Javier Sáenz Munilla*. LQSomos. Diciembre 2017

La paz en Colombia camina a trompicones, pero parece que camina. Tras los acuerdos con las FARC, el gobierno negocia ahora con el ELN. Desde el inicio de las largas y finalmente fructíferas negociaciones de La Habana, muchos apuntaban a la imposibilidad de un acuerdo, después de tantos intentos frustrados. Y se repetía lo que, hasta entonces, había sido una ley inamovible: “Al Establecimiento -se decía- no le interesa la paz, sino el negocio de la guerra”. En esta última ocasión, por el contrario, los optimistas, aun minoritarios, señalaban un cambio importante: “La oligarquía tiene ya otros cálculos. La guerra le hace perder hasta 10 % de posibles ganancias”. Y señalaban la riqueza de los territorios bajo control guerrillero y los grandes proyectos “de desarrollo”, truncados por culpa de la guerra.

Hoy, sin que el Establecimiento haya cesado completamente su apoyo al “proyecto paramilitar”, y ahí están las cifras alarmantes de líderes sociales y ex-guerrilleros asesinados en los últimos meses, llegan señales de que, la paz, o al menos el fin de la guerra, puede empezar a darle a los oligarcas los frutos que ansiaban, a costa de la destrucción de Colombia. Así interpreto la pésima noticia que llega desde Bogotá, que amenaza uno de los departamentos de mayor biodiversidad del país y que trascribo textualmente:

Vendieron una parte del Chocó ¡¡¡ Empiezan a tumbar árboles para exportar a China.

La empresa “Colombia Hardwood” ha comenzado a tumbar árboles en Bahía Solano para exportar a China, las maderas más finas del Chocó: algarrobo, sande, cedro amargo, bálsamo, caimito, chanul y virola. Esta empresa no es cualquiera. Es dueña de REM Forest Products, del billonario canadiense Frank Giustra, un corsario financiero que obtuvo una licencia de aprovechamiento forestal otorgada por Codechocó en 2006 (Resolución 2293) para explotar durante 15 años más de cinco millones de metros cúbicos de madera; unos US$1.500 millones. Esta compañía tienen a su vez vínculos financieros con Pacific Rubiales Energy, Medoro Resources, Alange Corp, Gran Colombia Gold. Es decir, se trata de un proyecto de envergadura: madera, oro y petróleo. La Prima-REM ha instalado en la playa de Huaca un campamento con una docena de empleados canadienses, otros tantos colombianos, 80 ciudadanos nativos de las comunidades negras e indígenas y dos helicópteros. La empresa se dispone a cortar su primer millón de metros cúbicos en 44.596 hectáreas, autorizado por la Ley 70 de 1993. Este territorio -inembargable, inalienable, se extiende entre Bahía Solano y Juradó, el Pacífico y la Serranía del Baudó, y ocupa una superficie de 67.327 hectáreas donde viven 18 comunidades, 1.329 familias y 5.846 personas. Es decir, el 70% de la superficie, será controlado por la empresa. La madera que se explotará en los próximos años costaría US$280 millones, de los cuales la compañía reconocerá al Consejo Comunitario el 10%.

Los directivos actuales hicieron el negocio, pese a que en 2005 se opuso la Ley Forestal felizmente rechazada por la Corte Constitucional-, por considerar que con ella se “facilitarían transacciones y el aprovechamiento con ánimo de lucro de los bosques nativos plantados en las principales zonas del Pacífico y de la Amazonia”. Codechocó dio el visto bueno y el Ministerio de Medio Ambiente aplaudió el logro. El Consejo Comunitario de Mecana, donde se ha construido el campamento de Prima Colombia Hardwood, considera amañada y tramposa la consulta y corrupta a cambio de miserables dádivas.

Para protestar contra la tala de una de las selvas más preciosas del planeta, se encadenó tres días a un árbol de Bahía Solano Juan Ceballos.

Francisco Serna/Profesor Asociado/Museo Entomológico UNAB

Corredor del narcotráfico

Esta denuncia del profesor Serna, no es la primera, ni mucho menos. Hace ya tiempo que, entre otros, la revista medioambiental Cartoce6, viene señalando los peligros que pueden convertir el rico Chocó en un páramo. Y en un reciente informe, señala la existencia en el departamento de “un cartel maderero que devasta la selva más biodiversa del mundo, echando abajo más de 20.000 hectáreas de bosques. Y son carteles poderosos con gente del temible y creciente Clan del Golfo, que no solo arrasa para vender sino para facilitar de alguna forma el paso de droga hacia el Pacífico.”

Y añade “A Bahía Solano han llegado muchas personas de otras partes del país a fundar empresas criminales para aprovechar el corredor de narcotráfico que se ha constituido. Esa zona es la puerta de entrada al llamado Tapón del Darien, una zona selvática por la que se llega a Panamá”, denunció la alcaldesa del municipio, Harley Liliana Ortiz.

Hay que aclarar que el Clan del Golfo es un grupo narco-paramilitar, al que las autoridades no terminan de perseguir con la contundencia necesario. Uno más, de los grupos paramilitares que “abandonaron” las armas durante la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, más conocido como el Parapresidente.

* Periodista, analista internacional experto en Colombia.
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