Ceguera general

El amor es ciego y la justicia es ciega. Entre invidentes anda el juego de todos estos días Mientras estos lujos (lujo del amor y lujo de la justicia)se diseminan por doquier, los huesos "paseados al amanecer" por los paredones de España se olvidan en la profundidad anónima de las zanjas; una desmemoria acordada, como otras muchas, en aras de la concordia y el parné. "Si los descamisados no tienen pan, que coman galletas", dijo la fulana rutilante de Luis XVI, el último borbón descabezado en Francia. "Si los desahuciados no tienen dónde vivir, que se las arreglen como puedan", aunque por aquí no ruedan cabezas ni del "sursum corda". A los lisiados de magra pensión ya los visitará la reina con la sonrisa postiza y Letizia con su rictus ortopédico.

La infanta no veía la pasta del economato Urdangarín porque no la palpaba la moneda. Ella no cocina, solo firma la acogida de verduras por los ceros de las varitas mágicas y el mucho amor de hadas. Su firma iba y venía por las opacas cuentas bancarias como las simpáticas golondrinas del cursilón poeta. Capitalitos cegados a cal y canto en el país del reloj de cuco.

Pero la avaricia rompió el saco y ahora vino el paco plebeyo con la rebaja, a pesar de las zancadillas de la fiscalía defensora. Paco a paco, sin prisa pero sin pausa, que todo está atado y bien atado. Así lo dejó otro paco frankenstein, militar fascista por más señas. El que repuso el trono en bandeja de plata, con el fin de restaurar la corona borbón y abrillantar sus orines con sidol.

*Director del desaparecido semanario "La Realidad"

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