Jorge Izquierdo. LQSomos. Diciembre 2017

En meteorología, la Marea es un cambio periódico del nivel del mar producido por las fuerzas gravitatorias que ejercen el Sol y la Luna sobre la Tierra. En política podría decirse que la marea es algo muy similar. Baste imaginar que el sol es la derecha y la Luna la izquierda. Una marea solar o lunar ejercen diferentes fuerzas sobre la tierra y también sobre nosotros.

Para aquellos que no la conozcan todavía (cada vez se cuentan por menos afortunadamente), La Marea es una revista mensual en papel y web editada por una cooperativa compuesta no ya de trabajadores también de lectores. La Marea cumple cinco años. Un lustro. Apareció un año después del 15-M (el primer número salió a la venta el 21 de diciembre de 2012) y tres antes que Podemos. El año que nació La Marea, Puigdemont se indignaba con los indignados del 15-M por protestar contra los recortes en sanidad. Durante estos cinco años han ocurrido muchas cosas en nuestro país y La Marea es una de ellas. Analizar la evolución de La Marea puede permitirnos entender mejor el estado de salud de nuestro país y por ende también a sus fuerzas progresistas. La Marea, la revista, no sufre y denuncia únicamente los embates en forma de rayos del rey sol, del capitalismo, de la derechona, también recibe el influjo de una izquierda lunar que se dice feminista, transformadora, horizontal e incluso algunas veces revolucionaria pero que lucha por broncearse -ni mucho, ni poco, pero sí un poquito- imitando comportamientos que tanto crítica.

Nadie le pidió a La Marea crear un código ético publicitario que muchos partidos de izquierda del Estado español no podrían suscribir. Un código publicitario que prácticamente hace imposible que la gran mayoría de empresas puedan anunciarse en una revista en papel y una web con decenas de miles de lectores que conforman un target muy atractivo.

No aceptamos anuncios de bancos que ejecutan desahucios, de empresas que invierten en armas ni de multinacionales que no respetan los derechos laborales. Tampoco aceptamos publicidad sexista o racista. La otra pata del código ético publicitario garantiza que nunca haremos pasar por información los contenidos promocionales.

Si el código ya es rotundo, además se cumple. A rajatabla, haya Luna llena, menguante o se encuentre la marea en plea o bajamar. La lista de anunciantes de La Marea es más suave y blanda que la piel de Platero. Un poco más abajo de escueto pero rotundo código ético añaden:

El código ético limita nuestro crecimiento seriamente, pero también nos hace libres, como se demuestra en los informes dedicados a las compañías del Ibex35 que publicamos en la página web de #YoIBEXtigo.

¿Libres? ¿Quién quiere ser libre en este país? Este país es de derechas o de izquierdas, orillista y frentista vamos, pero ¿libre? La Marea, me atrevo a decir, representa unos ideales y compromisos que incluso ahora mismo muchos partidos políticos no pueden atreverse ni a ejercitar. Algo así es algo más que llamativo. Un medio que corre delante de los partidos -¿señalando el camino?- y no detrás de la subvención política de turno -en Catalunya se pueden contar por decenas de decenas los medios 100% subvencionados y en el resto del país la situación no es mucho mejor- independientemente del Estado de sus menguadas cuentas.

A modo de epítome. Si dentro de cinco años La Marea no sigue en los quioscos con su código ético intacto querrá decir que este país y su izquierda transformadora ha fracasado.

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