Arturo del Villar*. LQSomos. Enero 2017

La llegada del papa Paco a la República de Chile, este pasado 15 de enero de 2018, tiene lugar unos días antes de que se cumplan 200 años de su independencia de España, el 12 de febrero de 1818.

Los nacidos en Chile se consideraban chilenos, y no españoles, por lo que no aceptaban ser vasallos del rey de España, y se alzaron contra el ejército colonial, hasta alcanzar la independencia bajo el mando del heroico general José de San Martín. Los reyes de España nunca han comprendido que los pueblos quieren ser libres, y no toleran estar sometidos a la borbonidad. No estudian la historia.

Esta visita ha estado precedida por el asalto a tres templos catolicorromanos, y la ocupación de la Nunciatura el pasado día 12 por el Movimiento Andha Chile. Tres motivos esgrimen los manifestantes para oponerse a la visita. El primero es el recuerdo del anterior viaje de un papa, Karol Wojtyla, conocido por el alias de Juan Pablo II, en abril de 1987, para entrevistarse con el dictador criminal Augusto Pinochet, al que dio la comunión, en lo que se considera un sacrilegio, y con quien se fotografió en diversas oportunidades, entre ellas en la salida al balcón del Palacio de la Moneda, el mismo lugar en que murió el presidente constitucional Salvador Allende defendiendo la democracia, en una escena que todavía conmueve al mundo.

El segundo motivo para la protesta es el derroche originado por los costes del viaje, que sobrepasan los diez millones de dólares. La cifra resulta excesivamente elevada para un país en vías de desarrollo, que cuenta con una burguesía acomodada, pero también con unas clases bajas desprotegidas, por lo que el clima social se ve soliviantado a menudo. Los que harán un buen negocio son los eclesiásticos, porque venden muchas baratijas como recuerdo de la visita. Según noticia de la Agencia Católica de Información (ACI Prensa), con sede en Lima, publicada el pasado día 13, llevaban vendidos ya diez millones de rosarios conmemorativos, y aún no había empezado el espectáculo.

La plaga de la pederastia

El tercer motivo es el escándalo de los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes en el país. No es que la República de Chile sea un caso excepcional en esta materia, porque la pederastia sacerdotal está denunciada en todo el mundo, pero sí resulta excesivamente sobreabundante por el número de denuncias, hasta poderse calificar de plaga. Este asunto tiene ahora mismo en pie de guerra a la diócesis de Osorno, al exigir la renuncia al obispo Juan Barros, sin que él parezca enterarse de las manifestaciones continuas con pancartas ante su residencia. Está acusado de ser el protector del mayor pederasta habido en el país, el sacerdote Fernando Karadima, por haber ignorado las denuncias que se le presentaron contra el violador de niños. El asunto salpica también al cardenal arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, que tampoco quiso enterarse de lo que sucedía, hasta que el escándalo adquirió las proporciones actuales.

Las denuncias contra Karadima ante las autoridades eclesiásticas empezaron en 1980, sin ser atendidas hasta que los abusados las hicieron públicas en los medios de comunicación. Cometía sus aberraciones en la parroquia de El Bosque y en 2004 los feligreses se negaron a asistir a los cultos oficiados por él, a la vez que escribieron al obispo Barros para que lo suspendiera de sus funciones, sin ser atendidos.
El 16 de enero de 2011 el tribunal eclesiástico dictó sentencia, declarándolo culpable de abusos sexuales y condenándolo a una vida de retiro en oración y penitencia, con prohibición del ejercicio público de su ministerio. Recurrió ante el Vaticano, asegurando que todo era “una invención de los enemigos de la Iglesia para desprestigiarla”, pero el 21 de junio siguiente la apelación fue rechazada y confirmada la culpabilidad del cura. En la actualidad Karadima, de 87 años, reside en un convento de monjas.

La Justicia civil investiga ahora unos pagos millonarios hechos por la parroquia, al ama, que fue testigo mudo de los sucesos, y a las víctimas para que callasen. El carde-nal Ezzati ha declarado que ese dinero no pertenecía a la parroquia, sino al cura: parece que están muy bien remunerados.

Por supuesto, existen muchas más denuncias de pederastia eclesiástica en la Re-pública de Chile, como en todo el mundo en donde está presente la secta catolicorromana. Este caso resulta especial por el elevado número de víctimas abusadas por el rijoso cura, así como por la pasividad del obispo al no atenderlas. Además se le ha dado mucha publicidad: la profesora María Olivia Mönckeberg publicó en 2010 el ensayo Karadima, el señor de los infiernos, impreso en Santiago de Chile por cuenta de Random House Mondadori, que se puede encontrar en la red. El 25 de abril de 2015 se estrenó en los cines de la República de Chile el documental El Bosque de Karadima, por el nombre de su parroquia. Todo ello contribuye para hacer de este caso algo especial, diferente de los millones de denuncias presentadas en todo el mundo por el mismo motivo.

Una carta del papa

El tema se ha complicado porque la agencia internacional Associated Press difundió el pasado día 11 una carta de Paco al Comité Permanente de la Conferencia Episcopal Chilena. ¿Quién y con qué intención filtró la misiva a una agencia de Prensa que, como es lógico, la hizo pública? Es lo que se preguntan los chilenos, que suponen una lucha interna en la Iglesia por oscuros motivos.

La carta está fechada el 31 de enero de 2015, y permaneció guardada durante estos tres años, hasta que Paco empezó a hacer las maletas. En ella dice que el nuncio en la República de Chile, Ivo Scapolo, “bloqueó” la renuncia del obispo Barros a su cargo. El cardenal Ezzati ha reconocido que la carta es verdadera, y ha añadido que él ha estado siempre en contra de los abusos sexuales a niños por parte de los curas, lo que le honra, pero que es otra cosa diferente de la cuestión por la que se le interrogaba. El nuncio se ha negado a hacer declaraciones a los periodistas. El obispo Barros no habla ni a los manifestantes con pancartas plantados diariamente ante su palacio exigiéndole la renuncia al cargo.

Algo extraño sucede en la Iglesia catolicorromana chilena. Hay que esperar a ver si los parroquianos de Osorno, que confían en entrevistarse con Paco, logran el cese del obispo Barros, y las consecuencias que tenga. Aunque sabiendo cómo actúa la diplomacia vaticana, lo más probable es que el tema de la pederastia sacerdotal no aparezca en ningún momento de la visita.

Estos acontecimientos en la República de Chile confirman la decadencia de la secta catolicorromana, que cada día está siendo abandonada por más fieles, a medida que se divulga su corrupción.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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