Reflexiones urgentes

El deber de hacer felices a los demás

Leí recientemente, ya no recuerdo si en facebook o en el blog de un viejo militante anti-franquista que el tal compañero, a cuarenta años vista, pedía perdón y se arrepentía por el daño que pudiera haber hecho en aquélla ya lejana militancia. Es la actitud ideal que la derecha española reclama a sus enemigos: quien fuera de izquierda y luchara antaño contra la dictadura, se arrepiente de sus pecados y pide perdón. Al menos aquellos viejos fascistas y a los valedores actuales de la dictadura, que no son pocos ni pobres, la declaración de este conmovedor compañero les ha hecho felices. No es para criticarlo ¿no estamos en el mundo para hacer felices a nuestros semejantes? Él lo ha conseguido. No es poco.

La espinosa verdad

"La verdad os hará libres", suele repetirse.

Con la verdad tendréis problemas y muy serios. Con tales y tantos problemas, no sé si se puede ser libre. Esa idílica unión entre verdad y libertad suele llevar al divorcio del ostracismo o, incluso, de la cárcel. De eso sabemos mucho en este país. ¿Cuál? Sí, sí, España… ¿Que parece mentira? pues no, es verdad, verdad, aunque no me haga libre.

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¡Arriba las manos, esto es la Navidad!

El trineo de la mercancía navideña tirado por jaurías de publicistas.

Sin la publicidad, sin la complicidad de los gobernantes, sin la complacencia de los mandos clericales… el cometido mercantil de los festejos navideños naufragaría en las tiendas departamentales. Los mass media han secuestrado, en alianza con sinnúmero de socios, la "Navidad". Antes, durante y después del que se conoce como día del aniversario natalicio de Jesucristo, una vorágine mercantil se apodera del mundo y lo inunda con mal gusto, juguetería basura y música cursi al servicio de un episodio de expansión comercial cuya capacidad de penetración ha rebasado todo el límite. Y se lo promueve como logro moral del capitalismo.

Se trata de un ultraje navideño con juguetes, arbolitos, esferas, luces, moños y excesos de todo tipo. La "industria publicitaria" cumple su tarea ideológica, camuflada de cristiana, entrañable e inofensiva. Reino terrenal de sistema avasallante de producción publicitaria en éxtasis capitalista de objetos incontables y en plena crisis de sobreproducción. Nos inunda la publicidad, juega con nuestros sueños, planifica estrategias de ventas con bases materiales concretas y complejas, se hace de nuestras palabras y penetra nuestros campos imaginarios, nuestros deseos, nuestros apetitos, nuestras ambiciones… alienación que desgarra toda relación con la vida real para garantizar la usurpación del salario a cambio de baratijas de ocasión. "Noche de paz y noche de amor"… dicen.

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Nuevo saludo navideño: ¡para ti!

Pertenezco a ese, cada vez más amplio, sector de la población que preferiría ver eliminados del calendario los días comprendidos entre el 23 de diciembre y el 7 de enero y a cuantos durante estas odiosas fechas se nos pone en un brete al felicitarnos la navidad, las fiestas, el año nuevo, deseándonos felicidad, prosperidad y que lo pasemos bien, pues se nos sitúa ante la tesitura de tener que sacar fuerzas de flaqueza para corresponder hipócritamente a tan desbordante alegría del interlocutor como corresponde, aunque ello suponga clavarnos una aguja en el corazón o ser enormemente sinceros vomitándoles a la primera de cambio cuanto pensamos sobre el asunto, opción esta nada adecuada, por cuanto las personas ignorantes de nuestro padecimiento que con toda su buena voluntad así se nos dirigen, nada malo han hecho como para que les amarguemos su alegría con nuestras tribulaciones.

De este modo, el único modo de escapar a los dos extremos hasta ahora, ha sido utilizar como saludo los lacónicos “lo mismo digo” o “igualmente”, que devuelven a la otra persona lo que te ha dado, sin revelarle tu recóndito secreto y menos aún, sin mentirle, pues cierto es que, si bien nosotros no podemos ser felices precisamente estos asquerosos días, no es menos cierto que, sí deseamos la felicidad del resto y que gocen por todos nosotros.

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“Vienen tiempos muy duros”

Lo acaba de advertir el rey mientras despedía al gobierno que sale y daba la bienvenida al gobierno que llega.

Hace algo más de diez años, un día, el informativo de Televisión Española nos puso al corriente de la renovación de la flota de aviones de Iberia. A un costo de 2.500 millones de dólares y durante seis años, unos 80 nuevos aviones irían sustituyendo a los existentes, pero más que la noticia me llamó la atención entonces el tono de despilfarradora euforia con que el locutor anunciaba la buena nueva y que, además, completó con las ya tradicionales estadísticas que situaban la orden de compra española como la más importante, por su volumen, de la historia de Europa. O lo que es lo mismo, que nunca antes un país europeo se había gastado tanto dinero comprando aviones.

Me llamó la atención el desmedido entusiasmo del locutor del informativo porque tú, como yo, seguro que estás acostumbrado a escuchar las quejas de quienes luego de ir de compras al supermercado, regresan a casa lamentando los precios que debieron pagar. “¡Cincuenta euros y no he podido comprar ni la mitad de lo que necesitaba!". A nadie, en esas circunstancias se le ocurre volver a casa para comunicarte entre saltos de alegría que acaba de hacer una compra ruinosa y que ningún vecino se ha dejado tantos cuartos en la registradora del supermercado. Nadie te va a confesar alborozado que ha batido el récord del barrio en pago de facturas.

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Carta de un parado todavía cuerdo

Sistema, lo has logrado. Me has vencido. Tú ganas no sé qué perverso premio y, entretanto, yo mastico la derrota, pero no es saliva, sino bilis, la que acompaña a esos trozos imposibles de ingerir, los que me ahogan mientras veo cómo sonríes. No con sadismo –eso me dolería menos–, lo haces con un gesto de condescendencia, compasión y paternalismo que acrecienta mis arcadas. Has conseguido no sólo que yo me sienta –y ya no me importa ser soez– como una mierda, sino también que adivine en los míos, en aquellos a los que más quiero, la certeza de que soy un fracasado. Si les pregunto dirán que no, que estoy equivocado, pero yo sé que es así. Si antes los conocía, hoy no he dejado de hacerlo, por más que lo que descubra en su interior me haga desear la abstracción de la demencia para no leer en sus ojos lo que sus labios jamás pronuncian, por respeto, por pena, qué más da.

Empezaste por dejarme sin trabajo y yo dije: “no pasa nada, en pocos días encontraré otro, como siempre”. Después te llevaste mi coche, y aún quedaban en mí razones para reír. Luego fue mi casa la que me quitaste y a pesar de ello demostré ser capaz de contener las lágrimas. Ahora, cuando ya han pasado años –sí, años–  ni ganas de llorar me quedan. Tal vez también me las arrebataste tú.

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Deconstruyendo la modernidad

Aunque nunca me creí del todo la sombría descripción que la historia oficial de la triunfal burguesía nos administraba en la escuela acerca de aquel periodo occidental precedente a su victoria total, Revolución Industrial, Capitalismo mediante, sobre el sistema Feudal al que despectivamente se bautizó como Edad Media, (no tanto por hallarse entre la dorada antigüedad Greco-Romana y un Renacimiento de las Artes y las Luces en lo que se ha dado en llamar Modernidad, cuanto por resaltar su supuesta intrínseca mediocridad, dado que en su seno los detalles de su intrahistoria, en contraste con nuestra cotidianidad, no parecían tan distintos a los nuestros, -despojada la actualidad de la electricidad y los motores de explosión-, pues a fin de cuentas, seguimos trabajando en relación de servidumbre los más para los menos, los artistas necesitan de mecenas, los impuestos directos e indirectos superan el tercio que se entregaba al Señor y altas torres dominan los burgos donde la pobreza y la miseria abruma a quien se atreve a pasear fuera de sus murallas mediáticas y a mirar más allá de sus luminosos escaparates…) debo reconocer que su familiaridad y el pertenecer al bando de los privilegiados, hace que sienta cierto desasosiego sólo en pensar que nuestro régimen socio-político, recupere selectivamente los peores aspectos del Medioevo, a la vez que se desprende de las formales libertades adquiridas de movimiento, pensamiento, religión, expresión…  más que nada, porque a la mitad de la vida, me costaría mucho amoldarme.

La reciente profecía del subdirector de la DGT, Federico Fernández, de que más pronto que tarde, nuestra red vial se verá necesariamente salpicada de puestos de control y de peaje, o sea, las antiguas aduanas y aranceles, nuevas fronteras…  no es otra cosa que una vuelta de tuerca en el vertiginoso proceso involucionista de deconstrucción de la Modernidad en el que se halla Europa, que apunta incuestionablemente hacia esa decadencia de un futuro pretérito anunciado hasta la saciedad por películas como Mad Max.

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El «rojos al paredón» sigue vivo

Cuando un individuo al que sólo le escuchan su botella, su perro y un transeúnte que se detuvo por curiosidad habla de igualdad, justicia o revolución, no hay sensación de riesgo ni se hace necesario actuar contra él, porque su discurso queda diluido entre el anonimato, la soledad y el desprecio. En cambio, si provienen de una persona con aptitudes para expresarse, cuyo bagaje cultural le permite apoyar con datos todo cuanto dice y con capacidad para reunir oyentes la cosa varía, pues se enciende la luz de alerta ante la posibilidad de que ese sujeto "subversivo" logre invitar a la reflexión y al pensamiento crítico como prólogo a una actitud de rebeldía social que pueda devenir en la exigencia de una transformación del sistema.

Pues eso es justamente lo que le está pasando a Rafael Narbona. Licenciado en Filosofía, crítico cultural, escritor y profesor en un Instituto en San Fernando de Henares (Madrid), se ha convertido en ampolla a reventar para unos cuantos muy nerviosos ante sus ideas y su talento para transmitirlas. Hay que decir que son más -entre alumnos, padres de éstos y seguidores de su trabajo-, los que reconocen su valía, admiran su coraje y sinceridad, se entusiasman con su compromiso y ven en él un referente. Pero los otros, los irritados, con ser menos emplean tácticas fascistas, lo que los convierte en sujetos muy peligrosos.

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Juan Carlos Borbón acumula una fortuna de 1.790 millones de euros

Franco necesitaba un sucesor. No podía dejar a España en manos de la masonería y el bolchevismo y tampoco podía arriesgarse a la puesta en marcha de una democracia liberal. Decidió traerse a Juan Carlos I de Borbón, que se había exiliado a Italia junto a su padre tras la proclamación de la república y adoctrinarle en los principios franquistas. Este chico llegó a España con una mano delante y otra detrás, sin una peseta en el bolsillo, pero hoy acumula una fortuna de 1.790 millones de euros, según la revista Forbes. También hay que decir que esta afirmación no es del todo correcta en sí, pues se le asocian también los bienes del Estado de los que disfruta.

La familia del Rey Juan Carlos hace sus negocios. Su yerno es consejero de Telefónica. Su hermana se centra en las empresas de lujo. Su primo hermano llena sus bolsillos con negocios de telecomunicaciones, autopistas y petróleo.

Y la lista se amplía según descendemos en su árbol genealógico. Pero al rey oficialmente no se le conoce ninguna otra empresa que la Jefatura del Estado.

Entonces, ¿cómo ha conseguido amasar una fortuna estimada por las revistas Forbes y Eurobusiness en 1.790 millones de euros? Diferentes libros y cargos públicos denuncian que los regalos recibidos y el uso de testaferros podrían acercarnos a la respuesta a esta pregunta. Por ejemplo, para su último yate Fortuna empresarios mallorquines sumaron una colecta, sugerida por el propio rey, de 2.600 millones de pesetas, según el periodista Matías Vallés, a lo que el gobierno regional de Jaume Matas (PP) sumó 400 millones. Y así disfruta de sus veraneos, como cada año recogen las imágenes de la familia real en Mallorca. La mayoría compartidas con numerosos logos de conocidas empresas.

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Universidad de los milagros

En la Universitat de Girona montan un curso de posgradro en el que mezclan arquitectura y salud, pero metiendo energías telúricas y poderes paranormales. Un desatino por el que iban a cobrar más de mil euros a cada alumno.

En la Universidad de Granada estaban colando un curso, con créditos para los alumnos, en el que te venden que por llamarte como tu abuelo muerto estarás jodido si no le pagas a un constelador, que es como algunos charlatanes de estos se denominan para dotar de misterio a su viejo arte de timar al prójimo.

En la Universidad de Alcalá de Henares se han traído de China un cuento sobre energías sutiles e inmedibles para vender a estudiantes un curso de especialización en aplicaciones terapéuticas. Aunque milenario, ese Qi solo existe en la imaginación de los creyentes.

En la Universidad Pública de Navarra montan, también a unos mil euros por curso y con créditos europeos para los alumnos, un par de cursos de especialización en homeopatía, con patrocinio de empresas que venden esta pseudomedicina. De ciencia, ni una molécula; de negocio, cabe pensar que dosis más medibles.

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Testigos miserables

La degradación humana, un espacio sin límites.

Hace pocos días un nuevo accidente de tráfico se llevó la vida de una persona en la calzada conocida como la Vía Rápida del Morrazo, en la provincia de Pontevedra. Abierta en 2005, se trata de una carretera que costó 4,6 millones de euros por kilómetro construido y que abrió en canal parajes cuya hermosura ha quedado marcada por una cicatriz bituminosa y sangrienta. Para referirse a ella es común escuchar en la gente de la zona otra denominación: “El corredor de la muerte”.

Ya no es posible circular por ese remedo de autovía sin encontrarse cada pocos metros con manchas siniestras sobre el asfalto y flores en las biondas. Los restos de animales destripados son también una estampa habitual, acrecentada porque la zona es generosa en tecores de caza y las desdichadas presas de los escopeteros huyen de los disparos, encontrando a menudo bajo unos neumáticos el final que les deparaba el plomo al que consiguieron burlar. El lamentable estado de los vallados cinegéticos y la ausencia de pasos de fauna contribuyen a esta carnicería que incluye jabalíes, perros, gatos, zorros, erizos y hasta caballos, sin microchip, claro.

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