Violencia policial: ¿qué tiene que pasar para que alguien tome medidas?

Al día siguiente de la huelga, toca cine. De terror, por supuesto. Se ha hecho ya costumbre que dediquemos el día después de una huelga o manifestación a ver los cientos de vídeos de brutalidad policial que circulan por las redes sociales. Y la huelga del 14-N, como esperábamos, ha incorporado varios títulos a nuestra filmoteca.

La secuencia del mosso abriéndole la cabeza a un crío en Tarragona, su compañero rematándolo en el suelo, y un tercero apaleando a una chica por estar cerca, se convierte en un clásico del género, a la altura de títulos como “Paliza en el andén del Cercanías”, “Estudiantes apaleados a la puerta del instituto”, o el popular “A mí no, que soy compañero”, que es del subgénero comedia tonta.

Nos pasamos vídeos unos a otros, revisamos fotografías más propias de forense (cabezas abiertas, espaldas amoratadas, hasta un ojo reventado), y reunimos información para elaborar el parte de bajas: cuántos heridos, cuántos detenidos, cuántos periodistas golpeados, cuántos policías infiltrados han sido pillados.

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Desahucios: Iglesia, banca, poder judicial, político y estado, cómplices de 400.000 asesinatos

S. Healy, una joven de 24 años, obtuvo hace un tiempo su primera tarjeta de crédito. La recibió como los primeros albores de la libertad, una ocasión memorable que celebraría, año tras año, como el día de la liberación. Se suponía que, a partir de ese momento, pasaba a ser dueña de sus actos, gestora de sus finanzas, libre para elegir prioridades y lograr el dificilísimo, pero ansiado, logro de acompasar el binomio realidad-deseos. A las pocas semanas, S. logró una segunda tarjeta de crédito: la necesitaba para pagar la deuda que había contraído con la primera tarjeta. No tardó mucho en darse cuenta de que la segunda tarjeta no era suficiente para pagar el interés de su deuda. Estaba comenzando a vivenciar el precio que se ha de pagar por esta especie de “libertad financiera”. Acudió a una entidad bancaria para solicitar un préstamo con la finalidad de hacer frente a los atrasos de ambas tarjetas. Varios amigos le aconsejaron pedir, ya que había solicitado la hipoteca, un poco más de dinero y permitirse, “después de tanta preocupación”, hacer un viaje y descansar. La rueda de la “libertad financiera” siguió girando, encontrándose cada día con más y mayores piedras en su camino hasta llegar a una situación verdaderamente desesperada en la que las deudas superaban, con creces, cualquier cantidad que S. pudiera obtener por cualquier vida. Para colmo de males algo empeoro su situación: la despidieron de la noche a la mañana.

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Se están preparando

Decir que son tiempos de excepción se está convirtiendo en una obviedad pero es cierto que vivimos situaciones excepcionalmente negativas. El techo social construido gracias a las luchas populares y al marco de la Guerra Fría va siendo desmantelado.

De repente, nos despiertan a palos del sueño del fin de la historia. Sin el archienemigosoviético ya no hace falta el Estado Social ni la contención socialdemócrata. Ya no necesitan ciudadanos, prefieren poblaciones vasallas que sirvan sin rechistar en el nuevo feudalismo financiero.

Va todo a peor, pero poco a poco. Es una demolición controlada, lenta, por sectores. Para que no sepas lo que le pasa al vecino. Para que la trabajadora no sienta al desempleado. Para que el que tiene casa no vea al desahuciado. Segmentados, aislados y sin la conciencia de que somos la misma clase nos convertimos en borregos camino al matadero.

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La confiscación es un robo y la representación su profeta

Gran parte del expolio legal, es decir, ajustado a derecho, a que estamos sometidos se debe a la puesta en marcha de un motor de implosivo de dos tiempos. El primero dispone la sustitución del “acontecimiento”, en el sentido mournieriano del término, por la “representación”.

Con esta operación de trilerismo virtual no sólo se legitima a la clase política como hegemónica. También, y sobre todo, se habilita una usurpación de enorme trascendencia en el imaginario social. A su través se materializa el abandono de la responsabilidad directa de la persona en favor de intermediarios no comisionados. Como en el hecho religioso, donde otra clase, la sacerdotal, igualmente arropada por un ritual profesional, resulta la encargada de la administración e interpretación de la fe de arriba-abajo. Pero lo peor de todo, en esta singladura que entrega dócilmente el sacramento de la unción política extramuros del ciudadano, es que metaboliza su alienación, su extrañamiento, como zoon politikon (ser social), al cercenar de la trayectoria vital del individuo la experiencia propia que le humaniza. Por algo en la Grecia clásica a quienes se ocupaban únicamente de sus intereses se les llamaba “idiotas”.

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El PSOE plusmarquista en desigualdad social

Ideas y creencias. Juicios de valor, opiniones de parte, prejuicios y perjuicios. Estas suelen ser las coordenadas que normalmente acarrea la izquierda en España. Cuando juzgamos en clave ideológica izquierda-derecha, la dialéctica descarrila porque se antepone la retórica a los hechos. De ahí la enorme resistencia, rayana en la acusación de blasfemia, que opone el sector “progresista” de la opinión pública a la hora de valorar la política realmente existente. Nieve o llueve, casi siempre se da por sentado que los gobiernos socialistas (como clásicos referentes de izquierda) merecen el beneficio de la credibilidad. Porque son “uno de los nuestros”, aseguran en la rive gauche, aunque la evidencia muestre que el cielo está raso.

Un prejuicio que engloba el perjuicio de considerar la crítica a la izquierda institucional como un sabotaje propio de malnacidos. El manido “hacer el juego a la derecha”. De esta forma, entre la reincidencia en ese pensamiento único y que la catalogación de derecha e izquierda es un tropismo que depende de donde esté situado el centro, eliminamos de nuestra racionalidad la experiencia política en favor del fetichismo ideológico. El resultado final es que no aprendemos de la historia y quedamos condenados a repetirla.

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Un café con leche contra la corrupción o cómo ser juzgado por descubrir ‘lo que no toca’

¿Qué puede pasar si intuyes un caso de corrupción en las instituciones públicas, lo investigas, lo descubres y lo difundes? Pues que puedes acabar en el juzgado antes que los casos que has destapado, denunciado y con la amenaza de una multa de 20 mil euros. Esto, que una vez más nos recuerda el mundo al revés en el que vivimos, es lo que les ha pasado a Marta Sibina y Albano Dante, editores de la revista Cafeambllet (Cafeconleche) en Catalunya. Hoy son juzgados en la Ciudad de la (in)Justicia.

¿Cuál ha sido su delito? Investigar aquello que “no tocaba”. La revista Cafeambllet, una publicación comarcal de La Selva y el Alt Maresme con pocos medios pero con una voluntad inquebrantable por descubrir la verdad, tras dos años de investigación destapó los “negocios” ocultos en la sanidad pública catalana. Opacidad en la gestión de los hospitales públicos de Blanes y Calella; ingresos irregulares por parte del ex-alcalde de Lloret de Mar, Xavier Crespo, y su esposa; adquisición por parte de éste y de la concejala de Pineda de Mar, Carmen Aragonès, de consultorios públicos muy por debajo de su valor real; pago de 720 mil euros por informes inexistentes al ex-presidente de los hospitales de Blanes i Calella, etc, etc, etc. Así lo cuentan, y documentan, en esta carta.

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Impunidad

La censura, todas las censuras, se establecen para permitir la impunidad. En días como hoy, un domingo electoral, con tiempo otoñal, al hablar de censura parece que uno desafina. Estamos en un tiempo muerto de la historia de este país. En cada voto va un trozo de prima de riesgo, de las pensiones, de la libertad, de la independencia y de la autocensura. Uno ve a los volatineros candidatos haciendo piruetas, a la candidata a punto de levitar, mientras las televisiones nos traen constantes malas noticias.

Un programa satírico de la televisión catalana, «Bestiari il.lustrat», ha desaparecido de la parrilla porque en uno de sus emisiones alguien simulaba que disparaba al suegro de Urdangarin. Primero dimitió la responsable del programa y posteriormente fue puesto en la nevera, es decir, suspendido temporalmente. De este episodio se desprenden dos lecciones: siguen existiendo tabús censurados, y en todas las televisiones cuecen habas. Quizás, el límite de TV3 esté en el programa «Polonia», en el que se parodian a todos los políticos y hasta a algunos miembros de la Casa Real. Y yo me pregunto, ¿existe un visionado previo de lo referente a la Casa Real? Porque está claro, es obvio, que han decidido españolizar a Catalunya e incuso a España a través de la presión borbónica, es decir, con la exaltación del último regalo franquista: la corona impuesta. La censura hace una décadas era previa.

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Elecciones: la lección de la unidad

Continúa inexorable el paso del tiempo que nos conduce a esa implosión europea de la que hablaba el Presidente venezolano Hugo Chávez. Implosión que en nuestro caso será explosión y nos estallará en la cara.

Como si de una función de teatro se tratase, vamos representando los actos que vemos como espectadores en Grecia y que pronto nos convertirán en protagonistas de nuestra propia miseria.



Las elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi dan algunas claves de las que conviene sacar conclusiones, sobre todo para quienes creemos que es posible armar espacios colectivos de resistencia que confluyan en un proyecto a la ofensiva. Hoy ni siquiera podemos jugar a la defensiva, nos ganan por goleada.



Lo primero que salta a la vista es la consolidación de una tendencia sostenida en el descenso del bipartidismo, mitigada por una injusta ley electoral hecha a la medida de los dos grandes partidos. Pero los fríos datos no mienten y si sumamos, el PP y el PSOE pierden en estas dos elecciones 485.537 votos.



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¡Si podemos¡ es nuestra casa ¿?

23 de octubre de 2012, de nuevo nos disponemos a rodear nuestra casa, pero según esta el pastel especulativo y legislativo, nos la han hipotecado hasta tal punto que ni “la dación en pago” nos es dada.

¿Qué es el Congreso? y sobre todo de ¿Quién es? ¿Un edificio?  ¿Quién habita en él? ¿Quién ocupa a quien?

1. Según el Real Diccionario Español (RAE) y la Constitución Española en el habita el , cuerpo legislativo compuesto de personas nombradas directamente por los electores.

2. Si nos vamos a la Wikipedia (Enciclopedia libre) El Congreso de los Diputados es la Cámara baja de las Cortes Generales, el órgano constitucional que representa al pueblo español. Se reúnen para sesiones en el Palacio de las Cortes, ubicado en la plaza de las Cortes de Madrid.

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Los partidos pervertidos

Imaginemos una maxicrisis económica galopante, donde la firma Ford ya no vende sus modelos. Entonces, Su Fordería, sin duda alguna, ordenaría cerrar las puertas de las fábricas automáticamente, y dejaría de cotizar en Bolsa. Al menos hasta que se clarificara la situación y se inventara una nueva varita mágica, con que regresar con fuerza al competitivo mercado de automóviles. En el mundo de la libre concurrencia, el que se ha querido y se defiende con uñas y dientes, toda empresa que fracasa al vender su producto deja de tener objeto y se ve obligada a la desaparición. Fin. Es la ley del Mercado Darwin. Si quieren resucitar, sus promotores están obligados a inventar otra cosa para que la gente compre.

Y quien dice Ford en el mundo feliz, dice cualquiera de las innumerables empresas que nadan en el sistema capitalista. Todas menos los partidos políticos de las instituciones “democráticas”. Nunca he comprendido (es un decir) el porqué de la diferencia tan ostentosa de trato entre simples objetos de consumo. En su caso se aplica una lógica que va a la contra. Incluso se elabora un bosque de legislaciones, con el único y prioritario fin de garantizar su supervivencia. Tal cual son. Un absurdo. Activistas o cómplices directos de la máquina que acondiciona, reprime y machaca generaciones de vidas humanas, animales y vegetales para consagrar una existencia mineral y el susto cotidiano como norma. Para llevar a cabo, y justificar sus propósitos, se acantonan en el barrizal minimalista y miserable de los porcentajes estadísticos. La imaginación al poder…

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