Toros en TVE: la vuelta de la hombría

Violencia es prohibir, excepto si la víctima soy yo

Me alegra saber que TVE elimina de su Manual de Estilo las corridas de toros como violencia con animales para retransmitirlas nuevamente. Violencia es prohibir, y excepto para que a mí no me roben ni me maten el camino es la libertad. La tauromaquia existe y ha de ser difundida, no vayan a afirmar luego que la impunidad de lo que unos cuantos llaman “crimen legal”, pobres sensibleros, reside en el oscurantismo de su comisión. Todos deben deleitarse con este espectáculo para vergüenza y escarnio de quienes lloran por los estertores de un simple animal.

Los vómitos de sangre del toro representan el triunfo del hombre sobre la bestia, y no hay que ocultarla porque es la tinta con la firmamos nuestra superioridad como especie. Las patas que se doblan bajo el peso de un cuerpo atravesado por el acero se clavarán hirientes en las conciencias de los cursis, pero a los seres bragados nos elevan a la gloria. La luz sobre lo que siendo arte en estado puro algunos califican de tortura reafirmará la legitimidad de tan sublime costumbre, pues muchos caerán subyugados ante la magnífica estampa de un toro agonizante y de un matador alzando sus brazos victorioso con las orejas del animal moribundo. Y es que el castigo del bruto no debe ser observado sólo por sus jueces, sino también por todo un Pueblo que no ha de renunciar a lo que con su silencio consiente y por lo tanto admite y protege.

Afirman algunos subversivos que España acelera su caminar hacia el pasado al mostrar a sus ciudadanos y a los del resto del mundo tan orgullosa defensa y ensalzamiento del según ellos martirio de un ser vivo, Pero quienes abogamos a ultranza por la conservación de la tauromaquia sabemos que le estamos haciendo un favor a estas nuevas generaciones de hijos de Walt Disney al poner ante sus ojos infantiles la cruda realidad, y no fábulas que les convierten en enclenques mentales y físicos. El héroe y el modelo a seguir no es Gandhi sino José Tomás. Tendríais que darnos las gracias, padres ingratos, por conseguir que de nuevo vuestras criaturas puedan ser testigos de la mayor contribución a la cultura que ha parido nuestro País.

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«25-F»: jaque a una monarquía corrupta

El rey un golpista, el duque un ladrón.

Sí, sí, amigos, ambos, el rey y el duque, el suegro y el yerno, con el carácter de “presuntos” no se me vayan a enfadar algunos de los escasos “súbditos tontorrones” que todavía le quedan a esta monarquía borbónica, llamada a declarar ante los jueces de Mallorca el sábado día 25 de febrero y que aún se creen habitar en un supuesto Estado democrático y de derecho.

Pues sí, bondadoso lector ¡vaya pareja! Dios los cría y ellos se juntan. Aunque en este caso concreto, el advenedizo duque de atrezzo que nos ocupa, el tal Urdanga, que lleva meses arrastrando la imagen de la muy noble y bella ciudad de Palma de Mallorca por el lodazal de su ambición desmedida y su caradura integral, al portar todavía en su despreciable currículo el título que, sin consultar para nada a su ciudadanía, le otorgó en su día su, asimismo, despreciable suegro real (esperemos que pronto las fuerzas vivas mallorquinas exijan sea desposeído del mismo) no se ha juntado a su padre político, el inviolable e irresponsable rey golpista, Juan Carlos I, por vía directa (o sea peloteril, bufonesca, cortesana, de valido todopoderoso…) sino por vía de bragueta, a través de los buenos oficios de su hija menor, la "dulce Cristina" (seguramente acabará como la otra “dulce” de triste recuerdo, la Neus, “asesinando” por razones de Estado al esposo trincón) que tuvo a bien enamorarse como una colegiala de los musculitos del antiguo balonmanista de élite.

No me gustaría exagerar, en estos especiales momentos en los que el país discurre por los espacios políticos y sociales en evidente rumbo de colisión o, si se prefiere, con las revueltas en la calle pisándole los talones, en un tema tan especialmente sensible como este que comento, porque los que nos dedicamos a la ardua tarea de contar la historia, sobre todo los militares que estudiamos la vida y milagros de reyes, generales, validos, líderes sociales y visionarios de toda laya que, de la mano de monstruosas guerras y genocidios despreciables, engendran reinos, imperios, civilizaciones, repúblicas y dictaduras más o menos cavernícolas, debemos ser prudentes, cautelosos, humildes y, desde luego, nada dados a la hipérbole histórica, pero creo sinceramente (ya veremos si luego los acontecimientos judiciales por venir me dan la razón) que lo que va a ocurrir el próximo día 25 de febrero (un nuevo y mediático “25-F”, sin duda) en el Juzgado nº 3 de Palma de Mallorca representa un hito social y político sin precedentes en la variopinta historia de España.

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¿Por qué continúo siendo republicano?

Este artículo argumenta la superioridad del sistema republicano sobre el monárquico. Señala, también, que la Monarquía es el centro de un entramado profundamente conservador que incluye desde la Iglesia, las fuerzas armadas, y parte de la judicatura, a la banca y a la gran patronal, fuerzas que dominaron la dictadura (1939-1978) y que continúan teniendo una enorme influencia sobre el Estado español.

La presentación (¡por fin!) del programa Monarquía o República, en la televisión pública catalana, TV3, que ha sido retrasada más de un año, y después de cuatro cambios impuestos a los autores Montserrat Armengou y Ricard Belis, está creando un gran debate en Catalunya (más en la red que en los medios de mayor difusión, que continúan considerando el tema de la forma de Estado un tema tabú) que espero se extienda pronto al resto de España. A fin de contribuir a este debate publico ahora, de nuevo, en El Plural, un artículo que publiqué hace más de dos años en Público, 23.04.09 (con el permiso de tal rotativo) modificado para añadir algunas reflexiones al final del artículo.

“Como era predecible, mis críticas al Rey y a la Monarquía han creado gran revuelo, lo cual me fuerza a responder elaborando el por qué creo que sería mejor que en España tuviéramos una República en lugar de una Monarquía. Durante mi largo exilio he vivido en varios países, incluyendo una República, Estados Unidos. Y aún cuando he sido muy crítico en mis escritos con la democracia estadounidense, hay un aspecto de ella que valoro muy positivamente: la cultura republicana en la que las distancias sociales entre el Jefe del Estado y las clases populares son mucho más reducidas que en cualquier sistema monárquico. Tal cultura democrática transmite una sensación de que el poder deriva de la ciudadanía puesto que si a la población no le agrada el Jefe del Estado puede cambiarlo por otro. Es más, cualquier ciudadano puede aspirar a ser Jefe del Estado. Esta distancia se reduce incluso más cuando tal Jefe del Estado procede de las clases populares que sienten al Presidente como alguien suyo. Vimos en 2009 la gran alegría entre las clases populares (y muy especialmente entre la población afroamericana) de aquel país al ser elegido uno de ellos (hijo de una madre pobre y de un padre africano de Kenia) Presidente. La sensación de poder y complicidad con el Jefe del Estado en estas situaciones es enorme. No es sólo la capacidad de elegir al jefe del Estado sino también la percepción de que todos pueden serlo, lo que da gran poder a la ciudadanía.

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La Infanta Cristina no es normal y lo que está pasando, tampoco

Hace unos días, la Infanta Cristina se quejaba amargamente de no poder llevar una "vida normal". ¿Se quejaba? Sí, se quejaba. Tenía razón la Infanta, su vida no es normal. Su vida es mucho mejor que la de los ciudadanos "normales" que ni hemos nacido en una Familia Real, ni cobramos del erario público sin que se sepa muy bien a cambio de qué, ni tenemos un puestazo en "La Caixa" por nuestro apellido como mejor cualificación, ni estamos casados con un bribón como su santo Urdangarín.

Si Cristina fuera "normal" seguramente a estas alturas estaría en paro, con el marido en la cárcel y quien sabe si a las puertas de que la entidad donde tuviera la hipoteca (¿La Caixa?) la tirara del piso. Porque la "gente normal" vive en pisos y no en palacios, y sufre desahucios. En palacios viven los reyes, los ladrones de alto standing y poco más. Por supuesto que si siendo "normal" se viera en la tesitura de tener que salir tarifando de su vivienda, nada de escaparse a Washington, como mucho se podría ir a la casa del pueblo o a esa segunda residencia que algún familiar ya mayor ha dejado de usar y que está siempre vacía.

Madre de cuatro hijos como es, si la Infanta viviera una "vida normal", tendría el corazón en un puño por el futuro de sus vástagos ya que, al paso que vamos, su mundo parecerá más una trampa que un lugar en el que vivir. Además, uf, cuatro hijos para dos padres sin cualificación son una barbaridad. Por si faltara algo, igual alguno de esos hijos estos días aparecía por casa con moratones por culpa de las porras de esos policías que habitualmente la protegen a ella cuando va de acá para allá. Porque si Cristina fuera "normal" alguno de sus hijos podría haber participado en esas manifestaciones que los estudiantes están haciendo para reclamar más dinero para su educación y menos para los bancos. Esas manifestaciones que la policía está reprimiendo como si la seguridad del sistema estuviera en juego.

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Nueva asignatura: educación para la tauromaquia

La Comunidad de Madrid se llevó hace pocos días a cincuenta adolescentes de excursión con guía incluido. ¿Al Planetario?, se preguntarán, ¿a la casa natal de Cervantes?, ¿a la Parroquia de San Carlos Borromeo en Vallecas? No, nada eso: a la Plaza de toros de Las Ventas. ¡Olé! Y un conocido diario nos lo relata como si los chavales hubieran traspasado el umbral del Parnaso, pues con la gloriosa entradilla de “Dejad que los niños se acerquen a Las Ventas”, transita por expresiones  como “arte y enseñanza de la mano” o “echarle un par delante de un bicharraco con cuernos”, para explicarnos que se trata de una “fantástica” iniciativa del Gobierno de Esperanza Aguirre enlazada a su declaración de las corridas como Bien de Interés Cultural.

Supongo que las huestes populares consideran conveniente eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía porque, según ellas, adoctrina en valores negativos, pero que eso no está reñido con buscar carne fresca para cubrir cada vez más espacios vacíos en las gradas de un recinto donde se enseña a torturar y a matar a un mamífero superior. Y en el fondo, ese mismo periódico reconoce la progresiva caída en partidarios de la lidia y la verdadera intención de este paseíllo escolar cuando indica que es “sembrar para recoger futuros aficionados”.

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¿Y por qué no está imputada la hija del Rey?

Estos días ha estado en Barcelona, tal vez siga allí, la infanta Cristina de Borbón, directiva de la Fundación La Caixa. Es la primera vez que se desplaza a la ciudad de Joan Salvat-Papasseit, Federica Montseny y Manuel Sacristán desde que ella y parte de su familia residen en Washington (el Rey no, no se ha exiliado hasta el momento). Según Mario Pascual, el abogado y portavoz del Duque palmesano, que se ha entrevistado con ella durante estos días (¿de qué habrán hablado?), se la ve "preocupada". No es para menos. Veamos las probables razones del aturdimiento de la Infanta. Tomo pie en el informado artículo de Melchor Saiz-Pardo: "La inmobiliaria de los duques de Palma jamás vendió o alquiló un piso" [1].

La inmobiliaria en cuestión, que poseen desde 2003, al 50%, la infanta doña Cristina e Iñaki Urdangarin, jamás vendió o alquiló un piso, cosa muy, pero que muy extraña. La Oficina de Investigación del fraude de Hacienda y la Policía Judicial tienen claro, hasta el deslumbramiento cartesiano, que Aizoon (¡algo así como "vida permanente"!), sigo a Saiz-Pardo, "era todo menos lo que declaraba ser… Jamás puso un ladrillo, nunca vendió o alquiló una casa y solo en contadísimas ocasiones ingresó en sus arcas dinero que no proviniese de la trama Nóos".

¿Qué era entonces? Una sociedad fantasma que obraba con doble finalidad: desviar a cuentas privadas dinero público –marca definitoria de todas las "empresas" del entramado UBT, un ejemplo destacado, un modelo incluso, de las nuevas hazañas empresariales de los jóvenes emprendedores- y convertir Aizoon en un aparcamiento de facturas "con el fin último de defraudar al fisco" [2]. Según cálculos de Hacienda, señala Saiz-Pardo, entre el 93% y el 95% de los ingresos de Aizoon en los primeros años –prácticamente todo- procedió del vaciado del dinero público que llegaba al Instituto Nóos. ¡Una ONG sin ánimo de lucro! ¡Qué risa reina Sofia!

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Ser animalista en facebook

Que las redes sociales presentan una extraordinaria utilidad práctica es algo imposible de negar. Como vehículos para difundir de forma inmediata cualquier tipo de información son muy valiosas y gracias a ellas, además de innumerables asuntos banales, podemos tener conocimiento de cuestiones fundamentales para nuestro trabajo, ocio o actividad de diferente índole. En ese sentido las funciones mecanicista y de construccionismo social de la comunicación se enriquecen notablemente, y demostrada está su capacidad de convocatoria en un espacio mínimo de tiempo. Pero en algunas de ellas existe un lado oscuro que no podemos olvidar ni dejar de divulgar, pues no hacerlo nos covertiría en simples consumidores alienados y domesticados. En este caso me refiero a Facebook, probablemente la más conocida y con mayor número de miembros.

Y aún sabiendo que algo similar a lo que aquí expongo ocurre para otros ámbitos, voy a referirme al entorno que conozco y al que principalmente destino mi uso de esa página: el trabajo por los derechos olvidados o conculcados de los animales, normalmente los no humanos, pero sin omitir jamás a los de nuestra especie, pues en el fondo toda esa explotación, tortura y muerte de seres vivos, hablen, ladren, mujan o emitan sonidos inaudibles para nosotros, responde a idénticos principios de un mismo sistema. Ignorar o soslayar ese hecho es malograr cualquier acción para combatirlo.

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Familia que roba unida, permanece unida

Ya no se trata de ser republicano. Supongo que entre los partidarios de la monarquía como forma de gobierno habitan gentes honestas. Hoy deben estar pasando un calvario. La Casa de los Borbones se me antoja corrupta y falta de toda ética. Desde los enjuagues del rey Juan Carlos I con el Sha de Irán en los años setenta y más tarde con Manuel Colón de Prado y Carvajal, amiguísimo que actuó como testaferro del monarca en negocios turbios, se han sucedido los casos donde es posible reconocer el sello de la Casa Real. Cada vez que el rey coge el teléfono para interceder, apoyando proyectos de Iberdrola, Endesa, Telefónica, o La Caixa, cobra comisión y recibe tajada.

Sin duda es el ejemplo que recibe su yerno Iñaki Urdangarín, que se ha revelado como todo un caballero en el arte del timo y el fraude. Ahora entendemos las razones por las cuales sus altezas reales, los duques de Palma, emigraron a Estados Unidos. Era el camino más fácil para no levantar sospechas de corrupción. Mejor hacerse invisible, alejarse del escenario del delito. No ser motivo de habladurías. Quienes les asesoraron, les dieron un buen consejo. Lamentablemente no ha servido de mucho. Un par de años han sido suficientes para que salga a la luz el cobro de comisiones por más de seis millones de euros, pagados al instituto Nóos, cuyo estandarte era el ex-jugador de balonmano, hoy duque consorte. Los datos son claros, la SGAE pagó 760 mil euros por gastos de gestión, el presidente del club deportivo Villareal entregó 700 mil, el gobierno de la Comunidad Autónoma Balear, durante el mandato de Jaume Matas, la friolera de 2,3 millones.

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Cosas de Iñaki

Cuando Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón se casaron en Barcelona, el lehendakari Ardanza les hizo un buen regalo. La actuación del Orfeón Donostiarra en la vistosa ceremonia de su catedral gótica. El padre del novio era un afiliado del PNV, el joven se llamaba Iñaki, Jose Mari Gerenabarrena era amigo de la familia y todo el mundo estaba encantado. Fue el clásico espectáculo de masas del que nunca supimos su costo, pero como los cuentos de hadas no tienen valor, pues todos les deseamos fueran felices y comieran perdices.

A mí me supuso que me vasquizaran el nombre en el ABC. Bautizado y registrado como Iñaki Mirena, Luis María Ansón la tenía emprendida contra el nombre sabiniano. A raíz de aquella boda, recuperé mi nombre original en el periódico de la derecha española. No tengo pues la menor animadversión contra esta pareja sino mucho respeto y solidaridad hacia los padres del exjugador de balonmano, al que acaban de bautizar como talón-mano.

Con este antecedente la pregunta que uno se hace es cómo un chaval bien parecido, deportista y con una vistosa familia, se haya metido en semejante barrizal que ha destrozado su vida y le ha clavado a la monarquía española un rejón de fuego. ¿Un submarino republicano para dinamitar desde dentro la institución? No parece. ¿Una incursión en los negocios con la misma mentalidad de lo que veía a su alrededor?

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Las estocadas fallidas del ministro Wert

Señor José Ignacio Wert, flamante Ministro de Educación y Cultura, un Sainz Rodriguez redivivo: en algún medio ya nos han explicado qué valores defendía (insultos al 15M o negar que la educación deba ser democrática) antes de aferrarse a la cartera, y que el peso de ésta debe resultarle excesivo cuando sus traspiés llevan camino no ya de ridiculizarle, sino de pedir responsabilidades a quienes le designaron para un puesto que le viene grande, como la democracia que tan poco parece agradarle. Será que se siente más cómodo legislando sin dar explicaciones, o como mucho ofreciéndolas en Intereconomia, canal en el que se encuentra a sus anchas como contertulio.

No pretendo hacer sangre de un comienzo tan necio en su mandato, yo no comparto con Usted, reconocido taurino, esa dilectación ante hemorragias ajenas, pero dejando aparte su ¿equivocación? al citar unos supuestos pasajes de libros de texto de Educación para la Ciudadanía que no pertenecían a tales, el ¿volver a equivocarse? asegurando que "Francia puja para que la tauromaquia sea reconocida en la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad" ya apunta más que a errores a una estrategia premeditada sostenida en la falacia. Incluso el Ministerio de Cultura Francés le ha desmentido. Su gestión es como las becerradas de Algemesí, en donde aficionados pinchan una y otra vez a las vaquillas con tan poca destreza que el animal tarda una eternidad en morir. Pero ellos se creen toreros. Otros, ya lo ve, se piensan ministros.

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