sangrientas y heroicas, reivindicaciones también de un risueño —a veces tosco— existencialismo rabelesiano expresado mediante la tensión propia de una novela de acción llena de vericuetos, de contundentes personajes y ciudades tan reconocibles hoy por las Guías Imaginarias como inencontrables en las Guías Turísticas.
Novela de acción social y también novela de espionaje político, bajo la responsabilidad de ese hombre Q, que es solo una de las figuras del fondo, versátil y viajero espía al servicio del orden Papista.
También, una escritura de acumulación coordinada y por tanto desigual en que emergen aportaciones literarias diversas, complementarias y a veces de calidad contradictoria. En definitiva y sin embargo, una arquitectura de complejo relato cinematográfico que avanza y retrocede, vuela y se hunde… pero siempre orientada hacia la reconstrucción de una épica de lxs vencidos como tiempo después formularía Wu Ming en Esta revolución no tiene rostro (Acuarela Libros, numero 12 www.wumingfoundation.com).
“Nosotros somos nuevos, pero somos los de siempre. Somos viejos para el futuro, ejército de desobediencia cuyas historias son armas, en marcha desde hace siglos sobre este planeta. En nuestros estandartes está escrito DIGNIDAD”. (capítulo “De las Multitudes de Europa”, Wu Ming-Acuarela, número 12).

– Luis Roncero Doña
En narrativa española:
Tormenta de verano de García Hortelano. Muy recomendable para estas fechas veraniegas, para la playa, piscina, montaña o tirados en el sofá del salón.
El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio.
Tiempo de silencio, de A. Fernández Santos.
Señas de identidad, de Juan Goytisolo.
Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé.
La insolación, de Carmen Laforet.

Seis títulos necesarios para conocer la sociedad española bajo la dictadura del genocida Franco:

De Rafael Chirbes: Mimoun, En la lucha final, La larga marcha. Sus primeras obras. Chirbes detenido, juzgado y condenado por el TOP, por su pertenencia al FRAP.

Decidme cómo es un árbol, de Marcos Ana.
Martutene, de Ramon Saizarbitone.
Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes.

Y estos seis títulos para tener otra visión de la “política”:
Conspiraciones, de Jesús Cintora.
Al fondo a la izquierda, de Jesús Maraña.
Empantanados, de Joan Coscubiela.
España de mierda, de Albert Pla.
Stalin el grande, de Anselmo Santos.
Marx en el Soho, de Howard Zinn.
Los dos últimos imprescindibles para saber más y mejor de estas figuras gigantescas.

Y desde luego y si no hay mucho tiempo no dejar de leer, bajo ningún pretexto el último libro que propongo como final de esta lista de sugerencias:
Caso Cipriano Martos, de Roger Mateos imprescindible para conocer el martirio de este marxista-leninista a manos de la Guardia Civil.

Buenas lecturas para todos. Salud y república

– Mónica Oporto:
Saramago. Ensayo sobre la ceguera.
Una metáfora grandiosa. No son ciegos… están ciegos. No diré mas, hay que leerlo. Hay frases para poner en un cuadrito.
Leí ese ensayo de Saramago hace varios años ya, pero noto que, con su muerte, hay poca valoración de sus libros.
Terminé de leer Don Alfredo, de Miguel Bonasso, la vida, obra y «suicidio» de Alfredo Yabrán, un empresario del correo privado que avanzó con sus negocios al punto de entrar en colisión con intereses norteamericanos en el sector, es una trama compleja de enfrentamientos con procedimientos mafiosos para fagocitar otras empresas, controlar un sector álgido porque permite —sin control— la entrada o salida de correos y muchas otras cosas… El libro tiene como punto central el asesinato (de manera horrenda) del fotógrafo de la editorial Perfil, José Luis Cabezas.
Acabo de comenzar la lectura de El presidente que no fue del mismo autor. Es un libro de más de seiscientas páginas sobre la vida del presidente Héctor J. Cámpora, elegido en momentos en que se retiraban los militares luego de la dictadura que llegó al gobierno con el Gral. Onganía (la «revolución argentina») y que llega a su final con el Gral. Lanusse. Perón, proscrito, estaba en España. Elecciones: el delegado de Perón se presenta como candidato a presidente. Por entonces la consigna que se repetía era «Cámpora al gobierno, Perón al poder». Cámpora es elegido como presidente, pero dura apenas 49 días porque hace un paso al costado: llama a elecciones, con el regreso de Perón a la Argentina logra su tercera presidencia. Es un libro de lectura muy interesante, aunque por momentos la cantidad de información que introduce Bonasso (que fue asesor de Cámpora) confieso que «se va de las manos».
También leí hace un par de meses de Daniel Balmaceda: La comida en la historia argentina. Es interesante porque ha rastreado el origen de las comidas de distintas provincias de Argentina, las influencias culturales que han recibido. Va matizando el relato con recetas de tiempos coloniales y con datos históricos poco conocidos.

– Iñaki Alrui:
Siempre releo, aprovecho el verano para encontrarme con lecturas conocidas. Nunca falta Max Aub, es lo que tienen las adiciones, este año cargo con un clásico Campo abierto, segunda entrega de Max Aub de ese sexteto narrativo que realizó para contarnos de una forma directa y sin clichés la guerra que supuso la sublevación militar; viajamos con él a Valencia, estamos en julio de 1936.
Otra “joya” es Leyendas de Guatemala, de Miguel Ángel Asturias, un nobel en lengua castellana y asociado al realismo mágico, caído en el olvido. En Leyendas de Guatemala nos refleja varias historias transmitidas por la tradición oral, unos relatos que son antropología pura, cuentos para todas las edades cargados de poética. La edición a releer esta amarillenta, es de 1970 de aquella histórica colección de “la biblioteca básica de Salvat”, es lo que tiene ser un Diógenes de los libros.
Y termino con una biografía de otro de mis admirados: Galileo. Vida y destino de un genio renacentista, de David Whitehouse, una estupenda edición con cientos de ilustraciones e imágenes, bien estructurada en tiempo y temática, algo imprescindible para poder conocer al protagonista sumergido desde dentro en su época.

-Ilustración de J. Kalvellido

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La ciudad de los tres pecados

Redacción. LQS. junio 2018

Densamente poblado, el Raval vivió la derrota con mucha crudeza. A diferencia de los barrios más acomodados, había en él pocos partidarios de Franco. Esto originó la solidaridad sobre la que Vázquez Montalbán a menudo insistía en las entrevistas y artículos y que tanto añoró en la Barcelona de la postransición

Manuel Vázquez Montalbán nació en 1939, poco después del cruel abril de la victoria de Franco (1). De madre murciana, costurera de profesión, y padre gallego, era hijo de trabajadores emigrados a Cataluña; su lengua materna era el castellano, no el catalán. Su padre se había exiliado tras la caída de Cataluña, pero regresó para ver a su hijo recién nacido. El precio que pagó fue el arresto y la cárcel: su hijo no le vería hasta cruzarse con un desconocido en las escaleras de su casa cuando tenía cinco años.

Barcelona era una ciudad derrotada, culpable para los vencedores de tres pecados capitales: el anarquismo, el republicanismo y el separatismo. Ya lo había pagado caro, pues su población civil fue la primera en Europa en ser sometida a bombardeos aéreos masivos, un presagio de lo que ocurriría de forma generalizada en la Segunda Guerra Mundial. En los años 1937-38, se destruyeron 1.750 bloques de pisos, principalmente en las zonas obreras de la ciudad. El Distrito Quinto, ahora el Raval, donde se crió Montalbán, resultó particularmente afectado. Los solares con pilas de escombros eran una presencia familiar en su niñez.

Densamente poblado, el Raval vivió la derrota con mucha crudeza. A diferencia de los barrios más acomodados, había en él pocos partidarios de Franco. Esto originó la solidaridad sobre la que Vázquez Montalbán a menudo insistía en las entrevistas y artículos y que tanto añoró en la Barcelona de la postransición. Se trataba de una solidaridad contra el dictador entre los catalanes autóctonos y la población inmigrante. La prohibición del catalán fue vivida también como un agravio por los no catalanohablantes. Esta unidad fue precursora de la unidad en la lucha que se fraguaría en las fábricas y las asociaciones de vecinos de toda Barcelona durante los años sesenta y setenta, cuando las comunidades de inmigrantes hicieron suyas las reivindicaciones de los derechos nacionales de Cataluña, imprimiendo dinamismo al movimiento para derrocar la dictadura. Dicha comunión ya estaba latente en la generación anterior. En la década de 1940 no era posible manifestarse, pero la resistencia pasiva podía expresarse en detalles como las reuniones en las azoteas (El pianista) o el uso del catalán por parte de la madre de Montalbán para dirigirse a sus clientes.

Vázquez Montalbán resume este período de posguerra inmediato en Barcelonas:

“Mientras la mitad de Barcelona intentaba encontrar garantes y valedores para sacar de la cárcel a sus parientes o conseguir el permiso para que volvieran del exilio, y los saldados republicanos eran obligados a hacer el servicio militar en el ejército vencedor, la escasez de la posguerra se abatía sobre la ciudad. Lisiados, mendigos, vendedores de colillas, charlatanes, cantantes callejeros, organistas, traperos, falangistas uniformados marchando al son de sus canciones épicas…, comandos fascistas con la cabeza rapada que obligaban a la gente a beber aceite de ricino…, estraperlistas de pan blanco y tabaco rubio…”

Perros catalanes y sueldos de miseria

Hay diversos novelistas barceloneses que corroboran la visión de los años cuarenta que nos ofrece Montalbán, aunque los historiadores se han dedicado más al estudio de la guerra civil propiamente dicha. El sonido de las armas atrae al historiador, quien intenta explicar la realidad racionalmente y tiende a centrarse en los grandes acontecimientos; la larga sombra de la guerra en la salud física y mental de los niños es un tema que pertenece más a la imaginación de los novelistas. El clima y el paisaje de estos años se reflejan en la ficción de varios escritores contemporáneos a Vázquez Montalbán, algunos de los cuales se criaron en la misma zona que él.

Una de las mejores de estas novelas, Els plàtans de Barcelona de Víctor Mora, documenta la sofocante atmósfera cotidiana: los omnipresentes carteles oficiales en las calles: “Prohibida la blasfemia y la palabra soez” o “España, unida, grande y libre”; las absurdas, pero atemorizantes, pintadas garabateadas en las paredes: “Muera el judío Churchill”; los grandilocuentes programas de radio donde:

Un locutor llegia, amb cantarella especial:

-Al genio enviado por la Providencia, Adolf Hitler, es al que le cabe el alto honor de conducir la Cruzada que exterminará al monstruo que amenaza… el virus marxista y el frente democrático-judío-masónico… “(2)

Notas:
1.- “Abril es el mes más cruel, el que engendra lilas sobre la tierra muerta, el que mezcla memoria y deseo…” son las primeras líneas de The Waste Land (La tierra baldía), de T. S. Eliot, que sugirieron a Vázquez Montalbán el título para su Poesía completa.
2.- Víctor Mora. Els plàtans de Barcelona, p. 89.
*.- Sobre una idea y trabajo de Javier Coria: Con el muerto a cuestas: Vázquez Montalbán y Barcelona, de Michael Eaude, Edi. Alrevés, Barcelona 2011. Extractos del segundo capítulo: “La ciudad de los tres pecados”.

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Un asesinato olvidado: Cipriano Martos

Javier Coria*. LQS. Junio 2018

Fue torturado durante 50 horas para que delatara a los dirigentes de la huelga de la construcción y a sus camaradas. En uno de los interrogatorios, el ácido sulfúrico encontrado en su casa fue a parar a la garganta del detenido. Nada se investigó, nadie fue a la cárcel…

El sindicalista Cipriano Martos fue torturado hasta la muerte el 17 de septiembre de 1973, en un cuartel de la Guardia Civil de Reus (Tarragona). Aunque la versión oficial dice que se suicidó al ingerir el contenido de una botella de ácido sulfúrico, unos de los componentes del cóctel molotov, es bastante raro que la prueba en una causa judicial estuviera en la sala de interrogatorio al alcance del reo. El periodista de la agencia EFE, Roger Mateos, presentó en la librería Documenta de Barcelona su ensayo: Caso Cipriano Martos. Vida y muerte de un militante antifranquista, publicado por la Editorial Anagrama.

Cipriano Martos, obrero de la construcción, pertenecía a CC.OO. y a la OSO, ésta última la organización sindical del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del FRAP, organizaciones en las que militaba el joven. Trabajó como jornalero en Morón de la Frontera (Sevilla), minero en Teruel, obrero textil en Sabadell y Terrassa; y en la construcción en Reus. Fue detenido en última ciudad en una redada tras un reparto de propaganda en Igualada y realizar pintadas contra la monarquía, Franco y por una República Popular y Federativa. Ningún delito de sangre, como vemos.

Presente en el registro de su domicilio, donde se encontró propaganda del FRAP y líquidos inflamables, fue llevado a las dependencias de la Casa Cuartel de la Guardia Civil, donde sucedieron los fatídicos hechos. Fue torturado durante 50 horas para que delatara a los dirigentes de la huelga de la construcción y a sus camaradas. En uno de los interrogatorios, el ácido sulfúrico encontrado en su casa fue a parar a la garganta del detenido. Nada se investigó, nadie fue a la cárcel. Aunque no está recogido por ninguna ley, las fuerzas de seguridad del Estado tienen presunción de verdad, por lo que la versión de la Guardia Civil de que se trató de un suicidio, se aceptó sin más. Ante la gravedad del estado del preso, el 27 de agosto fue llevado a la sala de beneficencia del Hospital San Juan de Reus (hoy Hospital Sant Joan). Posteriormente sucedió otro hecho extraño, el 29 de agosto fue llevado ante el juez para presentar declaración, cosa que no pudo hacer por tener la garganta abrasada por el ácido. Ante la gravedad de las heridas, Cipriano Martos fallecía el 17 de septiembre de 1973, a la edad de 30 años. El acta de defunción ponía un lacónico: “causa de la muerte, hemorragia interna”.

Su caso, forma parte de la Querella Argentina que pretende juzgar los crímenes del franquismo. Roger Mateos hace un amplio recorrido por la vida de este joven que, lleno de idealismo, militó en una de las organizaciones más duras del antifranquismo. La temida Brigada Político Social (BPS) de la policía llegó a formar un grupo especial para perseguirlos. El libro, muy bien escrito, se basa en su mayoría en testimonios orales, con la dificultad que ello acarrea por la dificultosa y larga búsqueda de protagonistas que vivieron de cerca los hechos. También es importante de que al autor le fuera facilitada una copia del sumario sin censurar. No es una biografía épica, ni una hagiografía, se humaniza al personaje y no falta la crítica con cierta ironía.

Roger, que ya publicó numerosos reportajes sobre las actividades clandestinas del PCE (m-l) y el FRAP, declara que no siente ningún: “apego por sus postulados, y menos por sus métodos de lucha”, pero siempre le atrajo la “originalidad” y “exotismo” de la organización, y se siente perplejo sobre el grado de entrega y sacrificio de su militancia.

Certificado de defunción de Cipriano Martos

Con una sala llena, donde abundaban viejos militantes y amigos, pudimos ver a Antonio Martos, hermano mayor de Cipriano y personado en la Querella Argentina, a Felipe Moreno, portavoz de la Mesa de Catalunya d’Entitats Memorialistes y miembro de la Red Catalana y Balear de Apoyo a la Querella. Felipe Moreno pasó por las siniestras manos de Juan Carlos González Pacheco, “Billy el Niño”. Reclamado por la jueza argentina María Servini De Cubría, la justicia española no lo extradita ni lo juzga en España, como sería preceptivo. Pero al amparo de la Ley de Amnistía, verdadera ley de punto final, se protege a torturadores y ministros que firmaron penas muerte, y que nunca pisaron una cárcel ni fueron juzgados. Hoy nos enteramos que el torturador “Billy el Niño” cobra un 15% más de pensión vitalicia desde 1977 por estar condecorado como policía.

Para la presentación, Roger Mateos contó con la colaboración del historiador Xavier Casals, que conversó con el autor. Aquí les resumimos dicha conversación.

Xavier Casals: ¿Qué crees que puede aportar la biografía de Ciprino Martos a los que lo conocieron y a los que no sabemos nada?

Roger Mateos: Para los que lo conocieron, hay una cosa que puede aportar. Como sabéis los que habéis militado en la clandestinidad, es muy estricta. Esto consistía en no saber nada de quien tenías al lado, o conocer muy poco por motivos de seguridad. Vosotros sólo sabéis unas piezas del puzle de aquel momento, conocimientos que tenéis en exclusiva, pero desconocéis otras piezas del puzle. Tenía que ser así, porque entonces sería peligroso. Por lo tanto el libro sirve para que los compañeros de militancia de Cipriano tengan toda la información; y respuestas a muchas preguntas que se hacían.

Para los que no conocían nada del caso, puede servir como un nuevo episodio a añadir a la memoria histórica, del que hasta ahora no tenían conocimiento. No es un caso único de brutalidad y silencio, pero combina las dos características.

¿De la búsqueda cuáles fueron los momentos más complicados?

Sin duda encontrar los testimonios. La parte más complicada es la del medio. El libro se justifica solo con la pregunta capital: si fue asesinado o se suicidó, y que pasó en ese cuartel de Reus. Aunque los testimonios son limitados, no fue difícil, tenemos la sentencia –allí aparecen los nombre de los agentes presentes-. Conocemos los nombres de las personas que estaban militando con Cipriano en Reus. De los orígenes en Andalucía tuve que desplazarme allí, hablar con los familiares y ver el entorno donde nació y vivió durante un tiempo Cipriano. Del momento que él emigra a Sabadell y se politiza, partía de cero. Los testimonios de las militantes del FRAP, Paqui y Sacramento, fueron cruciales. Me costó encontrarlas. Curiosamente fueron militantes del PSUC los que me pusieron en la pista.

Solemos imaginarnos a los que se organizan como personas muy politizadas. En el libro descubrimos que Cipriano es un caso de autodidactismo. ¿El caso de Cipriano Martos era excepcional? ¿Era un perfil de la militancia de la época?

Justamente antes de venir aquí lo estaba hablando con una militante si era un caso excepcional, y ella me decía que no. Que ella conoció a militantes que podían venir de un perfil social parecido, y que se habían politizado. Cosa natural en una dictadura y con una clase social oprimida. Cipriano llegó de un pueblo donde había sufrido lo indecible por la pobreza en que se vivía en aquellos años en muchas zonas rurales.

Educación la mínima, ya que él y sus hermanos fueron poco a la escuela, ya que desde pequeños trabajaron cuidando gallinas y de peones en el campo. Llegó a un Sabadell -en 1969 con su hermano Antonio- en ebullición, cada vez más organizado en las organizaciones obreras, con luchas en las calles, luchas vecinales, políticas, laborales… Cipriano no entró a militar desde una fábrica, sino, y eso me hace mucha ilusión, desde un centro cultural, de los muchos que había en los barrios periféricos de Sabadell, en este caso en Can Oriac (Ca n’Oriac, en catalán), donde había una célula del PCE (m-l) muy numerosa. Siendo un grupúsculo a principios de los años setenta, en 1973 el partido creció y comenzaba a ser un grupo que tenía una relevancia notable y a ser un actor a tener en cuenta.

Hacia el final, con la detención y muerte de Cipriano: ¿Cómo fuiste encajando las piezas, poniendo orden?… Es que todo chirria, por ejemplo la documentación de pompas fúnebre consta el nombre del padre pero no está firmada. En la declaración, el juez hace como una abstracción de la realidad, lo mismo pasa con la declaración de los guardiaciviles. Todo es muy disperso.

Pues el trabajo es analizar y encontrar hasta la mínima pista que tenía en la documentación. En el libro me recreo en la declaración del teniente de la Guardia Civil que estaba al mando de aquel cuartel. Y la del juez que atendió a Cipriano cuando la guardia civil te trajo a Cipriano Martos descoyuntado, justo había bebido el líquido. Analizo las frases del juez que supuestamente había de investigar esa muerte y de los autores directos dl caso. El libro tiene un vacío. Los libros que a mí me gustan, no tienen un final cerrado o no tienen una respuesta cien por cien clara a la pregunta central. Me acerco todo el que puedo, pero hasta ahora tenemos muchas dudas porque nos faltan unas piezas básicas. De lo que pasó en aquel cuartel, sólo tenemos un tipo de testimonio. Los demás sólo podemos hacer suposiciones más o menos fundadas. Quienes podían explicarlo, tienen cero interés de hacerlo. Yo no puedo hacer de juez y llevar a los testigos que aún viven antes un tribunal, pero la pregunta que a mí me interesa es otra, la vida y proceso de politización de Cipriano.

Si después de 50 horas de torturas y malos tratos, no sólo de él, sino de otros detenidos días antes; si en ese contexto Cipriano se hubiera suicidado… ¿Eso eximiría de culpa a sus captores? Yo creo que no.

¿Por qué el régimen no dejó ver el cuerpo a la familia y no quiso que transcendiese el episodio?

Me da vergüenza responder a esta pregunta junto a ti, que eres historiador. Yo puedo dar alguna posible razón. Veníamos del caso de Enrique Ruano (se refiere Roger Moreno al estudiante antifranquista precipitado por una ventana el 20 de enero de 1969 por la policía secreta franquista, la BPS), que había desencadenado protestan nacionales s e internacionales. Hubo más casos de muertos que cuando se supieron generaron una reacción en la calle y una reacción en el exterior de precisión internacional al régimen franquista. Una muerte como la del Cipriano, después de una larga sesión de torturas, ninguno se hubiera creído la versión oficial del suicidio.

¿Por qué no dejaron ver a la familia el cuerpo?: A saber que marcas físicas habían dejado las 50 horas de interrogatorio en aquel cuerpo. De hecho, creo que era una práctica habitual no dejar ver el cuerpo de los detenidos muertos a las familias y a los abogados. En el caso de Cipriano es especialmente sangrante, porque si no lo sabéis, el estuvo 21 días convaleciente tras ingerir el ácido, no murió inmediatamente. Durante ese tiempo, ninguno avisó a la familia. Su hermano Antonio estaba en Sabadell, y no supo ni si quiera que su hermano esta en Reus, ya que se había introducido en la militancia clandestina a su familia no sabía dónde estaba. Pero la policía no avisó a la familia que estaba detenido, ni si quiera que estaba hospitalizado. Su abogado, Rafael Nadal, tampoco lo pudo ver.

Con el importante y necesario libro de Roger Moreno conocemos unos de los casos más oscuros de la represión franquista. Sea cómo fuere, para muchos, de una forma u otra Cipriano Martos fue asesinado por la guardia civil.

Fue uno de tantos casos de tortura y asesinato, y en la España de hoy, a pesar del tiempo transcurrido, la impunidad y la negativa del Estado de investigar y juzgar a los responsables políticos y materiales de aquella represión, los hace cómplices. No podemos hablar de una España democrática hasta que se juzgue a los culpables y se repare a las víctimas.

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